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Cuba: De “ciberatacante” a ciberatacada. Por: Omar Pérez Salomón

CubasiUn amigo me ha repetido varias veces que los poderosos entienden el mundo al revés. Será por eso que dos días antes del ataque terrorista a las torres gemelas en New York, el 9 de febrero de 2001, Cuba se convierte en el  primer Estado acusado de planear ataques cibernéticos contra Estados Unidos; cuando en la audiencia del Comité selecto del Senado sobre Inteligencia, que trató el tema de “la amenaza mundial”, el entonces director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Almirante Thomas R. Wilson, identificó a la Mayor de las Antillas como un posible país “ciberatacante”.

También Cuba aparece asociada al surgimiento de Internet según nos explica el profesor Juan Fernández González en su artículo “La crisis de octubre y el secreto mejor guardado de Internet”, donde los acontecimientos que pusieron al mundo al borde de una guerra nuclear en 1962, fueron en parte responsables de la aparición de la red de redes.

Resulta significativo que el 14 de abril pasado, fecha de las elecciones en Venezuela fueran atacados varios sitios de ese país en Internet, incluyendo el del Consejo Nacional Electoral (CNE); hackeados las cuentas en Twitter de Nicolás Maduro y la del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Pero más revelador es que el 18 de abril varios sitios cubanos en Internet recibieran un ataque de denegación de servicio que los afectó por varias horas.
¿Qué se pretende con estos ataques cibernéticos que no sea acallar la palabra y la información veraz de medios alternativos a los monopolios al servicio del imperialismo?  No es muy difícil suponer que las mismas fuerzas que estimulan los actos vandálicos que llevan a cabo sectores de la derecha venezolana contra los colaboradores cubanos que trabajan en los Centros de Diagnóstico Integral de Salud de ese país, están detrás de los ataques a las redes cubanas.

Actualmente, Cuba y Venezuela son los principales blancos de la maquinaria imperialista. Que nadie dude que tras las bestiales campañas mediáticas y agresiones cibernéticas contra ambos países están los planes de intervención armada al estilo de Libia o Siria; los que a lo largo de la historia han olvidado o minimizado este tipo de hechos han sido aplastados.

Uno de los sitios afectados fue el Portal CubaSí que divulga con una visión revolucionaria y descolonizadora los acontecimientos nacionales e internacionales y permite comprender el mundo más allá de Europa y EE.UU. Según el indexador Alexa – abril de 2013 -,  CubaSí está entre los sitios cubanos más consultados en Venezuela y su posicionamiento  en la red tiene una tendencia creciente.

Recuerdo que hace 23 años por estos días los técnicos y especialistas cubanos se enfrentaban con éxito – como lo hicieron en esta ocasión los técnicos y expertos en informática -  al intento de imponernos una señal de televisión que agredía nuestro espacio radioelectrónico y que ha sido batida día tras día en estos años a los pocos minutos de su salida al aire. Como mismo osaron nombrar “Simón Bolívar” al comando de campaña de la derecha venezolana, a la televisión anticubana la mal llamaron “José Martí”.

El  ataque a sitios cubanos en la red, en medio de una guerra mediática gigantesca, es un acto muy peligroso que tiene que tener una respuesta rápida en el restablecimiento de los daños, para seguir informando y divulgando la verdad de nuestros pueblos.

El 19 de abril se conmemoró el 52 aniversario de la primera gran derrota del imperialismo estadounidense. Las pretensiones imperiales de destruir el ejemplo y la política de principios de la Revolución Cubana continúan presentes a través de operaciones encubiertas y otras acciones del gobierno de Estados Unidos. La situación actual no es la misma que hace 52 años; varios gobiernos revolucionarios en el continente – Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador -  se enfrentan abiertamente al imperialismo y otros desconocen el tutelaje yanqui en la conducción de la política y la economía de nuestros países.

Playa Girón asombró al mundo, pues en menos de 72 horas se logró derrotar a la poderosa maquinaria bélica gringa. Los círculos políticos y la Administración yanqui buscaron una explicación al desastroso fracaso de Bahía de Cochinos; pero desestimaron el elemento decisivo y que definiría la victoria de las fuerzas cubanas: El apoyo a la Revolución y a su líder Fidel Castro por parte del pueblo cubano, que ya había hecho suyas las ideas de justicia social, dignidad y soberanía nacional.

Tomado del blog: www.lapupilainsomne.wordpress.com

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Poemas como canciones. Homenaje a Carilda Oliver Labra.

Carilda OliverMusicalización de trece poemas de una de las más importantes poetisas de la cultura cubana.

Concierto

Sábado 27Abril, 20h.

Sede de la Asociación Cultural Pablo Picasso. Calle Seseña, 9. Madrid.

Marta de la Aldea y Mónica Yebra cantando. Antonio de Pinto, Antonio Toledo, Kiko Aladro y Jesús Marco en el acompañamiento musical y José María Alfaya en la presentación y coros, interpretarán los temas del disco.

Cómo llegar: Metro Campamento L5 y Casa de Campo L5/L10. EMT 25 y 138

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Atentado de Boston ¿Nueva manipulación del imperio para seguir invadiendo y saqueando países? Por: Francisco González Tejera

OTAN 2¿La organización terrorista internacional OTAN prepara otra guerra?

Nada parece encajar en los argumentos del FBI y la CIA sobre el extraño y luctuoso atentado de Boston. Una vez más nos enfrentamos a unos hechos sin lógica, donde dos jóvenes de origen checheno parecen ser las cabezas de turco, sin que hasta ahora se haya demostrado que fueran los culpables de este nuevo ataque al estado norteamericano.

Las televisiones nos mostraron una espectacular persecución de película americana, con miles de policías y militares, una ciudad entera en estado de excepción, en la cual uno de los chicos fue abatido acribillado a balazos y el otro, el más joven, de solo 19 años y estudiante de 2º de medicina, fue capturado gravemente herido, “curiosamente” desarmado y con mucho miedo en el momento de su entrega y supuesta rendición.

Sus padres abrumados afirmaron que eran buenos chicos, que no estaban vinculados con ninguna organización terrorista y que no eran capaces de matar ni a una mosca.

Estos datos contrastan con las imágenes en vídeo de varios medios internacionales, donde se observa, momentos antes del atentado, a varios gorilas de una empresa de seguridad vinculada al Pentágono y a su servicio secreto, con mochilas y pinganillos al oído, ubicados en varios puntos estratégicos de este evento deportivo con una pinta muy sospechosa.

¿Qué hacían en ese maratón estos agentes de seguridad de una de las empresas que protegen el patrimonio gringo en Irak y Afganistán? ¿Por qué no han sido investigados y sus mochilas analizadas? ¿Cómo es posible que unos jóvenes sin preparación militar fueran capaces de provocar esta brutal acción criminal?

Son muchas las preguntas sin respuesta de este y otros atentados provocados en los Estados Unidos, Reino Unido, España, etc., donde quedaron enormes lagunas de oscuridad, que quizá algún día se aclaren y nos llevemos grandes y siniestras sorpresas.

El fomento del miedo y la mentira suele ser la estrategia fundamental y perfecta del imperio, siempre con el fin de amedrentar y justificar sus invasiones y guerras genocidas, para apropiarse de los recursos naturales y geoestratégicos de otros países, asesinando a sus pueblos con brutales bombardeos, acciones militares por tierra y otras acciones criminales en compañía de sus aliados para el genocidio, el saqueo y el robo.

Los medios de comunicación al servicio del sistema nos lanzan sucesivas mentiras, campañas de criminalización de supuestos dictadores, que en algunos casos, hace unos años eran fieles amigos de la potencia invasora.

Si miramos a Libia, Irak, Afganistán, comprobamos como después de las sucesivas guerras imperiales promovidas por los Estados Unidos, la corrupta Unión Europea y la Alianza Terrorista OTAN, sus pueblos están mucho peor que antes, sometidos a delincuentes gobiernos títeres, desarraigo social, terrorismo, muertes, abusos y torturas cometidas por la milicia aliada, extrema pobreza y países devastados, saqueados por las grandes corporaciones y mafias del petróleo y el narcotráfico, que arrasan por sus recursos naturales, esclavizando y matando de hambre a su gente.

Como en la supuesta muerte de Bin Laden, los atentados de Boston tienen toda la pinta de ser una nueva falacia-montaje y su autoría está cada hora que pasa mucho más cuestionada. Solo hay que ver los informativos de Rusia, China, Venezuela, Cuba, Bolivia, Brasil, etc., para encontrar otras versiones y cuestionamientos razonables y racionales.

Incluso y para aumentar las sospechas, el único detenido, Dzhokhar Tsarnaev, según anuncian fuentes de la CIA, tiene una grave lesión en la garganta y parece ser que nunca podrá hablar, lo que entorpecerá los interrogatorios ¿Casualidades?

Nada parece encajar y el argumento para acusar a estos dos desgraciados hermanos se va diluyendo, derritiendo entre falsedades, mentiras y manipulación político-mediática.

Fuente: http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Tomado de la publicación: www.diario-octubre.com

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La desescolarización del mundo patas arriba. Por Gašper Kralj

Patas arribaPrologo a la edición eslovena de Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, obra que “en cierto sentido es la continuación de Las venas abiertas de América Latina”.

El lenguaje cambió considerablemente, los conceptos se alteraron, y para describir el mundo tal y como hoy lo conocemos ya no basta decir simplemente que se trata de «la crisis del capitalismo más profunda en la historia moderna de la humanidad»: es necesario presentar pruebas. Y esto es lo que se propone el presente libro. Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998), basado en numerosos «estudios de casos», pone en evidencia las máscaras del sistema: en sus aulas enloquecidas rigen los valores invertidos con los que el capitalismo mantiene y justifica su poder global.

Por un lado, el libro puede leerse de un modo informativo: es posible que nos interese saber cómo y por qué se impuso la creencia de que «otro mundo no es posible». Por otro, puede leerse de un modo transformativo: tal vez nos despierte, incite y desafíe a empezar a reflexionar de una manera distinta sobre cuestiones que nos parecen obvias. En tal caso, esta peligrosa lectura no sólo influirá en nuestros pensamientos, sino también en nuestra relación con el mundo. Y parece que fue con este propósito que su autor, el escritor uruguayo y apasionado del fútbol, Eduardo Galeano, acordó una alianza secreta en complicidad con su compañero ausente, José Guadalupe Posada, el artista mexicano de principios del siglo veinte.

Galeano obtuvo reconocimiento con Las venas abiertas de América Latina (1971), obra en la que escribió aquellas páginas que la historia, esa bella durmiente (o ese «monstruo», depende del punto de vista), normalmente omite. Partió de la tesis de que «el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo, es su consecuencia»; expuso los extravíos de los conquistadores e inquisidores, y luego de los economistas y tecnócratas convencidos de que América Latina sigue viviendo en la «infancia del capitalismo»; y, después de noventa noches en vela, en la oscilación entre el estremecimiento producido por cafeína y la concentración, entre las emociones y el riguroso trabajo mental, a finales de 1970 concluyó un extenso «panfleto político» de más de trescientas páginas al que no pronosticó más que «dos o tres años de vida».

El propio libro demostró cuánto se equivocaba. Pero no en lo referente a su tesis sobre el desarrollo desigual y sus «modelos de éxito», tan devastadores para la mayoría de la población mundial ―modelos en los cuales está basado también Patas arriba―, sino en cuanto a su «esperanza de vida». Aunque la ironía de Las venas abiertas molestó a los gobernantes sin sentido del humor pero con mucho sentido del terror estatal, sobrevivieron ambos: Galeano en el exilio ―entre los años 1973 y 1976 en Buenos Aires, luego en Barcelona donde vivió y escribió hasta que en 1984 regresó a su Montevideo natal― y el libro, sobre todo en América Latina, donde por aquel entonces lo rescataban de las autoridades, lo ocultaban en los pañales, se lo pasaban de mano en mano, lo leían en los autobuses y en los metros, lo citaban en los encuentros y en las reuniones secretas. Las venas abiertas sigue siendo hoy una de las obras esenciales no sólo para entender la otra historia de América Latina, sino sobre todo para comprender la rabia humana ante el desenfrenado despojo de las riquezas terrenas y subterráneas del continente.

En cierto sentido, Patas arriba. La escuela del mundo al revés es la continuación de Las venas abiertas de América Latina. Es verdad que entre ambas obras transcurrieron casi treinta años, pero el mundo sigue regido por las mismas leyes básicas: con la exportación de las riquezas naturales todavía se importa la miseria humana; los mayores comerciantes de armas todavía son los más fervientes pacifistas; y los peores contaminadores, los más entregados a la doctrina verde. Pero no obstante, como dice Galeano, hace tres décadas existía la convicción de que «la pobreza era fruto de la injusticia», mientras que hoy «es el justo castigo que la ineficiencia merece».

Por eso, en Patas arriba, que apunta no sólo a América Latina sino al planeta entero, Galeano pregunta otra vez: ¿de qué manera está conectada la pobreza con la injusticia? ¿Cómo están vinculados la ciencia y el derecho internacional con el racismo? ¿Cómo se justifican las leyes que excluyen a poblaciones enteras o incluyen solamente a aquellos individuos «productivos» que pueden ser impunemente desgastados y después de uso (y abuso) desechados? ¿Por qué las desigualdades económicas y sociales dentro del sistema capitalista sólo pueden aumentar?

Y también: ¿cuánto cuestan hoy los asesinatos de las personas y de los países? ¿Cómo hoy ejercen el poder, en lugar de las rígidas dictaduras militares, las dictaduras de los medios de comunicación y del capital financiero? ¿Adónde viaja el dinero y por qué, de forma inversamente proporcional al considerable progreso tecnológico, las horas de trabajo están aumentando, los salarios disminuyendo, y la seguridad social, con las restantes condiciones para una vida digna, desapareciendo? ¿De qué manera el tiempo libre y el estudio también se han vuelto dependientes del trabajo? ¿Cómo se han roto tantos vínculos de solidaridad?

Y para hacernos comprender cómo de verdad funciona este mundo, el mundo al revés, Galeano nos invita a una escuela en la que imparten clase distinguidos expertos, todos ellos catedráticos de neoliberalismo; a una escuela que instruye sobre la importancia del egoísmo, la competencia, la traición al prójimo y el autoengaño para el crecimiento personal y el éxito en la vida; a una escuela donde se enseña «Curso básico de injusticia», «Curso básico de racismo y de machismo», etc.

Pero Patas arriba no es «un libro fatalista». A pesar de que la solidaridad en la lucha contra el sistema de la época de Las venas abiertas se ha convertido en la lucha de uno contra otro y de todos contra todos, y aunque el dinero es el único fundamento firme (sólido) en el capitalismo tardío, Galeano no propone un «suicidio colectivo». Al contrario, para tratar los «temas depresivos» usa las armas del humor y de la ironía.

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La primera publicación de Galeano, una caricatura política, aparece en el periódico montevideano El Sol. Más tarde es corresponsal y editor del influyente semanal uruguayo Marcha, cuyo archivo es destruido por entero durante la dictadura de Bordaberry. Edita el diario Época y dirige una editorial universitaria. Exiliado en Buenos Aires funda y publica la revista Crisis hasta su partida a Barcelona. Después de volver a Montevideo, en colaboración con antiguos colegas editores, retoma las ideas de crítica social de la Marcha: en 1985 fundan el semanal Brecha.

Con Adolfo Pérez Esquivel, Ernesto Cardenal, Tariq Ali y otros, forma parte del consejo consultivo de TeleSUR, con sede en Caracas, que hoy, junto con Al-Jazeera, es la red televisiva independiente y no comercial más importante del mundo. Por una parte, en sus muchos e ingeniosos artículos «periodísticos» no se pueden pasar por alto sus ambiciones literarias; por la otra, él mismo dice que, de hecho, sólo descubrió el «universo literario» después de haber escrito Las venas abiertas de América Latina. En todo caso, parece que al sentarse ante el escritorio a escribir una columna para The Progressive, un artículo para La Jornada , o un nuevo libro, en este escritor templado cada vez se despierta aquel chico de catorce años que ―hace casi seis décadas― preparaba en Montevideo la que sería su primera publicación.

La obra literaria de Galeano se caracteriza por los escritos cortos. Con textos cada vez más breves, quiere decir más con menos palabras; él mismo afirma que «no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida […]. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia».[1]

En el «desnudamiento del lenguaje» toma por modelo los consejos de su primer maestro, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, el cual, durante las primeras tentativas literarias de Galeano, cuando éste se inclinaba atormentado sobre el papel en blanco, le recomendó que eligiera las palabras con sensibilidad. «Siempre me decía: “Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”».[2]

De ahí que Galeano no tenga un «horario» fijo para escribir a diario. Al contrario, de los músicos cubanos aprendió a ponerse a escribir solamente cuando le «escuecen las manos». El proceso creativo que sigue a la inspiración lo compara al acto de tejer: así como el tejedor urde el tejido con hilos multicolor, él entrelaza en sus textos las hebras de palabras que son las emociones, ideas, experiencias, memorias… Y, como dice, estas hebras son producto, a la vez, de «la razón y el corazón. Son ideas sentipensantes, no son ideas que pertenecen solamente al dominio de la razón. Están muy vinculadas con lo que se siente en las entrañas, provienen de esas voces misteriosas que la razón a veces no es capaz de entender, pero que es capaz de organizar».[3]

La temática literaria central de Galeano fue y sigue siendo la memoria. El mejor ejemplo es la trilogía Memoria del fuego (1982 – 1986), que al mismo tiempo es una de sus obras principales. En el primer libro, Los nacimientos (1982), se inspira en los mitos originarios indios y en la tradición oral precolombina y, a partir de la conquista, lo hace en los capítulos omitidos de la historia colonial temprana, hasta finales del siglo XVII. El segundo libro, Las caras y las máscaras (1984), es un mosaico de narraciones, que se opone a los libros escolares oficiales sobre la historia americana de los siglos XVIII y XIX. En él trata sobre el imperio británico en Cuba que en sólo diez meses convierte el país en una fábrica de azúcar; sobre las trece pobres colonias sin oro, sin plata y sin azúcar; sobre la primera novela americana, en la que los europeos no creen en los sueños, pero se imaginan cosas que son todavía más increíbles; sobre las promesas traicionadas de los conquistadores y de las profecías cumplidas de los guerreros indios.

El tercer libro, El siglo del viento (1986), continúa de esta manera hasta los años ochenta del siglo XX. Está compuesto por las historias de América, que es la del Norte y cuyo Sur no existe; de las revoluciones y los revolucionarios, de Zapata, Madero, Pancho Villa; del «casi» poder, de la reforma agraria y del primer ataque «terrorista» en los Estados Unidos; del arte, de Frida Kahlo y Diego Rivera; de las aventuras amorosas de las multinacionales, de la bananización y la impotencia de los estados marioneta; de los colegas escritores, de Márquez, Neruda, Onetti, Cortázar, Rulfo, Borges, Carpentier, Walsh, Hemingway, Faulkner, del antropólogo Ribeira; del Lenin mexicano; de Al Capone que llama a la defensa contra el peligro comunista; del optimismo de Trotski que junto con su esposa Natasha en Coyoacán se alegra por cada mañana nueva; de Sandino, Árbenz, Che, Castro, Domitila, Allende; de Cuba que amanece sin Batista; de Guatemala de la que se apodera Castillo Armas y pone fin a la década de la restauración democrática del país; de Nicaragua, donde Somoza está presente siempre y en todas partes; de la guerra del Vietnam, de Martin Luther King, del rock’n’roll y Rockefeller; de la matanza de los estudiantes en Tlatelolco; del Chile bajo Pinochet y la Argentina bajo Videla; de los presos políticos uruguayos, etc.

Pero Memoria del fuego no es sólo un compuesto de descripciones literarias de los acontecimientos rompedores, los grandes episodios históricos y sus sospechosos habituales, sino, sobre todo, de sus voces desoídas y de los detalles no vistos, elaborados con esmero y entrelazados en historias designadas y ordenadas por años para posibilitar al lector el fácil movimiento hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. Con una distinción significativa: que todas están escritas en tiempo verbal presente. Como dice Carlos Fuentes: «El pasado humano se llama Memoria. El futuro humano se llama Deseo. Ambos confluyen en el presente, donde recordamos, donde anhelamos».[4]

De ahí que el amplio collage de relatos, algunos de unas pocas frases, funcione como una serie infinita de fotografías datadas: puede que nos atraiga una historia que irrumpe implacablemente del pasado al presente, puede que nos interese el contexto y que consultemos para nuestro estudio posterior el material adicional que Galeano anota bajo el texto con número bibliográfico adjunto. Al mismo tiempo añade que Memoria del fuego no es obra de un historiador, sino de un escritor; no es un «almanaque histórico» sino una «creación literaria», con la que quiere «contribuir al rescate de la memoria secuestrada».

Después de haber escrito Las venas abiertas, una obra completa e íntegra en la que con precisión cirujana hizo una disección del capitalismo periférico y de sus consecuencias para América Latina y sus habitantes, renunció al grand récite. Y tras escribir Memoria del fuego, renuncia también al coherente orden cronológico del texto. Por lo tanto, en sus obras posteriores, la búsqueda de conexiones y la creación de constelaciones de historias particulares extraídas de fuentes tan distintas como las advertencias de los dioses y los mensajes de los graffiti, las dejó al propio lector. El campo de la literatura «fragmentaria» lo descubrió por completo con El libro de los abrazos (1989). Este no está escrito al «estilo de una novela de amor o de piratas» y su objetivo tampoco es una «reinterpretación lineal de la historia cultural». Las historias enmarcadas forman más bien una baraja de cartas, compuesta tanto por el terror como por las bellezas de América Latina.

Página tras página están llenas de testimonios de personas que resplandecen con fuegos diferentes; de la pobreza, que es tan generosa como la riqueza es rapaz; de los «nadies» que cuestan menos que la bala que los mata; de los pueblos que mueren por los ideales de la revolución social con el mismo ardor con que el amor nace del dolor… Desde El libro de los abrazos hasta Espejos: una historia casi universal (2008), universo de casi seiscientos fragmentos, Galeano se está dirigiendo hacia «un lector mucho más complejo, mucho más exigente en materia espiritual», mientras que su literatura no se inserta con facilidad ni entre los cuentos ni entre los relatos breves, pues se resiste tenazmente a cualquier clasificación.

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Galeano derriba las fronteras. Él mismo dice que en vez de escritor debería ser «contrabandista, delincuente».[5] Sus libros no pertenecen a ningún género literario y al mismo tiempo contienen elementos de muchos. A pesar de esto, algunos críticos designaron Patas arriba. La escuela del mundo al revés como su «regreso» del área de las bellas letras al campo de la literatura políticamente comprometida, incluso al de la de protesta.[6] Otros comentaristas constataron que de hecho se había adelantado a los críticos que le reprochaban «didactismo innecesario» autoproclamándose «instructor» de la escuela cuyas perversas lecciones son las ú nicas adecuadas para comprender el capitalismo actual.[7] El viejo maestro respondió con su conocido tono irónico: «Etiquetar es siempre peligroso».

Las polémicas discusiones sobre la literatura políticamente comprometida, tan características de los círculos literarios latinoamericanos a partir de la segunda mitad del siglo XX, época en la cual caben también las obras de Galeano, han dividido a los autores por lo menos en tres grupos diferentes. En el primero se hallan los que abogaron por la total autonomía de la literatura y del arte en general, y así liberaron formalmente al autor y a su obra de los vínculos éticos y políticos con la comunidad. En el segundo, los aficionados a la literatura «revolucionaria», que floreció sobre todo con el empuje del triunfo cubano y se extendió por toda América Latina, durante los años siguientes a la caída de Batista, como «herramienta» a manos de la revolución.

A pesar de su maestría literaria, a los primeros les criticaron los segundos por su «apoliticidad» ante el ascenso de las dictaduras militares. A los segundos les criticaron los primeros por su realismo social, sus novelas de tesis, por la devastación del lenguaje (incluso a través de la sobreabundancia de palabras), el adoctrinamiento ideológico, la retórica política, o sea, por la «poca profundidad» de sus obras. El tercer grupo se estableció en la intersección de los dos. Ahí se encontraban los escritores que intercedían a favor de la idea de libertad literaria,[8] pero al mismo tiempo también de la de responsabilidad individual y colectiva de los autores ante la necesidad profundamente sentida de radicales cambios sociales.[9] Su dilema recuerda a la disyuntiva de Orwell: del mismo modo que él «en una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos», pero ante el ascenso del nazismo en Europa y del franquismo en España se vio obligado a «convertirse en una especie de panfletista», aquellos escritores latinoamericanos testigos de las sangrientas dictaduras que por toda América Latina aniquilaban las vidas humanas para aplastar los ideales de la revolución social, renunciaron al «egoísmo agudo», al simple «entusiasmo estético» y al mero «impulso histórico».

En efecto, de «panfletista » Galeano pasó a ser escritor. Pero, desde los años setenta del siglo pasado hasta ahora, no ha dejado de ser un inagotable e implacable crítico del sistema, acompañante de los movimientos sociales y luchador por la justicia en el continente americano y en el mundo. A finales de mayo de 2011 en todos los comentarios acentuaba sobre todo, en lugar del premio por el cual había sido invitado a España, el significado de la acampada y de la ocupación de las plazas, en las cuales participó tanto en la Puerta del Sol en Madrid como en la Plaça de Catalunya en Barcelona.

Ante el desacuerdo fundamental entre el sistema político y la nueva generación de activistas que ya no cree en los partidos políticos ni en los rígidos sindicatos, considera que ellos eligieron el nombre apropiado, indignados, pues el mundo se divide entre los indignos y los indignados, entre los que en colaboración con los medios de comunicación de masas tratan de conservar el sistema vigente, y aquellos que, desde los barrios griegos antiautoritarios, la aventura egipciana democratizante, el experimento popular español, las feroces luchas por la educación libre y gratuita para todos en las calles de Santiago de Chile, hasta el Wall Street ocupado en septiembre del 2011, etc., resisten decididamente al sistema capitalista global.

Al mismo tiempo, Galeano no deja de creer en el oficio de escritor: no consiente ni la actitud autoexcluyente de los autores que escriben y al mismo tiempo afirman que «escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre», y aún menos la de aquellos que convierten la literatura en un objeto de deseo burgués, que en este mundo es accesible solamente a los que pueden comprar libros.

Su escritura es la denuncia del «control policial del lenguaje»; y precisamente Patas arriba es la denuncia del vocabulario de los expertos en relaciones internacionales, de los líderes de la opinión pública y de los estrategas militares, todos ellos enemigos «lingüísticos» contemporáneos de la crítica social y del pensamiento en general. Es la escuela de la época en la que las bombas se han hecho inteligentes, en la que la dictadura de los medios de comunicación se llama derecho a la información, en la que la educación se ha convertido en la administración del conocimiento…

Por otro lado, aboga por la creación literaria liberada de la ideología dominante, de las prescripciones estilísticas, del valor de cambio económico y del fetichismo de la mercancía impuestos por la construcción capitalista del mundo a la literatura y al arte en general. Al mismo tiempo no asiente ni a la llamada literatura «revolucionaria», a la que considera, si está escrita para los convencidos, tan «desertora» como «una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo». Además, en relación con el «compromiso político» de las obras literarias, añade: «Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima».[10]

Convencido de que la literatura quedará bloqueada de una o de otra manera mientras que los medios de comunicación se ocupen de la «imbecilización colectiva», Galeano persiste en su tarea básica: «rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación». Ya en 1977 en el artículo Defensa de la palabra escribe: « “Libertad” es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y “Democracia” se llaman varios regímenes de terror; la palabra “amor” define la relación del hombre con su automóvil y por “revolución” se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina».[11]

De manera similar, tres décadas más tarde, está «rescatando» palabras que en el diccionario preestablecido por la organización neoliberal del mundo han sido sustituidas por otras más aceptables: «el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado»; «el imperialismo se llama globalización»; «las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo»; «el oportunismo se llama pragmatismo»; «la traición se llama realismo»; «los pobres se llaman carentes»; «el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral».[12]

Por una parte, Galeano «rescata» palabras para desenmascarar el sistema. Pues considera sospechoso todo lo que se da por supuesto en el mundo que tenemos ante nuestros ojos (y que precisamente por eso ni siquiera solemos verlo). Por la otra, en su trabajo de escritor, sigue fiel a los principios basados en el lazo indisoluble entre «la ética y la estética, entre la justicia y la belleza». Y, si por ello resulta «prehistórico», él mismo asume el cargo de tales acusaciones.

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Patas arriba. La escuela del mundo al revés es una especie de «manual» para leer las noticias diarias. Galeano propone un método simple: leer las declaraciones de los gobernantes al revés, pues todos sin excepción «prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión». En esta escuela aparecen, unos al lado de otros, los políticos, los líderes de la opinión pública, las cenicientas neoliberales de las telenovelas, los antihéroes desde Hussein, Bush, Bin Laden, Gadafi… y todos los que, cada uno en su momento de resplandor y fama internacional, ganaron el prime-time y los papeles principales en el cine de terror: los comerciantes de seguridad, los expertos policiales, los propietarios de las cárceles, los científicos que subordinaron el saber científico al poder imperial de los centros globales, la reina del opio Victoria de Inglaterra, los banqueros del Vaticano y de otras partes.

Y, aunque sólo en los últimos dos capítulos, también están presentes aquellos que resisten a tal escuela. Sus voces y sus caras por lo general no aparecen en las noticias diarias, y si lo hacen, es tan solo en la prensa amarilla. En este sentido, al final del libro nos encontramos como en el patio escolar de la imaginación política. Allí se hallan los individuos y los grupos que no obedecen a sus maestros, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, los movimientos sociales que ocupan las calles en vez de asistir a clase: los Indios que han enmascarado sus rostros para «desenmascarar el poder que los humilla»; los campesinos sin tierra que en la tierra ocupada y expropiada a las multinacionales cultivan alimentos para sus familias; los activistas que luchan por el derecho a la bancarrota, a no pagar las deudas a los financieros y banqueros, a la renta básica garantizada independiente del empleo, a la vivienda para todos, a la educación y a la asistencia médica gratuitas. Entre ellos resuenan las consignas «¡Nadie nos representa!» y «¡Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir!».

Allí está naciendo el «mundo nuevo, mundito nomás por ahora» de Galeano. También es ahí donde, al fin y al cabo, reside la utopía, la que siempre está tan sólo a un paso o dos delante del horizonte.

Por un lado Patas arriba. La escuela del mundo al revés se erige en la era del neoliberalismo, en la época del dominio del capital financiero, del desarrollo de los medios de comunicación y del florecimiento de la sociedad global de consumo. Por otro lado, en vez de un análisis político-económico, tenemos ante nosotros un entero «plan de estudios» entretejido con materia literaria explosiva. De ahí que podamos leer el libro «desde el principio hasta el final»; elegir la «asignatura» preferida y leerlo por separado; o abrirlo al azar y, junto con Alicia en el país de las maravillas de Galeano, a través de las anécdotas enmarcadas, echar un vistazo en cualquier momento al mundo en el espejo, al mundo al revés.

Galeano no es un «optimista profesional», pero al mismo tiempo tampoco deja «el pesimismo para tiempos mejores». Sostiene el principio de que «dentro de una sociedad presa, la literatura libre sólo puede existir como denuncia y esperanza». Por eso, Patas arriba representa una contribución importante a lo que Ivan Illich denomina «la desescolarización de la sociedad». Dice Illich que la escuela se ha vuelto «el más grande y el más anónimo de todos los patrones», al mismo tiempo «un nuevo tipo de empresa, sucesora del gremio, de la fábrica y de la sociedad anónima», y una verdadera «agencia de publicidad que le hace a uno creer que necesita la sociedad tal como está».[13] Y así como este pedagogo radical colocó «la desescolarización de la sociedad» en el primer plano de todos los proyectos para la «liberación del hombre», Patas arriba viene a ser una rebelión contra el aislamiento individual y colectivo y, por tanto, una muestra del compañerismo y la solidaridad que Galeano desea que ayuden al mundo patas arriba a ponerse en pie.

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Notas:

[1] Eduardo Galeano, «Sobre el arte de un escritor», http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/galeano.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[2] Ibid.

[3] Carlos Aznárez, «Eduardo Galeano: ‘Cada vez es más difícil ser diferente’», http://sololiteratura.com/gal/entcadavezesmasdificil.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[4] Carlos Fuentes, La gran novela latinoamericana, Editorial Alfaguara, Madrid, 2011, p. 28.

[5] El novelista, ensayista, poeta, miembro del influyente grupo literario Sur y primer traductor de Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Walter Benjamin al español, Héctor Álvarez Murena, en sus Ensayos sobre subversión (1962) describe así tales «delincuentes con pasión escrituraria»: «Consideremos más atentamente estas vidas. En apariencia ociosos, al margen de la sociedad, aunque obstinados en influir sobre ella, sin distingos de clase, por cierto. Conciliábulos, fraternidades, movimientos regidos por consignas, olfato diabólico para percibir amigos potenciales y enemigos encubiertos. Difusión solapada de ideas que (precisamente por la forma en que se las maneja) resultan sospechosas de ilicitud. Tráfico de libelos redactados bajo el secreto y la noche. Excitabilidad desmesurada, temblores, síntomas permanentes de expectativa e intranquilidad… ¿No basta? ¿No se han configurado ya ante nosotros los rasgos de una cara infrecuente, pero característica, la cara repulsiva o atractiva (según el partido desde el que se la mire) de quien con su ansiosa actividad busca derrocar el orden constituido, del conspirador, del subversor? ». Héctor Álvarez Murena, Ensayos sobre subversión seguido de El nombre secreto, Editorial Octaedro, Barcelona, 2002, p. 31.

[6] Isabel Fonseca, «A Land in Exile From Itself», http://www.nytimes.com/books/00/11/12/reviews/001112.12fonsect.html (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[7] Mark Engler, «Whither a New Internationalism?» http://www.democracyuprising.com/2002/07/whither-a-new-internationalism/ (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[8] En 1970, en ocasión de la celebración del décimo aniversario de la Casa de las Américas en La Habana, Julio Cortázar dijo: «Yo creo, y lo digo después de haber pensado largamente todos los elementos que entran en juego, que escribir para una revolución, que escribir dentro de una revolución, que escribir revolucionariamente, no significa, como creen muchos, escribir obligadamente acerca de la revolución misma». Julio Cortázar, «Algunos aspectos del cuento», primera publicación en la revista Casa de las Américas, no. 60, 1970, La Habana, http://www.literatura.us/cortazar/aspectos.html (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[9] Gabriel García Márquez, por ejemplo, opina así: «Nunca hablo de literatura, porque no sé lo que es, y además estoy convencido de que el mundo sería igual sin ella. En cambio, estoy convencido de que sería completamente distinto de no existir la policía. Pienso, por tanto, que habría sido más útil a la Humanidad si en vez de escritor fuera terrorista». Javier García Sánchez, «Ser sido…», en: Anthony Percival (ed.), Escritores ante el espejo: estudio de la creatividad literaria, Editorial Lumen, Barcelona, 1997, p. 338.

[10] Eduardo Galeano, » Sobre el arte de un escritor ,« http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/galeano.htm (accesible el 28 de septiembre de 2011).

[11] Eduardo Galeano, Nosotros decimos no: crónicas (1963/1988), Siglo XXI editores (séptima edición), México, 2001, p. 224.

[12] Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Siglo XXI editores (sexta edición), México 2003, p. 41.

[13] Ivan Illich, Deschooling Society, CIDOC, México, 1970, http://philosophy.la.psu.edu/illich/deschool/ (accesible el 28 de septiembre de 2011).

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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Danny Glover: un artista comprometido. Por: Octavio Fraga Guerra*

DG Danny Glover y Gerardo Hernández durante una anterior visita del actor a la prisión de Victorville.

La noticia pasó inadvertida, -no en su vestidura-, más bien en sus trasfondos y es que amerita hurgar en sus aristas y en sus esencias. El titular: “Prohíben a Danny Glover visitar a antiterrorista cubano preso en EE.UU”. La nota, publicada en el diario digital www.cubadebate.cu tiene detalles que son esenciales reproducir.

La publicación cubana señala: “Se le prohibió al reconocido actor Danny Glover realizar la visita que tenía prevista a Gerardo Hernández. Las autoridades de la prisión dijeron a Glover, quien ha visitado a Gerardo en 9 ocasiones desde el 2010, que no sería admitido porque no tenían conocimiento de la realización de la visita. Esta es una decisión absolutamente arbitraria de la prisión. Cualquier persona que esté incluido en la lista de un preso tiene derecho a realizar las visitas”.

La postura de la prisión avalada por el gobierno de los Estados Unidos, responde a la política de hostigamiento contra los cinco patriotas cubanos presos en las cárceles de este país. Sus nombres: Gerardo Hernández, Fernando González, Ramón Labañino y Antonio Guerrero. En el caso del también Héroe de la República de Cuba René González –integrante de los cinco antiterroristas cubanos-, está siendo cruelmente obligado a pasar tres años en libertad condicional en los EE.UU., a pesar de haber cumplido su injusta sentencia en el año 2011.

Los cubanos están encarcelados en ese país, por defender al pueblo cubano y a la humanidad de los terroristas cubanoamericanos radicados en la nación norteña. Son organizaciones que no han cesado en diseñar y materializar acciones criminales contra Cuba y otros países progresistas. Son actos que por su naturaleza serían juzgados por cualquier tribunal penal del mundo.

Pero el eje de mi escritura es Danny Glover como punto de partida ante un tema que ha sido abordado en varias etapas de la cultura y la sociedad contemporánea, sin embargo requiere de una mayor profundidad. El actor norteamericano goza de una imponente filmografía en la que destaca el filme: “El color purpura”, realizada en el año 1985 por el afamado director de cine Steven Spielberg. La pieza cinematográfica se construye a partir de la novela epistolar de igual título escrito por la escritora norteamericana Alice Walker.

La obra de Glover supera los cincuenta filmes. Sus dotes actorales siguen siendo demandados por los más prestigiosos directores de cine. Su trabajo entraña una diversidad gestual y corporal en cuanto a proyección escénica. Su presencia en cualquier filme es una garantía de resultados artísticos, en tiempos donde el trabajo de los actores se resquebraja por la ruta de facilismo y la impronta del desmesurado protagonismo que entraña la banalidad y la popularidad extra actoral.

Danny Glover no es solo un actor demandado. Su activismo por los derechos del afro estadounidenses y las minorías de ese país. Su entrañable amistad con el entrañable Comandante Hugo Chávez y el pueblo venezolano. O su labor en el consejo consultivo de la cadena de televisión Telesur, le hacen crecer como hombre de su tiempo más allá de su labor profesional.

El actor de 67 años no ha cesado en su lucha por la liberación de los cinco antiterroristas cubanos. La historia de ese país caracterizada por una “cacería de brujas”, -ante este claro compromiso- le hace elevar su postura como un comprometido humanista. Baste recordar a dos celebres artistas como John Lennon o Charles Chaplin, víctimas de la vigilancia y el oscurantismo del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

Glover no está solo en esta guerra contra los desmanes de la humanidad. Los cineastas Michael Moore y Oliver Stone de Estados Unidos, Saul Landau de Canadá, John Pilger de Inglaterra,  Gianni Mina y Flavio Signore de Italia, Willy Toledo, Laura Arau y Javier Couso de España, son algunos de los muchos intelectuales del audiovisual –por citar unos pocos- que encaran la vida más de allá de su obra.

Los intelectuales y los artistas tenemos el deber social y moral de tomar partido ante los derroteros de la vida. No somos marionetas ni figurantes de los medios de comunicación que actúan como mamparas de los políticos corruptos y del empresariado que los sostiene. Hay que precisar que los medios de comunicación han dejado de ser herramientas para convertirse en hacedores de la política. Me refiero a la manipulación, a la desinformación y a la burda omisión de la verdad. Nuestro trabajo ha de trascender nuestra obra para ennoblecer y multiplicar los valores que contribuyan a hacer de la humanidad un espacio más justo para todos.

Esta actitud encara un sacrificio y un compromiso con la ética y los principios más universales que -entre todos- debemos de exigir y refundar. Detrás de un artista o un intelectual mediocre –si es que se le puede llamar de esta manera-, se escuda un ente manipulable para el uso y abuso de los poderes de transito.

El trabajo del artista y el intelectual entraña una permanente entrega y un denotado ejercicio del conocimiento para salvaguardar nuestro noble oficio de los que pretenden prostituirlo. El ser una personalidad pública implica una responsabilidad con cada ruta de nuestro tiempo.

Asumir una actitud política contra los poderes imperiales, fascistas y retrógrados que siguen aflorando en este planeta, es parte de la obra que debemos de construir en nombre de la humanidad. La obra humanista de Danny Glover y de todos los intelectuales y artistas que hacen causa común en tiempos guerreristas, se ha de poner en el umbral de nuestra ruta para acompañarles con hechos de compromiso y entrega.

Nuestra herencia tiene nombres y apellidos. José Martí, Mark Twain, Rubén Darío, Pablo Neruda, Roque Dalton, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Tina Modotti, Miguel Hernández, Frida Kahlo, Federico García Lorca, Víctor Jara o Mario Benedetti, son algunos de los hombres y mujeres de nuestros pueblos que sirvieron a la humanidad. La historia, sus historias son parte de una herencia que debemos de retomar por la dignificación del arte y la cultura.

Nota citada: http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/04/08/prohiben-a-danny-glover-visitar-a-antiterrorista-cubano-preso-en-ee-uu/

*Editor del blog.

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Elecciones en Venezuela: y a usted ¿quién le ha engañado? Por: Juan Carlos Monedero*

CNEUsted, amable lector y lectora, tienen, seguro, una opinión construida sobre las elecciones venezolanas. Incluso cuando quiere ser amable con los procesos de América Latina, se le hace cuesta arriba asumir el resultado electoral que da ganador a Nicolás Maduro. El 100% de los medios escritos, las radios, las televisiones han sembrado en toda la gente de bien, cuando menos, dudas. Ni una voz disidente. Tertulianos, columnistas, blogueros, presentadores de televisión y hasta el Gran Wyoming tienen claro el veredicto: el chavismo es culpable.

Este viernes, el diario ABC, en su edición de Andalucía, dispara contra el gobierno del PSOE y de Izquierda Unida con un titular en portada: “La Junta alimentará a escolares con un plan copiado de Venezuela”. El diario ABC, en esta ocasión desde Madrid, cuelga en su página web un artículo de su corresponsal en Caracas, Ludmila Vinogradoff. Una foto acompaña la crónica: la policía de Caracas apaleando y arrastrando a una mujer, casi desnuda y desesperada. ¿Quién honesto no puede solidarizarse con la víctima? Desde Miami, Walter Oppenheimer, el más influyente periodista del establishment, escribe en El nuevo Herald un artículo (el último hasta la fecha sobre su bestia negra preferida, Venezuela) para cerrar cualquier duda. Lo titula, para que no quede género de dudas en la gente honrada: “Las preguntas que Maduro no contesta”. Ahí nos instruye con contundencia, y entre otras preguntas similares, interroga: “¿por qué no acepta el recuento de votos pedido por su rival, tal como había prometido hacerlo en su discurso de victoria de la noche de las elecciones? (…) Por qué el CNE organizó una ceremonia relámpago de proclamación para instalar a Maduro en la presidencia el lunes, el día después de las elecciones, en vez de esperar varios días como estaba originalmente planeado? (…) Si el proceso electoral fue justo, ¿por qué Maduro no permitió que los observadores internacionales electorales de la Unión Europea y de la OEA no pudieran monitorear el proceso electoral, incluyendo el acceso igualitario al tiempo televisivo? (…) ¿Por qué Maduro sólo autorizó a “acompañantes” electorales de organizaciones amigas, que llegaron poco antes de la votación? (…) Los documentos de Capriles de más de 3,200 casos de violaciones electorales en el día de la votación —incluyendo fotos de gente hablándole al oído a los votantes mientras estos emitían su voto— son fraguados, ¿por qué el gobierno no aceptó al menos una investigación de estos casos por observadores internacionales aceptados por ambas partes?”.

Para cerrar esta ópera bufa, el candidato Capriles comparece en rueda de prensa pública (donde no se permite el acceso a ningún medio público venezolano y tampoco a TeleSur. Repito: donde no se admite a ningún medio público venezolano, tampoco a TeleSur, y no se admiten preguntas sino de medios amigos), y presenta su cuaderno de quejas. Una vez más, grita con convencimiento: ¡Queremos que se recuenten los votos! ¿Qué persona honrada, comprometida con la democracia, no escucharía esta reclamación?

El diario ABC quitó unas horas después, tras armarse un zafarrancho en las redes, la foto que acompañaba la crónica de su corresponsal Vinogradoff (por cierto, Ludmila Vinogradoff fue corresponsal del diario El País en Venezuela durante el golpe de 2002. Fue despedida por brindar información falsa y por tomar partido por los golpistas manipulando a los lectores españoles. Hoy está apadrinada por el Director de Opinión del ABC, de infausto apellido Maura). La razón por la que la terrible foto de la policía chavista golpeando a una mujer indefensa fue retirada  es porque la foto era de Egipto. Un pequeño detalle.

En la edición andaluza de ABC el diario amenaza con la que le va a caer a los vecinos del sur: “el gobierno de José Antonio Griñán y, particularmente, su socio, Izquierda Unida, ha pasado en pocas semanas de proclamar su admiración hacia el legado social de Hugo Chávez a importar algunas de las medidas más populistas del difunto comandante”, “Otra medida populista”, “copia a Chávez un plan”, (el gobierno pone en marcha una medida). “emulando las ‘casas de alimentación’ bolivarianas. La medida en concreto es terrible: que todos los niños de Andalucía hagan al menos tres comidas al día (desayuno, almuerzo y merienda) debido a que “seis de cada cien niños de la comunidad están en situación de pobreza extrema”. Que los niños coman tres veces al día. Maldito Chávez que contamina nuestra democracia. Si la medida, como quiere IU, se extiende a ancianos y jubilados ¿adónde vamos a parar?

Durante la IV República (el tiempo que va de 1959 a 1989, regido por la Constitución de 1961), se dio un turnismo en Venezuela que recuerda mucho al que protagonizaron liberales y conservadores, Sagasta, Cánovas y compañía, en el XIX español. La propia ciencia política venezolana ha incorporado conceptos del decir popular que tienen que ver con esas artimañas que vulneraban el resultado popular y siempre -siempre- daban la victoria al partido pactado entre las dos grandes formaciones políticas -la socialdemócrata Acción Democrática y la democristiana COPEI-. “Acta mata voto”, donde las actas manuales finales, controladas por los grandes partidos, invalidaba cualquier contabilidad de los votos, la “operación morrocoy” -tortuga-, que consistía en frenar o invalidar la votación, colocándose militantes de los principales partidos los primeros para votar en aquellas mesas donde siempre ganaba la izquierda, o impidiendo el acceso a las urnas a los sectores populares.

La Constitución bolivariana de 1999 estable la exigencia del derecho “a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna”, así como el derecho al “voto libre”. La ley electoral desarrolló posteriormente el voto automatizado, donde cada elector, tras identificarse electrónicamente -para evitar duplicaciones en el voto o el voto de personas fallecidas, una constante en la IV República- y después de elegir a su candidato en un ordenador, obtiene una papeleta donde aparece impreso el voto elegido. Una vez verificado que el voto elegido coincide con el de la papeleta, el propio elector deposita esa papeleta en una urna. El ordenador manda al Consejo Nacional Electoral el voto de manera electrónica. Y por ley, el 54% de las urnas se audita, comprobándose que coinciden las papeletas en la urna con lo que ha mandado el ordenador. El 100% de los resultados auditados ha sido correcto. El 100% de la observación electoral internacional (donde había incluso diputados del PP) estableció que las elecciones habían sido limpias y transparentes. Sin embargo, la oposición y sus periodistas insiste en el “conteo manual”, un sistema abandonado precisamente para evitar el fraude que era una constante en los gobiernos anteriores. Oppenheimer calla antes estos hechos.

Capriles no quiso aceptar el resultado. Acostumbrado a revolcones de 11 puntos para arriba, el 1’8%, 273.000 votos, le parecieron pocos y decidió desconocer el resultado. Por ese porcentaje y menos ganó Bush a Gore, Kennedy a Nixón, Aznar a González, Calderón a López Obrador o Caldera a Barrios. Pero la derecha parece tener derecho a decidir cuál es el porcentaje que aceptan. Además, con trampa añadida. La denuncia de Capriles tuvo lugar exclusivamente en los medios de comunicación. Tres días incendiando la calle pero solamente a través de los medios y sin presentar la denuncia correspondiente en los organismos judiciales o electorales correspondientes. ¿Cómo iban a actuar los jueces o el CNE si no existía denuncia formal? Pero Capriles no la presentaba porque lo que le interesaba era que la calle ardiera.

Capriles, en rueda de prensa, dice que hay más de 3000 irregularidades. Escoge las que cree más evidentes. Una es su estrella. La del municipio Cuica. Dice en la televisión que tiene las pruebas -y Oppenheimer las airea-: como consta en acta -y la muestra a las cámaras-, han votado 700 electores, pero sólo hay inscritos 500. Conclusión: ha habido fraude. “Y así en 3200 casos” dice Capriles. Pero, una vez más, miente. Ha mostrado solamente la Mesa 2 de Cuica, donde, efectivamente, hay 500 electores. Falta la Mesa 1, donde hay registrados otros 500. En total, 1000 electores potenciales y 700 que ejercieron el voto. Mentiroso. Ese es el gran fraude aireado por Capriles y por el que mandó a pelear en la calle la noche del 14 de abril. Resultado: 8 chavistas muertos. Pero Oppenheimer sigue callado. Por fortuna, en Venezuela se siguieron los plazos y Maduro asumió, frenando la intentona golpista.

En esa vorágine, el diario opositor Nuevo País (en contra del gobierno, como el 90% de los medios en Venezuela) saca en portada una foto de cuerpos de seguridad quemando material electoral. Los votantes de la oposición se soliviantan. Un pequeño detalle: la foto era de 2010 y el material que se estaba quemando correspondía a elecciones anteriores (¿o es que en España se guarda el material electoral de elecciones pasadas?). Capriles y sus seguidores hicieron creer a los suyos -y, de paso, a los lectores occidentales- que el Gobierno de Maduro estaba quemando material electoral con intenciones fraudulentas. ¿Seguimos?

Fue presentar la petición de auditoría y en menos de 24 horas el CNE accedió a la petición. No a un simple conteo manual, que podía dar lugar a manipulaciones y a la deslegitimación del CNE buscada por la oposición. La aceptación de Maduro de contar los votos significaba precisamente eso: auditar el 100% de las mesas con el mecanismo recogido en la ley electoral y en un sistema que, al decir del Centro Carter, es “el más fiable del mundo”. Y Venezuela no es una colonia donde tenga que haber “observadores”. ¿Los tiene EEUU pese al fraude que hizo Bush en Florida? ¿Los tenemos en España? ¿Dónde está escrito que en Venezuela tenga que haber otra cosa que acompañantes? El resultado final es evidente y, como han demostrado algunas grabaciones, la oposición sabía desde un principio que había perdido. Sólo quería ganar tiempo y hacer ruido.

La irresponsabilidad de Capriles, azuzada por otros miembros de la Mesa de la Unidad – compuesta por 27 partidos que van de un nominal marxismo a la extrema derecha, unidos tan solo por su voluntad de sacar del poder al chavismo y colocarse ellos-, se zanjó con ocho muertos, sedes del PSUV quemadas, Centros de Diagnóstico Integral devastados, militantes golpeados, familiares de miembros del Consejo Nacional Electoral amenazados de muerte y zarandeados. Todos los medios de comunicación que han alimentado estos hechos, están detrás de estos muertos. Sin embargo, a todos nos han construido un veredicto claro sobre las elecciones presidenciales en Venezuela.

A usted, amable lector, le corresponde responder a una pregunta: ¿hasta cuándo va a tolerar que los medios de comunicación sigan mintiéndole? Mientras tanto, la democracia española, nacida de la Inmaculada Transición, goza de una calidad inigualable.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2013/04/19/venezuela-y-a-usted-quien-le-ha-enganado/

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

Juan Carlos Monedero*Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Hizo sus estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg (Alemania), y ha sido profesor invitado en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Humboldt de Berlín (dirigido por el profesor Claus Offe).

Igualmente, ha sido profesor visitante en la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), la Universidad Nacional de Medellín (Colombia), la Universidad Iberoamericana de Puebla (México), la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) así como las Universidades Bolivariana y Central de Venezuela, donde ha impartido conferencias, seminarios y cursos regulares. Su tesis doctoral sobre el hundimiento de la República Democrática Alemana recibió la calificación de sobresaliente cum laude.

Actualmente es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid (con dos tramos de investigación -sexenios- reconocidos). Entre sus publicaciones destacamos:

Libros

El retorno a Europa. De la perestroika al Tratado de Maastricht, Madrid, editorial Complutense, 1992,

En torno a la democracia en España. Problemas pendientes del sistema político español, Madrid, Tecnos, 1999 (en colaboración con Juan Luis Paniagua).

Informe sobre la implantación del euro en España, European University Institute, Badia Fiesolana, 2000.

Cansancio del Leviatán. Problemas políticos en la mundialización, Madrid, Trotta, 2003

“La Constitución destituyente de Europa: Claves para otro debate constitucional”, Madrid, Catarata, 2005.

Empresas de Producción Social. Instrumento para el socialismo del siglo XXI, Caracas, Centro Internacional Miranda, 2006 y 2007, y Buenos Aires, Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo. (En colaboración con Haiman El Troudi);

Disfraces del Leviatán: el papel del Estado en la globalización neoliberal, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla/Universidad Iberoamericana, 2007 y 2009; Edición en Venezuela: Caracas, Centro Internacional Miranda/Ministerio de Educación, 2008. Edición en España: Madrid, Akal, 2009.

El gobierno de las palabras: política para tiempos de confusión, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2009. Segunda reimpresión, 2009. Segunda edición, 2011. Reeditado en Venezuela, Ministerio de Educación Universitaria, 2012.

Claves para un mundo en transición. Crítica y reconstrucción de la política. Caracas, Centro Internacional Miranda, 2009 (cd interactivo).

La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española, Madrid, Catarata, 2011.

La rebelión de los indignados, Madrid, editorial Popular, 2011 (varios autores)

¡Que no nos representan! El debate sobre el sistema electoral español, Madrid, Editorial Popular, 2011 (en colaboración con Pablo Iglesias).

Dormíamos y despertamos. El 15M y la reinvención de la democracia, Madrid, Nueva Utopía, 2012.

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Transitividad antediluviana. Por: J.M. del Río

PC Luis Posada Carriles (Terrorista internacional)

“Un día como hoy hace 16 años nació uno de mis nietos. La fecha no se me olvida, porque guardo como un tesoro esos recuerdos familiares. Se trataba de mi tercer nieto. Después vinieron los bisnietos. Si, es verdad que soy un hombre con unos cuantos años en cada costilla; pero les aseguro que son muchos menos años que los que tiene el Castillo del Morro o los que acumula lo que queda de la Muralla de La Habana”. Así se exteriorizaba mi amigo Cantaclaro en uno de esos momentos de solaz  y de confidencias en el barrio.

Tampoco olvida que ese mismo día o un día antes, detonó un petardo colocado por un mercenario centroamericano en los baños de un centro nocturno del Hotel Melía Cohiba de La Habana.  El explosivo fue colocado en horas de la tarde, con un dispositivo electrónico para que estallara en horas de la madrugada. Felizmente a la hora que se produjo la  explosión, ya el público se había retirado y solo provocó daños materiales y un generalizado rechazo en todo el pueblo, que repudiaba ese nuevo intento contrarrevolucionario para entronizar el pánico y afectar el creciente desarrollo del turismo en nuestro país.

Para ese entonces, en un lapso de tiempo relativamente corto, se produjeron en La Habana más de 15 agresiones terroristas de ese tipo hasta que, mediante un minucioso trabajo de investigación, con el paciente y meticuloso accionar de todas las instituciones cubanas que de una u otra forma tienen que ver con la seguridad de nuestro país y el decisivo apoyo de los trabajadores de los Centros turísticos y del pueblo en general, se fueron perfilando las pesquisas, atando cabos y acumulando evidencias, lo cual culminó con la  aprehensión de  a los terroristas “con las manos en la masa”  y se logró desenrollar el embrollo hasta llegar a las fuentes originales, los propulsores de la campaña terrorista, los que la financiaron y los que trataron de justificarla con proclamas y declaraciones falseadas.

Se supo convincentemente que varios directores de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) aportaron sumas de hasta $5,000.00 USD para financiar esa campaña terrorista.  Quedó claramente evidenciado que el dinero en efectivo ─ para no dejar rastros ─ fluía en maletines, hasta El Salvador donde era recibido nada más y nada menos que por el protervo Luis Posada Carriles, conocidísimo terrorista de origen cubano, quién utilizaba parte de ese dinero para reclutar y entrenar mercenarios de ese país y otros del área centroamericana, que después viajaban a Cuba y colocaban sus artefactos de terror y muerte.

Del facineroso Posada Carriles hay mucho que decir: vinculado a la Agencia Central de Inteligencia desde tiempos inmemoriales, uno de los principales actores en la llamada operación “Irán-Contra”, prófugo de la justicia venezolana  por su directa participación en la voladura  de un avión de Cubana de Aviación donde murieron todos sus ocupantes, capturado posteriormente cuando dirigía una operación para realizar un atentado en un acto en la Universidad de Panamá donde hablaría el Comandante Fidel Castro Ruz y finalmente puesto en libertad, junto a sus cómplices, por la inconsecuente presidenta de ese país, Mireya Moscoso, un día antes de dejar su poltrona presidencial.

Los mercenarios reclutados y manipulados por Posada Carriles fueron detenidos, confesaron su participación y denunciaron a sus patrocinadores. Posteriormente fueron juzgados y condenados con todo el peso de la ley y continúan guardando prisión en Cuba, mientras que el malhechor Posada Carriles, encargado del andamiaje terrorista, anda suelto por las calles de Miami, con el beneplácito del gobierno de los EE.UU. y su sistema judicial,  regodeándose  de sus pasadas andanzas, sin haber renunciado a realizar nuevas “hazañas anticastristas” o “antichavistas” o “anti-cualquiera” que implique revolución popular en América Latina.  Junto a él, de cuando en cuando, vemos algunos de los se dedican a subvencionar estos desatinos terroristas, como los alacranes malojeros[1] que abandonaron la junta de directores de la FNCA y ahora patalean y pernean en la junta directiva del Consejo por la Libertad de Cuba, es decir Luis Zúñiga Rey, Alberto Hernández, Diego Suárez (recientemente entregó una condecoración a la “ciberdisidente” Yoani Sánchez), Elpidio Núñez, Horacio Salvador García Cordero, Ninoska Pérez Castellón, Feliciano Foyo e Ignacio Sánchez.

Si este grupo de alacranes malojeros respaldó y financió las fechorías de Posada y otros connotados terroristas contra Cuba y, sin renunciar a esos actos violentos, incrementan y renuevan sus vínculos con cabecillas y acólitos de los grupúsculos contrarrevolucionarios, entre los que se encuentran las Yoani, las Berta Soler, las Rosa María Paya y otras y otros de ese perfil y en ambos extremos se sienten satisfechos por ese “democrático” y “pacífico” respaldo, entonces puedo afirmar, por carácter transitivo,  que no existen diferencias sustanciales entre unos y otros, no importa el disfraz que han escogido para sus aventuras “anticastristas”.

Para ser más explicito: si te respalda el que apoya al terrorista y tú aceptas como bueno ese respaldo, entonces no hay diferencia entre tu forma de actuar y de pensar y la forma de actuar y de pensar de los terroristas. ¡Transitividad antediluviana!, ¿no es así?

 [1] Tipo de alacrán que se esconde en la maloja del maíz  y pica de forma furtiva.

Tomado del blog: www.lasantamambisa.wordpress.com

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La miseria a nombre de la libertad. (Segunda parte) Por: Elier Ramírez Cañedo

DefinitivaindependenciaEstados Unidos y la independencia de Cuba
Desde fines del siglo XVIII, Cuba estuvo enmarcada dentro de la concepción geopolítica de Estados Unidos, en la que era percibida como una extensión más del territorio continental de la emergente nación americana. Bejamín Franklin, quien sería uno de los padres de la independencia, ya recomendaba a Inglaterra en la época de las Trece Colonias la toma de la isla de Cuba. La posición geográfica de la ínsula, privilegiada en cuanto al acceso a las más importantes vías de comunicación y a las rutas comerciales del Caribe, la calidad de sus puertos y su excelente posición para el establecimiento de puntos defensivos de la región americana que, ya los Estados Unidos consideraban suya, entre otras razones, convirtieron a la Mayor de las Antillas en una fruta apetecida para la nación del norte que, desde su nacimiento, estuvo signada por la psicología expansionista y de grandeza de la mayoría de sus Padres Fundadores. De esta manera, Cuba representaba para la política estadounidense un puente necesario con vista a sus aspiraciones hegemónicas sobre el continente americano; despreciando el apoyo que muchos cubanos habían dado a la causa independentista norteamericana.

A inicios del siglo XIX, diversas declaraciones de Thomas Jefferson ilustraban la  importancia que en las proyecciones expansionistas estadounidenses tenía Cuba. Además de Cuba, la Florida y México constituían también, por su posición geográfica, el punto de mira de las primeras ambiciones territoriales de los Estados Unidos. Luego de comprarle a Napoleón Bonaparte el inmenso territorio de la Luisiana por 60 millones de francos, se hacía claro que la Florida era la próxima aspiración estadounidense y esta curiosamente apuntaba como dedo hacia Cuba.

En noviembre de 1805, Jefferson manifestó a Anthony Merry, ministro británico en Estados Unidos: “La posesión de la isla de Cuba es necesaria para la defensa de la Luisiana y la Florida porque es la llave del Golfo”. También consideraba que, en caso de guerra con España, a causa de la Florida, los Estados Unidos se apoderarían además de Cuba. Con vistas a este plan, mandó un cónsul a la Isla con la misión de estudiar secretamente su capacidad defensiva.

A tal punto llegaron las pretensiones expansionistas de Jefferson en relación con Cuba que, en 1808, envió un mensajero secreto a la Isla, el general Wilkinson, a investigar la posición de los grandes hacendados y terratenientes criollos en torno a la posibilidad de anexión de Cuba. Por igual, su gabinete redactó una resolución para conocimiento de los cubanos y mexicanos en la que se señalaba que Estados Unidos estaba de acuerdo con la permanencia de Cuba y México en manos españolas, pero si Francia o Inglaterra osaban apoderarse de estos territorios, debían declarar su independencia, y Washington los apoyaría. El 19 de abril de 1809, ya en su condición de ex mandatario, Jefferson escribió a su sucesor James Madison (1809-1817), señalándole su confianza en que el conquistador Napoleón consentiría, sin dificultad, en que la unión recibiera la Florida, y que también admitiría con un poco más de reticencia que los Estados Unidos tomaran posesión de la Mayor de las Antillas. Días después, el 27 de abril, le escribirá de nuevo a Madison para expresarle:

“Aunque con alguna dificultad, consentirá también (España) en que se agregue a Cuba a nuestra Unión, a fin de que ayudemos a México y las demás provincias. Eso sería un buen precio.

Entonces yo haría levantar en la parte más remota al sur de la Isla una columna que llevase la inscripción NEC PLUS ULTRA, como para indicar que allí estaría el límite, de donde no podría pasarse, de nuestras adquisiciones en esa dirección. Entonces, sólo tendríamos que incluir el Norte (Canadá) en nuestra Confederación. Lo haríamos, por supuesto, en la primera guerra, y tendríamos un imperio para la libertad como jamás se ha visto otro desde la Creación. Persuadido estoy de que nunca ha existido una Constitución tan bien calculada como la nuestra para un imperio en crecimiento que se gobierna a sí mismo (…) Se objetará, si recibimos a Cuba, que no habrá entonces manera de fijar un límite a nuestras adquisiciones. Podemos defender a Cuba sin una marina. Este hecho establece el principio que debe limitar nuestras miras. Nada que requiera una marina para ser defendido debe ser aceptado”.

James Madison, sucesor de Jefferson en la presidencia de Estados Unidos (1809-1817), continuaría la misma política de su antecesor en relación con la Isla: mantenerla en las manos más débiles hasta que llegara la hora oportuna de lanzarse sobre ella. Entretanto, utilizando la vía diplomática, continuó pavimentando el camino hacia la anexión. Ese fue el objetivo de la visita a Cuba del cónsul William Shaler, quien, bajo la encomienda de Madison, prosiguió en las gestiones desarrolladas por Wilkinson con los hacendados y terratenientes esclavistas de la Isla. En ese período también el jefe naval estadounidense de la costa del Golfo de México propuso un ataque a La Habana (1812). Madison rechazó la propuesta, ya que, la situación interna no era propicia para enfrentar un conflicto con España.

Bajo la presidencia de James Monroe (1817-1825) se delineó lo que sería la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba, al menos hasta fines del siglo XIX, y pasaría a la historia como la “teoría de la fruta madura”. John Quincy Adams, entonces secretario de Estado del presidente Monroe, fue la figura principal en el diseño de esta política. En instrucciones a Hugo Nelson, representante de Estados Unidos en Madrid, le expresó entre otras cosas que: “Los vínculos que unen a los Estados Unidos con Cuba -geográficos, comerciales, políticos, etc.- son tan fuertes que cuando se hecha una mirada hacia el probable rumbo de los acontecimientos en los próximos cincuenta años, es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a la República norteamericana será indispensable para la existencia y la integridad de la Unión. Es obvio que no estamos preparados aún para ese acontecimiento y que numerosas y formidables objeciones se presentan a primera vista contra la extensión de nuestros dominios territoriales más allá del mar. Tanto en lo interior como en lo exterior, hay que prever y vencer determinados obstáculos a la única política mediante la cual Cuba puede ser adquirida y conservada. Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física y así como una manzana separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quisiera, dejar de caer al suelo, Cuba, rota la artificial conexión que la une a España, separada de esta e incapaz de sostenerse a sí misma, ha de gravitar necesariamente hacia la Unión norteamericana y solo hacia ella. A la Unión misma, por su parte, le será imposible, en virtud de la propia ley, dejar de admitirla en su seno”.

Adams estaba convencido de que aún no era el momento de apoderarse de Cuba, pero mientras, era preferible que la Isla permaneciera en las manos débiles de España, a que Inglaterra o Francia posaran sus ambiciones sobre ella. De materializarse esto último, Estados Unidos estaría dispuesto a ir a la guerra.

Ante los voraces apetitos de las potencias europeas sobre los territorios americanos, enfrentados a los intereses expansionistas de los Estados Unidos, a fines de 1823, mediante un mensaje al Congreso, el presidente James Monroe proclamó lo que se conocería como la Doctrina Monroe: se consideraba como peligroso para la paz y la seguridad de los Estados Unidos todo intento de una potencia europea por apoderarse de las repúblicas hispanoamericanas reconocidas como independientes y por tanto como una disposición hostil.  Con esta declaración el gobierno de Washington intentó mostrarse a los ojos del mundo como defensor del continente americano. A partir de aquel momento la “seguridad” comenzó a constituir un término clave en los discursos de política exterior de los líderes estadounidenses. Podría decirse que comenzaba el largo camino del cinismo que caracterizaría hasta la actualidad la proyección exterior de ese país. La “seguridad nacional” e incluso continental se presentaba como un fin en sí mismo, cuando en realidad era sólo función utilitaria para encubrir o justificar los verdaderos propósitos hegemónicos que perseguía el gobierno de los Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe.  Sin embargo, durante los primeros tres años que siguieron a la enunciación de la Doctrina Monroe, los países de la región la invocaron en no menos de cinco oportunidades con el objeto de hacer frente a amenazas reales o aparentes a su independencia e integridad territorial solo para recibir respuestas negativas o evasivas del gobierno norteamericano.

La Doctrina Monroe fue una respuesta pública estadounidense a la propuesta del ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, George Canning, de realizar una declaración conjunta angloamericana que se manifestara en contra de cualquier nuevo intento de colonizar territorios americanos, tanto por parte de la Santa Alianza, como por Francia y España. Pero la parte de la propuesta inglesa que Estados Unidos obvió porque comprometía sus ambiciones expansionistas, fue la de que ambos gobiernos declarasen que no abrigaban la intención de apropiarse de ninguna parte de dichas colonias. La intención era bien clara: advertir a Inglaterra que los Estados Unidos no le tolerarían la adquisición de nuevos territorios en América, especialmente la Isla de Cuba.

El Congreso de Panamá y la independencia de Cuba

Uno de los proyectos que más oposición generó en los grupos de poder estadounidenses fue el que preparaban en 1825 fuerzas mancomunadas de Simón Bolívar y Guadalupe Victoria -presidente de México- para organizar una expedición con el objetivo de independizar a Cuba y Puerto Rico. El presidente de los Estados Unidos en ese momento, John Quincy Adams (1825-1829), y su secretario de Estado, Henry Clay, estaban convencidos de que la independencia de Cuba y Puerto Rico afectaría los intereses hegemónicos de su nación. Clay expresó al respecto: “Si Cuba se declarase independiente, el número y la composición de su población hacen improbable que pudieran mantener su independencia. Semejante declaración prematura podría producir una repetición de aquellas terribles escenas de que una isla vecina fue desdichado teatro”. Evidentemente se estaba refiriendo a Haití. “Este país –continuó Clay- prefiere que Cuba y Puerto Rico continúen dependiendo de España. Este gobierno no desea ningún cambio político de la actual situación”.

La administración Adams-Clay de inmediato dio una serie de pasos para evitar los proyectados planes de Colombia y México. Primero, se comunicó por vía diplomática con los gobiernos de México y Colombia para hacerles saber que Estados Unidos no toleraría cambio alguno en la situación de Cuba y Puerto Rico. Segundo, intentó convencer a España de que sólo haciendo la paz con sus colonias insurgentes y reconociendo la independencia de México y Colombia se lograría que estas desistieran de sus planes de invadir a Cuba. Tercero, trató de lograr una mediación de potencias extranjeras para que estas influyeran en una decisión de Madrid de reconocer la independencia de los países hispanoamericanos recién liberados. Clay escribió a los ministros de Estados Unidos en Rusia, Francia e Inglaterra enviándoles instrucciones de que buscasen apoyo para aquel plan.

Entretanto, el primer ministro enviado a México por los Estados Unidos, Joel R. Poinsett,  se esforzaba cumpliendo las estrictas instrucciones de su gobierno por evitar que avanzara el proyecto de invasión a Cuba. Utilizó “los celos mexicanos respecto a Colombia”, e informó a Clay que si estos “se cultivaban” seriamente, producirían los resultados que Estados Unidos esperaba. Para ganar tiempo mientras Poinsett continuaba realizando esta labor, el 20 de diciembre de 1825, Clay envió notas idénticas a los gobiernos de México y Colombia pidiendo la suspensión por tiempo limitado de la salida de la expedición hacia Cuba y Puerto Rico.

Ante la fuerte presión diplomática estadounidense, los gobiernos de Bogotá y de México respondieron que no se aceleraría operación alguna de gran magnitud contra las Antillas españolas, hasta que la propuesta fuera sometida al juicio del Congreso Anfictiónico de Panamá, a celebrarse en 1826. Como dijo apenadamente Simón Bolívar a una delegación de revolucionarios cubanos que lo visitó en Caracas: “No podemos desafiar al gobierno norteamericano, resuelto, en unión del de Inglaterra, a mantener la autoridad de España sobre las Islas de Cuba y Puerto Rico, …”.

El presidente estadounidense John Quincy Adams (1825-1829) llevó al órgano legislativo de su país la invitación –cursada por Francisco de Paula Santander en contra de los deseos y la voluntad de Bolívar- que había recibido el gobierno para participar en el Congreso Anfictiónico de Panamá. El 18 de marzo de 1826, en su mensaje a los congresistas, destacó la importancia de la presencia de Estados Unidos en el Congreso de Panamá para evitar que prosperara cualquier plan en favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico: “La invasión de ambas islas por las fuerzas unidas de México y Colombia se halla abiertamente entre los proyectos que se proponen llevar adelante en Panamá los Estados belicosos…De allí que sea necesario mandar allí representantes que velen por los intereses de los Estados Unidos respecto de Cuba y Puerto Rico. La liberación de las islas significaría la liberación de la población negra esclava de las mismas y una gravísima amenaza para los estados del sur. …todos nuestros esfuerzos se dirigirán a mantener el estado de cosas existente, la tranquilidad de las islas y la paz y seguridad de sus habitantes”.

El 26 de marzo de 1825, Henry Clay, al cursar instrucciones a Joel Roberts Poinsett, amplió respecto a las preocupaciones del gobierno de los Estados Unidos sobre la proyectada expedición conjunta de Colombia y México: “Caso de que la  guerra se prolongue indefinidamente, ¿a qué fin se dedicaran las armas de los nuevos Gobiernos? No es improbable que se vuelvan hacia la conquista de Cuba y Puerto Rico y que, con esa mira, se concierte una operación combinada entre las de Colombia y México. Los Estados Unidos no pueden permanecer indiferentes ante semejante evolución. Su comercio, su paz y su seguridad se hallan demasiado íntimamente relacionados con la fortuna y la suerte de la isla de Cuba para que puedan mirar ningún cambio de su condición y de sus relaciones políticas sin profunda alarma y cuidado. No están dispuestos a intervenir en su estado real actual; pero no pueden contemplar con indiferencia ningún cambio  que se realice con ese objeto. Por la posición que ocupa, Cuba domina el Golfo de México y el valioso comercio de los Estados Unidos que necesariamente tiene que pasar cerca de sus costas. En poder de España, sus puertos están abiertos, sus cañones silenciosos e inofensivos y su posición garantizada por los mutuos celos e intereses de las potencias marítimas de Europa. Bajo el dominio de cualquiera de esas potencias que no sea España y, sobre todo, bajo el de Gran Bretaña, los Estados Unidos tendrían justa causa de alarma. Tampoco pueden  contemplar ellos que ese dominio pase a México o a Colombia sin sentir alguna aprehensión respecto al porvenir. Ninguno de esos dos Estados tiene todavía, ni es posible que la adquieran pronto, la fuerza marítima necesaria para conservar y proteger a Cuba, caso de lograr su conquista. Los Estados Unidos no desean engrandecerse con la adquisición de Cuba. Con todo, si dicha Isla hubiese de ser convertida en dependencia de alguno de los Estados americanos sería imposible dejar de aceptar que la ley de su posición proclama que debe ser agregada a los Estados Unidos. Abundando en esos productos a que el suelo y el clima de México y de Colombia se adaptan mejor, ninguna de ellas puede necesitarla, mientras que si se considera ese aspecto de la cuestión, caso de que los Estados Unidos se prestaran a las indicaciones de interés, Cuba sería para ellos particularmente deseable. Si la población de Cuba fuera capaz de sostener su independencia y se lanzase francamente a hacer una declaración de ella, quizás el interés real de todas las partes sería que poseyese un gobierno propio independiente. Pero entonces sería digno considerar si las potencias del continente americano no harían mejor en garantizar esa independencia contra cualquier ataque europeo dirigido contra su existencia. Sin embargo, lo que el presidente le ordena hacer es acordarle una atención vigilante a cualquier paso relativo a Cuba y averiguar los designios del gobierno de México con relación a ella. Y usted queda autorizado para revelar francamente, si se hiciese necesario en el curso de los acontecimientos, los sentimientos e intereses que se exponen en estas instrucciones y que el pueblo de los Estados Unidos abriga con respecto a esa isla”.

Después de meses de debate en el Congreso de los Estados Unidos –en la Cámara la discusión duró cuatro meses, y el Senado, en sesión secreta, trató el asunto en un período más breve- se aprobó finalmente la participación en el Congreso de Panamá. Los representantes de Washington al Congreso Anfictiónico de Panamá serían Richard C. Anderson y John Sergeant, nombrados Enviados Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios de los Estados Unidos cerca del Congreso de Panamá. Ninguno de los dos pudo finalmente participar en los debates del Congreso, pues Anderson falleció camino a Panamá y Sergeant, retrasado, solo logró unirse con los delegados en México, donde formó con Joel R. Poinsett el equipo de negociadores de los Estados Unidos. Ambos enviados del gobierno de Washington habían recibido instrucciones claras de rechazar con vehemencia y fuertes amenazas el proyecto colombo-mexicano de independizar a Cuba y Puerto Rico.

“Entre los asuntos que deben llamar la consideración del Congreso no hay uno que tenga un interés tan poderoso y tan dominante como el que se refiere a Cuba y Puerto Rico, pero en particular al primero. La isla de Cuba, por su posición, por el número y el carácter de su población, y por sus recursos enormes aunque casi desconocidos, es en la actualidad el importante objeto que atrae la atención tanto de Europa como de América. Ninguna potencia, ni aun España misma, tienen un interés más profundo en su suerte futura, cualquiera que fuese, que Estados Unidos. …no deseamos mudanza alguna en la posesión o condición política de aquella isla,…no podemos ver con indiferencia que pasase de España a otra potencia europea. Tampoco deseamos que se transfiera o anexe a alguno de los nuevos estados americanos.
(…)
Las relaciones francas y amistosas que siempre deseamos cultivar con las nuevas Repúblicas, exige que ustedes expongan claramente y sin reserva, que Estados Unidos con la invasión a Cuba tendría demasiado que perder para mirar con indiferencia una guerra de invasión seguida de una manera desoladora, y para ver una raza de habitantes peleando contra la otra, en apoyo de unos principios y con motivos que necesariamente conducirán a los excesos más atroces cuando no a la exterminación de una de las partes: la humanidad de Estados Unidos a favor del más débil, que precisamente sería el que sufriese más, y el imperioso deber de defenderse contra el contagio de ejemplos tan cercanos y peligrosos, le obligaría a toda costa (aun a expensas de la amistad de Colombia y México) a emplear todos los medios necesarios para su seguridad”.

Es cierto que la abolición de la esclavitud tendría cierto impacto subversivo para los estados esclavistas sureños de la nación del Norte, pero la raíz del problema estaba en que de triunfar los planes de Bolívar y de Guadalupe de Victoria de independizar a Cuba y Puerto Rico, las ambiciones expansionistas de los Estados Unidos sobre estas islas quedarían frustradas, o al menos se harían bien difíciles de acometer. También existía el temor real en el gobierno de Washington de que Inglaterra se aprovechara de cualquier situación de inestabilidad para imponer su poderío naval y apoderarse de las islas, cuando los Estados Unidos aun no tenían capacidad suficiente para enfrentársele. La anexión de Cuba y Puerto Rico es el verdadero “interés más profundo” del que habla Clay en las instrucciones trasmitidas a Anderson y Sergeant. Claro que, para enmascararlo, orienta bien a sus enviados sobre las justificaciones que deben emplear a la hora de explicar la conducta de Estados Unidos en contra de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

A pesar de que los enviados de Washington no participaron finalmente en las discusiones del Congreso de Panamá, es evidente que el rechazo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra –de conocimiento público- frente a cualquier intentona de romper el status quo de  las islas de Cuba y Puerto Rico influyó negativamente en las decisiones de los delegados de las repúblicas hispanoamericanas en el Congreso de Panamá.  A nada se llegó en concreto al respecto en el cónclave, que se desarrolló desde el 22 de junio al 15 de julio de 1826, con la asistencia de delegaciones de Perú, Centroamérica, México y Colombia, así como de Gran Bretaña y Holanda. En definitiva, la oposición de los Estados Unidos e Inglaterra, sumado a los graves problemas internos que enfrentaban y enfrentarían las repúblicas hispanoamericanas, hicieron abortar los hermosos planes emancipadores de Bolívar y del gobierno Mexicano respecto a Cuba y Puerto Rico. Esa situación se mantendría durante los años 1827, 1828 y 1829, cada vez que se intentó revivir la empresa redentora.

A tal punto llegó la hostilidad estadounidense a los proyectados planes de independizar a Cuba, que Henry Clay, en carta que le envió al capitán general de la Isla, Francisco Dionisio Vives, ofreció en nombre del presidente Adams todo tipo de ayuda para impedir que Cuba saliese de manos de España mediante el reforzamiento de sus defensas. Vives consultó a Madrid y la respuesta fue que aceptara todo tipo de auxilio excepto el desembarco de tropas.

Años después, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Martin Van Buren (1829-1831), en comunicación a su ministro en España, dejaría también constancia escrita sobre cual había sido la posición de su gobierno frente a la independencia de Cuba y Puerto Rico: “Contemplando con mirada celosa estos últimos restos del poder español en América, estos dos Estados (Colombia y México), unieron en una ocasión sus fuerzas y levantaron su brazo para descargar un golpe, que de haber tenido éxito habría acabado para siempre con la influencia española en esta región del globo, pero este golpe fue detenido principalmente por la oportuna intervención de este gobierno (…) a fin de preservar para su Majestad Católica estas inapreciables porciones de sus posiciones coloniales.

A este pasaje bochornoso de la historia de los Estados Unidos se referiría también años más tarde nuestro Apóstol, José Martí, en uno de sus célebres discursos: “Y ya ponía Bolívar el pie en el estribo, cuando un hombre que hablaba inglés, y que venía del Norte con papeles de gobierno, le asió el caballo de la brida y le habló así: “¡Yo soy libre, tú eres libre, pero ese pueblo que ha de ser mío, porque lo quiero para mí, no puede ser libre!”.

Notas:

[1] Esteban Morales, “La política de Estados Unidos contra Cuba y la Crisis de Octubre”, en: Cuba Socialista #25, 2002, p.3.

[1] Felipe de J. Pérez Cruz: Para pensar el bicentenario de la primera independencia Latinoamericana y Caribeña, (conferencia) en: Bicentenario de la primera independencia de América Latina y el Caribe, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010, p.63.

Un ejemplo de esto fue la donación que realizaron las damas de La Habana de 1 200 000 libras, la cual sufragó la marcha a Yorktown con la que finalizó la lucha independentista en las Trece Colonias. Véase Rolando Rodríguez, Cuba: La Forja de una Nación, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, (2da edición), t.1, p.18.

[1]Ángela Grau Imperatori, El sueño irrealizado del Tío Sam, Casa Editora Abril, La Habana, 1997, (segunda edición), p.8.

[1] Citado por Rolando Rodríguez en: Ob.Cit, p.43.

[1] Ibídem.

[1] Ibídem, pp.43-44.

[1] Gregorio Selser, Enciclopedia de las intervenciones extranjeras en América Latina, Monimbó e., Dietzenbach, RFA, 1992, p.9.

[1] Francisco Pividal, Ob.Cit, p.71.

[1] Citado por Ángela Grau Imperatori, Ob.Cit, pp.11-12.

[1] Hay que decir que para aquella época Estados Unidos era más débil que España, Inglaterra y Francia. No tenía marina de guerra y no podía competir aún económicamente con estas potencias. Su primera tarea fue la expansión hacia el oeste y el norte de México, al tiempo que esperó activa y pacientemente por el debilitamiento del imperio colonial español. El momento oportuno para apoderarse de Cuba le llegaría a Estados Unidos a fines del siglo XIX.

[1] Rolando Rodríguez, Ob.Cit, p.64.

[1]“..desde el nacimiento de la doctrina Monroe, en 1823, los Estados Unidos al colocar en primer lugar sus aspiraciones hegemónicas, procuran justificarlas tempranamente, apelando a supuestos intereses comunes de seguridad con América Latina, cuyas amenazas provenían de la posible presencia europea. La doctrina de la seguridad nacional norteamericana, aunque no se estructura como tal hasta el siglo XX, bajo los imperativos de la etapa imperialista, en la que se emplazará al comunismo como la “amenaza externa”, tiene sus raíces en la temprana ideología monroísta, que será retomada hacia finales del siglo XIX al calor del panamericanismo. Desde aquella época se irá construyendo la concepción de la hegemonía de los Estados Unidos en América Latina mediante la presunta defensa de la “seguridad nacional”, configurándose así las visiones sobre “el enemigo exterior”: primero serían las metrópolis coloniales…después los países comunistas…más tarde, los Estados y movimientos terroristas. Citado de Jorge Hernández Martínez, La hegemonía estadounidense y la “seguridad nacional” en América Latina: apuntes para una reconstrucción histórica, en: www.uh.cu/centros/ceseu/BT%20…/IJHHEg05.pdf, Internet.

[1] Alberto Van Klaveren, Teoría y Práctica de la política exterior Latinoamericana, FESCOL, Bogotá. 1983, p.121.

[1] Ramón Sánchez Parodi-Montoto, Cuba-Estados Unidos. Diez Tiempos de una Relación, Ocean Sur, 2010, pp.10-11.

[1] Citado por Philips Foner, Historia de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p.169.

[1] Considerado como uno de los primeros espías estadounidenses en América Latina y declarado anteriormente en Chile como persona non grata por su interferencia en los asuntos internos de ese país cuando se desempeñaba como agente especial de los Estados Unidos.

[1] Ibídem, p.174.

[1]Manuel Medina Castro, Ob.Cit, pp.165-166.

[1] Ibídem, pp. 175-176.

[1] Germán A. de la Reza, Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá, Fundación Biblioteca Ayacucho y Banco Central de Venezuela, 2010, pp.126-132.

[1] Sergio Guerra, Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2010, p.243.

[1] Rolando Rodríguez, Ob.Cit, p.74.

[1] Citado por Francisco Pérez Guzmán, en: Bolívar y la Independencia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010, p.79.

[1] Citado por Sergio Guerra en: América Latina y la independencia de Cuba, Ediciones Ko´eyú, Caracas, 1999, p.52 (Discurso de José Martí en el Hardman Hall, New York, 30 de noviembre de 1889.

Tomado del blog: www.lapupilainsomne.wordpress.com

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Elizardo Sánchez Santacruz, defensor de asesinos. Por: René Vázquez Díaz

Elizardo SanchezElizardo Sánchez Santacruz, es un farsante que convierte asesinos en presos políticos.

¿Hace falta una lista de presos políticos cubanos para justificar lo injusto de la Posición Común Europea y lo impresentable del bloqueo, y de paso olvidar que Estados Unidos tiene un campo de torturas en Guantánamo? Con tal de que alguien la proporcione, da igual lo que contenga. Hoy esa situación de desprecio a la verdad y la decencia, con el fin de infligir más privaciones a los cubanos, alcanza un grado de abyección inconcebible.

Un examen de la lista de presos políticos que Elizardo Sánchez Santacruz acaba de difundir revela que, como medio de propaganda deshonesta contra Cuba, es un documento de calidad suprema. Pero como informe sobre la situación real de los derechos humanos es de una pasmosa desvergüenza. Dejando a un lado una serie de nombres que el mismo Sánchez ha confesado que son falsos, revisaré algunos ejemplos especialmente sucios.

El  9 de enero de 1992, Elías Pérez Bocourt y Erick Salmerón formaban parte de un grupo que irrumpió en un centro de recreación infantil en la Playa cubana de Tarará, atacaron por sorpresa a tres custodios, les ocuparon un fusil de asalto AK y otras armas, los tiraron al suelo y los maniataron. El objetivo era robarse un yate y emigrar ilegalmente a Estados Unidos, donde sabían que, pese a aquel delito de piratería, serían acogidos gracias a la Ley de Ajuste Cubano vigente desde 1966. Fuera de sí al no poder arrancar el motor del yate, los delincuentes ametrallaron a los tres custodios: así, amarrados y a sangre fría. Un joven policía acudió a ver qué pasaba y a él también lo mataron a tiros. La policía capturó a los asesinos en menos de 24 horas y dos de ellos fueron condenados a muerte. Pérez Bocourt, sin embargo, cumple una pena de 30 años de prisión y Erick Salmerón una de 25.

Ahora Elizardo Sánchez, que tras las excarcelaciones masivas de disidentes realizadas en Cuba no tiene cómo llenar las listas por las que recibe dinero de Estados Unidos y algunas embajadas europeas, miente de un modo incomprensiblemente insidioso al incluir en su lista de víctimas de violaciones de los derechos humanos a esos dos terroristas manchados de sangre inocente. Para alguien que no conozca la atrocidad de aquellos hechos, la engañosa descripción de Elizardo Sánchez resulta enigmática: se nos informa de que ni Pérez Bocourt ni Salmerón eran opositores al régimen en el momento del crimen –lo cual hubiera bastado para no incluirlos–, añadiendo que “dos integrantes del grupo fueron fusilados y varios policías resultaron muertos”. He aquí el humanismo de Sánchez Santacruz: la cantidad de asesinos fusilados cuenta, pero no la de víctimas asesinadas. Él sabe que cuatro policías fueron masacrados, pero suaviza el crimen poniendo varios; también sabe que fue un salvaje asesinato, pero elige otra formulación más capciosa: dice que “resultaron muertos”.  Esa pirueta verbal deja abierta la duda acerca de quién mató a los jóvenes policías. Como si hubieran sido asesinados por el cielo o por el Gobierno de Cuba.

La noche del 15 de octubre de 1994 unos jóvenes aficionados a la pesca fueron sorprendidos en el pedraplén de Caibarién-Cayo Santa María por un comando terrorista procedente de Miami. Los infiltrados, entre los que se encontraban Miguel Díaz Bouza, Humerto Eladio Real Suárez y Armando Sosa Fortuny, venían armados con cinco fusiles AK-47, un fusil AR-15, un fusil M-4 y cuatro pistolas. Venían a matar cubanos, atacar instalaciones turísticas, crear pánico en la población y reclutar bandas terroristas. Un pescador se dirigió a ellos sin ni siquiera percatarse de que eran gente hostil, y fue asesinado allí mismo. Sus compañeros se salvaron de milagro, tirándose al agua cuando oyeron que los infiltrados gritaban: ¡Mátenlos a todos!

Ahora Elizardo Sánchez tiene el cinismo de informar a las organizaciones internacionales que aún le hacen caso, de que las sentencias a esos terroristas demuestran hasta qué punto el Gobierno cubano viola los derechos humanos. Elizardo Sánchez oculta, inmoralmente, que el asesino y terrorista Real Suárez fue condenado a muerte por lo que hizo, pero que se le conmutó la pena capital por 30 años de prisión. En su lista, Sánchez deshumaniza a la verdadera víctima ocultando que se llamaba Arcilio Dionisio Rodríguez García, y que tenía 34 años cuando lo mataron.

El 10 de abril de 2003 cinco hombres redujeron por la fuerza a un recluta del Servicio Militar en La Isla de la Juventud, robándole un fusil de asalto AK-M. Horas después fueron detenidos en el aparcamiento del aeropuerto. En el auto en que viajaban, llevaban el AK-M con su bayoneta, tres cargadores y dos cuchillos con los que tenían la determinación de abordar, por la fuerza de las armas, un avión de la línea Nueva Gerona-La Habana, tomar como rehenes a los pasajeros y obligar al piloto a volar a Miami. Aquellos terroristas se llaman Leudios Arce Romero, Lázaro Ávila Sierra, José Ángel Díaz Ortiz, Jorge Luís Pérez Fuentes y Francisco Reyes Rodríguez y esos señores, asegura Elizardo Sánchez, son víctimas del desprecio del Gobierno de Cuba por los derechos humanos. En el avión que iban a secuestrar viajaban 30 seres humanos, muchos de ellos niños.

He aquí otros nombres que Sánchez Santacruz nos ofrece como activistas políticos presos en Cuba: Máximo Pradera Valdés, Hihosvanni Suris de la Torre y Santiago Padrón Quintero. Esos cubanos miamenses formaban parte de un grupo de terroristas que, procedentes de Estados Unidos, desembarcaron en la costa de Villa Clara en abril de 2001. Para realizar el activismo político que defiende Elizardo Sánchez, y que era organizar una matanza en el conocido Cabaret Tropicana, los infiltrados portaban un fusil de largo alcance con mira telescópica y silenciador, cuatro fusiles de asalto AK-47, munición abundante y tres pistolas.

Karel de Miranda Rubio, Alain Forbes Lamorú, Rider Lescay Veloz, Leandro Cerezo Sirut y Yoan Torrez son ex militares cubanos que el 3 de mayo de 2007 asesinaron a dos rehenes cuando intentaron secuestrar un avión portando armas de fuego. Ellos también están en la lista de Sánchez y hay información suficiente en internet para seguir revelando la verdad de muchos otros nombres de falsos presos políticos. En esta ocasión no voy a examinar caso por caso. Elizardo Sánchez es el héroe sonriente de la mentira calculadora y fría, el falsario profesional que nos engañó a todos: al Centro Internacional Olof Palme, que tuvo que apartarse de él en su momento siendo yo responsable de los proyectos cubanos de esa respetable organización; a la ONU, a Amnistía Internacional y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que una día creímos en sus embustes.

El caso más triste de todos es quizás el de don Carl Johan Groth, un hombre honorable de probada honestidad. Diplomático de currículo impecable, Groth fue el último Relator Especial de la ONU sobre los derechos humanos en Cuba. Mientras el relator hacía esfuerzos titánicos, de los que fui testigo presencial, por informar a la ONU sobre Cuba lo más objetivamente posible, las desinformaciones acerca de supuestos perseguidos políticos que obtenía de Elizardo Sánchez contenían tantas patrañas, embustes y nombres falsos, que al fin contribuyeron al fracaso de la misión de Groth.

Elizardo Sánchez Santacruz sólo puede sobrevivir moralmente en un ambiente de agresión mediática y diplomática contra el pueblo Cuba. De espaldas a la honradez, hoy solo Freedom House y algunas organizaciones anticastristas de extrema derecha dan crédito a las listas de este defensor de asesinos, siempre y cuando pertenezcan al bando de los protegidos de Estados Unidos y la Unión Europea, en su triste guerra contra Cuba.

Fuente:  http://www.monde-diplomatique.es/?url=mostrar/pagLibre/?nodo=3c8c371e-167b-4135-9d23-11d1a84915c2

Tomado del blog: www.lasantamambisa.wordpress.com

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Laura Restrepo vapulea “el viejo sueño global americano”. Por: Mónica Mateos-Vega

Hot SurLa escritora colombiana promueve en varios países Hot sur, su novela más reciente. A la voracidad capitalista sí se le puede poner un signo de igual con el agotamiento del planeta y sus recursos, dice la escritora y sentencia: “El panorama cambia o vamos de cabeza al desastre”

En la novela más reciente de Laura Restrepo, Hot sur, “el viejo sueño global americano sale muy vapuleado”, señala la autora, quien luego del retraso para el lanzamiento mundial de esta obra y un accidente que sufrió en septiembre del año pasado, se encuentra totalmente recuperada y lista para dar a conocer su crítica feroz al mundo occidental capitalista y sus falsos sueños de prosperidad.

En entrevista con La Jornada, explica: “Quise ubicar la novela en esta nueva etapa por la que pasa el planeta, de derrumbe de los viejos sueños y búsqueda de otros nuevos. Hace unos años, sólo los de izquierda creíamos que el capitalismo no era la respuesta al derecho a la vida digna y la felicidad. Hoy esto lo viven millones, sin necesidad de mucha teoría, apenas con la constatación cotidiana del montaje de unos bancos que roban sin pudor y mandan a países enteros a la quiebra, y de unos gobiernos al servicio de esos bancos, con el resultado de que la gente del montón se queda sin techo, sin trabajo, sin educación ni salud. Sin futuro”.

La escritora colombiana considera que todo aquello que parecía memorial de agravios contra el llamado tercer mundo, “hoy es pan de cada día también en el primero. Además, la ecuación capitalismo igual a democracia va resultando difícil de tragar. En cambio, a la voracidad capitalista y a su afán de lucro sí se le puede poner un signo de igual con el agotamiento del planeta y sus recursos.

“O el panorama cambia, o vamos de cabeza al desastre, esa es una sensación bastante generalizada. Y no parece fundada la esperanza en que el poder asuma su responsabilidad en la crisis y se dulcifique o humanice. Como dice Slavok Zizek: para el capitalismo es más fácil concebir el Armagedón, que su propio cambio estructural”.

Desilusión y pesadilla

En Hot sur (publicada por Planeta), continúa Restrepo, hay personajes “de todo plumaje: Ian Rose, un hombre marcado por la pena, padre de un muchacho asesinado, quien se mete en camisa de once varas y se aventura en un mundo muy ajeno al suyo con tal de recuperar fragmentos de la memoria de su muchacho.

“La madre, Bolivia, una latina que sueña con el norte, llega allá como indocumentada y se quiebra el lomo trabajando hasta que, años más tarde, logra traer a sus dos hijas, María Paz y Violeta, a las que ha dejado atrás, en su tierra de origen, muy pequeñas y cada una en una ciudad distinta, al cuidado de una familia distinta. Cuando las dos muchachas llegan por fin, lo que les espera no es el sueño, sino la desilusión y la pesadilla. María Paz se casa con un policía estadunidense y blanco para obtener papeles, pero más tarde es acusada del asesinato del tipo y va a parar a la cárcel. A partir de ese momento, su único propósito es escapar con su hermana de Estados Unidos. Si la madre soñaba con llegar, ellas viven la gran aventura recorriendo el camino inverso: tratando de largarse de ahí.

“El elemento en común entre los diversos personajes, es que todos van dejando su historia por escrito, por diversos medios: diarios íntimos, cartas, correos electrónicos, cuadernos de notas, ejercicios en clase, declaraciones a los medios, supuestas entrevistas.

“Como autora, me adjudiqué un papel más bien de escribana: quise transcribir lo que ya estaba escrito por los personajes. Que fueran ellos quienes le hablaran directamente al lector, o mejor dicho, que el lector pudiera entrar en contacto con los personajes sin sentir como una imposición la presencia del escritor.

“Todo es juego, desde luego; convención narrativa. Pero contra el espejismo de que los personajes son parte de una realidad social, quise pintarlos como lo que son, criaturas de papel, hechas con palabras. En últimas, cada personaje es lo que relata sobre sí mismo”.

La narradora reconoce que lo más difícil al escribir Hot sur, fue “ir armando una estructura complicada, con distintos planos temporales, varias voces narrativas e historias cruzadas, sin que se me cayera todo el aparataje encima.

“De pronto llegaba a un callejón sin salida: nada empataba con nada, y parecía que meses de trabajo iban a dar al traste. Era para jalarse los pelos. Venían entonces noches en blanco, tratando de buscarle salida al atolladero, y culpándome a mí misma por haber ido tan lejos en la escritura sin darme cuenta de que aquello desembocaba en un gran enredo.

“Pero poco a poco cada pieza fue encajando en su lugar, y la estantería se tuvo en pie. Menos mal. Otra dificultad fue narrar la historia en bilingüe, no desde el punto de vista del lenguaje, sino del sicológico. Tratar de enfocar el choque de culturas sur-norte desde los dos puntos de vista. Para mí estaba bastante claro cómo veíamos los latinos a los gringos, pero no viceversa. Fue interesante el ejercicio de tratar de descifrarlos”.

FUERZA VIVA E IMPULSO DE LIBERTAD

¿Qué le descubrió su novela una vez concluida?, ¿hacia qué caminos la llevó, tanto en lo literario como en lo personal? y ¿qué huella deja en su pluma?

―El tema de Hot sur es duro, incluso brutal por momentos. A los personajes los hice sufrir y pasar por las mil y quinientas. Pero al mismo tiempo traté de ir cuidando al lector página tras página, para que no se aburriera, no se sintiera abrumado, no se perdiera en los vericuetos de la trama. Que en medio de una escena sangrienta, también pudiera reírse un poco.

“Creo que andamos crucificados en una falsa disyuntiva, entre lo que llaman bestseller, y lo que se considera literatura seria. En Hot sur quise ignorar esa jerarquización, tan manipulada. Mira, los autores del siglo XIX eran unos genios para escribir por todo lo alto, contando al mismo tiempo historias apasionantes. En cambio, en las décadas recientes, se impuso una tendencia hacia lo pedante, y autor que no clavara un rollo macabeo, no se consideraba culto ni valioso. Los lectores, que no son tontos, desertaron masivamente hacia géneros que mantienen la pasión por la trama, como la novela negra, o el ensayo, que va directo y sin subterfugios novelescos a las interpretaciones y los contenidos, si eso es lo que se busca.

“Entonces, ¿por qué no intentar hacer novela con todos los recursos literarios, sin simplificaciones ni facilismos, pero sin apantallar al lector con el despliegue, sin aplastarlo con la supuesta sabiduría del autor?, ¿no puede ser seria una historia que apasione? Quién sabe si lo habré logrado con Hot sur, pero al menos eso me propuse.

“En esta novela, el sur es la migración, el desplazamiento, como fuerza viva e impulso de libertad, valor para perseguir sueños, rebeldía contra las imposiciones del poder, vocación de aventura. El sur, no tanto como punto cardinal, no tanto como ubicación en el mapa. Más bien como contraposición a la petrificación de un sedentarismo que pretende encerrarse para que no lo despojen de sus bienes, y que se amuralla, e impone visas imposibles y leyes discriminatorias para dejar a los recién llegados por fuera. En Hot sur, el Sur (con mayúscula), representa lo novedoso, los caminos abiertos, la solidaridad, el futuro”, concluye.

La novela se encuentra ya en librerías mexicanas. Laura Restrepo realiza una amplia gira de promoción por Madrid, Barcelona, Bogotá, Quito, Lima, Caracas, Santiago de Chile, Montevideo y Buenos Aires. En México, presentará Hot sur en junio.

Tomado de la publicación: www.jornada.unam.mx

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