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Obsolescencia programada y dolores de cabeza. Por: Jon Juanma*

El presente artículo fue realizado y finalizado el 23 de abril de 2012 para Vía 52.

 

“Lo mucho se vuelve poco con desear un poco más”

Francisco de Quevedo y Villegas (1580/1645).

 

Usualmente la publicidad se nos presenta como un formato o conjunto de estrategias que las empresas emplean para dar a conocer sus productos entre un público potencialmente interesado (target en inglés). Una función aparentemente diáfana: conectar las necesidades de los usuarios con las soluciones ofertadas por las empresas. En un principio, con el advenimiento del consumo de masas fruto de las necesidades de la sociedad industrial incipiente en el siglo XIX, la publicidad realmente cumplió ese papel de Celestina entre empresas y usuarios. Pero llegado el principio del siglo XX y especialmente después de la II Guerra Mundial, cuando los mercados mundiales se hallaban crecientemente saturados y todos habían comprado lo necesario, los empresarios se toparon con un grave problema: aquellos clientes que habían adquirido su lavadora o su frigorífico, no comprarían los siguientes hasta después de veinticinco años (que era lo que solían durar por aquellos días). Así las cosas, ¿a quiénes iban a vender sus productos todos los años para mantener o mejorar las cuentas de resultados? Los empresarios se percataron que, bajo condiciones de producción capitalistas (1), debían crear nuevas necesidades entre los compradores para que las ventas (y sus ganancias) continuasen. De lo contrario, sus ingresos comenzarían un declive letal que les obligaría a cerrar sus empresas y echar a los trabajadores a la calle. Es así como nació la obsolescencia programada de mercancías y el paso de usuarios a consumidores.

La obsolescencia (cualidad de aquello que cae en desuso) programada se produce en la actualidad con más intensidad que nunca antes, de dos modos diferentes. El primero consiste en reducir artificialmente la vida útil del producto para que el usuario se halle en la obligación de volver a comprar otro en poco tiempo, normalmente poco después de vencer la garantía del fabricante (frigoríficos, lavadoras, cámaras, teléfonos móviles, piezas de automóviles, etc) y se desarrolla desde los departamentos de I+D de las grandes compañías. Estas divisiones empresariales trabajan para que las piezas y materiales tengan una duración muy inferior a la que podrían aspirar por el desarrollo tecnológico actual. El segundo modo consiste en crear y fomentar modas que continuamente renueven las apariencias de las mercancías para obligar a los usuarios de un cierto poder adquisitivo a mantener actualizado su estatus social. Esto es: nadie que quiera ser considerado cool puede llevar unas gafas de sol durante una década a no ser que pretenda que se rían de él cuando llegue a la playa; pero si espera dos décadas, será muy posible que la moda retro le permita ponerse las Ray-Ban de su padre sin pasar excesivo apuro. Como sabemos este último tipo de obsolescencia inducida por las modas, todavía funciona razonablemente bien para los intereses empresariales en productos como automóviles, televisores, ropa, software informático, etc., los cuales mantienen ritmos de renovación formal extremos (como en el caso de los forzados requerimientos del sistema en Windows, los videojuegos punteros y las tarjetas gráficas). Otro ejemplo paradigmático lo tenemos en el caso de las equipaciones oficiales de los clubes de fútbol. Cada temporada modifican sus diseños para mantener constantes las cuotas de ingresos de multinacionales del textil como Nike, Adidas o Reebok, induciendo a sus fans la necesidad de “mantenerse al día” con su querido equipo, pagando por su devoción futbolera cantidades muy superiores a las pagadas por prendas semejantes.

Pero la publicidad tiene otros efectos más sutiles y profundos sobre las poblaciones, de índole ideológica. Como parte de nuestra iconosfera con la que convivimos a diario nos afecta profundamente en nuestra aprehensión del mundo (2). Al igual que todo producto humano, la publicidad, no solo es una objetivación de nuestra actividad creadora en tanto especie, también nos conforma e incide en nuestro desarrollo ulterior. O para decirlo de un modo más sencillo: un pastelero objetiviza sus habilidades y conocimientos culinarios (su oficio) en la realización de pasteles; pero si se comiera uno de ellos todos los días, mañana y tarde, seguro tendría repercusiones para su propio organismo aumentándole los niveles de colesterol, azúcar y grasas. Entonces, ¿qué nos ocurre cuando a través de nuestros sentidos “ingerimos” enormes cantidades de publicidad diaria? Depende del individuo, a unos les afecta más y a otros menos (como los pasteles), depende de nuestra genética, educación, consciencia e ideología, pero absolutamente ninguno de nosotros podemos escapar por completo de su influencia. Para empezar, la representación que muestra la publicidad de nuestra sociedad, por mucho que les pese a ciertos profesionales del sector, es absolutamente falsa, totalmente mistificada y direccionada a cumplir su razón de ser: vender la mercancía anunciada (producto, marca, etc). Sea un desodorante o un ejemplar de “Harry Potter”, una caja de condones o unos misiles de largo alcance (3), la razón de ser de la publicidad radica en la seducción y el convencimiento del receptor para la venta de la mercancía: el aglutinante necesario para la generación de plusvalor y la rotación del capital en las sociedades nominalmente “democráticas” (4). Y todo lo demás que muestre, desde un indígena anunciando el turismo venezolano en las cadenas de los países enriquecidos hasta el paradisiaco paisaje de una isla caribeña, se reduce a la primacía del objetivo pecuniario. Toda ética y cualquier valor cultural, todo el mensaje con la forma que lo media se orientan decididos para la seducción del comprador potencial (sea un niño que comienza a leer o un adolescente con altas dosis de testosterona, un recalcitrantes opusdeista o un Estado o grupo terrorista (5). Sin importar las decorativas agencias de responsabilidad publicitaria que tienen la firme responsabilidad de no tenerla, todo es válido para conseguir la seducción reproductora de capital: desde mostrar un bebé con el culo al aire jugando con un perro (¿dónde están los derechos de los niños?) hasta insignes fallecidos como Bruce Lee o John Lennon (¿dónde están los derechos de los muertos?), a los que les roban discursos que, convenientemente descontextualizados, sirven para reforzar el culto a la marca (6) .

Así que a diferencia del Rey Midas, al que por regalo de Dionisio le fue asignado el poder de transformar en oro todo lo que tocara; a la Reina Publicidad, el dios Capital le dio el poder de transformar en mercancía todo lo que mostrara. La totalidad de lo representado/mostrado en los anuncios queda subsumido a su lógica: los esculturales cuerpos de los modelos, las curvas de las bailarinas, el abrazo de un padre a su hijo y por encima de todo: la promesa constante de (ob)tener una vida un poco menos infeliz una vez pagado el precio requerido. Pero al realizar semejante ejercicio de hipocresía, la publicidad parte de la premisa del reconocimiento tácito de nuestra infelicidad. Solo puede prometernos felicidad en base a su carencia. Para ello debe mostrarnos un mundo que no existe, un decorado con el que soñar un capitalismo imposible al que supuestamente estaremos más cerca de acceder tras la compra: donde todos viviremos en espaciosos áticos de clase media o alta, conduciremos deportivos, ligaremos con mujeres de belleza escultórica por beber determinada marca de licores y disfrutaremos de un apurado en el afeitado solo comparable a la definición de nuestros abdominales. Sin esfuerzo y al instante. Una sociedad paralela donde las mujeres que no tienen un gramo de grasa no dejan de comer enormes helados de chocolate, donde los transportistas conducen furgonetas brillantes con una sonrisa permanente sin importarles la extensión de la jornada laboral y donde después de beber una botella de Martini, en lugar de acabar con un insoportable dolor de cabeza, arribaremos entre un mar de seductoras piernas a una orgía siciliana. Sin explotación ni asesinatos: todo al revés, perfectamente invertido y convenientemente embellecido, mistificado.

En esta ópera contemporánea de la seducción mercantil, la publicidad nos mostrará mil caras fingiendo una individualización constante (7), pero solo nos reclamará una: la de consumidores. Todo valor de uso representado será subsumido en la lógica de la seducción del capital-publicidad y cualquier gesto servirá para que el posible consumidor termine por llegar serlo. Solo que una vez comprado el producto, nuestra vida seguirá igual de gris que antes, y de nuevo vendrán a nuestro encuentro más anuncios para prometernos un trocito de cielo con el que colorear nuestro vacío existencial. Simplemente a cambio de lo que podamos darle de la mercancía que funciona como equivalente general de todas las demás: el dinero. La promesa capitalista del coito sin fin seguirá acosándonos en las vistas de las entradas a las ciudades, en los cookies de las páginas web o en los clips de YouTube. La eterna masturbación del consumidor, el porno publicitario de sus sueños suspendidos en la pesadilla de su inhabitable mundo real, continuará de la mano de la publicidad hasta que no finiquitemos el sistema económico que le da sustento. O hasta que nos dejen sin dinero para el consumo. Justo lo que está sucediendo actualmente en España y otras zonas de Europa a falta de que las clases populares sean capaces de conquistar la revolución o al menos, para los ataques de las clases dominantes. El sistema mundial está cambiando de centros y la riqueza se acumula en otras regiones como Asia (con China e India a la cabeza), mientras las tradicionalmente centrales (como Europa) pierden grados en la jerarquía capitalista internacional, fruto de años de deslocalizaciones industriales en busca de mano de obra barata. Todo ello está produciendo reestructuraciones en la estratificación interna de las poblaciones de los Estados. Las clases dirigentes autóctonas, por ejemplo las españolas, al no poder robar tanto a los trabajadores de otros países como antaño mediante el imperialismo económico de sus empresas, necesitan explotar más a “sus” nacionales (Reforma Laboral, destrucción de servicios públicos, criminalización de la disidencia, etc). Y así mientras el poder de consumo de los asalariados autóctonos (con o sin papeles) tiende a extinguirse, la publicidad sufre una evolución promocionando mercancías y marcas cada vez más orientadas hacia un público perteneciente a las clases altas (8).

En resumen, la publicidad comercial es parte fundamental de la superestructura (9) capitalista y como tal, la propaganda sistémica más sutil y seductora de todas cuantas ha generado el homo sapiens desde que en el Neolítico comenzara su doloroso trayecto por las sociedades de clases. Y es la más seductora porque mucho de lo considerado bello o atractivo por el hombre, queda subsumido por su lógica expoliadora. Si en un futuro consiguiéramos conquistar una sociedad realmente democrática sin explotación de clase, con igualdad de oportunidades para todos, debiéramos replantearnos los efectos alienantes que la publicidad comercial dejó en el imaginario colectivo. Recordando que, aunque siempre existirá cierto tipo de publicidad en nuestras sociedades, deberemos exigirle que, una vez liberada de sus compromisos capitalistas, su papel se centre en su función informativa dejando los espacios más fértiles para el desarrollo de las artes y las necesidades estéticas lejos de su dominio. Necesidades espirituales que nos seguirán acompañando en nuestras relaciones sociales mientras que el homo sapiens habite este mundo: de formas tan diferentes que apenas hoy podemos si quiera imaginar. Y con un poco de suerte, si todo va bien, esto es, si alcanzamos el socialismo democrático, la dimensión estética que el capitalismo potenció para sus fines no hará sino aumentar con diferente y más constructiva lógica. Por vez primera en nuestra historia, esta dimensión quedará desembarazada de la búsqueda necesaria del enmascaramiento y la alienación de las mayorías para lucir repleta de una ética fruto del gobierno democrático de la colectividad, en convivencia con el libre desarrollo de las siempre diferentes y enriquecedoras individualidades que nos definen (10).

Notas:

1. La necesidad del crecimiento sostenido e infinito es un rasgo específico del sistema de producción capitalista, que va contra la lógica de la naturaleza y la sociedad. Pues, por una parte, genera ingentes cantidades de basura que la Tierra no puede reciclar, ni con la ayuda técnica del hombre, actualmente, tampoco .Y por otra, va contra la lógica de la cohesión social pues tiende a polarizar mundialmente la riqueza disfrutada por los individuos, entre unos pocos grandes capitalistas que privatizan las riquezas de las mayorías y unas mayorías crecientes de asalariados cada vez más empobrecidos.

2. En la calle, vallas publicitarias; en el trabajo, televisores encendidas o marcas en las prendas; en casa, desde la radio, la TV o Internet.

3. La publicidad no es solamente aquella dirigida al gran público, en radio, TV o Internet. También hay una publicidad muy costosa, y por ende poco conocida, dirigida a un público de alto poder adquisitivo, como gobiernos o empresas multinacionales. Y aquí también se cumplen varios de los parámetros señalados en nuestro artículo, aunque con una tendencia a ensalzar el valor de uso por encima de mistificaciones de carácter metafísico relacionadas a la fidelización de la imagen de marca.

4. El plusvalor es la parte de riqueza producida por los trabajadores asalariados (fuerza de trabajo) no retribuida por el empresario que suele ir en dos direcciones: al consumo personal de este y a la inversión ampliada en sus propios negocios.

5. Y no hay mejor forma de garantizar la venta de armamentos que anunciando al ejército que más compra en el mundo, para que no falte la mano de obra que cargue las mercancías, ni los terroristas (futuros clientes) que surgirán de sus guerras imperialistas: http://www.youtube.com/watch?v=cq-ZVIZJaI8 (2012/04/23).

6. Respectivamente para BMWy Citroën: http://www.youtube.com/watch?v=RXwJACmAchg (2012/04/23) y http://www.adweek.com/adfreak/john-lennons-citro-n-ad-fairly-indefensible-12982 (2012/04/23).

7. En Londres ya se están probando las marquesinas de publicidad biométrica, donde mediante una cámara el cartel reconoce si el espectador es hombre o mujer, junto con otros rasgos leyendo el iris del ojo, mientras la publicidad se adopta a sus supuestas preferencias en tanto inscrito en grupos de target. Ver: http://videos.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/hardware/adios-a-la-publicidad-convencional_7EqCzFRZmSJj0MkkMx6uo7/ (2012/04/23).

8. Este es el caso de Loewe con su anunció dirigido a los niños “muy pijos” de las clases dirigentes: http://www.youtube.com/watch?v=UUWFWJ9fRoo&feature=youtu.be (2012/04/23).

9. En la gramática marxista, la “superestructura” es todo aquello que, en última instancia, está conectado dialécticamente y determinado por la base material de la sociedad (las relaciones de producción). En la superestructura entraría todas las producciones culturales de los hombres como la judicatura, las artes, los diferentes sistemas ideológicos, etc.

10. Seguramente acumulativamente creciente a medida que el hombre consiga librarse del trabajo como medio de subsistencia y pueda dedicarse más a la expresión de sus libres potencialidades creativas.

Para saber más, breve bibliografía y filmografía combinadas:

BERGER, John (2007), Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gil [1972].

DANNORITZER, Cosima (2010) Comprar, tirar, comprar. España/Francia. Ver: http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/ (2012/04/23).

DEBORD, Guy (1995), La sociedad del espectáculo. Santiago de Chile: Naufragio [1967].

HARVEY, David (2007), Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal [2005].

ILLESCAS MARTÍNEZ, Jon E. (Jon Juanma) (2009): Estetificación y falsificación de la vida en el sistema publicitario. Rebelión, 2 de agosto de 2009: http://www.rebelion.org/docs/89506.pdf (2012/04/22).

KLEIN, Naomi (2001), No logo. Barcelona: Paidós [1999].

MANDEL, Ernst (1986), Las ondas largas del desarollo capitalista. La explicación marxista. Madrid: Siglo XXI [1980].

MARTEL, Frédéric (2011), Cultura mainstream: Cómo nacen los fenómenos de masas. Madrid: Taurus [2010].

MARX, Karl (2007), El capital. Madrid: Akal [1867].

WALLERSTEIN, Immanuel (2005), La crisis estructural del capitalismo. México D.F.: Contrahistorias.

*Investigador de la Universidad de Alicante y la Universidad Complutense de Madrid. Artista.

Tomado de www.rebelion.org

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(VIDEO) #BlogazoxCuba: Los mercenarios son los únicos que no cambian en Cuba. Por: M. H. Lagarde*

Nacido desde el más profundo y orgulloso oficialismo revolucionario para contrarrestar a un supuesto periodismo ciudadano sustentado en premios injustificados o en encuentros organizados por torturadores y criminales de reconocido prestigio internacional, el blog Cambios en Cuba podría definirse como un blog de batalla.

Sin embargo está claro que, tras las revelaciones hechas por Wikileaks de algunos cables fechados en la SINA, o el testimonio fotográfico publicado en sus páginas del servilismo imperial de los mercenarios insulares, no queda ya mucho que descubrir.

Desarmados de argumentos y verdades que defender, para colmo, el enemigo ha optado por la cínica estrategia de descubrirse así mismo. Por lo que no resulta nada extraño que los jefes en Washington saquen la cara públicamente por algunas de las marionetas en las que han invertido nadie sabe, a ciencia cierta, cuántos cientos de millones de dólares.

Como ya he dicho en otras ocasiones, el ataque hacia Cuba a través de los blogs no es nada nuevo. Una variación, a tono a los tiempos que corren, de la campaña mediática que se inició a pocos días del triunfo de la Revolución usando como pretexto el fusilamiento de los esbirros y asesinos de Batista. De la Operación Verdad emprendida entonces por el gobierno revolucionario hasta hoy, puede decirse que si algo ha cambiado son los medios tecnológicos utilizados para difamar y satanizar a Cuba.

El trabajo sucio que entonces, además de las agencias de prensa internacionales, realizó Radio Swan y hasta no hace mucho la mal llamada Radio Martí, ahora se ha intentado traspolar al último grito de las comunicaciones: Internet.

Se trata de hacer creer que supuestos “testigos” o presuntos periodistas ciudadanos en la Isla, denuncian, gracias a la “magia” instantánea de las nuevas tecnologías, la represión existente en el régimen “dictatorial y totalitario” cubano.

Ya sabemos, como se hizo público recientemente durante las elecciones en Irán o en el caso de la toma de una plaza en Libia, cuán “instantáneas” y “ciudadanas” resultan ser dichas redes sociales cuando las verdades se montan en escenografías emplazadas a miles de kilómetros de donde en realidad ocurren los hechos.

El experimento de las infalibles redes sociales, que puede haber resultado en otras latitudes que nada tienen que ver con la geografía social cubana, no creo que tenga el menor éxito en nuestro país, a pesar de la fascinación, real e inventada, que tratan algunos teóricos de endilgarle a las llamadas redes, las cuales en realidad, la mayoría de las veces, no son más que redes ficticias.

Por otro lado, tratar de engañar a los cubanos con trucos propagandísticos baratos no solo ha resultado bien difícil hasta ahora, sino que lo será en el futuro. No se debe olvidar que el Maine explotó el 15 de febrero de 1898, a las 9 y 40 de la noche, en la rada habanera y que su explosión desató la primera campaña mediática del imperio, si es que el imperialismo, como dijo Lenin, apareció en su más actualizada versión por esos días.

Yo, que hace unos años, me entretuve en escribir una novela sobre el tema, sé que no hay mucha diferencia entre los métodos utilizados por Hearst durante la llamada guerra hispano-cubano-americana y los utilizados recientemente en guerras como la de Irak u otros conflictos internacionales más recientes.

Ayer como hoy, la mentira y la tergiversación de los hechos a favor de los intereses de los propietarios de los grandes medios de difusión -que no son otros que los dueños y señores del capital mundial-, sigue siendo el eje central de la política editorial de la llamada prensa libre occidental.

Si algo ha cambiado, como ya dije, ha sido la tecnología a través de la cual esa dictadura del engaño fabrica e impone al resto de la ciudadanía mundial sus mensajes.

Si hoy un moderno Remington le reprochara, vía sms, a los nuevos Hearst la falta de hechos que contar, estos últimos le responderían: “Tú saca el celular, que nosotros pondremos la represión y la guerra”.

Volviendo al  blog, con sus altas y bajas, durante algo más de tres años, Cambios en Cuba ha tratado de poner al descubierto el nada original accionar de los mercenarios y sus amos que, por lo visto, son los únicos, en Cuba, que se empeñan en no cambiar.

El blog nunca hubiera sido posible sin la colaboración de muchos amigos, entre los que se destacan el fallecido caricaturista, Tomás Rodríguez Sayas, Tomy, el preguntón Hatuey, los caricaturistas de Palante, José Luis y Lacoste, o ese valiente y excelente periodista cubano, radicado en Miami, llamado Edmundo García.

Con la ilusión de que el enemigo consiga reclutar mercenarios mejores capacitados, con la suficiente ética para no trastocar piedras en balas e inventar asesinatos de diplomáticos en las calles habaneras, o de hacer creer que unas analfabetas funcionales organizan cada cierto tiempo nada menos que “tés literarios”, Cambios en Cuba mantendrá, como hasta ahora, sus entradas abiertas.

En cuanto a los cambios en Cuba, los reales, esos que ocurren todos los días y que son muchos y sin dudas seguirán siendo, los lectores, como han hecho hasta ahora, podrán seguirlos perfectamente ya sea por el periódico Granma o, desde una perspectiva más intimista y humana, en las bitácoras de muchos de los blogueros aquí presentes.

*Bloguero y Periodista.

Tomado del blog. www.cambiosencuba.blogspot.com

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(VIDEO) Bon appétit

El arte en función de la sociedad. La creación apostando por la inteligencia y el sentido común. Estamos ante una verdad. Sus derroteros son más urgentes que nunca. Sus dotes y sus atributos son claves en tiempos donde impera la mediocridad de los políticos, que se pliegan a la voluntad de los mercados y al altar del dinero. El audiovisual ha de hacer su tarea, “descubrir” las trampas de los “gobernantes” que hacen de su labor un infame servilismo ante el empresariado global. Esta pieza es un ejemplo de síntesis. Un certero mensaje, “poblado” de humor y creatividad.

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(VIDEO) Mientras el aire es nuestro

Sinopsis:

Existe la certeza de que los combustibles fósiles como el petróleo están llegando a su fin, lo que obliga a diversificar las fuentes y a poner en cuestión las necesidades reales de energía de una sociedad voraz. No habrá más remedio que cambiar y emplear energías renovables que no se agoten, no supongan peligro y no contaminen, capaces de satisfacer un consumo verdaderamente responsable. Algunas personas, muchas, cierran los ojos ante el sentido común desde sus torres de marfil acristaladas de poder, para mantener sus privilegios y los de las grandes fortunas. Por ello aún hoy, el proyecto más turbio de una de las empresas más contaminantes de Europa cuenta con el apoyo institucional y empresarial para instalar una refinería en Extremadura, el propósito más tóxico y contradictorio en los últimos 40 años en el Estado español.

Ficha técnica:

Título: MIENTRAS EL AIRE ES NUESTRO

Idioma original: CASTELLANO

Género: DOCUMENTAL

Duración: 58

Formato Original: DVCPRO

Producido por: LIBRE PRODUCCIONES

Producción ejecutiva: Fernando Moreiro y José Camello Manzano

Dirección: José Camello Manzano

Cámaras: Fernando Moreiro, Rafel mellado, Carlos Lozano, Carlos Gallego

Guión: Jose Camello Manzano, Ana Baliñas

Voz en Off: Antón Cancelas

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(VIDEO) “La Ruta del Terror” (1ra Parte)

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(VIDEO) Cine Documental. ¿Sí o No?

El pueblo extremeño ha logrado una clara victoria. La declaración del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, donde se certifica que la Refinería Balboa es medioambientalmente inviable. Este pronunciamiento es consecuencia de la inteligencia y el empeño de los pobladores de esta región española, en particular de la Comarca de Villafranca de los Barros.

La noticia estimula a reflexionar sobre un asunto que -a mi criterio- está vigente. Es un tema medular en plena era donde la globalidad de los medios de comunicación han “minimizado” las distancias entre todos. Me refiero a la responsabilidad de los hacedores del arte y la cultura como impulsores y promotores de ideas en torno a los problemas que afectan a la humanidad. Sus “saberes” son claves en este flujo de “verdades” que persisten “como islas”, cuando deberían estar perfectamente imbricadas.

No voy a caer en la trampa de afirmar que un libro, una obra de arte, un tema musical u otra expresión artística –por si solos-, resuelven los problemas del mundo. Resulta una obviedad, un asunto superado. En la determinación y cauce de un problema deben participar y tomar partido las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad en pleno. Todas deben apuntar a materializar y consensuar sobre los derroteros del futuro. Para que nuestro camino –el de todos-, sea un trazo de “escalones secos”. Un mar de preguntas con respuestas. Un surco de voluntades y reencuentros.

Soy de los convencidos que al arte y a la cultura, les toca -por derecho propio- el rol de reinterpretar la sociedad, la historia y el pensamiento sin olvidar un “mandato dado”, el de entretener. Los que nos sentimos parte de esa utopía nos asiste el deber de construir ese “otro mundo”. Un mundo donde las metáforas, las estéticas, las historias y los empeños se junten, tomando como punto de partida la realidad.

Ese otro mundo lo dibujo como un escenario donde el dialogo y la reflexión, han de ser las “armas” de estos tiempos. Un mundo donde la equidad sea la base de todas las relaciones. Un mundo donde el hombre y la mujer sean el centro y el eje de todas nuestras voluntades. Un mundo donde la naturaleza sea nuestra casa y no el basurero o el “escaparate” del que podemos tomar lo que nos plazca. Un espacio vital -local y universal-, donde “el uno no quiera imponer su voluntad sobre el otro”.

Esta metáfora no responde a una reflexión filosófica, ni aspira a descifrar los “interminables” problemas que afectan a nuestro herido planeta. Si no nos ponemos al servicio de todos con nuestra sensibilidad y nuestro talento, los desastres serán mayores.

No hago escritura del alarmismo. Tan solo me limito a tener en cuenta la historia de la humanidad de las dos últimas décadas, donde impera “la ley de la guerra”. Los principios más elementales de respeto y convivencia están en franco desplome. La impunidad de la violencia de Estado como “formula” para “resolver los conflictos” que azotan a la contemporaneidad es el sello de esta verdad.

Por supuesto que la visión de cada persona en torno a “su realidad”, está “perfilada” desde las herencias familiares, religiosas, culturales y políticas que han “evolucionando” con el paso de la historia.

Esta construcción de “visiones y reciclados”, son el resultado de un complejo proceso que transita en permanente flujo de movimiento. Somos seres que vamos adsorbiendo de nuestro entorno periférico y remoto. Son vivencias o puntos de vistas que parten de la lectura como fuente principal del conocimiento. En este inventario no podemos olvidar la tradición oral.

Nos pasamos buena parte de nuestra vida leyendo. Me refiero no solo a la lectura de un libro o publicación periódica. De una película o de una obra de arte. Somos lectores -muchas veces- inconscientes de nuestro entorno. El acto de viajar constituye un claro ejemplo de lectura sociológica. Los encuentros formales o atemporales en grupos o entre dos, son también esa otra forma de “leer” donde “aprendemos del otro”.

Sobre el inconsciente cabe recordar el vasto arsenal teórico de lo subliminal en el mensaje. Este tema ha sido ampliamente estudiado como para tomarlo en cuenta. Es ese otro rol –no siempre positivo-, que juegan los “canales de comunicación” que pretenden “conducir” el comportamiento humano.

¿Dónde queda el Cine Documental en este complejo engranaje de ideas? ¿Qué lugar se le atribuye en medio de tanta “parcela cultural e informativa?

Vale recordar algunas reflexiones sobre este tema, escritas por un clásico de la teoría cinematográfica. “Los documentales toman forma en torno a una lógica informativa. La economía de esta lógica requiere una representación, razonamiento o argumento acerca del mundo histórico”.

Bill Nichols, desenfunda esta idea que se justifica e interpreta desde la relación natural que tiene –y que nadie pone en dudas-, con la realidad que es su permanente fuente de contenidos. Para constituirse en un género que valoriza y jerarquiza el “sabor del conocimiento”.

Estamos ante un documento –el cine documental-, que supera toda amenaza de caducidad. Su auténtica construcción la desvía de transitar por la vacilación sobre la realidad inmediata. El cine documental tiene la capacidad de interpretar “su presente” y darlo como obra de arte para el futuro. También nos “dibuja” el pasado, por esa virtud que tiene el arte de llevarnos hacia otras latitudes y períodos remotos.

Nichols dejó en su libro: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, dos citas de obligada referencia que resumen la esencia de este artículo: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento”. Esta reflexión escrita con certera exactitud, se contrapone a la realidad social y comunicacional que vive el género.

No me basta con que me digan que hay una veintena, treintena e incluso “infinita” cantidad de festivales dedicados a su difusión. No es suficiente cuando me apuntan que se editan no sé cuantas publicaciones que abordan –totalmente o en alguna sección-, el “cine verdad”. No me convence el hecho de que publiquen libros sobre corrientes estéticas o biografías de estos importantes gestores de opinión. No es suficiente cuando me demuestran que hay varias salas –en tiempos de crisis-, especializadas en este “Modus Cinematográfico”. La “Plaza Natural” del Cine Documental es la Televisión.

Si tomo como referencia el filme, Mientras el aire es nuestro, del realizador español José Camello Manzano, la respuesta sería: “Ausencia casi total en la pantalla de millones”. No reniego de la magia de la sala de cine. Defiendo su existencia como espacio para el disfrute con toda la atmosfera que esta tiene.

Permítanme tomar un fragmento de la reseña que hice sobre este filme presentado en nuestro programa La cámara lúcida de Tele K.

“En esta pieza cinematográfica por su naturaleza de denuncia, el rasgo emotivo del director se expresa claramente en el discurso paralelo entre la voz en off del narrador y -por resultante-, diálogo en matriz de monólogo. Se juzga y se comenta. Se juzga a las empresas implicadas en esta absurda intencionalidad que se vende como sentido de prosperidad y se comenta desde la aportación de datos, estadísticas, experiencias anteriores sobre similares acciones que buscan reforzar los planteamientos de mayor peso. El realizador da la palabra, pero también la toma”.

Cabe apuntar algo fundamental en la idea que les quiero trasmitir. El filme, Mientras el aire es nuestro, demuestra sin tanta parafernalia cinematográfica los desastres que podría haber causado esta refinería si se hubiera “sembrado” en tierra extremeña. La obra desvela antecedentes de patologías relacionadas con la emulsión de gases contaminantes presentes en otras comunidades de Estado Español. Por otra parte, puntualiza la falta de voluntad de los políticos de la región al no tener en cuenta los criterios del pueblo. Lo que impera es la “voluntad” del dinero.

Nichols en este mismo texto, apunta otra tesis bien relevante. “El documental, como otros discursos de lo real, conserva una responsabilidad residual de describir e interpretar el mundo de la experiencia colectiva, una responsabilidad que en modo alguno es una cuestión menor”

¿Qué hubiera pasado si Mientras el aire es nuestro o filmes de similar enfoque temático y punto de vista se hubiera presentado en las pantallas televisivas de Estado Español?

Vale la pena descifrar algunas claves en torno a varios pronósticos. En primer lugar las conciencias medioambientales se hubieran multiplicado por cientos de miles. En segundo lugar –y esta derivada de la primera-, sería una eficaz herramienta de educación en torno a los peligros reales que sufre nuestro planeta. Cada ciudadano tomaría conciencia de su responsabilidad ante los peligros por la NO VOLUNTAD de las administraciones, que deben tomar decisiones urgentes y responsables sobre este inaplazable asunto.

Su difusión en todas las televisoras de las provincias españolas, habría contribuido a que un mayor número de habitantes entendería los problemas a los que nos enfrentamos y sus posibles soluciones. Hago esta acotación pues este filme, no solo denuncia lo aberrante de este engendro truncado. Aporta soluciones e ideas coherentes en relación con nuestra naturaleza.

El cine documental vive en un terreno de fragmentaciones. Sus espacios de maniobras para la promoción, distribución y comercialización están en una permanente carrera de obstáculos. El espectador-público es su principal razón de ser.

Este filme tiene todos los ingredientes que se le podría pedir al género, para llegar de manera acelerada y certera a un amplio espectro sociológico de “lectores”. Ante un “diagnóstico de peligro”, los políticos y burócratas “filtran esa cosa” que podría resultar incómoda. ¿Incomoda para quién? Dejo esta interrogante para otro texto que publicaré en próximas ediciones.

Este filme tendrá su “estreno” el próximo domingo 29 de abril en la Pantalla Fílmica de CineReverso.

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(VIDEO) El filme cubano “Sumbe” en el Yemaya

El jueves 26 de abril a las 20:30 presentación del filme “Sumbe” del cineasta cubano Eduardo Moya. La cita en la Asociación Cultural Yemayá. Calle Amparo 78, Lavapiés, Madrid). La premier se hará con la presencia de Juan Castillo, Coronel Retirado y Asesor principal de la película.

Sinopsis

El 25 de marzo de 1984 un reducido grupo de obreros, maestros, médicos, técnicos y asesores cubanos, con escaso armamento y parque, se unen a los angolanos para defender la ciudad de Sumbe de las fuerzas élites de la UNITA. El objetivo principal del ataque era causar un impacto internacional y capturar prisioneros extranjeros entre los colaboradores que allí se encontraban.

 

Equipo de realización

 

Guión y Dirección

Eduardo Moya

Dirección de Arte

José Manuel Villa

Diseño de Banda Sonora

Israel López

Música Original

José María Vitier

Montaje

Kenia Velázquez

Casting y  Dirección de doblajes

Raquel González

Producción Ejecutiva

Isabel Prendes

Dirección de Producción

Humberto Hernández

Asesor Principal

Coronel® Juan Castillo Vázquez


Reparto

Fernando Hechevarría

Roberto Perdomo

Jorge Martínez

Alden Knight

Oscar Bringas

Renecito de la Cruz

Jorge E. Caballero

Enrique Bueno

Haydeé Hart

Hugo Reyes

Yarlo Ruíz

Yaikenis Rojas

Giselle González

Kristell Almazán

Linette Hernández

Jorge Rivera

Bernardo Menéndez

Javier Guilarte

Jorge Ryan

Félix Beatón

Anita Rojas

Alfredo Pérez

Carlos Cruz

Raúl Hernández Moreira

Félix Soler

Ulyk Anello

Wilfredo Candebat

Rodolfo Faxas

Gerardo Montesinos

Alicia Hechevarría

Teresita López

Anniet Forte

Alina Molina

 

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Los jóvenes en el cine: del (buen) decir y otras obsesiones. Por Esteban Insausti*

Pertenezco a una generación ventana, a una promoción de cineastas cubanos que abrió las puertas a muchos otros jóvenes que vinieron detrás. A partir de nuestra obra, vinculada o no a la institución, surgió la Muestra de Jóvenes Realizadores, un espacio ―prefiero llamarle así, antes que definirlo como un “festival”― para privilegiar el talento, con la misión de rejuvenecer la nómina del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) por una razón lógica: los directores que trabajaban en torno a una institución de 50 años, tenían una edad promedio de 70.

Sin embargo, en un país que no tiene una ley que proteja al cine ―aunque sea subvencionado―, un joven se enfrentaba a una cámara y a la realidad de la calle de manera improvisada, con todos los riesgos que implica: el desconocimiento de lo que se llama un “permiso de cine”, el desconocimiento de los derechos y de las posibles vías de distribución; pero siempre abrazamos la búsqueda de un decir diferente, de un lenguaje que se asome a nuestra realidad desde perspectivas renovadoras. Y eso es, justamente, esta generación: la mía y la que engloba a los más jóvenes cineastas de hoy. Más allá de los oportunismos y los reciclajes, es posible advertir en ellos un movimiento interesante: una corriente sin líder ni manifiestos ni instituciones que los respalden ―la Muestra dura apenas una semana y no repercute en la carrera de un realizador más que como un paso hacia adentro de la industria cubana.

Mi primer documental, Las manos y el ángel, fue también un resultado de los riesgos. Filmé con siete cámaras diferentes y el lenguaje con que hilvané el discurso, no era más que una manera de disfrazar el defecto de la realización misma; pero eso no frena a un cineasta que empieza. Su obsesión es expresarse y no conoce otra vía, a cambio de nada. Hablamos de un panorama hermoso pero desolador, donde el joven se curte lidiando en esas aguas. Y en Cuba, los primeros pasos de un cineasta tienen un sabor particular. Las relaciones económicas lo definen todo en una sociedad, y esos muchachos que hacen un documental pasan vicisitudes impensables solo por las ganas de hacer, de decir. Vienen de la música, del diseño gráfico, de la arquitectura, del periodismo, con miles de ideas dándoles vuelta en las mentes y en las gargantas.

Hablamos de un movimiento atendible desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, desde Sara Gómez no se veía en el cine cubano una impronta tan fuerte de la mujer, con miradas no solo a la realidad cubana contemporánea, sino también centradas en los lenguajes. Las nuevas generaciones se están preocupando por el “qué” contar y por el “cómo”: una deuda con Sara, con Nicolás Guillén Landrián, con el propio Titón, con la escuela cubana del decir con una morfología, con un discurso cinematográfico propio.

Entre la nueva generación de cineastas en Cuba, se puede percibir una suerte de itinerario estético en relación con sus precedentes de todas partes del mundo. La promoción que sirvió de puerta a la actual, por ejemplo, es heredera de la Nueva Ola y del Neorrealismo, tanto como de Memorias del subdesarrollo o de Lucía. Para eso son las vanguardias: para enseñarnos a transgredir, a revisitar, a descomponer, a rehacer.

Con la tradición a cuestas y con perspectivas propias, las temáticas en el cine cubano hecho por jóvenes conforman un abanico amplio. Como ocurrió en la década de los años 70 en el teatro cubano “de la marginalidad” y, luego, con el cine “social”, prima hoy entre los jóvenes realizadores una mirada hacia “el otro” más desprotegido dentro de la sociedad: fenómenos raciales, conflictos de género, segregación, accesibilidad a determinados bienes, etcétera, son abordados desde una sensibilidad que convierte a esos sujetos en nuevos íconos, en puntos de referencia a los que la sociedad tiene que mirar. Es una apuesta valiente e importante, pues el cine es el documento visual que sirve de testimonio a una época.

A grandes rasgos, así puede describirse el panorama en relación con el “qué”. Las nuevas tecnologías han propiciado, en gran medida, ese despegue temático. Cualquier joven puede filmar un cortometraje con un celular y editarlo en su casa. Hace unos años, era un fenómeno impensable. No obstante, en relación con el “cómo” contar historias, la situación es más compleja. La vanguardia siempre tiene nombres y apellidos, nunca será una masa de 500 jóvenes. De cada Muestra, dos o tres trabajos son verdaderamente atendibles. Esa cifra ya constituye un éxito en un país con 11 millones de habitantes, bloqueada, con una economía que lo reduce todo a la dificultad.

Nunca he creído en los bajos presupuestos como justificación de un material con deficiencias dramáticas. Justamente, es ahí donde se define a un artista; pero esas obsesiones con decir las cosas de formas diferentes no es general: el experimento per se no es un valor, es jugar a ser contemporáneos sin cuidar la comunicación. A diferencia del “pastiche digital”, el arte cinematográfico requiere una formación para que sea verdadero.

Ninguna escuela le va a aportar a un realizador el talento que no tiene. Estudiar cine es una posibilidad para las elites, en cualquier lugar del mundo. El hecho de que en Cuba esté al alcance del talento, provenga de donde provenga, es una suerte innegable. El tiempo ha nutrido a los jóvenes de posibilidades que otras generaciones nunca conocieron. Hasta hace menos de una década, para ver buen cine había que acudir religiosamente a la Cinemateca o al espacio de televisión Toma 1. Hoy, cualquiera intercambia memorias flash o discos cargados de películas de todas partes del mundo. No obstante, esas capacidades no definen a un cineasta en el mundo contemporáneo: esta profesión requiere una competencia cultural que contenga lenguajes de las artes plásticas, del teatro, de la música y de la literatura, que solo se alcanza con incorporarlas a la vida misma.

Todo el que tiene sensibilidad cinematográfica, no se convierte en cineasta; como nación, el desafío pasa por darnos cuenta de hacia dónde podemos orientar el arte contemporáneo cubano, más allá de cifras y nóminas. Tenemos que encontrar sistemas de producción realmente alternativos y ponerlos a operar en función del talento; revolucionar nuestras leyes y nuestras concepciones. La sala de cine está en crisis en todo el mundo; pero tenemos una ventaja: la carencia de opciones de recreación suele orientar los rumbos de los cubanos hacia el cine. Aun cuando se exhiban en ellas DVD y no películas en 35 mm, el encanto de la sala oscura sigue cautivándonos. El cine cubano todo, el de los más jóvenes y el que le precede, tiene en esa fidelidad del público una fortaleza. Convertir las salas en sitios para conciertos, aun cuando pueda tener un cometido loable, demerita el rol cultural y social del cine como manifestación del arte.  

Existe el criterio de que casi todo el cine cubano de los últimos años se parece y ese hecho no tiene nada que deberles a los presupuestos económicos. Tiene que ver con presupuestos estéticos que los jóvenes están asumiendo de una forma más creativa. Cuando mi generación irrumpió en el ICAIC, el paradigma era el cine que se había hecho desde esa institución, más que la institución en sí misma. Fuimos convocados con una idea: “es importante que el ICAIC tiemble, otra vez”. Y tembló.

La Muestra ha sido el proyecto más hermoso y sabio que ha tenido cabida allí en la última década. Le permitió hacer cine a una generación que ni soñaba con eso. Caminábamos por los pasillos, orgullosos de estar pisando el suelo donde también anduvo Titón; pero los que vinieron después, lo hicieron desde un contexto económico, social y cultural muy diferente: los hijos del período especial no sueñan con pisar el suelo de nadie, sueñan con construir su propio piso. Quienes no estén atentos a eso, lo perderán todo, incluyendo el propio cine.

*La Habana, 1971. Licenciado en Artes de los medios de Comunicación audiovisual, en la especialidad de Dirección para cine, radio y televisión de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte. Devenido además, guionista, productor ejecutivo, fotógrafo, así como productor musical de las mayoría de sus trabajos fílmicos. Ha realizado varios postgrados en marketing, dramaturgia, estética y semiótica.

Comienza a trabajar con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos con su primer cortometraje de ficción Más de lo Mismo, convirtiéndose en uno de los jóvenes talentos de la generación más novel dentro de la industria cubana del cine. Su obra (Las Manos y el Ángel, Tres Veces Dos, Existen…) ha sido premiada y exhibida en los más importantes festivales nacionales e internacionales de EAU, Canadá, España, México, Holanda, Italia, Alemania…

Es el primer joven cineasta cubano invitado al Latin American Studies Association, o congreso de LASA para impartir una conferencia sobre el más joven cine cubano. Ha impartido Seminarios, Talleres y Conferencias en varias Universidades y escuelas de arte y ha sido jurado de varios eventos cinematográficos tanto dentro como fuera del país.

Como cineasta, es miembro de la Unión de Escritores y artistas de Cuba, UNEAC y de la Sociedad General de Autores de España, SGAE. Miembro del comité ejecutivo del Festival Internacional de Cine Alternativo de México.

Nota biográfica tomada de www.cubacine.cult.cu

Texto tomado de la Revista La Jiribilla www.lajiribilla.cu

Del realizador Esteban Insausti reseñaré en próximas ediciones su documental, Las Manos y el Ángel.

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(VIDEO) Posada Carriles: El terrorista predilecto de la CIA

Reseña del documental: Ruta del terror (Primera Parte) de la serie, “Las Razones de Cuba”.

 

En cada lugar, lo que se pedía era ‘más objetividad’. Me preguntaban

por qué no habíamos ido también al otro bando para ser objetivos.

Mi respuesta era que un documentalista debe tener una opinión formada en

cuestiones tan vitales como el fascismo o el antifascismo, debe tener

sentimientos sobre ello si su trabajo aspira a tener valor…

Joris Ivens

 

Cuando meditaba en como comentar la serie documental: Las Razones de Cuba, el principal escollo que avizoraba era el “público”, el lector. Muchos años de manipulación informativa, de tergiversación de la historia y de los principales hechos vinculados al terrorismo contra Cuba, son como una “página en blanco”.

El manejo distorsionado de la noticia.  La transfiguración de la realidad o el sobredimensionamiento de los acontecimientos, se incorporan como fases que transitan en un permanente reciclado. Estos ejes están materializados en los grandes medios de comunicación que no son instrumento –como apuntan algunos-, son parte protagónica de la ejecución de esa política. De esa estrategia que aspira a nublar la esencia y el rumbo de la Revolución Cubana.

Vivimos HOY en una cultura de la virtualidad informativa. Asentado en la integración de la comunicación electrónica, el fin de la audiencia de masas y el desarrollo de las redes interactivas. Son estrategias para construir espacios divisorios entra las naciones, las culturas y las sociedades. “Nos desarrollamos” en un escenario tejido por la fragmentación de las ideas donde lo esencial se diluye. Los valores se reconducen o se encubren de manera burda hacia otros derroteros. Pululan inventados o tomados de la realidad, expuestos con otras vestiduras.

La aportación que hace el dueto Gotari-Barbáchano en su libro: El Cine, es oportuna en este sentido: “Un filme no es un islote aislado de la realidad, es obra de un equipo inmerso en una problemática, en unas circunstancias estéticas y sociales precisas. Quien esté al tanto de todo lo anterior, no será manipulado y se integrará mejor con la obra”.

Estos teóricos del cine documental plantean una idea que desde la lógica tiene sentido. Afirman que como espectadores, reconocemos y diferenciamos la realidad de la no ficción y al mismo tiempo, recapitulamos un conocimiento ya adquirido. Somos espectadores con historia.

Objetivamente esta tesis obvia un debate dentro del campo de la historiografía, en la que engarzan otras disciplinas relacionadas o afines a esta ciencia. Todas ellas, muy necesarias en tiempos donde la verdad se tambalea sobre una gran sartén en aceite caliente.

No se puede obviar que en los últimos años, la visión que se tiene en torno a Cuba está subrayada por una fuerte y sostenida construcción de una supuesta disidencia interna -ejecutada por los grandes medios de comunicación-, que debe de ser calificada como: “Mercenarios al servicio de una potencia extrajera”. Al servicio de la primera potencia del mundo: el gobierno de los Estados Unidos. Estas acciones cuentan con la complicidad activa o silente de los gobiernos occidentales.

Nombres como Luis Posada Carriles, Orlando Boch, Ernesto Cruz León, Francisco Chávez Abarca, Otto René Rodríguez, Nader Kamal Musallan, María Elena González o Jazid Iván Fernández –entre otros-, forman parte de la lista de algunos de los terroristas cubanos, salvadoreños y guatemaltecos que han desarrollado o planeado actos hostiles contra Cuba.

Estos terroristas han quedado en la memoria pasada y reciente de los cubanos que -para buena parte del mundo- le son ajenos. Pero los nombres no son nada sin los hechos que les define, que les hacen visibles. La cronología criminal de estos asalariados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), está perfectamente documentada por los anales de la historia.

La clave política e histórica de esta primera entrega cinematográfica, expone la perversa idea de la contrarrevolución cubana -asentada en Miami- en pretender sostener y fabricar una “oposición” dentro de la nación cubana. Una contrarrevolución, que es continuidad y heredera de los más viles y sanguinarios esbirros del dictador Fulgencio Batista. Han desarrollado en más de cincuenta años de Revolución Cubana, toda una escalada de actos terroristas que aspiran a desestabilizar a la nación cubana para justificar una intervención militar externa. El antecedente histórico, la fallida invasión a Playa Girón truncada en 72 horas en el año 1962.

En esta primera parte de la serie hay dos ejes argumentales que debemos tener en cuenta. La contratación de mercenarios de Centroamérica por parte del terrorista Internacional de origen cubano, Luis Clemente Posada Carriles para ejecutar planes criminales en Cuba.

La vinculación de la CIA y de los grupos cubanoamericanos asentados en Miami que apoyan estas acciones bajo el amparo de los gobiernos de la Casa Blanca. Estos son los acentos de esta puesta audiovisual.

Ruta del terror (Parte I), desdobla una suma de hechos vinculados con los actores de esta entrega. Retroalimentando el eje temático con los principales actos terroristas acaecidos en más de 50 años de Revolución. En el filme se despliega toda una retrospectiva, que está debidamente justificada para contextualizar los hechos más recientes.

La hoja de ruta cinematográfica está encaminada hacia finales de los años 90, período donde se produjeron una serie de atentados en los principales hoteles y centros turísticos de la capital de Cuba.

El testimonio es la principal fuente de información de este capítulo, pero no estamos hablando de testimonios secundarios o conexos con los hechos que se abordan en el filme.

Tenemos la oportunidad de conocer, -de primera mano-, las declaraciones de los terroristas que perpetraron esta cadena de sucesos, que se desarrollaron en lugares tan emblemáticos como, El Hotel Nacional de Cuba y La Bodeguita del Medio. O en instalaciones hoteleras como el Hotel Capri, la discoteca Aché de Hotel Meliá Cohíba o el ya célebre Hotel Copacabana. En este recinto murió el joven italiano Fabio Di Celmo víctima de uno de los artefactos colocados por estos asesinos a sueldo. Otras instalaciones como el Hotel Tritón y el Chateau Miramar se incluyeron en esta escalada de violencia.

La cámara se desdobla en la búsqueda del gesto, en la mano contenida de personajes execrables, que “hacían su trabajo” por 2.000 dólares por cada artefacto detonado. El sonido filtra el silencio para develar los tonos de voz. La cámara los acompaña para socializar la manera en que gestaron estos actos. Las particularidades y modos en que hacían su labor mercenaria, son parte esencial de un filme que refuerza su papel como obra documental. Como documento que contribuye a delinear la historia.

En este capítulo se incorporan las declaraciones del autor de estas acciones, -Luis Posada Carriles-, quién expresa ante la periodista contrarrevolucionaria María Elvira Salazar su acostumbrada verborrea desfachatada y cínica: “Yo de cualquier hecho dentro del territorio cubano en contra del régimen de La Habana me responsabilizo totalmente”. En otra parte de su palabrería expresa: “Se están gestando otro tipo de sabotajes dentro de Cuba”.

Sus palabras no tuvieron -por parte del gobierno de los Estados Unidos y las instituciones jurídicas- ninguna connotación legal. Estamos ante el retrato de la impunidad. Ante un terrorista con una hoja de servicio acta para tribunales penales.

Estas declaraciones son muy significativas pues la supuesta “disidencia” interna era en realidad la acción de ciudadanos centroamericanos, pagados para hacer el trabajo sucio. Para “exponer” ante el mundo la existencia de una “fuerte oposición al régimen castrista” -como suelen apuntar-, cuando se refieren a la mal llamada “oposición” de la Revolución Cubana.

El filme completa este capítulo con una declaración de la Fundación Nacional Cubano Americana radicada en Miami. Publicada en el diario The Miami Herald, al calor de estos acontecimientos, que cierra -de manera acertada- el triángulo de los actores de esta suma de acciones terroristas. “Incidentes de rebeldía que durante las últimas semanas se vienen sucediendo a través de la Isla y que la Fundación Nacional Cubano Americana respalda sin ambages ni reparos tales actos”.

Ruta del terror (Parte I), completa la “familia” asentada en Miami, con retratos periodísticos de otras organizaciones de perfil violento como Alfa 66 o Comando F4, que continúan activas y que desarrollan -con total impunidad- “su agenda” en el territorio de los Estados Unidos.

La presencia en el Estado Español de una “oficina” secreta de la organización criminal Alfa 66 -subsede de su Matriz en Miami-, tampoco tuvo efecto legal. Ni por el gobierno “socialista” del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ni por el ejecutivo que preside el reaccionario Mariano Rajoy.

El documental tiene el acierto de construir retratos y conexiones entre estos personajes de deplorable catadura moral con las organizaciones afincadas en Miami y los Congresistas Cubanoamericanos. Estos desarrollan una intensa labor de lobby en los Estados Unidos y en otras naciones, para mantener una permanente política de hostilidad contra el gobierno y el pueblo cubano.

La voz en off del compañero Fidel, -que sobre estos hechos realizó un discurso para el pueblo cubano el 20 de mayo de 2005-, es parte de la plataforma narrativa de esta obra cinematográfica. Oportuna para conducir al espectador desconocedor de hechos de este calibre, que son reiteradamente anulados o simplificados por los mass media de Occidente.

La etnógrafa argentina Rosana Guber, en torno a la entrevista como instrumentación de investigación e interacción comunicativa apuntaba una idea que está materializada en este capítulo. “las preguntas y respuestas no son dos bloques separados sino partes de una misma reflexión y una misma lógica, que es la de quien interroga: el investigador”.

El arte de entrevistar es inherente del cine documental. Sus cualidades como parte de un todo son esenciales cuando se trata de dar a luz, hechos históricos pretéritos de connotación universal. Es obvio, pero cabe recordar que el terrorismo es una lacra que transciende las fronteras de un país.

Esta herramienta se integra en el filme, para lograr un resultado que busca un acabado cinematográfico donde no solo se aprecia el contenido que aborda el documental. La manera en que es tratado esta técnica investigativa en toda la serie contribuye a visualizar y moldear un sello en cada uno de los capítulos, tema que abordaré en otras partes de Las Razones de Cuba.

La coherencia en la red instrumental que mueve está pieza cinematográfica, parte de relaciones profundas que le dan un sentido a la película y está reflejada a diferentes niveles siendo los significantes: el grafismo cinematográfico, la entrevista en su papel testimonial, la cronología y la retrospectiva puntual en “complicidad” con la banda sonora que cubre esa zona de “huecos” propios del arte cinematográfico.

Para muchos de los que nos movemos en los territorios del cine documental, tomamos como referente conceptual la obra de Bill Nichols: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Su libro, reeditado en buena parte del mundo es considerado “la Biblia del género. En este texto, hay una idea que expresa el autor que los creadores no podemos olvidar: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento“. Esta es una encomienda explícita de la serie. La verdad ha de ser “expresada” y multiplicada en cada rincón del mundo.

Dentro de una dimensión universal  mucho más amplia, registrar un mundo, un espacio y un tiempo en el que habitamos, exige la manifestación de un ideal en nuestra cultura, en nuestra sociedad: el territorio de la verdad. Las Razones de Cuba, se empeña en ese principio para ponerla en el lugar que le corresponde.

Este filme tendrá su estreno en la “Pantalla Fílmica” de CineReverso, el próximo sábado 28 de abril.

www.razonesdecuba.cubadebate.cu

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La bailarina española. Por José Martí*

El alma trémula y sola

Padece al anochecer:

Hay baile; vamos a ver

La bailarina española

 

Han hecho bien en quitar

El banderón de la acera;

Porque si está la bandera,

No sé, yo no puedo entrar.

 

Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega:

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina.

 

Lleva un sombrero torero

Y una capa carmesí:

¡Lo mismo que un alelí

Que se pusiese un sombrero!

 

Se ve, de paso, la ceja,

Ceja de mora traidora:

Y la mirada, de mora:

Y como nieve la oreja.

 

Preludian, bajan la luz

Y sale en bata y mantón,

La virgen de la Asunción

Bailando un baile andaluz.

 

Alza, retando, la frente;

Crúzase al hombro la manta:

En arco el brazo levanta:

Mueve despacio el pie ardiente.

 

Repica con los tacones

El tablado zalamera,

Como si la tabla fuera

Tablado de corazones.

 

Y va el convite creciendo

En las llamas de los ojos,

Y el manto de flecos rojos

Se va en el aire meciendo.

 

Súbito, de un salto arranca:

Húrtase, se quiebra, gira:

Abre en dos la cachemira,

Ofrece la bata blanca.

 

El cuerpo cede y ondea;

La boca abierta provoca;

Es una rosa la boca:

Lentamente taconea.

 

Recoge, de un débil giro,

El manto de flecos rojos:

Se va, cerrando los ojos,

Se va, como en un suspiro…

 

Baila muy bien la española;

Es blanco y rojo el mantón:

¡Vuelve, fosca, a su rincón

El alma trémula y sola!

 

*José Julián Martí Pérez. La Habana, Cuba. (1853 –1895). Político, escritor, periodista y poeta. Perteneció al movimiento literario del Modernismo. Creador del Partido Revolucionario Cubano. Empeñado en lograr la independencia de Cuba de la Colonia Española, murió en combate en Dos Ríos (Santiago de Cuba).

Poema tomado de la web. www.josemarti.cu

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