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(VIDEO) “La pupila documental” en Traficantes de Sueños

Sábado 4 de febrero, 18.30h Un nuevo espacio permanente para el cine documental coordinado por Octavio Fraga Guerra. En esta ocasión se presentará “Lecciones para Zafirah” y contaremos con la participación de su directora Carolina Rivas.

Razones para fundar “La pupila documental”

El cine documental tiene la virtud de englobar dos esencias que son vitales para la cultura y la sociedad: “La posibilidad de mostrar la realidad desde los ricos saberes del arte y convertir al conocimiento en un goce”.

Textos fílmicos venidos desde los más insospechados escenarios temáticos y geográficos se siguen haciendo, a pesar de la acción de los poderes públicos por anular su naturaleza crítica y su demostrada capacidad de enriquecer el pensamiento.

Este auténtico contrapunteo, se materializa por su sobrada naturaleza de socializar y multiplicar los ejes que le caracterizan. Conflictos, historias, leyendas, culturas y “verdades”, son ensambladas desde los más inusitados pretextos narrativos.

La inequívoca naturaleza de compartir puntos de vistas e historias de vida, le distingue del resto de las artes. Su capacidad de adaptación creativa y su “estructura artesana”, le han permitido crecer entre todas las artes.

El ser humano ha sido, es y será la fuente fundamental de sus “trampas”. Aún queda mucho tramo por recorrer para hacer de este arte, un “texto de obligada lectura”. La mediocridad cultural y la manipulación de la información, son dos de sus claros enemigos.

Se impone fundar un espacio, para construir una cultura y un público que se vea enriquecido por sus dotes. Urge tener una casa para disfrutar y confrontar con lectores fílmicos que sepan valorar sus claves estéticas y sus meridianos contenidos.

Bajo estas premisas, nace “La pupila documental”. El espacio de “obligada visita”, que cada mes les propondrá un encuentro con el creador y su obra. Una cita con el “cine verdad” en primera fila.

Madrid, Enero de 2012.

“Lecciones para Zafirah”

Sinopsis

Referente indiscutible del cine mexicano de migración, Lecciones para Zafirah retrata hechos, rostros y gestos humanos que se dan cita en torno al tren La Bestia –que representa el vehículo simbólico de escape para miles de migrantes que viajan hacia Estados Unidos. A través de testimonios, captura la participación de personas en México que voluntariamente ofrecen ayuda a los migrantes: Las Mujeres de la Patrona y el padre Solalinde. Las imágenes de la película son compartidas con la hija de los directores –de nombre Zafirah– a manera de relato universal sobre la época en la que vive. Con un aliento crítico y gozoso, los directores muestran un retrato desolador, pero también maravilloso de la grandeza humana –invitando al espectador a transformar la mirada sobre los migrantes.

Declaración de los Directores

Empezamos hacer esta película con una regla: evitar que el director se esconda detrás de su cámara y colocarlo directamente al frente, a fin de que el director confrontará la realidad igual que sus personajes. Reconocemos que el cine no conmueve sólo por denunciar sino por confrontar y fomentar emociones que iluminen pensamientos nuevos y constructivos. Con este objetivo, Lecciones para Zafirah se convirtió en un diario cinematográfico para nuestra primera espectadora: nuestra hija de tres años, llamada Zafirah.

Premios y Reconocimientos

2011. Mejor Película (sección Ahora México), FICUNAM, México 2011

2011. Mención Honorífica, Mejor Documental Mexicano, Docs DF, México 2011

2011. Mención Honorífica, Mejor Documental Mexicano, Puebla Festival Internacional de Cine, México 2011

2011. Mención Honorífica, Mejor Documental Mexicano, Premio José Rovirosa de la Filmoteca, México 2011

Ficha Técnica

Dirigida por

CAROLINA RIVAS

DAOUD SARHANDI

Guión y Narración

CAROLINA RIVAS

Fotografía, Edición y Producción

DAOUD SARHANDI

Diseño y Edición de sonido

DAOUD SARHANDI

JACOBO MARTÍNEZ

Regrabación y Mezcla sonora

JACOBO MARTÍNEZ

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(VIDEO) La pupila documental presenta: La historia que no contaron

Un espacio de la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid, por la memoria y el presente.

Colombia es un país de grandes extensiones de tierra, de grandes riquezas –no solo naturales-, también humanas. La cultura y la historia de esta nación es parte esencial de la América toda. Grandes hombres y mujeres han hecho honor a este pueblo sumido en el dolor, por conflictos que parecen sin un final a la vista.

Muchas y muy complejas son las ramificaciones políticas, sociales y generacionales que eternizan una realidad presente en ese país que es la violencia.

El ejército, la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares son los ejes fundamentales que sostienen este convulsionado país. La historia que no contaron, (2009) un documental de Erika Antequera y Ayoze O’Shanahan, narra una zona de esta gran cadena de crímenes.

La obra se centra en el genocidio de los militantes del partido Unión Patriótica, ejecutado por los Paramilitares en complicidad con las instituciones del estado colombiano. Este filme se desarrolla desde dos vertientes narratológicas: la vida de José Antequera –padre de la corealizadora de este filme-, con la cronología de los hechos más significativos en torno a la desaparición física de más de 3000 militantes de esta organización política, que -aún hoy- siguen impunes.

Esta última idea es importante, pues el filme no capitaliza la historia de José Antequera. El documental está poblado de testimonios de medular importancia que contribuyen al acercamiento de los “lectores cautivos” de estos temas, para que ganen en conocimiento sobre la ruta de un pasaje esencial de la historia de Colombia.

El filme aporta documentos, testimonios y pruebas que son parte de esta sustantiva obra y que se suma a la creciente denuncia en contra de la impunidad institucional, eje temático de esta pieza cinematográfica.

La realización de este filme expresa una clara intención –no solo-, de multiplicar la verdad de estos hechos. Son un urgente mensaje a la paz y a la justicia en Colombia. La valentía de los realizadores en aportar “letras a la historia” es vital para comprender el origen y la intencionalidad del filme.

La riqueza estética de esta entrega fílmica descansa en la multiplicidad de recursos que no solo son los habituales del género. Las huellas dejadas por la música y el trazo en tono de diario explicitado en este filme, la ubica en un contexto de mayor calado cinematográfico ante hechos de una brutalidad sistémica que demandan más obras de este calibre.

Este filme está construido por capítulos y un epílogo. Esta estructura permite acompañar la obra en cada una de sus etapas narrativas. Esta modélica manera de diseñar el filme es un acierto dada la inmensa cantidad de información que existe en torno a estos hechos, habitualmente censurados o simplificados por los grupos empresariales de los medios de comunicación de occidente.

El visionaje de este imprescindible documental, exige y estimula otras lecturas para adentrarnos en la marea que envuelve la sordidez de un genocidio consentido. La historia que no contaron, es una esencial contribución a darle luz a la verdad en medio de una permanente opacidad informativa.

De los realizadores

Erika Antequera es periodista colombiana, especializada en Comunicación y Conflictos Armados así como en Derechos Humanos por la Universidad Complutense de Madrid. En Colombia trabajó en RCN Radio como redactora de noticias y en City TV como investigadora y productora.

Su primera incursión en el género documental lo hizo con “La historia que no contaron”, que narra la muerte de José Antequera, su padre y el exterminio del movimiento Unión Patriótica en Colombia durante los años 80 y 90.

Ha trabajado como periodista free-lance para diferentes publicaciones en Internet como Terra, Yahoo! o National Geographic. Y actualmente se desempeña como directora de contenidos digitales en Maloka Media.

Ayoze O’Shanahan es licenciado en periodismo por la Universidad de Gales, Reino Unido. Especialista en Comunicación y Conflictos Armados por la Universidad Complutense de Madrid. Estudió Realización y Guión en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. En Siroco Factory, -su productora-, se ha desempeñado como productor, guionista y director donde se destacan los siguientes trabajos.

La Aventura del Tabaco (2004) Documental sobre la emigración canaria a Cuba. La Muerte no tiene Amigo (2006) Documental sobre el diario vivir de un sepulturero. La despedida. Cortometraje realizado en el marco del Festivalito en 2007. Memoria del Paisaje, Unidad Didáctica realizada para la Obra Social de la Caja de Canarias. La Historia que no contaron (2009). Documental sobre la violencia política y la guerra sucia en Colombia.

Estelas a la Deriva. En producción. Documental sobre mensajes en botellas, el arte como medio de comunicación a través del mar.

Rapsodia Boliviana. En producción. Documental 52 min sobre la oposición política en Bolivia.

Plan C, Cara B. Documental de Investigación sobre las verdaderas consecuencias en la población civil de la lucha antinarcóticos en Colombia.

La Maldición, el milagro y el burro. Documental 52 min sobre la población de Gramalote en Colombia castigada por el invierno y el conflicto armado.

Píldoras de San Camilo. Documental 48 min. En Edición. Documental uno de los mayores fenómenos del arte naif y conceptual colombiano.

Datos del documental

Sinopsis

20 años después de la muerte de su padre, Erika Antequera y Ayoze O´Shanahan, deciden investigar los motivos que se ocultan tras la impunidad de los asesinatos de José Antequera y los más de 3.000 compañeros y militantes de partido. La investigación nos conducirá a uno de los episodios más oscuros y silenciados de la democracia colombiana: el exterminio de la Unión Patriótica, el Caso11.227.

Ficha técnica

La Historia que no contaron

País: España-Colombia

Año: 2009

Duración: 50 minutos

Productora: Siroco Factory

Dirección: Ayoze O’Shanahan

Guión: Erika Antequera y Ayoze O’Shanahan

Fotografía: Camilo Rojas

Sonido: Octavio Villa

Montaje: Ayoze O’Shanahan y Paola Rey

Música: Sindicato Sonoro, Ganyarikies, The Secret Society

El documental se ha presentado en más de 15 festivales cinematográficos en todo el mundo y ha recibido tres premios: Mención de Honor del Jurado en el XXVI Festival Internacional de Cine de Bogotá 2010. Premio Malvinas en el XXIV Festival Cine Latinoamericano de Trieste (Italia) 2010 y Tercer premio categoría documental en el Festival Internacional de Cine de Antofagasta Chile. FICIANT 2010.

Presentación

Viernes 28 de octubre

Hora: 19:30

Ateneo de Madrid

Sala Ciudad de Úbeda (Planta 4)

Calle Prado No 21, Madrid

www.ateneodemadrid.com

Para la presentación de este filme, contaremos con la presencia de la realizadora Erika Antequera.

El espacio es presentado y moderado por Octavio Fraga quién es Licenciado en Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (Universidad de las Artes). Director y presentador del Programa La cámara lúcida de Telek. Colaborador de las publicaciones Kaos en la red, La República Cultural, Rebelión y Tercera Información. Productor de documentales, cortos de ficción y videoclip. En el escenario editorial ha dirigido las publicaciones culturales, Jazz Plaza y Cubadisco.

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(VIDEO) La pupila documental presenta: Apaga y vámonos

Un espacio de la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid, por la memoria y el presente.

Apaga y vámonos (2005), del realizador Manel Mayor es un filme documental que marca un antes y después dentro de la cinematografía del estado español. La contundencia de sus imágenes, los sustantivos argumentos de los “actores” del filme, la fotografía como “herramienta” para visibilizar el descomunal expolio de una transnacional española en Chile y la banda sonora, -en especial la música-, son los pilotes que la legitiman y engrandecen como obra de arte que exige más de una lectura.

En la “portada”, Alihuen Antileo, un dirigente mapuche que nos da una magistral clase de historia. Su disertación sobre la ética, el respeto a las tradiciones, a la cultura de su pueblo y al imperativo de defenderla de los “nuevos colonizadores”, son las claves de esta epopeya cinematográfica.

Los mapuches han contenido la barbarie de una colonia española, que arrasó y robó bajo la manta de la “cultura civilizatoria” en la Gran Nación Suramericana. Buena parte de las riquezas de este continente, se exhiben -hoy- como trofeos de la gran cultura, el desarrollo y el estado de bienestar.

En este filme se retrata con aguda libertad otro colonizador vestido con ropaje de emprendedor, la multinacional Endesa. Se denuncian los atropellos cometidos por esta empresa que ha expoliado una gran zona ecológica y cultural de la gran nación chilena. Sepultado bajo las “aguas de la prosperidad y el desarrollo”, han quedado mutiladas la historia y las tradiciones de varias generaciones del pueblo Mapuche, ejecutado en nombre de la economía y el gran capital.

Esta pieza cinematográfica retrata con un exquisito acabado –desde la sobriedad y la lucidez de los tiempos-, el entramado de una operación fraudulenta éticamente inaceptable por esta multinacional, con la complicidad del ex presidente de Chile Eduardo Freire.

Su realizador tiene la valentía y la honradez de poner en primer plano a los líderes y activos defensores del pueblo Mapuche-Pehuenche. En esa bocanada de retratos, humaniza la palabra y el accionar de estos “actores”, que defienden su derecho a existir y a ser parte de una gran cultura.

La persecución a la que son sometidos, los atropellos y violaciones de sus derechos son parte esencial de este filme, ubicado en el contexto de un gran eje temático: la gran oleada de empresas y transnacionales del “primer mundo”, que en nombre de la “democracia y los pilares de la civilización”, arrasan con los recursos naturales de los países del “tercer mundo”.

La sobriedad de las imágenes presentes en este filme, son montadas como p rte de un discurso que descifra las particularidades de una verdad mutilada por los grandes medios de comunicación. Dispuestas escalonadamente para diversificar los argumentos, son abrigados por “verbos cinematográficos” de una tangencial concurrencia.

El montaje recala en las pautas de una verdad consumada. La historia de este filme, toma de los archivos y de la memoria hecha testimonios de los testigos de esta barbarie, distinguiendo y jerarquizando sus claves para contextualizar una realidad presente.

Apaga y vámonos ha participado en más de 70 festivales internacionales y ha sido merecedor de importantes premios entre otros: International Documentary Festival Amsterdam (IDFA) Selección oficial, Hot Docs Toronto (World Premiere), Planet in Focus Toronto (Mejor película), Ecocinema Atenas (Mejor película), “Dignity & Work” International Film Festival Gdansk (Premio especial del jurado), Festival de Cine de Bogotá (Mención de Honor) y Galway Film Fleadh (Mención Especial). Todos estos reconocimientos son del año 2005.

A pesar de su largo recorrido por importantes eventos internacionales y haber obtenido sendos premios en los circuitos de festivales cinematográficos, Apaga y vámonos nunca ha sido presentado en ninguna televisora del estado español.

El documentalista Manel Mayol nació en Barcelona. Estudió Bellas Artes y Fotografía en el Huddersfield Technical Collage. Desde hace 15 años realiza documentales de cultura y denuncia política. Ha trabajado en distintas televisiones y productoras de España. Sus trabajos han sido proyectados en distintas ciudades de Europa y los Estados Unidos.

Sinopsis

El Biobío es uno de los ríos más largos de Chile. Nace en los Andes y desemboca en el océano Pacífico. Este río tiene un valor ecológico tremendo además de una gran importancia histórica y política, porque el Biobío fue la frontera natural durante la ocupación española. A partir de él, los españoles no pudieron someter al pueblo pehuenche-mapuche, los habitantes originarios. La tercera presa más grande del mundo, Ralco, en el Biobío, se inauguró en el 2004, después de innumerables enfrentamientos con los mapuches. La tierra ancestral de este pueblo ha sido inundada por ENDESA, la compañía multinacional española.

Ficha técnica

Título: Apaga y vámonos

Productora: Andoliado Producciones

Duración: 82 minutos

País: España

Año de producción: 2005

Equipo de realización

Dirección: Manel Mayol

Producción ejecutiva: Esteban Bernatas

Guión: Clément Darrasse y Manel Mayol

Director de fotografía y cámara: Sergio Armstrong

Montaje: Christian Fuma

Sonido directo: Alfonso Segura

Música original: Delfí Ramírez

Animación: Fleur Noguera

Ayudante de cámara y foquista: Cristian Petit-Laurent

Auxiliar de cámara: Gerardo Lukaschewsky

Ayudante de dirección: Clément Darrasse

Ayudante de producción: Felipe Araneda, Natalia Ferretti y Luz Muñoz

Auxiliar de producción: Jona Borrut, Pedro Cayuqueo, Miguel Angel Delgado y Paula Honorato

Director de sonido: Jorge Stavropulos

Edición y mezcla de sonido: Javier Stavropulos y Alexis Stavropulos

Mezcla: Sound Rec

Servicio de producción en Chile: CEIBO Producciones

Corte de negativo: Jorge Andresson y Daniel Garín

Material de archivo: TVN Chile

Presentación del documental

Viernes 23 de septiembre

Hora: 19:30

Sala Úbeda (Planta 4)

Calle Prado No 21, Madrid

www.ateneodemadrid.com

Ponentes

Erika González es Licenciada en Biología por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad, es investigadora en el Observatorio de Multinacionales en América Latina-Paz con Dignidad, donde realiza un seguimiento de las empresas transnacionales españolas en América Latina. Entre sus publicaciones más recientes, destaca los libros La energía que apaga Colombia. Los impactos de las inversiones de Repsol y Unión Fenosa (Icaria-Paz con Dignidad, 2007) y Las multinacionales en Bolivia. De la desnacionalización al proceso de cambio (Icaria-Paz con Dignidad, 2010).

www.omal.info

www.pazcondignidad.org

Esteban Bernatas, es graduado de la Escuela de Bellas Artes de Nantes (Erban). Fundó Andoliado Producciones que cuenta con una significativa filmografía documental. Apaga y vámonos de Manel Mayol, (2005), L’encerlement. La démocratie dans les rets du néolibéralisme de Richard Brouillette (2008), La casa de Tayo Cortés (2009). En estos momentos Andoliado Producciones se encuentra inmerso en la producción del documental Reinventing Rapa Nui de los realizadores Paco Toledo y José Domingo Rivera. Esteban Bernatas es editor de libros de artistas y creador de la Fundación 30 Km/s, dedicada a apoyar y desarrollar proyectos de jóvenes artistas plásticos.

www.andoliado.com

www.edicions30kms.net

Presentador y moderador

Octavio Fraga es Licenciado en Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (Universidad de las Artes). Director y presentador del Programa La cámara lúcida de Telek. Colaborador de las publicaciones Kaos en la red, La República Cultural, Rebelión y Tercera Información. Productor de documentales, cortos de ficción y videoclip. En el escenario editorial ha dirigido las publicaciones culturales, Jazz Plaza y Cubadisco.

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(VIDEO) La fiesta en Cuba la pone Van Van

La música cubana, “mística fusión de mujer desbordada con sombrero de culta”. Está abrigada por una diversidad de géneros y estilos que desde la óptica creativa la definen como “una identidad de muchos acentos”. La condición geográfica de Cuba no es obstáculo para su enriquecimiento transite por una permanente renovación.

La UNESCO le otorgó la condición de reservorio de la música universal junto a Brasil. Esta categoría impone una reflexión sopesada y abarcadora en la que Los Van Van –agrupación de música popular bailable- es eje de muchos análisis. No solo musicológicos, -que resulta obvio- lo sociológico, lo cultural y lo estético también son parte de esta suma de saberes. Se incorporan a estas categorías, el hecho de aportar frases o palabras que han trascendido lo popular, incorporados al verbo cotidiano de los cubanos en los últimos treinta años.

Bajo este prisma se desarrolla la obra documental Van Van, empezó la fiesta (2000), de los realizadores Liliana Mazurre (Argentina) y Aarón Vega (Cuba). Un espectacular concierto con aires de sudor y salitre ante más de 100 mil personas en el recurrente escenario deLa Piragua, -a un costado del simbólico Hotel Nacional de Cuba-, es portada de esta propuesta cinematográfica.

Ojeada aérea de este singular espacio que presume de malecón, queriendo penetrar con sus alas en las faldas de La Habana. Abarrotado por un público cadencioso, estrepitoso, bullanguero. Esta fiesta musical es un guillo para el espectador ante una puesta cinematográfica de sobrados ingredientes y esbeltos.

La orquesta está dispuesta a “enganchar” al más puritano de los bailadores. Esos que suelen pasar la noche entre copas en pose de sostener paredes y carpas del refrigerio sin atisbo de mover ni el dedo pulgar.

Reflexionar sobre esta propuesta fílmica significa identificar un juego paralelo de imágenes que asisten de forma escalonada, distantes de toda cronología. En ella, los 15 integrantes de esta banda, junto a algunos ex miembros y los fieles bailadores-gozadores e intelectuales, se “invitan” para testificar el calibre de los vanvaneros.

No es una obra hecha desde el caos, es una gozada musical en la que nos darán exclusiva entrada. Resulta revelador estar en los ensayos de la agrupación o participar en primera fila en la puesta en marcha de un nuevo disco con todo lo que implica estar inmersos en un estudio de grabación. En ese “escenario” de pulcros interiores, donde se destila y rebosa intimidad colectiva. Juan Formell (Director y fundador de Los Van Van) no pretende retener la fiesta que constituye para los muchachos de la mítica banda ser los protagonistas colectivos, forma parte de la sabia de este colectivo mitológico.

La subjetiva óptica de la cámara, el paneo revelador de la precisa atmósfera de estos involucrados del buen arte, revela y confirma una relación de familia entre sus miembros. Entendido este proceso musical “de todos”, como apuestas e ideas en las que caben todas las opiniones y pretextos musicales. Esta práctica es una de las claves de la permanencia de esta agrupación por más de 30 años en los más “duros” escenarios musicales de Cuba y el mundo.

La interpretación que hacen los realizadores sobre este capítulo, despeja el papel de su director en el buen curso de este singular barco. Retocada con escenas en que la participan en un divertimento de conjugaciones y propuestas, que se entrecruzan por la sonoridad de trombones que entran “sin pedir permiso”. Un piano eléctrico que asume dar el tono, o la flauta desbordada e intimista y el sincretismo sonoro de la percusión que nos trasladan a los solares habaneros, a los “escenarios” naturales de la rumba y el dominó.

Los diversos espacios por donde transita Van Van y su particular relación con el público -que es en primer término Cuba-, es otro de los recursos cinematográficos que habitan en esta obra para legitimar la calidad artística y musical en permanente entronque con la sociedad cubana, que es su fuente de materia y contenidos para despejar sus artes musicales. Es esencial esta tesis, respaldada por la confesión de su director y de sus integrantes a la hora de sopesar su popularidad dentro del escenario cultural y social de la isla.

Ese denotado juego entre el texto cantado con aires de improvisación -que distingue a buena parte de la música popular cubana-, junto a la respuesta del público que sirve de retroalimentación de su propia puesta emerge como un caudal de cultura, como un particular sello orquesta-público.

Pero la cámara no se conforma con mostrar los habituales planos del escenario en sus diversos tipos. Una atrevida intromisión de la lente dentro del público bailador descubre una respuesta que trasciende cualquier connotación sociológica. La desenfadada manera de bailar, el movimiento y soltura de caderas en contorneo provocador –que es iconografía de lo popular-, valen para testificar la hondura de la música en franca respuesta ante la “provocación” del entorno social.

Esta obra no se satisface con los recursos repetitivos que persisten -anquilosados y recurrentes- en el género. Los textos de las canciones participan en generosa versatilidad textual -lingüística audiovisual-, desmenuzando algunos temas que son emblemáticos y trascendentes en toda la trayectoria del grupo.

“Ya llegó la botellita loca”, “El baile del buey cansao”, “Que no me toquen la puerta, que el negro está cocinando”, “Un meneíto pa’ qui, un meneito pa’ lla”. “Hay, Dios, ampárame”, “Podemos decir yes”, “¡Sandunguera, que te vas por encima del nivel!”.

Son frases, títulos de canciones y acertijos que definen el sello Van Van. Textos que tratan el contorneo natural de la mujer cubana, o el doble sentido del hombre que cocina en casa “pues está ocupado”, o participaciones musicales de las diversas religiones que conviven en Cuba ajenas a toda imagen de censura, son algunas de las temáticas del repertorio Van Van.

Esta idea la proyecta de manera inteligente el periodista y crítico de arte Pedro de la Hozcuando afirma: “Las migraciones internas, los amoríos de hombres maduros con muchachas jóvenes, las falsas aspiraciones sociales, el pulso de las ciudades de la isla, el movimiento, la sensualidad, los celos, las pasiones, todo cabe bien cantado en los temas de la orquesta, sin concesiones al mal gusto ni estridencias: la más legítima picaresca es la que asoma”.

Pero Liliana y Aarón incorporan nuevos derroteros estéticos, aprovechando las diversas locaciones para particularizar a cada uno de los integrantes de esta súper banda.

Samuel Formell despunta como un despampanante baterista haciendo gala de virtuosismo y poder sobre “todo lo que toca”, avalado por su aprendizaje enla Escuela Cubanade Música y la formación personalizada que le dio el respetado percusionista Changuito.

Cesar (Pupy) Pedroso –quien actualmente capitanea su propia agrupación-, “Pupy y los que son son”–, ha sido el principal compositor y arreglista -junto a Formell-, aporta sonoridades que entroncan con lo más rancio de la música popular cubana, pasando por Bach.

Mayito Rivera se desplaya en escena con una soltura descollante, que es aprovechada por el dueto de realizadores más allá de la habitual escena de concierto. Nos descubre con anécdotas su trayectoria y aprovecha su particular presencia dentro de la agrupación, para resaltar la osadía de Formell en incorporar tres generaciones de músicos que, -como Mayito-, le dan un acento musical apto para todos los públicos, para “todas las voces”.

Pedro Calvo, quien también ha creado su propia agrupación –“Pedrito Calvo y la NuevaJusticia”–, fue hasta ese momento y durante muchos años el sello personalísimo de Los Van Van. Una voz conquistadora de pasiones, un elegante de pistas deportivas y escenarios a prueba de todos los públicos, “un temba pa´que te mantenga”.

En la nómina visual del documental se incluyen el joven pianista, los veteranos del trombón, los violinistas -imprescindible instrumento de las orquestas charangas-, más la percusión menor. Todos cierran una marca que atestigua sus méritos como descollantes instrumentistas y colectivo musical-familiar.

En puntillazo de esta idea se cierra con una secuencia del concierto en el ya mencionado escenario de “La Piragua”. Cada cual hace un solo de instrumento, como una reafirmación insinuada de la calidad y virtuosismos de los integrantes de esta familia, en la que conviven generaciones de formación empírica y académica.

En el año 1999 Los Van Van, -como parte de una gira que hicieron por los Estados Unidos-, son invitados a tocar en Coliseo Arenas de Miami. Esta visita generó -dentro de una minoría de cubanoamericanos- expresiones de histeria, de actitudes anticulturales, quienes apelaron a calificativos tan aberrantes para una agrupación musical como Los Van Van como la de “terroristas”.

Esta secuencia constituye una marca del calibre de estos recalcitrantes y retrógrados personajillos, que estimulan una política agresiva contra la Revolución Cubana, herederos de las “escuela” del dictador Fulgencio Batista. Al final la cultura se impuso, Juan Formell y Los Van Van tocaron ante dos mil personas mostrando su calidad interpretativa desde el buen y auténtico arte cubano.

Los testimonios de músicos de la talla de Silvio Rodríguez son apabullantes en esta puesta documental: “No me tocó compartir la escena y la música con los Beatles, pero me tocó -a mucha honra- compartir la música con Juan Formell y Los Van Van. Como dice un amigo: el que pida más es un goloso”. O la afirmación de Pablo Milanés: “Formell ha hecho sonreír y hacer feliz a este país durante treinta años… se ha convertido en el cronista popular de nuestro país”. Son argumentos de pesos pesados que jerarquizan la valía de la agrupación dentro del contexto musical cubano y universal.

Las canciones de Los Van Van deambulan por las calles y la gente se apropia de ellas, esta “praxis” tiene un efecto inverso. Los Van Van sitúan su termómetro entre la gente. Asumen –por derecho propio- el papel social y cultural de ser voz y sentimiento de los cubanos.

Pero las claves de esta idea las dio el propio Formell en una entrevista para el Diario Clarín: “Yo me fijo en lo que la gente habla; no hago más que crónicas de un país que tiene un desarrollo bien complejo y muchas cosas que contar; de una anécdota o de una situación que está ocurriendo a nivel nacional, surge el comentario, bien sea sobre algo positivo, simpático o de lo que sea. Sobre todo, siempre en broma. El que baila está gozando y no es para que tú le estés diciendo, mira para esto o aquello. Se lo vas diciendo, pero en broma. Y lo va gozando. Es la idea”.

Este es un documental cuya estructura se aferra invisible. Esta virtud cartográfica contribuye a estimular un diálogo de dos: con los músicos, con los actores temporales que se acercan al escenario documental. Y el otro, -el gran público-, que resulta difícil de cuantificar, de clasificar, de poner en una balanza sociológica, pero sin dudas, es CUBA.

Esa multiplicidad de actores musicales nos permite vibrar con sus canciones, bailar como los de “La Piragua”, “con ese aire cadencioso, estrepitoso, bullanguero”. Sin saberlo, estaremos dentro de la pantalla buscando espacio para mover caderas, y al final nos tocará movernos a duras penas “en un ladrillito”.

Pero no dejaremos de ver esta fiesta dondeLa Habanaes su principal escenario. Nuestra percepción no estará limitada por el conocimiento de la agrupación musical. El responsable de esta idea es el hechizo de la cámara en mano, que seccionará los textos de estos peculiares interlocutores desgranando una humanidad que es universal.

La relación coordinada de imágenes y sonidos es indicativa del mundo histórico que ostenta esta agrupación. La propuesta semiótica de esta pieza documental ha sufrido poca o ninguna transformación. Los procesos simbólicos de esta singular agrupación están acompasados en una relación íntima y colectiva de la que seremos más que espectadores. Si usted se pone a bailar ante el televisor de su casa, el filme habrá logrado su cometido: hacerle sentir y gozar con Los Van Van.

Largometraje Documental (2000) 84 minutos. Formato: 35 mm.

Productora: ICAIC, Arca Difusión S.A., Argentina

Ficha Técnica

Guión: Martín Salinas

Dirección: Liliana Mazure y Aarón Vega

Producción General: Jorge Devoto y Noel Álvarez

Dirección de Fotografía: Rafael Solís, Marcelo Iaccarino

Edición: Miguel Schverdfinger

Sonido: Nerio Barberis, Osvaldo Vacca

Sinopsis

Cuenta la historia de los treinta años de vida de la orquesta cubana de música popular Los Van Van, ganadora del premio Grammy en 1999.

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Crónica de la tozudez

Pedro Duro Benito es de esos hombres que pertenecen a la casta de emprendedores y visionarios que a fuerza de mucho empeño, sabe aterrizar lo que esa marea de pensamientos nos deja en dulce emboscada: la capacidad de convertir en realidad una impronta.

Eso sueños fueron aflorando en Langreo, Asturias. Tres pretextos fueron sus pilares: agua, carbón y ferrocarril. El reto, fundar una empresa metalúrgica.
A orillas del río Candín comenzaron a darse los primeros movimientos de tierra y obtuvo la primera colada el 6 de enero de 1860. En 1875 ya ocupaba el tercer puesto en la producción de hierro de España. En 1902 Duro Felguera cotizaba enla Bolsa de Madrid.
Ese tesón no solo trajo prosperidad y desarrollo para la comarca; generó tradición y forjó voluntades, la misma que exige “esculpir” el acero.
Estas son las pautas por donde transita Resistencia (2006), documental de la realizadora asturiana Lucinda Torre, que nos muestra otro Duro Felguera, otra realidad que afloró más de cien años después.
Simbiosis entre pasado y presente, mezcla visual y testimonial de dos épocas. Rostros de mujeres que reclaman el derecho a vivir desde la dignidad. Confesiones que nos descubren el esqueleto de una cualidad en peligro de extinción: el sentido de pertenencia.

Semillas que fueron germinando para hacerse fuertes y que podrían tener un final trunco. Testimonios de personas desencajadas, envueltas en la manta de la ira por la angustia de un futuro incierto. Rostros de generaciones, de voluntades que participan en un reto. Una mirada fílmica que explora en los sentimientos, en la espiritualidad, en la gestualidad contenida como prueba inmaterial que aflora en la naturaleza humana cuando el futuro cae en el pasto de lo incierto.
Doscientos treinta y dos personas son el núcleo de este documental que se enriquece desde la cronología, desde el respeto, desde la fidelidad de los hechos. Obreros que lo han dado todo son despedidos de sus tradiciones laborales, de la riqueza de su vida que no solo es pan, también es cimiento.
La paciente reconstrucción de estos hechos la huella de los testimonios de sus protagonistas, de sus familiares que han decidido acompañarles, de amigos y personas sensibles que pujan por defender un derecho universal: el derecho al trabajo.
Múltiples son las imágenes y voces que legitiman esta historia. Mujeres que protestan en torno al monumento donde pernocta Pedro Duro Benito. Trabajadores de rostros ocultos que luchan contra las fuerzas del orden, con tira chinas, que recuerdan el movimiento dela Intifada en Palestina. Suma de actores que con su arte se expanden por la geografía de Asturias haciendo de su labor oficio de denuncia. Manifestaciones y pancartas que se expresan por sí solas, o el cierre de carreteras y túneles en señal de protesta, de llamada de atención. No falta el que se manifiesta pacíficamente y recibe el cariñoso porrazo de policías antimotines que ejercen la autoridad, desde la violencia, desde la brutalidad desproporcionada e injustificada.
Estas y otras secuencias, montadas de manera gradual, contribuyen al enaltecimiento del clímax cinematográfico y tienen la virtud de transportarnos a una experiencia que resulta lejana. La ausencia de efectos sonoros o de trucaje así como la sobriedad de la imagen, contribuyen a fortalecer la autenticidad de este documento fílmico.
El conflicto tras un año de sostenido reclamo llega al sin solución. Un nuevo giro de este proceso es acompañado por el equipo de realización. Una huelga de hambre es el nuevo recurso de estos hombres ante la cerrazón de sus reclamos, ante la prepotencia de los que asumen posiciones hostiles, excluyentes, el escenario: el Ayuntamiento de Langreo. Una toma del espacio a favor de sus derechos, desde el comienzo este nuevo esfuerzo se registra por familiares y amigos, que con sus domésticas cámaras de video y fotos, nos trasladan a esta nueva realidad.
Testimonios de los participantes en el pasado presente, cronología del recuento, del dramatismo que genera esta decisión sostenido desde la voluntad de seguir acompañándolos en esta nueva marcha. Imágenes del deterioro físico y psíquico se refuerzan con tomas de momentos en los que les controlan la tensión arterial, o el registro de su peso corporal. Barbas que van creciendo con el paso de los días, imágenes de una involución que evoluciona.
Discretos números que transitan increscendo a un extremo de la pantalla que forma aparte de la dramaturgia en esta etapa del documental. Doce, treinta, treinta y ocho, cuarenta y tres, cincuenta y dos, es la marca de cómo transita los días de esta huelga sin una solución posible, recurso que incorpora Lucinda para acentuar la carga dramática de esta obra fílmica.
Un punto de giro, un momento dramático, una frase que puede resultar lapidaria pero está vestida de fuerza. “Estamos tan firmes como el acero que trabajamos”, afirma ante una multitud desde la terraza del Ayuntamiento de Langreo uno de los protagonistas. Esta secuencia es muy importante, no solo para entender la historia; también es vital para mostrar la esencia de esta puesta cinematográfica: la necesidad de la resistencia ante los oídos sordos de los que se visten de equívocos morales.
El deterioro de estos huelguistas se acentúa con el pasar de los días y se impone una atención médica especializada. Salen del Ayuntamiento hacia el Centro Médico, no como derrotados, sino como héroes. Son cabeza de una nueva marcha y reciben el aplauso de sus compatriotas, particular secuencia que contribuye a reforzar el dueto personajes-protagonistas, que dejaron de ser anónimos para convertirse en reales.
La sobriedad de la imagen, el uso de planos generales en controversia con planos detalles de familiares y compatriotas, que hurgan en sentimientos y expresiones, son verdaderos ojos que contribuyen a “hacernos participar” de la historia.
Este conflicto, que comenzó en el 1993, continuaba sin una solución definitiva en 1995, a pesar de que las autoridades de gobierno habían pactado una solución. Nuevos modos de protestar están presentes en Resistencia. El escenario: la catedral de Oviedo. La torre de este recinto fue el nuevo espacio para seguir exigiendo un derecho impostergable. Una gran tela con notas de protestas y la suma por días del tiempo que llevaban en este recinto, era el recurso del día a día.
Una bandera roja vistió la cúpula de la torre en llamada de atención. Era un espacio para la lectura de la prensa, para el estar. Con la complicidad de familiares y amigos; no faltó el diario de la mañana, el buen bocadillo y la taza de té caliente, o el oportuno ejercicio en bicicleta estática.
En el escenario de cada martes, nuevas canciones asociadas al conflicto, megáfonos ensordecedores, cartas para las autoridades de gobierno, conciertos en apoyo a los trabajadores de Duro Felguera, todo un ritual. La contienda tuvo un punto final tras once meses de encierro.
Esta obra es un auténtico documento fílmico de un hecho que logró trascender las fronteras de Asturias. Lucinda echa mano a múltiples recursos sin escatimar y denigrar ninguno. Imágenes de archivo, fotos y videos de familia, entrevistas individuales y colectivas. Todo un bagaje de respuestas artísticas ante una realidad presente.
La riqueza visual y testimonial de la obra, el modo narrativo de presentarlo, la minuciosidad en la investigación de estos acontecimientos, se ven claramente representados en el montaje que busca el dialogo y la reflexión del espectador.
Mención aparte amerita la música de esta obra documental, que suele conceptualizarse con el rol de la apoyatura. Este trabajo es una voz que canta desde el dolor, desde la angustia, desde la sensibilidad. Diferentes registros y arreglos para un mismo tema. Es espejo del conjunto de voces que representan un espíritu, un colectivo que desploma las trampas y asume una voz sentida, es la metáfora de la música, su responsable: Ramón Prada.
Resistencia es un documento del recuento, vertido desde la objetividad. Es una mirada hacia la dignidad, hacia la constancia de los hombres y mujeres que hacen de su lucha un sentido por la vida. Es el triunfo de la racionalidad sobre la prepotencia.

Sinopsis

Una película sobre la clase obrera actual. Un relato de supervivencia y dignidad en el cual la cineasta Lucinda Torre reflexiona sobre algunas de las consecuencias del capitalismo global en nuestras democracias.

En un mundo globalizado donde los despidos amenazan el futuro de miles de trabajadores, algunos se atrevieron a decir “No”.

Asturias, norte de España, año 1993. 232 trabajadores metalúrgicos  de la empresa Duro Falguera son despedidos. Su reacción sorprenderá la opinión pública: lejos de asumir el futuro de exclusión social y paro que les espera, deciden rebelarse.

Resistencia recoge el conflicto laboral más largo de la historia europea, profundizando en la experiencia vivida durante más de doce años por un colectivo, el de los despedidos de Duro Falguera, que incluso llegó a estar un año encerrado en lo alto de la torre de la catedral de Oviedo para no ser olvidado. Una lucha paradigmática y única que concluyó con el éito rotundo de los trabajadores al conseguir recuperar sus puestos de trabajo y evitar que la empresa abandonara la región.

Ficha técnica

Dirección: Lucinda Torre

Nacionalidad: España (2006)

Duración: 112 minutos

Género: Social

Versión Original en Castellano

Guión y dirección: Lucinda Torre

Producción Ejecutiva: Diana Paz

Música: Ramón Prada

Dirección de fotografía: Jerónimo Molero

Montaje: Eva Guerra

Sonido directo: Pedro R. Soto

Una producción de: BAC Media

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(VIDEO) Los otros y nosotros

La sociedad contemporánea “emerge” bajo el incentivo de la acumulación y el consumo de productos de naturaleza impar. Esa corriente persiste –al menos es lo que dicen los mass media- amen de la crisis que en el presente agitan los escenarios sociales más heterogéneos. Ante esta diatriba se presupone como contra respuesta a esas grietas globales, la racionalidad ante el consumo.

Sobre esta cartografía imperante me ubico en la carretera de la austeridad, ajeno a todo signo de la acumulación. Bajo esta premisa hago una permanente discriminación de lo que es realmente vital para hacer de mi vida un “milagro real”. Sin embargo transito en una contradicción confesable: soy un ratón de documentales.

En los últimos dos años, entre los que me he podido comprar y los que realizadores y productores me han cedido para el análisis de rigor, ya puedo hablar de una videoteca incipiente, y mire usted, “la paso fatal” cuando la economía me hace posponer el sueño de tener el último de los documentales, al margen de las tecnologías del Ares y el Emule, que se me dan fatal.

Pero como había apuntado al inicio, tengo la suerte que una buena parte de esta “apropiación” de conocimientos en soporte DVD, está alimentada por la voluntad de los creadores de este género que conjugan la metáfora del arte con la objetividad que conforman puntos de vista, aproximaciones viscerales y apuntes estéticos.

El sentido del límite, el criterio de discernir lo que vale la pena acopiar para la estantería te hace ser selectivo para no llenar espacios que pueden ser tomados por verdaderas obras de arte. Esa que inspira, que trastoca raíces, que aporta datos y luces para entender más allá de la propia visión de un equipo de creadores. Que bajo la batuta de un “capitán” llevan a buen puerto ese barco que es el cine documental.

En nuestro transito por la vida solemos hablar de los libros, discos y películas que consideramos imprescindibles tener en nuestros anaqueles para sucesivas visitas. Esta máxima aspiración está matizada por esa lógica de disfrutarla con pausada mirada y los goces propios del conocimiento.

Ser parte de este siglo implica –obviamente-, heredar una acumulación de obras de arte. Esa recolección de sapiencias desde una perspectiva de presente-futuro sirve para discernir, desgranar y comparar corrientes estéticas, movimientos artísticos, singularidades culturales y por supuesto expresar lo que al principio dejaba entrever, los imprescindibles documentales para tener en casa.

Hace unos meses tuve la satisfacción de “visitar” una obra mayor que podría vestirla con más una docena de adjetivos, prefiero anotar tan solo tres. ¿Qué tienes debajo del sombrero? (2004) de los realizadores españoles Lola Barrera e Iñaki Peñafiel es una pieza fílmica de una desbordada carga humana, un símbolo audiovisual de la utopía, una apuesta por la constancia como instrumento de empuje ante la muralla de lo irracional, ante el veto de lo imposible.

Sus pautas fílmicas y conceptuales me avivan recuerdos y paralelismos con la Compañía de Teatro Infantil cubana La Colmenita que dirige Carlos Alberto Cremata. Esta sui géneris agrupación ostenta un largo recorrido de presentaciones, repertorios y premios. Quizás el más significativo en toda su trayectoria fue el que le otorgó la UNICEF como Embajadores de Buena Voluntad.

Lo particular no es el hecho de ser una agrupación teatral de niños y adolescentes, sino el incorporar como parte de su elenco a infantes discapacitados, que se integran a un proyecto escénico que lejos de ser “los raros” de la compañía son parte de ella. Esa convivencia va educando a los que asisten a esta experiencia, rompiendo con la mirada lastimera que más allá de integrar divide. Son esas etiquetas que construimos para resolver nuestro caos que persisten por la ignorancia sobre “el otro”.

Pero me regreso a, ¿Qué tienes debajo del sombrero? La obra se estructura bajo una acertada conjugación de personajes e interlocutores que son los ejes narrativos, los núcleos por donde se marcan giros y argumentos. Son los responsables de aportaciones textuales, pero también de los dramas y de las alegrías que confluyen en el círculo de lo posible.

Bajo esa realidad tangible, “ocultas” para millones de mortales por esa mirada devastadora que ha sido construida por la ficción insensible e inconexa, esta obra para a ser una realidad focal que marca los muros tercos donde cabe la bondad.

El filme se edifica desde dos miradas con texturas humanas: la primera, los protagonistas y la segunda, la de los interlocutores, que fortalecen esta apuesta documental no desde el complemento agregado, sino desde la jerarquía de sus posiciones sociales, de sus roles que engarzan de manera natural con el repaso de cotidianidades entremezcladas.

Un personaje principal: Judith Scott, una mujer de 62 años con Síndrome de Down y sordomuda. Una artista de peculiar vestuario, de singulares ademanes, de divertidas expresiones que son esas puertas abrigadas por encantos, donde la cascada de los afectos surte desde sus ojos. Otros “actores” secundarios forman parte de ese juego humano de convivencia grupal, donde el arte es instrumento y motivo de encuentro, presto para dignificar los sabores de la realización personal.

Es el canal para la búsqueda de respuestas, es también la cosecha para una persuasión acumulada junto a esa comunicación que seguramente andaba pospuesta por tiempos indefinidos y que escapa de todo cálculo posible. No son personajes sacados de una novela gestada en el retiro espiritual de una montaña, son hombres y mujeres tan reales como la vida misma.

Si dudas Judith Scott es la protagonista de esta obra documental, en torno a ella circula buena parte de la historia. El trazo humano de su trayectoria queda registrado con atinada compostura por una fotografía que busca la imagen de una mujer que tiene mucho que mostrar y no me refiero solo a su abultada obra de arte que aparece como trazos pictóricos, como pinceladas de una galería itinerante. La lente desnuda sus manías creativas, sus costumbres apegadas al escenario de su vida artística, “Creativa Growth Art Center”.

El dúo de Vicente Franco e Iñaki Peñafiel, -responsables de la imagen de esta puesta fílmica-, saben aprovechar cada instante bajo el signo del espacio enmarcado, con aberturas de una lente que no implora, no hace preguntas. Indaga desde ángulos inconexos para entender y mostrar detalles de una fuerza mayor, la del arte en franca conjugación con historias humanas.

Repasan cada gesto amable, cada silueta de luz timbrada. Es una cámara que dialoga con esos personajes que han congelado sus conflictos por historias mutiladas, una cámara que respeta el mundo interior de personas que se han dejado mostrar para dejar de ser una página oculta en el trastero de los quebrantos.

Lo simbólico no esta ausente en esta obra documental, quizás la nota de curso la da ese conjunto de revistas que la protagonista no deja para el azar y la perdida. Seguramente constituyen sus lumbreras para atravesar mundos y después de absorberlo todo, lo transporta con materialidades que ella junta.

Son objetos tan disímiles como carretes de estambres, pedazos de telas, cuerdas, desechos de otros lugares, así como aportaciones de otros que viven alrededor de Creativa Growth, que participan de manera indirecta en el flujo creativo que les desborda.

La artista Judith Scott termina construyendo esculturas que esconden en su interior multitudes de lecturas. El equipo de realización junto a los gestores de este centro de arte, participa en la idea de develar los entresijos de su íntimo universo, para entender la marea de sus emociones, sus apuntes icnográficos.

Es muy original el recurso de radiografiar sus piezas para hacer visibles sus núcleos estructurales, sus apéndices que resultan míticos quebraderos de cabeza. Las dimensiones de sus piezas expresan su insospechado e infinito mundo interior, bajo un velo que tiene escapatoria en cada una de ella.

Este es el espacio de todos: discapacitados, profesores de arte, colaboradores o galeristas, que suman motivos de legitimidad no solo para lo terapéutico, es arte “puro y duro”. Se desmontan ideas sobres los matices de cada apunte pictórico, de cada creación que descarga volúmenes, que define formas. Con esa sobriedad de la mirada indagadora de la lente, nos permiten acércanos a espacios vedados para los que andan cautivos por los aciertos humanos que allí se narran y que engrandecen esta pieza fílmica.

Es muy importante en esta obra el diálogo cruzado de los familiares de Judith, de galerista que no pierden la capacidad de asombro ante el milagro real de materializar obras de arte que se prestan para el discurso. Van apañados por el concepto y la búsqueda de la emoción, del sentido del mensaje, del trazo de un discurso, de sus propios conflictos que al final surte efecto en galerías de primera línea de los Estados Unidos y Europa.

El merito de esta conjugación de secuencias esta en develar testimonios que evaden los paternalismo hacia estos personajes, esa es una lección necesaria de la que debemos tomar nota. Al final nos conducen de manera gradual hacia un filtro mayor para descubrir, que estamos ante personas que adquieren la categoría de artistas.

Pascal Gaigne, Maurice Ravel y Alberto Iglesias son un trío curtido por el rigor, -claves de este arsenal de visualidades cinematográficas-. Sus creadores pactan una “serena voz” instrumental con una música que aporta silogismos y metáforas construidas para un repaso de esos mundos interiores. Pululan acordes de grueso calibre, con una sísmica trayectoria que no pretende ser el eje de todo. Acompañan el dialogo, la recreación del oficio, el transito entre escenas y secuencias que priman como repaso de vida y saben seducir, desde el don de la música, gestando emociones albergadas para esta ocasión.

La discapacidad está en la mente de los que “no saben leer” más allá de sus propias limitaciones, de los que no saben desentrañar el futuro de personas, que simplificamos como “los otros”. En la utopía no cabe el tamiz marcado por lo imposible.

El arte como recurso terapéutico es una herramienta reconocida por los reflujos que en su momento fueron hierba para el obstáculo. Hoy esta universalmente aceptada como parte de estrategias de trabajos en centros de inserción social, bajo una premisa: la de dignificar a personas que están en el desván del olvido. Entonces cabe una pregunta. ¿Cuál es la intencionalidad de Lola Barrera e Iñaki Peñafiel para hacer visible esta historia?

La respuesta es bien simple: los realizadores nos invitan a cambiar de rumbo, a tomar otros horizontes. La sensibilidad y la humildad desprovista de caretas ajustadas serán tan solo las herramientas por las que usted se debe acompañar para esta travesía. Sus realizadores han querido apuntar siempre en esta idea, conduciendo esta pieza fílmica hacia el derrotero más sagrado del universo: el ser humano sin límites y cortapisas.

Sinopsis

¿Qué tienes debajo del sombrero’? cuenta la vida de Judith Scott, una escultora norteamericana de 62 años a la que le llega el reconocimiento internacional después de vivir 36 años en una institución psiquiátrica. Judith tiene Síndrome de Down y es sordomuda. Su historia, contada a través de su hermana gemela, Joyce, sin discapacidad, es el detonante de una película que viaja al Creative Growth Art Center en California y descubre a otros personajes que como Judith buscan expresarse a través del arte.

¿Qué tienes debajo del sombrero?’ es una reflexión acerca del aislamiento que puede provocar una discapacidad, y de como a través del arte se consigue restaurar la comunicación.

Ficha técnica

Guión y dirección: Lola Barrera e Iñaki Peñafiel.

Producción: Julio Meden, Lola Barrera e Iñaki Peñafiel para Alicia Produce.

Producción Ejecutiva: Gemma Cubero del Barrio.

Montaje: Lola Barrera, Iñaki Peñafiel y Yago Muñiz.

Música original: Pascal Gaigne.

Músicas adicionales: Maurice Ravel y Alberto Iglesias.

Imagen: Vicente Franco e Iñaki Peñafiel.

Sonido: Celeste Carrasco y Nacho R. Arenas.

Duración: 75 minutos.

¿que tienes debajo del sombrero? from Iñaki Peñafiel on Vimeo.

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(VIDEO) Presos del silencio: un documental de fortaleza histórica

Transitando por las bondades del ciberespacio, desde a la selección crítica de textos que pudieran ser útiles para complementar visiones teóricas con acotaciones audiovisuales, encuentro uno que me resulta revelador para el análisis del documental Presos del silencio, de los realizadores españoles Mariano Agudo y Eduardo Montero.

Me refiero al ensayo titulado El recuerdo como olvido y el pasado extranjero. Padres e hijos ante la memoria histórica mediatizada, de los académicos Víctor Sampedro y Alejandro Baer. Quiero tomar prestado y compartir algunas ideas de este texto que constituye un preámbulo oportuno para adentrarlos en la carretera del texto fílmico que pretendo desmenuzar.

“Quienes invocan en la actualidad la memoria histórica y emprenden este amplio abanico de estrategias para su recuperación y difusión, lo suelen hacer con un doble objetivo. Por un lado, arrojar luz sobre las historias silenciadas, y así brindar el debido reconocimiento a los olvidados. Por otro, toda revisión del pasado sirve para ensalzar o denigrar a los protagonistas, con la vista puesta en el presente y sobre todo, en el futuro, es decir, interpelando a la juventud que ‘no conoció ese pasado’ y ‘a la que le pertenece el futuro”.

La primera idea me parece acertada de cara al conocimiento que todo joven debe tener de su propia historia, no solo por esa obvia fraseología de la necesidad del conocimiento, de la instrucción más allá del aprendizaje escolar; también por esa experiencia lúdica que aporta la literatura, el arte, la narración oral, el anecdotario familiar y por supuesto el cine. Sin embargo, sobre la segunda idea, “ensalzar o denigrar a los protagonistas” no me parecen sustantivos constructivos, prefiero –entendiendo la idea de los autores-: “la precisión histórica de los hechos acaecidos en el pasado”.

En otra parte de este trabajo, los apuntes van hacia el papel de los medios de comunicación en la canalización de la memoria histórica: “Los medios de comunicación, en tanto que escaparates para la difusión de información sobre el pasado y vehículos de socialización por excelencia en las sociedades actuales, juegan un papel cada vez más importante en la consolidación o deconstrucción de memorias colectivas, especialmente cuando las memorias generacionales se difuminan con el paso del tiempo”.

Resulta oportuna la idea que esbozan en torno a este mismo tema –de los medios de comunicación y la memoria histórica- cuando subrayan: “Los medios y la industria cultural también pueden ser acusados de vaciar de significado la memoria, trivializando el significado de los acontecimientos del pasado. La normalización periodística de las efemérides históricas se relaciona con la disneyficación de los museos de la memoria. Los telediarios y las portadas que evocan tragedias nacionales suelen recurrir a clichés y versiones homogeneizadoras que conjuran los traumas sociales”.

Con tan solo un repaso a buena parte de la programación de los canales de televisión nacional de España, se aprecia que las ofertas que ocupan horarios estelares son verdaderas vitaminas para reforzar la banalidad y la estupidez, siendo los jóvenes la presa más apetecida. En el caso del cine documental, la programación es pobre y racionada a pesar de esa máxima de Nichols que sentó cátedra: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento”.

El texto al que hago referencia, en la medida en que va tomando cuerpo se enriquece con nuevos argumentos que articulan en una dialéctica de racionalidad y sentido común. Sobre la relación memoria y medios de comunicación avisa en una idea que es vital para entender este fenómeno y nuevamente los cito: “La mediatización de la memoria –su creciente dependencia del eco mediático- conlleva unos efectos ambivalentes, que comienzan con la descontextualización y pérdida de referentes históricos precisos”. Cierro este necesario bloque de citas con una puntualización del mismo texto que resulta enlace con la reflexión que pretendo hacer sobre este documental. “En el audiovisual, la falta de imágenes llevaría a un déficit de representación de las memorias carentes de imágenes. En el discurso periodístico, la ausencia de testigos y de testimonios marcan los límites de representación del pasado. La memoria mediática está, como toda forma de memoria, plagada de vacíos y silencios”.

Estas son las claves estructurales y los objetivos de los autores de Presos del silencio, un documental con todos los ingredientes de un documento histórico. En los últimos años afloran documentales con el sello de “documentos históricos” que presumen –en todo caso- de escaso rigor, de incoherencias, de omisiones divorciándose de la objetividad, primando lo colorido, lo desdibujado del análisis, apelando a  recursos tecnológicos que “garantizan” la verdad de los hechos.

El dueto de directores desempolva pasajes ocultos o fragmentados de una epopeya que requerirá nuevos análisis, nuevas lecturas y apuestas fílmicas en la que se incorpora de manera oportuna este documento fílmico. Tres canales o ejes temáticos confluyen en esta pieza hilvanados por el análisis historiográfico, el uso acertado de los protagonistas en tono de testimonios, y la necesaria contraparte de imágenes de archivo. Los hechos ocultos o fragmentados van tomando cuerpo por esa virtud que tiene la memoria de acumular su propio caudal, donde afloran temas que fueron simbiosis de narraciones orales en tertulias de familiares y amigos confidentes.

Palabras como campos de concentración, garrote, miseria, humillación, esclavos, barracones, fusilamientos, represalias y otros vocablos, son fragmentos que se van entrelazando en una idea en torno a una palabra que forma parte de la historia universal: El Franquismo.

Pero las palabras por sí solas no bastan para “acercarnos” a ese pasado a esas vivencias truncadas por el silencio, por el miedo o la dilatación en el tiempo ante la falta de una ventana que sirva de vehículo para el conocimiento.

Presos del silencio invita a los represaliados del franquismo a develarnos sus historias, que van desde: el ser testigos de asesinatos extrajudiciales por expresar abiertamente su deseo de libertad, hasta ser amenazados por el color de su pensamiento. Son personajes entrañables, hombres y mujeres que conjugan el dolor acopiado en sus entrañas con la lucidez –y por qué no- la sonrisa a pesar de la crudeza de ese pasado, que “se dibuja” desde la connotación de recuerdo.

La necesidad del conocimiento de estas historias es la justificación de su presencia en esta pieza fílmica para que no retornen a nuestro futuro. Son confesiones que apelan al diálogo, a la verdad. Ellos mismos nos dan las pautas de hombres y mujeres del silencio: “Se perdona, pero no se olvida”, “A la vez que lo estoy diciendo, lo estoy viendo” o “Las heridas de la guerra son difíciles de curar, solo hay una medicina: el amor y la igualdad”.

La singularidad de testimoniantes que develan sus pasajes en los mismos lugares donde se desarrollaron los hechos, acentúa su valor de documento. Escenarios como campos de concentración, cárceles, celdas o pasillos penitenciarios testigos de aquellas atrocidades, contribuyen a transportarnos a escenarios, entre los que se incluye un monumental obra ingeniera como el Canal del Bajo Guadalquivir.

Las atrocidades cometidas en este escenario eran justificadas y edulcoradas por la propaganda. El noticiero No-Do del régimen franquista tiene voz en este documental, que lo insertan en contrapicado con las revelaciones de los presos silenciados. La narración del locutor se explica por sí solo: “La hermandad de la mano abierta y el brazo extendido los recibió con la generosidad del imperio español de otro tiempo tuvo siempre con el vencido, esta es nuestra justicia”.

Una acertada conjugación de imágenes y sonidos. El uso austero de estos archivos fílmicos contribuye a desmoronar las claves de esta barbarie. Se apela a fotografías que son fuentes vivas de ese periodo histórico, legitimando su autenticidad documental.

Resulta interesante la manera con que se nos presenta a la mayoría de estos testigos: hombres y mujeres que conservan sus mismas tradiciones y costumbres al margen de los aires de modernidad y nuevos estilos. Exhiben el bastón anillado de su padre, la chaqueta con el nudo de la corbata ajustada, la gorra curtida por el sol y la brisa del polvo de ese fresco campo de olivos y ganados. Son detenidos en el tiempo, dispuestos a “descubrirnos su verdad guardada”.

Una fotografía cercana de articulación realista, que se desentiende de los artificios de la modernidad tecnológica para favorecer los personajes, los testimonios truncados que ahora tienen color, texturas salidas de las entrañas del silencio. Fotos de grietas caladas en la frente, heridas por el tiempo develadas en sus manos, personas que han sobrevivido el horror, dispuestos a reconstruir para el futuro la estructura del horror. Una búsqueda del plano detalle, del gesto sereno, del brazo que apunta hacia los que fueron auténticos responsables de una barbarie.

La música de Enrique de Justo y Javi Vega, interpretada con abrazos de clarinete y percusión, entrelazan secuencias de motivaciones y descansos que asemejan entre actos de una obra teatral. Es un abrir y cerrar de telones, es una invitación a seguir participando de esta pieza que no tiene máscaras, que no apela a la evasión. Un clarinete que pinta diferentes tonalidades y serena los impactos de la crudeza, de verdades aún guardadas en la tumbas de miles de personas que están por encontrar una muerte digna, un reposo sereno. Revelaciones que emergen abiertos con una percusión, que oculta en sus ventrículos sonoridades con aires de complicidad.

Visionar esta obra documental es dialogar con la historia. Sus claves audiovisuales descansan en la reconstrucción legitimada por una investigación de campo que fortalece su valor de documento. Presos del silencio es el justo reconocimiento a los represaliados por la dictadura franquista.

Sinopsis

 

Somos hijos del silencio de nuestros padres

y responsables del silencio de nuestros hijos

Dulce Chacón

El Gobierno de Franco no se detuvo en la victoria militar sobre los que se opusieron al levantamiento. Tras la Guerra Civil, impuso un entramado destinado a borrar de la sociedad, y aun de la propia memoria de los afectados, toda huella de sus ideales de libertad y democracia. La represión impuesta ofrecía pocas alternativas para los que no pudieron huir al exilio: cárcel, muerte o silencio.

El daño causado a nuestra memoria colectiva es irreparable. El paso de los años ha sepultado la posibilidad de recuperar un inmenso caudal de testimonios de aquella época. No obstante, existe una deuda con las familias que sufrieron la represión franquista, que también es una deuda con nuestra propia historia: dar voz a su memoria, recuperar y divulgar su experiencia, dignificar unas vidas entregadas al compromiso y la solidaridad.

Presos del silencio pretende saldar parte de esta deuda.

Entre 1940 y 1962 unos 10.000 presos políticos participaron en la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir, hoy conocido de manera oficial como Canal de los Presos. Con sus más de150 kilómetrosde recorrido continúa regando una de las principales arterias agrícolas de Andalucía.

Esta película documental reconstruye un episodio de nuestra memoria colectiva a través de los recuerdos de algunos de los supervivientes y familiares. Acompañándoles por los escenarios naturales en los que aconteció este drama se evocan aquellos años en los que miles de hombres y mujeres sufrieron el estigma de vivir Presos del Silencio

Ficha técnica

Título: Presos del silencio

Película documental de 58′ de duración. Betacam digital. 16/9. Color-B/N
Una producción de: Intermedia
Coproductores: La Zanfoña Producciones, Canal Sur T.V.
Dirección: Mariano Agudo Y Eduardo Montero
Guión: Eduardo Montero
Director de fotografía: Mariano Agudo
Sonido: Daniel de Zayas, Juan Manuel López
Microfonista: Javier Sánchez
Ayudante de Cámara: Agustín Toranzo
Productor ejecutivo: Julio Sánchez Veiga
Coproductor: Gervasio Iglesias
Director de producción: Miguel Paredes
Jefa de producción: Natalia De Ancos
Coordinadora de coproducción: Pilar Ortega (Canal Sur Tv)
Ayudante de producción: Chiqui Paniagua
Música: Enrique de Justo y Javi Vega
Montaje: Mercedes Cantero
Postproducción audio: José Antonio Manobel
Diseño e infografía: María Rodríguez y Kiko Romero

www.intermediaproducciones.com

Presos del silencio: un documental de acentuada vestidura histórica, construido con aciertos cinematográficos por un equipo de realización joven comprometido con la verdad y la memoria.

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Montaña de luz: un documental donde habitan los sueños

Diciembre del año 2006, por aquella fecha trabajaba de auxiliar de servicios sociales en un centro de acogida para personas sin hogar de la comunidad de Madrid, en el popular barrio de Vallecas. Las bajas temperaturas empezaban a “darse a conocer” y esa noche no fue diferente. En este centro tan solo se admitían treinta hombres. Llegábamos sobre las nueve y treinta de la noche y en ese lapso repartíamos material de aseo, ubicábamos a los nuevos, orientábamos sobre las reglas del juego y poco más. Mientras el ajetreo de hacer camas se daba con la dinámica propia de los lunes, otros apuraban la afeitada de la noche conjurando quitar los vértigos que el frío y la escasa comida empuja para arroparse en la litera de turno.

Hombres de aspectos diferentes, de nacionalidades tan imposibles de calcular como un rumano, dos polacos, un argentino, un marroquí y “el abuelo” que después supimos que era peruano. El resto españoles, gente que sin alguna razón sustancial su jefe decidió rescindirle contrato y quedó en la calle, o su mujer “de toda la vida” que termina “aquella odiosa relación” y en estas circunstancias “descubre” que su salario de pastelero industrial no daba para pagarse un piso con cincuenta y seis años y setecientos cincuenta euros.

En esta variedad de perfiles humanos cohabitaban alcohólicos, toxicómanos, débiles visuales y algún que otro mortal que en una noche de confesión me hizo saber que su hijo es un eminente abogado con despacho en el barrio de Salamanca, “pero ha preferido guardar su dolor”.

Ese lunes se me acerca un gallego esquizofrénico de hablar delirante, que fuma un cigarrillo tras otro, que los devora por temor a que algún paisano de al lado se lo robe enla noche. Usabagafas de pasta -esas que ya están fuera de moda- luciendo un aspecto enmohecido y ausente de la más elemental limpieza. Su boca presumía de dientes marcados por una patina amarilla de barro y sin mediar palabra se me acerca con mirada curiosa y me pregunta: – ¿Dicen que usted es cubano? -Si -le respondo de inmediato y como quien va a hacer el discurso de su vida y sin variar el tono inicial de voz asevera: -Porque en Cuba usted va por la calle, un policía lo ve y si le cae mal saca su pistola, le da un tiro, lo deja al borde de la calle y después las auras tiñosas se ocupan del resto.

Sin entrar en reflexiones filosóficas –si cabe- y atendiendo al aspecto y perfil psicológico de este “singular caballero”, le pregunto: -¿Cuántas veces ha estado usted en Cuba? – Pues mire usted nunca he estado en su país pues no tengo dinero para un billete, pero le aseguro que yo se más que usted de Cuba. -Cuando usted vaya a mi país -le respondo-, a su vuelta podemos quedar pues será un buen tema para el diálogo. Seguí en mis trajines de la noche y sin poder evitarlo mi cabeza le daba vueltas al origen de aquella “certeza”.

Cuando uno desmenuza las entrelíneas de diarios –por ejemplo- como El País, El Mundo,La Razóno ABC, que son los que tienen una mayor tirada y alcance en la geografía española o cadenas de televisión como Telecinco o Antena 3 -por citar un par-, se repiten algunos “garfios” que van conformando en la mente de los ciudadanos –iletrados o no- un estereotipo de Cuba.

Enfoques informativos con adjetivos descalificadores sobre los principales dirigentes de mi país o sobre el sistema electoral. Argumentaciones en torno a la libertad de expresión o subliminales estímulos no solicitados sobre procesos de cambio, “desconociendo” la voluntad del pueblo cubano que ha realizado y seguirá realizando los cambios que estime oportunos, son algunos de los tópicos recurrentes que van trabajando en la mente de los ciudadanos en la construcción de una imagen distorsionada. Esta estrategia se repite como efecto dominó en buena parte del mundo occidental, que busca fijar una mirada prefabricada, de arquetipo de la realidad política y social de Cuba.

Una revisión básica de los diarios, de los espacios noticiosos y otros programas más irrelevantes en cuanto a contenidos, junto a otras ofertas de programación, así como “otras propuestas culturales y de ocio”, construyen un molde de pensamiento en el que se deja por sentado que en ellos se encuentra toda la verdad.

Son los mismos medios de comunicación que a punta de lápiz y cuidando cada signo de interrogación asumen temas como el conflicto entre Israel y Palestina, que se aborda en reportajes periodísticos en una perspectiva de bajo perfil en los que nos develan las “pequeñas barbaries” de soldados israelíes que “de cuando en cuando” se les va la mano y matan a algún que otro palestino por error.

Sin decir que el régimen genocida israelí –que es el calificativo adecuado- machaca cotidianamente a ese gran pueblo con actos represivos, violentos, vejatorios, humillantes y que son desplazados cotidianamente de sus tierras, les destruyen sus viviendas, son sometidos a controles que asemejan un gran campo de concentración siendo extranjeros en su propio país.

El cine documental ha realizado monumentales obras sobre este largo genocidio apegados a la historia y a la verdad. Se impone citar algunas de estas piezas fílmicas: Nablús, la ciudad fantasma de Alberto Arce (España); Jenin, Jenin de Mohammed Bakri (Palestina); Promises de Carlos Bolado, B. Z. Goldberg y Justine Shapiro (Estados Unidos); y Checkpoint de Yoav Shamir (Israel). La lista sería “infinita”; lo cierto es que este género se ha ocupado y se seguirá ocupando de este asunto con miradas constructivas, alentadoras, críticas, incisivas, pues constituye uno de los más dilatados conflictos y exige una solución definitiva.

Estos filmes corren diferentes trayectos; suelen ser programados en muestras temáticas, en festivales de cine, en televisoras locales y nacionales ubicados en horarios de baja audiencia o en canales para “públicos aburridos” e incluso, estos mismos medios de comunicación –por lo general- le dan una tibia cobertura informativa. En la revista Docs: Observaciones de lo real, No 1, especializada en el género documental, Walter Tiepelman, en un trabajo titulado Festivales llenos, salas vacías, dibujaba algunos aspectos de esta cuestión.

Estos medios tienen la capacidad de adsorber el tiempo de los ciudadanos no solo con informaciones mal enfocadas, tergiversadas o manipuladas hasta en la última coma, los complementan con otras formulas de entretenimiento de banales vestiduras. Sobre el tema recomiendo el libro Los guardianes de la libertad de Noam Chomsky y Edwards S. Herman o la página del periodista español Pascual Serrano www.pascualserrano.net, quien se especializa en desmontar la desinformación que estos y otros medios nos venden como verdad.

Retomando el tema Cuba, uno de los capítulos que han sido silenciados por estos medios es la labor que han realizado y siguen realizando los médicos y paramédicos del sistema de salud cubano. Durante cuatro décadas un total de 79487 profesionales de la salud han brindado su ayuda en 97 países. En los últimos cuatro años han sido operados en Cuba de manera gratuita 750 635 personas por diferentes padecimientos.

Enla Escuela Latinoamericanade Medicina radicada enLa Habana-inaugurada durantela IX CumbreIberoamericana en 1999- se gradúan cada año 1 500 médicos, que también de forma gratuita estudian esta noble carrera con la mirada puesta –una vez que concluyan sus estudios- en realizar su labor en los lugares más atrasados y recónditos de sus países de origen.

Un dato más: se han instalado con financiamiento de Cuba y otras naciones del continente 37 centros oftalmológicos en ocho países con la misma filosofía de gratuidad que caracteriza al sistema de salud cubano.

Cuando cuento estas y otras verdades a los de mi entorno, las expresiones son claras: estupefacción, sorpresa, asombro y una dosis de celo ante los avances subterráneos de privatización instrumentados en varias comunidades de España.

¿Cómo es posible que datos de esta magnitud hayan sido “perfectamente silenciados” a ciudadanos de Norteamérica y Europa que tienen “a mano” Internet con una “amplia gama” de puntos de vista? No es mi intención por esta vez centrarme en este asunto, otros analistas lo hacen mejor que yo. Todo este preámbulo resulta necesario para invitarlos al visionaje del documental Montaña de luz, producido por el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficas).

Recuerdo los inicios de este proyecto, pues iba por casa un gran amigo: Alejandro Gil, codirector de esta obra fílmica. Fanático de la natilla casera que hace mi madre, apasionado del equipo de béisbol Industriales, de La Habana y del mítico Real Madrid.

La pasión por recorrer y compartir las experiencias de nuestros médicos en los más recónditos lugares, la necesidad de humanizar esa realidad más allá de datos y estadísticas eran el sin dormir de aquella etapa de prefilmación. Un cúmulo de preguntas, de sobresaltos, de ansiedades de quien va a una experiencia en el que la hostilidad del clima y las condiciones de precariedad económica y social de estos países impone un esfuerzo mayor.

¿Cómo llevar al cine documental la practica de estos compatriotas? ¿Cuáles deben ser las pautas cinematográficas que deben distinguir a esta puesta fílmica que contribuya a comprender este descomunal esfuerzo?

Países tan ajenos a lo turístico como Guatemala, Honduras o Haití, donde la pobreza es un punto de convergencia ante esta recurrente verdad donde se requiere inaplazables acciones de la humanidad por ese lado del continente americano o en naciones como Botswana, Burkina Faso, Malí o Namibia, del África más profunda, son los escenarios que cuatro equipos de realización tomaron como punto de mira unidos por un hilo conductor: la presencia de los cooperantes médicos cubanos. Siete países ausentes en la geopolítica del discurso occidental, pero en el que viven millones de seres humanos necesitados de ayuda.

Montaña de luz corre desde una estética que apuesta por el retrato humano, por la tónica reporteril ante la premura de contar historias desgarradoramente reales, alejadas de toda visión pintada en postales para la recaudación de ayudas al prójimo. Son las márgenes de personas acompañadas por artistas de la realidad documental que se implican en hacernos ver más allá de la nuestra.

La lente de este filme recorre una geografía ajena a las tecnologías y a las máquinas de Coca Cola. Geografías donde el polvo y la precariedad de arquitecturas endebles constituyen el resguardo de sus delgadas voces, que tan solo exhiben brazos y piernas de anémicas configuración.

La promiscuidad de idiomas y dialectos, el juego de palabras que se entrecruzan con la socorrida mímica o ingredientes sociales como la comadrona, el brujo del pueblo o el jefe de la tribu, son pasto de la mirada cautiva de una mini técnica que intenta pasar inadvertida por la búsqueda del ángulo exacto, con el don de fotografiar el pulso de “el sur”.

Son habitantes que emergen en los telediarios desde la otra frontera -la nuestra-, pero en diagonal. Una postura óptica que surca el horizonte y pasa por esos parajes con la ingenua postura de calificar como exóticos a seres humanos que andan por agrietados caminos y tan solo los sumamos en la lista de la pobreza en números, en millones.

Médicos de familia, ginecólogos, pediatras, odontólogos. Estos personajes cohabitan en los entornos del silencio y la pobreza extrema, son parte de esa comunidad y penetran hacia esa geografía no solo dando salud a los que nunca vieron un médico, educando en calidad de vida, enseñando hábitos y costumbres universales sin destruir o desplazar las que le son propias.

Diálogos de médicos cubanos, funcionarios y cooperantes de otras ONG que aportan su parte en este esfuerzo común, forman parte de los retratados de una manera integradora, redescubriendo –para los que sabemos de estas andanzas- imágenes que son confirmaciones. Los que asisten por primera vez a este filme descubrirán verdades silenciadas.

De todas las escenas, la más esclarecedora es el diálogo sereno pero emotivo entre Chris y Amada. La primera, una misionera norteamericana que aporta su labor en Honduras atendiendo a niños infestados de SIDA. La segunda, una pediatra cubana que participa de esta experiencia social desde su profesión, como pieza esencial de sus futuros. La mágica relación y el respeto entre estas dos protagonistas, se dibuja con un paralelismo entre las confesiones de sus propias historias, que no escapan de las lágrimas ante la muerte de seres que seguramente vivirán pocos años pero siguen apostando por la perseverancia.

La música de los compositores cubanos Leo Brouwer y Sergio Vitier, de probada textura ecléctica, son esenciales bocetos que pasan de ser una convencional apoyatura. Sus universales ritmos, que contemplan lo africano con lo latino, confluyen con los distingos de los géneros cubanos. Música con un discurso ante una obra de indiscutible valor humano.

Fernando Pérez, director de cine cubano de obras tan memorables y conocidas como Madagascar, La vida es silbar, Clandestinos, Omara o Suite Habana escribió: “No lo impidieron los ríos desbordados de Guatemala ni las distancias casi infranqueables del desierto africano. Tampoco lo pudieron impedir los desastres naturales en Haití ni el calor intenso de las praderas de Namibia. Hasta allí han llegado varios cineastas cubanos –bajo la dirección general de Guillermo Centeno- para entregarnos su testimonio como corresponsales de guerra. Porque Montaña de luz es el testimonio de una guerra justa y permitida: aquella que desarrollan contra el hambre, la falta de asistencia médica y por la preservación de la vida, hombres y mujeres guiados por grandes sentimientos de amor. No importan las diferencias de lenguaje ni de cultura: en su entrega mística (porque es humana) podemos avizorar ese otro mundo posible que emergerá, que ya está emergiendo –ahora y mañana, es decir, siempre- en este mundo desigual e injusto de hoy”.

Ficha técnica

Título original: Montaña de luz

Dirección: Guillermo Centeno, Alejandro Gil, Alejandro Ramírez y Rafael Solís

País: Cuba

Idioma original: español

Categoría: documental

Formato: DVCAM

Tipo: color

Duración: 43 minutos

Año de producción: 2005

Productora: ICAIC

Guión: Guillermo Centeno

Producción: Francisco Álvarez

Fotografía: Oscar Valdés, Yamil Santana y Rafael Solís

Sonido: Juan Demósthene, Jorge Luis Chijona y Elpidio Granguet

Edición: Ricardo Miranda

Dirección de producción: Francisco Álvarez

Edición: Ricardo Miranda

Asesoría musical: José Galiño

Banda sonora: José Galiño y Ricardo Miranda

www.cubacine.cu

www.colaboracion.sld.cu

“Los niños ya no se preparan a perecer en medio de una espiritualidad piadosa, pero impotente. Los niños, se preparan para vivir”. Rolando Pérez Betancourt (Crítico de Cine)

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(VIDEO) Se trata de mirar más de cerca

Para el espectador la calle es la continuidad del espectáculo cinematográfico que ha visto, del que no es consciente en toda su dimensión. Con esa cualidad que tenemos de absorber lo desmedido e inusual de nuestro entorno, incorporamos ciertos códigos de observación que el cine y el audiovisual en general nos van proponiendo como “ligeras insinuaciones”.

Pero la realidad es más diversa de lo que conocemos o podemos interpretar de ella. Suelen “escapársenos” muchas aristas que resultan “invisibles” a nuestro examen. Transitamos por una autopista que está poblada de atascos en pausas cortas o invitaciones para visitarla hasta el otro extremo. Esta no es una afirmación teológica, entronca –en todo caso- con una perspectiva antropológica de lo visual.

La aseveración “Se trata de mirar más de cerca” es la esencia audiovisual y sociológica del documental Los espigadores y la espigadora (2000), de la realizadora belga Agnès Varda, quien reside en Francia. Más que un título, es un principio ético y estético de una puesta cinematográfica de arquitectura artesanal, una actitud ante la vida, ante la realidad que nos bordea.

Esta aventura fílmica presume de un sello personal que escala en dos rondas simultáneas: la de su propia vida en estrecha relación con el tema y el tema en sí mismo.  Va apelando a personajes que en su mayoría son ignorados sociales que la autora “pone” en el rango de protagonistas en esta puesta cinematográfica.

La obra despunta con una arrancada histórica en torno a la palabra espigar. Juega desde la entrevista en entonación de presente con personas-personajes que aún hoy recogen lo “desechable”. Alterna con obras de las artes plásticas en tono de pasado, despertando el ejercicio de tradición y modernidad no en el sentido artístico o histórico que suele atribuírsele. Empuña su cámara y se contornea en permanente mutación personaje-realizadora que se nos presenta como otra espigadora que apuesta por aprovechar lo aprovechable.

Pero su tesis avanza desde la apropiación de historias de esos interlocutores que participan en este relato audiovisual comedido, quela Vardanos irá desmenuzando poco a poco.

Una visita “fugaz y consensuada” a cultivos de papas en plena cosecha nos permite descubrir hechos que van más allá del simbolismo. Son historias reales y tangibles que sobrecogen al más mortal de los ciudadanos.

Una modesta cámara digital, un diálogo fluido y respetuoso, transita indagador de costumbres que fueron de antaño y hoy constituyen historia. Personajes que asisten como furtivos actores de los que espigar es una tradición pérdida, en franco contrapuenteo con los que cargan los desechos de máquinas “inteligentes y postmodernas”.

Espigar en épocas de los pintores franceses Jean Francois Mollet (1814-1875) o Jules Breton (1827-1906) era un espacio para que los pobres adquiriesen alimentos. En la contemporaneidad constituye la repetición de esas misma posturas, de esos mismos cuadros que persisten en el tiempo.

Agnès Varda recorre el mapa de personas que asumen este rol. Va combinando una trama conversacional con encuadres que buscan el protagonismo de estos reubicados del gran juego del consumo. Establece una visión en la que anónimas historias traspolan en historias de anónimos. Encara en primer plano los argumentos de cada uno de los que entrevista, en una figuración que va más allá de espigar.

Personajes que van desde ex conductores de camiones “bautizados” como toxicómanos que “construyen sus vidas” sustentadas por los desechos de lo que otros dejan “a buen recaudo”. Otros con proyectos de vida aplazados que asumen la “profesión” de espigar a la espera de una opción mejor.

Su cámara le sigue el rastro al más universal de los tubérculos y a los personajes que le rodean en una indagadora visión desde la industria. Desmenuza con actitud periodística los destinos de una cosecha, clasificadas en aptas para el mercado y aptas para el desecho.

Catalogan porque están comprendidas entre el tamaño tal y el más cual. Este insólito descubrimiento me transporta a un efecto de alucinación. Esta burda realidad implica que contorneados alimentos que no tengan el “noventa-sesenta-noventa” van a parar a su origen, convertidos en destino. Esta norma me recuerda -de algún modo- las modelos de pasarela a la hora de seleccionar a los candidatos o candidatas de este arte-comercio-élite.

Sin embargo la mirada incisiva de esta pieza fílmica no se regodea con el tema. Para el análisis de esta afirmación pongo dos historias que enriquecen y diversifican enfoques sociológicos que contribuyen a la meditación para el que se aventure a ver esta excelente puesta de cine documental.

La primera – de la que anticipé algunos apuntes-: un camionero que ha perdido el empleo y por circunstancias de su vida deriva en toxicómano, en consumidor habitual de bebidas alcohólicas. Un hombre que “ha perdido” una esposa e hijos, viviendo en condiciones de precariedad e incertidumbre laboral. Sin embargo nos invita a participar desde su propio testimonio y cotidiana andadura, en relación con los desechos que asume -desde su propia realidad- en un posicionamiento crítico sobre el tema del consumo.

Su tránsito por los contenedores es aprovechado por la realizadora que interactúa en esta experiencia. Se alimenta de productos que aún están en perfecto estado y pasan a engrosar las filas de los depósitos de basura, de “contenedores tardíos”. En esta primera historia, cabe inevitablemente una posición ética y humanista de la autora de la que no se desmarca. El ángulo con que participa la cámara, el seguimiento cómplice de este personaje, ejemplifica su trazado moral ante esta singular y multiplicada realidad.

Un segundo personaje se dibuja en otro estatus social. Su profesión: chef de un restaurante que aprovecha lo que la tierra le da. Un espigador de frutas y legumbres con una postura en la que “todo es aprovechable”. De este otro personaje me llama la atención su sentido práctico y realista de aprovechar lo que otros dejan. La lente de la cámara particulariza en un “icono de novela literaria”. Esta actitud está justificada desde el propio testimonio de este actor-personaje que recibió las esencias culturales de espigar.

Esta comparación es importante para entender la postura de la realizadora. No sólo critica o cuestiona la perspectiva consumista de la sociedad contemporánea. Con este discurso paralelo nos abre otro canal de actitudes con historias que son hechos.

En este primer bloque del filme, otros personajes que podríamos adjetivar como “secundarios” afloran en testimonios y escenifican su papel, legitimando la diversidad de matices que este asunto tiene.

Personas que recogen papas para comer, para la venta a restaurantes a falta de otro empleo, o niños que asumen “el encuentro” desde el rol del juego. O el testimonio de personas que la recogida de producto la incorporan no sólo como una necesidad de alimento y empleo. También pretexto de convivencia, de tradición para el diálogo y el encuentro.

Una particular secuencia constituye símbolo de la obra. Por azar una carga de este preciado alimento es dejada a pocos metros de donde estaba la realizadora. Peculiares alimentos de la naturaleza en forma de corazón o de “exageradas proporciones”, son tomados por la cámara y en esa secuencia pasa de ser realizadora para asumir el rol de espigadora. La alucinación de las formas atrapa ala Varda, quien desde la intimidad de su casa nos vuelve a mostrar las proporciones de estos tubérculos.

Presenciamos un juego de humor, una mirada oblicua por los “caprichos de la naturaleza”, por la singularidad de los desechos, que lo serán en la medida que estos pensamientos persistan.

Con esta secuencia cabe hacerse un par de preguntas: ¿Por qué una papa en forma de corazón no está apta para el mercado? ¿Qué sentido tiene que alimentos por ser de tal o más cual medida no son aptas para el consumo? Dejo esa reflexión a los espectadores, en cualquier caso tengo la certeza de que las conclusiones que podríamos sacar escapan de toda racionalidad o sentido común.

Su documental no se detiene en estos primeros argumentos, recorre otras ciudades de Francia en busca de otras realidades que enriquezcan sus indagaciones apuntando hacia otros horizontes sociales en las que espigar constituye una adjetivación real.

Viticultores, recogedores de hortalizas y verduras aportan nuevos reafirmaciones  que nos permiten tener una visión más completa del tema. El espectro va desde los que defienden su derecho a recoger lo que otros dejan en el olvido, pasando por los que niegan la idea de permitir espigar en sus campo porque les afecta su economía y su patrimonio, a pesar de que quedan ancladas como agujas trasnochadas en silente desintegración orgánica.

Su retorno por estos viajes de carreteras, nos desvela nuevas claves de la realizadora. Grietas de paredes ausentes de pintura, goteras pronosticadas para el tiritar en la soledad de su ausencia, detalles de su casa que se desvisten ante nosotros con la simpleza de sus manos avejentadas y sus “disimuladas canas” con las que se recrea para todos. La realizadora hace planos detalles de estos injertos de su intimidad elevándola a la categoría de obra de arte con la que se siente acompañada.

Un nuevo recorrido por lo insospechados vericuetos de lo inservible que pernoctan en la intemperie urbana ocupan ala Varda. Dosartistas peculiares, uno que recoge objetos para convertirlos en ideas, en mensajes vestidos de arte. El segundo, un albañil, -artista por vocación- quien empotra objetos en la fachada de su casa con énfasis en muñecas que le dan vida y sentido a las composiciones que esconden su intimidad resguardada.

La excepcional autora aprovecha la carretera para reforzar la temática del reciclado. En su transitar en busca de nuevos testimonios e imágenes para su obra, toma en cuadro cerrado los camiones que por montones transitan a su paso y las encierras no solo con su lente. Remarca con su mano en forma angular una suerte de mirada inquisitiva, acusatoria, sin desdoblar al fatalismo tangencial de posiciones extremas.

Otros sectores de la sociedad como recolectores y recogedores de ostras y almejas, de frutas y verduras, repiten argumentos y visiones de un mismo asunto, contribuyendo a reforzar la tesis de la obra y la postura que la realizadora defiende.

Su lente regresa al espacio urbano. Nuevos testimonios, nuevas imágenes que ratifican su alocución fílmica nos transportan a una generalizada realidad de la que estamos presentes en ausencia. Basureros en los que descubrimos, embutidos en perfecto estado, frutas aún por ser aprovechadas. Legumbres que pernoctaron poco tiempo en el mercado para darle paso a otros “productos frescos”. Son contribuciones de Los espigadores y la espigadora en franco desafío a los derroches de la llamada “civilización moderna” o ese machacado “estado de bienestar” que sabe a mentira, a falsedad inquisitiva.

En ese transitar en busca de imágenes y testimonios, un singular personaje hace detener a la espigadora Varda. Un hombre de aspecto sano con un enorme bolso a su espalda, recoge frutas y vegetales tras el cierre de un mercado popular. Un auténtico vegetariano que compartía sus “inusuales compras” para comer, con el oficio de vender revistas y periódicos para vivir. Alternando con la labor de alfabetizar -en la noche- a inmigrantes de origen africano.

Estamos ante un peculiar personaje que podemos dibujar con nuestra propia adjetivación, armarlo con docenas de metáforas e incalculables verbos desmesurados, pero la realidad nos agolpa y suele construir nuestro propio espectro de luz.

Algunos teóricos del cine documental afirman que cuando coexisten realizadores y actores sociales, donde uno de ellos representa al otro, sufre un desplazamiento. Sin embargo, la particular manera con que Agnès Varda asume este “encuentro” logra una auténtica convivencia de partes involucradas, confirmando la tesis ética de esta obra.

Este no es un documental de suculenta música, de banda sonora escrita al compás de una orquesta sinfónica de grandes proporciones. Se hace acompañar de pequeños fragmentos de obras en la que el discurso es denuncia, es llamado de atención desde la filosofía social que presume el rap.

Al ver el documental me pongo en la piel del espectador y me apresuro a conjeturar en que no tratará de fingir sobre esta puesta de cine. Seguramente le asignará un valor de realidad “de lo que ocurre delante de la cámara”. No por el hecho de que la obra está ausente de efectos manipuladores que pudieran dar lugar a un texto sensacionalista.

La sobriedad de los planos, el diálogo enriquecedor y diverso de los testimonios, junto a la conjugación del verbo dela Varda, despeja toda duda de estética manipulada. La ética con que desarrolla este particular tema se ve legítimamente representada por la retórica y la argumentación de su autora.

Este documental es una desmenuzada y metafórica mirada personal. El punto de vista, la puesta por la perspectiva, por el ángulo que se quiere presentar, contribuyen a identificarnos con los mundos ajenos que se nos presentan, pasando a la categoría de cercanos. Esta es una pieza fundacional y de vanguardia para los anaqueles de nuestra videoteca. Revisitarlo constituye una necesidad en tiempos donde nos quieren imponer la selva del consumo.

Sinopsis

Recorriendo Francia, Agnès Varda se ha encontrado con espigadores, recolectores, gente que busca entre la basura. Por necesidad, o por puro azar, estas gentes recogen los objetos desechados por otros. Su mundo es sorprendente. Y la directora, a su manera, es también una especie de espigadora que selecciona y recoge imágenes aquí y allá.

Título: Los espigadores y la espigadora

Título original: Les glaneurs et la glaneuse

Año: 2000

Duración: 82 min.

País: Francia

Directora: Agnès Varda

Guión: Agnès Varda

Música: Joanna Bruzdowicz, Isabelle Olivier, Agnès Bredel, Richard Klugman

Fotografía: Stéphane Krausz, Didier Doussin, Pascal Sautelet, Didier Rouget, Agnès Varda

Productora: Agnès Varda

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(VIDEO) El “incorrecto” John Lennon.

Notas sobre el documental: Los EE.UU contra John Lennon.

Cuando leo el texto del tema: Imagine -de las más conocidas del ex Beatles John Lennon- “encuentro todo” lo que necesita el mundo. Por supuesto que esta afirmación es una metáfora en torno a un ideal de sociedad.

Esta visión ética, humanista y filosófica de Lennon se contrapone contra los que hoy anulan los procesos de cambio a favor del mejoramiento del ser humano. Son los que declaran la guerra en nombre de la seguridad nacional e invocan a la “comunidad internacional” a participar en escaladas que saben a muerte, que transita por un largo pasillo que tiene su final inalterable en el principio, como un ciclo que se repite sin cesar. Son los autores intelectuales de guerras fratricidas por la posesión del venerado petróleo, donde centenares, miles e incluso millones de personas inocentes mueren y que justifican –de manera cínica- como daños colaterales.

Son los mismos que hablan de acabar con el terrorismo y se atribuyen el derecho de conformar una lista de países que “forman parte del eje del mal o países que apoyan el terrorismo” y en sus trasteros desperdigados por el mundo, siguen cosechando bases militares que laceran la integridad de las naciones. No nos podemos olvidar de los campos de concentración -públicos o secretos- donde la tortura, la humillación, el encierro indefinido es la tónica de la “justicia” de los que se creen dueños de este planeta, como si de la peste se tratara y no de personas con derechos reconocidos universalmente.

Estos mismos, son los que “dialogan” exhibiendo lustrosas corbatas de marca en las grandes convenciones internacionales, brindan por “sus éxitos” con una copa de cristal edulcorado, se hacen la foto y toman decisiones alejadas de la realidad social en la que solo salen favorecidas, las grandes empresas de estatura internacional, -que son los verdaderos presidentes de los gobiernos imperiales-, solo que prefieren estar tras los telones de este gran escenario que es el mundo, dejándole el trabajo sucio a los gobernantes de turno.

Pero el discurso, el argumento, la poética, la historia, la esencia, la estética del documental Los EE.UU. contra John Lennon no van por esos andares. La historia nos puede sorprender cuando descubrimos en este filme las trampas e intimidaciones por las que tuvo que transitar este mítico músico. Esta obra fílmica pone al descubierto documentos silenciados en archivos ultra secretos, esos que “guardan información clasificada sobre personas y organizaciones que ponen en peligro a la seguridad nacional”.

Antes de entrar en los avatares de este documental, cito algunos fragmentos del periódico mexicano La Jornada, con fecha 21 de diciembre de 2006, que con el título “Los archivos secretos de John Lennon”, comparte algunas interioridades de esta siniestra agencia del gobierno de los Estados Unidos, en relación con este gran poeta de estatura universal que supo hacer música desde la ética y los principios que son propios del ser humano.

“John Lennon es un ciudadano británico y ex miembro del grupo de canto (sic) The Beatles”. Así comienza la carta escrita en abril de 1972 por J. Edgar Hoover, quien durante mucho tiempo encabezó el FBI, dirigida a un miembro del Departamento de Justicia del gobierno de Richard Nixon.

“Lennon ha alentado la creencia de que él tiene ideas revolucionarias no sólo mediante sus entrevistas formales con marxistas, sino por el contenido de algunas de sus canciones y otras publicaciones”. Esta nota viene en un memorando escrito en febrero de 1972, cuando las administraciones de Hoover y Nixon luchaban desesperadamente para revocar la visa de inmigrante de Lennon y poder así deportarlo.

La canción que más parece interesarles es Power to the people, que difícilmente es un documento secreto, dado que es un tema del primer disco como solista de Lennon, titulado Plastic Ono Band (1970), y que fue un sencillo que trasmitieron emisoras radiales de todo el mundo.

Continua Hoover expresando en su carta: “Desde 1972 John Lennon ha seguido, de vez en cuando, prestando su apoyo a diversas causas extremistas, aunque no parece tener su lealtad comprometida con ninguna facción”. Esta frase aparece en un documento sin marca de archivo ni fecha, pero con el sello “confidencial”, que al parecer pertenece a los servicios secretos británicos (MI5).

¿Era Lennon un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos e Inglaterra? ¿Formaba parte de algún grupo violento que justificara el acoso y la vigilancia de la que fue víctima por los servicios secretos de estos dos gobiernos?

Era una época rica en movimientos políticos y sociales, donde la cultura y el pensamiento estaban viviendo una efervescencia global. En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos desarrollaba una guerra genocida contra Vietnam, que culminó con la muerte más de tres millones de vietnamitas y más de cincuenta mil soldados norteamericanos.

El Ku Kux Klan campeaba por su respeto, predicando la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo, el racismo, el anticomunismo, la homofobia; recurriendo al terrorismo, a la violencia y actos intimidatorios para aniquilar a sus víctimas. EL KKK está supuestamente desestructurada en la sociedad norteamericana de hoy, pero que sigue “ejerciendo sus funciones” con otras vestiduras demócratas.

John se involucró en estas campañas, desarrollando una activa y pacífica acción a favor de los más desfavorecidos de una nación que se vendía –y se sigue vendiendo- como la más democrática del mundo. Apoyó de manera explícita al Partido de los Panteras Negras, que estaban ubicados en el círculo negro de los servicios secretos del presidente Richard Nixon.

Los EE.UU. contra John Lennon se estructura en pauta fílmica bajo una clara intencionalidad de acompañar uno de los períodos más ricos de un hombre que se identificaba con el pensamiento y el espíritu del pensador y político indio Mahatma Gandhi y la firmeza del reverendo Martin Luther King Jr.

El ex Beatles desató un proceso evolutivo de su activismo, en el que no negaba ni veía contradicción entre su condición de artista y su pensamiento político. Esa sinfonía de evoluciones tuve sus cimientos en un adolescente marcado por el abandono de sus padres y la mirada crítica hacia el poder, un joven que nació en los suburbios de Liverpool y absorbió todo lo que de negativo tuvo para él ese hostil entorno. Esa realidad social y familiar fue moldeando un John Lennon rebelde, dispuesto a desentrañar de raíz las injusticias que se agolpaban en su tránsito por la vida.

Este capítulo inicial de Lennon se sustenta con el testimonio de Yoko, que no es el único presente en este material fílmico. Supo revelar esa parte de su vida en una necesaria cronología para entender el curso que fue tomando como hombre que ama la paz, pero que siente la necesidad de “hacer la guerra” al modo de vida anglosajón que pretende imponer sus sones en tono de prepotencia.

Otros testimonios como el del lingüista, filósofo y analista político norteamericano Noam Chomsky o la del escritor, periodista, director de cine e historiador paquistaní Tariq Ali, constituyen un representativo abanico de puntales que aportan auténticos e irrepetibles discursos, generados y construidos desde una intimidad para acercarnos a una convulsa etapa de la vida de este irrepetible hombre.

En este bregar de palabras se incluyen los apuntes verbales de periodistas, escritores, fotógrafos, políticos, e incluso ex agentes del FBI que en aquella etapa participaron o supieron del paranoico juego, que esta agencia del gobierno de los Estados Unidos estaba dibujando ante un hombre de singular estatura.

Hago un aparte en la particular participación en este filme de Robert George “Bobby” Seale, quien fuera presidente de los Panteras Negras. Su reflexión contribuye a esclarecer la relación de Lennon con este grupo afro norteamericano, también se suma a este filme, los argumentos de la activista afro norteamericana Ángela Davis. David Leaf y John Scheinfeld, -directores de este documental-, utilizan material de archivo donde Lennon hace pública su comprometida adhesión a esta organización.

Es muy singular cómo se resuelve el escenario-telón de cada uno de los entrevistados. Desde una pretensión artística testimonial el fondo va desde el “tradicional negro”, a fotos de músicos que han compartido escenario con Lennon y personalidades, que juegan el papel de contraponer o fortalecer una mirada fílmica muy personal sobre este gran músico para los espectadores.

John, con esa peculiar pose de hombre fotogénico y mirada de “niño-hombre”, entra en escena alentando la palabra, justificando cada uno de sus actos, comprometiéndose con cada argumento. Es una manera onírica de hacernos ver que no solo están los testimonios de estos actores testigos de epopeyas pasadas; es una perspectiva que busca acentuar -desde el lenguaje cinematográfico- su inconfundible presencia.

Los realizadores Leaf y Scheinfeld apuntan hacia otros dos momentos singulares de la vida de Lennon. Una inusitada manera de hacer su luna de miel junta a su esposa Yoko Ono, fue manipulada y roseada por los medios de comunicación en aquellos convulsos tiempos. Un retiro espiritual, un recogimiento en su habitación del hotel rodeados de carteles que invocaban a la paz, junto a periodistas que buscaban en ese acontecimiento el morbo noticioso, el debate insulso, la noticia rosa que Lennon y Yoko no estaban dispuestos a dar.

La labor esclarecedora de esta pieza fílmica aporta perspectivas, ángulos, datos con los que en aquel momento era impensable contar para una mejor visión de lo que de cara a la galería podría parecer un show mediático. Era la manera que tenían estos artistas de pronunciarse contra la barbarie de la guerra, conscientes de que eran centro de atención de portadas de periódicos, minutos de telediarios y emisoras radiales.

Un elemento policial y de suspenso fortalece esta obra. La permanencia de Lennon y Yoko en los Estados Unidos estaba condicionada por un tiempo límite de su permiso de residencia en este país. Era el ardid perfecto que tenía Nixon para quitarse “del medio” a un hombre que le estorbaba. Una escalada de presiones “legales” se fueron sumando a la vida del artista, era “un peligro para la seguridad nacional de ese país”.

La cronología de esta contienda está matizada y estructurada no solo por las revelaciones de Yoko Ono y el abogado que asumió este caso. Documentos desclasificados en los últimos años revelan la persecución a la que fue sometido este excepcional artista que reconstruyen,  la paranoia de un sistema político en el que podemos estar clasificados como “políticamente incorrectos”.

Lennon nos descubre sus miedos, su conciencia de estar vigilado por algún servicio secreto de ese país, pero no deja de ser un hombre consecuente con los ideales de paz.

La música que compuso en esta etapa es la mejor expresión de un sólido intelectual que apuesta por otro mundo ante una realidad que le desborda, pero que ha querido cambiar con canciones. Temas como Give peace a chance, Revolution, Power to the people, son verdades en tiempo de rock multiplicado en multitudes. La poesía y la fina voz textual de Love e Imagine, es esa dama que sabe encendernos los sueños.

Para el cierre de estos apuntes les dejo con el video del “peligroso” tema compuesto por John Lennon: Power to the people.

Sinopsis

Ante la guerra de Vietnam y una administración presidencial involucrada en vigilancia y escuchas telefónicas secretas, el idolatrado músico John Lennon usó su fama y su fortuna para movilizar a la opinión pública contra el gobierno norteamericano. A través de exhaustivas entrevistas con las personas de su círculo más íntimo, se nos ofrece una poderosa visión de los ideales por los que luchó y de cómo y por qué el gobierno de EEUU trató de silenciarle.

Ficha técnica

Título original: The U.S. vs. John Lennon

Nacionalidad: Estados Unidos

Año: 2006

Duración: 90 minutos

Productora: LSL Productions Authorized Pictures Lions Gate Films VH1 Rock Docs

Dirección, producción y guión: David Leaf y John Scheinfeld

Fotografía: James Mathers

Montaje: Peter S. Lynch II

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