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Con Réquiem… Noam Chomsky desmonta al capitalismo. Por: Octavio Fraga Guerra*

requiem-para-sueno-americanoNoam Chomsky (1928) es uno de los más lúcidos intelectuales de la era contemporánea. Sus inagotables artículos y ensayos son demandados por los más importantes medios progresistas de Iberoamérica. Esta multiplicación de sus ideas responde a cuatro claves: la vigencia de sus argumentaciones, la agudeza de sus puntos de vista, la llanura de sus palabras y la solidez de sus aportaciones ideoestéticas y lingüísticas.

El filósofo, lingüista y activista estadounidense es una de las voces imprescindibles de estos dos últimos siglos para el árbol humanista del pensamiento occidental. Un excepcional académico que el influyente diario New York Times calificó como “el más importante de los pensadores contemporáneos”.

Autor de una cuantiosa bibliografía que apunta hacia los más diversos asuntos dentro de la que se impone significar: los medios de comunicación, la historia, la democracia, el poder, la lucha de clases, la política y la globalización, entre muchos otros temas en los que este autor desgrana ideas con sólidos enfoques.

En paralelo a su labor como académico, conferencista y escritor, el autor de Los guardianes de la libertad (1988) no ha desestimado la fortaleza del cine documental como gestor de pensamientos. Su presencia como protagonista o testimoniante en varios filmes así lo confirma. La fabricación del consenso: Noam Chomsky y los media (1992); Noam Chomsky, poder y terror (2002); Noam Chomsky, rebelde sin pausa (2003); Estados Unidos, una nación dividida (2011); ¿Es feliz el hombre que es alto? (2013), son algunos de los títulos en los que está presente el prominente intelectual.

Réquiem para el sueño americano (2015), de los cineastas Kelly Nycks, Jared P Scott y Peter D. Hutchinson, es la más reciente entrega fílmica cuyo único entrevistado es el propio Chomsky. Una obra desarrollada durante cuatro años. Sus resultados denotan como una pieza de gran factura cinematográfica.

El documental apunta hacia la evolución de un texto-ensayo, una breve introducción, diez prominentes capítulos-principios y una suerte de epílogo. Esta es la estructura capital del filme donde Chomsky desarrolla a plenitud los ejes evolutivos del capitalismo contemporáneo.

La introducción de Réquiem… es sustantiva. El entrevistado la desarrolla a partir de un dato demoledor: la mitad de toda la riqueza de nuestro planeta está concentrada en el uno por ciento de la población mundial.

El pensador desgrana los 10 principios de la concentración de la riqueza y del poder. Los cineastas Nycks, Scott y Hutchinson desarrollan estas ideas en títulos identitarios, esclarecedores, inteligibles: Reducir la democracia; Formar la ideología; Rediseñar la economía; Desplazar la carga; Atacar la solidaridad; Dirigir las instituciones reguladoras; Manipular las elecciones; Mantener a la plebe bajo control; Fabricar el consentimiento y Marginar a la población.

La estructuración del sistema político, social y económico del capitalismo globalizado parte en este filme desde los inicios del presente milenio. Didáctico, breve, concentrado, así evoluciona el documental con datos contundentes. Son citas que nos invitan a pensar, a entender los derroteros de la sociedad global.

Chomsky pone en entredicho el curso de la democracia funcional en el capitalismo. El protagonismo del dinero en la política, la desregularización de las instituciones financieras, las campañas electorales manipuladas son factores determinantes que este pensador subraya y que el filme jerarquiza con acierto. Estamos ante un documental de necesaria presencia en las bibliotecas públicas y privadas en una sociedad cada vez más despolitizada, marcada por medios de comunicación enajenantes, frívolos y manipuladores de la realidad histórica.

El trio de documentalistas de Réquiem… apela al excelso grafismo, al uso de simetrías entre el dialogo de Chomsky y los elementos hipertextuales que pululan en los metrajes de cada capítulo-principios. Son recursos muchas veces superpuestos para legitimar las ideas del entrevistado que cala con un argumentario de poses serenas.

En este filme la música es minimalista. Gestada desde los recursos de la electroacústica, los acordes y armonías significan, seducen, desgranan los tiempos del documental; se empeñan en lograr la atención del espectador no acostumbrado a este tipo de filme-ensayo, donde se articulan datos, crónicas, fotos o videos atemporales, pero claramente simbólicos.

En el encuadre fotográfico es predominante el uso del busto parlante. Se ignora en casi todo el metraje la gestualidad del entrevistado, recurso usado para centrar al interlocutor y jerarquizar las ideas del pensador.

Con Réquiem… se cumple una máxima. El conocimiento del presente es bien importante para la comprensión del pasado. Desde la perspectiva cinematográfica es un error pensar que el legítimo orden adoptado por los historiadores en sus trabajos deba moldearse en el cine a partir de la cronología de los acontecimientos.

Se ignora la manera historicista de narrar para darle otra escritura al filme. Los ejes temáticos son la brújula de este texto cinematográfico. Los diez principios y su desarrollo, resultan ser los recursos tomados en cuenta para narrar lo sustantivo del eje temático ante el espectador audiovisual.

Réquiem para el sueño americano se presentó en el programa Pantalla documental del Canal Educativo de la Televisión Cubana, un espacio fundado por el prestigioso cineasta cubano Octavio Cortázar.

Tomado de Pensar el cine de: http://www.cubarte.cult.cu

*La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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La Cinemateca de Cuba, la mejor escuela de cine. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Luciano Castillo. Director de la Cinemateca de Cuba. Foto: Flor de Paz

Cuando yo estudiaba producción en la Facultad de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte, era muy deficitaria la bibliografía para solventar los contenidos de la carrera. Tocaba apelar a la excepcional mediateca de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, dirigida en ese período por el intelectual cubano Luciano Castillo. Su probada solidaridad y entrega cómplice para los interesados en leer más allá de lo académico me permitió, como a muchos otros, cubrir ese déficit mitigado hoy en la FAMCA con los soportes digitales.

Expresión material de su pasión por el cine es su cuantiosa obra literaria, complementada por regulares colaboraciones en varias publicaciones del país y de otras naciones, y su oficio como guionista y presentador del programa televisivo De cierta manera.

Entre los múltiples proyectos en desarrollo ocupa un espacio cimero la labor que desarrolla como director de la Cinemateca de Cuba, sin dudas, el mayor y más abarcador de sus esfuerzos. Dicha institución del arte cubano se halla inmersa en varios procesos de transformaciones vitales, que le darán un vuelco al trabajo de la institución adscrita al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), cuyo destinatario es el lector fílmico. Sobre estos temas nos habla Luciano Castillo para la revista cultural La Jiribilla.

Luciano, cuéntanos de los orígenes, de los momentos fundacionales de la Cinemateca.

Fue fundada un año después que el ICAIC, exactamente el 6 de febrero de 1960, lo cual da una idea de la importancia que se le concedió. Este organismo es el primero en ser creado bajo el amparo de una ley de la cultura cubana. Y por primera vez surge una institución encargada de preservar el patrimonio fílmico nacional. Si no ha sobrevivido buena parte del legado anterior a 1959, es justamente porque ningún otro gobierno se preocupó por crear una entidad de esta naturaleza.

El antecedente de la actual Cinemateca de Cuba es el Cine Club de La Habana (constituido en la década de los 50), que se limitó a exhibir grandes clásicos del cine, facilitados inicialmente por la Cinemateca Francesa y más tarde por el Departamento de Cine del MoMa (Museo de Arte Moderno de Nueva York). Pero no pudo preservar ningún título del cine cubano producido en esos años, por carecer de bóvedas donde conservarlos.

Un dato curioso es que dentro de la Cinemateca surge el cine móvil, que después se convirtió en un movimiento capaz de llevar el cine de un extremo a otro de la Isla. La génesis, las primeras funciones y todos los trabajos organizativos partieron de nuestra entidad.

¿Qué distingue a nuestra Cinemateca de las del resto del mundo?

Una particularidad que la distingue es que surgió con una vocación no capitalina. Las cinematecas del mundo se concentran, por lo general, en las ciudades más importantes y en las capitales de los países. La nuestra se concibió para ser un museo ambulante del cine. En aquel momento eran seis provincias y las funciones se extendieron también a otras ciudades importantes como, por ejemplo, Moa, en la provincia de Holguín.

Esos rasgos distintivos de este período fundacional se deben a la pasión de Héctor García Mesa, un intelectual al que siempre habrá que agradecerle, porque vivió por y para el cine. Fue un gestor cultural que también se ganó prestigio y reconocimiento por su labor en la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF), a cuyo ejecutivo perteneció en un período. Nuestra Cinemateca, poco tiempo después de fundada, fue admitida en esta prestigiosa organización internacional.

Otro rasgo singular de la Cinemateca de Cuba es que cada especialista atiende un área geográfica determinada. Además del programador, contamos con una especialista en gráfica.

¿En qué punto de desarrollo se encuentra vuestro trabajo? ¿Cuáles son los retos y desafíos que les queda por delante?

Desde que asumí la dirección de la Cinemateca en 2014, acometemos una reorganización total. La mayor incidencia de nuestro accionar radica en la climatización de las bóvedas, tan decisivas para la conservación de los fondos.

Su carencia resulta muy negativa para el patrimonio atesorado, en particular el correspondiente al cine internacional, cuya cuantía mermó durante el “Período Especial” por la falta de aire acondicionado. El cine cubano, aunque tiene una mejor situación, todavía confronta problemas en la climatización.

La presidencia del ICAIC acometió el traslado del archivo fílmico para el antiguo Laboratorio de color del ICAIC, asunto en el cual yo había insistido mucho. En este centro existen mejores condiciones, pero sin ser todavía las óptimas desde el punto de vista ambiental. Entre los factores climáticos más nocivos para la conservación de los materiales fílmicos en nuestro país, está la humedad y el calor.

En el proceso de reorganización que estamos desarrollando incluimos los fondos de la Cinemateca depositados en el archivo fílmico: el cine nacional más lo que se salvó del internacional, que está en fase de inventario para poder utilizarlo como 35 milímetros.

Se impone puntualizar que la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) defiende al formato 35 milímetros como el soporte más imperecedero hasta la fecha. Muchos de estos laboratorios, que tras el boom de lo digital iban a cerrar, continuaron funcionando. El formato digital, aunque muy moderno y ventajoso para el desarrollo de las producciones audiovisuales, tiene todavía una vida incierta.

Paradójicamente, la Cinemateca se convirtió durante mucho tiempo en la “Cinemateca del ICAIC”, en evidente distorsión de sus principios fundacionales. Esta deformación se debe a que durante varias décadas nuestro Instituto era el único productor en el país y solo atesoraba la información correspondiente a sus producciones. Después surgieron los Estudios Fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), los de la Televisión Cubana, el Taller de la Asociación Hermanos Saíz, la Cinematografía Educativa, la productora de la UNEAC, entre muchas otras.

Hay que tener claro que el cine cubano no solo integra la producción del ICAIC, sino también al conjunto de lo generado por las restantes productoras. No deben excluirse las producciones alternativas, ese “cine independiente” o no estatal, y las de otras instituciones y casas cinematográficas. Así intentamos recuperar los principios fundacionales de la Cinemateca de Cuba.

Todo este proceso incluye también la organización total del archivo y de la biblioteca, que durante muchos años tuvo un destino incierto. Las tres bibliotecas que existían en el ICAIC se unificaron en una sola, además de una videoteca que radica en una de las plantas del edificio, por carecer la Cinemateca de un espacio mayor. El propósito es fusionar esas tres áreas en una mediateca que se llamará Héctor García Mesa, como homenaje merecidísimo al director-fundador de la Cinemateca de Cuba.

El principal objetivo de nuestra institución en este momento es recuperar todo el patrimonio fundacional, catalogarlo para poderlo exhibir y preservarlo. Nuestros especialistas están volcados en la reorganización del rico patrimonio documental y fílmico atesorado a lo largo de más de medio siglo de existencia.

¿Qué otros propósitos están en el tintero de la Cinemateca?

Otro de los objetivos fundamentales es la programación, que se ha limitado por no disponer de copias en 35 milímetros. Tenemos que exhibir los filmes en DVD y en formato Blu-ray. Sin embargo, gracias a la contribución de importantes instituciones italianas, contamos con un equipo de proyección en formato DCP, el mejor que existe en Cuba en estos momentos. Lo estrenamos en diciembre de 2015 con la retrospectiva del cineasta Marco Bellocchio.

Tampoco olvidamos el empeño de crear una página web propia, actualmente en fase de diseño, que proyectamos poner en funcionamiento en febrero próximo a propósito del aniversario número 57 de la Cinemateca. Es, sin dudas, una de las carencias de nuestro trabajo; urge esa web que refleje nuestra labor y no solo se limite a la programación fílmica y las exposiciones, sino que también muestre el intenso trabajo de nuestra institución. Desde hace varios meses estamos en Facebook, que es una de las redes principales para la promoción de la Cinemateca.

La Cinemateca de Cuba tiene una larga tradición de trabajo con otras instituciones homólogas y con las embajadas que tributan materiales a su programación. Háblenos un poco de esta experiencia.

Es política de todas las cinematecas del mundo organizar muestras de otras geografías. Es una manera de que el público tenga acceso a clásicos y a la actualización de las producciones internacionales, labor en la que colaboran las embajadas de acuerdo a nuestros intereses y a los criterios de las representaciones diplomáticas. Estamos reorganizando estas muestras de modo tal que alternen los países, si bien pueden repetirse los de más sólida colaboración.

Algunas muestras las organiza la Cinemateca; en otras colaboramos en su organización, pero son exhibidas por la vicepresidencia de programación del ICAIC. Nuestra sede fundamental es el cine 23 y 12, aunque también programamos la sala Charlot, del Charles Chaplin, y en ocasiones, el Multicine Infanta. Nos distingue la organización del Festival de Cine Francés, que es uno de los más grandes del mundo, y la semana de cine alemán, por solo citar dos ejemplos.

La serie Coordenadas del Cine Cubano es una importante colección de textos que edita la Cinemateca. ¿Tendremos nuevas ediciones próximamente?

Ya estamos preparando la cuarta entrega, que incluye entrevistas a cineastas y textos inéditos, con el objetivo de compilar artículos a veces dispersos, y otros escritos para estos libros que son muy demandados por los investigadores. La colección es promovida por la Editorial Oriente, que en fecha reciente reeditó los tomos I y II, los cuales  han tenido mucho éxito.

La Cinemateca tiene una política de publicaciones. Por ejemplo, hemos editado, en colaboración con Ediciones ICAIC, pequeños folletos sobre los filmes Cuba baila, de Julio García Espinosa; otro por el 40 aniversario de La primera carga al machete, de Manuel Octavio Gómez, y un tercero acerca del clásico Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.

Para los próximos meses, en colaboración con otras editoriales, van a salir tres libros en los cuales la Cinemateca ha intervenido. Uno es el resultado de una investigación de los especialistas Mario Naito y Sara Vega sobre la exhibición en Cuba desde los años 60 hasta la fecha, a cargo de Ediciones ICAIC.

Un segundo libro se titula Los días de Manuel Octavio, una monografía del crítico e investigador Jorge Calderón, dedicada al gran cineasta cubano Manuel Octavio Gómez, a veces injustamente olvidado. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau lo incluyó en Ediciones La Memoria.

El tercer volumen, compilado por Mario Naito y yo, parte de la encuesta convocada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica acerca de las mejores películas del cine cubano. En él se recoge información de una serie de autores que han escrito ensayos y textos diversos sobre dichas películas. Será editado por Letras Cubanas.

Asociado a estos esfuerzos, queremos inaugurar el Café Buñuel y la primera librería especializada en cine en Cuba, ambos ubicados en nuestra sede capitalina. Estos sueños están en fase de proyecto, en complicidad con la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) y la Distribuidora Nacional de Películas del ICAIC. Ojalá estas ideas se concreten muy pronto para estar a tono con las cinematecas del mundo en lo relativo a ofertas para el público.

En el Taller de Crítica Cinematográfica, que cada año se realiza en Camagüey, usted subrayó la poca presencia de los jóvenes realizadores en las ofertas de programación de la Cinemateca de Cuba. ¿Qué lectura hace Luciano Castillo de esta legítima preocupación?

No me canso de decir que cuando uno lee las entrevistas de algunas personalidades de la cultura cubana que se formaron en nuestras escuelas de arte en los años 60 o 70, y que hoy se consideran unos consagrados, mencionan su asistencia regular a la programación de la Cinemateca de Cuba como un espacio ineludible para su formación y completamiento de su cultura, necesaria no solo para los cineastas, sino también para los teatristas, músicos o los artistas plásticos.

Muchos jóvenes se obstinan hoy en ignorar la significación cultural que puede tener la Cinemateca para su formación. Más sorprendente aún es que los jóvenes realizadores apenas asisten a la programación que organizamos en nuestra sala y en los espacios colaterales. El resultado uno lo ve en pantalla, cuando aprecia productos audiovisuales en los cuales se advierte un desconocimiento total de la historia del cine.

En muchas ocasiones creen estar inventando artilugios dramatúrgicos o técnicas ya descubiertas desde la época de los hermanos Lumière o Meliés. No sé si es abulia, desidia o resistencia a asistir a la programación de la Cinemateca. Bernardo Bertolucci expresó alguna vez que “la mejor escuela de cine la constituyen las funciones de una cinemateca”, y todos los creadores de un movimiento de ruptura tan importante en la historia del cine como la nueva ola francesa, coinciden en reconocer que se gestó en la oscuridad de la sala parisina donde el legendario Henri Langlois exhibía filmes de todos los tiempos.

Recuerdo que en la presentación de un número de la revista Cine Cubano, Astrid Santana, profesora de la Universidad de La Habana a quien respeto mucho, comentó sobre una alumna que no leía buena literatura para no sentirse influida. Ante esta paradoja, aplicándolo a los cineastas, si realmente asistieran con más regularidad a la programación de nuestra institución y vieran las películas una y otra vez, como parte de su ejercicio de formación, diferentes serían los resultados.

Tomado de Notas del Reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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El 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, una cita de lujo. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Leanny Pintado, Jefa de Prensa del Festival e Iván Giroud, Presidente del Festival.

Sustantiva resulta la propuesta que nos tiene preparada la Casa del Festival para la edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. El popular evento será dedicado esta vez al intelectual cubano Julio García-Espinosa, a los 30 años de fundada de la Escuela internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y al maestro del cine universal, el iraní Abbas Kiarostami.

Para este año han sido inscritos 1919 filmes. El comité de selección eligió 15 largometrajes de ficción, 22 cortos y mediometrajes, 18 óperas primas, 26 documentales, 27 animados, 25 guiones inéditos y 24 carteles. Fuera de concurso participarán 6 filmes, entre los cuales cabe destacar la pieza Gema de Cuba, de la documentalista norteamericana Estela Bravo. En total se programarán 437 filmes.

Por Cuba compiten en el apartado de ficción: Últimos días en la Habana, de Fernando Pérez; Ya no antes, de Lester Hamlet; Sharing Stella, de Enrique Álvarez Martínez. En medio y cortometraje, Caparazón, de Joanna Pérez Vidal; Molina´s Rebecca, de Jorge Molina Enríquez, Con sana alegría, de Claudia Muñiz Pérez y Sirenas, de Maryulis Alfonso. En opera prima se incluyen los filmes Esteban, de Jonal Cosculluela y El techo, de Patricia Ramos Hernández.

En el género documental han sido seleccionados los títulos Héroe de culto, de Ernesto Sánchez Valdez; Diálogos con mi abuela, de Gloria Rolando; El camino de la vida, de Isabel Santos; Manos de padre, de Marcel Beltran; Severo secreto, de Oneyda González y Gustavo Pérez. Acompaña a este primer grupo el filme El otro viaje, de Damián Sainz.

La categoría Animación está integrada por los filmes Close, de Ernesto Pila Rodríguez; No country for old squares, de Ermitis Blanco Fernández; El viaje, de Arturo Aguiar; Sinergia, de Camila Carballo y Jesus Dario Acosta; APK, de José García Gómez y José Andrés Fumero; A mi bicho Ideal, de Bryan Romero García y Xip Zérep contra los vampiros lácteos, de Juan Padrón Blanco.

El presidente del certamen, Iván Giroud, apuntó en conferencia de prensa sobre una nueva sección titulada Clásicos restaurados. Son filmes de un gran valor artístico de la filmografía cubana que ameritan ser visionados como una suerte de reciclados, con el fin de renovar sus valores en la gran pantalla de cine. En esta primera entrega de lujo se hallan Memorias del subdesarrollo (1968), Los sobrevivientes (1978) y Una pelea cubana contra los demonios (1971), del cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea; junto a Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega.

Un taller dedicado a la música en el cine, un coloquio sobre la escritura de guiones para cine de ficción y series de televisión, junto a un panel sobre la restauración de filmes son algunos de los atractivos colaterales de esta 38 edición del Festival.

Sendas galas se insertan en la muestra con varias presentaciones imprescindibles; entre ellas la premier de los documentales Snowden, del cineasta estadounidense Oliver Stone, y los filmes británicos The Rolling Stones Havana Moon, realizado por Paul Dugdale, y The Beatles: Eight Days a Week, de Ron Howard.

Muestras de cine español y alemán, así como una selección del Panorama Contemporáneo Internacional y Documental, enriquecerán los escenarios de los cines en festival.

Los carteles en concurso estarán acompañados por una muestra titulada Carteles a la Italiana. Exposición retrospectiva, cuya sede será el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC.

La presentación de libros y revistas vuelve a ser uno de los platos fuertes de este certamen de alta convocatoria. Títulos como Introducción al cine, de Luis Álvarez y Armando Pérez Padrón; Vivir bajo la lluvia. Julio García Espinosa, compilado por Dolores Calviño; La caricia del látigo. Rufo Caballero: Un ídolo imposible, compilado por Rubens Riol; Memorias de un director de arte, de Pedro García Espinosa y Cronología del cine cubano IV, de Arturo Agramonte y Luciano Castillo son algunos de los libros que deberemos tener en nuestras bibliotecas, junto a las revista Cine Cubano, Revista Nuevo Cine latinoamericano y Enfoco, esta última de la EICTV.

Un nutrido grupo de personalidades nos acompañarán en este espacio socializador del cine: Tristan Bauer, de Argentina; Benito Zambrano, de España; Oliver Stone y Brian de Palma, de los Estados Unidos. Así como las actrices Marisa Paredes, de España, y Sonia Braga, de Brasil, entre muchos otros intelectuales.

El día de la inauguración, previsto para el 8 de diciembre, la gala será trasmitida por la televisión cubana y cerrará con el filme La Batalla de Jigüe, del cineasta cubano Rogelio París.

La red de cines de la calle 23 estará a disposición del Festival, además de otras subsedes en varias provincias del país. Desde este marte ya está a la venta en los cines de la capital los tradicionales pasaportes para los cinéfilos puedan participar como cada año.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

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Los cromatismos de Un Don del cielo. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Hermosa y apacible, hospitalaria y altiva, por sus calles aún pululan los olores de los ingenios azucareros y el salitre venido de ese lejano mar por donde arribaron hombres y mujeres de otras geografías, otras culturas. Así como cientos de esclavos traídos de África, en cuyas espaldas recayó el desarrollo de La Villa de la Santísima Trinidad, una localidad fundada por la corona española a principios de 1514.

A Trinidad le abraza ese sol que castiga los tiempos y las tardes de luz, muchas veces rojizas. Es ese mismo sol que nos quema la garganta, el pecho, los brazos y la mirada. Una ciudad de colores brillantes que evoluciona en llana relación con los cimientos, columnas, herrajes, paredes y calles de arrogantes pedregales. Todas ellas persisten virtuosas de ser huellas tangibles de un patrimonio que nos toca “descubrir”.

Parte de ese espíritu de nuestra memoria histórica, de nuestras excepcionales tradiciones, reside en el documental Un Don del cielo (2010), de la cineasta cubana Aliosca Morejón; una producción del Instituto Cubano de Radio y Televisión acompañada por la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios.

Esta obra cinematográfica, sustentada por una sólida investigación histórica, transita fortalecida por la implosión de planos originales y grabados de la época, que son las esenciales huellas discursivas de esta entrega fílmica.

Estos pliegos cartográficos y artísticos, algunos de ellos descascarados, renacen en la puesta integrados en cuidada edición gracias al oficio y el talento de Daniel Diez Jr y a la labor de la artista Yudit Vidal Faife.

La propuesta evoluciona respaldada por los recursos ideoestéticos de las nuevas tecnologías, herramientas que aportan nuevas visualidades para el lector contemporáneo. Pensadas para el cine como hacedor de lenguajes, son reconocidas como recursos imprescindibles para la construcción de renovadas iconografías y demandados resortes culturales que entronquen con el lector en red, con la volátil sociedad que se “alimenta” de ceros y unos.

Daniel compone varios collages, edifica y superpone simbiosis de imágenes, así como texturas digitales concebidas (también logradas) para autentificar los documentos como parte del valor intrínseco de esta puesta documental. Reescribe el discurso apropiándose de artesanales textos que en la pantalla documental apuntan a legitimar la narrativa y la intencionalidad del filme.

En Un don del cielo la banda sonora no es un elemento secundario o de acompañamiento, adjetivaciones con las que suelen rotular este capítulo algunos periodistas de la cultura cubana. Cabe subrayar entonces el exquisito y descollante trabajo de arquitectura de la música y de otras legítimas sonoridades desarrolladas por Ana María Sánchez y Aliosca Morejón. El tratamiento dado al filme, en este apartado, es parte vital de toda la puesta para fortalecer la columna del texto cinematográfico.

En la obra se subrayan las transiciones, las reconstrucciones narrativas, los puntos de giros o los cauces dramatúrgicos. Todos ellos asestan pensados resortes encaminados hacia la emocionalidad del lector audiovisual, al moderado conjugar de las piezas que resaltan los distintos momentos del filme.

Las sonoridades que nos aportan los formatos de la música de cámara y orquestales, son los propicios para redimensionar el documental. La realizadora de este filme, Aliosca Morejón, recurre fundamentalmente al repertorio de autores cubanos (Ignacio Cervantes y José White) para solventar las evoluciones escénicas y los diversos campos que nos aporta la música, insertados como huellas perdurables, esenciales para revelarnos otras inéditas lecturas.

Los fragmentos musicales “contaminan” las partes y el todo de esta no ficción, donde predominan los instrumentos de cuerdas y vientos, esenciales para edificar el empaque de todo su entramado estético.

Un don del cielo se construye desde un sobrado abanico de testimonios. Personas claramente autorizadas, investigadores de los ejes temáticos del filme, ejecutores de las políticas que son propias del patrimonio nacional y universal son incluidos en esta pieza fílmica. Ellos son parte de ese tercio de diálogos entrecruzados, a veces protagónico, en otros jerarquizados en imaginarias baldas de acento narrativos, tomadas para fortalecer el tema: el rescate de los materiales documentales.

Resulta imprescindible destacar el uso de la dramatización en esta pieza. La realizadora recrea en austeras dosis las apariciones de un actor que interpreta al agrimensor y cartógrafo francés Francis Lavallée, a quién se le encargó la realización de mapas cartográficos de la ciudad.

Lavallée, interpretado por Ronald Noa, narra historias, establece puentes temáticos, humaniza los conflictos y las evoluciones históricas que fueron partes esenciales de la historia de la Villa, como parte de ese otro tercio narrativo al que la directora del filme le da carácter de narrador en primera persona.

Aliosca se apropia de las notas de este agrimensor y cartógrafo para legitimar el diálogo con el pasado, con el tiempo pretérito. Un texto fílmico donde cabe también el discurso, las huellas, las evoluciones de las edificaciones, los argumentos de los entrevistados, entretejidos como discursos de valor en nuestro presente.

En este trenzado cinematográfico toman fuerza las huellas de los mapas e ilustraciones de la época, presentes también como parte de una puesta que nos sugiere, nos invita a transitar en los espacios arquitectónicos y ser parte de un imaginario colectivo donde cabe la interpretación personal, la idealización de espacio remoto.

El eje central de esta obra fílmica es el apremio por salvaguardar nuestro patrimonio cultural e histórico, muchas veces erosionado por las condiciones climatológicas y de conservación. Una asunto vital, torpedeado también por la carencia de medios tecnológicos adecuados para desarrollar una labor de restauración documental.

La alianza del Instituto Cubano de Radio y Televisión con instituciones de la cultura cubana que asumen las labores del patrimonio es una señal de que podemos desarrollar esta línea temática desde el documental, para materializar muchos más filmes como Un Don del silencio. Se impone construir un catálogo de obras documentales que contribuyan al fomento del conocimiento de nuestra historia y a los valores que persisten en estos espacios.

Sobre esta misma idea, al cine le asiste el deber de socializar contenidos semejantes más allá de los espacios tradicionales de la comunicación. El sistema de enseñanza primario, secundario, preuniversitario, así como de técnicos medios, son los primeros a conquistar como parte esencial de una estrategia que no ha de desentenderse de la comunidad. Bien valdría pensar en un catálogo de filmes documentales que aborden los disímiles enfoques que caracterizan el patrimonio.

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Al día con el cine colombiano. Por: Octavio Fraga Guerra*

colombiaCon El abrazo de la serpiente (2015), del cineasta Ciro Guerra, abrió la octava semana de cine colombiano en La Habana. Sobre esta película el embajador de Colombia en Cuba, Gustavo Adolfo Bell, expresó en conferencia de prensa realizada en la sala Charles Chaplin: “es la pieza más galardonada en la historia del cine de nuestro país”.

El filme, estrenado en la Cinemateca de Cuba, cuenta “la épica historia del primer contacto, encuentro, acercamiento, traición y posible amistad que trasciende la vida, entre Karamakate, un Chamán Amazónico, último sobreviviente de su tribu, y dos científicos que con cuarenta años de diferencia, recorren el Amazonas en busca de una planta sagrada que podría curar sus males”, se describe en la sinopsis.

La muestra de cine colombiano incluye tres filmes de ficción y dos documentales. La tierra y la sombra (2015), de Cesar Augusto Acevedo García; Polvo carnavalero (2016), de José Camilo Pinzón; Destinos (2016), de Alexander Giraldo; Todo comenzó por el fin (2016), de Luis Ospina y Aislados, de Marcela Lizcano.

El evento, organizado por la Cinemateca de Cuba y la Embajada de Colombia en Cuba constituye una excepcional oportunidad para ponerse al día con los más significativos filmes de la producción colombiana caracterizada en estos últimos años por una creciente producción cinematográfica. La sala Charles Chaplin, acoge la muestra en su horario habitual de las 6 de tarde, de jueves a domingo. El día 10 del mes en curso se proyectará el documental Aislados; el 11, Destinos y el 12 y 13, El abrazo de la serpiente.

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El Choco y la puesta en escena. Por: Octavio Fraga Guerra*

el-hombre-de-las-sonrisa-y-la-mirada-tristeEl arte está lleno de conjuros y velados misterios, de denotados signos que por momentos resultan “imposibles” descifrar, ni tan siquiera al “decodificarla” con inéditas palabras. Algunas zonas de la obra del artista de la plástica cubana Eduardo Roca Salazar (El Choco) me produce este efecto.

Su labor deambula por una gama de relatos donde explosionan los discursos. El artista construye singulares voluptuosidades de colores intensos y febriles líneas de gruesos trazos amotinados. No hay espacio para la mirada esquiva, el diálogo complaciente.

Tras la fuga de pinceles y paletas emergen los muchos colores que atrapan las telas, las esculturas y los grabados revolucionados por sus manos, por los saberes de un artista en ebullición, que moldea desde el oficio el reinventar de su arte genuinamente cubano.

Son piezas de horondos trazos e inconfesables curvaturas donde El Choco lo desata todo con fugaces pátinas de intensas luces. Delinea rostros rebosados de subliminales figuras conexas, mapea la cubanía, los alientos de nuestras brasas, el sentido del tiempo o la vistosidad de cotidianas verdades.

Un recreo de muchas maneras de vernos, en nuestra Isla de singulares formas, de alargadas cinturas y revolucionados mestizajes, donde el artista pinta también, las cordilleras de sus personajes que son la fuerza viva del calor de una nación encendida, plural, coqueta.

Ante la obra conclusa apremian los juicios, las metáforas, las sinuosas interpretaciones. Tras ese sublime momento, surge el milagro de sentir los frescos de sus erguidas lucubraciones que el arte cinematográfico ha sabido desatar en tiempos versos.

Todo esto mora en un texto performativo, biográfico, de vibrante fotografía y fragmentadas narraciones. El documental El hombre de la sonrisa amplia y la mirada triste (2016), la más reciente entrega del cineasta cubano Pablo Massip, desmenuza por capítulos los ardores de un hombre que construye la paz y sus mejores fortalezas estéticas, gestada en los misterios de sus pulsos.

Pernocta en su abultada colección de obras sin fin reinventada con otras fuerzas: íntimas, dialogantes, vitales, pero también desde los muchos misterios que se agigantan.

El espectáculo de este filme comienza con una mujer venida del mar. Repiquetea los cueros de un tambor sublime, simbólico, afrocubano. Como una gran puesta en escena se ilumina su entrada con la fuerza de la luz, donde irrumpe la majestuosidad de la música de sentida sobriedad, en cuyos diálogos confluyen los solos de un violín al compás de sonidos, claramente redimensionados, corpóreos, mitológicos.

El cineasta Pablo Massip advierte la necesidad de tomar para esta pieza varios recursos y soluciones estéticas. Es un texto donde el testimonio afina todas las cuerdas de sus trazados, entroncados por momentos, con danzas performativas que en el filme no son un reiterado adorno. Emergen en cuidados momentos como punto de vista, como colectiva reinterpretación de la vida y la obra del artista.

La pantalla nos exige cubrir los espacios, los tiempos, los atrincherados ángulos. En este documental, la fotografía convoca a los compases de luces y sombras que se mezclan en un todo de escenas irrepetibles. Desde sus vértices y núcleos convergen el campo cromático y situacional de las escenas, todas ellas, escritas desde la sencillez que nos aporta la mesura del discurso.

El fotógrafo de este filme, Danil Massip, destrona los espacios vedados con escenas a contraluz. Erige un milagro de luces superpuestas, por momentos descorchados, buscando signar las muchas atmosferas que fortalecen el texto documental o las palabras tejidas por ese interrogatorio que hurga, discrimina, relata.

Cómplice y gestor de esta entrega, Pablo Massip pone en primera persona a los retratados de El hombre de la sonrisa amplia y la mirada triste, esenciales para lograr la veracidad de la puesta, los parapetos de las palabras, la gestualidad de los interrogados.

Los testimonios de los amigos, críticos de arte o familiares, apuntan hacia ese cometido de reescribir la historia de un hombre moral vestido de grandeza humana, y a la vez gigante, por esa capacidad de reinventarse como artista, de saber en cada momento donde ha de estar como ciudadano del mundo. Entonces nacen las pátinas de la pantalla apertrechadas de colores, de historias o fábulas, que son también parte de los pretextos de esta puesta fílmica.

Este boceto de baldas fílmicas evoluciona por capítulos, desde las muchas atmósferas construidas por cuidadas notas, cuando se trata de edificar un texto inspirador de ideas, de acentos. Un claro acierto no siempre presente en el grueso de la documentalística cubana de estos últimos años, lastrada por el relato fácil o el despliegue injustificado de Adobes y estéticas de las ya no tan nuevas tecnologías.

Pablo Massip no se deja provocar por la praxis fílmica de contar su relato solo con los testimonios de figuras o personalidades ilustres. Combina, entrecruza, jerarquiza la justa palabra para dar esa matriz de un hombre leal, cercano, de probada sencillez y sentido de la responsabilidad con la sociedad, con su patria de la que es parte vital. Los hombres y mujeres que pernoctan en esta obra van conformando ese diapasón de rutas que nos conducen hacia la legitimación del artista.

El crisol de vivencias, miradas, adjetivaciones, fortalecen esta obra enfocando el verdadero cometido fílmico: humanizar y legitimar al personaje Eduardo Roca Salazar. Cada uno de los inquiridos tiene un tiempo, un espacio, un lugar. Son ellos todo un conjunto de afirmaciones, certezas, descollantes palabras de oportunos juicios, vertidas en una pantalla que nos recrea, nos importa. Una mampara cinematográfica de muchos tonos, de vitales colores humanos delineados como eclipses de luz de sobrias estaturas.

La música compuesta por Tanmy López encona el espíritu del documental. Algunas piezas de cargada cubanía entroncan sin reparos con las entregas más electrónicas. El tono exacto, el preciso andar por el tiempo en pantalla son parte de los logros de este apartado construido cuando la atmósfera lo exige.

Raymel Casamayor se integra a los esfuerzos de la compositora. Edifica una banda sonora que toma también de los sonidos exteriores para darle al filme legitimidad y coherencia con las intencionalidades del director. Desarrolla un trabajo creíble, de auténticas armonías y secunda el discurso del autor cinematográfico, exigente con los detalles de la puesta.

El también guionista de este filme, Pablo Massip, refuerza el dibujo documental, edifica fragmentos hilados para fortalecer los argumentos y los pretextos que le motivaron a poner ante los espectadores el texto El hombre de la sonrisa amplia y la mirada triste.

Como realizador no se contenta con la palabra tomada, recompone las muchas piezas de El Choco en los diversos espacios que ofrece la pantalla. No se limita a figuraciones cromáticas de efectos, muy usados en los video clip o publicidad Made in Cuba. Los integra a una gran tela cinematográfica donde las obras más virtuosas reverdecen, ensanchan la imagen y redimensionan los tiempos de pantalla, encargo materializado por el joven montajista Daniel Diez Jr.

Este documental, producido por el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC), amerita ser socializado en los espacios y festivales internacionales dedicados al cine, pero también en los foros y escenarios del arte cubano y de otras geografías, como parte de una estrategia de comunicación cultural contemporánea. Bienaventurados los que puedan leer El hombre de la sonrisa amplia y la mirada triste.

Tomado de Notas del reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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A la mitad del camino. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Es práctica editorial acopiar en un solo volumen, o más de uno, textos dispersos. Son entregas pensadas a manera de recuento, de fijar memoria, de llamar la atención sobre un tema o autor, cuya obra amerita ser revisitada. Artículos de calado literario, ensayos incluidos en algún dossier temático, palabras de presentación o de elogio, sin despreciar las notas introductorias o prólogos de libros. Esta es la naturaleza cartográfica de A la mitad del camino, un libro preparado por la Editorial de Ciencias Sociales (2015), que arropa cincuenta y dos textos de uno de los pensadores más prestigiosos y vitales del pensamiento cubano, el investigador social e historiador, Fernando Martínez Heredia.

Aguda escritura sobre las ideas del Che, referenciales anotaciones sobre la cultura entroncada con la sociedad y la construcción del socialismo cubano. Sus saberes sobre derecho, edificados en una entrevista y varios prólogos, con peso temático en nuestra rica historia, nos invitan a rebuscar en los anaqueles de librerías de segunda mano textos editados en fechas pretéritas.

Los preámbulos de los libros: De Las Villas a Oriente. Combatiendo el bandidismo (1959-1965); El año de todos los sueños. Diario de un alfabetizador o Insurrección y revolución (1952-1959), son atinadas lecciones de historia, escritas sin perder sus esencias: motivar al lector a la pensada lectura.

Ciencias Sociales incorpora algunos de los apuntes elogiosos del autor sobre relevantes figuras de la nación. Intelectuales como Alfredo Guevara, Jaime Sarusky o Pablo Pacheco son dibujados con sabia y sentida escritura, erigiendo en esta oportuna antología un todo plural claramente enriquecedor. Un abanico de hombres ilustres de la cultura nacional que hicieron de su tiempo un tiempo para todos.

Se impone un paréntesis sobre las erguidas palabras de Martínez Heredia acerca dos grandes de Nuestra América. El juicio argumentado, la obligada referencia histórica, el agudo verbo o la cronología precisa, son las vertientes de los textos: Hugo Chávez, identidad y rebeldía latinoamericana y Revolución cubana, Fidel y el pensamiento latinoamericano de izquierda.

La evocación está presente en esta antología del también autor de Las ideas y la batalla del Che. El texto Recuerdo y lecciones de octubre, revela cuan de literatura puede haber y coexistir en una obra donde el tono de ensayo es protagonista. A la mitad del camino, es un punto y seguido, en favor del pensamiento cubano.

Tomado de: http://www.juventudtecnica.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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Ambrosio Fornet: “La cultura se forma, no se improvisa”. Por: Octavio Fraga Guerra*

af-foto-2Ambrosio Fornet (Veguitas, 1932), ensayista, crítico literario y editor, es un intelectual con el que se podría estar conversando toda la vida. Sus argumentos, reflexiones y miradas polémicas desatan más preguntas que respuestas. Son interrogaciones despojadas del dogmatismo academicista, del lenguaje edulcorado.

El cubanísimo escritor es el autor de los títulos Cine, literatura y sociedad (1982); Alea, una retrospectiva crítica (1987); El libro en Cuba (1994); Las máscaras del tiempo (1995); Carpentier o la ética de la escritura (2006); compilador y prologuista; sin dejar de subrayar Las trampas del oficio (2007) y Narrar la nación (2009).

Parte de la cartografía de este intelectual, muy respetado por el gremio de la cultura cubana, son sus guiones para los filmes Retrato de Teresa (1979) y Mambí (1998). Fornet es, además, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y ha sido merecedor del Premio Nacional de Edición (2000) y del Premio Nacional de Literatura (2009).

El prestigioso intelectual accedió a responder para La Jiribilla algunas preguntas en torno al libro, sus derroteros, a los espacio sociales de la lectura. Abordó también otros temas en torno a las orbitas socioculturales de los jóvenes cineastas.

Sobre el cómo han escrito los grandes literatos se ha fabulado mucho, menos se ha publicado sobre los modos de leer. ¿Cómo lee Ambrosio Fornet?

Que yo sepa, durante siglos sólo hubo dos modos aceptables de leer: en voz alta o en silencio. Ahora los modos están condicionados sobre todo por el soporte de la escritura, en papel o electrónico. ¿Lee uno más ―o más a gusto―en un soporte o en el otro? Quien responda esto último puede estar seguro de que nació muchos, muchísimos años después que yo. Por otra parte, cuando se trata de ensayos o de textos que exponen ideas, leo siempre lápiz en mano para señalar aquellos puntos que me han llamado especialmente la atención y sobre los que me gustaría volver después (marco el margen de la página con una palomita si se trata de una frase, con un corchete si se trata de varias).

¿Es usted una persona centrada o necesita de una atmósfera de silencio para desarrollar su labor intelectual?

Me gusta mucho esa palabra, “centrada”, para designar a la persona capaz de con-centrarse, el lector que no se siente continuamente tentado por el cambio y expuesto, por lo tanto, al peligro de la dispersión. Todo, en el mundo moderno, parece dominado por la tendencia al zapping, todo conspira contra la capacidad o la voluntad de atender, de involucrarse, de concentrarse.

El ideal es lo disperso e impactante, que a menudo es lo incoherente también. En el televisor ¿se ha fijado usted que la noticia que va apareciendo abajo, en el cintillo rodante de la pantalla, no tiene nada que ver con lo que está diciendo arriba el locutor o el entrevistado…?

Estamos viendo una cosa, leyendo otra, y olvidándonos enseguida de las dos, o mezclándolas en la imaginación sin saber por qué, o bien recordando superficialmente una sola de ellas… Lo que no debemos olvidar ―y no olvidamos, porque se repite con fuerza una y otra vez―, es que el populismo es malo y la Coca-Cola es buena, por ejemplo. Pero volviendo a su pregunta: el silencio es el aliado natural de la concentración y esta última es necesaria para que cada uno pueda establecer un diálogo fructífero consigo mismo y con sus posibles interlocutores.

Sus trabajos son referenciales obras de edición, de exquisitez literaria. ¿Cómo desarrolla su escritura? ¿Desgrana previamente las líneas temáticas? ¿Utiliza las fichas como herramienta? ¿Cuéntenos los detalles de esa experiencia?

Sí, anoto las dos o tres ideas que a mi juicio deben constituir el núcleo central de mi argumentación, así como aquellos datos que pueden servir para reforzarlas. Lo demás debe producirlo el propio texto gracias a lo que yo llamaría su dinámica interna. De cada tema se desprende lo que parece ser una señal, una orientación, una ruta posible…

Es así como fluye el texto. Cuando creo haber captado alguna de esas claves, inicio la exploración del tema, digámoslo así, y muy pronto un paso me permite dar el otro, una frase me lleva a la otra, o un cambio de tono me anuncia que la argumentación empieza a tomar otro camino y debe reorientarse en otras direcciones.

Esto, que describo aquí torpemente, me va indicando que la cosa marcha, que no estoy imponiéndole al tema ni al lector un texto arbitrario o autocomplaciente, sino tratando de ser coherente con las potencialidades y las expectativas de ambos. Cuántas veces cree uno haber alcanzado esa meta cuando, en realidad, no logró llegar ni a mitad del camino…, bueno, ahí radica lo que pudiéramos llamar el drama de la escritura, un drama que a veces sólo vive el público ―lo vive como frustración― porque uno, el autor, lamentablemente, no llega a percibirlo.

En cuanto a esas herramientas de trabajo, esa vasta zona auxiliar de la memoria que son las fichas, ¿qué autor ―y sobre todo, qué ensayista, y sobre todo, qué investigador― puede darse el lujo de prescindir de ellas?

Usted ha impartido, tanto en Cuba como en otras partes del mundo,  talleres y cursos sobre guión de cine. ¿Cuáles títulos recomendaría para los que se inician en la escritura cinematográfica?

No, yo no empezaría por recomendar títulos sobre la escritura cinematográfica, yo empezaría —como de hecho empecé en los años 80, cuando orienté un Taller de guión y dramaturgia, tanto en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños como en el ICAIC— por recomendar la lectura y análisis de ciertos clásicos de la dramaturgia y el teatro, desde la Poética de Aristóteles hasta Casa de muñecas, de Ibsen, con las necesarias referencias a Brecht y a nuestros propios clásicos, que en ese momento eran nuestros cineastas, Julio García Espinosa y Titón.

En eso consistía, a nuestro juicio, el equipaje mínimo ―el bagaje cultural, como se decía en mis tiempos― que necesitaba el aspirante a guionista para lanzarse al ruedo sin hacer el ridículo y poder plantearse seriamente un proyecto que valiera la pena.

Se daba por descontado que el estudiante ya había visto y discutido los clásicos del cine, tanto silente como sonoro, puesto que disponíamos de una nutrida filmoteca. Y, por lo demás, desde sus mismos inicios el ICAIC había acometido la tarea de publicar textos teóricos y manuales ―recuerdo el Tratado de la realización cinematográfica, de León Kulechov, y Teoría y técnica del guión cinematográfico, de John Howard Lawson, para no hablar de Eisenstein―, y tenía también una vocación guionístico-editorial que se expresó muy temprano en la publicación de Las doce sillas. Por cierto, esa vocación  ha resurgido ahora con fuerza bajo la orientación de Arturo Arango, quien acaba de publicar el guión de Aventuras de Juan Quin Quin, de García Espinosa, y promete armar, en Ediciones ICAIC, toda una colección dedicada al género.

Son lecturas obligadas para los profesionales del medio, que por lo demás hoy cuenta con críticos y teóricos del patio que no existían en mi época; como Juan Ramón Ferreira Vaillant y Astrid Santana, para citar sólo los dos casos que me vienen a la mente.

La labor del editor literario, desde mi punto de vista, tiene nexos con la del montador cinematográfico. ¿Comparte esta percepción? ¿Cuáles son para usted los posibles paralelos entre estas especialidades?

Nunca había pensado en eso, quizás porque no conozco tan bien el trabajo del montajista como para establecer comparaciones válidas. Pero hasta donde lo he podido apreciar, ese trabajo requiere una habilidad técnica y una creatividad mucho mayores que la del editor de libros. Lo único que el editor de libros necesita, además de buenos correctores, es un conocimiento del nivel cultural del medio ―cuántos profesionales, cuántos universitarios, cuántos periodistas hay…― y una amplia cultura literaria.

Entre los estudiosos que han trabajado el tema del libro es recurrente la tesis de que los jóvenes en Cuba no leen lo suficiente, y sobre todo que no lo hacen a profundidad. ¿Comparte esta perspectiva? ¿Qué hacer para revolucionar las lagunas de este reto?

¿Qué en Cuba los jóvenes no leen tanto como debieran y además leen de manera superficial? No tengo estadísticas a mano, pero me permito preguntar, a mi vez: ¿dónde, en qué parte del mundo actual, ocurre lo contrario? En las calles y en la TV veo a miles de jóvenes leyendo… pero  leyendo lo que aparece en la pantalla de sus celulares. ¿Qué hacer? Si yo tuviera la respuesta a esa pregunta ¿cree usted que en el Instituto del Libro y en el Ministerio de Cultura hubieran dejado que me jubilara?

Las instituciones culturales y los medios de comunicación en Cuba potencian a las bibliotecas públicas como centros para el “encuentro con los libros”. ¿Es ciertamente un espacio ideal para este ejercicio intelectual? ¿Están dotadas nuestras bibliotecas de las condiciones necesarias para lograr una lectura productiva?

Hace tiempo que no voy a leer a las bibliotecas, pero siempre que lo hice encontré en ellas tanto un servicio eficiente como un clima favorable. Su pregunta me preocupa, porque pudiera suscitar la sospecha de que nuestras bibliotecas han dejado de ser ese “espacio ideal” de que usted habla. Y eso sí que sería catastrófico. El tesoro intelectual de la nación está acumulado ahí,  en nuestras bibliotecas, y si ese fondo deja de formar parte de nuestra cultura activa, de la dinámica del presente, nos convertimos todos en pordioseros o en fantasmas.

Supongamos que un estudiante de cine solo lee los libros que son propios de su carrera: fotografía, montaje, dirección de actores y un largo etcétera. ¿Cuáles son los vaticinios de Ambrosio Fornet para este joven, una vez egresado de la carrera de audiovisuales?

Hay que tener muy clara la diferencia que existe entre un técnico profesionalmente preparado y el estudiante con vocación de guionista o de director de cine. En el primer caso tendremos camarógrafos o sonidistas profesionales, por ejemplo, a quienes les exigimos habilidad y sensibilidad, pero no una cultura que vaya más allá de los problemas propios de su oficio, mientras que en los otros casos las exigencias son mayores y siempre relacionadas con el talento, con un nivel de creatividad que no se enseña en las escuelas ni se aprende en los libros.

Por consiguiente, ese joven egresado de la carrera de audiovisuales tiene que haber optado desde el principio por el perfil que le dictó su propia vocación, y de ahí que pusiera el énfasis en unas lecturas y no en otras. A mí, cuando se gradúe, sólo me restaría decirle: “Adelante y buena suerte. Tengo la impresión de que vas a ser un profesional de primera. El tiempo dirá”

El escritor mexicano Felipe Garrido, conocido promotor de la lectura, estableció cuatro tipos de lectores. Los que prefieren lo fantástico, lo mágico, lo maravilloso; los que se inclinan por el realismo y rechazan las fantasías; los interesados en los aspectos intelectuales, los razonamientos y el sentido moral y los que encuentran placer en el lenguaje mismo. ¿Cuál es su visión sobre estos enfoques?

Creo que Garrido, en su definición, abarca todos los discursos posibles de la narrativa, aunque estamos acostumbrados a imaginar dichas preferencias por géneros: novelas de un lado, cuentos del otro, ensayos del otro, y a veces introduciendo en cada caso subdivisiones muy precisas: novelas realistas, históricas y sentimentales; cuentos fantásticos y de humor; ensayos filosóficos y literarios… Debo añadir que cada una de esas líneas debiera matizarse a partir de los contextos: la edad de los lectores, el ambiente en que se mueven, la influencia de la publicidad, el momento específico de la lectura…

Lo que quiero decir es que los gustos cambian, los lugares de lectura también y las ocasiones también, y todo ello puede alterar los pronósticos: ayer terminé de leer en casa una novela realista de Bolaños, mañana trataré de echarle un vistazo al ensayo de Umberto Eco que apareció en la revista, y este fin de semana espero llevarme para la playa una novela fantástica de Asimov que me prestó un amigo y tengo que devolver el lunes.

He participado en conferencias de prensa donde algunos integrantes del staff de una película, cuando se les pregunta en torno a la conceptualización de su trabajo en el filme, divagan, desarrollan pobres ideas o en el peor de los casos, lo resuelven con una frase manida. ¿Cuáles son sus interpretaciones sobre esta realidad asociada a la práctica de la lectura?

No se le puede exigir a todo el mundo que sea un expositor coherente y convincente. Y además, ¿por qué esa persona, pese a su incultura y su torpeza, fue invitada a participar en el panel?

Se ha teorizado mucho sobre la lectura que desencadena la imaginación, mueve las emociones y los sentimientos. Me refiero en particular a aquella que logra formar no solo expertos sino también intelectuales sensibles. ¿No es esta una buena ruta para la escritura de buenos guiones en el cine cubano contemporáneo? ¿Qué estrategias construir para materializar este tipo de lector?

El talento se desarrolla, pero no se crea; la cultura se forma, no se improvisa. Aquí estamos hablando de procesos que además de talento y formación cultural requieren esfuerzos, dedicación, disciplina… Estoy seguro de que nadie conoce de antemano las fórmulas, las estrategias que permitan llegar a la meta sin tropiezos, con un cien por ciento de garantía.

Se habla de una actitud intelectual que sirva de punto de partida para desarrollar los hábitos de lecturas. ¿Se construye o está en el ADN de los potenciales lectores?

El hábito de la lectura se construye. Y se construye a través del gusto por la lectura. Es responsabilidad de los padres, los maestros y los orientadores de las bibliotecas infantiles proporcionarles a los niños ese gusto, o al menos la promesa de ese gusto. ¿Qué habría que hacer para crear esa ilusión, la del libro como golosina?

Tomado de Notas del reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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La obesidad: ¿sólo una estadística? Por: Octavio Fraga Guerra*

fed-upEl tema de las comidas chatarra no es novedad en el cine documental estadounidense. Morgan Spurlock ya lo abordó con Super Size Me (2004) al enfocar su discurso en la responsabilidad individual del consumo de dichos productos, claramente nocivos para la salud humana.

El filme ataca las políticas de las multinacionales de alimentos, escribe una suerte de diario donde el documentalista se convierte en un “animal de laboratorio” de los productos de McDonald´s. Es el autor fílmico un sujeto de estudio consciente, un protagonista crítico de las veleidades de las comidas rápidas.

Durante 30 días Spurlock desayunó, almorzó y cenó las ofertas de esta compañía y los efectos nocivos para su salud se mostraron en el curso de su experiencia. El cineasta ―frente a una cámara observadora, activa, dialogante― retrató las emociones o los estados de ánimo que registró en las diferentes etapas de sus ingestas alimentarias. En el relato documental, se contrastaron los efectos de estas ingestas con análisis periódicos de su estado de salud, signado por un “comer a la ligera”.

Diez años después, Stephanie Soechtig retoma el tema con Fed Up? (2014). La creadora arremete contra el entramado de las industrias de alimentos de los Estados Unidos, erige otras narrativas y se apropia de otros recursos cinematográficos distantes de los de su compatriota Spurlock.

La documentalista nos entrega un filme hipertextual donde cabe significar el amplio arsenal de argumentos que coexisten en graduales jerarquías; sin dudas, el mayor de sus aciertos. Son estos un listón de puntos de vista oportunos ante una epidemia que parece imbatible por las endemoniadas políticas de las administraciones de varios gobiernos de los Estados Unidos. Es un texto que retrata la libertad y la prepotencia de las multinacionales de los alimentos, a través de lobbies en favor de estas comidas chatarras.

Stephanie Soechtig escribe una carrilera de acreditadas evidencias construidas como sólidos cuerpos de mensajes vitales. Su espectro temático es por momentos abrumador, invasivo. Eso sí, toca con denotado talento las profundidades sensoriales, discursivas, de reflexión de los lectores audiovisuales.

Despliega apuntes y razones en los estamentos de las muchas interrogantes que nos deja, genera polémicas, dudas y certezas sobre nuestros procederes frente a esta abrumadora verdad. Urgen políticas públicas en favor de un dieta alimenticia sana. Hago esta sentencia pues, como es sabido, el alcance de dichas empresas alimentarias trasciende las fronteras de la nación norteña.

En Fed Up? son objeto fílmico varios adolescentes que padecen de prominente obesidad. En los Estados Unidos el 30% de los niños y adolescentes padecen de obesidad. Uno de cada cuatro, es parte de las estadísticas de la incidencia de esa enfermedad.

El dato es alarmante y la cineasta se lanza por los muchos laberintos del tema, jerarquiza los testimonios de nutricionistas, funcionarios del sistema de salud estadounidense, sicólogos o cirujanos esteticistas que aportan razones, argumentos y llamadas de atención frente a las actitudes pasivas de una epidemia, cada vez más global. Estos invitados nos entregan sus miradas reveladoras de un asunto que suma afectados a otras enfermedades asociadas a la obesidad (hipertensión arterial, diabetes, problemas movilidad, depresión sicológica, baja autoestima, exclusión social), limitantes de la calidad de vida de estos infantes.

No es un documental de puras entrevistas. La realizadora despliega en la pantalla todo un arsenal iconográfico exquisitamente trabajado con los recursos estéticos de las nuevas tecnologías, en coherente conectividad con materiales de archivo. Stephanie Soechtig no se escaquea de poner en el encuadre los muchos productos que la mercadotecnia vende desplegados como parte del discurso.

Es un texto fílmico donde también cabe el collage de reportajes o crónicas y el grafismo de composiciones digitales, que acentúa el relato documental y la mirada incisiva de la autora cinematográfica.

El ritmo trepidante de Fed Up?, las líneas argumentales que desarrolla esta pieza de la no ficción, los hipertextos que engloba, lo complejo del tema, son parte de los recursos inscritos en la nueva era del cine digital pensado también para las redes sociales. Visionar este filme es imprescindible pues los desafíos que nos plantea nos afectan a todos.

Texto tomado de Pensar el cine de: http://www.cubarte.cult.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

Fed Up? se presentó en el programa Pantalla documental del Canal Educativo de la Televisión Cubana, un espacio fundado por el prestigioso cineasta cubano Octavio Cortázar.

Equipo de realización de Pantalla documental

Guión y dirección: Yosiris López-Silvero

Producción: Antonio Daumy

Asistente de dirección: Artímides Ramírez

Asesor: Omar Fontes

Edición: Ariam Castro Fraga

Conducción: Alain Amador Pardo

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El “Tigre” en primera persona: paramilitares en Cuba. Por: Octavio Fraga Guerra*

los-suenos-del-tigreApremia reciclar la historia de nuestra nación, atemperarla a los tiempos presentes (plurales, dinámicos, virtuales, caóticos por momentos). Dibujarla con los apuntes y las herramientas que aportan las estéticas de las nuevas tecnologías asociadas al audiovisual, signadas por lenguajes que evolucionan inmersos en una constante metamorfosis.

Sin embargo, cabe subrayar una idea. Lo repetitivo de algunos recursos estéticos produce una saturación de los modos vinculados a las dinámicas de realización, a las soluciones narrativas que le secundan. Obviamente, los contenidos han de entroncar con los hechos, las pruebas que los sustentan, edificados desde los documentos y testimonios que los engrandecen.

Dichas apuestas evolucionan en la contemporaneidad cada vez más dinámica e interconectada, donde los ceros y unos abarrotan el discurso, las metáforas, las jerarquías comunicacionales. Como parte de una estrategia que no ha de ser casuística, predecible o aferrada a fechas históricas, tomadas de un recurrente calendario. Más bien sustentada en la constancia, en el despliegue temático largoplacista para no embutir al lector-sociedad-cubana en una avalancha cuyos resultados terminan saturando los contenidos.

Este entramado es vital, tras una suma de simbologías y discursos que se han de enriquecer también con la filosofía de la previsión de los hechos y la apropiación de los temas esenciales para la política cultural e ideológica de la nación. Dicho de otra manera, nos toca capitalizar, legitimar, jerarquizar ante los lectores cada vez más digitales, los esenciales temas y los asuntos que son pasto de la cotidianeidad, pero también los de nuestra fértil historia.

Urge, por tanto, una pensada estrategia, una integración institucional, un permanente ejercicio práctico de construir íconos, delineadas simbologías y desarrollar nuevos soportes. Complementados ellos con las tradicionales vías de comunicación social que no debemos subestimar, pues aún persisten muchas zonas geográficas de la Isla ajenas al armazón de las nuevas tecnologías.

Toda este mapa de idealizaciones ha de fluir por un andamiaje sociocultural que contantemente se trasfigura, se reformula desde sus núcleos y ejes cromáticos. Sufre ciclos de mestizajes de muchas curvaturas, cuyo escenario prominente es la sociedad red.

Cuba no está anclada en una burbuja. Una bruma de datos, de hechos noticiosos o veleidades mediáticas trasgreden el gusto, la cultura y el agudo conocimiento. Se insertan en nuestra geografía desde muchos soportes, en variadas formas. Ante este enjambre, la historia es una de las claves de la batalla ideoestética impostergable, que en primera instancia es de argumentos y hechos contrastables, verídicos, documentados.

Le asiste al cine nacional el deber de “ocupar” los centros docentes de los niveles primarios, secundarios y de nivel medio superior, como espacios culturales de primera línea. Son estos el escenario natural para el desarrollo del conocimiento, de los valores y las ideas humanistas distintivos de la sociedad cubana.

Se impone una obviedad, esta idea será fallida si se ignora el principio de que el cine, como todas las artes, es también una excepcional pantalla para el entretenimiento, para el rico divertimento. Sus contenidos se han de socializar tomando en cuenta esta vital verdad que muchas veces se ignora.

El cine ha de ser asumido como auxiliar de la labor educativa, como constructor de símbolos, de necesarias cronologías socioculturales e históricas para niños, adolescentes y jóvenes.

La producción cinematográfica de nuestra Isla (décadas de los 60, 70 y 80) está colmada de importantes obras documentales, de ficción y animación que abordan los relatos de la historia patria y de otras naciones. Varias generaciones nacidas en esos períodos se enriquecieron con estas piezas.

Un vasto diapasón de temas de carácter patriótico, cultural e histórico está atesorado en la memoria fílmica de la nación. Importantes cineastas han visto en estos temas una vital experiencia de su desarrollo como creadores del séptimo arte. Son filmes que podrían formar parte del programa de estudios extracurriculares de los tres primeros niveles de enseñanza, como experiencias extracurriculares.

Pero apremia renovar el repertorio temático de la cinematográfica nacional, que tiene en la literatura un incontable caudal de contenidos a la “espera” de ser llevados a las esencias discursivas del cine.

Este es el caso del libro Los sueños del Tigre. Paramilitares en Cuba (Ediciones Abril, 2016), la más reciente entrega del escritor cubano Enrique Acevedo. Una novela de vigorosa escritura y sustantivo acento histórico, cuyo relato evoluciona desde el derrocamiento de Gerardo Machado hasta los albores de la naciente Revolución cubana, respaldada por un acucioso trabajo de investigación periodística.

El autor perfila y desarrolla en varios capítulos el corpus de Rolando Masferrer, el gestor y jefe de la organización paramilitar “Los tigres de Masferrer”. Un grupo de mercenarios que llegó a tener más de 1200 miembros, gestado bajo el cómplice abrigo del General Fulgencio Batista. Ese siniestro dictador que algunos vulgares personajillos y contrarrevolucionarios  de la mal llamada “disidencia cubana” nos lo quieren teñir como un demócrata de la otrora República.

El autor de Los sueños del Tigre, escrito en primera persona, despieza, cartografía a Masferrer; le da envoltura cromática de sólidas texturas y renovados acentos. Revela al individuo turbio, oportunista, de saturado cinismo y habilidades para “convivir” por entre los vericuetos de la politiquería de la época. Un período convulso donde el gansterismo formaba parte de los estamentos de la sociedad cubana entre los poderes de facto.

Rolando Masferrer es bocetado con nitidez. Enrique Acevedo, el también autor de Descamisados (1993), Premio de la crítica; Guajiro (1997) y Fronteras (2009), lo resuelve con llana escribanía, acentuando la ambivalencia y denotado delirio de grandeza del personaje, su  perfil sicológico: un hombre dispuesto a todo por trascender entre los tantos arribistas o acólitos del sargento-general Batista, que llegó incluso al cargo de senador.

Una de las virtudes del volumen es su acusada fotografía, los muchos detalles que nos aporta su autor para trascolarnos a ese período en los hechos que nos narra, donde convergen los entrecruzamientos históricos, sociales, culturales, de una Cuba atrapada por la política exterior del gobierno de los EE.UU.

La narrativa del texto, los signos que el autor le incorpora, los elementos discursivos que integran el esqueleto del libro, y la lógica de su edición, nos invitan a delinear un filme de ficción. O mejor aún, una serie documental escrita con los resortes del docudrama. Un texto fílmico donde un narrador omnipresente, Rolando Masferrer, conduzca los muchos relatos que confluyen en las páginas de esta entrega literaria, de signada envoltura historicista.

Entre las contradictorias curiosidades de Masferrer está que también formó parte de las Brigadas Internacionales por la defensa de la República Española y militó en el Partido Socialista Popular (PSP). Después, devino politiquero y asesino de muchos jóvenes del Movimiento 26 de Julio, de los combatientes de la Sierra Maestra, así como autor de varios actos terroristas organizados desde los Estados Unidos contra Cuba.

Al cine le asiste esta encomienda por la virtud de ficcionalizar lo documental, los hechos acreditados en pliegos, testimonios o memorias. Los sueños del Tigre. Paramilitares en Cuba, de Enrique Acevedo, es una gran entrega literaria que el arte cinematográfico documental debería dibujar para el culto de los jóvenes cubanos.

Texto tomado de Notas del Reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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