Diálogos

Vivir el teatro: Contra viento y marea. Por: Isabel Cristina Hamze

Rubén Sicilia

Rubén Sicilia es una de esas personas que andan por la vida orgullosa de su linaje teatral. Uno de esos seres de paso apurado que apresan la vida en sus pupilas para luego volcarla sobre la página en blanco. Unos de esos que una vez iniciados en el ritual del teatro, se quedan para siempre sobre la escena, aún contra viento y marea. Sus dos libros de textos teatrales, Tres Obras (2010) y Tríptico (2012), recientemente salidos a la luz, son un testimonio palpable de este itinerario.

En 2005 fundas Teatro del Silencio, agrupación que ya cuenta con cuatro puestas en escena de tu autoría. ¿Cuáles fueron los antecedentes de este grupo y qué referentes aún influyen en tu creación?

Básicamente fui formado en una generación de punto climático, de convergencia de cosas: la generación de los ochenta, de la cual se ha hablado mucho, pero no se ha publicado lo suficiente. En esa época nos relacionamos con grupos, como Artecalle, Provisional, PURE en las artes plásticas, hasta Víctor Varela. Fui parte de la experiencia del Taller de Creación Escénica de la Casa del Joven Creador que fue muy importante en mi formación como también lo fue el contacto con los maestros Vicente Revuelta y María Jiménez, una guatemalteca que había sido discípula de Grotowski. En ese entronque generacional, había puntos de ebullición, puntos de cocción muy fuertes que llegaron a forjar un pensamiento generacional del cual yo me siento parte.

El primer grupo que en esa época fundé se llamaba Teatro Límite. Trabajamos durante seis años en 41 y 82, en Marianao haciendo una larguísima investigación sobre la ritualidad en el actor. Allí hicimos dos espectáculos que tuvieron mucha repercusión en el panorama teatral de la época y fueron muy elogiados por el maestro Vicente Revuelta, sobre todo Estanco que interpretó Marco Llacobet, en los años noventa. Teatro Límite llegó a su muerte física aunque no espiritual, porque yo ingresé con una hepatitis devastadora, estuve largo tiempo enfermo y cuando salí del hospital, algunos actores habían emigrado y empezaban los primeros aires del período especial. Todo esto como experiencia trunca, pero no agotada forma parte de mi linaje teatral, es como un caldo de cultivo, como un piso sobre el cual se asienta actualmente la investigación de Teatro del Silencio. Esta investigación tiene tres ejes básicos: la exploración de las posibilidades psicofísicas, emocionales y vocales del actor; la cuestión de una dramaturgia del espacio como vacío, como esencialidad y una dramaturgia del cuerpo del actor respondiendo a esos puntos. Apostamos por esa esencialidad, la cámara negra, economía extrema de recursos y un discurso muy particular en el trabajo del actor.

En tu obra Prisionero y Verdugo, publicada por Ediciones Unión en el volumen Tres obras, el personaje de Faso le dice a Pura: “¿Qué más se esconde detrás de las palabras…?” y esta le responde: “Nada que pueda explicarse hablando… ” ¿Es este el reto de teatro del Silencio?

Teatro del Silencio, porque nos interesa lo gestual, lo corporal, lo no verbal sobre todo. Pero por supuesto que apostamos por un equilibrio del texto, es decir entre texto y acción, entre texto y acción sumergida, entre texto y acción reprimida. Nos interesan mucho las cosas que están ocurriendo por debajo del pensamiento, es una evidencia palpable cada día que la gente dice una cosa y hace otra. Hay a veces tres o cuatro niveles en la comunicación de una persona con otra, que son perceptibles, creo que el teatro contemporáneo debe mostrar esta complejidad y todo eso se mueve en el silencio, es decir, en lo no dicho. Nos interesa la palabra como ejercicio de poder, como vibración, como transmisión, pero también cargada de toda esa energía, de toda esa focalización de los conflictos sumergidos en el hombre, que cada vez son más angustiosos, más plenos. Cada vez es más fuerte universalmente la crisis existencial del hombre contemporáneo.

Se puede observar en tu obra una visualidad que surge desde los propios textos y que luego llevas a la escena transfigurada por el cuerpo del actor. ¿Te propones desde la escritura ir creando ya tu futura puesta en escena?

Pienso que el teatro y la dramaturgia contemporáneos, deben responder a eso: las didascalias deben hacerse gráficas, inherentes, implícitas, deben estar hasta en los diálogos, no necesariamente separadas, esto también surge en un texto que recientemente acabo de terminar sobre el rol del director aquí, ahora. Hoy día es difícil para todo director-autor separar la escritura de lo que se llama dramaturgia orgánica, dramaturgia de proceso, es decir, dramaturgia al pie del cañón, no en un buró sino en medio del proceso de trabajo con los actores. Así se constata cada día que los mejores y mayores profesores de dramaturgia son los propios actores. Esta relación carga al texto de semillas vivenciales, de todos los colaboradores incluyendo escenógrafo, diseñador… Todas las personas que trabajan conmigo, de alguna manera le aportan al texto aunque no sea directamente, el texto se carga de todas esas variables.

Es importante añadir que en esa dialéctica yo siento una dualidad autor-director que no es armónica. Dentro de mí coexisten dos personas en conflicto, generalmente gana el director, pero no siempre es así, a veces se superponen, uno quita al otro, a veces determina el resultado escénico que es en definitiva avalado por la imagen, por lo gráfico, por lo visual, por lo que funciona y eso implica la naturalidad del corte, el crisol que nunca cesa.

En tu dramaturgia has explorado diversos caminos, temáticas y presupuestos estéticos que van desde la tragicomedia absurda en ¿Y todavía anda volando Matías Pérez? hasta una obra como Cenizas de Ruth a partir del mito bíblico. ¿Consideras esta multiplicidad como una característica fundamental de tu obra?

Los poco críticos que conocen mi teatro en su totalidad, cosa que es difícil ya, porque leerse once obras de alguien no siempre es algo que uno esté dispuesto a hacer. Pero los buenos teatrólogos amigos que conocen más de mi obra me han señalado reiteradamente que como totalidad es muy diversa y no entienden como eso es posible. A veces les parece que está escrita con heterónimos, es decir, otros yoes, otras personalidades que escriben a través mío. No sé si esto es así, pero he tenido siempre la necesidad de negar lo más que yo puedo, el precedente dramatúrgico.

Como director me pasa lo contrario, a veces si me gusta defender la marca de estilo pero no obstante siempre me planteo como puesta en escena y como dramaturgia —de proceso en proceso— una poética diferente, puede que a veces se logre más, a veces menos.

Considero que la línea más atrayente de tu producción dramatúrgica es la relacionada con los mitos y la relectura de la historia. ¿Qué importancia le concedes a este tópico dentro de tu creación?

El texto Huellas de Caín comenzó ese viaje, ese ángulo de reencontrarse con antiguos mitos, ya sean madres de la cultura o históricos, se mueve en este rango. Hablo de mitos madre, mitos bíblicos, mitos de muy diverso orden, por ejemplo, ahora estoy escribiendo obras que tienen que ver con los mitos sociales; Utopía, Entalpía y Distopía, que es otro ángulo muy diferente de la cuestión, pero que también se alimenta de los mitos.

Ahí tengo un camino acabado creo, un pequeño túnel que he intentado hacer, que empieza con Huellas de Caín, pasa a través de Cenizas de Ruth y de algunos textos terminados recientemente, hasta El Maestro y la Ninfa que es un texto que esboza una situación mítica, primordial casi bucólica, originaria. A veces me interesa focalizarlos en una época, a veces me interesa hacerlos como un espacio mítico, no espacio, no tiempo, o universal de todas las épocas. El sentido de eso es la parábola histórica, la cosa brechtiana; busco y escarbo lo más que puedo en esos mitos que me permitan mediante una parábola aludir a las situaciones más contemporáneas, más candentes y hacer una disección anatómico-fisiológica de la realidad. Los mitos son para mí una vía muy fuerte de entrar en el inconsciente colectivo.

Si te interesa incidir directamente en la gente mediante tú obra, ¿por qué decides hacerlo desde la parábola o la metáfora, y no desde un enfoque más cercano a ese público para el cual escribes?

También lo hago, tengo obras así. Tremendamente contemporáneas. Pero hay un viejo proverbio que te puede explicar el juego con la historia: “mientras más cerca más lejos, mientras más lejos más cerca” o “cuando estás en la barca se mueven las orillas, cuando estás en la orilla se mueve la barca.” El teatro contemporáneo hoy más que nunca debe penetrar en las causas espirituales de los fenómenos que aborda, más allá de los efectos. Estamos cansados de verborrea pestilente como la cola del gato, como dice un actor amigo en uno de sus textos. El ser humano está demasiado saturado de información, entonces necesitamos golpes que nos muevan la conciencia para poder penetrar detrás de las causas de las cosas y una de las maneras de hacerlo es la parábola. Estamos viviendo un momento muy particular, no sé si es una espiral en el curso de la historia, pero uno siente que hay cosas que están detenidas, en estancamiento franco y el aquí-ahora no es una excepción, pienso que el arte debe dinamitar estas relaciones.

Creo que cuando hablamos de mitos y de vueltas a la historia se corre el riesgo terrible de caer en los lugares comunes, en esas verdades consabidas que de tanto repetirse dejan de conmover. ¿Qué mecanismos empleas para librarte de esos peligros?

Creo que básicamente en ese sentido es la idea de penetrar en los arquetipos que te decía, cuando tú estás hablando de una estructura modélica del universo y el espectador o el lector lo siente, lo percibe, se hace cómplice de eso, tú logras hacerlo cómplice. Por ejemplo, recuerdo un momento en la puesta en escena de La pasión de Juana Arco, el momento en que el diablo le pasa la lengua al cuerpo de Juana, cuando ella está en trance. Esa es una acción que tiene un significado muy contemporáneo que en una versión idílica o romántica de la Juana, jamás se hubiera hecho, eso es transgresor, crea un nivel de respuesta específico en el espectador de hoy que tiene que ver con su vivencia y se crea un puente comunicativo, de eso se trata.

A nivel de texto igualmente se crea una complicidad en el espacio compartido entre el aquí-ahora, creador-espectador-lector de manera que yo pueda sacudir, confrontar, conmover o electrizar. Por ejemplo recuerdo las líneas específicas en ese mismo espectáculo cuando las actrices entran al público y le dicen “pero cuál es tú quemadera, cuál es esta tu quemadera…” De eso se trata, esa línea entra en resonancia y confrontación con el espectador de hoy, sacudiéndolo, ya no en el entorno idílico, casi bucólico de la Juana que cuenta la historia y la tradición, si no en el entorno del aquí y ahora. Esos puntos de confluencia, comunión o identificación, tienen que ser inevitablemente creados, ese es el trabajo del autor-director.

Teatro del silencioHe podido acompañar tres estrenos de Teatro del Silencio: Juicio y condena pública de Charlotte Corday, La pasión de Juana de Arco y Huellas de Caín. Creo que el primer espectáculo es el más logrado, sobre todo por la excelente interpretación de la actriz Mirtha Lilia Pedro Capó. ¿Consideras que el trabajo sobre el actor es tu mayor desafío como director de tus propios textos?

Me parece que la mejor puesta que ha hecho el grupo es La pasión de Juana de Arco, pero sin lugar a dudas el trabajo actoral de más altos quilates por horas de vuelo, por formación y por energía personal es el de Mirtha Lilia, que es mi actriz fetiche. Las dos actrices que hacen La pasión de Juana de Arco, la defendieron muy bien, pero no tienen todo el reservorio de habilidades aún, lo lograrán, pienso que son excelentes actrices pero que todavía tienen un recorrido por hacer.

Una puesta no pasa solamente por la cuestión de la precariedad sino por la cuestión de elenco, colaboradores y producción, es un paquete de tres cosas. Las tres influyen, determinan, incluso el éxito o el nivel al que se llegue. Me asombraba hace pocos días viendo la puesta de Raúl Martín de La Dama del mar el alto nivel de elenco, porque es algo que ya uno no ve y en los años ochenta nosotros si teníamos ese referente, mi generación si tiene un altísimo referente actoral. Es por esa razón que me interesa tanto el trabajo del actor, trabajar el pequeño formato, el ultrapequeño formato, por la profundidad, por la necesidad de trabajar al detalle al actor.

En varias de tus puestas en escena he podido advertir puntos de contacto, conexiones incluso sobre el cuerpo de los actores, como si se trasmitieran gestos, movimientos o cadenas de acciones de un espectáculo a otro. ¿Crees que tus tres últimos montajes pertenecen a un período de búsqueda?

Hasta donde yo se la mayoría de los directores y los artistas, universalmente trabajan por etapas, por períodos, como se puede decir eufemísticamente que Picasso tuvo un período azul. Ese es el caso de la mayoría de los directores que hay que imitar, los grandes cánones a los que yo aspiro, como toda persona que sueña, creo que el artista tiene que ser ambicioso, que la ambición es positiva y que se debe imitar la grandeza. Por supuesto, creo que todo el mundo ha trabajado por períodos, es muy posible que en esos períodos haya siempre un montaje que descuelle, que capte una gran parte de tu energía, de tu curiosidad, de tu deseo de investigación. Espero y hago una promesa implícita con esta respuesta, que este no sea el único período.

¿Hacia qué tendencia de la dramaturgia cubana hoy pudieras orientar el teatro que estás escribiendo?

Aunque suene feo decirlo, no me siento dramatúrgicamente afín a nadie, pienso que mi voz es muy personal en ese sentido, aunque hay dramaturgos a quienes admiro. Me siento mucho más afín en cuanto a la poética de dirección, más adscripto a toda esa corriente que viene del teatro post-grotowskiano, que en Cuba está signado indudablemente por la presencia del maestro Vicente Revuelta del cual fui discípulo. También influye mi encuentro personal con María Jiménez que había sido discípula directa de Grotowski. Estas experiencias es justo reconocer que me marcaron y que todavía hoy dejan una huella en mí, pero dramatúrgicamente pienso que estoy en solitario, que mi voz responde a necesidades muy personales, a una mirada muy particular de la realidad.

Tengo la obsesión, no sé si incertidumbre, de observar a partir de lo humano, lo existencial y lo ontológico, un prisma muy particular, una mirada que observa la realidad, que intenta observar la realidad como un testigo imparcial o impersonal. Aún cuando uno toma postura, posición, trato de ser lo más imparcial posible, observar la realidad cada día, no ceso de hacerlo todavía hoy, es un hábito muy incorporado y de ahí deviene, de toda esta experiencia vivencial y espiritual que ya apunté, mi proceso de escritura, creo que depende estrictamente de esas cuestiones y no de alguna tendencia en boga.

Has trabajado recientemente con jóvenes actrices, ¿cómo evalúas desde tu experiencia como director, la formación de los jóvenes actores?

Para mí es muy doloroso ese tema, veo que el nivel técnico y el rango de habilidades con que sale el actor joven hoy día es tres veces menos de lo que era en los años ochenta. Esto pasa por múltiples cuestiones culturales y de muy diverso orden, entre ellas el éxodo de muchos maestros, el fallecimiento de otros, la pérdida de los centros de pensamiento. Hay un proceso universal: la noción de memoria, identidad y nación es para mí resquebrajada en el mundo contemporáneo y aquí-ahora también esas variables repercuten. En el sentido de nuestra historia específica actoral se han dado momentos mejores y peores, cuando estaban por ejemplo Corina Mestre y Fernando Echavarría llevando la cátedra de actuación de la ENA, surgieron unas graduaciones con mucha mayor solidez. Fui a los exámenes y tenían un nivel un poquito mejor, pero aun así todo pasa por carencias de base, por la pérdida del hábito real y profundo de lectura.

Hay algo de los jóvenes en ese sentido que no logro comprender, se leen en vez de los clásicos, los sucedáneos. Si tú no te has leído La Poética de Aristóteles ¿Qué haces leyendo La dramaturgia de imágenes de Claudia de La Torre? Esto lo digo con mucho respeto, pero ¿qué haces cultivándola dramaturgia de Nara Mansur como un canon? Es una dramaturgia muy buena y que respeto mucho, con la que no tengo absolutamente alguna diferencia, pero que no se puede tomar como un paradigma, porque es una dramaturgia experimental. ¿Qué tú haces si estás en formación, tomando como paradigma algo que es experimental?

Ese ejemplo que pongo en cuanto a la dramaturgia, transfiérelo por supuesto al campo de los jóvenes actores. Ese proceso de formación, de ruptura y discontinuidad de la formación está en peligro para casi todo joven actor que se gradúa, por variables de muy diversa índole. También está la capacidad personal, el sacrificio personal, el deseo personal de avanzar en su carrera, que también está francamente debilitado. Prefieren enfocarse en cuestiones de supervivencia o mejoramiento económico como trabajar en un serial de la televisión y no hacer una cadena de personajes consistentes en el teatro, que le permiten su desarrollo.

¿Cómo percibes el teatro cubano actual desde tu visión de integrante de ese panorama?

Es una pregunta muy difícil y paradójica, no creo tener suficiente visión como para responder a esta enorme complejidad, te daré una respuesta parcial, muy a mi juicio y lógicamente limitada por la experiencia de vida que he tenido. Estoy limitado por estar en La Habana porque es muy diferente el teatro que se hace acá del que se hace en el resto de las provincias. Me parece que paradójicamente el teatro en la capital muestra de vez en cuando algún estreno notable, aunque la mayoría quedan muy por debajo de mis expectativas, tal vez porque me formé en una generación de expectativas muy altas. Recuerdo paradigmas como el Bolívar de Rajatablas, o en Cuba Buscón busca un Otelo de José Antonio Rodríguez, íconos que me quedan en la retina de alguna manera. Sigo pensando que el movimiento teatral adolece sobre todo de sistematización en la voz que da. Hay mucha gente con talento y deseos de hacer teatro a toda costa, en las condiciones difíciles en las que todos trabajamos, pero no siempre hay un rumbo claro, una poética bien definida, un camino de investigación consistente y consciente.

Para no solo decir el aspecto negativo te digo el lado positivo que acabo de ver en el primer encuentro de directores que se hizo en la Raquel Revuelta, pude observar por primera vez un tímido renacer del espíritu gremial que entre nosotros ha estado muy opacado en las diversas décadas del teatro después del año 59. Confío al menos en esa tímida insinuación de recuperar un posible espíritu gremial y de que los teatristas nos ayudemos un poco más unos a los otros, pienso que es algo esperanzador.

¿Por qué y para qué hacer teatro hoy en Cuba?

Por suerte siempre hay gente que uno se encuentra que tienden una mano salvadora pero ahora mismo por ejemplo, estamos sin local, porque el local que habíamos tenido durante seis años en la Casona de Línea entró en reparaciones. Estamos buscando entre otras cosas un espacio y esa es una batalla cruenta, de cualquier manera pienso que lo esencial y que cada día me da una bocanada de energía es primero que todo, una razón muy personal: para mí el teatro es necesario en tanto que me permite entender o comprender la vida que me rodea lo suficiente como para no volverme literalmente loco. Me permite ordenar las cosas a mi paso y segundo, que yo siento una particular energía cada vez que estreno, en ese período de funciones y lo he sentido de forma muy fuerte, en las provincias donde nuestras funciones han tenido repercusiones espectaculares.

Hay que recordar que muchas veces cuando uno estrena aquí en La Habana todavía la obra está creciendo, en franco desarrollo y ebullición. Cuando uno sale de gira y va por la función cuarenta y pico o cincuenta, es cuando la obra ha ido alcanzando un nivel de maduración y eso me ha pasado con tres puestas en escena. Uno va experimentando el placer de que la obra llega hasta sus confines, golpea, sacude, conmueve, electriza al espectador. Tuvimos esas vivencias en Santa Clara y Bayamo y vimos a gente saliendo a llanto vivo de puestas en escena como Juicio y condena pública… o La pasión de Juana de Arco. Ese estado, ese sentimiento, esa necesidad de conectarme con el público en un alto nivel, el teatro como servicio social, para mí es algo crucial, es una de las pocas cosas que en la vida me llenan de un rango de satisfacción que no puedo explicar y que va más allá de toda intelección. Aunque hay que luchar contra viento y marea, contra un sinnúmero de obstáculos, siento un placer tan grande mirando al espectador que sonríe, que se identifica, que rechaza, que se aparta, que se encoje; he visto caras crispadas, y caras irradiando felicidad en mis puestas en escena y eso me satisface enteramente hasta hoy.

Tomado de la publicación: www.cubarte.cult.cu

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“La comunicación en 140 caracteres juega a favor del enemigo”. Por: Enric Llopis

La comunicación jibarizadaInvitado por la Asociación Valenciana José Martí de Amistad con Cuba y el CEPS, el periodista y escritor Pascual Serrano ha presentado en Valencia su último libro, “La Comunicación Jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes” (Ed. Península). En el libro analiza las características del pensamiento jibarizado, que el autor considera en un sentido muy amplio: la dispersión de las ideas; el ritmo trepidante y la obsesión por la inmediatez; el “picoteo” de información, la comunicación incesante, la saturación informativa y la ausencia de rigor, entre otras. Opina Pascual Serrano que, enormemente condicionada por las nuevas tecnologías, este tipo de comunicación “juega a favor del sistema, pero ello no significa que la izquierda no deba utilizarla”. Aunque en los términos adecuados. Por ejemplo, vinculando artículos de reflexión inteligente a mensajes condicionados por el formato de twitter. “Hemos de plantear la batalla en todos los ámbitos”, añade.

-Arrancas “La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes” (Ed. Península) afirmando que para transmitir informaciones complejas, el emisor necesita tiempo para la exposición y el receptor, concentración exclusiva. ¿Qué espacio le queda al pensamiento crítico cuando se enfrenta a un público/audiencia modelado por el lenguaje audiovisual y de los 140 caracteres de twitter?

-El ejemplo de twitter es el más elocuente, pero no se trata del único formato ni el único soporte, la jibarización de la que hablo en el libro se encuentra presente en muchos ámbitos y ramificaciones: la simultaneidad de mensajes, la sobresaturación de información, la obsesión por la inmediatez… Son estructuras y pautas que actúan en contra del pensamiento crítico y a favor del sistema. Ahora bien, insisto siempre, la izquierda está condicionada por los medios del enemigo y, en consecuencia, ha de utilizarlos. Hemos de plantearles la batalla en todos los ámbitos. ¿Qué podemos hacer? Por ejemplo, vincular a los 140 caracteres de twitter un artículo de Juan Torres sobre las causas de la crisis.

-¿Cómo podría recuperarse la idea de pensamiento crítico?

-En primer lugar, defendiendo el papel esencial de la escuela pública. También me parece fundamental reivindicar el libro, y por varias razones. Porque hay un autor reconocido que se juega su prestigio y trayectoria al publicarlo. Además, en el libro el lector encuentra una reflexión terminada y mucho más elaborada que en Internet. Por el contrario, en la red todo es inconcluso y mucho más dinámico. Habría que plantear también la propiedad colectiva de los medios de comunicación, bien a través de la propiedad estatal bien mediante la propiedad comunitaria financiada con recursos públicos. Es ésta la única manera de salirse de los criterios de mercado y los objetivos de rentabilidad empresarial.

-¿Podría incurrir en el elitismo el periodismo/comunicación reflexivo y crítico que propones? ¿Puede pecar de excesivamente denso y complejo hasta el punto de quedarse en círculos cerrados?

-Siempre hubo un público minoritario para los contenidos más complejos y otro popular para los mensajes más sencillos. A partir de ahí una sociedad, con su modelo educativo y comunicativo, debe plantearse si intenta elevar el nivel de los sectores populares o reducir el de los más formados. Nosotros hemos logrado que el ingeniero escriba en su móvil sin acentos, en cambio el operario manual sigue sin comprender el conflicto sirio. Es evidente que estamos en la segunda opción, la de reducir el nivel de los más formados.

-¿Consideras que caben puntos intermedios? Un periodismo crítico y reflexivo, pero también directo y fácil de entender por el lector/audiencia.

-Seguro, pero hace falta talento del comunicador. Existen muchos ejemplos de comunicadores con grandes dotes de divulgación. Ahí están los documentales de Michael Moore por ejemplo.

-Apuntas asimismo el problema de la sobresaturación informativa. Pero, ¿cómo escapar a ella en un mundo crecientemente complejo y fragmentado en múltiples campos de conocimiento? (rescates financieros, crisis ecológica, desahucios, inmigración, América Latina….).

-Seleccionando, el problema no es sólo el exceso, es la ausencia de referentes que nos ayuden a seleccionar. Como no tenemos filtros y queremos abarcarlo todo, elegimos los más breve, lo más jibarizado. Y entonces no lo entendemos y debemos seguir buscando. Debemos de cambiar nuestro método. Es preferible, ante un tema complejo, un extenso reportaje de Le Monde Diplomatique o un libro que no un centenar de noticias de veinte segundos en televisión.

-La oferta informativa en la Red es infinita. Pero también es cierto que el internauta (igual que el lector de prensa) selecciona uno o varios medios, los que sigue periódicamente (incluso sigue en la red los medios tradicionales). O que en las redes sociales también se difunden artículos largos y reflexivos. ¿Podrían estos argumentos relativizar la influencia de Internet?

-Para comenzar hemos de saber que, en internet, redes sociales incluidas, terminamos yendo a los grandes medios mayoritariamente. Así lo muestran los estudios. Las redes lo que han provocado es que el modelo de medio de comunicación que intentaba dar respuesta a las necesidades informativas en todos los ámbitos (nacional, internacional, cultura, deportes, etc…) está desapareciendo. Ya no entramos a la portada de El País o de rebelion.org, vemos las secciones, los titulares y elegimos. A través de las redes la gente llega a informaciones concretas sin pasar por las portadas. Por último, es verdad que en internet caben los textos largos, alguien me podrá decir que, incluso, más que en el papel, lo que dudo es que la gente pueda estar leyendo durante una hora en su pantalla un texto sin desviarse hacia un hipervínculo, interrumpir por un mensaje de chat o evitar la tentación de consultar su correo.

-Se dice en muchas ocasiones que Internet y las nuevas tecnologías se expansionan en detrimento de la capacidad de razonamiento, al proponer lenguajes simples y con predominio de la imagen. Pero, ¿podría interpretarse que la Red incorpora fórmulas tradicionales sólo que con formatos nuevos? Me refiero a que la prensa del XIX también difundía folletines y se recreaba con los grandes crímenes. O que la propaganda obrera siempre se ha basado en imágenes y consignas. O que el periodismo sensacionalismo es algo muy antiguo…

-Es verdad que siempre hubo eso. Pero las técnicas de superficialidad y espectacularidad actuales son mucho más fascinantes y hacen más difícil que la reflexión compleja pueda competir. Me sorprendo, en las presentaciones de La comunicación jibarizada, como los docentes cuentan alarmados que los jóvenes no leen, no soportan una charla de más de veinte minutos, no pueden permanecer una hora sin un estímulo cibernético.

-En tu anterior libro, “Contra la neutralidad”, planteas ejemplos de periodistas comprometidos, que inyectan pasión en sus textos. ¿Es esto compatible con el rigor de las informaciones? ¿Y con una información que apele al raciocinio del lector?

-Por supuesto que es compatible. Para eso escribí el libro. Para mostrar el compromiso y el rigor juntos en las crónicas de John Reed o Kapuscinski. Y en la medida en que ellos interpretan y analizan, sin pretender hacer un panfleto, e incorporan los antecedentes y el contexto necesario están estimulando la reflexión por parte del lector. La que no permite el raciocinio del lector es la información que no aporta los suficientes elementos de contexto para comprender los acontecimientos.

-Dedicas un capítulo de “La comunicación jibarizada” al ritmo trepidante y la inmediatez. ¿Pero alguna vez el periodismo ha sido, salvando las tecnologías dominantes en cada periodo histórico, algo diferente? En cualquier filme de periodistas aparece la obsesión por las primicias y por alcanzar el mito de la información en tiempo real.

-Una cosa es querer informar el primero de un acontecimiento, y otra es correr a contar el recuento del 5% de los votos en las elecciones de Afganistán y nunca informar del resultado del 100% porque ya se ha perdido el interés por el asunto. Nos sucede como a los niños el día de Reyes, solo queremos desempaquetar noticias, pero no comprenderlas.

-Afirma Pablo Iglesias, presentador de La Tuerka, que la izquierda se maneja muy bien en el campo del análisis y los diagnósticos de situación. Pero fracasa estrepitosamente a la hora de pasar a la difusión y llegar a la gente. Y esto es así porque no asume que las reglas del juego las marca el enemigo y, en consecuencia, no incorpora sus formatos (tertulias, lenguaje muy simple y directo, etc.) ¿Qué opinas?

-Tiene razón. Hay determinadas cuestiones formales que no las terminamos de comprender o lo hacemos tarde. Necesitamos décadas para aceptar que un documento escrito, si tenía márgenes, interlineado mayor y gráficos era más agradable y lograba más lectores. En vídeo, muchos siguen sin preocuparse por la iluminación, el encuadre o contar con varios ángulos de grabación. Claro, también puede suceder lo contrario, que desde el periodismo no comprometido y comercial tienden a simplificarnos y frivolizar cada día más, en el contenido y en la forma, y eso crear unos cánones estéticos que nos condicionen.

-Has afirmado muchas veces que el periodismo alternativo que se realiza en España es muy deficiente. ¿Observas con el tiempo alguna mejoría?

-Seguimos dominados por el adjetivo fácil, la ausencia de fuentes rigurosas, la no búsqueda del dato necesario. En pocas palabras, el buen trabajo periodista. Es tanta la necesidad de comunicar y tanta la pulsión ideológica que nos domina, que olvidamos el periodismo. Además, es que la gran mayoría de los colaboradores de los medios de comunicación alternativos no están pensando en hacer periodismo sino con ejercitar la militancia. Y no es lo mismo.

-¿Por qué incluso la militancia de izquierda no considera como “suyos” los medios alternativos e, incluso, atiende muchas veces mejor a los periodistas de medios convencionales?

-Porque incluso en la izquierda continuamos rindiendo culto al medio masivo y al dominante. Pero esto no es algo nuevo. Históricamente se ha despreciado y minusvalorado a los medios alternativos. Pienso en el líder del partido político de izquierda que se iba corriendo al “ABC” para hacer unas declaraciones. O cuando alguien te remitía un texto a Rebelión.org, te decía si se lo podías publicar ya que no lo habían hecho “El País” o “El Mundo”. Ya entonces se asumía que la prensa alternativa jugaba en segunda división.

-Por último, ¿Qué futuro profesional aguarda a los periodistas de izquierda que todavía quedan?

-Por primera vez no mucho mejor futuro que a los de derecha con la crisis que están viviendo las empresas. Pero creo que hay esperanza. En los últimos meses han aparecido media docena de experiencias colectivas en formato de cooperativa que, a diferencia del periodismo alternativo, tienen como objetivo una solución laboral para sus miembros. Estas experiencias, además, pueden ser más viables que algunas grandes empresas. Porque estás últimas deben dar muchos beneficios a los accionistas, y las cooperativas lo único que pretenden es garantizar la subsistencia de sus trabajadores.

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“La OTAN solo lleva a la destrucción, la inseguridad y la miseria. Debe ser abolida”. Por: Silvia Cattori

La globalización de la OTAN

Apreciado por el rigor y precisión de sus análisis, el sociólogo canadiense Mahdi Darius Nazemroaya (*), de 30 años, se ha impuesto como uno de los mejores conocedores de la OTAN. Sus investigaciones, traducidas a gran cantidad de idiomas, tienen una audiencia internacional y su obra The globalisation of NATO [La globalización de la OTAN] es hoy una referencia. En sus 400 densas, fascinantes y preocupantes páginas nos hace calibrar la amenaza que supone la OTAN para la paz de mundo y el futuro de muchos pueblos. También nos hace ser conscientes de lo urgente que sería lograr la disolución de esta peligrosa organización.

Silvia Cattori: En su notable libro saca usted a la luz las estrategias establecidas por la OTAN para extender su dominio militar en el mundo. Me gustaría preguntarle qué le llevó a dedicar tanta energía a un tema tan arduo y exigente, y cómo llegó a considerar que el análisis del papel de la OTAN y de las estrategias que ha establecido era una tarea absolutamente esencial.

Mahdi Darius Nazemroaya: La semilla de este libro se sembró en 2007, cuando redacté un pequeño manuscrito que relacionaba las guerras de Afganistán e Iraq (que siguieron a los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001) con la expansión de la OTAN, el proyecto de un escudo antimisiles estadounidense (que yo describía como un proyecto que, en última instancia, se había cubierto con el manto de un proyecto de la OTAN) y el concepto de lo que los neoconservadores y sus aliados sionistas llaman “destrucción creativa” para volver a diseñar la reestructuración de los países de Oriente Próximo y el cerco tanto a China como a Rusia.

Siempre he pensado que todos los acontecimientos negativos a los que se enfrenta el mundo eran los elementos de un conjunto o de lo que el sabio y revolucionario húngaro György Lukács denomina “totalidad fragmentada”. Las guerras “en serie”, el aumento de las leyes de seguridad, la guerra contra el terrorismo, las reformas económicas neoliberales, las “revoluciones de colores” en el ámbito postsoviético, la criminalización de diferentes sociedades por parte de los medios de comunicación, la ampliación de la OTAN y de la Unión Europeas, y las falsas acusaciones de que en Irán existe un programa de armamento nuclear todo ello forma parte de uno todo. Del mismo modo, uno de mis artículos publicado en 2007 [1] planteaba las bases principales de esta hoja de ruta y relacionaba todos los elementos de la guerra perpetua a la que estamos asistiendo.

He escrito este libro porque me parece que es un tema muy importante. He leído la mayoría de los textos de la abundante literatura concerniente a la OTAN y ninguno examina la OTAN desde la perspectiva crítica en la que yo me sitúo ni tampoco vincula de manera pertinente a la OTAN con una “visión de conjunto” de las relaciones internacionales. Un investigador de la Universidad Carleton me dijo que mi libro era como una Biblia de las relaciones internacionales y de todos los temas importantes de estas. También considero mi libro sobre la OTAN de esta manera.

La principal motivación que he tenido para escribir este libro ha sido llevar a los lectores a ser conscientes de la naturaleza imperialista de los conflictos internacionales modernos y ayudarles a ver la “totalidad” de ello en vez de sus elementos “fragmentados”. Cuando se ve el conjunto se pueden tomar las mejores decisiones. Creo haber hecho una evaluación correcta de la OTAN. En la biblioteca que la OTAN tiene en Bruselas hay un ejemplar del libro: la propia OTAN anunció su adquisición en noviembre de 2012 como uno de los recursos de su biblioteca. Este libro es mi contribución como investigador para tratar de permitir a los lectores tomar decisiones con conocimiento de causa viendo más allá de las cortinas de humo, los engaños y unos elementos fragmentados del cuadro total.

De manera general, hoy la gente está más instruida en todo el mundo. Pero, por desgracia, hay una ignorancia generalizada en lo que se refiere a las relaciones de poder y a lo que ocurre en ese dominio a escala mundial. Entramos en una era engañosa de la historia en la que muchas personas de todo el mundo tienen cada vez más la impresión de que no pueden hacer nada más que ser espectadores impotentes, reducidas a no ser más que unas partículas, unos engranajes o unas extensiones de una inmensa maquinaria invisible sobre la que no tienen control alguno.

Los escenarios del libro de George Orwell 1984 se han hecho realidad en lo esencial. La gente se ha vuelto ajena a su mundo y cada vez más está gobernada por esta invisible maquinaria capitalista que trabaja para destruir todo tipo de maneras alternativas de vivir o de pensar; el orden que se nos impone hoy es como un estrechamiento de la “jaula de acero” de Max Weber [2] que reduce cada vez más la independencia de nuestros movimientos.

La mayoría de las personas mira ahora las noticias y la televisión pasivamente. Tratan de distraerse de la realidad, tratan de embotar su conciencia y de vivir en un falso estado de felicidad que les permite ignorar la realidad y las miserias del mundo. Nuestras mentes han sido colonizadas colectivamente y se les he hecho creer en un falso orden de las cosas. La humanidad se está deshumanizando cada vez más. Puede que esto suene hegeliano, pero las personas se están alejando de sí mismas tal como se esperaba que lo hicieran. También se vuelven ajenas a las capacidades de su propio espíritu y a los talentos de los que están dotadas. Pero la verdad es que no estamos separados de los acontecimientos y procesos que conforman este mundo. No deberíamos convertirnos en esclavos de los objetos o de las estructuras de nuestra propia fabricación, ya sea el capitalismo o las estructuras políticas. No debemos convertirnos en simples espectadores de nuestro recorrido vital.

La hegemonía es un proceso continuo de liderazgo, de control y de influencia que implica a la vez coerción y consentimiento. Pero nunca es fija o total y siempre se puede luchar contra ella. Vemos desafíos a la hegemonía en la construcción de bloques históricos que se enfrentan a los centros de poder imperialistas y capitalistas. El Movimiento Bolivariano de Hugo Chávez y el ALBA son ejemplos que han logrado desafiar a la hegemonía tradicional de las elites compradoras que gobiernan la región a beneficio de fuerzas exteriores.

Silvia Cattori: Un gran capítulo, apasionante e inquietante, de su libro está dedicado a África. No le ha debido de sorprender que Francia emprendiera la guerra en Mali. ¿Acaso la desestabilización de este país debilitado, engendrada por la intervención de Francia en Libia, no abre una grave crisis en todos los países del Sahel, desde el Atlántico al mar Rojo?

Mahdi Darius Nazemroaya: Desde un principio he mantenido que la división de Sudán, la intervención francesa en Costa de Marfil apoyada por Estados Unidos y la guerra de la OTAN en Libia formaban parte de una segunda “rebatiña por África”. Expliqué que el objetivo de la guerra de Libia era desestabilizar otras partes de África y que provocaría una reacción que se extendería por gran parte del continente, incluidos países como Níger y Mali.

En el libro examino el Sahel, constituido por las tierras internas de Argelia, Níger, Libia y Mali. La guerra de la OTAN contra Libia desencadenó una reacción en cadena, como una demolición controlada, que Estados Unidos y sus aliados utilizaron para controlar una vasta proporción de África y de sus recursos. Como en el caso de la primera “rebatiña por África” desencadenada por una crisis económica en los países industrializados de Europa occidental, de hecho estos acontecimientos están relacionados con el control de los recursos. Al tiempo que Estados Unidos se implicaba más en África, su gobierno y el Pentágono empezaban a hablar cada vez más de la expansión de las facilidades de las que disponía al-Qaeda en África y de cómo el ejército estadounidense y sus aliados deberían luchar contra esta presencia aumentando su presencia en África. De hecho, en 2011 Estados Unidos dedicó parte de presupuesto a la actual guerra en Mali bajo la cobertura de la lucha contra al-Qaeda en el oeste de África. Detrás del relato que nos habla de la lucha contra los grupos terroristas clasificados con la etiqueta de al-Qaeda se ocultan unos intereses estratégicos, como la cada vez mayor obsesión de Estados Unidos por el Golfo de Guinea y el aprovisionamiento de petróleo en el oeste de África. Sabemos por experiencia que el imperio estadounidense de hecho trabajó con estos grupos, tanto en Libia como en Siria. Apenas se habla de echar fuera de África a China, Rusia, Inda, Brasil y otros rivales económicos del bloque occidental. En vez de ello, los intereses de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN, como Francia, se presentan como objetivos altruistas cuyo objetivo es ayudar a Estados débiles.

Volviendo a Mali, no me sorprendió cuando el presidente François Hollande y su gobierno ordenaron a los soldados franceses invadir este país. Tanto Francia como Estados Unidos conocen muy bien las reservas de gas y de petróleo que hay en Mali, en Níger y en el conjunto del Sahel. En el libro se tratan estos puntos y también de la creación por parte del gobierno francés en 1945 de una Oficina de Investigaciones Petroleras con el objetivo de extraer el petróleo y el gas de esta región. Unos años después, en 1953, París entregó licencias de explotación a cuatro compañías francesas en África. Debido tanto a los avances estadounidenses como a las demandas africanas de independencia, París creó la Organización Común de las Regiones Saharianas (OCRS) para mantener su control sobre las partes ricas en recursos de sus territorios africanos poseedores de petróleo, gas y uranio. El uranio fue importante para mantener la independencia de Francia respecto a Washington por medio de la creación de una fuerza de disuasión nuclear estratégica en respuesta al monopolio anglo-estadounidense.

Por consiguiente, no es casual que las zonas del Sahel que Estados Unidos y sus aliados consideran que forman parte de la zona en la que están situadas al-Qaeda y sus terroristas correspondan más o menos a las fronteras de la OCRS, rica en energía y uranio. En 2002 el Pentágono inició unas importantes operaciones con el objetivo de controlar el oeste de África. Tuvo lugar bajo la forma de la Iniciativa Pan-Sahel, lanzada por el Comando Europeo de Estados Unidos (EUCOM) y el Comando Central de Estados Unidos  (CENTCOM, ambos por sus siglas en inglés). El Pentágono adiestró a tropas de Mali, Chad, Mauritania y Níger bajo la bandera de este proyecto del ejército estadounidense. Sin embargo, los planes cuyo objetivo es establecer la Iniciativa Pan-Sahel se remontan a 2001, cuando se lanzó la Iniciativa por África tras los atentados del 11 de septiembre. En 2005 el Pentágono lanzó, bajo el mando del CENTCOM, la Iniciativa Antiterrorista Transahariana sobre la base de la Iniciativa Pan-Sahel. Argelia, Marruecos, Senegal, Nigeria y Túnez se unieron a Mali, Chad, Mauritania y Níger. En 2008 se transfirió la TSCTI al mando del recientemente activado AFRICOM. Hay que señalar que el capitán Amadou Sanogo, el líder del golpe de Estado militar que tuvo lugar en Mali el 21 de marzo de 2012, es uno de los oficiales formados en el marco de estos programas estadounidenses en el oeste de África.

Si se analiza el golpe de Estado de 2012 en Mali se ve que se trató de un acto criminal. El golpe de Estado derrocó al presidente Amadou Toumani Touré con el pretexto de que este no podía restaurar la autoridad maliense en el norte del país. El presidente Amadou estaba a punto de abandonar el cargo y no tenía intención de continuar en la vida política, además de que se iban a celebrar elecciones en menos de dos meses. En esencia este golpe militar impidió que se celebraran las elecciones democráticas y el acto del capitán Sanogo acabó con el proceso democrático en Mali y desestabilizó el país. La OTAN y el gobierno instalado en Costa de Marfil por los franceses reconocieron la nueva dictadura militar. Estados Unidos siguió financiando al gobierno militar de Mali y delegaciones militares y civiles de Estados Unidos y de Europa occidental se entrevistaron con el régimen de Sanogo. Poco después Francia declaró que tenía derecho a intervenir en África ahí donde sus ciudadanos y sus intereses estuvieran amenazados. No eran sino los preliminares.

Las armas utilizadas en Mali y Níger tanto por los grupos terroristas como por las tribus tuareg están vinculadas a las acciones de la OTAN en Libia. Más precisamente, estas armas provienen de los arsenales libios saqueados y de las armas enviadas a Libia por los franceses, los ingleses y los qataríes. La OTAN desempeñó un papel directo en este dominio y se sabe que los franceses sobornaron a los grupos tuareg y contribuyeron a armarlos y a financiarlos durante la guerra de Libia. Además, Francia siempre ha manipulado a los tuareg y a los bereberes contra otros grupos étnicos con fines coloniales.

Además de esto, se están alimentando las tensiones entre Sudán y Sudán del Sur. La región sudanesa de Darfur y Somalia siguen siendo puntos conflictivos. Todo esto forma parte de un arco africano de crisis que se está utilizando para reestructurar África y demarcarla dentro de las fronteras del bloque occidental.

Silvia Cattori: No hubo protestas cuando a iniciativa del presidente Sarkozy Francia volvió después de 33 años de retirada al mando militar de la OTAN. ¿No es esto señal de que los ciudadanos ignoran que esta organización amenaza a la humanidad y que el hecho de que su país pertenezca a la OTAN implica su subordinación a la belicista política exterior de Washington y la pérdida de su soberanía?

Mahdi Darius Nazemroaya: Creo que lo que hizo Sarkozy al reintegrar a Francia en el seno del mando militar de la OTAN es en gran parte un reflejo de un consenso en el seno de la clase política francesa. Sé que en París muchas voces políticas lo criticaron, pero si hubiera habido una oposición categórica en el seno de la clase política, se hubiera podido hacer mucho más que hablar. Los miembros de la clase política francesa hoy pelean entre ellos para saber quién va a servir mejor a los intereses imperialistas y capitalistas en Washington y Nueva York. Y no lo hacen porque sean particularmente proestadounidenses, sino porque están al servicio del sistema mundial corrupto que sirve él mismo al capitalismo global desde su debilitado centro en Estados Unidos. Así, también necesitamos volver a evaluar qué es ser antiestadounidense, de dónde proviene en realidad este sentimiento y qué representa.

Amplios sectores de la elite europea occidental están al servicio de este sistema mundial porque sus propios intereses están invertidos en él y vinculados a él. Como Estados Unidos se está debilitando y está luchando por mantener su primacía mundial como centro del capitalismo, de la regulación y de la acumulación capitalistas, va a delegar cada vez más sus misiones imperialistas en países como Francia. También vemos más compromiso entre Estados Unidos y países aliados como Francia y Alemania. Se trata aquí de una descentralización dialéctica del poder de Estados Unidos que tiene el objetivo de reforzar la hegemonía del sistema mundial y mantener el imperio estadounidense por delegación. Hay que señalar que este sistema capitalista mundial está fragmentado en bloques, razón por la cual vemos rivalidades entre Estados Unidos, China y Rusia.

En general, la mayoría de los ciudadanos en muchas sociedades son cada vez más pasivos con relación a las decisiones de sus gobernantes y de sus dirigentes. Esto es un reflejo del creciente sentimiento de alienación, de indiferencia y de impotencia que ha transformado a los seres humanos en mercancías y en objetos. Forma parte del estrechamiento de la “jaula de acero” de la que hablaba antes en términos weberianos.

Silvia Cattori: En un principio Francia fue junto con Qatar el principal “padrino” de la desestabilización de Siria [3]. China y Rusia impidieron con sus vetos la adopción de una resolución de Consejo de Seguridad autorizando una intervención militar de la OTAN como en el caso de Libia. Pero podemos preguntarnos si los países de la OTAN y sus aliados árabes no están realizando su plan de desestabilización por otras vías. ¿Y cree usted que China y Rusia podrán contener a la OTAN de forma duradera mientras los países emergentes no tengan algo que decir ni los medios de imponer un verdadero multilateralismo en el Consejo de Seguridad?

Mahdi Darius Nazemroaya: En primer lugar, hay que ver que los acontecimientos en Siria forman parte de una guerra por intermediación llevada a cabo por Estados Unidos, la OTAN, Israel y las dictaduras árabes (Como Arabia Saudí) contra China, Rusia, Irán y sus aliados. En segundo lugar, cuando se consideran los acontecimientos de Siria desde un punto de vista internacional deberíamos considerarlos en términos de la Guerra Civil española que estalló antes de la Segunda Guerra Mundial. Del mismo modo, se pueden considerar los acontecimientos en Libia y en África, y quizá las invasiones anteriores de Afganistán e Iraq, en términos de la invasión de China por Japón o la invasión de Checoslovaquia por Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial. Esto no significa que Siria o estos acontecimientos sean necesariamente el preludio de una Tercera Guerra Mundial, pero tienen el potencial de iniciar un vasto incendio a nivel mundial (a menos que pensemos que todos estos acontecimientos ya forman parte de una Tercera Guerra Mundial)

Las tesis de Giovanni Arrighi sobre los ciclos sistemáticos de acumulación en el “sistema mundo” pueden ayudarnos a encontrar una base de reflexión. Su trabajo es importante porque puede ayudarnos a relacionar todo aquello de lo que estamos hablando en Siria y África en términos de “totalidad fragmentada” que constituye el sistema mundial. Los ciclos de acumulación estudiados por Arrighi se refieren a unos periodos de tiempo que se extienden unos cien años o más, durante los cuales el centro del capitalismo en el sistema mundial se sitúa en un punto geográfico o país dado. Sus tesis están muy influenciadas por la obra del sabio francés Fernand Braudel sobre la expansión del capitalismo. Para Arrighi estos centros de acumulación han sido los poderes hegemónicos del sistema mundial en expansión. En la última etapa de cada ciclo los capitalistas desplazan sus capitales desde estos centros a otros lugares y finalmente al nuevo centro del capitalismo que ha emergido. Así, cronológicamente el poder hegemónico del sistema mundial se transfirió de la ciudad-Estado de Génova a los Países Bajos, después a Gran Bretaña y finalmente a Estados Unidos. El desplazamiento geográfico del centro del sistema mundial se produjo en el curso de un periodo de crisis, al menos en el caso de los antiguos centros del capitalismo, y en un corto lapso de tiempo. Así, nos encontramos hoy ante la República Popular China. Lo que ocurre es que el centro del capital está a punto de salir de Estados Unidos. Si continúa la tendencia señalada por Arrighi, entonces el siguiente centro de acumulación capitalista del sistema mundial será China. Con todo, no hay que descartar otros escenarios, como una dirección global de todas las principales potencias capitalistas. Lo que quiero señalar al referirme a la obra de Arighi es que nos las tenemos que ver con un sistema capitalista mundial que incluye China y Rusia. Ni Estados Unidos ni China ni Rusia quieren perturbar este sistema. Compiten entre sí para convertirse en el centro de acumulación capitalista. Por eso ninguna de las partes quiere una guerra directa y por ello los chinos no han utilizado la deuda extranjera estadounidense para devastar la economía de Estados Unidos: China desea ver una transferencia ordenada del centro de acumulación desde Estados Unidos.

China y Rusia no cambiarán sus políticas respecta a la Siria o Irán, pero quieren evitar una guerra que perturbe el sistema capitalista mundial. Por supuesto, Estados Unidos trata de mantener su posición como centro del sistema mundial por medio de la fuerza bruta o implicando a sus aliados y vasallos en operaciones imperialistas, como en Mali y Libia.

Silvia Cattori: Dedica un largo capítulo (páginas 67-113) a la intervención de la OTAN en Yugoslavia. ¿Puede resumir para nuestros lectores a dónde iba a llevar esta guerra que desmembró un país y generó tanto sufrimiento?

Mahdi Darius Nazemroaya: El desmantelamiento de la República Federal Socialista de Yugoslavia a fue un paso importante para abrir las puertas a una expansión hacia el este de la OTAN y la Unión Europea. Abrió el camino a la marcha hacia las fronteras de Rusia y de la antigua Unión Soviética. La antigua Yugoslavia también era un obstáculo fundamental para un proyecto euroatlántico de la OTAN y de la UE en Europa. Además, la guerra de la OTAN en Yugoslavia permitió preparar la logística de las guerras en Afganistán e Iraq.

Silvia Cattori: Denis J. Halliday [4] escribe en el prólogo de su libro: “La OTAN solo lleva a la destrucción, la pobreza, la inseguridad y la miseria. Debe ser abolida”. Sabiendo que no existe ningún movimiento que se oponga a la guerra, que ONG como Amnistía Internacional, HRW, MSF, MDM están a favor de la injerencia militar de las grandes potencias como hemos visto en la antigua Yugoslavia, en Sudán, en Libia y en Siria, ¿qué se puede sugerir a la generación joven que busca la justicia y está deseando actuar para lograr un mundo mejor? ¿Qué pueden hacer concretamente los pueblos de europeos contra la maquinaria destructiva de la OTAN?

Mahdi Darius Nazemroaya: Como dije antes, hemos llegado a la situación que describía George Orwell en su novela 1984. Amnistía Internacional, Human Rights Watch y una gran parte de las ONG de la industria humanitaria son herramientas del imperialismo que practican el doble rasero. Las organizaciones de ayuda exterior son profundamente políticas y están muy politizadas, lo que no significa que las personas que trabajan para ellas sean malas personas que no quieren ayudar al mundo. Muchos de los trabajadores y voluntarios de estas organizaciones son buenas personas, no comprenden todos los hechos y tienen buena intención. El pensamiento del grupo institucional ha engañado a estas personas o las ha cegado. En una auténtica tarea de dedicación, habría que liberarlas de todos los prejuicios y de la desinformación con la que han sido alimentadas.

Los ciudadanos de los países de la OTAN tienen que trabajar para posicionarse e informar a sus sociedades respectivas sobre la OTAN, y finalmente influirlas para que se retiren de esta organización. Esto se puede hacer de diferentes maneras, pero empieza por entender qué es la OTAN y conocer la historia de esta sin censura alguna.

No soy una autoridad moral o un estratega. Me parece que mantenerse en el buen camino ya es un reto bastante difícil. No tengo derecho a pontificar sobre cómo deberían vivir los demás. Con todo, voy a expresar lo que pienso. En mi opinión, el mayor problema para muchas personas es que quieren cambiar el mundo a una escala demasiado grande sin afrontar los problemas inmediatos de sus propias vidas. Me parece que la mejor manera de cambiar el mundo es empezar dando pequeños pasos en nuestra vida diaria. Estoy hablando de “escala” y no de “cambio gradual” o de “ritmo”. Hacer un mundo mejor empieza por el entorno inmediato. El cambio empieza por uno o una misma y quienes están alrededor, tal como debería ser la caridad. Imaginemos que la mayoría de la gente lo hiciera: el mundo cambiaría en de pequeñas etapas que desembocarían colectivamente en un cambio monumental. Tampoco podemos hacer nada de todo esto sin paciencia y determinación, y vuelvo a insistir en que acción y conocimiento deberían ir unidos. No sé que más se podría decir con relación a esto.

Silvia Cattori: Al encajar las piezas del rompecabezas demuestra magistralmente en su libro cómo estas guerras en serie que se llevan a cabo con pretextos humanitarios se inscriben en una estrategia de “destrucción creativa” concebida por “los neoconservadores y sus aliados sionistas”, y cómo todas estas guerras están relacionadas (desde Yugoslavia a Afganistán, a Iraq y a Libia). Destacadas personalidades, como el antiguo Secretario General adjunto de la ONU Denis J. Halliday, autor del prólogo del libro, le dan toda la razón: en efecto, la OTAN es el principal peligro para la paz mundial. Pero usted sabe que en Europa, sobre todo en los países en los que, como Francia, las organizaciones judías tienen una fuerte influencia sobre los políticos y sobre los medios de comunicación, el hecho de denunciar las estrategia de los neoconservadores y de su aliado Israel [5] o de denunciar las revoluciones de colores es suficiente para ser catalogado de “teórico de la conspiración” y ser apartado del debate. En su opinión, ¿qué se puede hacer para cambiar esta desesperante situación?

Mahdi Darius Nazemroaya: Mi experiencia (en Canadá) es diferente. Nunca se me ha calificado de teórico de la conspiración. Creo que la censura de los medios de comunicación y el desprecio sistemático son tácticas clave que se utilizan contra aquellas personas que ponen en entredicho el relato dominante o las opiniones que enuncian las fuerzas hegemónicas que dominan la sociedad. El objetivo de criminalizar a determinadas personas o grupos con el calificativo de “teóricos de la conspiración” es desacreditarlas y neutralizarlas, lo que se suele producir en cuanto logran llamar relativamente la atención y también cuando tienen además algunas ideas erróneas que se pueden ridiculizar y relacionar con sus posturas. No obstante, aquellas personas que se ven calificadas de teóricas de la conspiración no deberían permitir que esta acusación les disuada de mantener sus posturas y seguir dirigiéndose a la gente. En última instancia, la criminalización es una de las tácticas utilizadas para reprimir los puntos de vista y reflexiones “molestas”.

Los grupos y lobbies sionistas tienen una presencia fuerte y desproporcionada tanto en el dominio político como en los medios de varios países, pero hay que reconocer que no son homogéneos ni son los únicos factores influyentes. Forman parte de un bloque de intereses para el que es fundamental impedir que un discurso crítico haga mella en las fuerzas hegemónicas que dominan hoy en día la sociedad. No todos los lobbies sionistas están vinculados a Israel. A veces un grupo sionista trabaja para introducir e imponer en Israel proyectos externos. Las motivaciones de estos grupos no son todas las mismas, pero forman parte del programa dominante que ha difundido lo que los destacados sociólogos Giovanni Arrighi e Immanuel Wallerstein han denominado el “sistema mundo” [o “economía mundo”].

En mi humilde opinión, lo más importante es ser escuchado. Internet y las redes sociales han contribuido a este proceso. Creo que para ser escuchado también es importante proponer unos análisis rigurosos y bien articulados. Es una tarea difícil y que forma parte de un proceso cultural más amplio que implica educación y reeducación. Las fuerzas hegemónicas de la sociedad solo pueden ser modificadas estableciendo nuevas corrientes de pensamiento que puedan desafiar su hegemonía. La crítica tampoco es suficiente, hay que articular y ofrecer una alternativa y un programa mejor. Pensamiento y acción también tiene que estar unidos como parte de un proceso de praxis.

Silvia Cattori: ¿Se va traducir su libro al francés? ¿Ha tenido una cobertura mediática que le permita llegar al gran público?

Mahdi Darius Nazemroaya: Una editorial de Francia iba a traducir el libro al francés en tres volúmenes, pero desgraciadamente el proyecto se quedó en nada. En una época en la que van reduciéndose los periodos de atención pocas personas están interesadas en leer un libro de 400 páginas. Los grandes medios le han dedicado muy poca atención. Hace algunos meses Le Monde diplomatique en París contactó con mi editor en Estados Unidos y con la editorial que distribuye en Gran Bretaña para pedirles un ejemplar. No sé si Le Monde diplomatique tiene verdaderamente intención de hacer una reseña de un libro tan crítico y, a decir verdad, tampoco me preocupa demasiado.

El libro ha tenido algunas buenas críticas que afirma que es un libro imprescindible. También está ganando popularidad en universidades y facultades. Hay ejemplares del libro en las bibliotecas de instituciones como la Universidad de Harvard y la de Chicago. En la Haya también hay un ejemplar del libro en la prestigiosa colección de la Biblioteca del Palacio de la Paz de los Países Bajos que contiene referencias y libros especializados en derecho internacional. En Amazon de Reino Unido está clasificado como uno de los mejores libros sobre la OTAN y creo que está empezando a ir bien.

(*) Mahdi Darius Nazemroaya es un sociólogo interdisciplinar, autor premiado y conocido analista político. Es investigador del Centre de recherche sur la mondialisation de Montréal, colaborador experto del Strategic Culture Foundation de Moscú y miembro del Comité científico de la revista de geopolítica Geopolitica, en Italia.

Véase igualmente (en inglés) sobre su obra The Globalization of NATO: http://www.silviacattori.net/article4005.html http://www.silviacattori.net/article3834.html http://www.silviacattori.net/article3780.html

Notas:

[1] Se publicó primero con el título de «La mondialisation de l’OTAN» y después se cambió a «La mondialisation de la puissance militaire: l’expansion de l’OTAN». El artículo se tradujo a varias lenguas, incluido el árabe por el canal qatarí de información Al-Jazeera. Véase también en castellano: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51916.

[2] La “jaula de acero” (o “jaula de hierro”) es un concepto sociológico introducido por Max Weber que se refiere a la cada vez mayor racionalización de la vida social, en particular en las sociedades capitalistas occidentales. Así, la “jaula de acero” atrapa a los individuos en unos sistemas basados únicamente en la eficacia, el cálculo racional y el control.

[3] Véase: «Gérard Chaliand dit quelques vérités sur la Syrie»: http://www.silviacattori.net/article3350.html «Syrie: Les victimes de l’opposition armée ignorées»: http://www.silviacattori.net/article3416.html

[4] Gran parte de la vida profesional del irlandés Denis J. Halliday transcurrió en las Naciones Unidas implicado en acciones de ayuda humanitaria. En 1997 fue nombrado Secretario General adjunto de las Naciones Unidas y director del programa humanitario de estas en Iraq. Un año después y tras 34 años de servicio en el seno de las Naciones Unidas, Halliday anunció su dimisión debido a las sanciones económicas impuestas a Iraq, que él calificó de “genocidio”. En 2003 recibió el Premio Internacional Gandhi de la Paz. Desde que abandonó las Naciones Unidas Denis Halliday ha participado activamente en varias acciones contra la guerra y los crímenes contra la humanidad. Actualmente es miembro de la Iniciativa de Kuala Lumpur para “criminalizar la guerra”.

[5] Por ejemplo, en Francia Olivia Zemor, Nicolas Shahshahani y Dominique Vidal acusaron en el año 2003 al escritor Israël Shamir de antisemitismo por haber afirmado que Israel y el “lobby judío” en Estados Unidos habían desempeñado un papel fundamental en el inicio de la guerra contra Iraq, que llevaría al derrocamiento del régimen de Sadam Husein (uno de los últimos dirigentes árabes que se negaba a reconocer el Estado judío de Israel) y al desmembramiento de Iraq para garantizar la “seguridad de Israel”.

Fuente: http://www.silviacattori.net/article4308.html

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“Pancho Villa era comunista sin saberlo, en 1913 expropió las tierras y fábricas de Chihuahua”. Por: Mario Casasús

La cabeza de villlaEn entrevista con Clarín.cl Pedro Salmerón Sanginés (1971), doctor en historia por la UNAM, habla de su primera novela La cabeza de Villa: “La discusión de los personajes es imaginaria, pero lo que no es imaginario es la vinculación de Lorenzo Ávalos con el Agrarismo Rojo de la década de 1930 y con la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas. El general Lorenzo Ávalos participó en la recuperación de la tierra en 1913, dos décadas después fue asesor de Lázaro Cárdenas en la Reforma Agraria. No sé si hay un afán reivindicativo en mi novela, reivindico al Villismo en mi libro: La División del Norte (2006), en mis artículos de La Jornada y en conferencias como historiador, hablo del Villismo como proyecto revolucionario, hablo del Ejército Villista como Ejército popular”.

Autor de varios textos académicos y libros sobre historia de México: La División del Norte (2006), Juárez, la rebelión interminable (Planeta, 2007) y Los carrancistas (2010), por citar sus investigaciones más recientes. El historiador Pedro Salmerón es catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y colaborador del periódico La Jornada.

En su debut como novelista, Pedro Salmerón confiesa: “Lorenzo Ávalos Puente es el pretexto para contarnos una ficción, pero sus pasiones, sus pulsiones, sus vicios, sus defectos, sus andanzas tienen mucho más que ver conmigo que con Lorenzo Ávalos. Los que lean mi novela nunca olvidarán que Lorenzo Ávalos fue Villista, que alcanzó el grado de general de la División del Norte, que después acompañó a Francisco Villa a Canutillo y fue el vínculo entre el Villismo, el Agrarismo de Lázaro Cárdenas y el comunismo mexicano, por lo tanto Lorenzo Ávalos Puente conecta la izquierda que somos con la revolución mexicana que nos gusta: la de Pancho Villa y Emiliano Zapata”. La cabeza de Villa (Planeta, 2013) se presentará en la Semana Negra de Gijón.

MC.- Pedro, llevas años investigando la División del Norte encabezada por Pancho Villa y al Ejército de Venustiano Carranza. ¿Las tropas revolucionarias se quedaron revoloteando en tu cabeza al punto de llevarlas a la ficción?

PS.- Muchas de estas historias son muy épicas, a veces increíbles, y te las tienen que volver a contar porque sólo queda un relato vago, una crónica, un recuerdo, entonces había que darle un cuerpo a las historias épicas. Yo siempre he sido un lector de narrativa y lo que más me gusta son las historias épicas, la literatura erótica, las sagas policíacas y la novela de aventuras, yo nací a la lectura con las novelas de aventuras, con Emilio Salgari y con Alejandro Dumas. En la revolución mexicana existen aventuras que dejan pálidas a las historias de los tres mosqueteros o los piratas de la Malasia. De alguna manera con mi novela quería contar la misma historia de la revolución pero de otra forma, esto es ficción, le doy vuelo a la imaginación y cuerpo a esta épica que merecía ser contada.

MC.- ¿Cuál fue el detonante de tu novela?

PS.- Un hecho histórico: en febrero de 1925 un grupo de desconocidos profanó la tumba de Pancho Villa, se robaron la cabeza del revolucionario. La profanación detonó el recorrido del general Lorenzo Ávalos Puente para encontrar a los responsables.

MC.- Cada capítulo comienza con la frase: “El general Lorenzo Ávalos Puente…”, y los tres preludios los dedicas a “María Eugenia”. ¿Cómo elegiste los recursos literarios para armar la estructura de la novela?, ¿dejaste de lado tu metodología de historiador?

PS.- Esta novela salió sola. Cuando yo escribo historia hago un proyecto muy claro, no hay libro de historia sin un proyecto previo, necesitas un capitulado, una ruta de viaje que vas rellenando en la investigación, durante el proceso historiográfico vas cambiando de capitulado y de ruta, generalmente cuando terminas la investigación y comienzas a escribir ya sabes qué dirás en cada capítulo, ya estructuraste el libro en tu cabeza, ya dedicaste tal porcentaje para contarlo de esta forma. Cuando escribes ya tienes perfectamente la estructura, como un buen historiador, los que aprendimos bien –porque la historia se aprende, no te nace en la cabeza-, después de investigar los historiadores siempre sabemos qué queremos escribir; sin embargo: si ya sabes qué quieres decir antes de investigar no eres historiador, eres un ideólogo o un panfletario.

Mi experiencia con esta novela es bien distinta, sabía dónde empezaba, pero no tenía claro hasta dónde quería llegar, se fue escribiendo sola, caminó fluidamente, incluso “María Eugenia” no aparece en la primera versión de la novela, no existía en una primera versión que no me dejaba satisfecho, dejé descansar el manuscrito un año, a diferencia de mi trabajo como historiador: cuando termino un libro lo entrego de inmediato; aquí fue distinto, dejé reposar la novela, la volví a escribir, se me apareció “María Eugenia” y encontré en ella al verdadero protagonista del relato, a partir de ella se fue armando, no sabía quiénes entrarían en la novela, de pronto apareció Juan B. Vargas.

MC.- El general Lorenzo Ávalos entró en un debate imaginario con los comunistas de Veracruz para darse cuenta que su Jefe, Francisco Villa, fue comunista, agrarista y revolucionario. ¿Escribiste la novela con un afán reivindicador?

PS.- La discusión de los personajes es imaginaria, pero lo que no es imaginario es la vinculación de Lorenzo Ávalos Puente con el Agrarismo Rojo de la década de 1930 y con la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas. El general Lorenzo Ávalos participó en la recuperación de la tierra en 1913, dos décadas después fue asesor de Lázaro Cárdenas en la Reforma Agraria, el revolucionario tenía la experiencia, retomé lo que decimos en el norte de México: “ Francisco Villa era comunista sin saberlo, en 1913 expropió las haciendas, las fábricas y los bienes de la administración pública de Chihuahua, toda esa riqueza confiscada se puso al servicio de la revolución”. No sé si hay un afán reivindicativo en mi novela, reivindico al Villismo en mi libro: La División del Norte (2006), en mis artículos de La Jornada y en conferencias como historiador, hablo del Villismo como proyecto revolucionario, hablo del Ejército Villista como Ejército popular; si apareció un guiño Villista fue porque lo traigo muy adentro.

MC.- El capítulo “Martes de carnaval” es una orgía literaria, en la novela destaca el tono erótico y sin tabú describes la homosexualidad de algunos revolucionarios…

PS.- En la guerra hay menos mujeres que hombres; recuerdo La sombra del Águila (1993) de Pérez Reverte, por el personaje abiertamente homosexual que está perdidamente enamorado de su capitán durante la expedición napoleónica a Rusia. Por eso escribí una ficción, algunas personas me han criticado, dicen que soy un académico serio, que no debería escribir sobre ese erotismo en tiempos de la revolución. Escribí la novela como se me dio la gana (risas), para bien o para mal, espero que mi siguiente novela sea mejor.

MC.- Leí, en twitter, tu crítica a la novela: “Imperio” (2012). ¿Por qué Héctor Zagal no tendría derecho de recurrir a la licencia narrativa para contar el Imperio de Maximiliano?

PS.- Zagal puede inventar lo que quiera cuando escriba narrativa, lo que critico en mis artículos de La Jornada es la mentira de los “Falsificadores de la historia”, por ejemplo, cuando critico a Zunzunegui jamás hago referencia a su trilogía de novelas, cuando yo sea crítico literario diré que están muy mal armadas, que son maniqueas y aburridas, que no le creo a ninguno de sus personajes, si quiere que diga misa sobre el cura Miguel Hidalgo si es una novela; lo que critico de Zunzunegui son las mentiras en sus supuestos libros de “historia”.

Lo que puedo criticar de la novela Imperio (2012), es que Héctor Zagal se escuda en la ficción para escribir un panfleto nauseabundo, no tiene ninguna fuerza como novela, tendría que estar previamente enamorado del Emperador Maximiliano para disfrutar la novela de Zagal, tramposamente se escuda en la ficción para hacer libelos ideológicos, es lo que hace sistemáticamente Francisco Martín Moreno. Te puedo decir que no me gusta históricamente la novela Noticias del Imperio (1987) de Fernando del Paso, pero me parece una obra muy bien tramada. Por ejemplo: si yo hubiera vivido en la revolución francesa seguramente hubiera sido revolucionario, no un partidario del Rey, pero Los tres mosqueteros (1844) es la mejor novela que conozco sobre el tema, aunque los personajes son absolutamente leales al Rey, Athos y Aramis son aristocráticos, desprecian profundamente al pueblo, son políticamente inaceptables, pero la ficción de Alejandro Dumas es fabulosa y la novela está muy bien armada.

MC.- Eres autor del libro: “Juárez, la rebelión interminable” (2007), ¿escribirás una novela sobre la gente que acompañó al Presidente Benito Juárez?

PS.- Juárez era la bandera de “los chinacos”, del pueblo que hizo de este país una República; Juárez tiene muchos defectos y errores, como todos los políticos y como todos los hombres. Antes de escribir la novela sobre “los chinacos” tiene que venir una novela sobre la guerra contra los gringos, pero no lo sé, hay algunas ideas en mi cabeza, ya veremos.

MC.- ¿Discutiste el manuscrito de tu novela con Paco Taibo II?

PS.- No. Con Paco Taibo tengo mucha cercanía, somos amigos, hemos trabajado juntos, le debo muchas cosas: la forma en que Planeta me abrió las puertas al publicar La División del Norte (2006), le debo el trabajo que hacemos al promover la lectura y la cultura con la Brigada para Leer en Libertad, sin Paco Taibo no me hubiera acercado al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y se lo agradezco porque ahora soy parte de un proyecto político. Pero no quise discutir mi novela con Paco Taibo, con ningún narrador, se la di a leer a tres personas, si no les gusta mi novela no culpen a Paco Taibo (risas), aunque aparece un personaje de Paco Taibo en mi novela, los que sean lectores de novelas históricas encontrarán a varios personajes de otros narradores.

MC.- En la novela “Hidalgo” (2009) de Eugenio Aguirre, aparecen Paco Taibo y Arturo Pérez Reverte como actores de reparto…

PS.- Aquí aparece un personaje de la novela que más me gusta de Paco Taibo.

MC.- ¿Por qué la mayoría de los personajes son imaginarios y la minoría son personajes históricos?

PS.- Porque es parte de la reivindicación, no quise utilizar el recurso clásico de la novela histórica: el protagonista imaginario rodeado de personajes que sí existieron. Lorenzo Ávalos Puente es el pretexto para contarnos una ficción, pero sus pasiones, sus pulsiones, sus vicios, sus defectos, sus andanzas tienen mucho más que ver conmigo que con Lorenzo Ávalos. Los que lean mi novela nunca olvidarán que Lorenzo Ávalos fue Villista, que alcanzó el grado de general de la División del Norte , que después acompañó a Francisco Villa a Canutillo y fue el vínculo entre el Villismo , el Agrarismo de Lázaro Cárdenas y el comunismo mexicano, por lo tanto Lorenzo Ávalos Puente conecta la izquierda que somos con la revolución mexicana que nos gusta: la de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Tenemos que recordar que nuestros abuelos tienen nombre y apellido.

MC.- Finalmente, debido al interés de los lectores latinoamericanos por Francisco Villa y por la novela de la revolución, ¿tu libro saldrá de México?

PS.- Me invitaron a la Semana Negra de Gijón. El nuevo coordinador de la Semana Negra, Ángel de la Calle, me extendió la invitación. Los lugares donde presenté mi novela estuvieron relacionados con la revolución: Torreón, Durango, Chihuahua, México DF y Tamaulipas, habrá que llevarla a Veracruz. Por otra parte, tendrías que preguntarle a los editores de Planeta si mi libro será exportado a Latinoamérica, me encantaría regresar a la Feria del Libro de Buenos Aires, uno escribe y el libro comienza su propia historia.

Fuente: www.elclarin.cl

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“Dar al término ‘mujer comprometida’ toda su amplitud poética”. Por: Bettina Ghio y Naima Di Piero

carmen castilloEntrevista con la realizadora Carmen Castillo

En esta entrevista, la realizadora chilena y antigua militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Carmen Castillo, relata su experiencia militante en los años setenta en Chile, bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Nos cuenta su reflexión sobre lo que significa militar como mujer, y sobre lo que ello ha podido representar en esos años revolucionarios.

En tu película “Calle Santa Fé1 toman la palabra muchas mujeres. Militantes del MIR2, mujeres víctimas de tortura, o que han perdido allegados, mujeres periodistas y comprometidas en el movimiento social, etc. ¿Qué representaba el hecho de ser mujer y militante en el Chile de los años setenta?

En América Latina, en los años sesenta y setenta, era algo normal militar desde la adolescencia, éramos conscientes desde muy temprano de las necesidades de los demás, dábamos así los primeros pasos del compromiso político. Después venía el compromiso en las organizaciones y movimientos revolucionarios. El MIR nació en los años sesenta, en Chile, a la vez del movimiento estudiantil, donde el papel de las mujeres era muy importante, y del movimiento popular, sobre todo de “Los pobladores sin casa”, gentes que llegaban a las grandes ciudades y no tenían vivienda. Las mujeres tuvieron un papel extraordinario dentro de este movimiento porque, aunque la presencia masculina era más fuerte entre los campesinos, fueron las mujeres quienes llevaron a cabo el trabajo de alfabetización en el sur del país. En cierta manera, comprometernos en un movimiento nos parecía algo evidente. No nos planteábamos la cuestión de si éramos mujeres y militantes, todos éramos militantes: hombres, mujeres, jóvenes, obreros, campesinos, indígenas, etc. La especificidad de lo que implicaba ser mujer vino mucho más tarde, como una reflexión dentro del Movimiento. Diría incluso que vino con la clandestinidad, porque en la clandestinidad nosotras, las mujeres, tuvimos papeles bastante específicos, ya que la mayor parte de los hombres estaban detenidos y nos tocó a nosotras ponernos a la cabeza de las organizaciones sociales. Así, las primeras reacciones frente a la dictadura fueron los colectivos de mujeres: de madres, de esposas y hermanas que buscaban a los prisioneros, a los desaparecidos. Después vinieron las nacidas entre la población para organizar el auxilio popular, organizaciones que tuvieron un gran desarrollo en los años noventa, aunque ya en los años setenta estos primeros pequeños colectivos y comités estaban compuestos sobre todo de mujeres, que desempeñaban el papel de agentes de enlace o de cobertura.

Pero el verdadero momento de reflexión sobre la condición de mujer en el seno de una organización militante vino con la tortura y los campos de internamiento. En el encarcelamiento comenzó la reflexión sobre la especificidad de la tortura infligida a las mujeres. Después de la persecución y la represión de las y los militantes en Chile, después de la derrota seguida de la marcha al exilio, llegó a Europa un gran número de mujeres militantes. Estaban solas, la mayor parte con niños pequeños, habían salido de las prisiones y de las casas de tortura clandestinas; se encontraron entonces con los movimientos de mujeres revolucionarias de Europa –hablo sobre todo de París– y podría decirse que en ese momento comenzó un verdadero trabajo de reflexión colectiva sobre la especificidad de las mujeres y el militantismo.

Después de haber superado la muerte de tu compañero y dirigente del MIR, Miguel Enríquez, bajo la dictadura de Pinochet, dices en tu película que “aquel día, dejé de vivir para comenzar a existir”. Exiliada a la fuerza, decidiste continuar en la distancia la revolución emprendida por tu organización política. ¿Lo que comenzaba aquel día era una existencia a partir de una nueva concepción de tu condición de mujer y del compromiso militante?

Hay dos momentos en “Calle Santa Fé”, el momento de la muerte de Miguel y el final de mi vida de mujer libre no fue, en absoluto, el momento en que pasé de la supervivencia a la existencia. Aquel momento fue la ruptura total y el fin de mi vida de mujer libre, enamorada, comprometida, con un cuerpo, un alma, pensamientos, una articulación,… podríamos decir. Fue entonces cuando fue hecha prisionera, después expulsada, y llega el exilio. Hablo de un tiempo bastante largo, en el que la vida de superviviente –hablo de mí, aunque creo que hablo también de mis amigas– era un punzón peligroso, terrible, porque la condición de víctima no produce pensamiento sino que se sufre… se sufre a la vez que se dice que hay que desarrollar el trabajo de la solidaridad y denunciar el régimen de Pinochet. Como “miristas”, teníamos grandes escollos para denunciar, porque éramos una organización armada que resistía a Pinochet con las armas en la mano, y había que explicar por tanto para qué servían las armas, en qué contexto, etc. Para poder ser comprendidas por las organizaciones de perseguidos y de desaparecidos, por Amnesty International y por otras ONG que se ocupaban de ellos, teníamos que hablar de “resistencia”. Esta responsabilidad implicaba por tanto callarse sobre muchas cosas y no dejar lugar al dolor. Teníamos que ser firmes, aguantar, hablar, hacer discursos y, evidentemente, como debíamos estar a la altura de este compromiso de representación, todo lo relacionado con la culpabilidad, la supervivencia, la usurpación y la ilegitimidad estaba muy presente entre nosotras.

Ahora bien, el momento en la película en que hablo de “pasar de la supervivencia a la existencia” es el momento en que, mucho tiempo después, me reencuentro de nuevo con la política, la política donde hoy estoy. Es la ausencia de política lo que mata y lo que en cierta manera lleva al suicidio, a una situación de angustia absoluta. Si no puedes ser mujer y militante a la vez, revientas, te suicidas. Había que llevar por tanto el combate al interior del movimiento para que pudiéramos ser consideradas como mujeres, con todo lo que esto implica: madres, seres humanos que sufren, que lloran, que están en verdad afectados por la dictadura, por la muerte, y por otra parte continuar haciendo política, no simplemente el ritual del exilio –del ghetto exiliado nostálgico– porque eso solo puede ser mortífero. Como mujeres, tuvimos que pasar por todo lo que habíamos sufrido específicamente y preguntarnos cómo podríamos salir de ello y cuál era nuestra responsabilidad en ese momento fundamental –hablo como militante– del combate contra el culto a la muerte y al sacrificio, puesto en marcha por la lógica del torturador.

Esto representó diez años de vida y de combate que nos permitieron participar en las experiencias nacidas en América central, en París y en Italia, es decir, nuestra cabeza se puso a funcionar. Por “existencia” quiero decir simplemente tomar conciencia –de nuevo– de poder ser una mujer militante, no importa dónde, porque no todo se juega en el compromiso clandestino o armado, que es sólo un momento, por importante que sea.

¿Qué influencia tuvieron para una mujer chilena comprometida, como tú, los movimientos feministas emergentes en Francia en los años setenta?

El encuentro con el Mouvement Féministe Révolutionnaire [Movimiento Feminista Revolucionario], y en particular con todas esas mujeres de mi generación, fue esencial para nosotras. Yo pasé de la supervivencia a la vida, y de la vida a la existencia, porque me encontré con estas mujeres francesas y estas mujeres de la Resistencia, mayores que yo, con quienes podía discutir de las experiencias que había vivido. Me decían, por ejemplo: “también nosotras quedábamos embarazadas”, porque en situaciones en las que la vida es tan intensa –porque la muerte te acompaña de forma permanente, hasta el punto de que ya no se piensa en ella, sino que la intensidad de la vida es tan fuerte que ocupa todo el espacio mental y vital– no hay lugar para las pequeñas cosas, para los desfallecimientos. Todo está arbitrado por algo muy vital, por una especie de energía solar y precisamente en esos momentos una se queda embarazada. ¿Es una locura? Sí…, nos decían que era una locura, porque estábamos en la clandestinidad; pero nosotras no queríamos en absoluto sacrificar nuestro deseo de mujeres enamoradas de tener hijos. Ahora bien, si la organización no respondía, nos tocaba a nosotras organizarnos y lo mismo ocurrió a las mujeres de la Resistencia en Francia. Mis reflexiones sobre todo lo que habíamos vivido en la clandestinidad y frente a la dictadura me vinieron justamente del contacto con estas mujeres.

También estaban las mujeres de mi generación, e incluso más jóvenes, que se reunían en las grandes AG [Asambleas Generales] en Jussieu o en grandes fiestas en el Bataclan, mujeres con la experiencia militante de Mayo 68 que continuaban militando en el “Comité Chile”. El “Comité Chile” era un lugar de gigantesco compromiso político en Francia, había 600.000 personas organizadas, entre ellas una gran cantidad de mujeres que eran feministas y se planteaban de otra manera la cuestión de la violencia. La reconstrucción del espacio íntimo en política nos llegó de este encuentro; nos hicimos feministas, evidentemente, pero no combatíamos sólo por el aborto o la igualdad de oportunidades, peleábamos cotidianamente dentro mismo de la organización revolucionaria para ocupar espacios. La luz debía venir de nosotras mismas, del interior y colectivamente; así, por ejemplo, nació el “Proyecto hogares3, que tal vez pudo ser una “gran aberración” –no lo sé– aunque era un proyecto para responder al problema del cuidado de nuestros hijos.

Suele decirse que el siglo veinte fue el de la feminización de las sociedades occidentales; pero desde hace algún tiempo se viene hablando, sobre todo en la sociedad francesa, de que la condición de las mujeres se deteriora. ¿Qué piensas de eso?

Convertirnos en militantes y revolucionarias significa que nuestros compromisos se juegan en cada momento y en la acción; nada está ganado de antemano, la libertad es un acto que se hace, no es un regalo ni una conquista para siempre. A mí, personalmente, no me sorprende que haya que seguir peleando; es desesperante hasta qué punto la manipulación del poder hace que se vuelva atrás: se revisan leyes, se revisan fases, se nos culpabiliza; este desaliento, esta rabia, nos empuja a continuar de una manera cada vez más lúcida. Creo que hoy se nos requiere –a los jóvenes, pero también a nosotras– mantener una lucidez implacable. El Chile de los años setenta era más fácil de comprender: una dictadura aplastaba todos nuestros derechos, nuestras leyes, incluidas los de las mujeres.

Chile era un país –o todavía lo es, no lo sé– donde la mujer ocupaba ya un lugar muy particular en la sociedad, en comparación con otros países latinoamericanos. En los años ochenta, las mujeres estaban en primera línea de la resistencia, en todos los sectores. Llegó la democracia y nos volvimos a encontrar encerradas en el papel tradicional, y sobre todo en el terrorífico papel de consumidoras. En una sociedad donde hay que pagar la educación y la salud, donde todo el espacio de lo imaginario está ocupado con el slogan “hay que triunfar”, el lugar de las mujeres está completamente ahogado, porque al mismo tiempo tiene que proporcionar a los niños el máximo. Las condiciones de trabajo son terribles en todos los sectores, incluso en la clase media, y ese deseo tan sencillo de dar a los niños salud y educación no se puede alcanzar sin endeudarse. Ni siquiera encontramos el momento para discutir entre nosotras, para llevar a cabo acciones, la sociedad chilena se ha vuelto completamente retrógrada, hipócrita y sobre todo muy burguesa. Aunque es un problema mundial, porque en todas partes existe el riesgo de perder nuestras conquistas, como le ocurre hoy también al movimiento sindical y a los trabajadores en general. La urgencia es tanto mayor porque ya no sabemos qué hacer, yo no tengo respuestas. Según mis convicciones, creo que no podemos detenernos y habría que pensar en formas de participación colectiva para que nuestros deseos circulen y la transmisión de mi generación a la vuestra se haga de la manera más directa.

Calle Santa Fe

En “Calle Sante Fé” dices: “Como mi vida ya no corría riesgo, debía consagrarme al trabajo militante. Testimoniar sin cesar. Ya no llegaba a ser madre”. Muestras aquí la dificultad de conciliar el militantismo con el “papel tradicional” de madre. Varias mujeres del MIR se separaron de sus hijos para dedicarse mejor a construir un cambio social. ¿Cómo has vivido esta toma de decisión? ¿Crees que militar impone obligaciones más difíciles a las mujeres que a los hombres?

Las mujeres, la maternidad y la militancia… es el gran tema que apenas he mostrado en mi película. Hace algunos años, uno de nuestros hijos me planteó la cuestión: “¿cómo es que nos dejasteis?”. La cuestión de la maternidad y la militancia ha sido planteada por la generación de hoy, y el terremoto emocional que nosotras hemos vivido –que he vivido con esta conciencia que me viene de mi hija– es enorme, porque aunque esto debería haber sido igual para los padres, desgraciadamente no fue así.

A final de los años setenta, cuando pusimos en marcha el “Proyecto Hogares”, para dar una respuesta colectiva de la organización a la cuestión de la familia, de los hijos y de cómo criarlos, la revolución estaba en su punto álgido y decíamos entonces: “somos madres y no queremos ser excluidas del compromiso militante, queremos volver a Chile para recuperar lo que nos pertenece y que no sean sólo los hombres los que respondan a la llamada”. Por tanto, este proyecto no fue promovido en absoluto por una dirección masculina. ¿Se refería a eso? Con todo lo que ha pasado después, me siento tentada a contestar que “no”, pero no serviría de nada; en cambio, hay que situarse en el contexto en que estábamos, porque estábamos con dignidad, dolor y una profunda convicción de habernos unido a la lucha clandestina, que se encontraba en una fase importante.

Para nosotras, dejar a nuestros hijos era un gesto necesario, pero no los abandonamos: los dejamos a todos juntos, para poder pasar dos años construyendo una estructura de resistencia a la dictadura militar. Los confiamos a hombres y mujeres militantes que los cuidaron, primero en Bélgica y después en Cuba. Después llegó la derrota y para muchos de estos niños, llegó también la muerte de uno o de los dos padres… y el abandono para siempre.

¿Qué puede hacerse con ello a la luz del presente? Es fácil decir… “todo eso para nada” –como nos reprochan hoy nuestros hijos. Nos reprochan haberles abandonado, sin que nuestra lucha hubiera impedido que la sociedad chilena se convirtiera en una sociedad ultraliberal. Nuestra actitud es procurar ser lo más honestas posible y abrazar a nuestros hijos y decirles: “veo el horror que he cometido”. En aquel momento, interiormente, yo no tenía elección y este desgarro sólo lo hemos vivido las mujeres. Es nuestra relación con los hijos, habría que cambiar toda la sociedad para que sea de otra manera –tal vez hoy día un hombre se sentiría como nosotras entonces, tal vez se haya podido mover algo en ese sentido. En aquella época, sólo nos afectaba a las mujeres, y nosotras solicitamos que hombres jóvenes se quedasen también con los hijos, para enseñarles el papel de padre y de madre al mismo tiempo. De esta forma, no fueron sólo mujeres mayores sino también muchos hombres jóvenes militantes quienes se dedicaron a esta tarea, porque quedarse con estos niños era también un espacio de militancia política en la organización, durante los cuatro años que duró.

Pero cuando en “Calle Santa Fé” digo esta frase, estoy diciendo otra cosa muy distinta, porque en aquella época, yo personalmente, no estaba del todo en la realidad. La frase hace más bien referencia a una “ilusión”, a ese estado particular de cualquier mujer que acaba de perder al hombre de su vida, a su bebé y donde todo se ha hundido para ella. Esta incapacidad de ser madre, en mi caso personal, no estuvo determinada –como para otras mujeres– por la decisión definitiva de volver al país clandestinamente, sino por esa especie de indecisión, esa capa de cosas confusas que forman la ilusión de ser una militante libre y a la vez una mujer libre y todo eso hace que no puedas ser madre, por tanto era más bien una cuestión personal.

En lo que se refiere a nuestros hijos nacidos aquí, en el exilio, es verdad que hubo una transmisión que pudo ser demasiado cargada, vinculada al sueño de volver al país, al país soñado. Colectivamente como organización, sólo ahora nuestros hijos tienen un lugar; en los años noventa, hubo el movimiento H.I.J.O.S.4 en Chile y sobre todo en Argentina, en el que los hijos de los desaparecidos reclamaban justicia y verdad. Una gran parte de la transmisión viene de ahí, pienso que hemos fracasado en nuestro papel de transmisión, bien por hacerla de manera demasiado aplastante y nostálgica, o porque se hizo en el silencio absoluto o nublado por la culpabilidad, por la derrota y por el abandono. Hay tantas transmisiones como personas militantes que transmiten, pero es una evidencia para mí que los jóvenes exigen de nosotras respuestas a estas cuestiones.

En octubre de 2004, en una reunión que antiguos militantes del MIR habían organizado en la universidad ARCIS en Santiago de Chile –con distintos talleres de discusión sobre temas que habían marcado nuestra militancia– en el taller “Mujeres”, una mujer joven planteó la cuestión: “¿y para vosotras, madres y militantes, qué es la maternidad?” Esto quiere decir que para nosotras esta cuestión no había pasado todavía del estado de sufrimiento al estado de conciencia. Para nosotras lo esencial era decir: estamos verdaderamente en la vida, si deseamos, hay que tener hijos. Esto parecía tan natural que no habíamos asumido efectivamente toda la dimensión de lo que hacíamos. ¿Por ello no deberíamos haber tenido hijos? No lo creo, no. Creo que el deseo de tener hijos es bastante misterioso. En cambio, lo que debemos exigir de la organización o de cualquier pequeño colectivo, es aceptarnos tal como somos. Si una es madre, eso significa no obligar a una militante que no quiere dejar a su bebé a partir clandestinamente a Chile, que tanto una decisión como la otra sea considerada totalmente legítima, que no existe esta “moralización” del papel de madre, pero que tampoco haya desconsideración del tiempo que ocupa en el espacio mental. Nos toca vivirlo primero a nosotras, porque la sumisión inconsciente que hicimos y transmitimos por las madres a los hijos jóvenes, es uno de los temas siempre presentes hoy día: lo que se les pide respecto a nosotras, como madres, respecto a una mujer simplemente. Hay que estar muy atentas porque a veces nosotras mismas vehiculizamos comportamientos masculinos o femeninos estereotipados, como gestos habituales.

También muestras en tu película el deseo de “encontrar, aunque sea por un instante, la ilusión de una vida de mujer y de militante. ¿Cuál es esta ilusión? ¿La has cumplido a lo largo de tu vida? ¿De qué forma?

Creo que he tenido una vida cumplida de mujer y de militante. Cuando hablo de ilusión, quiero decir que inventamos prototipos allí donde estamos. En los años sesenta, yo estaba en la universidad, después a la puerta de las fábricas, más tarde en el MIR, más tarde como agente de enlace, después en los colectivos de apoyo a Chile. Era siempre militante, por la sencilla razón de que nunca he pensado un instante de mi vida sin el compromiso político, porque para mí la vida sin ese compromiso no tiene intensidad, no tiene alegría. Es también una manera muy simple de ver la vida y vuelvo a lo que decía al principio: en mi época, teníamos desde muy temprano una conciencia de los demás, y por ejemplo en mi familia éramos muy conscientes de la situación de injusticia y de pobreza que se vivía cerca de nosotros; pasábamos fines de semana construyendo casas junto a los sin-vivienda. También consiste en esto la educación, mucho más que esa educación “protegida” occidental que se recibe a diario. Hay que salir, ir a los suburbios, o a algunos barrios parisinos, intentar ver lo que pasa a nuestro alrededor, y puedo decir que en mi caso, a partir de esta primera conciencia, mi vida adquirió múltiples formas y siempre ha estado en contacto y en unión con un pensamiento vinculado a la política.

La palabra “ilusión” hace referencia a un estereotipo de militante que era el producto de esta autoconsiderada mujer sin ataduras. Con esta palabra de ilusión, quise denunciar en ese momento de la película la mascarada de la mujer militante y libre de sus responsabilidades, que no existe. No se puede ser militante y mujer más que en el día a día y allí donde no se está. Es ésta la cuestión que más me interesa de la acción y del pensamiento. Creo que perfectamente se puede ser mujer y militante en todo momento, que se trata simplemente de desmitificar la mujer militante, volverla “normal”, porque de lo contrario querrá decir que es excepcional y que sólo las gentes excepcionales pueden ser militantes y mantenerse fieles a una organización.

En un momento hablas del “agujero negro” de una vida sin compromiso. ¿Cuál es tu mensaje para todas esas mujeres que militan hoy en diversas formas y, por qué no, para aquellas que por su condición de mujeres creen que el militantismo no les conviene?

Desgraciadamente el término “militante” se ha endurecido, ha sido contaminado por la ideología dominante y ha asociado a la palabra “terrorismo”. No hay nada más opuesto a una militante que una terrorista, es justo todo lo contrario. Tenemos que recuperar las palabras, volverlas a dar su sentido, reapropiándolas nosotras mismas, porque sólo se puede ser militante siendo una mujer entre las otras, y si no es así no sirve de nada; no estamos ahí para ser diez, sino para ser millones. Además, en las condiciones actuales de vida, no disponemos de mucho tiempo, hay que inventar ese tiempo. Hoy día reflexionamos sobre esto: militamos allí donde estamos, sea en los sindicatos o en los colectivos, y a partir de ahí nos movemos y diseñamos conforme a las oportunidades. ¡Nada excepcional! Esto es lo que quiero decir, si la militancia no vuelve a la normalidad, es que se ha pensado mal lo que significa ser militante político hoy día. Hay que volver a dar al término “mujer comprometida” su amplitud poética. Es sencillo, se trata de gestos, de pequeñas cosas, de pequeñas acciones que llevamos a cabo día a día en momentos y en situaciones ligadas al contexto político y social. En mi caso, cuendo me dicen que he hecho esto o aquello, respondo: me quedé en la clandestinidad en Chile después del 11 de setiembre de 1973 y no reflexioné ni un instante. Todo el mundo se movió por ahí dentro de manera natural, porque estaba inscrito antes en pequeños gestos y pequeñas acciones que vienen de muy atrás, que pasan por ser cosas sencillas: una película, un texto o un grafitti en la calle. Hay cosas que nos despiertan y alimentan nuestro pensamiento y nuestra manera de actuar, pero sobre todo es el espacio colectivo, y este espacio está todavía por inventar.

Traducción del francés: VIENTO SUR

NOTAS

1.Calle Santa Fé”, documental realizado por Carmen Castillo en 2007, es el nombre de la calle donde se encuentra la casa que compartía con su compañero Miguel Enríquez hasta el asesinato de éste y el exilio de ella. El documental es una investigación sobre cuestiones sin respuesta de estos años de la dictadura a partir de rastros que sobreviven en el presente.

2. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) es un partido chileno de la izquierda radical creado en 1965 por la conjunción de las luchas estudiantiles y sindicales. Uno de sus primeros dirigentes, Miguel Enríquez, muerto en combate el 5 de octubre de 1974, fue el compañero de Carmen Castillo.

3. Nombre que recibió la iniciativa lanzada en los años ochenta por el MIR para mantener a los hijos de militantes en Cuba bajo la protección de “padres sociales”, mientras sus padres luchaban en la clandestinidad en Chile.

4. Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio es un organismo argentino de derechos humanos que agrupa a los hijos de desaparecidos bajo la dictadura militar de 1976 a 1982.

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“Los sectores estratégicos de la economía cubana continuarán en manos del estado”. Por: Enric Llopis*

Organoponicos CubaEntrevista a Yailenis Mulet, economista e investigadora del Centro de Estudios de Economía Cubana

Invitada por la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí y por la Asociación de cubanos Caguairán, la economista e investigadora del Centro de Estudios de Economía Cubana en la Universidad de La Habana, Yailenis Mulet, ha impartido una conferencia sobre “Cambios económicos dentro del proceso de actualización del socialismo cubano”. Según la economista (especialista en Inteligencia Empresarial), uno de los objetivos de las reformas o Lineamientos es “mantener las grandes conquistas de la Revolución Cubana”; “Los sectores estratégicos y los medios de producción básicos para la economía continuarán en manos estatales”, añade.

¿Cómo describirías, a grandes rasgos, el estado de salud de la economía cubana?

En los últimos años (desde 2008), Cuba ha tenido que afrontar un amplio déficit fiscal por diferentes razones. En primer lugar, debido al escaso crecimiento económico; también, por el incremento de los programas de gasto social, a partir del año 2000, que se impulsaron para hacer frente a los impactos negativos del “periodo especial”; a ello hay que sumar los efectos devastadores de algunos huracanes y la eclosión de la crisis internacional, que empieza a afectar a la economía cubana. Otro factor de peso es el incremento del precio de los alimentos en los mercados mundiales. Todos estos elementos, y otros de índole interna y estructural, han generado una crisis de corto plazo en la economía cubana.

¿A qué elementos estructurales te refieres?

Por ejemplo, a la debilidad de la agricultura. Ten en cuenta que Cuba importa el 80% de los productos que consume la población. Por eso, para corregir la dependencia de los mercados internacionales y aumentar las exportaciones, es tan necesario un “despegue” de la producción en el campo. Otro tipo de debilidades tienen que ver con el decrecimiento del aparato productivo y del sector industrial. Pero actualmente vivimos un gran proceso de “reestructuración”, en el que se trata de actuar sobre muchos de estos factores.

Los Lineamientos. ¿A qué responden? ¿Cuáles son sus objetivos?

A partir de un análisis de las debilidades internas del sistema económico cubano, se definieron en el VI Congreso del Partido Comunista (abril de 2011) un total de 313 directrices que definen un programa de “reestructuración” económica. Los Lineamientos marcan tres grandes objetivos: el cambio de modelo de desarrollo y patrón de especialización; los cambios institucionales y organizativos; y buscar un equilibrio macroeconómico en el corto plazo. Estos factores han de abrir el camino a una nueva política económica y social para Cuba.

¿Qué medidas se han aplicado hasta el momento?

Se trata, e insisto en ello, de un proceso en el que se actúa sobre muchos factores. En una primera fase, que comenzó en abril de 2011, se adoptaron 33 medidas para flexibilizar y regular fórmulas como el trabajo por cuenta propia y el cooperativismo. Se implementaron, además, reformas agrícolas (por ejemplo, la entrega de tierras ociosas en usufructo a campesinos); cambios en el sistema de subsidios, que pasan de ser universales a focalizarse en los sectores más vulnerables). Otra medida de calado es el incremento del poder de los gobiernos locales.

Te referías a una primera fase de los Lineamientos. ¿Qué otras medidas se están implementando actualmente?

Nos hallamos, desde 2012, en una segunda fase de aplicación. Se están impulsando reformas de la empresa estatal, que continuará siendo el motor del desarrollo económico, pero ha de serlo aumentando su eficiencia. El objetivo es que estas empresas estén menos subordinadas al estado, que funcionen de modo más autónomo. Por otra parte, en 2013-2014 está prevista la unificación de las dos monedas, de manera que funcione únicamente el peso cubano (no el convertible). Se trata, así, de evitar la dualidad en la tasa de cambio. Otra iniciativa relevante es la nueva Ley de Impuestos para gravar a los sectores beneficiarios de las reformas (cooperativas y trabajadores por cuenta propia), entre otras muchas.

¿Se han considerado en las “reformas” criterios de sostenibilidad ambiental?

Es ésta una cuestión básica. En los años 90 se introdujeron los organopónicos o formas de agricultura suburbana, basadas en pequeños huertos cercanos a las ciudades, con el objetivo de que la gente pudiera producir y consumir en el entorno más próximo. Hoy han aumentado, y en los organopónicos se aplican técnicas de agricultura ecológica (abonos orgánicos, combate a las plagas con productos no agresivos, rotación de cultivos, uso de energías renovables, entre otros). Estas iniciativas se desarrollan por todo el país, en los entornos de pueblos y ciudades. Y el estado las fomenta porque son muy importantes para la alimentación del cubano. Además, los organopónicos han contribuido a los cambios en la dieta alimenticia del cubano. Ha incrementado la variedad de vegetales y hortalizas que se consumen (setas, variedades de coles y berenjenas y zanahorias, que se consumen mucho más que antes). Incluso disminuye poco a poco el consumo de arroz.

Derecho a la sanidad, a la educación, al deporte, al trabajo…Son las innegables conquistas de la Revolución cubana. ¿Opinas que corren algún riesgo con estas reformas?

El riesgo siempre está ahí, desde el momento en que se abre espacio a formas no estatales. Sin embargo, las medidas se aplican precisamente para mantener estas grandes conquistas. Se trata de eliminar las debilidades de la economía cubana y diversificarla, con el fin de hacerla menos vulnerable. Respecto a tu pregunta, la educación y la sanidad gratuita se mantienen para todos. Pero los subsidios –por ejemplo, para la alimentación o los materiales de construcción- se reformularán, de modo que los reciban quien los necesite (desde los 90 eran universales). Ten en cuenta que somos una economía pobre, pequeña, con escasos recursos naturales y muy dependiente de la economía exterior.

Los procesos de privatización de servicios públicos están causando estragos en los países de la Unión Europea y Estados Unidos. ¿Puede en algún momento ingresar la economía cubana en esta vía?

Los Lineamientos para nada implican procesos de privatización. De hecho, prohíben la concentración de la propiedad en manos privadas. Se admiten, como hemos comentado, las cooperativas y el trabajo por cuenta propia, pero la inversión extranjera sólo se permite en proyectos altamente costosos. Te cito ejemplos de sectores estratégicos gestionados por empresas públicas: Farmacia y Biotecnología, Azucarero, Energía y Minas, Petróleo y Turismo, entre otros.

¿Qué peso se le reserva al estado en la economía con la irrupción (aunque antes ya existían) de fórmulas como el cooperativismo o el trabajo por cuenta propia?

El estado era en Cuba, por una adaptación del modelo soviético, administrador de la economía y empresario. Hoy se trata de reducir su papel como empresario y reforzarlo como regulador e impulsor de políticas macroeconómicas. Aquello que no se considere esencial para la economía pasa a la gestión privada o de cooperativas. Pero los sectores estratégicos y los medios de producción básicos continuarán en manos estatales. También se está impulsando una mayor descentralización y poder de los gobiernos locales.

La isla camina a contracorriente en un mundo donde impera el capitalismo en su fase neoliberal. ¿Qué enseñanzas puede aportar Cuba?

Pienso que muchas. Por ejemplo, en la construcción del socialismo, el control de los medios fundamentales de producción, el mantenimiento de las conquistas sociales; la capacidad del gobierno y la población cubana de hacer frente a la presión exterior, sobre todo al bloqueo. En implicarse y formar parte de un proceso de integración en América Latina. Y en mantener la independencia nacional al lado del mayor imperio del mundo.

¿Y en cuanto a la crisis de la Unión Europea? ¿Representa el ALBA una alternativa?

En Cuba se ha apostado siempre por un mercado basado en los intercambios solidarios. Es lo que sucedía con la URSS y actualmente con el ALBA, donde se pretende la unión entre países que caminan hacia una alternativa económica, no cegados por la volatilidad de los mercados financieros y donde se incluya la posibilidad de acuerdos entre los gobiernos y la defensa de los intereses de las poblaciones. Esto es, sin duda, lo mejor para Cuba, un país pequeño, pobre y bloqueado. El modelo europeo, basado en los mercados de valores y las finanzas, ha de analizar alternativas como el ALBA y aprender la lección.

¿Puedes destacar ejemplos de estos intercambios solidarios?

Los intercambios con Venezuela en el marco del ALBA son los más conocidos. Cuba aporta médicos y maestros; Venezuela proporciona el petróleo a precio “solidario”. Me gustaría destacar además el trabajo de los científicos cubanos en China, país que procura a Cuba créditos e inversiones en infraestructuras. Ahora bien, no se trata de un trueque. Son, insisto, intercambios solidarios. Si, pongamos por caso, dejara de llegar petróleo de Venezuela, se mantendría de todas formas el acuerdo para enviar médicos. Resaltaría, asimismo, loa acuerdos de investigación con Brasil en el sector azucarero y las inversiones de este país en el puerto de Mariel.

¿Podría resentirse la economía cubana de un periodo de inestabilidad en Venezuela generado por la muerte de Chávez?

Esto sería entrar en el campo de las especulaciones. Pero te respondo. No supondría para Cuba otro “periodo especial”, pues existen vías alternativas. Estamos preparados para hacer frente a este supuesto. Hay asimismo otro factor que debemos considerar. Si Cuba descubriera yacimientos de petróleo en su territorio, las compañías norteamericanas y los grupos de presión podrían propiciar un acercamiento, lo que implicaría una flexibilización del “bloqueo”.

Otro factor “exógeno” que afecta económicamente a la isla es el bloqueo.

El “bloqueo” de los Estados Unidos tiene un impacto muy fuerte sobre la economía cubana, cuantificado en más de un billón de dólares. En los últimos años se ha producido un cambio en la política de “bloqueo”. Se ha hecho extraterritorial, es decir, se ha centrado en perseguir las transacciones financieras y los intercambios comerciales. Y se ha redoblado el “bloqueo”, además, porque Cuba intenta abrir su economía al exterior e incrementar sus intercambios comerciales con otros países, por ejemplo en el marco del ALBA.

Por último, ¿Cómo afecta la crisis internacional a una economía pobre y dependiente como la de la isla?

El turismo continúa aumentando, incluso el procedente de los países en crisis. Pero es cierto que los turistas gastan menos. Se han encarecido mucho las importaciones de productos alimenticios y los bienes para la industria. Piensa además que Cuba no puede utilizar el dólar para sus transacciones. Necesita, por tanto, divisas internacionales para importar. En cuanto a nuestras exportaciones, también se han visto reducidas por la crisis. Por todo esto, el gobierno trabaja en abrir vías de intercambio comercial, por ejemplo, con China, Rusia y principalmente en el ámbito del ALBA. Pero sobre todo, se potencian iniciativas locales dentro del país -con fuerte componente de innovación- en agricultura, industria y servicios.

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“La idea de terrorismo internacional es la gran excusa para invadir países que no gustan a Estados Unidos”. Por: Enric Llopis

Soberanos e intervenidosEntrevista a Joan E. Garcés, autor de “Soberanos e intervenidos” (IV edición)

Con prólogo de Mario Benedetti, el jurista y politólogo Joan E. Garcés publicó en 2012 la cuarta edición del clásico “Soberanos e intervenidos: estrategias globales, americanos y españoles” (de. Siglo XXI). Garcés asesoró a Salvador Allende entre 1970 y 1973, hasta que el golpe militar encabezado por el general Pinochet frustró la obra de la Unidad Popular. Asimismo, en el año 1999 recibió el Premio Nobel Alternativo. El autor del libro también fue uno de los principales impulsores del proceso abierto en España contra el dictador Pinochet, además de actuar como letrado de la acusación particular en el caso de los desaparecidos españoles en Chile. Joan E. Garcés considera que Estados Unidos utiliza el ataque a las torres gemelas en 2001 “como pretexto para intervenciones preventivas o invasiones de países y derrocamiento de gobiernos que no son de su agrado”.

Los últimos fenómenos de intervención en América Latina con influencia de Estados Unidos: el golpe contra Chávez en Venezuela (2002), en Honduras contra Zelaya (2009) y el “golpe político” contra Lugo en Paraguay (2012) ¿Implican un nuevo modelo de intervención frente a lo que ocurría en los 70?

El recurso al intervencionismo mediante invasiones o la instauración de dictaduras ha tenido y tiene lugar en defecto de otros medios de control sobre los recursos y pueblos. La desestabilización y los golpes que mencionas tienen lugar después del regreso al gobierno de los Estados Unidos de los Republicanos (en 2001) y de prioridades estratégicas adoptadas al socaire del ataque a las torres gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

¿Guardan relación estos mecanismos con los implementados, por ejemplo, contra la Unidad Popular de Allende, que viviste de cerca?

En esos tres países latinoamericanos adaptaron, en efecto, pautas de desestabilización social y política aplicadas antes de 1990, por ejemplo, en Chile, entre la elección del Presidente Allende en 1970 y las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, que al ser resistidas por el pueblo chileno fueron sustituidas por la destrucción de las instituciones republicanas y un Estado-cuartel, de represión socioeconómica y control de la información cuyos efectos se prolongan hasta hoy. Por lo demás, en 2009 y 2012 la desestabilización de Honduras y Paraguay derribó a sus gobiernos dentro del marco constitucional formal, la de Venezuela en 2002 estuvo a punto de conseguirlo de no haber sobrevivido el Presidente de la República al golpe el tiempo necesario par que algunas unidades militares exigieran respetar la institucionalidad democrática y al Jefe del Estado.

¿Consideras que en países como Venezuela, Ecuador o Bolivia se ha ganado en soberanía con los gobiernos progresistas? ¿Es hoy América Latina menos protectorado de los Estados Unidos?

El incremento de su autonomía económica externa, el acceso al gobierno de movimientos populares organizados, los cambios en la situación internacional, abren a los pueblos oportunidades para elegir y desarrollar su sistema político y económico interno. A mayor autonomía cabe mayor soberanía.

China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica, los llamados BRIC. ¿Continúa vigente la hegemonía del imperio estadounidense o resulta una afirmación exagerada?

Mantener su hegemonía militar cuesta a EE.UU. invertir en defensa más que la suma de los presupuestos militares de los 25 Estados que le siguen en la escala de gastos de esta naturaleza. En la última década la aportación de Estados Unidos al presupuesto de la OTAN ha pasado del 62% al 73%. Cuanto más identifica Estados Unidos sus intereses con mantener el sistema capitalista mundial, más relativiza su predominio económico, político, cultural e ideológico.

¿Qué rol ha desempeñado, a grandes rasgos, la OTAN en los conflictos de Libia, Siria y la llamada “primavera árabe”?

Es conocida la síntesis que en 1949 hizo Lord Ismay, Secretario General de la OTAN, de los objetivos de ésta: “to keep the Russians out, the Americans in, and the Germans down“. La reunificación de Alemania en 1989, la disolución en 1991 de la URSS y de la organización militar del “Pacto de Varsovia”, han situado a la OTAN en contradicción con su razón de ser. El relente neocolonial de sus intervenciones fuera de las fronteras de sus Estados miembros, como en Libia, ha producido tal alarma en Asia que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no ha autorizado su repetición en Siria. A partir de 2004 los reveses estratégicos de Estados Unidos y el Reino Unido en Irak y de la OTAN en Afganistán marcan una etapa.

¿Cómo valoras la noción de “terrorismo internacional” en estos conflictos y en el de Mali?

El ataque a Nueva York en 2001 debió ser conceptualizado como lo que era, el resultado de la conspiración para delinquir de una organización terrorista, competencia de la policía judicial de los países afectados. En vez de ello se utilizó como pretexto para “intervenciones preventivas” o invasiones de países y derrocamiento de gobiernos que no eran del agrado del Presidente de los Estados Unidos, autodesignado gendarme, juez y ejecutor de matanzas colectivas o asesinatos individuales, de legitimación de torturas y de centros de detención clandestinos sin distinción de nacionalidades o fronteras. Las previsibles consecuencias negativas para la paz y el imperio de la ley internacional afloran por todas partes.

Afirmas en el epílogo de tu libro que la desintegración de la URSS y la reunificación alemana, a partir de 1989, han sobrepasado las estructuras que, desde 1945, impulsó EEUU para contener a la URSS (y a los partidos obreros de Europa occidental) y evitar un nuevo intento de germanizar Europa.

El motor de la unidad de la Europa capitalista entre 1947 y 1990 ha sido Estados Unidos, originalmente con ese fin. Desde 1990 ese motor es cada vez menos manifiesto; el de reemplazo germánico ha reactualizado relaciones centro-periferia, de dominación-subordinación, con raíces en el siglo XIX que se mantuvieron latentes bajo la hegemonía de Estados Unidos.

¿Vivimos actualmente en el IV Reich?

El agua no pasa dos veces bajo el mismo puente. Guarniciones de Estados Unidos siguen estacionadas en Alemania (y en otros estados). El fundador de la dinastía financiera Rothschild constataba en 1790: “déjame acuñar y controlar la moneda de una nación y no me preocupa quién escribe las leyes”.

¿Hay nuevos mecanismos de intervención que limiten o supriman la soberanía de los países, por ejemplo, en la Unión Europea? ¿Cuáles son?

El control del Euro por instituciones que responden a los intereses de un país somete a otros a una suerte de “protectorado”, sin necesidad de enviar legiones como la “Cóndor” (contra los republicanos españoles en 1936-1939).

También te refieres a que los empréstitos y la deuda, en la economía global, actúan como elementos de intervención y dominación. ¿Existen ejemplos históricos de negativa al pago de la deuda y que hoy pudieran seguirse?

Los hay; deben estudiarse y conocer su utilidad en las específicas circunstancias de tiempo y espacio. E innovar; sin ir más lejos lo ha hecho Islandia, tras recibir el impacto de la crisis financiera iniciada en 2007 en Estados Unidos.

En cuanto al estado español, citas la “operación Pólipo” en los años de la transición a la democracia. ¿En qué consistió?

La desclasificación de documentos de los servicios secretos alemanes –y de otros países- confirman su intervención en España y Portugal durante la sustitución del régimen de partido único (fascista) por el multipartidista que mantiene la soberanía de los pueblos ibéricos bajo control de Estados de prolongada intervención contra los republicanos españoles.

La izquierda afirma que la democracia (en este caso la española) se halla secuestrada por la banca y el capital financiero, que los partidos no son autónomos. Si es así, ¿mediante qué mecanismos? ¿Cómo se materializa esta subordinación?

El endeudamiento de las organizaciones, la cooptación-control de individuos en un sistema electoral de listas bloqueadas y cerradas en circunscripciones provinciales, desde 1977 ha sido concebido como uno de los medios de perpetuación de estructuras e intereses gestados durante la larga dictadura anti-republicana.

Por último, señalas que “el presente no es prisionero de la historia ni la ignora”. ¿Qué posibilidades ves de que se abran grietas, de romper la hegemonía del capital financiero para el estado español y los países de la periferia europea?

Las grietas son visibles, las alternativas menos. Construirlas requiere perseverancia en la voluntad, organización, coordinaciones internas e internacionales.

Tomado de la publicación: www.rebelion.org

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“Hay que construir un puente de confianza”. Por: Raúl Garcés y Rafael Hernández.

Graciela PogolottiNi su autoridad como una de las intérpretes más lúcidas de la Cuba contemporánea, ni su magisterio como formadora de varias generaciones, ni el respeto con que se le escucha entre artistas y políticos, han modificado la humildad sobrecogedora con la que recibe a Temas. A ratos, deja escapar frases como «estoy tratando de aprender…» «comprendí la importancia de escuchar…», como si la experiencia, las vivencias y el conocimiento solo fueran para ella permanentes puntos de partida. Tal vez por eso acepta con tanta naturalidad nuestra invitación a conversar sobre asuntos polémicos de la realidad cubana actual. «No soy filósofa» —aclara, y de inmediato da riendas sueltas a un diálogo donde cultura, economía y política se entrecruzan frente a la claridad conceptual de la ensayista, la vocación pedagógica de la maestra y la sensibilidad de una mujer que, si bien está dispuesta a fundar caminos, también viene de vuelta de muchas batallas.

Temas: En un artículo suyo reciente («Algunas reflexiones sobre política cultural»),1 usted alerta que «la valoración económica del trabajo cultural no puede hacerse siguiendo los indicadores utilizados para la producción mercantil». ¿Cómo cree que podría conciliarse el discurso de la racionalidad, inherente a la actualización de nuestro modelo económico, e imprescindible a nuestra sobrevivencia como nación, con la necesidad cultural de no ponerle límites a la creación?

Graziella Pogolotti: Ambas cosas son conciliables, aunque, naturalmente, hay que encontrar las fórmulas para hacerlo. Me parece de una urgencia primordial buscar esas soluciones económicas, porque cualquier actualización del modelo económico implica impactos sociales inevitables; y tiene también sus efectos en el plano de la cultura y en el de la economía, es decir, en el plano de la espiritualidad; ese es, digamos, el punto crítico.

En primer lugar hay que plantearse líneas estratégicas que conduzcan a un análisis del comportamiento social, y por ende, cultural. Desde mi punto de vista, sociedad y cultura no se pueden separar. La cultura llega a su punto extremo de refinamiento en lo que estamos acostumbrados a llamar la creación artística y literaria, pero eso históricamente se ha sustentado sobre una relación orgánica con los procesos sociales. Sin entrar a una conferencia académica, hay que reconocer que esta relación no se revela solo en un país como el nuestro, sino en la historia de la civilización y la cultura en los países del llamado Primer mundo.

Si no se hace un diseño estratégico por lo menos provisional —como puede hacerse en un trabajo de investigación, partiendo de una hipótesis, que pueda ser modificada en el camino—, no podemos encontrar las soluciones que yo llamaría administrativas para el funcionamiento de la cultura.

En esa consideración estratégica hay que tener en cuenta también las características de esta islita pequeñita, situada al borde de un imperio poderoso, con todas las características de lo que Darcy Ribeiro llamó «pueblo nuevo», con una historia muy corta, donde la noción de la conciencia nacional surgió hace dos siglos y se fue perfilando primero en los sueños de los intelectuales antes de empezar a fraguar en las guerras de independencia; ese es un proceso muy peculiar que nosotros no podemos olvidar.

La Revolución se planteó ese problema, aunque no lo formulara en términos teóricos, sino mediante una sucesión de decisiones de orden práctico. En el caso tuyo, Rafael, tú fuiste alfabetizador y pudiste percibir, como muchos jóvenes de tu generación, el choque de culturas que había en este país, más allá de enseñarle sobre todo a los campesinos el manejo de la letra. No era solamente eso, sino descubrir las distancias abismales que separaban a unos muchachos de origen más o menos pequeño-burgués, procedentes de las ciudades, de esa otra realidad campesina, marginada, sin futuro. Por lo tanto, en el sustrato de la Campaña de Alfabetización, en 1961, aunque no fuéramos capaces de formularlo ninguno de nosotros, en términos teóricos estaba implícito ese vínculo cultura-sociedad.

Lo mismo sucede en las Palabras a los intelectuales, de Fidel. En ese discurso, cuando se está hablando de esa fórmula tan repetida, dentro y contra, lo que se estaba debatiendo en realidad era la cuestión del realismo socialista. La preocupación fundamental de los intelectuales del mundo de las letras y de las artes era que se impusieran normativas. Es lo que dice Virgilio Piñera en su intervención con aquello de que teníamos miedo; a lo que se le tenía miedo era al modelo estalinista del realismo socialista. Sin embargo, el cuerpo mayor del discurso de Fidel no se centra en eso, sino en una noción de participación en el proceso de disfrute y de creación de la cultura por parte de las masas: los instructores de arte fueron la fórmula, una de orden práctico que probablemente no tuvo los resultados más felices, precisamente porque tanto aquí como en otros referentes que pudiéramos tener entonces, se seguía pensando en la cultura artístico-literaria, y en última instancia en el trasplante de determinado modelo. ¿Qué hicieron los instructores? Organizaron el Movimiento de Aficionados. Les llevaban a los aficionados lo mismo que se estaba haciendo en el mundo profesional, en lugar de escarbar y buscar cuáles eran las fuentes vivas de su cultura.

En un momento en que la situación económica va a traer tantas repercusiones no solo en el plano de lo que llamamos cultura en un sentido estrecho, sino también en el plano de la educación, hay que rescatar estas fuentes vivas de la cultura, y también preservar el vínculo esencial entre tradición y cambio, porque si renunciamos a determinados elementos de la tradición y de la memoria, nos quedamos absolutamente desfasados, lo que quiere decir, para emplear un término popular, «nos serruchamos el piso».

Cuando yo escribí ese trabajo al cual ustedes están aludiendo, no pretendía abarcar la totalidad del problema, lo que hubiera sido imposible para mí, pero sí ilustrarlo con tres zonas fundamentales. Una de ellas es la conservación del patrimonio. Nosotros sabemos, en primer lugar, cuál es la situación del patrimonio edificado más allá de la experiencia de la Habana Vieja, porque ese patrimonio no está únicamente en la Habana Vieja. En ese sentido, habría, quizás, determinadas fórmulas. Una de ellas fue la que diseñó Eusebio Leal, consistente en beneficiar la preservación del patrimonio con las ganancias del turismo. En el plano del turismo, todas las islas del Caribe tienen sol, playa, y en algunos casos tienen unos ambientes absolutamente paradisiacos. Pero nosotros, por la historia y el tamaño de la isla, que es la más grande del Caribe, tenemos un importante patrimonio edificado en muchas ciudades, no solo en las siete primeras villas fundadas por Diego Velázquez.

Ahora bien, hay otra zona del patrimonio que está en una situación absolutamente crítica, el patrimonio documental. Ese es un problema que yo he tocado con las manos en la prensa, que está hecha polvo en nuestras bibliotecas, y en libros publicados, tanto en el siglo XIX, como en el XX. Esa preservación requiere una subvención del Estado; se trata de una inversión que tiene que hacer este, para preservar esa dimensión cualitativa, no mensurable, pero que tiene que ver con la esencia de nuestra historia, de lo que queremos defender, si no nos queremos convertir en una factoría. El otro tema que yo abordé tenía que ver con la necesidad de plantearse los problemas y las soluciones de una manera integral. Esa es una palabra que usamos constantemente, pero como tantas cosas, no aplicamos. Yo usaba el ejemplo que tenía más cerca, el del mundo del libro y la literatura. La institución literaria está desarticulada por completo; las editoriales preparan la edición de libros más o menos bien, pero esa acción editorial está desvinculada de la investigación literaria, y lo que es más grave todavía, de la educación. Mediante un proyecto de la Fundación Carpentier, empezamos a hacer una contribución a la superación de los profesores de los preuniversitarios. Yo acabo de descubrir que este es el único país del mundo occidental donde no se estudia la literatura nacional. ¿De qué estamos hablando cuando nos referimos al sentido de pertenencia, si nos encontramos con un programa de literatura en el cual la literatura cubana está subsumida en la universal, y que se pasa, por ejemplo, de estudiar a José Martí, solo como periodista, para abordar inmediatamente después a Franz Kafka?

Y el último tema que yo abordé fue el del llamado «trabajo comunitario», en busca de una posible sustentabilidad que no responda básicamente a mecanismos mercantiles. Desde mi punto de vista, lo esencial en este trabajo es que no se puede establecer un modelo único aplicable universalmente, sino hay que partir de la base hacia arriba —y no al revés. Un ejemplo es lo que pasa con las parrandas de Remedios. Para los remedianos presentes y ausentes, es el acontecimiento fundamental en el curso del año. Como se trata de una competencia entre dos barrios, se está trabajando en secreto durante el año entero en un proceso que es extraordinariamente creativo. No sé si en estos momentos reciben alguna subvención, pero a través de los años ellos han encontrado recursos y apoyo en su propio entorno inmediato. En alguna instancia, hay que contar con lo que se deriva del turismo como beneficio tangible en una zona que incluye Remedios, Caibarién, los cayos, donde se puede ofrecer una satisfacción múltiple del entorno, y en una ciudad que tiene, además, un carácter colonial.

Si nosotros sumamos en la base, en el barrio, la cantidad de instituciones culturales, deportivas, educacionales que hay, encontraremos una infraestructura deteriorada, o al menos, parcialmente deteriorada. ¿No es posible una complementariedad en el empleo de esa infraestructura, si se trata de satisfacer las necesidades e intereses prioritarios de la población local?

Hay otro aspecto que no tiene que ver con la creación artística, sino con las llamadas empresas, que también tienen sus problemas. Si uno piensa en hacer rentable una editorial, tiene que contar con títulos que tengan una respuesta en el mercado interno del país. Pero en este momento existe una limitación objetiva relacionada con la doble moneda. Si aspiramos a democratizar la recepción de la literatura, no puedo vender los libros en CUC con los precios que tienen en otros países, porque nuestros salarios no alcanzan para eso, y, por lo tanto, estaremos marginando a un sector importante de la población, entre ellos los jóvenes, los estudiantes, las nuevas generaciones. Lo que hace rentable al libro es la magnitud de la tirada. En el mundo entero, las grandes tiradas compensan las tiradas más limitadas que hay que amparar con vistas a proteger un espacio para públicos específicos, para experimentación, etcétera. Esa es la primera limitante.

Esta cuestión se hace aún más compleja cuando la situamos en el contexto internacional, donde no cabe la menor duda de que la cultura o la creación se han convertido en mercancía —como lo predijo Carlos Marx, que no está muy de moda, pero tenía razón en muchas cosas. ¿Y qué pasa en el mercado editorial internacional? Se ha producido una transnacionalización de las empresas editoriales, que en lengua española acabaron con la autonomía del mundo editorial latinoamericano. Cuando yo era joven, los libros que nosotros comprábamos procedían fundamentalmente de Argentina, que tenía un espectro muy amplio de editoriales, y en segundo lugar, de México. Eran empresas autónomas, con su propia política, su destinatario. Hoy en día esto se maneja como una inversión monda y lironda, con estudios de marketing y manejo de publicidad de todo tipo. Los medios masivos llegan a crear una expectativa en torno a un libro, y por tanto una demanda. El mundo de la música, como se sabe, tiene un nivel de especialización altísimo, y en los países subdesarrollados forma parte de los grandes negocios. Y las artes visuales están sujetas a otros mecanismos, suntuarios, especulativos, mucha gente en las subastas, que son las que determinan los valores, como si se tratara de la bolsa de Wall Street. Hay quien invierte en obras de artes visuales sobre todo en épocas en que las monedas y otras inversiones son menos seguras, porque se piensa que esa sí es una inversión duradera y que quizás en el mercado aún se puede ganar con el transcurso del tiempo.

Ese es el entorno en el cual nosotros nos movemos, y, efectivamente, necesitamos el desarrollo de estudios sobre las industrias culturales, que aquí no se hacen. Hace poco me hablaron de alguien que quería hacer un doctorado en Economía sobre ese tema, y le dijeron que no podía, porque no tenía contraparte.

Temas: Las instituciones culturales cubanas han jugado un papel trascendente como mediadoras entre la política cultural revolucionaria y los creadores. Pero un escenario marcado por el impacto de las tecnologías y la necesidad de buscar fuentes alternativas de financiamiento ha obligado a muchos de esos creadores a fundar sus propios proyectos al margen o paralelamente a esas instituciones ¿Qué desafíos imponen los nuevos escenarios para la institucionalidad cultural de la Revolución?

G. P.: Yo creo que al hablar de las instituciones y su papel mediador, hay que tener en cuenta el papel en la trasmisión de problemas y preocupaciones que, a partir de finales de los años 80, ha desempeñado la UNEAC, como factor mediador con la dirección política. La UNEAC ha puesto sobre la mesa unos cuantos problemas de la sociedad cubana, aunque no es la institución preparada para dar respuestas, y creo que ese papel debe mantenerse y seguir desarrollándose.

En otro sentido, uno de los problemas que afectan la crisis institucional y existen en varias zonas del país, es la pérdida del profesionalismo. Los artistas hoy pueden establecer su propia vía para encontrar un espacio en el mercado nacional, e incluso en el internacional, porque consiguen lo que se llama un «representante» más o menos habilidoso, que ha ido aprendiendo las reglas del juego sobre la marcha. Esa habilidad no se encuentra en la mayor parte de las instituciones, con respecto a lo cual habría que reformular el diseño, la preparación de los cuadros, el sistema de este trabajo. El ICAIC es un ejemplo de lo que está ocurriendo, y que, en este caso, responde, en lo fundamental, al impacto de las tecnologías. Hace treinta años, para hacer una película había que mover una cantidad gigantesca de recursos, que implicaban cámaras, transporte, una logística impresionante; hoy en día cualquier joven con una camarita de video hace un documental y puede hasta producir un corto dramático. ¿Dónde estaría aquí el papel de la institución? Más que monopolizar el proceso productivo —aunque el apoyo institucional tiene que seguir existiendo para películas con otras ambiciones, como se hace en todas partes del mundo—, el papel de la institución es gestionar una presencia efectiva en el mercado, en primer lugar, interno, así como externo.

Polémicas culturales(La entrevistada presentado el ensayo “Polémicas culturales de los 60″, junto al intelectual cubano Ambrosio Fornet)

Temas: Usted mencionó que la UNEAC había desarrollado una capacidad para identificar problemas, incluso algunos para los cuales no estaba capacitada en términos de buscarle una solución. Curiosamente, si uno mira para atrás, en el Período especial, en el arte, en la literatura, en la novelística, en la cuentística, en el cine, en el teatro, es donde se tratan primero algunos problemas, antes de ser expuestos o discutidos en ninguna otra parte. Ese fenómeno coincide, en el tiempo, con un nuevo diálogo entre la dirección política y los escritores y artistas, que, por cierto, no se da de igual manera con otros sectores de la cultura en un sentido amplio que usted ha mencionado. Los escritores y los artistas se vuelven interlocutores privilegiados de la dirección política en el contexto del Período especial. ¿Podría comentar sobre esto?

G. P.: Sobre ese tema, como es lógico, yo tengo una visión en cierto modo parcializada, por haber estado involucrada en ese proceso. Esa nueva base de diálogo empezó, efectivamente, con el Período especial, pero tiene el antecedente de la elección de Abel Prieto a la presidencia de la UNEAC.

Recuerdo que, cuando empezamos allí, se dio el gran problema de la película Alicia en el pueblo de Maravillas. Los escritores y artistas siempre han demandado cierto grado de atención, porque son todas voces reconocidas. ¿Qué se logró en aquel momento? Que ese vínculo eliminara los intermediarios. Los intermediarios, en una estructura de poder, desempeñan un papel importante, en la medida en que trasmiten estados de opinión sobre un sector, o sobre una personalidad. Se estableció un diálogo directo, en una situación tan difícil como aquella, pues hay que tener en cuenta que el Período especial significó, en su primer momento, la paralización de todos los medios de difusión de la cultura, de las imprentas, la aparición de soluciones como aquellos plaquettes con unas pocas hojas, en lugar de libros; se redujo drásticamente la producción de cine, la presencia de la televisión, hubo problemas de desempleo en el sector artístico. Sin embargo, a pesar de esos problemas de orden objetivo, en todas las ocasiones hubo un diálogo, en un marco más estrecho, como las reuniones del Secretariado de la UNEAC con Fidel, o en los Congresos y en los Consejos Nacionales. Él trataba de no perderse ninguno; a veces no estaba oficialmente invitado y se aparecía. Recuerdo una vez en que, por ahorrar dinero, nos reunimos en el MINCEX, en un salón que era muy incómodo porque tenía columnas por el medio, de modo que impedía la visualidad. Fidel apareció allí y empezó diciendo: «Pero, ¿por qué se reunieron aquí en este lugar tan incómodo?, es que yo no puedo ver a la gente porque están las columnas por el medio».

En la medida en que ese diálogo directo se fue fortaleciendo, se fue evidenciando también la profunda conciencia revolucionaria, el sentido patriótico, nacional, de los escritores y los artistas, aun a veces en discusiones con cierto grado de tensión. Recuerdo la reunión de un Consejo Nacional donde se analizó el problema suscitado por la película Guantanamera; pero hubo diálogo y fue un diálogo franco. O cuando se abordó el tema del racismo, y hubo un momento de tensión bastante fuerte, a partir de los planteamientos de Tito Junco; sin embargo, eso puso sobre la mesa un problema que estaba ya haciéndose sentir en la sociedad cubana, agudizado por el Período especial, que creaba diferencias en el nivel de vida, y aunque eran problemas en apariencia solucionados, no obstante, como sucede con la memoria colectiva, no desaparecen de un día para otro.

Por otras razones, este nivel de diálogo, efectivamente, no se ha establecido con otras áreas; pero no puedo encontrar una explicación, más allá de este carácter preponderante como voz pública que pueden tener los escritores y los artistas, y la capacidad de establecer un diálogo que priorice los grandes problemas de la sociedad. En ninguna de estas reuniones nosotros pedimos computadoras.

Temas: Nadie duda de la centralidad que los medios de comunicación tienen en la socialización de la cultura contemporánea. ¿Cómo usted evalúa la relación entre medios y vanguardias intelectuales en el momento actual de Cuba?

G. P.: Hay una incomprensión acerca del tipo de mensaje que corresponde a los medios masivos distribuir para dar a conocer. Es un mensaje con un sentido de inmediatez política que pierde casi siempre la noción de la integralidad de los procesos.

Como ha ocurrido en otros campos, se han ido desarrollando parcelas. Y la voz del intelectual se queda fundamentalmente en otro sector, no cuenta con un espacio propio, como columnista en los medios. En los años 40 y los 50, ese espacio se conocía con el nombre de «páginas editoriales» de los periódicos, en ellas escribían Jorge Mañach, mi propio padre tenía una columna en El Mundo, Raúl Roa; eran voces más o menos reconocidas en determinados ámbitos, lo mismo podía ser el más estrecho de la cultura en su sentido tradicional, o en torno a problemas de la realidad nacional. Como es natural, había reglas del juego difíciles, pero con las cuales cada uno sabía hasta dónde podía llegar. Mi padre colaboraba en El Mundo, y él sabía perfectamente que su pensamiento social no tenía espacio en ese periódico; por lo tanto, se concentraba en la cultura y encontraba un resquicio de esa manera.

En la actualidad, sin llegar al fenómeno de Internet y otras derivaciones, la televisión ha sido un medio que, en todas partes, ha instaurado cierto modelo banalizador, que entraña una filosofía de la vida, un sistema creador. En ese terreno —y esto tiene que ver con la falta de un pensamiento teórico— nosotros no hemos definido nuestro propio diseño. A partir de nuestro proyecto, debemos privilegiar en los medios determinados temas —no me refiero a una retórica— ámbitos, variantes; eso no lo hemos encontrado. Nosotros damos una respuesta a partir de la demanda de la inmediatez. Se introdujeron las telenovelas, funcionaron, y ahora estamos con telenovelas hasta las orejas. Yo no tengo inconveniente, pero tiene que haber otras opciones.

Otra preocupación que tengo es la de dónde está quedando, para los historiadores del futuro, el registro de lo que se está haciendo en Cuba en el campo de la cultura. Cuando un historiador, dentro de cincuenta años, se plantee investigarlo, ¿dónde va a encontrar las fuentes? Es indiscutible que la actividad cultural ahora es mucho más extensa de lo que pudo serlo en cualquier otro momento anterior de nuestra historia; suceden cosas, y no solamente aquí en La Habana, pero ¿dónde queda ese registro? ¿Y cómo se convoca a los públicos? Tenemos decenas de peñas literarias. ¿Quiénes asisten? Los amigos del homenajeado. Se está produciendo una autofagia que no logra conectar y reproducirse en un ámbito mayor.

Entonces, el asunto de los medios es en extremo preocupante, entre otras razones porque no hay un pensamiento; porque sufrimos vaivenes; hay ideas como la de darle a la gente lo que le gusta, mientras que los gustos los estamos construyendo nosotros, no son espontáneos. De manera que estamos cayendo en la misma banalización, menos sofisticada desde el punto de vista profesional.

Temas: Fernando Martínez Heredia, al recibir un premio otorgado por la AHS, dijo a la juventud: «No permitan que prosperen dos Cubas en la cultura». Se refería a la tensión siempre presente entre una Cuba mercantilizada, mediocre y banal, y una Cuba rebelde y libertaria. Yo creo que es una tensión histórica de este país, que está desde la misma fundación de la nación y que se reflejó en los primeros cincuenta años de la República de modo singular. ¿Qué singularidad usted ve a esta tensión en el momento actual de Cuba y cómo pesa sobre la juventud?,

G. P.: Lo que plantea Fernando efectivamente es un problema central. Yo quizás lo matizaría en el sentido de que, en el plano de la cultura, no hay dos Cubas, sino varias, partiendo de los mismos presupuestos que yo antes he planteado. Y ciertamente, uno no puede ahogar el desarrollo de estas distintas culturas, no se trata de eso, sino de reconocerlas, definirlas, pensarlas y establecer un diálogo.

En la historia de Cuba, ha habido intelectuales que se plantearon ejemplarmente este tema, como por ejemplo, Fernando Ortiz. Él reconoció que culturalmente había otra Cuba; pero al estudiar el tema, desde el punto de vista de un intelectual formado en la alta cultura, estableció coordenadas que favorecían el diálogo entre estas distintas zonas. El problema está claro.

Una de las preocupaciones fundamentales que yo tengo en este momento se relaciona con la juventud, y con la necesidad de preservar una continuidad histórica, de abrirles horizontes, en el sentido de sus posibilidades de participación y desarrollo en el contexto cubano. Para enfrentar este problema de la juventud, como ocurre a mí entender en muchas otras cosas, hay que eliminar las abstracciones. En primer lugar, me pregunto qué quiere decir joven. Hay un rango que llega hasta los treinta y cinco años, ¿no?

Temas: Sí, convencionalmente.

G. P.: Bueno, en ese rango de edades hay diferencias enormes, biológicas en primer lugar, entre un muchacho que está en pleno brote de adolescencia y un joven que ya se está planteando su carrera profesional, que va a establecer una familia; se trata de mundos diferentes. Puedo tener cierta idea de lo que sucede con algunos jóvenes en el universo que me resulta más cercano —los estudiantes universitarios—; pero no sé lo que piensa un joven campesino en este momento, no tengo la menor idea. De modo que lo primero que hay que despejar es el problema de a qué nos referimos cuando hablamos del joven.

En segundo lugar, hay que repetir algo que se ha convertido en un lugar común, pero todavía no se aplica en la práctica. Hay que saber escuchar, renunciar a cierto reflejo condicionado que hemos venido desarrollando en el tiempo, y que nos tiene siempre en guardia para dar una respuesta inmediata. El diálogo, la capacidad de escuchar no es eso; se trata de saber de dónde vienen esas preocupaciones e intereses de los jóvenes, dejar que hablen y no sientan que pueda producirse a consecuencia de eso alguna forma de represalia. Hay que construir un puente de confianza. Te voy a hacer una anécdota personal. Cuando se construyó el Partido en la Universidad, que fue un proceso complejo de asambleas de ejemplares, etc., ya terminado aquello, yo pude saber qué decían de mi persona algunos compañeros. Una de las cosas que decían es que yo sabía escuchar, y que en la medida de mis posibilidades yo trataba de dar una respuesta; era algo que había operado en mí de manera inconsciente, tenía que ver con mis características personales, con la curiosidad que me inspira el mundo que me rodea. Pero a partir de ahí, me dije: «Caramba, es verdad que eso es importante». Y eso no lo hemos sabido hacer.

En estos días, yo recordaba cuáles eran los reflejos condicionados que históricamente tenían los maestros. Uno de esos reflejos era que siempre los estudiantes tenían que sentir que tú estabas a su lado en los momentos difíciles. Recordaba una anécdota de Ricardo Alarcón, durante la época de la reforma universitaria y los días de Girón, cuando el decano en la Facultad recién estrenada de Humanidades era Elías Entralgo. Al producirse el ataque de Girón, todo el mundo era miliciano, se acuartelaron primero en Zapata y G y, después, había que partir hacia el estadio universitario, donde les darían las indicaciones de lo que había que hacer. Entralgo, en aquel momento, era un hombre ya maduro, al cual —nosotros no lo sabíamos—, le quedaba poco tiempo de vida. Acostumbraba siempre a usar un traje gris, una camisa blanca y una corbata negra, según él porque guardaba luto por la memoria de Arango y Parreño; y llevaba un maletín con sus papeles. Y vestido así partió para Zapata y G, con su sempiterno traje gris, y encabezó la marcha de los estudiantes y profesores. Estaban todos con sus uniformes de milicianos. Y Alarcón, que estaba en la Junta de Gobierno de la Universidad en aquel momento, le dijo: «Mire, doctor, usted no se involucre en esto, yo me hago cargo»; y él respondió: «No, yo tengo que estar junto a mis estudiantes». En la práctica, él no iba a hacer nada, porque no tenía ni un revólver, pero era un símbolo moral.

Yo, en este momento, además de ocuparme de la pelota como fenómeno cultural y social, estoy tratando de aprender algo sobre los distintos modelos educacionales. Creo que nuestro modelo de formación, supuestamente venido de la Unión Soviética, se basa en una concepción psicológica conductista. Esa no es la vía adecuada. Aunque tengo pocos contactos personales con el mundo de la pedagogía y la psicología, en particular de la psicología de la educación, estoy tratando de orientarme en ese sentido por lo menos para organizar un ciclo en la Fundación Carpentier, que es el espacio del que yo dispongo, que aborde el tema de Cultura y Educación, porque en este terreno hay que remover muchas ideas y mucha práctica.

Temas: Volvamos a lo táctico y lo estratégico en las relaciones entre cultura y sociedad. Al comenzar esta entrevista, usted nos hablaba de la Campaña de Alfabetización y otros hechos culturales de los años 60, como acciones destinadas a resolver problemas perentorios y concretos de la época, impelidos por los imperativos del momento de insertarse en la formulación de un diseño de mayor alcance. Cincuenta años después, ¿disponemos de esa visión estratégica para analizar los vínculos entre economía, cultura y política?

G. P.: El problema de los diseños teóricos es en este momento una demanda inaplazable. Por eso publiqué ese trabajo sobre el Che, destacando que aún en aquella terrible situación de la guerrilla boliviana, él se preocupaba por plantearse problemas de orden teórico, a pesar de que, cuando uno lee el Diario del Che en Bolivia, se da cuenta de que no hubo situación más terrible y más dolorosa que la que ellos atravesaron allí.

Ahora bien, en un mundo cada vez más complejo, en una realidad nuestra también más compleja —porque estamos entrando en una sociedad heterogénea, con muchos componentes, con características propias—, se trata de algo inaplazable, que debe plantearse desde los distintos campos de las llamadas ciencias sociales. No tengo una idea muy clara de por dónde anda el pensamiento en esa área. Me han llegado algunos comentarios acerca de lo que está sucediendo con la formación de los economistas, a mi juicio muy preocupante. Según me dicen, alcanzan un nivel técnico bastante alto; pero han dejado de lado el énfasis en la economía política, y también en la historia de la economía cubana. Sin embargo, un economista no puede ignorar la historia de una economía que fue construida desde el inicio —y fundamentalmente a partir del siglo XIX— como un modelo dependiente, y las consecuencias que eso trajo en la formación, como decía Juan Pérez de la Riva, de una Cuba A y una Cuba B, que todavía no hemos superado del todo. Esta es una de mis mayores angustias en estos momentos.

Porque la maduración de un pensamiento teórico no se hace en un día, sobre todo cuando tenemos que ir revisando muchas cosas, y replanteando en cierta medida nuestras premisas. En los aspectos tangibles, aplicables en la práctica, los resultados de ese rediseño no van a estar disponibles mañana.

Notas

1. Graziella Pogolotti, «Algunas reflexiones sobre política cultural», La Jiribilla, a. XI, n. 591, La Habana, 1-7 de septiembre de 2012, disponible en www.lajiribilla.cu (consultado el 30 de octubre de 2012).

2. Se refiere a «El Che nos invita a pensar», publicado en Juventud Rebelde, La Habana, 6 de octubre de 2012.

Tomado de la publicación: www.temas.cult.cu

 

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Ospina: “El verdadero salvajismo es el de los conquistadores” Por: Silvina Friera

William OspinaEntrevista al novelista, ensayista y poeta colombiano William Ospina, a propósito de su trilogía sobre la conquista y colonización del Amazonas en el siglo XVI, compuesta por las novelas Ursúa, El país de la Canela y La serpiente sin ojos

La vida es como un río que da tumbos en la noche. El mestizo hilvana pensamientos, asediado por un rumor de voces desconocidas. Procura hacerse invisible en tierras donde el tiempo lo muele todo más aprisa. Traición y muerte son los eslabones de una cadena infinita de conspiraciones. En el corazón de la selva, muchos hundieron sus espadas en el cuerpo de Pedro de Ursúa, aquel señor de cinco guerras que creía que estaba a las puertas de su reino soñado. Cada uno de los verdugos tenía una razón particular para matarlo.

El mestizo sobrevive a la “locura tenebrosa” de Lope de Aguirre. Los indios brasiles le enseñaron a desaparecer del sigiloso radar de los capitanes españoles mediante el mágico recurso de no disputar su poder, de no codiciar su riqueza. “Los cobardes se ensañan con la debilidad”, le dijo Ursúa en un pasado cercano. Aunque los hechos están fresquitos, acaban de ocurrir, recuerda días que parecen perderse en la leyenda.

“¿Quiénes somos nosotros si no esos seres incapaces de estar de verdad en el mundo porque en todo encontramos peligro, porque todo amenaza, porque en nuestro recelo los ríos ahogan y las serpientes estrangulan, la avispa inyecta fuego y la mariposa nombra la muerte, la araña es su ponzoña y el pez en el agua una hilera de dientes voraces? Pasamos por el mundo profanándolo todo hora tras hora y siempre soñando con un mundo mejor, más lleno de tributos y de esclavos. No entendemos la casa que nos dieron, creemos que vinimos a mandar, ejecutores de una ley tan ciega como nosotros mismos”, dice el narrador mestizo de La serpiente sin ojos de William Ospina, el cierre de la trilogía sobre la conquista y colonización del Amazonas en el siglo XVI, que la editorial Mondadori publicará en marzo junto con Ursúa y El país de la Canela.

La voz de Ospina se proyecta con la serenidad de quien ha llegado a buen puerto. “Las tres novelas equivalen para mí a una suerte de metamorfosis del narrador ―plantea el escritor colombiano en la entrevista con Página/12―. Al comienzo habla como un europeo, cuando está haciendo la biografía de su amigo; después habla como un mestizo, cuando está haciendo su propia autobiografía, y al final ya ni siquiera sabe cómo hablar porque no logra ser indígena, pero quiere oír la voz de la selva”.

El germen de la trilogía fue un ensayo que escribió sobre la obra de Juan de Castellanos, apuntalado por el poema épico “Elegías de Varones Ilustres de Indias”, un testimonio minucioso de la colonización del Caribe. La faena de bucear en la vida de Castellanos, la lectura de sus poemas, el sumergirse en una época y en un estado mental sembraron una tentación descabellada, inaudita y necesaria: vivir uno de esos viajes tan fascinantes e imprevisibles por el Amazonas. Y entonces asomó en el horizonte Ursúa, la primera baraja de la serie. “Más que tener unas ideas prefiguradas, empecé a explorar. Y me encontré con una versión de la conquista que no era la que me habían dado y en la que ya no me resulta tan fácil saber quiénes son los paladines, quiénes son los salvajes. Todo es más complejo, pero también más rico”, admite.

En La serpiente sin ojos, el narrador se hace tres preguntas: ¿en qué momento una aventura empieza a convertirse en un crimen?, ¿en qué momento el héroe se convierte en bandido? y ¿de qué manera una cruzada llena de ideales se despeña en una carnicería? ¿A qué conclusión llega después de la escritura de la trilogía?

―Más bien diría que ahora, escuchando estas preguntas, me parece que resumen muy bien el espíritu de la trilogía. La conquista estuvo llena de causas nobles y de altos ideales. Sin duda cuando Colón emprendió su viaje por el océano estaba buscando redondear una idea de mundo, estaba buscando respuestas científicas, geográficas. Había, por supuesto, intereses económicos, que son normales en toda aventura humana. Cuando la corona empezó a avanzar con sus expediciones y sus soldados por el continente, también había altos ideales amparando esa empresa. Inclusive el afán de evangelizar, de extender la religión por el mundo.

»Pero la historia está llena de degradaciones. Me llama mucho la atención ―y es algo que descubrí con estas novelas― que a partir de cierto momento, muy temprano, las guerras de conquista no eran ya guerras de los conquistadores contra los indígenas, que fueron vencidos o dominados muy pronto. Veinte o treinta años después, las guerras eran entre españoles. A lo largo de todo el siglo XVI, lo más interesante es ver cómo pelean unos españoles con otros, cómo hay insurrecciones, levantamientos. Los pueblos indígenas son testigos cada vez más golpeados y explotados de ese conflicto que venía de Europa y aquí renacía. A veces lo asombroso no es ni siquiera la rapacidad y la barbarie con que los conquistadores trataron a los pueblos indígenas, sino la rapacidad y la barbarie con que los españoles se trataron a sí mismos».

El narrador plantea que cuando Ursúa mandó a matar a su primo Díaz Arlés fue como “cortar el último lazo de su sangre, sacrificar en sí mismo lo más precioso que le quedaba”. ¿Qué opina usted?

―Ese acto de quemar las naves, que también lo hizo Cortez en México, ese cortar los vínculos con el pasado, es extraño y misterioso. La idea del salvaje, que fue tan difundida aquí a partir de la conquista, es una idea que traían los europeos; existía en la cultura europea, aun antes del encuentro con América. En contacto con el mundo americano, Europa se encontró con su propio salvajismo. Entonces se echó andar la leyenda de que los pueblos indígenas eran salvajes. Pero el verdadero salvajismo es el salvajismo de los conquistadores, que en parte fue puesto a prueba en Europa. Los Tercios de España, como llamaban a sus tropas, que saquearon Cuzco en 1533 y Tenochtitlán en 1519, también saquearon Roma en el año 27.

»Este es uno de los temas más interesantes de la conquista, no solamente el conflicto entre Europa y América, sino los conflictos que Europa sintió nacer en sí misma al hallazgo y el encuentro de lo distinto; conflictos que después se multiplicaron. América estimuló debates en el seno de Europa. La utopía de Tomás Moro, “el buen salvaje” de Rousseau y las revoluciones que se desprendieron de estas ideas nacieron de la reflexión sobre América. O sea que América empezó a modificar la historia universal. Creo que desde hace cinco siglos somos un diálogo. Y ese diálogo comenzó muy temprano».

¿Cuándo comenzó?

―Los Ensayos de Montaigne muestran que la sensibilidad de Europa ha sido herida por el hallazgo del mundo nuevo y por la posibilidad de un mundo en contacto más vivo con la naturaleza, que Europa había ido perdiendo con el paso del tiempo. El debate social fue grande, pero recién con el viaje de Humboldt, a comienzos del siglo XIX, tomó un carácter nuevo la pregunta por la naturaleza. Ya no era solamente la pregunta por el otro, por el salvaje o por el bárbaro, por el que pertenece a otro orden mitológico, a otro orden cultural, sino que América tenía una naturaleza que Europa ya no encontraba en sí. La naturaleza europea había sido deformada o sometida. El cristianismo se hizo para hacernos sentir que somos la criatura superior de la naturaleza, que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y que todo está aquí para tributarnos.

»Me parece que el viaje de Humboldt ayudó a descubrir otra cara de la naturaleza, menos controlable por el ser humano. Tal vez Humboldt en Cosmos fue el primero que propuso no la idea de un dominio sobre la naturaleza, sino de una convivencia. De ahí se nutrirían todos los ecologismos del futuro, algunos ambientalismos y algunas otras cosas más elevadas aún. Para mí los románticos son muy importantes. Todos los anarquismos, todos los feminismos, todas las rebeliones de la imaginación que caracterizan el Romanticismo son productos de esa nueva mirada sobre la naturaleza. Y sobre lo que nosotros podemos ser en su seno. Hoy, lo que nació como un conflicto entre Europa y América sigue siendo una pregunta por la naturaleza que hay que salvar».

La serpiente sin ojosQuizá el narrador de la trilogía podría ser una suerte de “precursor” del Romanticismo en América, ¿no?

―Sí. Yo quería hacer un rastreo de lo que es la conciencia mestiza, porque todo mestizo en América nace como europeo y crece con la conciencia de ser europeo, pero en algún momento se tropieza con la verdad de que en él hay algo “menos” y algo “más” que un europeo. Que está en un lugar fronterizo y no en el centro de una cosmovisión. Ese sentirnos en una frontera causa vértigo, pero también asombro. Muy temprano se percibieron indicios de esa mirada escindida que caracteriza al mundo mestizo. Shakespeare, que era tan perceptivo y que fue rigurosamente contemporáneo de un momento de la conquista de América ―y alcanzó a leer los Ensayos de Montaigne―, dijo en La tempestad algo muy poderoso. Shakespeare intuyó la respuesta que los mestizos americanos podían darles a los europeos, cuando los europeos nos decían: “nosotros les trajimos la lengua”. Calibán le dice a Próspero: “Tú me enseñaste mi lengua y ahora puedo maldecirte en ella”. Es muy fuerte que Shakespeare diga esto tan temprano, cuando la conquista de América apenas está ocurriendo. De manera que el debate sigue abierto, está muy vivo.

¿Coincide con el narrador cuando señala que de los cantos que compuso Juan de Castellanos el que más lo conmueve es el que relata el viaje de Ursúa?

―Sí, ese canto me estimuló para la escritura de mis novelas. Pero me sorprendió que Castellanos, que sabía tantas cosas de los conquistadores, no contara casi nada de Ursúa. Eso me extraña porque fue amigo de Ursúa. A mí me costó mucho descubrir cosas de Ursúa. Como siempre pasa cuando uno no es investigador profesional y cada dato cuesta sangre, sudor y lágrimas, cuando uno encuentra las pistas, se le viene todo en avalancha. Al final supe mucho de Ursúa, demasiado tal vez.

»Un día, en 2007, cuando ya había publicado Ursúa, fui a visitar su casa en Navarra. Recuerdo que llegué al portal y miré hacia abajo, al camino de Elizondo que describo al comienzo del primer capítulo, y me dije: “Qué extraño, Ursúa salió de aquí, no volvió nunca, y aquí nadie supo qué le pasó en América. Y ahora vuelvo yo, que sé todo lo que le pasó, al sitio de donde salió, y tengo la extraña sensación de estar regresando”. Fue un momento muy conmovedor llegar a esa puerta y sentir que el recuerdo de Ursúa estaba entrando en esa casa de nuevo. Como americanos, siempre existe la conciencia de que nunca salimos de Europa y sin embargo estamos regresando…».

Tomado de la publicación: www.pagina12.com.ar

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Formell: “Van Van y Cuba son una misma cosa”. Por: Marino Luzardo*

JUAN FORMELL 1.JPGTal vez lo haya dicho antes, pero si algo valoro de mi profesión es la posibilidad que me brinda de estar cerca de grandes figuras que han hecho historia. Oportunidad que a veces te permite comprobar que esa grandeza es proporcional a la humildad y la sencillez. Ese es el caso de Formell, inmenso horcón de la música cubana a quien hemos aprendido, más que a respetar y admirar, a querer. Que gusto poder ofrecerles esta conversación a ustedes que, como yo, han crecido con los temas del Tren Musical de Cuba.

Siempre que se le llama para una entrevista, habla poco de usted. ¿Es Formell Van Van todo el tiempo?

Yo creo que sí, es el trabajo más importante que he realizado y me enorgullezco de ello. Me di a la tarea de crear una música bailable que tuviera sonoridades contemporáneas por allá por los 60 y, honestamente, nunca pensé que llegaría tan lejos nuestro trabajo.

¿Cómo recuerda su paso por la Orquesta Revé?

Eso fue el inicio de un trabajo que me marcó y me hizo apropiarme de la fusión, utilizando elementos del Caribe, y dio resultado porque no se perdía nuestra identidad ni nuestra sabrosura.

Antes de entrar en Revé tenía ya usted referentes del jazz, incluso, por su padre que también fue músico. ¿Cómo introdujo estas influencias en una orquesta bailable a partir de instrumentos novedosos en este tipo de agrupación?

Eso fue una revolución para la música. Yo venía de estudiar contrabajo y de tocar con Peruchín, Faxas, Somavilla, Guzmán, los mejores directores de orquestas de este país, y se me ocurrió cambiar el contrabajo por el bajo eléctrico, llamamos a un guitarrista y cambió por completo la sonoridad de la Revé.

En el año 1965 usted conoció a una cantante que según su criterio le abrió muchas puertas. Estamos hablando de Elena Burke: La señora sentimiento.

Sí, Elena me abrió las puertas, imagínate que con una carrera sólida y exitosa como la que poseía se arriesgó a cantar temas de un autor desconocido y joven como yo. Yo tenía nivel para hacer orquestaciones pero nunca había hecho arreglos para alguien tan inmenso. Elena seleccionó tres temas míos para su disco y Caturla se enfermó y no pudo hacer los arreglos, tuve que asumir. El resultado fue maravilloso, ella quedó muy complacida y fue el punto de partida para futuras colaboraciones. La quise, la admiré y siempre le estaré eternamente agradecido.  Temas como “De mis recuerdos”, “Ya lo sé”, “Lo material”, cobraron en su voz una dimensión gigante.

Los que hemos crecido con Van Van nos damos cuenta de la manera en que la orquesta se supera a sí misma en cada producción ¿Cómo se logra esto?

Eso es una maquinaria como dice la canción, y es un oficio que se perfecciona cada día. La vida te pone a prueba cada vez que hay cambios, por ejemplo, en los cantantes, que han variado en estos años. Cada vez que nace una orquesta que sanamente pretende arrebatarte la supremacía… Recuerdo cuando nació IrakereAdalberto y su Son, que tuvimos que ponernos los pantalones bien puestos. Hay que sentarse a pensar y componer hasta que logras lo que tú piensas que puede causar impacto, y en eso hemos sido muy afortunados. Si eres inteligente, te nutres del talento de los que te rodean y le das paso a aquellos que son parte de Van Van. Conociendo nuestra historia, se atreven a componer y han pegado sus temas, como Mayito, Robertón, Cucurucho el pianista, en otro tiempo Pupi, y así la responsabilidad no cae solo sobre mis hombros.

En los 90 muchas agrupaciones fueron acusadas de incluir textos vulgares y ofensivos en sus coros, hoy pasa con el reguetón. Van Van nunca ha sido centro de críticas en ese sentido.

Yo soy fanático de las comedias musicales y también de la trova. Pero si haces un texto muy elaborado para bailar, definitivamente no funciona. Usando ambas fuentes empecé a escribir crónicas con música, que hoy en su mayoría son el centro del repertorio de Van Van. Crónicas donde el bailador se vea a sí mismo. No creo que todo haya sido perfecto, se nos puede haber ido una frase no tan feliz, pero nunca groseros.

¿Qué cosa es sonar a Van Van?

Es un estilo, como lo tiene Silvio, como lo tiene Pablo a la hora de componer y orquestar. Creo que el rigor del trabajo y la constancia son la clave para descubrir que estás haciendo algo que llega de forma muy especial a la gente, lo otro es sensibilizar a los nuevos que llegan a la orquesta con la tradición y el sello Van Van, para que no se pierda. Hay que estar pendiente de qué quiere el público. No soy un buen bailador pero ver a los demás gozando con nuestra música me motiva mucho.

Algo que distingue a su orquesta es la permanencia de muchos de sus músicos. Sin embargo, algunos pilares como Pupi, Changuito, Pedrito y, más reciente, Mayito, ya no están en la agrupación. ¿Cómo ha tomado Formell estas decisiones?

Siempre que esto sucede se crea un problema grandísimo. Pupi es un compositor excepcional y un pianista sonero muy bueno, por suerte encontramos a Cucurucho, que también compone muy bien. Pedrito fue la imagen de Van Van por mucho tiempo, con un carisma tremendo, para suplir esto entró Yeni y hubo que hacer reajustes muy grandes en el repertorio y mover la historia de otra manera, como mismo se hizo ahora con la salida de Mayito. Hay que buscar recursos para que el cambio no estremezca tanto nuestro trabajo. Por supuesto, uno no quisiera que fuera así, pero cada quien tiene sus aspiraciones y hay que respetarlas.

¿Siente que hay algo de Formell en estos músicos que ya no lo acompañan?

Me gustaría pensar que sí. Han sido muchos momentos buenos y malos que vivimos juntos y creo que cada uno de nosotros hemos dejado huella en el otro.

¿Qué condiciones hay que tener para ser un Van Van?

Además de ser excelente músico, hay que ser un profesional responsable, someterse a todo lo que supone representar a una orquesta como la nuestra. No faltar a los ensayos, proyectarse de manera correcta: en la tarima no se fuma, no se bebe; hay una serie de condiciones que tiene que cumplir quien desee montarse en este tren y, por sobre todas las cosas, ser buena persona. Pero también los que llegan nuevos tienen que tener la versatilidad necesaria para asumir un repertorio de más de 40 años, porque en cada concierto hay que hacer temas que se crearon tal vez antes de que nacieran algunos de nuestros integrantes.

Desde hace algún tiempo ha delegado algunas responsabilidades en Samuel, muchos piensan que ya usted no dirige. ¿Hasta dónde lleva su hijo las riendas de Van Van?

En la práctica dirige Formell. Dirigir una orquesta lleva muchos elementos: la parte administrativa, la composición. El baterista, desde los tiempos de Changuito, es quien lleva un gran peso en la parte sonora y en los arreglos, y Samuel ya tiene mucha experiencia, además compone. Yo reviso todos los detalles y decido ya a otros niveles. Los años pesan y a veces no estoy en giras muy extensas, pero sí decido el repertorio que se interpretará en cada ocasión, sigo componiendo y todo lo consulto con Samuel.

De los premios que ha recibido, ¿cuál ocupa un lugar especial en su corazón?

Por supuesto que mencionar algo en ese sentido es comprometedor, cada reconocimiento merece mi respeto. Valoro mucho el Premio Nacional que me dieron y también el Honoris Causa que me otorgó el ISA, porque yo no estudié, soy autodidacta y todo se lo debo a mi padre. No tuve la suerte de formarme en conservatorios, por tanto, no tengo formación académica, y que el ISA haya reconocido mi trabajo es un honor para mí.

En casa, ¿quién es Formell?

Soy muy tranquilo, leo mucho y dedico muchas horas a la composición; por cierto, me encantaría hacer más música para cine y musicales, ahora que tengo más tiempo. Me gusta pintar, no tengo técnica ninguna pero llevo mucho por dentro para expresarlo a través de esa manifestación.

¿Por qué colecciona ranas?

No sé, me gustan esos animales, muchos le temen, pero tienen un misterio que me seduce. También colecciono manos hechas con diferentes materiales.

¿Se siente dispuesto a escribir sus memorias?

Eso es complicado. Como te decía, he escrito crónicas que luego se ha vuelto temas musicales, pero escribir mis memorias es harina de otro costal. Parte de mi biografía está precisamente en mis canciones, son vivencias que he tenido y que he entregado con mucho placer. Para escribir mis memorias tendría que ser auxiliado por un escritor profesional, me atrevería, pero necesito ayuda, estoy abierto a eso.

¿Cómo recibe usted el que muchas de las frases de sus canciones se cuelen en el argot popular como es el caso de: “por encima del nivel”, “eso me pone la cabeza mala” y actualmente “que cosa la costurera”?

Es que somos parte del pueblo, Van Van y Cuba son una misma cosa. Siempre hay una comunicación entre el público y el compositor, y ese coqueteo con el humor en estos temas también nos permite una mayor cercanía.

Acaba de salir al mercado otro DVD de Van Van por las cuatro décadas de la orquesta, ¿qué siente al mirar tantas generaciones de cubanos bailando al compás de su música?

Qué te puedo decir, creo que es lo máximo a lo que puede aspirar un creador como yo.

Y creo que el pueblo cubano ha sabido premiar con su cariño a una orquesta y a un creador que nos ha acompañado en momentos importantes de nuestras vidas, aquellos en los que el tiempo libre, a veces tan escaso, le pide movimiento al cuerpo. Nada mejor para liberar tensiones que tirar un pasillo, o pisar a cualquiera tratando de hacerlo, teniendo un fondo musical que, en mayúsculas, suene cubano.

Tomado de la web: www.suenacubano.com

Marino Luzardo*Locutor del popular programa Mediodía en TV de la Televisión Cubana.

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