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(VIDEO) Ian Padrón: antes de Habanastation… “apretaito pero relajao”. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

Texto de la serie: Apuntes sobre el video clip cubano.

Una generación nacida en la década de los 70 está dando mucho que hablar a favor de la cultura cubana. En el audiovisual el panorama es prometedor, son jóvenes que rondan los 35 años y cuenta con una sólida formación cultural, sustentada por un programa académico recibido en las instituciones universitarias de Cuba y por el empeño de cada uno de estos hacedores, por enriquecerse más allá de lo que aporta La Universidad de las Artes.

Ian Padrón, (La Habana, 1976), es uno de esos talentos que se ha formado en el oficio que entraña esta profesión, tomando de cada experiencia una perspectiva integradora del arte audiovisual, sin dudas la gran escuela. En sus inicios fue guionista de la Revista Zunzún y de la serie de animados Filminutos del ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica). Se vincula profesionalmente a esta emblemática institución en el año 1996, realizando su primera obra: Making de Amor Vertical.

Graduado en la especialidad de Dirección en la Facultad de Cine, Radio y TV del Instituto Superior de Arte en el año 2000, realiza su tesis con la obra de ficción: Motos, producida en 35 mm.

De su filmografía documental hay que denotar los filmes: Eso habría que verlo, compay (1999), Luis Carbonell: después de tanto tiempo (2001), Fuera de liga (2003) y Eso que anda (2010).

El primer título, es un homenaje a los creadores del dibujo animado más popular de Cuba: Elpidio Valdés. Un hurgar en los orígenes de este personaje, una búsqueda de los intríngulis de esta fiesta del dibujo animado cubano, una reconstrucción de la historia del personaje donde afloran recuerdos, tropiezos y voces de muchos “compinches” nacidos por la creatividad y el talento de unos pocos que bajo la dirección de Juan Padrón –su padre-, han llenado de sabiduría, humor y alegría a millones de cubanos. Este filme nos hace ver los mástiles de la cultura y sus raíces, nos permite entrar en la historia de Cuba.

Luis Carbonell…, es una obra de justicia, una suma de confesiones de unos de los más grandes declamadores de Cuba. Se suele acuñar para este tipo de documental, el término “rescate”, ante un grande del arte replegado al ostracismo por los prejuicios de la sociedad. Ian padrón lo pone en el escalón que le corresponde con la complicidad del ICAIC, desde las armas del intimismo y el testimonio aleccionador.

La pasión en Cuba es “la pelota”, con Fuera de liga, este notable realizador discurre sobre la vida de unos de los más grandes equipos de beisbol de todos los tiempos: Industriales, buque insignia del deporte habanero. Sobre este filme el crítico de cine cubano Joel del Río ha significado: “Fuera de liga contribuye al diálogo, al entendimiento, a la comprensión desde todas las riberas de la cubana. El documental de Ian Padrón toca, sin timideces ni prudencias hipócritas, una cuerda sumamente sensible de nuestra contemporaneidad. Los que se fueron y quienes nos quedamos, la tensión entre cubanos de adentro de la Isla y los radicados en el exterior, las lealtades y nostalgias de quienes partieron, las dificultades materiales de los que permanecieron… todo ello se expone con total franqueza en esta obra que complace y estimula, sin dejar de ser verista y penetrante. Filme espectacular conmovedor, estimulante y capaz de llevarte de la euforia a la tristeza, pero valiéndose siempre de la autenticidad, la honestidad intelectual y la responsabilidad ciudadana”.

El documental Eso que anda, es una obra de acierto y entrega, una texto fílmico tejido desde los avatares del Road Movie, imprescindible para seguirle la pista a la agrupación sonera, Los Van Van, conocida en Cuba como: “El tren de la música cubana”. El filme apresa los momentos más entrañables de esta banda, explotando la particular relación que tiene con su público, un público de multitudes y bailes, un público sensual que puede llegar al éxtasis sociológico, fotografiado por este creador desde una puesta en escena despampanante y mística.

Retomando su hoja curricular, hay que subrayar su experiencia como director artístico de conciertos y galas a figuras de la cultura cubana como: Beatriz Márquez, Los Van Van y Juan Padrón, Premio Nacional de Cine del año 2007. Su talento no ha estado solo volcado hacia el cine documental, ha materializado una maratónica carrera en “terrenos” dispares del audiovisual, que -hasta hoy- suman más de 80 obras como realizador y guionista de spot, video clip y obras de ficción.

Agrupaciones y solistas heterogéneas en cuanto a género y estilos, le han “entregado” su obra para hacer y rehacer con atinado lenguaje y profesionalidad construyendo desde “los misterios del video clip”. En este inventario están: Los Papines, Manolito Simonet y Bamboleo, Ernán López-Nussa, Adalberto y su Son, Juan Formell y los Van Van,  Buena Fe, Diego Gutiérrez, Grupo Tres de La Habana, Yesey,  Elaine y Liuba María Hevia.

Hace unas pocas semanas estrenó su primer largo de ficción titulado: Habanastation, coproducida por el ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), el ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica) y la prestigiosa compañía de teatro infantil La colmenita, que dirige el Carlos Alberto Cremata.

De esta obra la crítica ha dicho: “Una lectura relacionada con la igualdad y el igualitarismo, esos dos bocados bien diferentes de un mismo plato, e igualmente con los privilegios y las razones y mecanismo que lo propician, y también las diferencias detectables entre seres humanos a partir de los valores que atesoran en sus bolsillos, y —vaya usted a saber— también en sus conciencias”. (Rolando Pérez Betancourt, Periódico Granma).

“Con ingeniosidad y humor, Padrón conduce al espectador a un viaje por esa otra Habana para resaltar cómo dos niños de mundos opuestos pueden lograr una profunda amistad, marcada por verdaderos valores humanos”. (Agencia Prensa Latina).

Habanastation cuenta con una excelente fotografía y ostenta una efectiva dirección de actores que se traduce en la organicidad de todo el elenco, pero esencialmente de los protagonistas, los cuales poseen además condiciones histriónicas indiscutibles y un gran carisma. En Habanastation hay objetividad, contundencia en las ideas y un lirismo sin aspavientos que provoca por momentos mucha emoción, pero el realizador logra evitar los excesos en este sentido con la frescura de un humor criollo y sano”. (Cubarte)

Retomando el tema de esta serie: Apuntes sobre el video clip cubano, tomo nota de la obra: Apretaito pero relajao, de la agrupación Vocal Sampling, compuesto por René Baños, -líder del grupo-, tema que pertenece al disco Akapelleando de la disquera EGREM. Este video clip obtuvo el Premio Lucas* en la categoría de música tradicional (2006). Antes de abordar esta puesta audiovisual, se impone aportar algunos datos sobre esta descollante agrupación.

Nacida como un divertimento entre estudiantes de música de la Escuela Nacional de Arte, es actualmente una de las formaciones vocales contemporáneas más sorprendentes de Cuba. Sus seis integrantes interpretan toda la música apelando a la voz. Desde sus inicios han recibidos el reconocimiento de artistas de talla internacional como: Bobby Mc Ferrin, Peter Gabriel, Paul Simon y Quincy Jones, con los que han tenido la oportunidad de compartir su música.

Escenarios muy exigentes lo han acogido en sus salas, el Royal Albert Hall, en Londres; el Club New Morning, de Paris; el Teatro de la Ópera de Viena; el Hollywood Ball, de Los Ángeles, y el Club Ronie Scout, de Londres. Circuitos como el World Music y Jazz de Europa, incluida Japón y múltiples teatros y plazas de América del Norte y del Sur que forman parte de su habitual ruta, que superan los 50 países.

Sus integrantes tienen una manera muy peculiar de presentarse. René Baños  se presenta como “el pianista”. Reinaldo Santer como “el guitarrista”. Abel Sanabria asevera que es el “percusionista y bajista” de la banda,  Jorge Chaviano es “el guitarrista” y cierran “el piquete”, Oscar Porro, como “trombonista” y Renato Mora, como el “percusionista”. Su pulida discografía incluye: Una forma más (1993), De vacaciones (1997), Live in Berlin (1999), Cambio de tiempo (2001) y Akapelleando (2006). El manejo preciso de los ritmos, un registro muy peculiar de sus voces y un vasto conocimiento sobre la cultura y la música cubana, son las bases de su éxito.

El video clip está filmado en una locación “de lujo”, El Parque Lenin, uno de los pulmones verdes de La Habana. La letra es llana, por tanto el planteamiento audiovisual es coherente con esta premisa. Ian Padrón fragmenta su trabajo en secuencias, haciendo un guillo al cine. Convoca a personajes que son arquetipos en la historia de este gran arte.

La letra es un exquisito texto de son tradicional cubano, permeado de picaresca, de humor, de insinuaciones que el realizador “dibuja” sin exacerbar los tonos de los personajes tipo. Una introducción y un cierre, un féretro que “no puede airearnos la fiesta”. De alguna manera toma de la tradición en México de celebrar el día de los muertos, es una suerte de vivir la vida, de vivirla con intensidad sin negar lo  “ceremonioso de una despedida”.

En una auto caravana caben todos: un luchador de Sumo, -interpretado por un bailarín de la Compañía Danza Voluminosa, la Caperucita Roja “una niña traviesa e ingenua”, una despampanante mujer de mirada seductora, un afro norteamericano del Bronx que “se rompe la oreja” con la música, un guajiro cubano “traído de la sierra”, un samurái interpretado por su padre -Juan Padrón- quién ha hecho otras actuaciones en anteriores filmes del joven realizador.

En el “carromato” caben otros arquetipos, una prostituta de los western encarnado por la actriz Blanca Rosa Blanco, que cada papel que asume se lo toma muy en serio, aunque sea para “unos segundos de nada”. No podría faltar a esta cita Chaplin, el Gran Charlot. Un Charlot burlón, estilizado, y poético, visionamos una ejemplar parodia del genio del cine universal “hecho a mano” por el actor Rigoberto Ferrera, quién desdobla pasajes de su filmografía.

Dentro de este “gran carricoche” del siglo XXI, se entremezclan los integrantes de Vocal Sampling. Un Árabe que el realizador podría haberlo tomado de Las mil y una noche, un charro de bigote potente y “desprendido”, un cura de sotana roja que “esconde” al director de Vocal Sampling y un motero -que sale de paso ante la cámara-, y que se ha unido al guateque.

El ritmo cadencioso de las voces y “los instrumentos” de Sampling, marca el tempo. Los actores personajes o personajes actores están de fiesta. La dramaturgia de video clip se asienta en cortes, Ian marcan las escenas con subtítulos “tomados de las anotaciones de su guión”. Nos recuerda que estamos viendo un filme, en la que singulares actores se divierten al compás de un tema “pegajoso”, a fin de cuentas: “a quién no le gustaría tener una fiesta con Charles Chaplin”.

La “película” evoluciona, en la introducción de este filme había un muerto que enterrar, el féretro nunca fue puesto al descubierto, los personajes de este filme han dejado la exhumación para última hora. Asistimos al entierro de una cámara antigua, que escenifica la metáfora de la muerte del cine, ese cine que “tantas veces hemos matado” y sigue eterno y perdurable. Chaplin toma su Handycam de video y filma la escena, la escena del despido, la escena del dolor. Ian Padrón traspala en Chaplin esta idea y es que en varias ocasiones a expresado que nunca dejará de hacer cine, que nunca dejará de contar historias.

Detrás de las cámaras hay una eficaz dirección de actores, también un acertado uso del vestuario y del maquillaje, imprescindible para trasmitirle a los espectadores, lo caricaturesco de cada uno de los que están en escena. En el apartado dirección de actores, Ian es comedido y centrado, le pide a cada uno de los integrantes de esta “fiesta” austeridad en la proyección escénica y contención en la configuración del personaje, no podemos olvidar que estamos ante una película clip. Padrón construye, -con acierto, los clichés de sus invitados.

Charlot se contornea, mueve la cintura y te invita a que participes en esta fiesta multicultural a ritmo de Son Cubano. Asómate a la ventana de tu casa, que el “carromato” espera por ti. A fin de cuentas el Son Cubano también se puede bailar “en un ladrillito”. Sobre Ian Padrón he de volver.

Lucas* Programa de la TV cubana dedicado a promover el video clip. Con igual nombre se desarrolla cada año un espacio competitivo para estimular la creación de este modo de realización audiovisual.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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El genocidio del hambre en dos miradas. Por: Octavio Fraga Guerra*

“Una película no cambia el mundo, pero si puede ser un faro para numerosas conciencias. Quienes ven al cine como un producto comercial se engañan aparatosamente. El cine forma parte del alma de la sociedad contemporánea. Las historias creadas con el único fin de ganar dinero y que se sujetan a moldes creados por corporaciones son tan fáciles de identificar como de olvidar”.

Agnès Varda

Datos recientes aportados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dejan claro que 1.020 millones de personas sufren de hambre crónica en el mundo. Esta cifra dibuja un drama que a pesar de su frialdad, nos acerca a un mapa de brutales dimensiones. Si avistamos esta suma desde la fragmentación, el resultado es aún más demoledor: “cada día mueren de hambre 25 mil personas”. Estos datos tienen un ángulo más sensible, una brecha más difícil de digerir y entender, la respuesta no las da el director general de la FAO, Jacques Diouf, quien aseveró: “cada seis segundos muere un niño de hambre en el mundo y cada día 17.000 niños pierden la vida por no tener nada que comer”. Estas palabras fueron dichas en noviembre de 2009, en la última Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaría realizada en Roma, con la ausencia de los líderes de los países ricos.

Esta descomposición matemática, nos presenta la cartografía de un escenario que supera el detalle de una foto que tiene el don de congelar esa verdad como parte de muchas historias de vida. Con esa foto, tan solo visualizamos la grieta de un drama imparable que nos debe hacer reflexionar y nos debería hacer actuar ante la inmoralidad de su indetenible permanencia y es que estamos hablando de la vida de seres humanos, somos testigos de un genocidio silencioso. Ante este brutal flagelo, se impone repensar nuestra misión en este planeta que no los ha dado todo. Mientras esta suma asciende incontenible, el cine documental se pronuncia desde los más diversos ángulos.

Los filmes documentales que abordaré en este texto, les une dos principios: no hacer concesiones éticas y estéticas, perfilando un discurso con una clara convicción de desnudar cada uno de los vericuetos de esta hola mortal. Son sustanciales obras de autor que han dictaminado el genocidio del hambre desde dispares perspectivas, en la que sus autores asumen posturas más allá de la propia obra.

Una pieza de singular factura progresa desde el paralelismo de tres familias periféricas de la ciudad de Fortaleza en Brasil. Con Garapa (2009), José Padilha nos conduce al mundo de la pobreza extrema, al cobijo de la hambruna que se traduce en “planificar” cual día podríamos comer y cual no. Una lucha diaria, -a cuenta gotas-, en un contexto de precariedad. Desde la sociología audiovisual, acudimos al entorno de la insalubridad, al alcoholismo impregnado como práctica de vida, donde el amparo de la asistencia social y médica surca en un paralelismo de similitudes fotográficas.

Padilha en esta pieza confirma ser un realizador orgánico, durante poco más de un mes retrata cada ángulo de vida, le hace un guiño al cine documental norteamericano contemporáneo y sin transgredir los píxeles de la realidad, construye un diario que sabe conducir sin alterar el orden presente, sin romper o imponer la práctica de vida de personas que aceptaron participar de la magia del cine para poner de antesala una verdad incombustible. El marco de su trabajo respira desde ese blanco y negro que la fotografía ha dejado para la historia como una patina de documento, tan solo granula la imagen que enfatiza la arquitectura de su ensayo.

Los espacios cerrados son aprovechados por la curvatura de múltiples ángulos, que como pausas, construyen una narración que circula con fluidez para apostillar en la intencionalidad del autor fílmico. No hace falta el acostumbrado diálogo testimonio, -que está presente en cuidadas dosis-, los personajes hablan por si solos. El recorrido del equipo de realización termina dejando para  el arte final, auténticos retratos fílmicos que no escenifican una obra por encargo. Desde los fundamentos de la antropología audiovisual, marca una simbiosis que alterna entre el sentido de obra como documento y el acto de retratar la realidad sin alteraciones de su propia naturaleza.

La ausencia de música en este trabajo le da una mayor connotación documental. Garapa recoge los sonidos del entorno rural y periférico, de la marginalidad construida en fragmentos aislados y distantes. La banda sonora da luz al austero testimonio de sus corelatores, el arte del silencio participa como parte de un drama que lo arropa todo.

En la piel de la obra fílmica se escucha claramente la urgente necesidad de dignificar al ser humano y convertirlo en el centro y eje de nuestras vidas. El autor ha reiterado en varias ocasiones, en procurar que su obra sea utilizada como punto de partida para la discusión y el diálogo multiplicado.

Siguiendo el eje temático y los aportes del género al tema, debemos detenernos en el trabajo de la francesa Agnès Varda, con su ya clásico documental, Los espigadores y la espigadora (2000). La obra despunta con una arrancada histórica en torno al arte de espigar; juega -desde la entrevista y el monólogo-, en entonación de presente con personas que recogen “lo desechable” y alterna con obras de las artes plásticas en tono de pasado, despertando ese ejercicio de tradición y modernidad no en el sentido artístico o histórico que suele atribuírsele, desdibujando un paralelismo que sobrevive imperceptible. Empuña su cámara y se contornea en permanente mutación personaje-realizadora  y se nos presenta como otra espigadora que apuesta por tomar lo aprovechable.

Una modesta cámara digital, un diálogo fluido y respetuoso, indagador de costumbres que fueron oficio de antaño y hoy constituyen historias secundadas por personajes que asisten como furtivos actores, de los que espigar es una tradición perdida.

La Varda recorre el mapa de sus vidas, combinando un diálogo conversacional con encuadres que buscan el protagonismo de estos reubicados del gran juego del consumo. Establece una visión en la que anónimas historias se traspolan en historias de anónimos. Encara en primer plano los argumentos de cada uno de los que entrevista, en una figuración que va más allá de espigar.

Asistimos como testigos de privilegio, al esqueleto de personajes que “construyen sus vidas” sustentadas por los desechos de lo que otros dejan “a buen recaudo”. Desmenuza con actitud periodística los destinos de una cosecha, clasificada en aptas para el mercado y aptas para el desecho. Esta burda realidad implica que contorneados alimentos que no tengan el “noventa-sesenta-noventa” van a parar a su origen, convertidos en destino.

Sin embargo, la mirada incisiva de esta pieza fílmica no se regodea con el tema. Dos particulares historias merecen nuestra atención: un camionero que ha perdido el empleo deriva en toxicómano, consumidor habitual de bebidas alcohólicas, con esposa e hijos que lo han abandonado, viviendo en condiciones de precariedad e incertidumbre laboral.cheap viagra Sin embargo, este personaje nos invita a participar desde su propio testimonio y cotidiana andadura; en relación con los desechos que las grandes superficies dan como “no apto”, y arremete –desde su verba marginal-, por la inmoralidad de desechar los productos fuera de clasificación. Su tránsito por los contenedores es aprovechado por la realizadora que toma nota fílmica sobre los productos que espiga este actor-personaje, productos que aún están en perfecto estado y pasan a engrosar la fila de los depósitos de basura. El ángulo participativo de la cámara, es cómplice del personaje denotando el calado ético de la autora ante esta singular realidad. Otros personajes secundarios afloran en testimonios y escenifican su papel, legitimando una diversidad de matices.

Una gran carga de patatas es dejada a pocos metros de la Varda. Caprichos de la naturaleza en forma de corazón, de exageradas proporciones que son tomados por la cámara y en esa secuencia pasa de ser realizadora para asumir el rol de espigadora. La alucinación de las formas atrapa a la Varda, quien desde la intimidad de su casa nos vuelve a mostrar las proporciones de estas piezas.

Presenciamos un juego de humor, de mirada oblicua por la singularidad de los “desechos”, que lo serán en la medida que estos pensamientos persistan, que son –tan solo-, códigos construidos desde las trampas del mercado que nada tienen que ver con la ética. Cabe hacerse un par de preguntas: ¿Por qué una patata en forma de corazón no está apta para el mercado? ¿Qué sentido tiene que alimentos por ser de tal o más cual medida no son aptos para el consumo? Dejo esa reflexión a los espectadores; en cualquier caso tengo la certeza de que las conclusiones que podríamos sacar escapan de toda racionalidad y sentido común.

Algunos teóricos del cine documental afirman que cuando coexisten realizadores y actores sociales, donde uno de ellos representa al otro, sufre un desplazamiento. Sin embargo, la particular manera con que Agnès Varda asume esta hipótesis, logra una auténtica convivencia de partes involucradas.

La sobriedad de los planos, el diálogo enriquecedor y diverso de los testimonios, junto a la conjugación del verbo de la Varda, rompe toda duda como documental manipulado. La ética con que desarrolla este tema está legítimamente representada desde una narrativa retórica y una sólida argumentación. Un punto de vista mayor subyace en toda la película: la crítica ante la filosofía de mercado de las grandes superficies. Agnès Varda traza su discurso desde el refinamiento irónico presente como una lanza visceral y comprometida.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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(VIDEO) Documental: Ciberguerra

Ciclo de documentales: Las Razones de Cuba

C.A.U.M.  – Plaza de tirso de Molina 8, 1º Miércoles 22 de febrero de 2012  Hora: 19:30

Documental: Ciberguerra

Ponentes: Raimundo Pino. Representante en España del I.C.A.P. (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) y Daniel Horrillo  : Comité de Madrid por la liberación de los 5 cubanos pressos en los EE.UU.viagra onlinepor luchar contra el terrorismo.

Convoca:  Comité de Madrid por la Liberacción de los 5 cubanos presos en EE.UU. por luchar contra el terrorismo.

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El cantautor cubano Ismael de la Torre en Madrid

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Notas sueltas sobre Muñoz Bach. Por: Octavio Fraga*

Nació en Valencia, pero a los seis años por circunstancias de la Guerra Civil Española, sus padres deciden emigrar a La Habana. Comienza a trabajar en publicidad en la década del cincuenta. En el año 1961 marca el inicio de una prolífera carrera gráfica con el cartel de la película Historias de la Revolución, de Tomás Gutiérrez Alea.

Al diseñador gráfico Eduardo Muñoz Bachs la cinematografía cubana le debe el haber sido “la puerta de muchas ventanas”. Su extensa obra coquetea con un “record Guinness”. Casi mil carteles realizados con auténtico oficio artístico para filmes de ficción, documentales y dibujos animados. Esta prolifera obra, lo convierten en cabeza visible de un sello estético y artístico dentro del cartel cinematográfico cubano.

Su obra se distingue por un estilo ajeno al realismo fotográfico. Se aparta del cartel realista-comercial que predominaba en Cuba en la década de los años cincuenta y “rueda su ingenio” con una visón llena de encanto y fantasía. En su faceta de ilustrador de libros para niños y adolescentes, se respira una dosis de ingenuidad, fusionada con desenfadado humor y sátira inteligente.

El propio Muñoz Bach expresaba: “Ilustrar un cuaderno para niños representa una liberación artística que me exige un desbordamiento de ideas; me invita a equipararme con la fantasía del muchacho”.

Sobre una de las más “vitales piezas” de Muñoz Bachs el artista gráfico Héctor Villaverde expresaba: “Esto no ha impedido que aborde cualquier tema con maestría, como lo hizo en su cartel para el filme ‘Niños desaparecidos’, de gran contenido dramático”.

Es innegable la influencia de los polacos Jan Lenica y Henryk Tomaszewski y el francés André François en su ejemplar obra. Transitar por la gráfica de este artista, es descubrir una desbordada e intensa dosis de poesía. Los trazos son verdaderos colirios de fábulas y figuraciones desde los postulados de la ilustración.

Entre sus premios más relevantes se encuentran: Premio al Mérito. “Concurso Internacional de Carteles de Cine”, Ottawa (1972); Premio al Mérito “Concurso Internacional de Carteles de Cine en el Festival Internacional de Cine”, Cannes, Francia (1973); “Gran Premio Internacional de Carteles de Cine. Primer Festival Internacional Cinematográfico”, París (1975); Primer y Tercer Premios “Concurso de Hollywood Report” (1978); Gran Premio Coral en el 5to.viagra“Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana”, por el conjunto de carteles presentados en el 3er. Concurso latinoamericano y caribeño de carteles cinematográficos (1983); Premio “Concurso de Hollywood Report” (1984).

Fue Miembro de la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC), recibió la Distinción por la Cultura Nacional y las Medallas “Raúl Gómez García” en (1982) y la “Alejo Carpentier” en (1988).

Su fundacional y majestuosa obra, quedó grabada en la memoria documental del filme: El cine y yo, de la realizadora cubana Mayra Vilasís.

Sobre este filme su creadora apuntaba: “Hacía ya algún tiempo que deseaba hacer un documental sobre los carteles cinematográficos. Desde que trabajé como asistente de Rapi Diego en el guión de Carteles son cantares, me había quedado con ese fantasma dentro. Por supuesto, los diseños de Muñoz Bachs me fascinaban. Creo que su gran obra maestra es el afiche de Niños desaparecidos por su economía de recursos.

Un día me tropecé con Muñoz en el elevador del ICAIC y aproveché para soltarle de un tirón que quería hacerle un documental. Él, literalmente, se espantó y solo atinó a balbucear: “Yo…, yo…, pero yo no puedo hablar delante de una cámara”. Eso era todo lo que necesitaba. Un reto. Recuerdo que le respondí de una forma muy autosuficiente: “Yo no necesito que hables frente a una cámara, solo necesito que me digas que estás de acuerdo”.

De ahí en adelante todo fue un descubrimiento. Solo le pedí que diseñara el cartel de su propio documental, en diversas etapas, para filmarlo y algunos de los créditos. Y así hizo. Conté con la valiosa ayuda de una asistente de dirección conocedora del archivo de carteles del ICAIC, con el ojo insustituible de un excelente director de fotografía, con la cooperación de todo el equipo de filmación, de una inolvidable amiga y editora, y por supuesto, con la familia Muñoz Bachs.

Me propuse dar su vida a través de su obra. Para mí, él es una rara mezcla: un talento creador desbordado unido a una imagen quijotesca con la conducción de un corazón chaplinesco. Ese es Eduardo Muñoz Bachs”.

La historia del cine cubano lo tiene entre los grandes de los últimos cincuenta años. Un artista que se fascinó con Cuba y dejó una huella imperecedera.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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