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(VIDEO) Juan Ramón Lucas: ¿Periodista, moderador o censor? Por: Octavio Fraga Guerra*.

JRLQuería ir a la presentación del libro: “Wordpress. Un blog para hablar al mundo”, de la bloguera mercenaria Yoani Sánchez. No porque me interesara el texto, quería ver de primera mano los argumentos de un ser mediático para entender –si cabe-, la lógica de su presencia en los grandes medios de comunicación del mundo. Unos medios que la han convertido en una de las personas más “influyentes” de estos tiempos.

La cita fue en la FNAC de Callao, en la céntrica Calle Preciados en el número 28. La presentación se desarrolló en el salón de actos de este emporio de cultura y de ocio ubicado en la entre planta del recinto. El espacio estaba abarrotado de público que confirma el rol de los medios en convertirla en un ser enlatado y construido al gusto de sus políticas editoriales. Para esta presentación asistieron pocos medios de comunicación, entre ellos el fotógrafo Javier Couso y la periodista Heidi Sánchez quienes hacían labor de cobertura para la publicación “Mundo Obrero”.

Pero esta presentación tuvo un protagonista inesperado, el periodista Juan Ramón Lucas. Este afamado profesional de los medios condujo -entre septiembre de 2007 y julio de 2012- el magacín matinal “En días como hoy de Radio Nacional de España. Este fue cesado del puesto por el actual presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique.

Se impone redactar el antecedente. En un momento previo al inicio del acto, Heidi y Couso salen del recinto para hacer tomas en el exterior del edificio. Estaban acopiando –como decimos en el argot audiovisual-, imágenes de relleno. Pero esta salida tuvo un efecto adverso. Los reporteros se percatan de que el acto va a empezar y vuelven hacia las escaleras de acceso del salón. Lo inesperado es que dos guardias de seguridad de la FNAC con la participación de dos policías le obstruyen el paso y lo sacan del centro de manera forzosa, impidiéndoles hacer su labor de profesionales de los medios.

Couso grita hacia nosotros -con toda la autoridad que le caracteriza- la manera tan burda en que son tratados y me asiste el deber y el derecho de denunciarlo. Estaba en pleno desarrollo, el inicio del dialogo edulcorado e intimista entre el periodista Juan Ramón Lucas y la bloguea mercenaria Yoani Sánchez. No pude contener mi cabreo y le pedí públicamente a este profesional de los medios, -quién hacia labor de moderador-que intercediera en este asunto que era un claro atentado a la libertad de expresión.

Juan Ramón Lucas, -que tiene la habilidad de no salirse de su guión-, me respondió que más tarde se averiguaría sobre los hechos y contrastar la versión de los hechos. Me recordó también que estaba en calidad de moderador y que era responsabilidad de la institución mediar en este asunto.

Ante esa aseveración me surgen algunas preguntas. ¿Le va a pedir usted responsabilidad a la FNAC que fue la que ejecutó la expulsión de Couso junto con las fuerzas del orden público? ¿O se refiere usted –como responsables de estos hechos-, a “Anaya Multimedia” que tuvo a su cargo la edición del texto? Es cierto que Juan Ramón Lucas estaba en calidad de moderador. Pero en tiempos de censura mediática los periodistas tienen el deber moral, ético y profesional de arroparse entre todos para defender los más elementales principios de la profesión.

Señor Juan Ramón Lucas, no vi en usted el más mínimo gesto de hacer algo por un compañero de la profesión. Tenía muy cerca de usted a varios organizadores del acto que podía llamar para que mediaran en este claro acto de censura.

El “dulce dialogo” entre Juan Ramón Lucas y Yoani Sánchez continuaba. Francamente no amerita comentar las intervenciones de ambos en esta crónica pues su contenido fue mediocre. El núcleo del discurso fue denigrar los valores de la Revolución Cubana y el habitual pronóstico de caída del proyecto marxista y martiano vigente en Cuba que Juan Ramón Lucas “desconoce” y la bloguera tiene que articular su discurso de cara a sus patrocinadores. Hice acopio de paciencia y “visioné” el prólogo de esta pésima película que parecía no tener final.

Terminada la introducción de la presentación del libro, que de su contenido no se habló nada, Juan Ramón Lucas dio el turno de palabra y sin esperar un segundo pedí –una vez más-, el derecho a réplica. Mis preguntas eran para los dos. Empecé con el caballero retomando la pregunta sobre su voluntad para hacer algo por Javier Couso y su compañera de profesión Heidi Sánchez. Su respuesta prefiero no calificarla. Lo cierto es que su traducción era algo así como: “usted no me marca la agenda de esta presentación”. Ante esa respuesta quería conducir mis preguntas hacia la bloguera mercenaria Yoani Sánchez. El señor Lucas –ni corto ni perezoso-, me respondió que no tenía derecho a ella.

Al final no estaba ante un periodista. Tampoco tenía ante mí a un moderador al uso. Su labor era –al menos conmigo-, la de cerrarme toda posibilidad de interrogantes para la “protagonista de la tarde”. La paradoja de esta historia es que en la parte inicial del acto, el “moderador” se pavoneaba con palabras y gestos insípidos sobre la supuesta falta de libertad de expresión en Cuba.

He de agradecerle al censor de esta tarde, que dio muy pocas opciones a preguntas pues la credibilidad de la bloguera estaba en permanente diana por buena parte de los asistentes al acto, para que me estimulara con la idea de hacer un artículo que se llamará: “Las preguntas que no me dejó hacer Juan Ramón Lucas a una mercenaria”. En los próximos días lo publicaré en mi blog y en los medios con los que colaboro habitualmente.

*Editor del blog: www.cinereverso.org

Nota: Pongo a continuación un video enviado por los compañeros de la publicación Tercera Información que complementa y confirma esta crónica.

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Transitividad antediluviana (III). Por: J. M. del Río

La bloguera cubana Yoani Sánchez inicia una gira mundial el domingoLa visita de Yoani a Miami  fue  negativa para ella porque demostró sus carencias intelectuales y reveló su verdadera imagen, contraria al proyecto prefabricado por sus mentores de la CIA.

Cantaclaro siempre tiene algo nuevo que decir si de defender la Revolución se trata. En nuestro último intercambio nos contó sobre su conversación con un pariente proveniente del otro lado del “charco”, que es uno de esos emigrados que están hastiados del “cubaneo contrarrevolucionario” de los que integran el otro Miami, que no acaban de percatarse que estamos en tiempos de cambios, ellos que tanto exigen el cambio.  Confirmando su teoría del carácter transitivo de las posiciones de estos parásitos oportunistas que viven del negocio del “anticastrismo”  dentro y fuera de Cuba, que demuestra que si A=B y B=C, entonces A y C son la misma cosa, Cantaclaro me presentó otros ejemplos a partir de informaciones obtenidas recientemente.

“En su vuelta al mundo en 80 días ─ comenzó diciendo Cantaclaro  ─ la tal Yoani Sánchez ha estado en contacto directo, indirecto o tangencialmente con todo tipo de ejemplares de la fauna «anticastrista» del mal llamado «exilio cubano» y con representantes de otros «exilios» que se amontonan en el Sur de la Florida y donde encontramos los mismo a un supuesto «perseguido político» que al decir de los pregoneros del imperio tuvo que «salir huyendo» de Venezuela, después de haber participado en el intento de golpe de estado o en alguna de las «guarimbas» violenta contra el gobierno del Presidente Chávez o que hizo algo parecido en Bolivia, Nicaragua o en Ecuador”.

“Mi pariente que vino de por allá en visita de 15 días ─ explica Cantaclaro ─, me dijo que uno de esos personajes nombrado Raúl Díaz Peña, terrorista venezolano, acérrimo enemigo de Chávez y del chavismo, que en el año 2003 colocó explosivos en la Embajada de España y en el Consulado Colombiano, con la idea de afectar las relaciones de esos dos países con Venezuela, que fue sentenciado a 9 años de prisión por ese vandálico delito, que después de cumplir 4 años y 5 meses de prisión fue trasladado a un régimen de prisión abierta, se fugó, pidió asilo en los EE.UU. (¿dónde si no?), y se le concedió, fue uno de los atentos y entusiastas asistentes al acto  de recibimiento a Yoani que tuvo lugar en la llamada «Torre de la Libertad» . Se dice que este individuo trató de no destacarse; pero se le vio intercambiando animadamente con algunos de los connotados «anticastristas» de los de corte violento que si estuvieron cercanos a la «ciberdisidente».

“Esto es lo que me sirve para  confirmar ─ asevera Cantaclaro  ─ la teoría de la transitividad, es decir que lo de uno «pasa y se transfiere al otro» o empleando las ecuaciones si A (Yoani) es igual a B («anticastristas» de Miami) y  B es igual a C (terrorista venezolano Raúl Díaz Peña), entonces Yoani es igual a este último y tengo que meterlos a todos en la misma cesta y aquí se viene al piso el producto que trataron de exhibir con esta «ciberdisidente», la que pretendieron presentar como un «nuevo tipo de opositora pacífica», desvinculada a los «anticastristas históricos», a los violentos y demás hechuras posiciónales de esos especímenes. Mi pariente que estuvo por aquí me dijo que en Miami lo que se comenta es que la visita de la Yoani fue realmente negativa para ella ya que además de demostrar sus carencias intelectuales, sirvió para revelar su verdadera imagen contraria al proyecto prefabricado por sus mentores norteamericanos”.

“Tengo más ejemplos, me dice Cantaclaro; pero no tengo tiempo ahora, porque quiero ver el documental de Telesur, sobre el golpe de Estado en Venezuela hace 11 años,  que fue completamente aplastado por la marea de pueblo que bajo de los cerros de Caracas para restituir en su puesto al legítimo presidente de ese país Hugo Rafael Chávez Frías”.

Tomado del blog: www.lasantamambisa.wordpress.com

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El párrafo más importante de Cien años de soledad. Por: Javier Aranda Luna

GaboGarcía Márquez confirmó en el libro Gabo. Cartas y recuerdos de Plinio Apuleyo Mendoza que en ese fragmento se encontraba toda la novela: su tono, su estilo y la hebra que habría de tensar la novela hasta la última línea del último capítulo


El capítulo más difícil de Cien años de soledad fue para Gabriel García Márquez la subida al cielo en cuerpo y alma de Remedios Buendía. Por ese texto despiadadamente fantástico tuvo la “desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que lo mismo podría ser afortunada que catastrófica”. No le preocupaban los hilos de sangre trepando las paredes, las mariposas ni el niño con cola de cerdo de la novela.

Era el año de 1967 cuando mandó copias a sus amigos y a los críticos más exigentes y francos que conocía para saber qué opinaban sobre la ascensión de Remedios Buendía. Confiaba en esta práctica, pues ya la había probado satisfactoriamente cuando uno de esos lectores le dijo a bocajarro, cuando apenas había cruzado unas palabras con él, que La hojarasca tenía un capítulo de más.

Después de pasar esa prueba definitiva, le puso punto final a los originales llenos de notas, anexos, textos escritos en el revés de las páginas que había escrito en la ciudad de México, la urbe que había decidido convertir en su residencia permanente después de una vida más o menos itinerante por su trabajo periodístico.

Cien años de soledad fue la primera novela que trató de escribir a los 17 años, según le confesó a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en una carta memorable. La pensaba llamar La casa. Y aunque abandonó el proyecto por parecerle demasiado grande, desde entonces no dejó de pensar en él.

En esa misma carta, fechada el 22 de julio de 1967, García Márquez escribe que tenía atragantada esa historia “donde las esteras vuelan, los muertos resucitan, los curas levitan tomando tazas de chocolate, las bobas suben al cielo en cuerpo y alma y los maricas se bañan en albercas de champaña, las muchachas aseguran a sus novios amarrándolos con un dogal de seda…”.

En Gabo. Cartas y recuerdos de Plinio Apuleyo Mendoza recientemente publicado por Ediciones B, García Márquez confirma una verdad intuida por algunos de sus lectores: que en el primer párrafo de Cien años de soledad se encontraba toda la novela: su tono, su estilo y la hebra que habría de tensar la novela hasta la última línea del último capítulo.

Ese primer párrafo da cuenta de que más que una lección de humanidad García Márquez quería escribir un “larguísimo poema de vida cotidiana, la novela donde ocurriera todo”. Fue escrito 20 años antes que el resto de la novela y no cambió desde entonces una coma.

Según el escritor colombiano, lo más difícil a la hora de escribir Cien años de soledad fue precisamente ese primer párrafo inicial donde presente y pasado se engarzan, donde la fantasía y lo vivido son una y la misma cosa.

La publicación de estas cartas también dan cuenta de sus temores por el fardo de la fama; nos muestran cómo escribió algunas de sus más significativos cuentos y novelas y dan cuenta de algunos de sus viajes a Cuba, Rusia, Italia, Alemania y Venezuela.

Pero quizá lo más importante de estas cartas y recuerdos sea que nos permiten ver el revés de ese gran lienzo de la narrativa de García Márquez. Cuando la memoria se convierte en otra de las formas de la imaginación las cartas son constancia de lo vivido.

Para quienes han querido reducir la importancia de García Márquez a sus convicciones políticas, el autor de El coronel no tiene quien le escriba tiene una frase escrita hace casi medio siglo que pone las cosas en su sitio: “El deber revolucionario de un escritor es escribir bien”. No más, tampoco menos.

El Gabo íntimo de las cartas y recuerdos publicadas por Plinio Apuleyo Mendoza solo confirman con detalles poco conocidos el genio de uno de los grandes escritores hispanoamericanos de todos los tiempos. Allí se documenta su gusto por Brahms y por el trabajo periodístico, por el París que en los años cincuenta del siglo XX fue magneto de escritores y artistas, por el olor de la guayaba, las rosas amarillas y por la escritura como forma de vida.

Tomado de la publicación: www.jornada.unam.mx

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Transitividad antediluviana. (II) Por: J.M del Río

Tomas RegaladoTomás Regalado. Alcalde de Miami

¿Sabían que este señor alcalde tiene en su nómina a varios de los miembros activos del CLC?

Cantaclaro

Mi amigo Cantaclaro es un archivo ambulante. Le saca punta a cualquier hecho, si de defender la Revolución se trata. El fue quién alertó a los compadres del barrio, en nuestras habituales tertulias de fin de semana, sobre algunos sucesos que implican a la llamada “disidencia” que evidenciaban la real naturaleza de estos personajes. Como si fueran poco las pruebas que constantemente se obtienen sobre los vínculos ignominiosamente serviles empleado-patrono que estos elementos mantienen con la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana.   “Ahora ─ nos explica Cantaclaro ─, translucen además otras evidencias que demuestran quiénes son verdaderamente estos  parásitos oportunistas que se erigen como «pacíficos defensores de los derechos humanos» y de la «libertad y la democracia» en Cuba”.

“Observa esto ─  nos dijo Cantaclaro ─, ¿quiénes son los que apoyan a estos llamados «disidentes»?”  , y  acto seguido procedió nuestro amigo a enumerar sus observaciones. “El Alcalde de Miami, un caballero nombrado Tomás Regalado, anduvo de viaje por España. Allí sostuvo un encuentro con el Canciller del Gobierno de Rajoy. En la conversación no se habló de los «indignados», ni de la crisis que se está comiendo a España por un costado.

En la jungla del otro Miami, allí donde pululan los que se dedican al negocio del «anticastrismo» que se reúnen en el Versalles o en la Carreta o en cualquiera de los otros restaurantes de la Calle 8, para planear sus fechorías, allí va este politicastro de quinta categoría a nutrirse con el elixir del odio contrarrevolucionario, se va a España y olímpicamente declara, como algo tan natural como tomar agua, que « (…) el problema de Cuba es un problema biológico y no se resolverá hasta que desaparezcan Fidel y Raúl». ¿No han oído eso antes espetado por los principales patibularios de la contrarrevolución y del gobierno de los EE.UU.? “

“Este politicastro  ─ nos argumenta Cantaclaro ─ sale por el mundo a proclamar la necesidad de que Fidel y Raúl mueran y el Canciller español no tuvo ni siquiera la sutileza de desmarcarse públicamente de ese pronunciamiento poco diplomático. Lo que si sucedió es que ambos han manifestado «la necesidad de apoyar a la llamada disidencia cubana». Por allí pasaron Rosa María Paya, Yoani Sánchez, Berta Soler y otros y otras y han recibido el «aliento esperanzador» del Gobierno Español y los que han visitado el otro Miami igualmente han recibido el «soplo vital» del tal Regalado, así como los «regalos» de sus compinches y patrocinadores. De donde podemos deducir ─ concluye Cantaclaro ─, que si el que te apoya proclama la necesidad de que mueran los dirigentes cubanos y su recibes con beneplácito ese apoyo, entonces tú estás entre los que compartes ese criterio y si compartes ese criterio por ¿qué no puedo pensar que tu eres coparticipe de esa intención magnicida?”.

¿Sabían, que este señor alcalde tiene en su nómina a varios de los miembros activos del CLC?, se cuestionó Cantaclaro.

“Otra cosa ─ nos dice Cantaclaro ─ Federico Franco, el mezquino e insignificante personaje que se apoderó de la presidencia del Paraguay, luego de desalojar a Fernando Lugo,  presidente constitucional de ese país, declaró precisamente en España que «es un milagro que el señor Chávez desapareciera de la faz de la Tierra porque le hizo mucho daño a mi país». Hasta donde conozco ─ siguió diciendo Cantaclaro ─ ni Rajoy, ni su Canciller, ni algún  miembro de su gobierno se han desmarcado de este dislate cargado de odio y peor aún Rajoy subió a su cuenta de Twiter la foto de su reunión con Franco, que es algo así como manifestar su coincidencia con lo que este tipejo dijo. Pues estas  excrecencias de politicastros son de los que apoyan a la «disidencia» cubana y estos reciben con anuencia este respaldo de un «líder demócrata del continente» y de un alcalde «democráticamente» electo por menos del 10% de los electores con derecho al voto en el otro Miami”, que además paga con el dinero de los contribuyentes norteamericanos a conocidos terroristas.

“¿Tengo o no razón?” ─ Añadió con tremenda convicción mi bien documentado amigo. Y volvió a exponer su teoría: “si te respalda el que apoya estas posiciones de odio visceral y tu aceptas como bueno ese respaldo, entonces no hay diferencia entre tu forma de actuar y de pensar y la forma de actuar y de pensar de los personajes de esa calaña”. ¡Transitividad antediluviana!, ¿no es así?

Tomado del blog: www.lasantamambisa.wordpress.com

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Cuba: De “ciberatacante” a ciberatacada. Por: Omar Pérez Salomón

CubasiUn amigo me ha repetido varias veces que los poderosos entienden el mundo al revés. Será por eso que dos días antes del ataque terrorista a las torres gemelas en New York, el 9 de febrero de 2001, Cuba se convierte en el  primer Estado acusado de planear ataques cibernéticos contra Estados Unidos; cuando en la audiencia del Comité selecto del Senado sobre Inteligencia, que trató el tema de “la amenaza mundial”, el entonces director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Almirante Thomas R. Wilson, identificó a la Mayor de las Antillas como un posible país “ciberatacante”.

También Cuba aparece asociada al surgimiento de Internet según nos explica el profesor Juan Fernández González en su artículo “La crisis de octubre y el secreto mejor guardado de Internet”, donde los acontecimientos que pusieron al mundo al borde de una guerra nuclear en 1962, fueron en parte responsables de la aparición de la red de redes.

Resulta significativo que el 14 de abril pasado, fecha de las elecciones en Venezuela fueran atacados varios sitios de ese país en Internet, incluyendo el del Consejo Nacional Electoral (CNE); hackeados las cuentas en Twitter de Nicolás Maduro y la del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Pero más revelador es que el 18 de abril varios sitios cubanos en Internet recibieran un ataque de denegación de servicio que los afectó por varias horas.
¿Qué se pretende con estos ataques cibernéticos que no sea acallar la palabra y la información veraz de medios alternativos a los monopolios al servicio del imperialismo?  No es muy difícil suponer que las mismas fuerzas que estimulan los actos vandálicos que llevan a cabo sectores de la derecha venezolana contra los colaboradores cubanos que trabajan en los Centros de Diagnóstico Integral de Salud de ese país, están detrás de los ataques a las redes cubanas.

Actualmente, Cuba y Venezuela son los principales blancos de la maquinaria imperialista. Que nadie dude que tras las bestiales campañas mediáticas y agresiones cibernéticas contra ambos países están los planes de intervención armada al estilo de Libia o Siria; los que a lo largo de la historia han olvidado o minimizado este tipo de hechos han sido aplastados.

Uno de los sitios afectados fue el Portal CubaSí que divulga con una visión revolucionaria y descolonizadora los acontecimientos nacionales e internacionales y permite comprender el mundo más allá de Europa y EE.UU. Según el indexador Alexa – abril de 2013 -,  CubaSí está entre los sitios cubanos más consultados en Venezuela y su posicionamiento  en la red tiene una tendencia creciente.

Recuerdo que hace 23 años por estos días los técnicos y especialistas cubanos se enfrentaban con éxito – como lo hicieron en esta ocasión los técnicos y expertos en informática -  al intento de imponernos una señal de televisión que agredía nuestro espacio radioelectrónico y que ha sido batida día tras día en estos años a los pocos minutos de su salida al aire. Como mismo osaron nombrar “Simón Bolívar” al comando de campaña de la derecha venezolana, a la televisión anticubana la mal llamaron “José Martí”.

El  ataque a sitios cubanos en la red, en medio de una guerra mediática gigantesca, es un acto muy peligroso que tiene que tener una respuesta rápida en el restablecimiento de los daños, para seguir informando y divulgando la verdad de nuestros pueblos.

El 19 de abril se conmemoró el 52 aniversario de la primera gran derrota del imperialismo estadounidense. Las pretensiones imperiales de destruir el ejemplo y la política de principios de la Revolución Cubana continúan presentes a través de operaciones encubiertas y otras acciones del gobierno de Estados Unidos. La situación actual no es la misma que hace 52 años; varios gobiernos revolucionarios en el continente – Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador -  se enfrentan abiertamente al imperialismo y otros desconocen el tutelaje yanqui en la conducción de la política y la economía de nuestros países.

Playa Girón asombró al mundo, pues en menos de 72 horas se logró derrotar a la poderosa maquinaria bélica gringa. Los círculos políticos y la Administración yanqui buscaron una explicación al desastroso fracaso de Bahía de Cochinos; pero desestimaron el elemento decisivo y que definiría la victoria de las fuerzas cubanas: El apoyo a la Revolución y a su líder Fidel Castro por parte del pueblo cubano, que ya había hecho suyas las ideas de justicia social, dignidad y soberanía nacional.

Tomado del blog: www.lapupilainsomne.wordpress.com

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Poemas como canciones. Homenaje a Carilda Oliver Labra.

Carilda OliverMusicalización de trece poemas de una de las más importantes poetisas de la cultura cubana.

Concierto

Sábado 27Abril, 20h.

Sede de la Asociación Cultural Pablo Picasso. Calle Seseña, 9. Madrid.

Marta de la Aldea y Mónica Yebra cantando. Antonio de Pinto, Antonio Toledo, Kiko Aladro y Jesús Marco en el acompañamiento musical y José María Alfaya en la presentación y coros, interpretarán los temas del disco.

Cómo llegar: Metro Campamento L5 y Casa de Campo L5/L10. EMT 25 y 138

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Atentado de Boston ¿Nueva manipulación del imperio para seguir invadiendo y saqueando países? Por: Francisco González Tejera

OTAN 2¿La organización terrorista internacional OTAN prepara otra guerra?

Nada parece encajar en los argumentos del FBI y la CIA sobre el extraño y luctuoso atentado de Boston. Una vez más nos enfrentamos a unos hechos sin lógica, donde dos jóvenes de origen checheno parecen ser las cabezas de turco, sin que hasta ahora se haya demostrado que fueran los culpables de este nuevo ataque al estado norteamericano.

Las televisiones nos mostraron una espectacular persecución de película americana, con miles de policías y militares, una ciudad entera en estado de excepción, en la cual uno de los chicos fue abatido acribillado a balazos y el otro, el más joven, de solo 19 años y estudiante de 2º de medicina, fue capturado gravemente herido, “curiosamente” desarmado y con mucho miedo en el momento de su entrega y supuesta rendición.

Sus padres abrumados afirmaron que eran buenos chicos, que no estaban vinculados con ninguna organización terrorista y que no eran capaces de matar ni a una mosca.

Estos datos contrastan con las imágenes en vídeo de varios medios internacionales, donde se observa, momentos antes del atentado, a varios gorilas de una empresa de seguridad vinculada al Pentágono y a su servicio secreto, con mochilas y pinganillos al oído, ubicados en varios puntos estratégicos de este evento deportivo con una pinta muy sospechosa.

¿Qué hacían en ese maratón estos agentes de seguridad de una de las empresas que protegen el patrimonio gringo en Irak y Afganistán? ¿Por qué no han sido investigados y sus mochilas analizadas? ¿Cómo es posible que unos jóvenes sin preparación militar fueran capaces de provocar esta brutal acción criminal?

Son muchas las preguntas sin respuesta de este y otros atentados provocados en los Estados Unidos, Reino Unido, España, etc., donde quedaron enormes lagunas de oscuridad, que quizá algún día se aclaren y nos llevemos grandes y siniestras sorpresas.

El fomento del miedo y la mentira suele ser la estrategia fundamental y perfecta del imperio, siempre con el fin de amedrentar y justificar sus invasiones y guerras genocidas, para apropiarse de los recursos naturales y geoestratégicos de otros países, asesinando a sus pueblos con brutales bombardeos, acciones militares por tierra y otras acciones criminales en compañía de sus aliados para el genocidio, el saqueo y el robo.

Los medios de comunicación al servicio del sistema nos lanzan sucesivas mentiras, campañas de criminalización de supuestos dictadores, que en algunos casos, hace unos años eran fieles amigos de la potencia invasora.

Si miramos a Libia, Irak, Afganistán, comprobamos como después de las sucesivas guerras imperiales promovidas por los Estados Unidos, la corrupta Unión Europea y la Alianza Terrorista OTAN, sus pueblos están mucho peor que antes, sometidos a delincuentes gobiernos títeres, desarraigo social, terrorismo, muertes, abusos y torturas cometidas por la milicia aliada, extrema pobreza y países devastados, saqueados por las grandes corporaciones y mafias del petróleo y el narcotráfico, que arrasan por sus recursos naturales, esclavizando y matando de hambre a su gente.

Como en la supuesta muerte de Bin Laden, los atentados de Boston tienen toda la pinta de ser una nueva falacia-montaje y su autoría está cada hora que pasa mucho más cuestionada. Solo hay que ver los informativos de Rusia, China, Venezuela, Cuba, Bolivia, Brasil, etc., para encontrar otras versiones y cuestionamientos razonables y racionales.

Incluso y para aumentar las sospechas, el único detenido, Dzhokhar Tsarnaev, según anuncian fuentes de la CIA, tiene una grave lesión en la garganta y parece ser que nunca podrá hablar, lo que entorpecerá los interrogatorios ¿Casualidades?

Nada parece encajar y el argumento para acusar a estos dos desgraciados hermanos se va diluyendo, derritiendo entre falsedades, mentiras y manipulación político-mediática.

Fuente: http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Tomado de la publicación: www.diario-octubre.com

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La desescolarización del mundo patas arriba. Por Gašper Kralj

Patas arribaPrologo a la edición eslovena de Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, obra que “en cierto sentido es la continuación de Las venas abiertas de América Latina”.

El lenguaje cambió considerablemente, los conceptos se alteraron, y para describir el mundo tal y como hoy lo conocemos ya no basta decir simplemente que se trata de «la crisis del capitalismo más profunda en la historia moderna de la humanidad»: es necesario presentar pruebas. Y esto es lo que se propone el presente libro. Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998), basado en numerosos «estudios de casos», pone en evidencia las máscaras del sistema: en sus aulas enloquecidas rigen los valores invertidos con los que el capitalismo mantiene y justifica su poder global.

Por un lado, el libro puede leerse de un modo informativo: es posible que nos interese saber cómo y por qué se impuso la creencia de que «otro mundo no es posible». Por otro, puede leerse de un modo transformativo: tal vez nos despierte, incite y desafíe a empezar a reflexionar de una manera distinta sobre cuestiones que nos parecen obvias. En tal caso, esta peligrosa lectura no sólo influirá en nuestros pensamientos, sino también en nuestra relación con el mundo. Y parece que fue con este propósito que su autor, el escritor uruguayo y apasionado del fútbol, Eduardo Galeano, acordó una alianza secreta en complicidad con su compañero ausente, José Guadalupe Posada, el artista mexicano de principios del siglo veinte.

Galeano obtuvo reconocimiento con Las venas abiertas de América Latina (1971), obra en la que escribió aquellas páginas que la historia, esa bella durmiente (o ese «monstruo», depende del punto de vista), normalmente omite. Partió de la tesis de que «el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo, es su consecuencia»; expuso los extravíos de los conquistadores e inquisidores, y luego de los economistas y tecnócratas convencidos de que América Latina sigue viviendo en la «infancia del capitalismo»; y, después de noventa noches en vela, en la oscilación entre el estremecimiento producido por cafeína y la concentración, entre las emociones y el riguroso trabajo mental, a finales de 1970 concluyó un extenso «panfleto político» de más de trescientas páginas al que no pronosticó más que «dos o tres años de vida».

El propio libro demostró cuánto se equivocaba. Pero no en lo referente a su tesis sobre el desarrollo desigual y sus «modelos de éxito», tan devastadores para la mayoría de la población mundial ―modelos en los cuales está basado también Patas arriba―, sino en cuanto a su «esperanza de vida». Aunque la ironía de Las venas abiertas molestó a los gobernantes sin sentido del humor pero con mucho sentido del terror estatal, sobrevivieron ambos: Galeano en el exilio ―entre los años 1973 y 1976 en Buenos Aires, luego en Barcelona donde vivió y escribió hasta que en 1984 regresó a su Montevideo natal― y el libro, sobre todo en América Latina, donde por aquel entonces lo rescataban de las autoridades, lo ocultaban en los pañales, se lo pasaban de mano en mano, lo leían en los autobuses y en los metros, lo citaban en los encuentros y en las reuniones secretas. Las venas abiertas sigue siendo hoy una de las obras esenciales no sólo para entender la otra historia de América Latina, sino sobre todo para comprender la rabia humana ante el desenfrenado despojo de las riquezas terrenas y subterráneas del continente.

En cierto sentido, Patas arriba. La escuela del mundo al revés es la continuación de Las venas abiertas de América Latina. Es verdad que entre ambas obras transcurrieron casi treinta años, pero el mundo sigue regido por las mismas leyes básicas: con la exportación de las riquezas naturales todavía se importa la miseria humana; los mayores comerciantes de armas todavía son los más fervientes pacifistas; y los peores contaminadores, los más entregados a la doctrina verde. Pero no obstante, como dice Galeano, hace tres décadas existía la convicción de que «la pobreza era fruto de la injusticia», mientras que hoy «es el justo castigo que la ineficiencia merece».

Por eso, en Patas arriba, que apunta no sólo a América Latina sino al planeta entero, Galeano pregunta otra vez: ¿de qué manera está conectada la pobreza con la injusticia? ¿Cómo están vinculados la ciencia y el derecho internacional con el racismo? ¿Cómo se justifican las leyes que excluyen a poblaciones enteras o incluyen solamente a aquellos individuos «productivos» que pueden ser impunemente desgastados y después de uso (y abuso) desechados? ¿Por qué las desigualdades económicas y sociales dentro del sistema capitalista sólo pueden aumentar?

Y también: ¿cuánto cuestan hoy los asesinatos de las personas y de los países? ¿Cómo hoy ejercen el poder, en lugar de las rígidas dictaduras militares, las dictaduras de los medios de comunicación y del capital financiero? ¿Adónde viaja el dinero y por qué, de forma inversamente proporcional al considerable progreso tecnológico, las horas de trabajo están aumentando, los salarios disminuyendo, y la seguridad social, con las restantes condiciones para una vida digna, desapareciendo? ¿De qué manera el tiempo libre y el estudio también se han vuelto dependientes del trabajo? ¿Cómo se han roto tantos vínculos de solidaridad?

Y para hacernos comprender cómo de verdad funciona este mundo, el mundo al revés, Galeano nos invita a una escuela en la que imparten clase distinguidos expertos, todos ellos catedráticos de neoliberalismo; a una escuela que instruye sobre la importancia del egoísmo, la competencia, la traición al prójimo y el autoengaño para el crecimiento personal y el éxito en la vida; a una escuela donde se enseña «Curso básico de injusticia», «Curso básico de racismo y de machismo», etc.

Pero Patas arriba no es «un libro fatalista». A pesar de que la solidaridad en la lucha contra el sistema de la época de Las venas abiertas se ha convertido en la lucha de uno contra otro y de todos contra todos, y aunque el dinero es el único fundamento firme (sólido) en el capitalismo tardío, Galeano no propone un «suicidio colectivo». Al contrario, para tratar los «temas depresivos» usa las armas del humor y de la ironía.

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La primera publicación de Galeano, una caricatura política, aparece en el periódico montevideano El Sol. Más tarde es corresponsal y editor del influyente semanal uruguayo Marcha, cuyo archivo es destruido por entero durante la dictadura de Bordaberry. Edita el diario Época y dirige una editorial universitaria. Exiliado en Buenos Aires funda y publica la revista Crisis hasta su partida a Barcelona. Después de volver a Montevideo, en colaboración con antiguos colegas editores, retoma las ideas de crítica social de la Marcha: en 1985 fundan el semanal Brecha.

Con Adolfo Pérez Esquivel, Ernesto Cardenal, Tariq Ali y otros, forma parte del consejo consultivo de TeleSUR, con sede en Caracas, que hoy, junto con Al-Jazeera, es la red televisiva independiente y no comercial más importante del mundo. Por una parte, en sus muchos e ingeniosos artículos «periodísticos» no se pueden pasar por alto sus ambiciones literarias; por la otra, él mismo dice que, de hecho, sólo descubrió el «universo literario» después de haber escrito Las venas abiertas de América Latina. En todo caso, parece que al sentarse ante el escritorio a escribir una columna para The Progressive, un artículo para La Jornada , o un nuevo libro, en este escritor templado cada vez se despierta aquel chico de catorce años que ―hace casi seis décadas― preparaba en Montevideo la que sería su primera publicación.

La obra literaria de Galeano se caracteriza por los escritos cortos. Con textos cada vez más breves, quiere decir más con menos palabras; él mismo afirma que «no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida […]. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia».[1]

En el «desnudamiento del lenguaje» toma por modelo los consejos de su primer maestro, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, el cual, durante las primeras tentativas literarias de Galeano, cuando éste se inclinaba atormentado sobre el papel en blanco, le recomendó que eligiera las palabras con sensibilidad. «Siempre me decía: “Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”».[2]

De ahí que Galeano no tenga un «horario» fijo para escribir a diario. Al contrario, de los músicos cubanos aprendió a ponerse a escribir solamente cuando le «escuecen las manos». El proceso creativo que sigue a la inspiración lo compara al acto de tejer: así como el tejedor urde el tejido con hilos multicolor, él entrelaza en sus textos las hebras de palabras que son las emociones, ideas, experiencias, memorias… Y, como dice, estas hebras son producto, a la vez, de «la razón y el corazón. Son ideas sentipensantes, no son ideas que pertenecen solamente al dominio de la razón. Están muy vinculadas con lo que se siente en las entrañas, provienen de esas voces misteriosas que la razón a veces no es capaz de entender, pero que es capaz de organizar».[3]

La temática literaria central de Galeano fue y sigue siendo la memoria. El mejor ejemplo es la trilogía Memoria del fuego (1982 – 1986), que al mismo tiempo es una de sus obras principales. En el primer libro, Los nacimientos (1982), se inspira en los mitos originarios indios y en la tradición oral precolombina y, a partir de la conquista, lo hace en los capítulos omitidos de la historia colonial temprana, hasta finales del siglo XVII. El segundo libro, Las caras y las máscaras (1984), es un mosaico de narraciones, que se opone a los libros escolares oficiales sobre la historia americana de los siglos XVIII y XIX. En él trata sobre el imperio británico en Cuba que en sólo diez meses convierte el país en una fábrica de azúcar; sobre las trece pobres colonias sin oro, sin plata y sin azúcar; sobre la primera novela americana, en la que los europeos no creen en los sueños, pero se imaginan cosas que son todavía más increíbles; sobre las promesas traicionadas de los conquistadores y de las profecías cumplidas de los guerreros indios.

El tercer libro, El siglo del viento (1986), continúa de esta manera hasta los años ochenta del siglo XX. Está compuesto por las historias de América, que es la del Norte y cuyo Sur no existe; de las revoluciones y los revolucionarios, de Zapata, Madero, Pancho Villa; del «casi» poder, de la reforma agraria y del primer ataque «terrorista» en los Estados Unidos; del arte, de Frida Kahlo y Diego Rivera; de las aventuras amorosas de las multinacionales, de la bananización y la impotencia de los estados marioneta; de los colegas escritores, de Márquez, Neruda, Onetti, Cortázar, Rulfo, Borges, Carpentier, Walsh, Hemingway, Faulkner, del antropólogo Ribeira; del Lenin mexicano; de Al Capone que llama a la defensa contra el peligro comunista; del optimismo de Trotski que junto con su esposa Natasha en Coyoacán se alegra por cada mañana nueva; de Sandino, Árbenz, Che, Castro, Domitila, Allende; de Cuba que amanece sin Batista; de Guatemala de la que se apodera Castillo Armas y pone fin a la década de la restauración democrática del país; de Nicaragua, donde Somoza está presente siempre y en todas partes; de la guerra del Vietnam, de Martin Luther King, del rock’n’roll y Rockefeller; de la matanza de los estudiantes en Tlatelolco; del Chile bajo Pinochet y la Argentina bajo Videla; de los presos políticos uruguayos, etc.

Pero Memoria del fuego no es sólo un compuesto de descripciones literarias de los acontecimientos rompedores, los grandes episodios históricos y sus sospechosos habituales, sino, sobre todo, de sus voces desoídas y de los detalles no vistos, elaborados con esmero y entrelazados en historias designadas y ordenadas por años para posibilitar al lector el fácil movimiento hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. Con una distinción significativa: que todas están escritas en tiempo verbal presente. Como dice Carlos Fuentes: «El pasado humano se llama Memoria. El futuro humano se llama Deseo. Ambos confluyen en el presente, donde recordamos, donde anhelamos».[4]

De ahí que el amplio collage de relatos, algunos de unas pocas frases, funcione como una serie infinita de fotografías datadas: puede que nos atraiga una historia que irrumpe implacablemente del pasado al presente, puede que nos interese el contexto y que consultemos para nuestro estudio posterior el material adicional que Galeano anota bajo el texto con número bibliográfico adjunto. Al mismo tiempo añade que Memoria del fuego no es obra de un historiador, sino de un escritor; no es un «almanaque histórico» sino una «creación literaria», con la que quiere «contribuir al rescate de la memoria secuestrada».

Después de haber escrito Las venas abiertas, una obra completa e íntegra en la que con precisión cirujana hizo una disección del capitalismo periférico y de sus consecuencias para América Latina y sus habitantes, renunció al grand récite. Y tras escribir Memoria del fuego, renuncia también al coherente orden cronológico del texto. Por lo tanto, en sus obras posteriores, la búsqueda de conexiones y la creación de constelaciones de historias particulares extraídas de fuentes tan distintas como las advertencias de los dioses y los mensajes de los graffiti, las dejó al propio lector. El campo de la literatura «fragmentaria» lo descubrió por completo con El libro de los abrazos (1989). Este no está escrito al «estilo de una novela de amor o de piratas» y su objetivo tampoco es una «reinterpretación lineal de la historia cultural». Las historias enmarcadas forman más bien una baraja de cartas, compuesta tanto por el terror como por las bellezas de América Latina.

Página tras página están llenas de testimonios de personas que resplandecen con fuegos diferentes; de la pobreza, que es tan generosa como la riqueza es rapaz; de los «nadies» que cuestan menos que la bala que los mata; de los pueblos que mueren por los ideales de la revolución social con el mismo ardor con que el amor nace del dolor… Desde El libro de los abrazos hasta Espejos: una historia casi universal (2008), universo de casi seiscientos fragmentos, Galeano se está dirigiendo hacia «un lector mucho más complejo, mucho más exigente en materia espiritual», mientras que su literatura no se inserta con facilidad ni entre los cuentos ni entre los relatos breves, pues se resiste tenazmente a cualquier clasificación.

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Galeano derriba las fronteras. Él mismo dice que en vez de escritor debería ser «contrabandista, delincuente».[5] Sus libros no pertenecen a ningún género literario y al mismo tiempo contienen elementos de muchos. A pesar de esto, algunos críticos designaron Patas arriba. La escuela del mundo al revés como su «regreso» del área de las bellas letras al campo de la literatura políticamente comprometida, incluso al de la de protesta.[6] Otros comentaristas constataron que de hecho se había adelantado a los críticos que le reprochaban «didactismo innecesario» autoproclamándose «instructor» de la escuela cuyas perversas lecciones son las ú nicas adecuadas para comprender el capitalismo actual.[7] El viejo maestro respondió con su conocido tono irónico: «Etiquetar es siempre peligroso».

Las polémicas discusiones sobre la literatura políticamente comprometida, tan características de los círculos literarios latinoamericanos a partir de la segunda mitad del siglo XX, época en la cual caben también las obras de Galeano, han dividido a los autores por lo menos en tres grupos diferentes. En el primero se hallan los que abogaron por la total autonomía de la literatura y del arte en general, y así liberaron formalmente al autor y a su obra de los vínculos éticos y políticos con la comunidad. En el segundo, los aficionados a la literatura «revolucionaria», que floreció sobre todo con el empuje del triunfo cubano y se extendió por toda América Latina, durante los años siguientes a la caída de Batista, como «herramienta» a manos de la revolución.

A pesar de su maestría literaria, a los primeros les criticaron los segundos por su «apoliticidad» ante el ascenso de las dictaduras militares. A los segundos les criticaron los primeros por su realismo social, sus novelas de tesis, por la devastación del lenguaje (incluso a través de la sobreabundancia de palabras), el adoctrinamiento ideológico, la retórica política, o sea, por la «poca profundidad» de sus obras. El tercer grupo se estableció en la intersección de los dos. Ahí se encontraban los escritores que intercedían a favor de la idea de libertad literaria,[8] pero al mismo tiempo también de la de responsabilidad individual y colectiva de los autores ante la necesidad profundamente sentida de radicales cambios sociales.[9] Su dilema recuerda a la disyuntiva de Orwell: del mismo modo que él «en una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos», pero ante el ascenso del nazismo en Europa y del franquismo en España se vio obligado a «convertirse en una especie de panfletista», aquellos escritores latinoamericanos testigos de las sangrientas dictaduras que por toda América Latina aniquilaban las vidas humanas para aplastar los ideales de la revolución social, renunciaron al «egoísmo agudo», al simple «entusiasmo estético» y al mero «impulso histórico».

En efecto, de «panfletista » Galeano pasó a ser escritor. Pero, desde los años setenta del siglo pasado hasta ahora, no ha dejado de ser un inagotable e implacable crítico del sistema, acompañante de los movimientos sociales y luchador por la justicia en el continente americano y en el mundo. A finales de mayo de 2011 en todos los comentarios acentuaba sobre todo, en lugar del premio por el cual había sido invitado a España, el significado de la acampada y de la ocupación de las plazas, en las cuales participó tanto en la Puerta del Sol en Madrid como en la Plaça de Catalunya en Barcelona.

Ante el desacuerdo fundamental entre el sistema político y la nueva generación de activistas que ya no cree en los partidos políticos ni en los rígidos sindicatos, considera que ellos eligieron el nombre apropiado, indignados, pues el mundo se divide entre los indignos y los indignados, entre los que en colaboración con los medios de comunicación de masas tratan de conservar el sistema vigente, y aquellos que, desde los barrios griegos antiautoritarios, la aventura egipciana democratizante, el experimento popular español, las feroces luchas por la educación libre y gratuita para todos en las calles de Santiago de Chile, hasta el Wall Street ocupado en septiembre del 2011, etc., resisten decididamente al sistema capitalista global.

Al mismo tiempo, Galeano no deja de creer en el oficio de escritor: no consiente ni la actitud autoexcluyente de los autores que escriben y al mismo tiempo afirman que «escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre», y aún menos la de aquellos que convierten la literatura en un objeto de deseo burgués, que en este mundo es accesible solamente a los que pueden comprar libros.

Su escritura es la denuncia del «control policial del lenguaje»; y precisamente Patas arriba es la denuncia del vocabulario de los expertos en relaciones internacionales, de los líderes de la opinión pública y de los estrategas militares, todos ellos enemigos «lingüísticos» contemporáneos de la crítica social y del pensamiento en general. Es la escuela de la época en la que las bombas se han hecho inteligentes, en la que la dictadura de los medios de comunicación se llama derecho a la información, en la que la educación se ha convertido en la administración del conocimiento…

Por otro lado, aboga por la creación literaria liberada de la ideología dominante, de las prescripciones estilísticas, del valor de cambio económico y del fetichismo de la mercancía impuestos por la construcción capitalista del mundo a la literatura y al arte en general. Al mismo tiempo no asiente ni a la llamada literatura «revolucionaria», a la que considera, si está escrita para los convencidos, tan «desertora» como «una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo». Además, en relación con el «compromiso político» de las obras literarias, añade: «Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima».[10]

Convencido de que la literatura quedará bloqueada de una o de otra manera mientras que los medios de comunicación se ocupen de la «imbecilización colectiva», Galeano persiste en su tarea básica: «rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación». Ya en 1977 en el artículo Defensa de la palabra escribe: « “Libertad” es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y “Democracia” se llaman varios regímenes de terror; la palabra “amor” define la relación del hombre con su automóvil y por “revolución” se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina».[11]

De manera similar, tres décadas más tarde, está «rescatando» palabras que en el diccionario preestablecido por la organización neoliberal del mundo han sido sustituidas por otras más aceptables: «el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado»; «el imperialismo se llama globalización»; «las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo»; «el oportunismo se llama pragmatismo»; «la traición se llama realismo»; «los pobres se llaman carentes»; «el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral».[12]

Por una parte, Galeano «rescata» palabras para desenmascarar el sistema. Pues considera sospechoso todo lo que se da por supuesto en el mundo que tenemos ante nuestros ojos (y que precisamente por eso ni siquiera solemos verlo). Por la otra, en su trabajo de escritor, sigue fiel a los principios basados en el lazo indisoluble entre «la ética y la estética, entre la justicia y la belleza». Y, si por ello resulta «prehistórico», él mismo asume el cargo de tales acusaciones.

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Patas arriba. La escuela del mundo al revés es una especie de «manual» para leer las noticias diarias. Galeano propone un método simple: leer las declaraciones de los gobernantes al revés, pues todos sin excepción «prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión». En esta escuela aparecen, unos al lado de otros, los políticos, los líderes de la opinión pública, las cenicientas neoliberales de las telenovelas, los antihéroes desde Hussein, Bush, Bin Laden, Gadafi… y todos los que, cada uno en su momento de resplandor y fama internacional, ganaron el prime-time y los papeles principales en el cine de terror: los comerciantes de seguridad, los expertos policiales, los propietarios de las cárceles, los científicos que subordinaron el saber científico al poder imperial de los centros globales, la reina del opio Victoria de Inglaterra, los banqueros del Vaticano y de otras partes.

Y, aunque sólo en los últimos dos capítulos, también están presentes aquellos que resisten a tal escuela. Sus voces y sus caras por lo general no aparecen en las noticias diarias, y si lo hacen, es tan solo en la prensa amarilla. En este sentido, al final del libro nos encontramos como en el patio escolar de la imaginación política. Allí se hallan los individuos y los grupos que no obedecen a sus maestros, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, los movimientos sociales que ocupan las calles en vez de asistir a clase: los Indios que han enmascarado sus rostros para «desenmascarar el poder que los humilla»; los campesinos sin tierra que en la tierra ocupada y expropiada a las multinacionales cultivan alimentos para sus familias; los activistas que luchan por el derecho a la bancarrota, a no pagar las deudas a los financieros y banqueros, a la renta básica garantizada independiente del empleo, a la vivienda para todos, a la educación y a la asistencia médica gratuitas. Entre ellos resuenan las consignas «¡Nadie nos representa!» y «¡Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir!».

Allí está naciendo el «mundo nuevo, mundito nomás por ahora» de Galeano. También es ahí donde, al fin y al cabo, reside la utopía, la que siempre está tan sólo a un paso o dos delante del horizonte.

Por un lado Patas arriba. La escuela del mundo al revés se erige en la era del neoliberalismo, en la época del dominio del capital financiero, del desarrollo de los medios de comunicación y del florecimiento de la sociedad global de consumo. Por otro lado, en vez de un análisis político-económico, tenemos ante nosotros un entero «plan de estudios» entretejido con materia literaria explosiva. De ahí que podamos leer el libro «desde el principio hasta el final»; elegir la «asignatura» preferida y leerlo por separado; o abrirlo al azar y, junto con Alicia en el país de las maravillas de Galeano, a través de las anécdotas enmarcadas, echar un vistazo en cualquier momento al mundo en el espejo, al mundo al revés.

Galeano no es un «optimista profesional», pero al mismo tiempo tampoco deja «el pesimismo para tiempos mejores». Sostiene el principio de que «dentro de una sociedad presa, la literatura libre sólo puede existir como denuncia y esperanza». Por eso, Patas arriba representa una contribución importante a lo que Ivan Illich denomina «la desescolarización de la sociedad». Dice Illich que la escuela se ha vuelto «el más grande y el más anónimo de todos los patrones», al mismo tiempo «un nuevo tipo de empresa, sucesora del gremio, de la fábrica y de la sociedad anónima», y una verdadera «agencia de publicidad que le hace a uno creer que necesita la sociedad tal como está».[13] Y así como este pedagogo radical colocó «la desescolarización de la sociedad» en el primer plano de todos los proyectos para la «liberación del hombre», Patas arriba viene a ser una rebelión contra el aislamiento individual y colectivo y, por tanto, una muestra del compañerismo y la solidaridad que Galeano desea que ayuden al mundo patas arriba a ponerse en pie.

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Notas:

[1] Eduardo Galeano, «Sobre el arte de un escritor», http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/galeano.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[2] Ibid.

[3] Carlos Aznárez, «Eduardo Galeano: ‘Cada vez es más difícil ser diferente’», http://sololiteratura.com/gal/entcadavezesmasdificil.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[4] Carlos Fuentes, La gran novela latinoamericana, Editorial Alfaguara, Madrid, 2011, p. 28.

[5] El novelista, ensayista, poeta, miembro del influyente grupo literario Sur y primer traductor de Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Walter Benjamin al español, Héctor Álvarez Murena, en sus Ensayos sobre subversión (1962) describe así tales «delincuentes con pasión escrituraria»: «Consideremos más atentamente estas vidas. En apariencia ociosos, al margen de la sociedad, aunque obstinados en influir sobre ella, sin distingos de clase, por cierto. Conciliábulos, fraternidades, movimientos regidos por consignas, olfato diabólico para percibir amigos potenciales y enemigos encubiertos. Difusión solapada de ideas que (precisamente por la forma en que se las maneja) resultan sospechosas de ilicitud. Tráfico de libelos redactados bajo el secreto y la noche. Excitabilidad desmesurada, temblores, síntomas permanentes de expectativa e intranquilidad… ¿No basta? ¿No se han configurado ya ante nosotros los rasgos de una cara infrecuente, pero característica, la cara repulsiva o atractiva (según el partido desde el que se la mire) de quien con su ansiosa actividad busca derrocar el orden constituido, del conspirador, del subversor? ». Héctor Álvarez Murena, Ensayos sobre subversión seguido de El nombre secreto, Editorial Octaedro, Barcelona, 2002, p. 31.

[6] Isabel Fonseca, «A Land in Exile From Itself», http://www.nytimes.com/books/00/11/12/reviews/001112.12fonsect.html (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[7] Mark Engler, «Whither a New Internationalism?» http://www.democracyuprising.com/2002/07/whither-a-new-internationalism/ (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[8] En 1970, en ocasión de la celebración del décimo aniversario de la Casa de las Américas en La Habana, Julio Cortázar dijo: «Yo creo, y lo digo después de haber pensado largamente todos los elementos que entran en juego, que escribir para una revolución, que escribir dentro de una revolución, que escribir revolucionariamente, no significa, como creen muchos, escribir obligadamente acerca de la revolución misma». Julio Cortázar, «Algunos aspectos del cuento», primera publicación en la revista Casa de las Américas, no. 60, 1970, La Habana, http://www.literatura.us/cortazar/aspectos.html (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[9] Gabriel García Márquez, por ejemplo, opina así: «Nunca hablo de literatura, porque no sé lo que es, y además estoy convencido de que el mundo sería igual sin ella. En cambio, estoy convencido de que sería completamente distinto de no existir la policía. Pienso, por tanto, que habría sido más útil a la Humanidad si en vez de escritor fuera terrorista». Javier García Sánchez, «Ser sido…», en: Anthony Percival (ed.), Escritores ante el espejo: estudio de la creatividad literaria, Editorial Lumen, Barcelona, 1997, p. 338.

[10] Eduardo Galeano, » Sobre el arte de un escritor ,« http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/galeano.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[11] Eduardo Galeano, Nosotros decimos no: crónicas (1963/1988), Siglo XXI editores (séptima edición), México, 2001, p. 224.

[12] Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Siglo XXI editores (sexta edición), México 2003, p. 41.

[13] Ivan Illich, Deschooling Society, CIDOC, México, 1970, http://philosophy.la.psu.edu/illich/deschool/ (accesible el 28 de septiembre de 2011).

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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Danny Glover: un artista comprometido. Por: Octavio Fraga Guerra*

DG Danny Glover y Gerardo Hernández durante una anterior visita del actor a la prisión de Victorville.

La noticia pasó inadvertida, -no en su vestidura-, más bien en sus trasfondos y es que amerita hurgar en sus aristas y en sus esencias. El titular: “Prohíben a Danny Glover visitar a antiterrorista cubano preso en EE.UU”. La nota, publicada en el diario digital www.cubadebate.cu tiene detalles que son esenciales reproducir.

La publicación cubana señala: “Se le prohibió al reconocido actor Danny Glover realizar la visita que tenía prevista a Gerardo Hernández. Las autoridades de la prisión dijeron a Glover, quien ha visitado a Gerardo en 9 ocasiones desde el 2010, que no sería admitido porque no tenían conocimiento de la realización de la visita. Esta es una decisión absolutamente arbitraria de la prisión. Cualquier persona que esté incluido en la lista de un preso tiene derecho a realizar las visitas”.

La postura de la prisión avalada por el gobierno de los Estados Unidos, responde a la política de hostigamiento contra los cinco patriotas cubanos presos en las cárceles de este país. Sus nombres: Gerardo Hernández, Fernando González, Ramón Labañino y Antonio Guerrero. En el caso del también Héroe de la República de Cuba René González –integrante de los cinco antiterroristas cubanos-, está siendo cruelmente obligado a pasar tres años en libertad condicional en los EE.UU., a pesar de haber cumplido su injusta sentencia en el año 2011.

Los cubanos están encarcelados en ese país, por defender al pueblo cubano y a la humanidad de los terroristas cubanoamericanos radicados en la nación norteña. Son organizaciones que no han cesado en diseñar y materializar acciones criminales contra Cuba y otros países progresistas. Son actos que por su naturaleza serían juzgados por cualquier tribunal penal del mundo.

Pero el eje de mi escritura es Danny Glover como punto de partida ante un tema que ha sido abordado en varias etapas de la cultura y la sociedad contemporánea, sin embargo requiere de una mayor profundidad. El actor norteamericano goza de una imponente filmografía en la que destaca el filme: “El color purpura”, realizada en el año 1985 por el afamado director de cine Steven Spielberg. La pieza cinematográfica se construye a partir de la novela epistolar de igual título escrito por la escritora norteamericana Alice Walker.

La obra de Glover supera los cincuenta filmes. Sus dotes actorales siguen siendo demandados por los más prestigiosos directores de cine. Su trabajo entraña una diversidad gestual y corporal en cuanto a proyección escénica. Su presencia en cualquier filme es una garantía de resultados artísticos, en tiempos donde el trabajo de los actores se resquebraja por la ruta de facilismo y la impronta del desmesurado protagonismo que entraña la banalidad y la popularidad extra actoral.

Danny Glover no es solo un actor demandado. Su activismo por los derechos del afro estadounidenses y las minorías de ese país. Su entrañable amistad con el entrañable Comandante Hugo Chávez y el pueblo venezolano. O su labor en el consejo consultivo de la cadena de televisión Telesur, le hacen crecer como hombre de su tiempo más allá de su labor profesional.

El actor de 67 años no ha cesado en su lucha por la liberación de los cinco antiterroristas cubanos. La historia de ese país caracterizada por una “cacería de brujas”, -ante este claro compromiso- le hace elevar su postura como un comprometido humanista. Baste recordar a dos celebres artistas como John Lennon o Charles Chaplin, víctimas de la vigilancia y el oscurantismo del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

Glover no está solo en esta guerra contra los desmanes de la humanidad. Los cineastas Michael Moore y Oliver Stone de Estados Unidos, Saul Landau de Canadá, John Pilger de Inglaterra,  Gianni Mina y Flavio Signore de Italia, Willy Toledo, Laura Arau y Javier Couso de España, son algunos de los muchos intelectuales del audiovisual –por citar unos pocos- que encaran la vida más de allá de su obra.

Los intelectuales y los artistas tenemos el deber social y moral de tomar partido ante los derroteros de la vida. No somos marionetas ni figurantes de los medios de comunicación que actúan como mamparas de los políticos corruptos y del empresariado que los sostiene. Hay que precisar que los medios de comunicación han dejado de ser herramientas para convertirse en hacedores de la política. Me refiero a la manipulación, a la desinformación y a la burda omisión de la verdad. Nuestro trabajo ha de trascender nuestra obra para ennoblecer y multiplicar los valores que contribuyan a hacer de la humanidad un espacio más justo para todos.

Esta actitud encara un sacrificio y un compromiso con la ética y los principios más universales que -entre todos- debemos de exigir y refundar. Detrás de un artista o un intelectual mediocre –si es que se le puede llamar de esta manera-, se escuda un ente manipulable para el uso y abuso de los poderes de transito.

El trabajo del artista y el intelectual entraña una permanente entrega y un denotado ejercicio del conocimiento para salvaguardar nuestro noble oficio de los que pretenden prostituirlo. El ser una personalidad pública implica una responsabilidad con cada ruta de nuestro tiempo.

Asumir una actitud política contra los poderes imperiales, fascistas y retrógrados que siguen aflorando en este planeta, es parte de la obra que debemos de construir en nombre de la humanidad. La obra humanista de Danny Glover y de todos los intelectuales y artistas que hacen causa común en tiempos guerreristas, se ha de poner en el umbral de nuestra ruta para acompañarles con hechos de compromiso y entrega.

Nuestra herencia tiene nombres y apellidos. José Martí, Mark Twain, Rubén Darío, Pablo Neruda, Roque Dalton, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Tina Modotti, Miguel Hernández, Frida Kahlo, Federico García Lorca, Víctor Jara o Mario Benedetti, son algunos de los hombres y mujeres de nuestros pueblos que sirvieron a la humanidad. La historia, sus historias son parte de una herencia que debemos de retomar por la dignificación del arte y la cultura.

Nota citada: http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/04/08/prohiben-a-danny-glover-visitar-a-antiterrorista-cubano-preso-en-ee-uu/

*Editor del blog.

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Elecciones en Venezuela: y a usted ¿quién le ha engañado? Por: Juan Carlos Monedero*

CNEUsted, amable lector y lectora, tienen, seguro, una opinión construida sobre las elecciones venezolanas. Incluso cuando quiere ser amable con los procesos de América Latina, se le hace cuesta arriba asumir el resultado electoral que da ganador a Nicolás Maduro. El 100% de los medios escritos, las radios, las televisiones han sembrado en toda la gente de bien, cuando menos, dudas. Ni una voz disidente. Tertulianos, columnistas, blogueros, presentadores de televisión y hasta el Gran Wyoming tienen claro el veredicto: el chavismo es culpable.

Este viernes, el diario ABC, en su edición de Andalucía, dispara contra el gobierno del PSOE y de Izquierda Unida con un titular en portada: “La Junta alimentará a escolares con un plan copiado de Venezuela”. El diario ABC, en esta ocasión desde Madrid, cuelga en su página web un artículo de su corresponsal en Caracas, Ludmila Vinogradoff. Una foto acompaña la crónica: la policía de Caracas apaleando y arrastrando a una mujer, casi desnuda y desesperada. ¿Quién honesto no puede solidarizarse con la víctima? Desde Miami, Walter Oppenheimer, el más influyente periodista del establishment, escribe en El nuevo Herald un artículo (el último hasta la fecha sobre su bestia negra preferida, Venezuela) para cerrar cualquier duda. Lo titula, para que no quede género de dudas en la gente honrada: “Las preguntas que Maduro no contesta”. Ahí nos instruye con contundencia, y entre otras preguntas similares, interroga: “¿por qué no acepta el recuento de votos pedido por su rival, tal como había prometido hacerlo en su discurso de victoria de la noche de las elecciones? (…) Por qué el CNE organizó una ceremonia relámpago de proclamación para instalar a Maduro en la presidencia el lunes, el día después de las elecciones, en vez de esperar varios días como estaba originalmente planeado? (…) Si el proceso electoral fue justo, ¿por qué Maduro no permitió que los observadores internacionales electorales de la Unión Europea y de la OEA no pudieran monitorear el proceso electoral, incluyendo el acceso igualitario al tiempo televisivo? (…) ¿Por qué Maduro sólo autorizó a “acompañantes” electorales de organizaciones amigas, que llegaron poco antes de la votación? (…) Los documentos de Capriles de más de 3,200 casos de violaciones electorales en el día de la votación —incluyendo fotos de gente hablándole al oído a los votantes mientras estos emitían su voto— son fraguados, ¿por qué el gobierno no aceptó al menos una investigación de estos casos por observadores internacionales aceptados por ambas partes?”.

Para cerrar esta ópera bufa, el candidato Capriles comparece en rueda de prensa pública (donde no se permite el acceso a ningún medio público venezolano y tampoco a TeleSur. Repito: donde no se admite a ningún medio público venezolano, tampoco a TeleSur, y no se admiten preguntas sino de medios amigos), y presenta su cuaderno de quejas. Una vez más, grita con convencimiento: ¡Queremos que se recuenten los votos! ¿Qué persona honrada, comprometida con la democracia, no escucharía esta reclamación?

El diario ABC quitó unas horas después, tras armarse un zafarrancho en las redes, la foto que acompañaba la crónica de su corresponsal Vinogradoff (por cierto, Ludmila Vinogradoff fue corresponsal del diario El País en Venezuela durante el golpe de 2002. Fue despedida por brindar información falsa y por tomar partido por los golpistas manipulando a los lectores españoles. Hoy está apadrinada por el Director de Opinión del ABC, de infausto apellido Maura). La razón por la que la terrible foto de la policía chavista golpeando a una mujer indefensa fue retirada  es porque la foto era de Egipto. Un pequeño detalle.

En la edición andaluza de ABC el diario amenaza con la que le va a caer a los vecinos del sur: “el gobierno de José Antonio Griñán y, particularmente, su socio, Izquierda Unida, ha pasado en pocas semanas de proclamar su admiración hacia el legado social de Hugo Chávez a importar algunas de las medidas más populistas del difunto comandante”, “Otra medida populista”, “copia a Chávez un plan”, (el gobierno pone en marcha una medida). “emulando las ‘casas de alimentación’ bolivarianas. La medida en concreto es terrible: que todos los niños de Andalucía hagan al menos tres comidas al día (desayuno, almuerzo y merienda) debido a que “seis de cada cien niños de la comunidad están en situación de pobreza extrema”. Que los niños coman tres veces al día. Maldito Chávez que contamina nuestra democracia. Si la medida, como quiere IU, se extiende a ancianos y jubilados ¿adónde vamos a parar?

Durante la IV República (el tiempo que va de 1959 a 1989, regido por la Constitución de 1961), se dio un turnismo en Venezuela que recuerda mucho al que protagonizaron liberales y conservadores, Sagasta, Cánovas y compañía, en el XIX español. La propia ciencia política venezolana ha incorporado conceptos del decir popular que tienen que ver con esas artimañas que vulneraban el resultado popular y siempre -siempre- daban la victoria al partido pactado entre las dos grandes formaciones políticas -la socialdemócrata Acción Democrática y la democristiana COPEI-. “Acta mata voto”, donde las actas manuales finales, controladas por los grandes partidos, invalidaba cualquier contabilidad de los votos, la “operación morrocoy” -tortuga-, que consistía en frenar o invalidar la votación, colocándose militantes de los principales partidos los primeros para votar en aquellas mesas donde siempre ganaba la izquierda, o impidiendo el acceso a las urnas a los sectores populares.

La Constitución bolivariana de 1999 estable la exigencia del derecho “a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna”, así como el derecho al “voto libre”. La ley electoral desarrolló posteriormente el voto automatizado, donde cada elector, tras identificarse electrónicamente -para evitar duplicaciones en el voto o el voto de personas fallecidas, una constante en la IV República- y después de elegir a su candidato en un ordenador, obtiene una papeleta donde aparece impreso el voto elegido. Una vez verificado que el voto elegido coincide con el de la papeleta, el propio elector deposita esa papeleta en una urna. El ordenador manda al Consejo Nacional Electoral el voto de manera electrónica. Y por ley, el 54% de las urnas se audita, comprobándose que coinciden las papeletas en la urna con lo que ha mandado el ordenador. El 100% de los resultados auditados ha sido correcto. El 100% de la observación electoral internacional (donde había incluso diputados del PP) estableció que las elecciones habían sido limpias y transparentes. Sin embargo, la oposición y sus periodistas insiste en el “conteo manual”, un sistema abandonado precisamente para evitar el fraude que era una constante en los gobiernos anteriores. Oppenheimer calla antes estos hechos.

Capriles no quiso aceptar el resultado. Acostumbrado a revolcones de 11 puntos para arriba, el 1’8%, 273.000 votos, le parecieron pocos y decidió desconocer el resultado. Por ese porcentaje y menos ganó Bush a Gore, Kennedy a Nixón, Aznar a González, Calderón a López Obrador o Caldera a Barrios. Pero la derecha parece tener derecho a decidir cuál es el porcentaje que aceptan. Además, con trampa añadida. La denuncia de Capriles tuvo lugar exclusivamente en los medios de comunicación. Tres días incendiando la calle pero solamente a través de los medios y sin presentar la denuncia correspondiente en los organismos judiciales o electorales correspondientes. ¿Cómo iban a actuar los jueces o el CNE si no existía denuncia formal? Pero Capriles no la presentaba porque lo que le interesaba era que la calle ardiera.

Capriles, en rueda de prensa, dice que hay más de 3000 irregularidades. Escoge las que cree más evidentes. Una es su estrella. La del municipio Cuica. Dice en la televisión que tiene las pruebas -y Oppenheimer las airea-: como consta en acta -y la muestra a las cámaras-, han votado 700 electores, pero sólo hay inscritos 500. Conclusión: ha habido fraude. “Y así en 3200 casos” dice Capriles. Pero, una vez más, miente. Ha mostrado solamente la Mesa 2 de Cuica, donde, efectivamente, hay 500 electores. Falta la Mesa 1, donde hay registrados otros 500. En total, 1000 electores potenciales y 700 que ejercieron el voto. Mentiroso. Ese es el gran fraude aireado por Capriles y por el que mandó a pelear en la calle la noche del 14 de abril. Resultado: 8 chavistas muertos. Pero Oppenheimer sigue callado. Por fortuna, en Venezuela se siguieron los plazos y Maduro asumió, frenando la intentona golpista.

En esa vorágine, el diario opositor Nuevo País (en contra del gobierno, como el 90% de los medios en Venezuela) saca en portada una foto de cuerpos de seguridad quemando material electoral. Los votantes de la oposición se soliviantan. Un pequeño detalle: la foto era de 2010 y el material que se estaba quemando correspondía a elecciones anteriores (¿o es que en España se guarda el material electoral de elecciones pasadas?). Capriles y sus seguidores hicieron creer a los suyos -y, de paso, a los lectores occidentales- que el Gobierno de Maduro estaba quemando material electoral con intenciones fraudulentas. ¿Seguimos?

Fue presentar la petición de auditoría y en menos de 24 horas el CNE accedió a la petición. No a un simple conteo manual, que podía dar lugar a manipulaciones y a la deslegitimación del CNE buscada por la oposición. La aceptación de Maduro de contar los votos significaba precisamente eso: auditar el 100% de las mesas con el mecanismo recogido en la ley electoral y en un sistema que, al decir del Centro Carter, es “el más fiable del mundo”. Y Venezuela no es una colonia donde tenga que haber “observadores”. ¿Los tiene EEUU pese al fraude que hizo Bush en Florida? ¿Los tenemos en España? ¿Dónde está escrito que en Venezuela tenga que haber otra cosa que acompañantes? El resultado final es evidente y, como han demostrado algunas grabaciones, la oposición sabía desde un principio que había perdido. Sólo quería ganar tiempo y hacer ruido.

La irresponsabilidad de Capriles, azuzada por otros miembros de la Mesa de la Unidad – compuesta por 27 partidos que van de un nominal marxismo a la extrema derecha, unidos tan solo por su voluntad de sacar del poder al chavismo y colocarse ellos-, se zanjó con ocho muertos, sedes del PSUV quemadas, Centros de Diagnóstico Integral devastados, militantes golpeados, familiares de miembros del Consejo Nacional Electoral amenazados de muerte y zarandeados. Todos los medios de comunicación que han alimentado estos hechos, están detrás de estos muertos. Sin embargo, a todos nos han construido un veredicto claro sobre las elecciones presidenciales en Venezuela.

A usted, amable lector, le corresponde responder a una pregunta: ¿hasta cuándo va a tolerar que los medios de comunicación sigan mintiéndole? Mientras tanto, la democracia española, nacida de la Inmaculada Transición, goza de una calidad inigualable.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2013/04/19/venezuela-y-a-usted-quien-le-ha-enganado/

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

Juan Carlos Monedero*Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Hizo sus estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg (Alemania), y ha sido profesor invitado en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Humboldt de Berlín (dirigido por el profesor Claus Offe).

Igualmente, ha sido profesor visitante en la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), la Universidad Nacional de Medellín (Colombia), la Universidad Iberoamericana de Puebla (México), la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) así como las Universidades Bolivariana y Central de Venezuela, donde ha impartido conferencias, seminarios y cursos regulares. Su tesis doctoral sobre el hundimiento de la República Democrática Alemana recibió la calificación de sobresaliente cum laude.

Actualmente es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid (con dos tramos de investigación -sexenios- reconocidos). Entre sus publicaciones destacamos:

Libros

El retorno a Europa. De la perestroika al Tratado de Maastricht, Madrid, editorial Complutense, 1992,

En torno a la democracia en España. Problemas pendientes del sistema político español, Madrid, Tecnos, 1999 (en colaboración con Juan Luis Paniagua).

Informe sobre la implantación del euro en España, European University Institute, Badia Fiesolana, 2000.

Cansancio del Leviatán. Problemas políticos en la mundialización, Madrid, Trotta, 2003

“La Constitución destituyente de Europa: Claves para otro debate constitucional”, Madrid, Catarata, 2005.

Empresas de Producción Social. Instrumento para el socialismo del siglo XXI, Caracas, Centro Internacional Miranda, 2006 y 2007, y Buenos Aires, Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo. (En colaboración con Haiman El Troudi);

Disfraces del Leviatán: el papel del Estado en la globalización neoliberal, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla/Universidad Iberoamericana, 2007 y 2009; Edición en Venezuela: Caracas, Centro Internacional Miranda/Ministerio de Educación, 2008. Edición en España: Madrid, Akal, 2009.

El gobierno de las palabras: política para tiempos de confusión, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2009. Segunda reimpresión, 2009. Segunda edición, 2011. Reeditado en Venezuela, Ministerio de Educación Universitaria, 2012.

Claves para un mundo en transición. Crítica y reconstrucción de la política. Caracas, Centro Internacional Miranda, 2009 (cd interactivo).

La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española, Madrid, Catarata, 2011.

La rebelión de los indignados, Madrid, editorial Popular, 2011 (varios autores)

¡Que no nos representan! El debate sobre el sistema electoral español, Madrid, Editorial Popular, 2011 (en colaboración con Pablo Iglesias).

Dormíamos y despertamos. El 15M y la reinvención de la democracia, Madrid, Nueva Utopía, 2012.

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