El baúl

Al día con el cine colombiano. Por: Octavio Fraga Guerra*

colombiaCon El abrazo de la serpiente (2015), del cineasta Ciro Guerra, abrió la octava semana de cine colombiano en La Habana. Sobre esta película el embajador de Colombia en Cuba, Gustavo Adolfo Bell, expresó en conferencia de prensa realizada en la sala Charles Chaplin: “es la pieza más galardonada en la historia del cine de nuestro país”.

El filme, estrenado en la Cinemateca de Cuba, cuenta “la épica historia del primer contacto, encuentro, acercamiento, traición y posible amistad que trasciende la vida, entre Karamakate, un Chamán Amazónico, último sobreviviente de su tribu, y dos científicos que con cuarenta años de diferencia, recorren el Amazonas en busca de una planta sagrada que podría curar sus males”, se describe en la sinopsis.

La muestra de cine colombiano incluye tres filmes de ficción y dos documentales. La tierra y la sombra (2015), de Cesar Augusto Acevedo García; Polvo carnavalero (2016), de José Camilo Pinzón; Destinos (2016), de Alexander Giraldo; Todo comenzó por el fin (2016), de Luis Ospina y Aislados, de Marcela Lizcano.

El evento, organizado por la Cinemateca de Cuba y la Embajada de Colombia en Cuba constituye una excepcional oportunidad para ponerse al día con los más significativos filmes de la producción colombiana caracterizada en estos últimos años por una creciente producción cinematográfica. La sala Charles Chaplin, acoge la muestra en su horario habitual de las 6 de tarde, de jueves a domingo. El día 10 del mes en curso se proyectará el documental Aislados; el 11, Destinos y el 12 y 13, El abrazo de la serpiente.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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La Habana entre fotos y crónicas. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Foto: OFG

Después de mucho tiempo retorno a la escritura de crónicas, esta vez para retratar La Habana. Una capital fotogénica, surrealista, que rejuvenece y presume de un largo balcón desde el que saboreamos ese hermoso mar que nos dibuja los silencios, las palabras. Y brisas costeras, interminables peldaños de un azul intenso que salpican salitre sin poder escapar de ese terco calor que nos abraza los andares, que pululan por estas calles de adoquines, vestidas con huecos de antaño o sinuosas líneas amotinadas.

Nuestra Habana esconde singulares historias. En ella habitan sabores antiguos, como ciudad de intramuros en pertinaz mestizaje con la modernidad, esa que por momentos transita palpitante, apacible y lustrosa.

Me apetece compartir esta Habana más allá de las fotos, hacia el interior de sus sonrisas y sustantivas verdades, sin dejar de escribir sobre el cine en mayúsculas, alineado a los principios fundacionales de CineReverso, una invitación a la lectura desde la imagen.

Aprovecho esta nota para subrayar los cambios realizados en la planta baja de este pequeño espacio de ideas, cultura y sueños por hacer. Cinco secciones identificadas como Audiovisuales, Asociaciones e instituciones culturales, Blogs, Publicaciones culturales y generalistas acogen más de 80 páginas y bitácoras de Cuba y otras latitudes, disponibles para sus habituales lectores y para los que la han encontrado por primera vez, gracias a los azares de las redes sociales.

Bon Appetit

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

 

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Imagine. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Obra del escultor cubano José Villa Soberón emplazada, en El Vedado. Foto: OFG

Como cada mañana habanera John Lennon se acicala los espejuelos que amanecen con sabor a rocío. Se despierta como siempre, afincado a los pastizales de un parque donde abundan los framboyanes y las ceibas mochas, tejidas de cultos y enredaderas.

En ese lugar, el fresco sabor a salitre asoma de improviso, venido del mar que se agita cerca. Los bancos de crudos herrajes persisten troquelados al suelo gris, en un recinto de muchas floretas donde el sol entra por todos los costados, dibujando sombras que parecen aguafuertes de sal como siluetas de palabras que inspiran preguntas.

Con muchas nubes amaneció este domingo. Habitan colgadas en un azul intenso, voraz, inmenso. Lennon garabatea en papel pautado las últimas notas de su próxima pieza. En sus apuntes se avista, en letras mayúsculas, la humanidad estremecida por el odio, la guerra y la hambruna que persiste aferrada a cientos de miles de hombres y mujeres que, cada día, buscan en el Norte el sueño que ha de ser construido en el Sur.

Mientras los turistas y compatriotas se hacen una foto, o muchas, Lennon se erige gigante, sereno, con los ojos atentos y el silencio encendido. En pleno apogeo de su labor creativa desparrama escrituras de notas y corcheas, centrado en el preciso tono y en el requerido compás de su próxima pieza, una balada de dos.

Entre una pausa y la otra, mira por entre sus gafas desnutridas a los que pasan aferrados por la curiosidad y el asombro de verlo en ese lugar, donde la felicidad se afinca, la paz se engrandece y el verso abraza en el reverso del sol.

Cada mañana, para que no olvidemos el mejor de sus temas, nos canta a capela su antológico Imagine, el himno de la utopía, el amor y el deseo.

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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Tres segundos en la Plaza Vieja. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Foto: Flor de Paz

Una veintena de turistas al acecho de los detalles arquitectónicos, vendedores ambulantes de periódicos, churros y golosinas de elaboración abstracta. Estatuas humanas que pulsan la perfección, el cuidado movimiento, el imperceptible descuido de su ropaje. En una esquina de tránsito, el Café Taberna Benny Moré, que estremece la Guantanamera de Joseito Fernández.

También en torno a la Plaza Vieja, la Fototeca de Cuba, una casa que arropa historias, soplos descascarados de tiempos pretéritos, encuadres de nuestro presente cotidiano, muchas veces surrealista, irrepetible, dimensionado. En esa esquina, el concurrido Planetario, erigido en lo alto del pedestal. Al frente, una galería de arte con acento colonial, virtuosas escaleras que lucen detenidas en el tiempo.

Al otro extremo de la acera, la mítica Factoría Plaza Vieja, un concurrido establecimiento donde se pueden degustar exquisitas cervezas en tres tonos, dispuestas a destronar la sed de los andares equívocos y erráticos. Un espacio desbordado, tomando para sí los adoquines de un mítico lugar de obligada visita, donde confluyen los sabores y acentos de Cuba.

Mientras todo discurre, las palomas se apropian de las rendijas de los adoquines, de las azoteas de las casas, de los andares de los visitantes o las pupilas de los cazadores de imágenes, congelando un instante, un singular momento, que puede medirse en apenas tres segundos.

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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Cuatro palmas y un nubarrón. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Foto: OFG

Se las quieren llevar de cuajo. Los nubarrones se afincan contra el suelo empeñados en sacarlas de raíz, resquebrajando el silencio, las preguntas, las palabras sustantivas, los pronósticos. Los últimos transeúntes se amotinan en los portales de una Habana amurallada, de prominentes columnas y encendidos herrajes.

Los cúmulos nimbos enfilan sus últimas ráfagas de aguaceros contra sus estilizadas estaturas, sus delgados esqueletos. Escupen sus odios nacidos en las cortezas de sus nubes henchidas, que impresionan nada más de mirarlas por primera vez.

Desatan sutiles sus colores altivos para engañar a los caminantes de otras geografías, seducidos por el encanto de sus prominentes colores, sus exuberantes formas, presos de la voluntad de un arsenal de cromatismos.

Las palmas siguen allí, aferradas al suelo; desafiando las ráfagas de lluvias, los vientos del norte y el vaho húmedo de la alborada, que hoy nació inquieto, delirante, desmesurado. Se aferran al suelo, sacuden sus hojas percioladas y remueven vigorosas los llantos de la lluvia, pues no se espantan del diluvio, del otro vendaval y del eco de los truenos que brota amenazante, pretendiendo amilanar la fuerza de sus bríos, que saben a Cuba.

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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Dos siluetas y un carromato. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Foto: OFG

Multiplicados, mestizos, promiscuos, resistiéndose a los ardores que rubrican las fábulas del tiempo, deambulan por esta ciudad incontables carromatos. Decididos a ser esenciales piezas arqueológicas en una Habana que no se detiene, que se agolpa por entre las horas, las lluvias, el trajinar de un día inconcluso y el erigido silencio.

Se exhiben arados, erguidos por el trazo de sus huellas, rechinando las curvas oxidadas de ruedas desgatadas con sabor a remiendos. Son parte de la cartografía de una ciudad empeñada en ser la más coqueta de un Caribe arrojadizo que nos viste de salitre, de polvo, simulando garabatos y desvelos. Es un mar henchido, dispuesto a tomar los espacios de luz, las preguntas que aún deambulan o los misterios que toda ciudad guarda con celo.

Mientras el terco mar se aferra en romper los muros de un malecón legendario, los carromatos sortean sus derroteros a destiempo, sin previo aviso, en quebradas dimensiones, ajenos a las normas, las curvas meteorológicas o las humedades que se antojan como cercos.

Soportan en sus espaldas cargas surrealistas, fantasmagóricas, cotidianas, asimétricas, tremebundas; alistan sus vértices escabrosos en reiteradas soldaduras de salitres, tejidos para afincar su delgado esqueleto, pues saben que no será la última ruta de un día, que en verdad no tiene nombre.

Un sofá a punto de ebullición, frutas y verduras para la plaza que no deja de mostrar precios de oro, sacos de escombros rasgados en algún edificio en ruinas del que tan solo quedan, aferradas, las columnas, las vigas de madera o los restos de un andamiaje de acero poblado de historias. Los últimos enseres de una mudada de ocasión, libros restaurados y relucientes para el feliz empezar de una escuela donde los niños asisten cada mañana con sus lustrosos uniformes y vibrantes pañoletas. Son estas también las huellas efímeras de sus fabulas, sus contiendas, sus terquedades risueñas.

Son cómplices de sus andares las paredes descascaradas de una ciudad hermosa que rejuvenece dispar, las grietas de las calles que soportan el peso de su ir y venir enrumbando al más inusitado de los destinos. Los claros de luz de un atardecer baldío, siempre inconcluso, o sábanas blancas afincadas en los balcones reveladas siempre en trazos performativos, sinuosas formas o como lienzos para el pintar de los cerros.

Esta ciudad, antaño amurallada, volverá a renacer con ese claro de luz, siempre limpio, brillante, emocionado, para erigir otro amanecer y recordarnos que han despertado del todo dos siluetas y un carromato.

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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Un lunes excepcional. Por: Octavio Fraga Guerra*

Bailarina de la Compañía Ecos en la Gala por el 55 aniversario de la UNEAC. Foto: Cubadebate

Bailarina de la Compañía Ecos en la Gala por el 55 aniversario de la UNEAC. Foto: Cubadebate

Una voz ceremoniosa irrumpió el calmado y festivo dialogar de la noche, fueron unas breves palabras convidando a los presentes a ponerse de pie para cantar, todos, nuestro himno.

El Coro Nacional de Cuba, dirigido por la maestra Digna Guerra, tomó los más recónditos nichos de Sala García Lorca, del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Junto a ellos, los invitados a esta Gala celebramos los 55 años de la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en homenaje a a Fidel por su 90 cumpleaños.

Nuestro himno pobló las estelas del hermoso teatro, pues esta gala es por la Patria, por los principios fundacionales que caracteriza a los cubanos y nos define como una nación profundamente martiana.

Tras el emotivo momento irrumpió el arte para el recuerdo, la evocación comprometida con el poeta Nicolás Guillén, el fundador de la UNEAC. Una gran pantalla colmó el escenario de la sala García Lorca, un telón exhibió sobrias fotos vestidas en blanco negro.

Fueron composiciones pausadas, comedidas, de austeras formas. El Poeta Nacional nos recordó de su rítmica, su cubanía, su apego a los pilares de nuestra cultura, erigida sin andamiajes edulcorados y glamorosas escrituras. Guillén estaba allí por esa magia que construye el arte audiovisual y la férrea voluntad de los recuerdos.

El etnólogo y escritor Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, tuvo a su cargo las palabras del recuento. Fue un momento para la reflexión desarrollado en un sustantivo texto que invitó a los escritores y artistas a repensar lo mucho por hacer, sin dejar de subrayar la responsabilidad que tenemos todos, desde nuestros saberes, con la obra cultural de la Revolución Cubana.

Barnet nos regaló unas palabras de nuestro Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro, quien tuvo el gesto de enviar para ese momento unas notas de reconocimiento y memorias.

El Coro Nacional de Cuba colmó nuevamente el proscenio. La maestra Digna Guerra pulsó la noche con textos de Nicolás Guillén y Leo Brouwer. La primera pieza, “A veces”, estuvo interpretada también por el solista Bismarck Estupiñán, quién puso sentidos tonos a la música compuesta por Electo Silva. “Cantico de celebración” fue el cierre de esta entrega devenida festín, necesario clímax.

El escenario fue “removido” con cuidadosa pulcritud. Un imponente piano se avistaba en lo profundo del lustroso tablado. Sobre sus teclas, el joven pianista Roberto Carlos Rodríguez interpretó dos piezas del cubanísimo Ignacio Cervantes. “Invitación” y “Los tres golpes” fueron las obras del genuino momento. Con estos aparecidos primeros apuntes culturales se avizoró lo que resultó ser después una noche de integración, de diversidad artística, de probados talentos.

La cultura cubana no reniega de lo que otras le han regalado, la presencia y desarrollo de no pocas agrupaciones y solistas en nuestra Isla, construidas desde otros acentos, es la mejor expresión de ese precepto.

ECOS tuvo a su cargo ese cometido cuando interpretó coreografías de Ana Rosa Meneses. Las piezas “Sevillanas” y “Fandango” confirman lo plural de nuestras tradiciones, lo vital de las expresiones artísticas. La nación ha sido edificada desde las raíces de muchas otras culturas, sin renunciar a los pilares que distinguen a la nación cubana.

La Habanera tuvo espacio en esta Gala de lujo devenida histórica. La soprano Milagros de los Ángeles, secundada por la pianista Vilma Garriga, interpretó “Tú”, de Sánchez de Fuentes. Con esta pieza se amplió el abanico de apuestas artísticas, fortalezas de nuestras raíces culturales.

El eclecticismo fue uno de los distingos de la puesta en escena. Los bailarines Chanel Cabrera y Françoise Llorente tomaron para sí “Muñecos”, del Maestro Alberto Méndez. Secundados por la música de Rembert Egües, confirmaron la energía del Ballet Nacional de Cuba, del que estos danzadores forman parte. Dominio de la técnica, uso de la requerida gestualidad, acusada expresión corporal, son tan solo tres de los adjetivos que se les debe regalar a estos jóvenes talentos.

Lecuona no podría faltar a esta cita, el trio que lleva su nombre interpretó dos de sus conocidas piezas, “Conga de medianoche” y “La comparsa”. Versátil registro de notas y acordes, apego a los cimientos de la obra de un compositor son distingos de esta agrupación edificados en una Gala colmada de sabiduría y requerido profesionalismo, probados caminos para dejar al margen la chabacanería, el mal gusto, el intrusismo, la mediocridad.

Arropando lo más genuino de la cultura universal, la noche se volvió a pintar con el Ballet Nacional de Cuba. Con coreografía de Alicia Alonso, se interpretó el Pax de Deux del ballet Don Quijote, y música de Ludwig Minkus.

Los jóvenes Ginnet Moncho y Adrián Masvidal nos regalaron su virtuosismo frente a una pieza compleja, de requerido esfuerzo físico, de probado dominio de sus claves escénicas. El talento que exhibieron en esos pocos minutos que parecieron gigantes, se esconden las muchas horas de entrega, de constancia, de repensar cada movimiento o gesto no logrado.

Nuevamente el tablao de la Sala García Lorca vibró con las brasas de la cultura cubana. La agrupación Yoruba Andabo estremeció los cimientos del teatro con el repiquetear de los tambores, con las voces rumberas de sus intérpretes. Multiplicaron sus mejores espíritus desatados por una institución cultural que ha sabido entender y erigir desde las múltiples raíces de un árbol, de una Palma Real crecida en medio de una isla, decididamente soberana. El tema “Rumba Libre” hizo lo suyo para tejer esta atmósfera en los pilares de un teatro, predominantemente clásico.

El cierre estuvo a cargo del Septeto Nacional de Cuba. El Son de Ignacio Piñeiro revotó en los anclajes de un lunes excepcional. “Esas no son cubanas” y “Échale salsita” pulsaron el baile de Irma Castillo y Ulises Mora, una pareja que tomó “cada rincón” del escenario sin perder de vista las esencias de nuestro baile más popular.

Pero el convite estaba hecho. Todos y cada uno de los participantes bailaron al compás de Ignacio Piñeiro, dejando una huella de la vitalidad de nuestra cultura, valores artísticos y tradiciones que siguen vivas, fortalecidas, renovadas.

Por ese requerido compromiso con el poeta Nicolás Guillen, por ese deber de tenerlo presente entre nosotros, las voces de los actores y actrices Susana Ruiz, Alberto González, Verónica Lynn y Alden Knight, interpretaron algunos de sus poemas, siempre oportunos, requeridos, genuinamente cubanos.

Texto tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Los signos de un retrato íntimo. Por: Octavio Fraga Guerra*

Fidel Castro. Retrato íntimo

Una exigua contraluz se proyecta en el contorno de su rostro, en su icónica estatura. Su desarreglada barba y su gorra guerrillera bastan para dibujar al personaje. Es la virtud de la sobria fotografía, del trazo erguido pintado por la lente y el ingenio cuando se afana en seducirnos. Y lo logra, para retratar las esencias de un hombre moral.

Esa es la imagen de cabecera al interior de Fidel Castro. Retrato íntimo, del fotógrafo Alex Castro, preámbulo del libro que resume y anticipa el vasto discurso de sus páginas al cuidado de Ocean Sur, una editorial cuyo prestigio está suscrito por el rigor y la pluralidad temática de alcance universal. Asimismo, destaca su apuesta cultural de excelencia, empeñada en fortalecer la memoria, el pensamiento progresista y la historia de nuestros pueblos de América.

Permeada de colores, una primera selección de fotos nos revela los signos del retrato que definen la escritura del autor. Son textos trazados en variopintos encuadres erigidos como apuntes humanos, dispuestos a dibujar un hombre lúcido, imprescindible, cercano. Alex aprovecha cada resquicio de luz y los momentos que la impronta le regala para delinear lo sustantivo del rostro, lo singular de la fisonomía.

Con estas fotos el artista comparte la cotidianidad de Fidel, sus avatares en los espacios sociales, los encuentros con amigos. En ellas habitan los pliegues de su piel curtida de lunares, los singulares gestos de sus alargadas manos, las expresiones de un hombre de probado carisma; un líder capaz de cautivar multitudes atentas a su oratoria, en cuyos vórtices afloran las ideas, los argumentos y la pasión que fortalece el sentido de sus palabras.

Son las huellas de un hombre vital, dialogante, activo, arropado con su simbólico verde olivo y su charretera de Comandante en Jefe. En estas impresiones mora también retratado desde el desenfado, vestido con ropa deportiva, próximo, sosegado. Son las notas relevantes de estas piezas, caracterizadas por trazos de acabadas texturas donde afloran la ruptura con las etiquetas, al jerarquizar lo auténtico de nuestro Fidel.

Es coherente en Alex Castro que en este primer capítulo de la antología se desprenda de los fondos para signar la piel de su retratado, los gestos que le distinguen, las miradas que lo definen. Son variadas expresiones impresas en un cuidado volumen, en cuyo espectro se delinea la denotada búsqueda por escribir cercanía, transpiración del tiempo, humanización de su personaje. Todas ellas constituyen logradas aspiraciones marcadas por la requerida intencionalidad, a contrapelo del arte por el arte, siempre insulso, signado por el vacío del intelecto.

Un segundo capítulo se concibe para este libro abriendo el espectro iconográfico del Comandante. Son entregas fotográficas de Fidel y su relación con el pueblo, con los intelectuales, con los jóvenes, a los que siempre les dio sustantiva importancia.

El artista moldea su discurso influenciado por las circunstancias, por lo que le ha impuesto el curso de la vida de su padre. Sustenta sus apuestas documentales con una suma de ángulos inversos desde el enriquecido encuadre o lo relevante de cada momento. Todo ello, con apego a los fundamentos del testimonio, a la encomienda de registrar los singulares momentos de un protagonista de nuestra historia, coherente con sus principios multiplicados entre millones de cubanos; un hombre que no cesa de trabajar, de desarrollar una labor intelectual en función de la sociedad, de su pueblo y los desafíos de la era global, cada vez más edificada con instrumentos sinuosos.

Fidel Castro. Retrato íntimo se descubre también con la exigida perfección y belleza que transpira del blanco y negro, en una selección de fotos que resaltan la vistosidad de su pelo cano, la agudeza de sus expresiones y las impares poses que le caracterizan. El artista pulsa los sentidos de los lectores cerrando el cuadro para “ponernos” en el momento que él supo atrapar.

En la tercera serie el autor establece una relación de cercanía, de narración contenida, de diálogo interpersonal con su padre. La idea es apresar el momento para el curso del tiempo, para los impares nichos de la memoria. Son las fotos de un hidalgo excepcional que Alex Castro pintó como pátinas pictóricas de muchos retratos complementados, hilvanados entre sí. Las piezas fotográficas emergen erguidas, descollantes, simbólicas, vertidas en el papel tras las huellas cómplices de luces y sombras.

Son un conjunto selecto, subrayado por la plasticidad y lo onírico, tejido con velos de metáforas de impares composiciones. El fotógrafo las entrega tras un cuidado trabajo de edición, pues sabe que se impone marcar la diferencia respecto a las otras series claramente delimitadas en el libro. Los signos de esta selección habitan en el núcleo del volumen y conviven, en estado jerárquico, con la foto documental, con lo familiar de las otras entregas fotográficas que han trascendido en los medios.

Una serie mayor secunda el punto de giro de este compendio, la más extensa de todo el texto. Suman 48 instantáneas de Fidel acompañado de sus amigos, amigos en mayúsculas. La encabeza el entrañable Comandante Hugo Chávez; también aparecen Dilma Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Álvaro García Linera, Cristina Fernández de Kirchner y Nicolás Maduro. Son tan solo algunos de los líderes honorables retratados en esta compilación, firmada con acento documental, construida desde los postulados ideoestéticos de la fotografía familiar, donde las poses destilan ingenio, desenfado, momentos irrepetibles. Alex se apropia de todo ello y nos los regala.

Las imágenes delatan la familiaridad de los invitados del Comandante, el trato cálido que este les concede. El artista legitima sus ángulos apropiándose de la luminosidad del espacio, de los vibrantes colores que le acechan. Son aliados de su labor, de la que se sabe testigo y autor excepcional.

En este retrato íntimo, Alex y el sello editorial que lo secunda, no construyen las imágenes cimentando la vistosidad de sus páginas cromáticas o los muchos detalles que nos permiten percibir alientos, sonrisas, palabras regaladas o compartidas que emergieron, sin dudas, como llanos gestos de complicidad.

Se integran también las fotos de otros amigos del líder de la Revolución cubana: los actores y activistas norteamericanos Danny Glover (acompañado por James Early) y Harry Belafonte; el periodista y corresponsal de guerra uruguayo Walter Martínez; el cineasta estadounidense Oliver Stone; el luchador antiterrorista cubano René González; la abogada y política colombiana Piedad Córdova; el escritor colombiano Gabriel García Márquez; el escritor y periodista español Ignacio Ramonet; el astro del futbol argentino Diego Armando Maradona y el teólogo brasileño Frei Betto.

El creador fotografía estos pasajes de íntimas envolturas componiendo una diversidad de situaciones, de momentos que han trascendido en las redes sociales. Ante esa fuga de imágenes, su obra se dispersa, se diluye por los recovecos de la era digital.

Entonces se impone una pensada parada para construir un andamiaje de imágenes discursivas, emotivas, “informales” y trascendentes, desafío resuelto en el gramaje del papel, sueño de todo fotógrafo. Pero es la historia quien les asigna un lugar, un estrato de simbologías. Ocean Sur, con este libro, asume dicho cometido para redimensionar lo que el autor delineó con su lente.

Se advierten instantáneas construidas con sólidos sentidos, solucionadas con sustantivas narraciones que el artista nos relata. En ese interactuar de su retratado con los otros, erige a un hombre vibrante, cálido, cercano, atento a sus invitados, que no escapan de la seducción y la cómplice virtud de ser los amigos de siempre; esos que vuelven cada vez para estrecharle la mano, edificar un abrazo o dejarle estampado un beso en su mejilla poblada de una barba rebelde, ilustre, redentora.

Cierra el volumen con una pequeña muestra de fotos, cuyos protagonistas son la familia de los Kennedy y el expresidente de los Estados Unidos James Carter y su esposa.

He dejado para el final lo que quizá para muchos podría haber sido el principio de estas notas: la portada. Alex Castro retrata a su padre con una camisa blanca, algo inusual en la iconografía del Comandante. El creador funde ese instante fotográfico mediante el diálogo, la búsqueda de un ángulo inusitado, un gesto, una mirada cómplice. La foto revela esa íntima relación cimentada por el amor entre un padre y su hijo.

Esta es la más virtuosa entre todas las imágenes que componen Fidel Castro. Retrato íntimo, la que mejor expresa intimidad, cercanía, afectos; la que revela al humanismo de un hombre excepcional, cuyo sentido de la vida es el de las nobles causas.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Sala Estorino le abre las puertas al cine cubano. Por: Octavio Fraga Guerra*

La compañía teatral La Colmenita en la sala teatro Abelardo Estorino

La compañía teatral La Colmenita en la sala teatro Abelardo Estorino del Ministerio de Cultura de Cuba

En una reciente nota de prensa publicada por el ICAIC, se anuncia la apertura de un espacio para socializar el cine cubano: la sala Abelardo Estorino, teatro que acoge en su sede el Ministerio de Cultura.

Si miramos el concepto de trabajo comunitario, visto desde la perspectiva de lo periférico, esta acertada idea desmonta toda la arquitectura teórica del término para articular con la praxis la política cultural de la nación, sin dudas, la más útil de todas las posibles.

Esta línea de programación artística que se suma a las ofertas de artes plásticas, teatro, música, y otras presentaciones especiales, redimensiona las funciones de una institución constituida para concebir y gestionar las políticas culturales de nuestra Isla. Un organismo administrativo que, desde la coherencia, responde a la idea de que cada espacio posible, es un espacio de cultura.

Esta pequeña sala equipada con los mínimos que exigen las tecnologías del proscenio y lo digital, es también un centro geográfico del arte y la cultura de la nación, necesaria para construir el gusto, cultivar el talento, socializar la lectura, entendida esta última más allá del libro. A fin de cuentas, cuando dialogamos con una propuesta artística o cultural, hacemos eso, leer. La invitación para el cine cubano, será el tercer viernes de cada mes, a las 6:00 p.m. Las puertas del Abelardo Estorino están abiertas.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Con todos y para el bien de todos. Por: Octavio Fraga Guerra*

Postal JiribillaMe sumo a las felicitaciones de la revista cultural La Jiribilla, publicación de la que tengo el gusto de formar parte, deseándoles a los amigos y lectores del blog CineReverso un año 2016 de muchas alegrías, de proyectos cumplidos y el incansable deseo de hacer nuestro planeta un mundo mejor: “Con todos y para el bien de todos”.

OFG*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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