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Receta 15M

Ingredientes:

 

500 unidades de spray

12 coches cisternas

7000 porras de última generación

1200 bridas reutilizables

800 escudos antimotines

1600 cascos de protección

2 helicópteros

12 megáfonos

200 coches patrullas

(Da para 10 mil comensales)

Pasos para la elaboración del plato:

1. Establezca un puesto de mando para coordinar la realización de esta exquisitez, que tiene la particularidad de que cada día más comensales requieren de este manjar. Disponga de un dispositivo de amplia cobertura de comunicación que incluya contactos telefónicos y satelitales, así como una dotación de medios aéreos con cámaras de video con telefoto y ángulo ancho, que le permitirán visionar a los organismos superiores, la realidad –minuto a minuto- de cada escenario.

2. Avitualle a nuestros ejemplares antidisturbios con todo el material necesario para detener y replegar a los alborotadores. El módulo imprescindible debe incluir: porras para dar de hostias a los desequilibrados de la ecología, a los antisistema, a los antifascistas y toda una gama de jóvenes que se manifiesta en la calle en contra del “Estado de Derecho”. No deben faltar los cascos para proteger a nuestros valerosos patriotas de posibles altercados y hechos violentos, sin descartar ramalazos de nuestros propios agentes que en plena faena exacerbar su furia cuando suelen repartir porrazos a todo el personal apertrechado. Se debe incluir los escudos para recordarles a estos mal nacidos que somos herederos del espíritu de los conquistadores romanos.

3. Despliegue por las principales calles de la ciudad por donde se manifiesten, miles de efectivos de la policía antidisturbios. Tenga preparado al menos 6 coches cisternas para aguar a los manifestantes. Esta dosis surte mejor efecto en las temporadas invernales que corresponde a los períodos navideños.

4. Cuando la jauría humana se acerque a la primera valla de contención, disuádalos con voz firme y gestualidades indicativas para desestimular la idea de acercarse al límite establecido que deberá estar previamente ubicado con vallas de acero sólido. Si continúan con la marcha –como es predecible-, a golpe de megáfonos reitere con voz autoritaria que es ilegal defender el cambio climático, la ecología y el medio ambiente y –de paso-, dígales: – que eso que el planeta está en peligro, son chorradas de la ciencia ficción.

5. Si persiste el avance de los manifestantes, interceda su evolución con –al menos-, 100 furgonetas para desvirtuar y reconducir el objetivo, no utilice todo el parque de coches disponibles pues debe de contar con una reserva de igual cantidad por si fuese necesario contener nuevas fuerzas.

6. Si no logra detener a un importante grupo de estos desalmados, no dude en apresarlos uno a uno y póngalos en línea, atando sus manos con bridas ubicándolos, -como indica el manual-, sentados en los helados suelos de las avenidas colindantes a los escenarios de confrontación, para que disfruten del humedal de chorros artificiales.

7. Ala hora de establecer contacto con los manifestantes, que no tiemble el pulso para de arremeter contra estos radicales de la ecología. Empleen a fondo sus capacidades musculares y den cuantas hostias puedan propinar, este acto de civismo social será un señal oportuna de las instituciones del orden para preservar la democracia y el buen comportamiento ciudadano

8. Si a pesar de todas las medidas profilácticas la marcha continúa, incorpore el resto de coches que le había sugerido tener en reservar, ubicándolos como un verdadero muro metálico para contener la avanzada de estos gusanos ecológicos.

9. Si por alguna razón estructural las acciones desarrolladas no son suficientes, incorpore los coches cisternas para aguar la ira y el impulso de estos desalmados. Se debe de actuar de manera contundente con los de aspecto yonkis, los de estética rastafari, o los que exhiben tatuajes o accesorios de otra naturaleza, sin que nos tiemble la mano.

Esta receta fue tomada de las manifestaciones realizadas enla Cumbrede Copenhague, en diciembre de 2009.

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No es asunto de letrados

Los indignados del 15-M en España toman “espacios habitacionales” para paliar uno de los derechos universales del ser humano: el derecho a una vivienda digna. Si dudas este movimiento gestado en la nación ibérica se ha multiplicado en buena parte de Europa, los Estados Unidos y Canadá, contribuyendo de manera global a darle más visibilidad a las grietas del capitalismo.

Las políticas enajenantes y excluyentes de los desahucios han suplantado la incapacidad y la falta de voluntad de los políticos, para convertir este derecho en un asunto “de leyes”, que es también ético y moral.

Los paralelismos y las comparaciones sobran cuando la universalidad del tema está “definida y clara”. En esta batalla por la vida se van exacerbando los horrores y la real naturaleza del imperialismo, etapa en la que algunos teóricos plantean que estamos arribando. Sus verdaderas esencias van saliendo a flote en medio de una crisis que apunta a más.

El eje de esta realidad, está –en todo caso-, en los pilares que la sostienen como “modelo de sociedad” que excluye toda posibilidad de solución ética, donde el pueblo tiene que participar de manera activa y permanente en una solución real y definitiva.

En esta “escalada de acciones”, ante una crisis que no ha sido procreada por los ciudadanos, no está contemplado remover o destruir las estructuras que la legitiman como árbol “carcomido de raíces huecas”.

Pero las improntas surgen y la realidad supera toda “escritura de ficción”. Cada día crece el número de desahucios, donde -aquí cabe el paralelismo- la indignación, el malestar y la ira poblará los “frescos de la tarde”, si no se logra una solución que no parte de la letra de la ley.

Estos manuales jurídicos no acompañan a los catalanes, a los andaluces, a los extremeños, a los vascos, a los asturianos, a los españoles todos. Tampoco a la gran humanidad de pobres y excluidos que cada día somos más.

Es un asunto de dignidad lo que está en el eje de “todas las miradas”. ¿La verborrea legal, jurídica y “letrada” podrá resolver esta impronta? ¿Habrá que acumular cientos de miles de desahucios para “entender” la esencia de este medular tema?

La sociedad española y del mundo, tienen una cita para hacer “el congreso de todos los unidos”. Pero no estoy hablando de más reuniones, asambleas, manifestaciones, marchas, citas y reencuentros.

Los problemas “se amontonan” como la burocracia y se requiere de ir quitando “toneladas” de todas ellas. Hay temas bien urgentes como este, el derecho a una vivienda digna. Las palabras y los textos jurídicos se entrecruzan con la realidad que es el escenario de la vida.

Van cayendo –cada día más-, personas en la lista de los excluidos, de los sin nombres, de los despreciados de estos “caballeros”. Claman por justicia y reciben una derrota.

A fin de cuentas no podemos estar “tan bravos”. Los ejecutivos de los bancos siguen aumentando sus beneficios por meses, por trimestres, por años. La bolsa de valores de Madrid, de Tokio o de New York sube o baja los tipos de interés para –al final- decirnos, que “la cosa va bien”. ¿Alguien me puede explicar la utilidad de las Bolsas de Valores?

Desde otro escenario, el dinero no escasea para seguir sosteniendo las guerras contra Afganistán, Iraq, Libia. Ahora están en el candelero Irán y Siria. No podemos olvidar el genocidio consentido que mantiene el Gobierno Israelí contra el heroico pueblo de Palestina. La barbarie y la brutalidad no hay que ir a buscarla a tiempos de historia. En ese escenario donde se viola sistemáticamente los derechos humanos, están todas las formulas de la represión posible. Como en la base naval de Guantánamo, -impuesta en contra de la voluntad del pueblo cubano-, donde se mantienen recluidos a personas bajo un limbo jurídico interminable.

Los gobiernos “democráticos y primermundistas”, van incorporando más naciones que encajan en ese perfil de países “endemoniados y antidemocráticos”. Las arcas de dinero -que es de todos-, están listas para procrear nuevas guerras.

Me pregunto si entendemos que estamos ante una carretera de muchos frentes. Mientras nos agobiamos y cabreamos –como es lógico-, con los problemas esenciales de nuestro entorno, de nuestra realidad inmediata. Por otros carriles, distantes y “difíciles” de alcanzar, se van construyendo otras geopolíticas donde se construyen pretextos –en los últimos tiempos parece que ni hacen falta-, para asestar golpes demoledores contra poblaciones enteras.

Nos acordamos de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. De las bombas que los Estados Unidos dejaron en Hiroshima y Nagasaki, que cercenaron la vida de cientos de miles de personas. Hacemos importantes reflexiones sobre el papel de la terrorífica Agencia Central de Inteligencia (CIA) en la ya conocida “Operación Cóndor”. Obviamente estos y otros capítulos de la historia, son necesarios referentes para conducir el futuro de la humanidad.

Estamos en la antesala de una suma de guerras que se van procreando de manera “mágica”. Estamos ante dos escenarios claves, el de los movimientos sociales de todo el mundo y el de la escalada guerrerista que sigue liderando el gobierno de los Estados Unidos y la OTAN.

Estos dos polos de la historia contemporánea entroncan en un punto esencial, la humanidad. La inteligencia de todos está en cuestión en tiempos claramente engañosos. El asunto es mucho más serio de lo que parece.

Ante esta realidad se impone reflexionar hacia donde queremos conducir nuestro planeta. Estamos ante un dilema de proporciones humanas. La solución de todos y cada unos de los obstáculos que nos acechan, nos exige inteligencia, lucidez y una dosis imprescindible de perseverancia a prueba del tiempo. La solidaridad, el compromiso y el decoro han de ser las “brasas” de nuestro futuro con la historia, con nuestra historia.

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29.000 niños muertos en Somalia en apenas tres meses.

Me cabrea cuando se habla de “estado de bienestar”. Esa falsa cualidad o estatus social se traduce en presumir y ostentar una vida glamorosa, una obsesiva actitud de acumular objetos de cualquier calibre. Objetos de plástico, de papel, de madera, de cuero, de metales preciosos, no importa su estado material, “lo verdaderamente importante es acumular”. Mientras toda esa porquería de seguir guardando, toma fuerza y rumbo incontenible, “salta la noticia” de que han muerto más de 29.000 niños en Somalia en apenas tres meses.

No me quedaré quieto mientras haya un solo niño de este mundo que sufre o muere por la inacción de nosotros, los que vivimos en el “primer mundo”, los que derrochamos a diestra y siniestra, los que miramos para otro lado cuando un mendigo o “una persona sin hogar” de los que deambulan por la populosa Gran Vía de Madrid, nos pide ayuda y por cansancio o incapacidad moral, miramos para otro lado y seguimos la marcha, recurvando hacia un lugar lujoso donde abundan las luces de neón y todo es “perfección y exquisitez desbordada” o no lo es, pero miramos para otro lado.

Estamos envueltos en una gran manta de espíritu autocomplaciente, nos basta con aportar unos euros para la noble causa de alguna ONG que de repente nos aborda con cara lastimera en plena vía, pidiendo nuestra solidaria colaboración, dejamos nuestros datos, estampamos una firma y ya somos solidarios.

Cuando revisamos nuestro ropero, “descubrimos” que una docena de piezas nos han quedado obsoletas, fuera de talla o la rotura que tiene la manga derecha, la reparación nos cuesta casi más que comprar una nueva. En ese instante, nos acordamos que en la esquina de casa hay un contenedor que espera por un gesto altruista. Nos ponemos el modelito de ayer y tan horondos, dejamos sellado en una bolsa reciclable nuestro arsenal para un buen destino, y de paso, contribuimos a proteger nuestro planeta “encerrando un plástico” que no atentará contra el medioambiente.

Pensando en estas dos historias, me puse a estimar el tiempo que duraría cada una por ese hábito de hacer cálculos para una escena de cine, cuando toca desglosar gastos de producción. En la primera, si la computo en base a la gestión de un mediador de una ONG comprometida, tan solo “nos robaría” unos 5 o 6 minutos. En la segunda historia, el cálculo es más complicado. Si es una persona que le cuesta tomar decisiones, que es aprensiva con sus “preciadas posesiones” la suma del tiempo, podría rondar los 30 minutos.

Al final el tiempo cuenta, Jacques Diouf, presidente de la FAO en una de las últimas cumbres sobre el tema aseveró: “cada seis segundos muere un niño de hambre en el mundo y cada día 17.000 niños pierden la vida por no tener nada que comer”.

Entonces nace este texto, surge este boceto de artículo o nota reflexiva que aspira a tocar en la sensibilidad de los que aún tienen un gesto amable, una razón para cabrearse, o dos, o muchas y exigir a los que les toca por mandato popular construir un mundo mejor. Toca también formar parte de algún proyecto urgente para que el hambre no sea noticia, para que el hambre sea historia. Mientras pasan los minutos y las horas, los intelectuales y los artistas de este planeta, nos toca arrimar el hombro con lo que sabemos hacer mejor, con nuestro oficio, como hicieron –por citar un ejemplo- artistas de España y de otras latitudes en África, fotografiado en el documental: Cuentos, primeros auxilios; de los realizadores españoles, María Suárez y Esteban Varadé. El cine documental ha de hacer de esta historia un tema urgente, la verdad ha de ser cine, ha de ser luz para los que aún andan con ceguera. Me apunto para una propuesta cinematográfica.

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Mujeres

 

Para E. G. 

“… las campañas de los pueblos sólo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible”.

 

José Martí

No voy a hablar de las curvas y las puestas milagrosas que distingue la belleza de una mujer. No voy adjetivar sobre el colorido de sus ojos que siempre son, una puesta de sol eterno e iluminado.

No voy a conjurar sobre la fuerza de sus manos que saben liberar los cercos de la vida con hogueras desbordadas y ventiscas meditabundas. Cuando las grietas del silencio pueblan los páramos de la verdad, sus “trampas” rehacen la música de los aplausos.

No voy a destrabar estrofas sobre besos o palabras encendidas. “Son preguntas que no tienen respuestas”. Son diálogos para el regazo de la intimidad, para el cobertizo donde solo caben dos.

Van como pájaros al vuelo dominando toda la geografía de la vida. En su vasto transitar son capaces de desnudar las artes de los sueños.

Toca hablar de la mujer en otra dimensión, en otra tesitura. Es preciso ponerlas en las portadas de los libros urgentes, en las mamparas de  los lienzos y en las lloviznas destronadas. La mujer es esencial y definitivamente importante, siempre.

En tiempos donde se desatan guerras y se acrecienta la fragmentación de las ideas, su estatura humana adquiere un mayor calado, una impostergable urgencia.

Seremos testigos –si no ocurre un milagro- de la ascendente brutalidad de un sistema que campea atizando odios y rompiendo amores.

Son tiempos donde “las preguntas vienen detrás de las respuestas”. Para que no interroguemos o cuestionemos el sentido de toda esa falsedad donde se presume de “primer mundo”, de “estado de bienestar”, de “democracia” que transita corroída con palabrerías huecas.

Vivimos en un escenario donde las metáforas y los sueños son replegados para anteponer la era –en la que ya estamos-, la del plástico, la seudocultura, la disfuncionalidad educativa, la mentira global y el terror construido.                                          

En ese altar escénico están los “eruditos” vestidos de corbatas aterciopeladas, que nos han “transformado” en números. La palabra -crítica- está anulada en los diccionarios de esta era imperialistas.

Si logras ubicarla en algún escalón podrás caer –irremediablemente-, en las adjetivaciones de los desplazados sociales. “Antisistema”, “violentos”, “terroristas urbanos” y una docena de palabras traídas para la ocasión, que son parte de los vocablos al uso.

En medios de esta marea cíclica, el verbo inteligente pernocta tras bambalinas por la voluntad “divina” de las religiones. Donde los políticos de probada inmoralidad van como peones de turno designados para hacer el trabajo sucio.

En otra escala están los “megaempresarios”, que son los verdaderos “jefes de estado y de gobierno”. “Atrapan” la voluntad y la voz de los parlamentarios, los alcaldes y concejales, “llamados a representar la voz y la voluntad del pueblo”.

A la derecha o a la izquierda o desde cualquier paralelo, conviven los comunicadores que distorsionan nuestras ventanas. Van agolpando y trastocando “un puzzle” que construyen de manera inmoral. Son piezas que aparecen sin final a la vista.

Las guerras siguen sumando muertos, heridos y mutilados. Las cifras de hambres y desnutrición son obscenas e inaceptables. Las listas de desempleados aumentan por miles quebrantando un derecho universal.

La pobreza extrema es una verdad inamovible que apunta hacia el crecimiento. El cambio climático, la contaminación y la desertificación de los suelos se aferran a no desaparecer. Las aguas van destilando petróleo y polución desmedida. Mientras el analfabetismo “se las arregla” para seguir siendo noticia.

¿Cuántas calamidades podría seguir escribiendo en estas pocas cuartillas? ¿Qué otro asunto de medular urgencia debería incorporar a estas líneas para hacer un recuento real y preciso de todas ellas? Las hojas del tiempo no alcanzarían para completar este penoso inventario.

La voluntad y el tesón están en examen. La humanidad grita de dolor y la mujer es parte de todo, urgen sus “bondades”. Desde la sabia de sus letras, hasta sus sensibles e irrepetibles dotes de inteligencia.

Saben “cargar con todo” para repoblar los sueños que andan carcomidos por las cloacas de la modernidad. No es posible romper estos cercos sin los avatares de la mujer. Somos parte de un todo, es una verdad incuestionable.

Los versos germinan con más fuerza cuando están junto a nosotros. Nuestra inteligencia tardía se puebla de acciones cuando nos hacen ver la luz en medio de la niebla. La mujer es parte esencial e imprescindible de esta tarea que es amar la vida.

No son estos argumentos sobre cualidades físicas o ternuras desveladas. La mujer los tiene en infinitas cantidades como pliegos multiplicados.

Hablo de complicidad, de compromiso compartido. Me refiero –en todo caso-, a esa virtud que les da el tomar las riendas cuando “la barcaza” va a la deriva y es la mujer quién entronca los hornos para quemar en ella la “hojarasca de aguas turbulentas”.

Los odios no son amores. La inteligencia ha de servir para todos y cada uno de los que formamos parte de este planeta. La mujer es vital para construir un mundo mejor. No para la excelencia de una clase social elitista. El arte de enseñar y dar lo posee la mujer. Cuando germina se desata en sabiduría colectiva, en cultura repoblada.

Cuando se habla de ternura no es una palabra de vestidura edulcorada. Ternura es amor y firmeza. Es sentencia y acción necesaria en una conjugación de dos.

Solo “las artes” de una mujer las saber dosificar cuando “las voces andan sueltas”. Desde la sabia también se repueblan los sueños y no ha de faltar la firmeza, cuando las circunstancias así lo exijan.

La historia les ha otorgado honor y gloria en muchas batallas y en todas han ganado. En cada una han estado presentes. Hemos de retomar los libros pues en ellos están la memoria para recordar y recomponer toda esa cronología en la que han sido, son y serán: “la raíz, el tronco y las ramas de nuestro futuro”.

No hablo de procrear o de multiplicar los panes y los peces, son palabras huecas. Es la mujer quién ha de encender los cerros para encumbrar el honor y la gloria de haber nacido en este planeta que nos pide una victoria definitiva: “Con todos y para el bien de todos”.

No veo a la mujer como esa cariñosa y complaciente señora que hace la maleta y deja los deberes resueltos ante la premura del tiempo. Sois mi otro yo, mi parte fundacional. La mujer es el futuro.

Mientras “nos acordonamos las botas” para seguir navegando por la cabalgata turbulenta de la vida. Las mujeres escriben genuinos versos que nos han de mitigar la marcha por cumbres y llanos en la que no faltarán obstáculos hechos. En esa ruta andaremos los dos.

Cuando cargan en la mochila los últimos libros, las metáforas y las floretas. Van tejiendo los mapas que nos han de guiar –a los dos- en noches sin luz, para ser nuestras ventanas.

En esa mochila no ha de faltar la ballesta para defendernos y avanzar por nuestras ganas de vivir ante los peligros que nos acechan.

La mujer va repoblando de besos nuestras miradas, la de todos. Si se “extravía” la ballesta en algún recóndito lugar, sabrán encontrarla y llevarla junto a los libros, las metáforas y los versos. Con ella matarán dolores y anidaran los sueños.

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Simbología del silencio en “Memorias de Eva”.

¿Qué pautas reflexivas asumir cuando una obra de arte te conduce hacia un discurso donde lo simbólico es estructura ósea? ¿Cómo desentrañar las elipses mutiladas que se esconden tras esa patina? ¿Tendría sentido arroparse de la teoría de Kant desde su libro: “Crítica de la razón”, para transformar la semiótica de la luz en palabra escrita?

Estas son tres de las preguntas que me hice ante una parábola cuando “me acerqué” a la más reciente serie fotográfica de la artista cubana Miladis González, que vislumbra una propuesta que apunta a sentar bases hacia derroteros más cercanos a lo irreal.

La conozco desde hace muchos años, mujer de ademanes femeninos, de alma reservada que busca con mirada inteligente y poética verdad descubrirte cada pliego de tus pensamientos sin pretender romper tu propio interior. Tan solo establece un diálogo donde el silencio es un recurrente vocabulario al uso. Se aproxima a tus manos, te saluda con un beso velado y empieza a despejar toda una discreta teatralidad de gestos y posturas escénicas, que nacen desde sus propias palabras. Te deja caer los primeros vocablos desde la cercanía y empiezas a estar en otra realidad, que no es ese sofá donde solíamos conversar en largas y nutridas tardes de domingo.

Pero siempre tenía la sensación que me faltaba por descubrirle otros vericuetos humanos por donde acercarme mejor, para apreciar en su justa medida sus valores como amiga y como artista. Obviamente nuestra amistad no es tema de análisis para este espacio, nos une el principio de ser reservados en lo que suele etiquetarse como: “vidas privadas”.

Sin embargo entendía prudente redactar un par de párrafos para mostrar tan solo insinuaciones de su calidad humana. Esta nueva serie: “Memorias de Eva” apunta hacia un lirismo donde su cuerpo es un eje discursivo que sostienen todos los símbolos velados. Descansa en un sosegado silencio que da paso a lecturas que enraíza con su mundo interior.

Su tónica figura te conduce a participar -desde la perspectiva del detalle- bajo el prisma inequívoco del primer plano. Objetos que suelen tener connotación mundana en espacios interiores, los reconsidera de modo metafórico y los posiciona ante su cuerpo. Desgarrar de tus sienes otras lecturas de las que no somos conscientes -a primera vista- por esa dinámica irracional que nos impone la urbanidad, de la que no tenemos salida ni consuelo y aceptamos como una desgracia inevitable.

Los iconos de sus interrogantes están escritos sobre su propia piel, ella es esa página en blanco donde la letra cursiva no se da desde los tradicionales modos de hacer. Sus narraciones, son propios de una artista que se transita por la obra de autor. Sus austeras escenificaciones surcan el límite de los sentidos para abortar nuestra marcha y hacernos tomar nota.

La sobriedad de la puesta, la luz de íntimos doblajes o los desnudos que simulan la obviedad, son en verdad ventanas vestidas de natura. Miladis es ese personaje que no solo es papel pautado, ella es proscenio, retablo, bambalina, texto de diario, luces y lunetas, en el que solo tienen cabida su monólogo de íntimas confesiones.

Su cuerpo es un mapa donde los continentes están diluidos a fondo y es que lo universal para ella es un asunto pendiente. Consciente de esa verdad, pospone sus ilimitadas ramificaciones para infringir los cánones del supuesto y hablar de otras connotaciones.

La casa, tu casa o la del otro es parapeto, es necesidad de refugio. Insustituible espacio donde poder acoger íntimas mutaciones que suelen padecer del síndrome de la fuga. Puede ser una casa de cimientos antiguos, de trasnochadas ventanas, de bibliotecas de infinitas proporciones, eso si una casa donde la palabra adquiere ese valor, donde la plática refluya continuada y febril.

El espacio es un elemento vital, no importa sus adecuaciones estructurales o sus colores de aguafuertes. Lo esencial es ese silencio que te invita como cómplice de un prisma que conversa desde lo intuitivo. Es esa casa que sabe a miel y aparece meditabunda desde esa mágica lectura, nace la pospuesta para el caos del ingenio.

En esa habitación se podría hablar de todo lo irascible: del miedo a la oscuridad de la que presume la ignorancia, de la pregunta inoportuna, del reiniciado mestizaje de los afectos. Tan solo hace falta una luz de discretas proporciones que surge de las entrañas del simbolismo.

En esa habitación podrías reencontrarte con tu otra mirada y hasta podrías hacerte un autorretrato para el desarme de ese relato breve del que aún no logras desprenderte, a pesar de esas interminables cuatro décadas que llevas rearmándolo sin tan solo tocar la cúpula de su cimiento.

Entonces la escritura sosegada de esta artista nace de la luz que puede parecer neblina de imprecisos colores. Sin embargo tras una pausa de una improrrogable adaptación oral te invita a recorrer tu abrupto pasado, ubicándote en el origen de todo. Es desde tu infancia por donde ella te hará labrar, tu pasado de incipientes aplausos y primitiva mirada de donde la racionalidad aún no tiene una vestidura completa.

Desde esa estrategia sicoanalítica, la luz se hará visible por el fuego de su cámara fotográfica que apuesta por descubrirte y descubrirse. Todo quedará registrado tras velar el papel, en un proceso que evoluciona ajeno a los tradicionales y obsoletos productos químicos. Esa objetiva realidad del cambio te permite observar tu verdadera voz.

Miladis se apertrecha de objetos, que ella prefiere llamar “artefactos”. A través de ellos encara su diálogo, sus preguntas, sus notas al margen. No es un soliloquio lo que expresan sus fotografías, son preocupaciones de una mujer que se desmarca del feminismo vacio para ubicarse en otra dimensión.

Sus palabras son parte de esa verdad y la interrogante se resuelve en sus afirmaciones: “Por la senda de la introspección, lo autobiográfico desvelo y magnifico, él autoconocimiento, la incertidumbre existencial, las relaciones con el otro, el erotismo. Las composiciones fotográficas a manera de montaje escenográfico, sud reales buscan instantáneas más allá de una única dimensión temporal o de sentido en el que no me interesa hacer una obra feminista sino reflejar mi propia subjetividad forjada en la resistencia, en la vulnerabilidad, en el dolor, siempre debatiéndome entre lo agradable de la apariencia sensible y el absurdo trágico de la vida misma”.

Pero la metáfora de su discurso está en la sobriedad de sus “textos fotográficos”. La idea de esta serie no cabalga bajo los cánones del arte literal. Miladis se aparta de esta monotonía, para complejizar sus preguntas que a la vez son respuestas dadas.

Con “Memorias de Eva”, nos enfrentaremos a nuestra propia condición humana, a nuestros aplausos, a las frustraciones de la vida, -a las nuestras-, y la verdad que entraña vernos en esas fotos donde la artista pone el eje de su pupila y pone su cuerpo e invita a otros “actores mudos”, para que formen de la vida. Solo es mirar alrededor…

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(VIDEO) El pueblo Libio demanda a la humanidad

Una vez más somos espectadores de otra “película” de guerra en vivo,  en directo y a todo color. La masacre contra el pueblo y el gobierno Libio es otra puesta en escena, donde “personajes y actores”, van apareciendo en la gran pantalla, víctimas de las bombas y los misiles de la OTAN y los “rebeldes” libios con sabor a mercenarios “de última generación”.

La cifra de muertos civiles ya superan –las cifras más conservadoras-, las 3 mil personas. La comunidad internacional no es la suma de políticos que se reúnen en foros, cumbres y convenciones, para “decidir” sobre el futuro de la humanidad, son los pueblos del mundo que tienen la responsabilidad moral de exigirles a sus gobernantes una posición consecuente con la paz, el diálogo y el respeto a la soberanía de los pueblos.

No podemos olvidar los hechos de la historia que corresponden a la memoria pasada, (dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, una guerra indiscriminada en Vietnam, ocupación militar en Panamá y Granada, ilegal ocupación de las tropas inglesas en las Islas Malvinas). ¿De qué nos ha servido la memoria presente? La ocupación en Irak y Afganistán por tropas de la OTAN y el genocidio del ejercito Israelí en territorio palestino son hechos y no palabras huecas. ¿Qué sentido tiene fomentar la memoria histórica en torno a la Guerra Civil Española, en la que murieron cientos de miles de hombres y mujeres de este gran pueblo si el presente nos desborda? Como dijera el cubano de todos los tiempos, José Martí: “Patria es humanidad”.

Vivimos inmersos en “nuestro” mundo de nihilismo, de inercia degenerativa, de asumir una actitud pasiva y servil ante lo evidente: la guerra no es la solución a ninguno de los problemas del mundo. El diálogo sin condiciones, la solidaridad y el respeto por “el diferente”, han de ser las pautas por las que ha de transitar el mundo.

No es tiempo de metalenguajes y teorías rebuscadas en torno a temas que son terrenales y concretos. La humanidad está inmersa en una crisis, una crisis de valores, una crisis económica, una crisis de liderazgos y credibilidad donde los políticos ocupan el primer lugar, “en las listas de éxito”.

La humanidad tiene una responsabilidad con el pueblo y el gobierno libio, por encima de todas las ideologías, credos y religiones. La ética, la verdad y los principios son nuestras únicas armas. Nuevas guerras y conflictos bélicos se avizoran en el “escenario internacional”, que exigirá de nuestra voluntad por detenerlas. La paz ha de ser la palabra de orden.

Les dejo con un tema que pertenece a la banda sonora del filme documental, Bagdad Rap (2005) realizado por el cineasta español Arturo Cisneros, interpretado por el rapero Zenit y que forma parte de la memoria presente.

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La humanidad en tres tiempos

Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia,

nada construyen, porque sus simientes son de odio.

José Martí

El presente

Otra oleada de guerra se aferra como pilotes a esta tierra que agoniza de dolor, ante proyectiles hincados como clavos. Balas, misiles y aviones teledirigidos van cercenando la vida de hombres y mujeres inocentes en guerras fratricidas, por la conquista de kilómetros de desiertos para la usurpación de miles de millones de toneladas de petróleo, “necesarios” para garantizar el estado de bienestar del norte. Monigotes y mercenarios se suman a esta “fiesta”, que presagia dolor, muerte, mutilados, vejaciones y odios, más odios para esta tierra que no soporta “un clavo” más.

Desde esa aritmética, la tierra es de los que viven “desde ese lado del planeta”. Es ese norte euro centrista, anglosajón, yanqui. Es el norte de la “democracia y la libertad de expresión”, “el norte del civismo y la cultura de pasarela”. El norte del glamour y el reality show. Es el norte de la porra y los antidisturbios mandatados para callar la palabra, la expresión inconforme, o el acento expresado en tono mayor. Es el norte que vigila sigiloso tras bambalinas, las voces inconformes y descarriadas de su propio patio.

Es el norte que “dicta las reglas del juego” y decide a quien hay que aplastar o a quién hay juzgar en algún tribunal internacional, porque resulta incomodo, porque ya no conviene, o porque tiene la valentía y el coraje de enfrentar a ese norte, que no es geográfico, que no es estacionario, mucho menos es parte de esa machacona terminología de ser el “primer mundo”.

El norte del que yo hablo es un norte mental. Este es un norte etéreo, aséptico, insípido, trasnochado. Se para ante “su balcón” y mira a ver cómo está “su jardín”, para ver si hay alguna mala hierba que cortar o algún arbusto legendario que el paso de los años le ha corroído las raíces. El inquilino de este norte diría: – “Lo mejor es podarlo ¡de una puta vez!, para sembrar la sombrilla de plástico y lona, que tanto ansiaba tener”

Esta “defunción”, le ha servido de pretexto para la nueva compra. Ese norte quiere sembrar cientos, miles, millones de sombrillas pues “los brazos de sol le molestan”, pues padece de fotofobia… y es que sigue amaneciendo.

El norte mira por el enrejado de su casa -con asombro-, cómo “está de revuelto el sur”. A fin de cuentas, cuando “los chicos se ponen malcriados”, despliegan a sus “soldados patriotas” y a los contratistas del genocidio, para “poner las cosas en su lugar”. – “No hay mejor ejercicio de civismo y nueva cultura que recomponer el Sur con las recetas del Norte”, -sentencia el inquilino del balcón-, el “coleccionista de sombrillas”.

El pasado

Quién no se acuerda del “gran” Cristóbal Colón que nos “descubrió” la ruta para la conquista y la “civilización”, para llegar a donde estaban esos pobres “indios”. Después de todo “los españoles de bien” los educamos, les enseñamos a vestir, a calzar, a tener una religión, ¡como Dios manda! A los rebeldes había que eliminarlos, son las reglas de la civilización. Ya sé que nos apropiamos del oro, pero es que fuimos unos adelantados. – “Estábamos instaurando las bases de un nuevo orden internacional en materia de comercio internacional”.

Estuvimos en Irak, ahora somos parte de las fuerzas de ocupación de Afganistán y no podría faltar Libia. El premio Nobel de la Paz, Barack Obama nos ha convocado a una nueva guerra, a una nueva cruzada, ¡la gran cruzada! La guerra es por la toma del oro negro, por la cúspide del desarrollo y el estado bienestar.

“Nuestros ciudadanos nos exigen” estar a la altura de las circunstancias. Ahora nuestro enemigo viste de Suriyah, son de piel morena que emerge curtida por los soles de infinitos desiertos y habitan en estructuras tribales. ¡A por ellos! Mañana podría ser otro país, siempre habrá “alguna oveja descarriada” que encarrilar.

El futuro

El futuro es una ventana llena de luz y de bosques eternos, donde el amor y la sabia de los hombres ¡Unidos! lo han de cultivar con la palabra. El futuro es tu ventana y mi puerta, que se abre para los dos y que ha de estar abierta -para todos-, siempre.

Mientras ese sueño se hornea, la guerra espera por nosotros. Habrá que ponerle los pies, habrá que taparle los huecos y hundirla entre el atolladero de cloacas y alcantarillados, de donde nunca podrá salir. Nos toca aplastarla con nuestros pies, -con nuestras manos-, con esas mismas manos con que tocas el amor de una mujer cuando está encendida por los sueños.

El futuro ha de ser de hombres cultos y mujeres cultas, capaces de hacer de su voz un pliego de verdades, de sustantivos hechos. Nuestras manos están secuestradas, nuestras voces son pálidas adjetivaciones diluidas en metáforas de plásticos que lo tapan todo.

La verdad ha de estar en el eje de nuestras miradas y tendrá que emerger rompiendo esas sombrillas, las que el inquilino nos quiere imponer para que no veamos el sol… y sigue amaneciendo.

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Monólogo interior de la danza

La pitonisa se desvistió, despojándose de sus velos de follajes con sabor a tundra escarbada en la fatigosa parábola del regazo. La luz abrigaba sus senos de afilados farallones, revelando su verdadera inquietud abigarrada por el encendido sol de los aplausos.

El margen discurría tras esa relación donde el público es una suma de follajes silvestres. Dispuestos a quebrar el cansancio para hacer de esa noche un recorrido que apunta interminable.

Era un tiempo donde la vidente exhibía aguafuertes nevados. Como mágica sombra arropaba todo el escenario con la profecía de la pregunta. La palabra estaba dada en ese largo transitar de aplausos gregorianos que subyugan la metáfora del sol. En cada puesta pilotaba hacia el poniente, revisando el recorrido del silencio para construir ese libreto escrito contra la ruptura del sentido común.

El espectáculo estaba hecho, la libertad de sus pasos recorría en soliloquio las grietas del proscenio bajo las vibraciones de metáforas atemperadas para el discurso.

La gestualidad contenida daba paso a un maquillaje impreciso. Los cercos escritos como límites profanos servían de parada para delimitar cada acto. El escenario tan solo contenía luz y alegorías. Un fondo seco servía de mampara en cada estación, donde el milagro de hacer una nueva puesta tenía raíz y tronco curtido desde el cimiento de la tarde, de esa tarde escurridiza.

Los cercos de los aplausos rotos, transpiraban degustadas palabras por esa relación donde cada acto tiene un significado de cobertizo. La pitonisa danzaba por el atolladero de puentes, iluminados por la fuga de lámparas mojadas.

Escribía péndulos con su gestualidad de sonrisas mudas, que siempre escarba en la sien de los que saben apreciar el sentido del ritmo, la sabia de los versos y la quietud de los vocablos llenos.

Al final del acto, descargó una reverencia justo en el borde de la grieta más cercana al escenario, donde la mirada se confunde con el espejo que delimita esa relación de dos o de muchos. Antes de hacer puertas dejó un verso escrito con esa misma palabra muda, que desde el principio servía de sabia, confesión y letargo.

Se evaporó por un extremo de la misma mampara que la abrigó desde el principio del acto. Sin dejar rastro, sembró voces de atril y música con sabor a legumbres.

La pitonisa iluminó versos con sus manos de artesana, pastó el descanso de sones con curvas dejadas al azar y se marchó hacia otros escenarios, con el mismo pretexto de siempre: iluminar la mirada de los que aún no conocen el sabor de los sueños.

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(VIDEO) La “chabolista” Tele K tuvo su concierto

La noche anticipaba un teatro lleno. Poco antes de las 8 de la tarde la sala Marcelino Camacho de CC.OO. presumía de un público que atizaba los hornos de la cuesta con ganas de oír canciones iluminadas y poemas traídos para ser compartidos, -justo- al borde del escenario.

Son esos poemas que la canción encumbra y hace palabras de todos. Son esos textos y reflexiones –entre canción y canción-, que los cantautores saben entregar para poblar de ideas y sueños el sentido de la vida.

El escenario exhibía la delgadez de los micrófonos y un atril que fue compartido por los “arriesgados” dispuestos a darlo todo. Una luz de compañía y un público eran los eternos observadores. Eran espectadores venidos de muchas partes, de muchas horas. Y es que la solidaridad no tiene carreteras cuando de abrazos se trata.

La cita empezó poco después de la hora señalada, con un Luis Pastor que destronaba alegría rebosada ante un espacio dimensionado que su estatura de hombre de Vallecas, le pareció suficiente para desatar los sueños y hacer preguntas que aún están sin responder. Habló de su infancia Vallecana y sus ganas de hacer canción. Le cantó a sus colegas y al barrio obrero donde nació, que sigue siendo un baluarte donde las utopías son posibles.

Le cedió la “palabra” a Pedro Pastor, un joven de delgada estatura que aflojó lo “ceremonioso” de la velada, para hacer “su trova” rapeando o rockeando los textos que traía bajo su guitarra. Una guitarra que grajeaba acentos y fusiones para procurarle a su canto un aire fresco, renovador y exaltado. La herencia de su padre –Luis Pastor-, se ve clarificada en los contenidos de sus canciones que son continuidad, pero con “aires de otra vuelta”.

El gran Pepe Tarduchi, quién tenía a su cargo hacer de “Maestro de ceremonias”, no desaprovechó la ocasión para arremeter contra los bancos, con argumentos sobrados y urgentes, donde la ironía y el humor son esenciales a la hora de construir el sentido de un discurso.

Venido de Andalucía y asentado en Madrid se presentó Manuel Cuesta. Otro joven que habló de la guerra, de su inutilidad y del amor. ¿Por qué no del amor?

Sobre Cuesta el poeta Miguel A Ortega Lucas sentenciaba: “Quienes ya conozcan a Manuel Cuesta, y sepan de lo que es capaz, La vida secreta de Peter Parker no será más que la deslumbrante confirmación de un talento en el punto exacto de madurez. Quienes tengan la fortuna de descubrirlo ahora, no sólo encontrarán a un cantautor arropado por los mejores ecos del pop-rock español y anglosajón, sino a un contador de historias con voz de niebla adolescente que nos invita a deshacer, generoso, todas nuestras maletas llenas de lluvia y fotos viejas. De arena de playa y esperanza”.

Validas estas afirmaciones sobre este “provocador de la escena”, quién dejó claro –ante el público-, su capacidades para hacer historias con las mismas habilidades que hace canción de autor. Su talento pasa por dominar la guitarra y la imprescindible poética, que ha de ser la protagonista –en estos tiempos- de los sueños rotos.

Ismael Serrano se presentó con su peculiar voz, estableciendo un dialogante discurso del recuerdo cuando era parte del colectivo de Tele K. No desde la nostalgia más bien de la necesidad de hacer de esos sueños –hechos realidad- sueños presentes. Era su época como conductor del programa “Cualquier noche puede salir el sol”, que se dedicó a promover a los cantautores de aquella época. Serrano en sus temas “habló” de la memoria histórica, de Violeta y Nicanor Parra, a los que tuvo tiempo para la dedicatoria.

Luis Eduardo Aute cerró la velada. Como los grandes sacó su afilada guitarra y empezó a repartir canciones y reflexiones entre tantos acordes. Sin darle mayor quietud al escenario, su aguda voz y su talento de artista universal, dejó para el final su antológica “Al alba”. Declinó de su guitarra, para cantarla a capela donde la fuerza de ese acto simbólico estremeció a los allí presentes. Todos se fueron cargados de ilusión, de arte –el de los cantautores- y de nuevas ideas traídas para la ocasión.

La estatura de este esencial artista iluminó la sabia y el espíritu de los hombres y mujeres que colmaron la sala esa noche. La fuerza de su canto y su palabra breve pero grande, fueron el puntillazo final para salir –todos- con los “leños encendidos”

Al final de la velada cada uno de los presentes recogió su parte de canción, su pedazo de poema, su reflexión apremiante. En tan poco espacio se vertieron los sueños, las denuncias y las preguntas marcadas para una epopeya de vida que parece larga.

Con la mirada, el gesto, el tono y la música, estos cantautores supieron dejarlo todo. Fueron repartidas las esperanzas y las ganas de seguir haciendo por un mundo mejor. Estas serán las motivaciones que nos han de hacer asistir ante veladas como estas. Ante el hecho de ayer que se multiplique la canción de autor.

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(VIDEO) La Biblioteca de Zaidín está de luto

Siempre que muere alguna parte o un todo de la cultura se nublan los sentidos. Cultura no es ese objeto inamovible que destila mediocridad, desasosiego, indiferencia. La cultura es esa fuerza que lo une todo, para encumbrar los versos de la vida con “genuinos aplausos multiplicados”.

Nadie puede vivir sin la cultura y me refiero a la esbelta educación, al civismo colectivo o a esa bondad que es enseñar y dar educación de valores, de magisterio.

La cultura es parte esencial de todos. Para llegar a ese estadio humano es impostergable poblarse de libros, de palabras llenas, de “primeras” adjetivaciones y sustantivos textos que fortalezcan nuestro peregrinar por la vida.

Sin la bondad de los libros nuestro camino será árido, nuestra mente permanecerá frágil y cabalgará a contrapelo. Vamos levitando entre la ineptitud y la ingenuidad tardía. Es la fuerza de los libros lo que nos hacen ser hombres plenos y mujeres altivas. No hay libertad posible sin el “dialogo” con la lectura, sin la palabra escrita.

Somos aprendices de sus bondades y sus ingenios. Solo seremos libres cuando hayamos cultivado una interminable relación de dos. El “arte de la vida” está en las catedrales de los libros, en los templos de la palabra escrita, en las bibliotecas donde se han de atesorar los infinitos textos de la historia y del tiempo, para ser compartidos entre todos.

España, Granada y Zaidín están de luto. La noticia del cierre de la biblioteca de este pueblo, es un atentando a la cultura popular. Es una bofetada a los más nobles valores asociados al pleno ejercicio de la educación. Al compromiso de hacer que cada hombre y mujer de este planeta, sean –cada día más-, hombres de estos tiempos.

Anular el acceso al conocimiento, significa castigar con azotes embrutecedores las bondades de la palabra viva.

Son estas palabras para expresar mi solidaridad con los pobladores de Zaidín, que luchan frontalmente contra las “autoridades” de esa comarca ante el desprecio por la más elevada y genuina cultura: el libro.

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