La otra mirada

Los depredadores del agua… al acecho. Por: Octavio Fraga Guerra*

sedEstamos ante un tema del que lo “sabemos todo”. Eso sí, apertrechados de tópicos, de conceptos fragmentados, de aproximaciones que parecen revelarnos un todo sistémico. Y en verdad, tan solo son eso, aproximaciones.

Las documentadas disminuciones de recursos hídricos de valor humano provocadas por el declive de precipitaciones asociadas al cambio climático, los usos del agua con fines industriales o agrícolas cuyos efectos colaterales se “expresan” desde la fotografía de un agrietado planeta, las largas extensiones de tierras corroídas en zonas desérticas, convertidas hoy en iconos estremecedores de una verdad planetaria, son parte de esa contribución al conocimiento cristalizadas en terminologías y en signos.

Ante esta manta desgarradora -por momentos lapidaria- no faltan las campañas que logran con mayor o menor acierto, “hacer conciencia” sobre la gravedad de un asunto que nos parece distante. Un peligro que le tocará sufrir a “otras generaciones” y sin embargo es cada vez más visible en nuestro plural presente.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que para el 2025 la demanda del agua se incrementará en un 56%, que supera las capacidades reales de las que dispone el planeta para satisfacer a una población creciente. Pero el tema tiene otras aristas, rutas que debemos leer con mirada sustantiva para percibir la corporeidad de sus raíces o sus vertientes y que no se calculan en metros cúbicos.

El documental Sed, invasión gota a gota, de la cineasta argentina Mausi Martínez, nos estimula a transitar por otros derroteros entre los que podemos intuir verdades posibles o rumbos ya transitados por la geopolítica. Tan solo nos vale –en principio- leer la historia, de ese tiempo fraguado por pretéritas guerras de conquistas donde el petróleo y el gas han sido, y siguen siendo, pretexto de campañas desestabilizadoras, de lobby de opinión, de inútiles reuniones de diplomáticos que responden a los mandatos de las multinacionales. En un período histórico donde las sutilezas de la diplomacia andan desterradas, poniendo en primer plano el “torcer el brazo”. Sin embargo, ellos se venden como “representantes de la comunidad internacional”.

Este filme de acento retórico y fuerza argumental construye un texto tomando como puesta en escena al acuífero Guaraní. Una zona compartida por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay que supera el millón novecientos mil en kilómetros cuadrados de superficie y alberga hoy una de las mayores reservas de agua de valor humano en nuestro acuchillado  planeta.

No es casual esa mirada fílmica y ese escenario como espacio simbólico para desglosar una batería de pretextos. Un “tablado” en el que urge poner nuestras miradas para entender la complejidad y evolución ante una ruta, aun hoy inocua. Y es que la historia de la conquista por el petróleo y el gas en el Medio Oriente sirve de paralelismo para prever que en los próximos años o en tan solo una década, las guerras serán también por el agua.

El documental no trata sobre lo medular que resulta tener una actitud práctica y responsable con el consumo del agua. No es un filme al uso sobre lo urgente que resulta cambiar nuestra relación en torno a los recursos asociados a este capital elemento de nuestro planeta. Se tejen de manera “subterránea” otras claves que debemos entender y que superan lo obvio de términos como: medio ambiente, cambio climático, energías renovables y otras afines, que conforman ese telar de ideas y claros significados de diálogos cotidianos.

Esta no ficción descansa su puesta en la palabra como eje discursivo ante la casi ausencia de grafismo, de resortes estéticos agregados que en ocasiones visten de riqueza a una obra de marcado acento de denuncia, de alerta previsora. Sed, invasión gota a gota nos seduce con ese vestir de palabras que como abanico de lecturas nos invita a reflexionar sobre las claves que pululan en las diversas capas que distinguen a un esqueleto, que amerita ser vestido con todo su ropaje.

Toma del periodismo -en particular la entrevista- para ser parte de ese dialogo enriquecedor y cautivo. Y claro, no jerarquiza los personajes que confluyen en la obra. Pone de relieve las tesis o pruebas de cada interlocutor, montados sobre una lógica que apunta hacia las fases en las que se mueven los acusados intereses espurios. En una era de construidas acciones desestabilizadoras, gestadas con muchas dianas contra los gobiernos que defienden los intereses de sus naciones.

Cabe significar las aristas presentes en este filme. Entre ellas, el agua como recurso estratégico, las corporaciones que “vuelan” como aves de carroña sobre la superficie de este esencial bien humano, los pretextos de la geopolítica para predecibles acciones guerreristas y el rol de los de siempre, de los grandes medios de comunicación como instrumentos y parte esencial de los protagonistas de este entramado. El FMI y el Banco Mundial que no dejan de aparecer en cuanto pastel “toca repartir” por el mundo, la ofensiva mediática contra gobiernos legítimos que defienden sus recursos naturales de la fauces de los que se sienten “con derecho” a tomar lo de otros, el adelgazamiento de los gobiernos y el descafeinado de las leyes que protegen sus recursos naturales. Sin olvidar algo cada vez más presente y protagónico: las organizaciones no gubernamentales, que sirven de avanzadilla o punto de fragmentación para subvertir o deslegitimar las políticas que salvaguardan la soberanía de las naciones.

Todas estas “baldas argumentales” son parte del tejido de este filme documental, que su creadora ubica o jerarquiza durante el desarrollo del texto fílmico. Una pieza de claros aciertos que debemos leer con acentos y ubicarla en contexto, en tiempos, en escenarios posibles, ante esa virtud del género que nos permite leer un todo razonado. Como ese imprescindible ensayo cinematográfico donde el punto de vista del autor está escrito en toda la pantalla.

Pero se impone significar a los sujetos textuales de esta obra fílmica: periodistas, diplomáticos, científicos, líderes sociales y de opinión, políticos o empresarios que confluyen en ese todo de Sed,… para conjugar sus partes de verdad y puntos de vista. La realizadora los lleva al dialogo cercano, renovador, desprovisto de hojarascas mediocres. Sostenido por una fotografía que no se regodea en encuadres de rebuscada intencionalidad y vanguardismos pretensiosos, la sobriedad y el acento llano es lo prima en este texto bajo esa necesaria idea de potenciar lo testimonial sobre lo que le se dibuja como forma al uso.

Los protagonistas de este filme asisten invitados por la realizadora y, ante un supuesto caos de sustantivos o verbos, incluso adjetivos, transitan por períodos o hechos donde se revelan términos tan peligrosos como “células dormidas”, “guerras preventivas”, “objeto del deseo”. Una suma de metáforas o palabras que sirven para intuir o acertar por dónde van los cauces de una historia “dormida” y que la autora de esta obra mayor se ha empeñado en despertar por esa ganada virtud del género documental, de compartir ideas, multiplicar el conocimiento, revolucionar los argumentos por encima de lo trivial, lo intrascendente y hacerlo como obra de arte.

En esta pieza de “palabras al vuelo” cada interlocutor de opinión es un denotado músico de una gran orquesta, cuyas notas una vez interpretadas se visten de virtuosismo o relevancia. Sus testimonios responden a la intencionalidad de la cineasta documental, la de significar o denunciar los peligros que arrecian a la humanidad ante la creciente escases de un bien esencial para la vida.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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Releyendo “La batalla de Chile”. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

La batalla de Chile 1“Hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela. Las piezas están cayendo en su lugar como una mala película de la CIA. A cada paso un nuevo traidor se revela, una traición nace, llena de promesas para entregar la papa caliente que justifique lo injustificable. Las infiltraciones aumentan, los rumores circulan como reguero de pólvora, y la mentalidad de pánico amenaza con superar la lógica. Titulares en los medios gritan peligro, crisis y derrota inminente, mientras que los sospechosos de siempre declaran la guerra encubierta contra un pueblo cuyo único delito es ser guardián de la mayor mina de oro negro en el mundo” (1).

Con estas palabras abre su artículo Eva Golinger, abogada, periodista y escritora norteamericana nacionalizada venezolana. El texto, Venezuela: Golpe en tiempo real, de honduras y aciertos anticipó lo que en días pasados fue un hecho. El aborto de un plan golpista gestado por la derecha servil y reaccionaria del gobierno de los EE.UU. Una excrecencia de acento burgués, que se aferra errática pretendiendo truncar la ruta Bolivariana de una nación que puso en la mira a los más pobres. A los que el escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor del insustituible texto Las venas abiertas de América Latina, “santificó como los nadie”.

El autor del ensayo, Estado, Capitalismo y Democracia en América Latina, el argentino Atilio Borón, con la agudeza que le caracteriza describió un “nuevo” escalón de las estrategias desestabilizadoras venidas de la Casa Blanca.

“Ya no son aquellos obscenos paniaguados del imperio, tipo Leopoldo López, María Corina Machado o Henrique Capriles los que impulsan la desestabilización y el caos, sino la propia Casa Blanca. Un imperio “atendido por sus dueños” que descarga una batería de medidas de agresión diplomática y sanciones económicas que se montan sobre la campaña de terrorismo mediático lanzada desde los inicios de la Revolución Bolivariana hasta llegar, en los días pasados, a promover un golpe de estado en donde las huellas de la Casa Blanca aparecen por todos lados” (2).

Un texto publicado por Rebelión tomado de Barómetro Internacional, nos recuerda los violentos y claramente condenables hechos desatados en febrero del año pasado por la derecha reaccionaria venezolana que encontró apoyo –como hasta ahora-, de la red mediática internacional y local, para derrocar al legítimo gobierno que preside Nicolás Maduro. Se impone recordar que estas acciones vándalas, provocaron la muerte de 43 personas y otros 878 lesionados. Una “aventura” condenada por los gobiernos y pueblos del ALBA conocida hoy como “La Salida”.

Su autor, Diego Olivera lo escribe en estos términos. “Es importante señalar que los empresarios desarrollan una política criminal, contra la sociedad venezolana, que negaron el dialogo, sus respuestas son los actos violentes, con estudiantes, paramilitares y marginales, hicieron barricadas en las principales arterias de las ciudades de Venezuela, donde decenas de personas perdieron la vida, muchos vehículos y edificios gubernamentales, fueron destrozados. Pero ni la MUD, ni los voceros de EEUU, reconocen su responsabilidad, será que el vicepresidente de EEUU, no “hablo de un golpe en proceso”, a mandatarios del Caribe, cuando se refería a la desaparición de los acuerdos de PetroCaribe, en llevar a estas Islas un petróleo, en intercambio de crudo, por productos y tecnología” (3).

José Vicente Rangel, quién fuera vicepresidente del gobierno Bolivariano junto al Comandante Hugo Chávez, -uno de los analistas políticos más respetados en la nación suramericana-, redimensiona y actualiza este candente tema en dos ideas fundamentales.

“En Washington están conscientes de su debilidad, de sus divisiones y escasa capacidad de convocatoria. Al mismo tiempo consideran que el chavismo conserva su fuerza, cohesión y capacidad para enfrentar dificultades. Para salir airoso, como lo ha demostrado en distintos circunstancias. Derrocar a Maduro no es fácil, y más si quienes se lo proponen no constituyen opción para la mayoría del pueblo venezolano. Al mismo tiempo, en la región el gobierno chavista cuenta con amplia solidaridad y cualquier intento por acabar con la institucionalidad democrática y con un gobierno producto de elecciones libres, provocaría un contundente rechazo” (4).

Rangel añade en: ¿Nos van a invadir? “Sus gobiernos, Republicanos o Demócratas, embisten contra Venezuela. Han probado todos los formatos para acabar con el proceso bolivariano: golpe de Estado (11-A); sabotaje petrolero; terrorismo; guarimba; guerra económica; bloqueo parcial; financiamiento de la oposición; campañas mediáticas, y el resultado siempre fue la derrota. ¿Qué le queda por intentar? De antemano sabe, y lo ha comprobado en cada uno de esos episodios, que la revolución cuenta con sólido apoyo popular y militar. ¿Golpe de Estado exitoso sin militares? ¡Imposible! ¿Rebelión popular exitosa sin pueblo? ¡Imposible! ¿Triunfo electoral sin oposición seria? ¡Imposible! ¿Qué hacer? Solo falta intentar la invasión armada”.

La cronología post de estos hechos sigue aflorando y ellas nos aportan pruebas contundentes de un escenario construido por esa turba inmoral que fragmentada, atiza para desestabilizar la obra de un proyecto genuino y humanista. De una nación que ha sabido emerger bajo el legado y la praxis latinoamericanista del Comandante Hugo Chávez, que junto al invicto Comandante de la Revolución cubana, nuestro Fidel, sentaron las bases para la unidad de nuestros pueblos y hacer posible, que la voz de Nuestra América se sienta como una sola.

Todos estos hechos que son historias vivas, tienen un antes, un mapa preciso, una memoria. El cine documental ha escrito textos que son perdurables. El “cine verdad” nos permiten redimensionar y actualizar, lo que el presente hereda como huella en un pasado, -ni lejano ni ajeno-, es la ruta que América Latina ha tenido que sortear, en tiempos donde en nuestro planeta siguen aflorando “brotes” guerreristas y “pretextos” para nuevas cruzadas, “salvadoras y civilizatorias”.

Heredar ese cumulo de saberes es un goce, una virtud que ha de ser compartida. El género documental nos escribe historia y nos invita a pensar. Ante la desmesura y el atropello de tantas banalidades que nos permea y nos nubla –o al menos eso pretenden-, los inmorales medios de comunicación que son parte de esta soldadesca invasora.

De esa remota producción, de ese cumulo de historias heredadas –ante estos hechos- se impone leer la trilogía del cineasta chileno Patricio Guzmán. Una obra que el escritor español Manuel Vázquez Montalván, erigió con estas sentidas palabras.

“Si en mi mano estuviera, yo declararía La batalla de Chile película de interés democrático y obligaría a que se utilizara como material escolar. En cambio, la Junta de Calificación Cinematográfica (en España) la ha declarado no apta para menores… De la película solo derivan enseñanzas constructivas y se puede llegar a sabias conclusiones, que son la raíz misma del debate de la izquierda” (5).

Esta trilogía, su creador las tituló con estos cabeceros. La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de estado (1976) y El poder popular (1979). Tres grandes piezas que tuvieron la complicidad del escritor, fotógrafo y director de cine francés Chirs Marker, a quién se le atribuye la creación del documental subjetivo.

El apoyo de la revista Chile Hoy, que dirigió Marta Harnecker, exiliada posteriormente en Cuba tras el golpe de estado del dictador Augusto Pinochet fue vital para darle cuerpo y sentido a una obra de valores perdurables.

A esta nomina de talentos se sumó el cineasta cubano Julio García Espinosa, que para ese período estaba imbuido con los sabores del surrealismo italiano.

Este hoy urgente texto fílmico, se construyó en los predios del ICAIC quién la acogió bajo la voluntad del intelectual cubano Alfredo Guevara. Fundador de tan prestigiosa institución que hizo suya la idea de un cineasta, que en los anales de la historia del cine documental latinoamericano, resulta referente y universal.

Ante los paralelismos y retrospectivas de los hechos presentes en Venezuela, La insurrección de la burguesía resulta la pieza a tomar en cuenta. Guzmán “toma la calle”, y lo hace desde el genuino mástil del periodismo documental.

En esa experiencia fílmica vital, retrata los ataques y contraataques ideológicos entre una izquierda popular comprometida con la fuerza y el ejemplo de Salvador Allende. Y que desde otra cartografía, se adentra en los entramados de una burguesía que abortó y torpedeó, la genuina obra de un líder socialista que no ceso en su empeño por construir una sociedad donde los pobres estuviesen en el pedestal de la dignidad humana.

No cabe duda que los hechos y las estrategias se repiten. El escritor, académico y ensayista uruguayo Jorge Rufinelli, sobre esta primera entrega, describe su personalísima visión que ilustra esa arquitectura presente en los momentos claves de este documental.

“Se trataba de las “cacerolas” de la burguesía que sonaban en las noches, de las huelgas de diversos sectores, de la violencia de los grupos de choque de Patria y Libertad, de la violencia verbal con que la prensa escrita, radial y televisiva atacaba al gobierno, del muro de contención a todas las medidas de la Presidencia levantado por el Congreso y el Poder Judicial. La película fue un extraordinario registro de esas actividades “subversivas”, así como la actitud ambigua de las Fuerzas Armadas, que parecían respetar sin convicción la autoridad del jefe máximo” (6).

Sobre estas percepciones de Rufinelli, cabe apuntar que el escenario político de la Venezuela Bolivariana, dista mucho de lo que describe el autor de El cine de Patricio Guzmán. Solo significar los apuntes en torno a las formas y estrategias –bien sintetizadas-  donde la derecha chilena desató acciones desestabilizadoras en los meses previos al golpe de Estado, y que abortaron la ruta de la Unidad Popular, que emergió como ganadora de las elecciones en aquella década.

La estructura de esta primera entrega, delata lo que aconteció en Chile previo a la asonada golpista. Una primer largometraje, con un marcado sello narrativo cuyos ejes estructurales se sostienen desde el periodismo de calle. Otros cinco, identificados como, -y esto es relevante-, “Acaparamiento y mercado negro”. “El boicot parlamentario”. “Asonada estudiantil”. “Ofensiva de los gremios patronales”. “La huelga del cobre”.

Cuatro de estos segmentos con las portadas definidas en el filme documental, han sido parte de las estrategias desestabilizadoras que pretenden catapultar la obra y el empeño de una Revolución Bolivariana en marcha. Un proyecto cuya continuidad nace de los cimientos –definidos como Misiones-, que gestó e impulsó el invito Comandante Chávez. Visionar este documento, con lectura de historia presente significa revelar las burdas patrañas de una oligarquía que mira más a Miami, que a su rica historia y cultura.

Esa es una de las caves por la que debemos retomar textos audiovisuales como este. Una obra que se construyó con un estilo periodístico genuino, cuyo acento en pantalla lo tuvo la entrevista como parte de una dinámica esencial de convulsos acontecimientos. Un narrador presente muchas veces en pantalla, que clarifica, se posiciona ante los hechos, revela o jerarquiza las rutas políticas que fueron los ejes de una historia consumada. Guzmán, resume o informa de la evolución de un período de la historia de Chile, que trascendió sus fronteras, para hacer de esos hechos un asunto de todos.

Visionar esta primera parte del filme La batalla de Chile, resulta medular y necesario para significar y anticipar futuros hechos, que la soldadesca mediática pueda desatar, ante una Venezuela que se empeña en hacer por los “sin nadie”.

Notas

  1. http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/02/01/venezuela-golpe-en-tiempo-real
  2. http://www.atilioboron.com.ar/2015/02/acotaciones-sobre-el-golpe-frustrado-en.html
  3. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195572&titular=política-de-obama-va-contra-el-presidente-maduro-y-el-gobierno-bolivariano
  4. http://www.aporrea.org/tiburon/a202919.html
  5. Rufinelli, Jorge. El cine de Patricio Guzmán. En busca de las imágenes verdaderas. (Uqbar Editores, 2008) pp, 89.
  6. Ibídem. pp, 95.

Sinopsis

Salvador Allende pone en marcha un programa de profundas transformaciones sociales y políticas. Desde el primer día la derecha organiza contra él una serie de huelgas salvajes mientras la Casa Blanca le asfixia económicamente. A pesar del boicot –en marzo de 1973– los partidos que apoyan a Allende obtienen el 43,4 por ciento de los votos. La derecha comprende que los mecanismos legales ya no les sirven. De ahora en adelante su estrategia será la estrategia del golpe de estado. “La Batalla de Chile” es un fresco que muestra paso a paso estos hechos que conmovieron al mundo.

Ficha técnica (Reducida)

Dirección, producción, guión: Patricio Guzmán.

Director de fotografía y cámara: Jorge Müller Silva.

Montaje: Pedro Chaskel.

Sonido directo: Bernardo Menz.

Casa de producción: Equipo Tercer Año (Patricio Guzmán).

Soporte de rodaje: 16 MM. Blanco y negro. Soporte definitivo: 35 MM (1.85), DVD y Beta Pal.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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ReMine: una crónica fílmica con acento minero. Por: Octavio Fraga Guerra* (Video + imágenes)

ReMine 1En estos últimos años, España vive momentos de fragor. La “crisis” ha tocado los endebles cimientos de una sociedad capitalista, que sus gobernantes con sus políticas de recortes la han llevado a la cúspide de todas las miradas. La sociedad global está atenta a lo que acontece hoy en la geografía española.

A golpe de decretazos, han fracturado varias zonas de la economía, la sociedad y la cultura de un estado de muchas lenguas, que exhibe -entre otras- una crisis de valores. Esas medidas han lacerado el bienestar y el desarrollo de familias. De comunidades y regiones enteras, cuyos estratos poblacionales -marcados por la pobreza y el abandono- se ubican en el extremo de una alargada brecha ante una elite cada vez más pudiente, que concentra buena parte de las riquezas.

Desde el cinismo, estos vulgares empoderados, se exhiben en las revistas del glamour y la pasarela. Y lo hacen exponiendo ante las cámaras, sus lujosas residencias, sus coches de alta gama, sus viajes por paraísos exóticos y sus baratijas, que la propia sociedad y la historia han etiquetado como “joyas”.

En la periferia, en los bordes del centro, en los bancos de un parque, bajo un puente o en casa okupas, también habitan personas. Se cobijan con cartones, con mantas venidas de alguna parte. Llevan un carromato “tomado” de algún mercado y fisgonean los parajes de los contenedores de basuras o los depósitos del reciclado, para ver si la suerte les viste de gloria.

Otros, cansados de “buscar” empleo, cartones, chatarras o comidas que su letra avisa caducidad, exhiben un cartel, una palabra o una mano para pedir caridad, a los muchos otros. A los que tienen las costuras de los bolsillos rotos. Los que llegar a fin de mes les cuestas sacar cuentas y pensar en lo que resulta más apremiante para la sobrevivencia. Y de paso se acuerdan que no han pagado la luz, pues cuando llegaron a casa el reloj contador “ya se había detenido”. Y mientras tanto, mientras los gobernantes nos dicen que España va bien, no cesan de ejecutar desahucios en nombre del sacro santo “emprendedor”.

Mientras la ruta crítica se agiganta, -en otro carril-, se han desatado las mareas verdes y blancas, que en las plazas y calles de España han reivindicado el derecho a la educación y a la salud pública y gratuita. La han llenado hombres y mujeres que se han enfrentado a las políticas reaccionarias y neoliberales del gobierno derechitas del Partido Popular, que emergieron bajo las faldas de su antecesor, el Partido “Socialista Obrero” Español. En muchas de ellas estuve, por la llana coherencia de mis ideas y el sentido de la solidaridad que me asiste en tiempos en los que se ha de andar en brazo apretado.

Orgulloso, he formado parte de las marchas y actos que cada 14 de abril se convocan por la III República. Truncada por un golpe de estado perpetrado por el dictador, -auto titulado General-, el caudillo Francisco Franco. Responsable de la muerte de cientos de miles de españoles que anónimos, siguen  enterrados en campos y cunetas de una nación que gime por tanta sangre derramada. Son vidas mutiladas por la barbarie franquista que esperan un nicho de luz pues están vivos. La historia, la justicia y la memoria de los que no olvidan sus sueños mutilados, les abrazan como arboles encendidos para evitar que sean silencio. Silencio mordaz y perenne.

Con la majestuosa Marcha por la Dignidad, que tuvo su término en la madrileña Plaza de Colón, me llené de bríos y culturas. Me arropé con el espíritu de personas venidas de todas partes, de toda la geografía del Estado Español. Con palabras, canciones, banderas y pancartas abrumaron el alargado y elitista Paseo de la Castellana, que flaqueo ante una multitud compacta y sentida. Esa noche pude fotografiar la humanidad de un pueblo que los inmorales medios han osado criminalizar.

Esa misma noche, sentí tras mi espalda el zumbido de las balas de gomas, que desatadas irrumpieron contra una masa erguida y risueña. Vi el troquelar de porras que arremetieron contra los que estábamos en la punta del acto, para sembrar –una vez-, el miedo y el horror. Sus ejecutores, son policías “antidisturbios” apertrechados y cobijados con artefactos, cuyas envolturas asemejaban seres extraterrestres. Sus dianas fueron la ruptura de la paz contra los que allí estábamos en nombre de muchos. En aquel acto, el canto de un coro no pudo terminar los pliegos de un tema sentido y hondo. Hacia ellos también iba la furia, pues con sus sórdidas “herramientas” de quebrantar voces, le aplanaron los bríos y le reventaron las entrañas. Y es que la música necesita de aires limpios para que toque los pliegues de los que no tienen brazas.

Pero fue diferente con los mineros de Asturias venidos de las legendarias comarcas del carbón. Tras una larga marcha de kilómetros y carreteras acompañadas, “tomaron” la Puerta del Sol y las principales arterias de una ciudad curtida en los últimos tiempos, por manifestaciones y empeños. Por luchas empezadas y derrotas consumadas. Me contaron que fue una noche de emociones y llantos. De abrazos y desvelos. Los recibieron como lo que son, héroes de temple y pocas palabras. Hombres de manos alzadas cuyos puños apretados expresan la voluntad de hacer por la vida.

Yo los pude ver al día siguiente, en una mañana que no fue menos. Ellos no cabían en su asombro y lloraban. Portaban sus camisetas y sus cascos que traían el olor a humedades y a versos de negritud. Como esas marcas que dejan la noche cuando la luna no abraza. Nosotros nos oxigenamos con sus vastos ejemplos. Con su abierto y desenfadado espíritu de arremeter contra la injusticia.

Estar en Madrid esa mañana más allá de los confines de la Plaza de Cibeles, y tomar buena parte de la misma avenida elitista que la Marcha por la dignidad supo destronar, fue un desafío y una respuesta contra los poderes que viven en la soledad y en la penumbra. Y lo hacen, agazapados por entre los mismos desalmados que truncan los huesos y la esperanza. Con esas porras que parecen de negro metal.

Estos son parte de mis pretéritos recuerdos. Los tomo de “los armarios” donde guardo “posesiones” que han de ser compartidas. Son textos, imágenes, huellas o palabras enteras, que agrietan la desmemoria cuando esta se ensalza y se empeña en ser protagonista de la nada. Del vacío y la penumbra. Para que no se atiborre la vida con oropeles. O se imponga la ignorancia o el tópico hecho. Y es que cuando se afinca en las raíces aradas, habita cual si nada y nos intoxica el camino de los tiempos.

Con la memoria hemos de andar a cuestas. Y de memoria y de recuento me cobijé nuevamente al entrar en los escenarios, en sus más vitales personajes y en las historias de un filme documental, que escribe sobre esos mismos mineros que alzaron la voz y el puño. Un brazo erguido que señala contra las políticas de recortes y atropellos, venidas de una élite permeada de corruptela y sobres llenos.

Es un texto audiovisual que emergió hacia los profundos parajes de cuestas subterráneas y humedades. Una cámara que atizó los hechos vestidos de luz y penumbra. De llanto y empeños. El sobrio encuadre de una lente despejada, nos sumerge, nos afinca. Nos hace estar en el nicho de un espacio cerrado, o un campo descubierto. Y esos vértices también habitaron en esta obra mayor.

Los creadores de ReMine: El último movimiento obrero; se apropiaron de historias de vida. Tejieron crónicas, que hilvanadas sobre una “página en blanco” trazan narraciones sustantivas y construyen un documento. Un filme documental, donde los hechos son la carretera por donde avanza la puesta argumental y dramatúrgica. Donde las emociones y el llano gesto jerarquizan la verdad, las urgentes verdades que en esta ilustre pieza se cuentan. Y es que en ella también se fundan historias que al tomarlas nos abrazan como un gesto encendido.

El encierro de unos mineros inmersos en lo hondo de sus espacios vitales. La lucha desigual de hombres bañados por el carbón, “armados” con artefactos artesanales para defender sus derechos, cuyos escenarios son los parajes naturales que permean a una ciudad que agoniza. O las mujeres, heroicas mujeres que a tono con la obra de sus compañeros, hacen su parte del todo, para restablecer un derecho que transita escurridizo. Y en el centro, como un mapa por donde se va dibujando el filme. Los otros, los que tampoco aceptan la derrota. Son los mineros que han decidido andar por las cuestas y valles. Por los caminos, carreteras y largas avenidas, para poner en el centro de un país el verso vivo de la protesta. O la profunda fuerza de hacer por los suyos y también por todos. Estas son las cuatro rutas argumentales que construye el autor de este filme.

Marcos M. Merino, director del filme documental.

Marcos M. Merino, director del filme documental.

Marcos M. Merino, -quién también hace la fotografía- se implica con acierto en los pasos de cada uno de los protagonistas de esta gesta, que son muchos. Su cámara no se regodea en planos de estudio o afincados en algún vendaval de pertrechos venidos de las “nuevas tecnologías”. La realidad, el tiempo y el adverso trotar de los hechos que se van produciendo en estos singulares escenarios, -que son espacios vivos-, no aceptan la fotografía encartonada y cautiva. La pose de una cámara que pretende congelar ángulos de manual.

Su apuesta fotográfica la resuelve con una diversidad de encuadres y planos que fortalecen los perfiles simbólicos de un sólido documento. Un ir tomando partes que después integrarán un todo. El registrar un diálogo de hondura y sentimientos. El tomar nota de un gesto desatado, venido de la lógica evolución de subtramas propias de un conflicto medular. O una emoción significante que jerarquiza la magnitud y la fuerza de los que forman parte de un escenario tardío, -muchas veces apagado- y que el autor fílmico le da relieve. Todo ello, para recomponer esa realidad hecha cine con un matiz periodístico. Son crónicas reunidas desde los ardores de la retórica que el género documental sabe mostrar y el realizador de esta pieza, dibuja muy implicado.

Con denotada laboriosidad no cesa de tomarlo todo. Se afana en revelar la sórdida negritud de una mina de carbón que languidece. Nos muestra planos detalles del comienzo de una jornada de los mineros, en la que no se le escapa lo esencial de sus rutinas. Donde los rostros signados y el sonido ambiente, son parte de la “teatralidad”, para ser profundo verbo.

Es el prólogo de esta pieza que se descubre del todo, pero de a poco. Tan solo hace un giño –o muchos- para cautivar, para atrapar a los más desfasados lectores de un género audiovisual esencial. Un arte que ha de ser un libro de fotos, paginado para solidificar relatos que nos enriquezcan. Que nos haga pensar, y las venidas emociones que acontecen en una mágica pantalla, nos “destrone” la noche.

Los creadores de esta obra toman partido. Hacen su labor, humanizando y redimensionando un discurso, -todavía anclando en ciertas zonas de la sociedad española- en la que se pretende criminalizar las legítimas acciones de los mineros, que lucharon por sus derechos laborales.

Les acompañan en los avatares de una proeza, de muchas otras, en la que se afanan en visibilizar los actos de hombres que han tomado las cúpulas de las montañas colindantes. La acción participativa, es la de detener el tráfico de carreteras, que son parte esencial y recurrente de la “escenografía” de este filme. De alguna manera, hay una transmutación simbólica en esta puesta. Los protagonistas de ReMine: El último movimiento obrero, han “abandonado” los profundos entresijos de las minas del carbón, para hacerse ver en los escenarios naturales y urbanos, que son una alternativa para lograr sus empeños. Son un espacio a tomar por sus derechos conquistados.

La relación entre el equipo de realización y los mineros en estas atmósferas, parte del principio de acompañar, de estar en los momentos de valor significante. Las distancias entre protagonistas y creadores, delata una complicidad legítimamente aceptada. No me vale en una obra de este calibre y esta temática, una actitud aséptica, una pose imparcial. Estos son “dones” ajenos a la naturaleza del cine documental. En este arte documento parte de la esencial idea, por la defensa del punto de vista. Un criterio confundido o descafeinado en la que algunos sacan las banderas de la imparcialidad.

Cada ángulo, toma o encuadre. Los parlamentos revelados en estas escenas. La manera en que está resuelta esta parte vertebrada de la obra, confirma una intencionalidad de desarticular ese discurso vacio y acusatorio, que los “tradicionales” medios de comunicación de España, se empeñan en sembrar en la siques y el intelecto de sus lectores activos.

El sonido también tiene jerarquía y fundamento en este filme. Las resonancias de helicópteros que sobrevuelan ante la postura de los mineros enfrentados con decoro a las “autoridades”. El silbar de los artefactos artesanales construidos por los mineros, usados para defender su causa, su familia, su futuro. Los gritos de hombres airados ante las composturas violentas que son –más que nada- denotadas respuestas ante otro decretazo. Todas ellas y muchas otras, construyen una rica atmósfera de vitalidad. De encuentros que revelan la crudeza, la pasión y el altruismo de actores sociales, modelados en las entrañas de la tierra. En la negritud de las minas de carbón.

Las palabras son un monumento encendido en ReMine… Pero las palabras sin la voz, sin los tonos no son nada. Bajo el preludio del “suspenso”, del dejar para más tarde. Para cuando la obra vaya tomando cuerpo y garra, se va imbricando una subtrama estremecedora.

Un grupo de mineros, como parte de las acciones por la conquistas de sus derechos usurpados, apuestan por el encierro indefinido. Por estar bajo protesta en el corazón de la mina. Sin salir a la luz, sin revelar sus identidades, sus flaquezas. Es entonces que las palabras toman una dimensión viril, protagónica. Son diálogos con familiares o compañeros. Son pruebas de resistencia, de entereza, de necesario aplomo. Pues el llanto del ánimo del que está arriba, también vale. Eso queda registrado en esta pieza y lo hace, con acento de naturalidad y economía de las escenas dentro de las múltiples emociones que convergen en el esqueleto de este filme. Un texto urgente, claramente sustantivo.

El creador no se escaquea en mostrar las fragmentación de la sociedad española focalizado en la comunidad vecinal. Una verba entre mineros y trabajadores de otros sectores revelan esa verdad. Pero no se regodea en ese asunto, no es esencial en el cuerpo del filme. Registra el hecho y sigue su faena, acompañando a los que han apostado por la lucha obrera, por la reivindicación de sus derechos. Hace un contrapeso narrativo e incorpora en continuidad, una gran manifestación de los vecinos de la comarca que le acompañan bajo el himno de los mineros. El mismo himno que estremeció Madrid, cuando fue tomada por estos hombres. Hombres de voluntad y sentido del decoro.

En este encuentro se produce un punto de giro, una parada y sigue. La pieza recompone la historia de las luchas mineras y sus antecedentes, con imágenes de archivo de matriz fotográfica y videos que revelan los cromos negros, las ralladuras del tiempo. Es un recuento de la mejor tradición de estos hombres de bien. Es una incorporación de memorias e historia de estos trabajadores y trabajadoras, justo en el centro neurálgico de una obra despierta. Es una invitación a la reflexión, para mirar el futuro desde ese pasado presente.

La fotografía es deleite de planos y vivencias. La ruta da mucho para tomar lo que acontece entre andadas y paradas de descanso. En ella se muestra “otras caras no vistas”. La de gente sin nombre que se solidarizan con su causa. Transeúntes que les aplauden, que desatan el claxon de sus coches. Personas que en las riberas de las carreteras les esperan con agua, con víveres para darles ánimos, para procurarles impulso hasta su meta. O la peculiar secuencia de una banda de música que desata acordes para aliviar con sus tonadas la caminata de hombres cargados de amor.

Esas otras verdades están registradas y dimensionadas en el documental, estremeciendo la matriz de opinión que los mass media inmundos e ilegítimos del Estado Español, han inoculado y que demonizan la fuerza de sus acciones.

Las mujeres también son protagónicas en esta pieza. Están presentes en la contienda y lo hacen en paralelo a sus compañeros. Arman su propia ruta para expresar la indignación y la injusticia de un planazo venido de la mirada de gobernantes ciegos. Ellas también destronan las calles, las plazas, los espacios mineros. No están recogidas como “mujeres de bien”.

Estas cuatro “rutas” predominantes del documental. Estos cuatro ejes narrativos son montados por Ana Pfaff desde el paralelismo de las historias que se suceden casi al unísono. Y lo hace sin atiborrar la pantalla de planos indeseados. O escenas que tan solo podían regodear lo escrito y es que la sobriedad del discursos audiovisual. La pensada selección de los puntos simbólicos, junto a la banda sonora, -que no la incorpora superpuesta-, nos permite dimensionar y compartir las esencias de su puesta argumental. Como si fuéramos testigos cercanos de los hechos. Esa virtud es válida destacar, pues es clave para entender y sensibilizarnos con hechos, que desde la geografía son claramente remotos.

El dueto de Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino, hacen obra con el guión. Una pieza permeada de lirismo, de acentos icónicos pensados y dispuestos en toda la ruta del filme. No se percibe una evolución por ciclos en ReMine. Nos atrapan sin paliativos en las emociones, en los “encuentros” entre mineros y las “autoridades” del orden.

Pero también, nos invitan a dialogar con los hechos, con la naturalidad de los diversos personajes que confluyen en esta obra que estremece. Que nos deja absortos en profundas reflexiones y nos invitan a reconducir nuestra mirada, más allá de nuestro ombligo. El cuidado en este apartado es esencial en cualquier obra audiovisual. Está solucionado con equilibrios argumentales, que constituye una de sus fortalezas.

ReMine: El último movimiento obrero, significa un punto de luz, una apuesta documental en tiempos donde la verdad anda prostituida. Su valor y sus esencias, se han de ver en este presente de batallas inconclusas y en el futuro, que sus creadores repiensan como parte de la lógica humana de la vida, de la humanidad toda. A fin de cuentas, el título de este filme no deja de ser una provocación.

Sinopsis

Mayo de 2012. España sufre la peor crisis económica de los últimos 70 años. La tristeza y el miedo paralizan a sus ciudadanos…a todos excepto a un grupo de trabajadores que han resistido al cambio durante décadas. Más de 4.000 mineros declaran una huelga indefinida contra los recortes históricos aprobados por el gobierno. Organizan a diario protestas de todo tipo para lograr la atención del gobierno: cortan carreteras, se encierran a 700 metros de profundidad, andan 500 kilómetros hasta Madrid…Pero ya nada es como antes…ni siquiera los supervivientes del último movimiento obrero.

Ficha técnica

Dirección y fotografía: Marcos M. Merino

Montaje: Ana Pfaff

Producción y guión: Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino

Montaje de sonido: Óscar de Ávila

Etalonaje: Alicia Medina

Sonido directo: Marcos M. Merino

Mezclas de sonido: Sergio Testón

Estudio de mezclas: La Bocina

Asesores Musicales: Ismael González y Carlos Ibias

Grafismo: Pedro Balmaseda

Trailers: Elisa Cepedal

Documentación: Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino

Traducción: Siân Jones, Marta F. Crestelo y Graeme Atkinson

Apoyo incondicional: Javier Bauluz / Miryam Pedrero.

http://reminedoc.com

 

*Editor del blog: http://cinereverso.org

Madrid, 30 de enero de 2015.

Trailer 3 ReMine, el último movimiento obrero from ReMine on Vimeo.

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Charlie Hebdo y la ruta de TerrorStorm. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

TerroStoneTras los execrables sucesos de Charlie Hebdo perpetrado en París, va tomando fuerza y cuerpo la teoría de falsa bandera. Analistas, periodistas o peritos han desmenuzado las imágenes de las televisoras de Francia y el mundo, señalando la ilegitimidad y el montaje de algunos planos o encuadres, en los que se denota falsedad documental.

Ante los hechos presentes, se impone tomar del pasado. Tocar las hemerotecas para reflexionar sobre lo legítimo de estas hipótesis que de comprobarse, se confirmaría -una vez más- que la sociedad global entraría en un nuevo ciclo de conflictos bélicos. Una era belicista, cuya arquitectura fue construida por los neocons del expresidente George W. Bush y la complicidad de los gobernantes de Europa. Así como el Estado Genocida Israelí, cuyo Primer Ministro Benjamín Netanyahu tuvo la cínica idea de participar en una manifestación en la Capital de Francia, junto a varios gobernantes del mundo, cuyas fotos mostraban en todo caso, la soledad de estos “lideres”, que se presentaron en nombre de la ya machada terminología de “Comunidad Internacional”.

Alex Jones, un acreditado presentador de radio y documentalista norteamericano, realizó en el año 2006 un filme que dibuja desde la cronología y el análisis colateral y temático, los principales hechos que caracterizan a lo que fluye generalizado hoy como concepto de Falsa bandera.

El autor fílmico en, Tormenta de terror (TerrorStorm: A History of Government-Sponsored Terrorism), reconstruye los más significativos hechos de los últimos 100 años, que la historia ha sufrido, resultado de burdos montajes que deberían ser definidos como Terrorismo de Estado.

El cineasta explica con acusado estilo, como en la historia de la humanidad han existido gobernantes que han construido ataques terroristas contra su propia población. O en otras geografías para cimentar falsos hechos que les sirve de pretextos hacia nuevas cruzadas guerristas, cuyos fines es tener el control de los recursos energéticos, que son vitales para el desarrollo de la sociedad contemporánea, pero que usan como arma de geopolítica.

Es oportuno significar que destacados científicos, pronostican con medulares argumentos que en las próximas décadas, las guerras también serán por la conquista del agua. Un bien humano que antes los desmesurados consumos de la sociedad presente, podría escasear e incluso desaparecer en algunas zonas del planeta. El cineasta, con TerrorStorm, toma nota sobra las técnicas de manipulación y control mental de sociedades globales, cuyos orígenes se remontan a la Segunda Guerra Mundial. La historia reconoce hoy, que el creador y ejecutor de este engendro global, fue el ideólogo del nazismo Joseph Goebbels.

El autor fílmico, reconstruye y desmonta varios hechos que fueron parte de los “pretextos” usados por gobiernos occidentales para reconducir la historia, y mover voluntades de masas hacia los intereses geopolíticos que bajo la manta de la OTAN, y la avanzadilla de la CIA y sus homólogos de occidente, desatan verdaderas cruzadas de guerra cuyas víctimas inocentes, son los ya etiquetados “daños colaterales”.

El atentado de 11 de septiembre contras las Torres gemelas y la sede de la OTAN. Los atentados del 7 de septiembre en Londres. El golpe Iraní de 1953. El fuego de Reichstag. Son algunos de los hechos que Alex Jones incorpora en su filme, y lo hace desmontado las teorías oficiales.

Apela a documentos desclasificados de la CIA, o el MI6 (Servicio de Inteligencia Británico). Incorpora el testimonio de ex agentes de estos mismos servicios de espionaje. Suma en su documental a periodistas, politólogos, o estudiosos de estos hechos que rompen con un discurso, que también ha cimentado los mass medias a los que también el realizador le dedica desde una perspectiva crítica, un capítulo dentro de los muchos puzzle que confluyen en este medular tema. El merito de esta legítima intención es que su mirada va, de cara al futuro de la humanidad

Si bien el documental tiene un estilo y un acento un tanto sensacionalista, no siempre bien acogido por los críticos y analistas del género, el hecho de que Alex Jones haya materializado en esta pieza como pieza histórica es de reconocer.

El que haga un particular recuento de los principales acontecimientos marcados por el montaje o la premeditación. El que incorpore también temas interconectados con la raíces de estos hechos, cuyos fines son un claro atentado a la humanidad por las consecuencia globales que estas tienen para el futuro del planeta, no le quita merito y valor como pieza fílmica que aporta conocimiento. O aristas llevadas por los medios a un segundo plano, a un cajón de los archivos de las videotecas de las televisoras y cadenas globales que urge redimensionar.

Se impone por tanto, meditar sobre lo que nos documenta el cineasta de cara a probables acontecimientos en los próximos meses o años. El impostergable, seguir con mirada crítica la toma de decisiones nacionales y globales de los gobiernos de occidente, tras estos hechos obviamente condenables. E incluso, urge tomar nota sobre la ruta que podría seguir la OTAN como histórico brazo armado de las políticas más conservadoras en la era actual. Con este filme Alex Jones nos permite construir una cartografía de lo que serán próximas guerras de posesión, cuyas raíces y motivaciones son, la legitimación de una sociedad que vive una crisis sistémica, la que protagoniza el capitalismo. La historia también ha documentado que hechos de esta magnitud, le ha servido para reflotarse como “modelo de sociedad”.

Sinopsis

A lo largo de la historia han existido gobernantes que han utilizado ataques terroristas contra su población con el fin de esclavizarla. ‘TerrorStorm’ revela como, en los últimos cien años, líderes occidentales han asesinado repetidamente a sus propios ciudadanos haciéndose pasar por sus salvadores.

Ficha técnica

Título original: TerrorStorm Nacionalidad: USA Género: Documental Dirección: Alex Jones Guión: Alex Jones Música: Graham Reynolds Productora: Magnolia Management Duración: 1h,52 m Año: 2006

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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La basura de quien la trabaja. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

Los artilugiosUn monólogo puede ser construido en el hondo trazo dramatúrgico de una pieza de cine documental. La palabra o el engranaje de todas ellas, bien orgánicas o un tanto coherentes. E incluso hasta “alocadas”, pueden ser y son parte de esa tela metafórica cuyas brasas, puestas en un encuadre pausado y reflexivo, nos llevan sin asombro hacia la íntima dimensión de un lugar, de un personaje. Un personaje que visto desde “afuera” nos podría resultar esquivo, opaco, hasta un tanto repulsivo.

Los prejuicios, etiquetas o códigos que nos ponemos como vestuarios para salir a “conquistar el mundo”, nos impide ver, tocar y sentir esa otra realidad, un tanto cautiva. Y es que a fin de cuentas, más allá de nuestras propias cartografías hay inéditos escenarios humanos “vírgenes”, que aún están por descubrir.

Esta es la clave filosofal y sinóptica de un filme que no derrocha tiempo. Nos abre la puerta en el imaginario, el hacer y el denotado pensamiento de un hombre que tras sus barbas y su quijotesca figura, nacen pasajes que son historias –sus historias-, y lo hace casi que un tirón. Sin apurar su verba, sin atropellar el tono y la música de la palabra, pues de ellas también vive. Aunque sí de vivir se trata, su verdadero telar de sueños está en sus manos que toma del entorno “cosas” -que puede ser del nuestro-, para reeditar otra historias. Para recomponer desde muchos pedazos otra manera de hacer. De dar corporeidad a lo que ya parecía “inútil”, sencillamente desechado.

Los artilugios del Sr. Tlacuache, un filme de la realizadora mexicana Tayde Vargas, es de esos textos que nos pone a reflexionar sobre el sentido de la vida. Sobre la esencia del tiempo y para estamos en este mundo. La obra no se regodea en lujuriosas y surrealistas meditaciones. En barrocas composiciones cinematográficas que suelen distanciar al lector fílmico del núcleo fundacional de una arte que ha de decir con acento sustantivo.

Su grandeza, radica en saber empoderar lo esencial de la existencia humana y deja que la fotografía y la palabra hagan la mejor faena. Son encuadres cuyas riquezas no se superponen a lo que nos narra el fascinante personaje de este documental. Un hombre vital y encendido. Un artista distante de los códigos que marcan los circuitos del arte contemporáneo. Este caballero de suigeneris figura, compone “nuevas piezas” gestadas tras la reunión de muchas otras, de otras tantas.

Su materia prima es ese algo que nos parece inútil, desechable. Es ese botón que se sumó a la turba de desechos sólidos. O esa rueda de bicicleta que alguien dejo en la esquina de un parque por asumir que estaba moribunda. E incluso un sello de cobre o una raquítica moneda de un peso. También podría ser, la cortina que ya pasó de moda y sin embargo, el Señor Tlacuache dialoga con la pieza, con cada una de ellas y las reúne para revivir otra escultórica verdad, cuyas márgenes y coordenadas son de otra textura. De otra dimensión y aliento.

Escuchar a este caballero de “manos largas” y acento pausado. Reflexionar junto con él sobre los derroteros de sus palabras, es parte vital de una obra cinematográfica cuya esencia es tocar nuestros más anquilosados resortes, que podrán dormitar en los cajones de nuestro pensamiento tardío. Hacerlo como lo hace la creadora de esta pieza, con sabia, sentido del tiempo y acierto renovado del lenguaje documental, es parte de los valores del filme, que de seguro no nos dejará “ilesos”. Estremecer nuestras fibras humanas, es la faena que se ha planteado su realizadora en apenas un cachito de nada. Les invito a dialogar con el Señor Tlacuache.

Sinopsis

El señor tlacuache es un reciclador que construyó su casa de basura y ahora busca reutilizarse a sí mismo.

Ficha Técnica

Título: Los artilugios del Sr. Tlacuache

Director: Tayde Vega

Género: Documental

Duración: 10 minutos

País: México

*Editor del blog: http://cinereverso.org

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ReMine: Una lúcida crónica de la voz de los mineros. Por: Octavio Fraga Guerra* (Video + Imágenes).

ReMine 1En estos últimos años, España vive momentos de fragor. La “crisis” ha tocado los endebles cimientos de una sociedad capitalista, que sus gobernantes con sus políticas de recortes la han llevado a la cúspide de todas las miradas. La sociedad global está atenta a lo que acontece hoy en la geografía española.

A golpe de decretazos, han fracturado varias zonas de la economía, la sociedad y la cultura de un estado de muchas lenguas, que exhibe -entre otras- una crisis de valores. Esas medidas han lacerado el bienestar y el desarrollo de familias. De comunidades y regiones enteras, cuyos estratos poblacionales -marcados por la pobreza y el abandono- se ubican en el extremo de una alargada brecha ante una elite cada vez más pudiente, que concentra buena parte de las riquezas.

Desde el cinismo, estos vulgares empoderados, se exhiben en las revistas del glamour y la pasarela. Y lo hacen exponiendo ante las cámaras, sus lujosas residencias, sus coches de alta gama, sus viajes por paraísos exóticos y sus baratijas, que la propia sociedad y la historia han etiquetado como “joyas”.

En la periferia, en los bordes del centro, en los bancos de un parque, bajo un puente o en casa okupas, también habitan personas. Se cobijan con cartones, con mantas venidas de alguna parte. Llevan un carromato “tomado” de algún mercado y fisgonean los parajes de los contenedores de basuras o los depósitos del reciclado, para ver si la suerte les viste de gloria.

Otros, cansados de “buscar” empleo, cartones, chatarras o comidas que su letra avisa caducidad, exhiben un cartel, una palabra o una mano para pedir caridad, a los muchos otros. A los que tienen las costuras de los bolsillos rotos. Los que llegar a fin de mes les cuestas sacar cuentas y pensar en lo que resulta más apremiante para la sobrevivencia. Y de paso se acuerdan que no han pagado la luz, pues cuando llegaron a casa el reloj contador “ya se había detenido”. Y mientras tanto, mientras los gobernantes nos dicen que España va bien, no cesan de ejecutar desahucios en nombre del sacro santo “emprendedor”.

Mientras la ruta crítica se agiganta, -en otro carril-, se han desatado las mareas verdes y blancas, que en las plazas y calles de España han reivindicado el derecho a la educación y a la salud pública y gratuita. La han llenado hombres y mujeres que se han enfrentado a las políticas reaccionarias y neoliberales del gobierno derechitas del Partido Popular, que emergieron bajo las faldas de su antecesor, el Partido “Socialista Obrero” Español. En muchas de ellas estuve, por la llana coherencia de mis ideas y el sentido de la solidaridad que me asiste en tiempos en los que se ha de andar en brazo apretado.

Orgulloso, he formado parte de las marchas y actos que cada 14 de abril se convocan por la III República. Truncada por un golpe de estado perpetrado por el dictador, -auto titulado General-, el caudillo Francisco Franco. Responsable de la muerte de cientos de miles de españoles que anónimos, siguen  enterrados en campos y cunetas de una nación que gime por tanta sangre derramada. Son vidas mutiladas por la barbarie franquista que esperan un nicho de luz pues están vivos. La historia, la justicia y la memoria de los que no olvidan sus sueños mutilados, les abrazan como arboles encendidos para evitar que sean silencio. Silencio mordaz y perenne.

Con la majestuosa Marcha por la Dignidad, que tuvo su término en la madrileña Plaza de Colón, me llené de bríos y culturas. Me arropé con el espíritu de personas venidas de todas partes, de toda la geografía del Estado Español. Con palabras, canciones, banderas y pancartas abrumaron el alargado y elitista Paseo de la Castellana, que flaqueo ante una multitud compacta y sentida. Esa noche pude fotografiar la humanidad de un pueblo que los inmorales medios han osado criminalizar.

Esa misma noche, sentí tras mi espalda el zumbido de las balas de gomas, que desatadas irrumpieron contra una masa erguida y risueña. Vi el troquelar de porras que arremetieron contra los que estábamos en la punta del acto, para sembrar –una vez-, el miedo y el horror. Sus ejecutores, son policías “antidisturbios” apertrechados y cobijados con artefactos, cuyas envolturas asemejaban seres extraterrestres. Sus dianas fueron la ruptura de la paz contra los que allí estábamos en nombre de muchos. En aquel acto, el canto de un coro no pudo terminar los pliegos de un tema sentido y hondo. Hacia ellos también iba la furia, pues con sus sórdidas “herramientas” de quebrantar voces, le aplanaron los bríos y le reventaron las entrañas. Y es que la música necesita de aires limpios para que toque los pliegues de los que no tienen brazas.

Pero fue diferente con los mineros de Asturias venidos de las legendarias comarcas del carbón. Tras una larga marcha de kilómetros y carreteras acompañadas, “tomaron” la Puerta del Sol y las principales arterias de una ciudad curtida en los últimos tiempos, por manifestaciones y empeños. Por luchas empezadas y derrotas consumadas. Me contaron que fue una noche de emociones y llantos. De abrazos y desvelos. Los recibieron como lo que son, héroes de temple y pocas palabras. Hombres de manos alzadas cuyos puños apretados expresan la voluntad de hacer por la vida.

Yo los pude ver al día siguiente, en una mañana que no fue menos. Ellos no cabían en su asombro y lloraban. Portaban sus camisetas y sus cascos que traían el olor a humedades y a versos de negritud. Como esas marcas que dejan la noche cuando la luna no abraza. Nosotros nos oxigenamos con sus vastos ejemplos. Con su abierto y desenfadado espíritu de arremeter contra la injusticia.

Estar en Madrid esa mañana más allá de los confines de la Plaza de Cibeles, y tomar buena parte de la misma avenida elitista que la Marcha por la dignidad supo destronar, fue un desafío y una respuesta contra los poderes que viven en la soledad y en la penumbra. Y lo hacen, agazapados por entre los mismos desalmados que truncan los huesos y la esperanza. Con esas porras que parecen de negro metal.

Estos son parte de mis pretéritos recuerdos. Los tomo de “los armarios” donde guardo “posesiones” que han de ser compartidas. Son textos, imágenes, huellas o palabras enteras, que agrietan la desmemoria cuando esta se ensalza y se empeña en ser protagonista de la nada. Del vacío y la penumbra. Para que no se atiborre la vida con oropeles. O se imponga la ignorancia o el tópico hecho. Y es que cuando se afinca en las raíces aradas, habita cual si nada y nos intoxica el camino de los tiempos.

Con la memoria hemos de andar a cuestas. Y de memoria y de recuento me cobijé nuevamente al entrar en los escenarios, en sus más vitales personajes y en las historias de un filme documental, que escribe sobre esos mismos mineros que alzaron la voz y el puño. Un brazo erguido que señala contra las políticas de recortes y atropellos, venidas de una élite permeada de corruptela y sobres llenos.

Es un texto audiovisual que emergió hacia los profundos parajes de cuestas subterráneas y humedades. Una cámara que atizó los hechos vestidos de luz y penumbra. De llanto y empeños. El sobrio encuadre de una lente despejada, nos sumerge, nos afinca. Nos hace estar en el nicho de un espacio cerrado, o un campo descubierto. Y esos vértices también habitaron en esta obra mayor.

Los creadores de ReMine: El último movimiento obrero; se apropiaron de historias de vida. Tejieron crónicas, que hilvanadas sobre una “página en blanco” trazan narraciones sustantivas y construyen un documento. Un filme documental, donde los hechos son la carretera por donde avanza la puesta argumental y dramatúrgica. Donde las emociones y el llano gesto jerarquizan la verdad, las urgentes verdades que en esta ilustre pieza se cuentan. Y es que en ella también se fundan historias que al tomarlas nos abrazan como un gesto encendido.

El encierro de unos mineros inmersos en lo hondo de sus espacios vitales. La lucha desigual de hombres bañados por el carbón, “armados” con artefactos artesanales para defender sus derechos, cuyos escenarios son los parajes naturales que permean a una ciudad que agoniza. O las mujeres, heroicas mujeres que a tono con la obra de sus compañeros, hacen su parte del todo, para restablecer un derecho que transita escurridizo. Y en el centro, como un mapa por donde se va dibujando el filme. Los otros, los que tampoco aceptan la derrota. Son los mineros que han decidido andar por las cuestas y valles. Por los caminos, carreteras y largas avenidas, para poner en el centro de un país el verso vivo de la protesta. O la profunda fuerza de hacer por los suyos y también por todos. Estas son las cuatro rutas argumentales que construye el autor de este filme.

Marcos Merino, -quién también hace la fotografía- se implica con acierto en los pasos de cada uno de los protagonistas de esta gesta, que son muchos. Su cámara no se regodea en planos de estudio o afincados en algún vendaval de pertrechos venidos de las “nuevas tecnologías”. La realidad, el tiempo y el adverso trotar de los hechos que se van produciendo en estos singulares escenarios, -que son espacios vivos-, no aceptan la fotografía encartonada y cautiva. La pose de una cámara que pretende congelar ángulos de manual.

Su apuesta fotográfica la resuelve con una diversidad de encuadres y planos que fortalecen los perfiles simbólicos de un sólido documento. Un ir tomando partes que después integrarán un todo. El registrar un diálogo de hondura y sentimientos. El tomar nota de un gesto desatado, venido de la lógica evolución de subtramas propias de un conflicto medular. O una emoción significante que jerarquiza la magnitud y la fuerza de los que forman parte de un escenario tardío, -muchas veces apagado- y que el autor fílmico le da relieve. Todo ello, para recomponer esa realidad hecha cine con un matiz periodístico. Son crónicas reunidas desde los ardores de la retórica que el género documental sabe mostrar y el realizador de esta pieza, dibuja muy implicado.

Con denotada laboriosidad no cesa de tomarlo todo. Se afana en revelar la sórdida negritud de una mina de carbón que languidece. Nos muestra planos detalles del comienzo de una jornada de los mineros, en la que no se le escapa lo esencial de sus rutinas. Donde los rostros signados y el sonido ambiente, son parte de la “teatralidad”, para ser profundo verbo.

Es el prólogo de esta pieza que se descubre del todo, pero de a poco. Tan solo hace un giño –o muchos- para cautivar, para atrapar a los más desfasados lectores de un género audiovisual esencial. Un arte que ha de ser un libro de fotos, paginado para solidificar relatos que nos enriquezcan. Que nos haga pensar, y las venidas emociones que acontecen en una mágica pantalla, nos “destrone” la noche.

Los creadores de esta obra toman partido. Hacen su labor, humanizando y redimensionando un discurso, -todavía anclando en ciertas zonas de la sociedad española- en la que se pretende criminalizar las legítimas acciones de los mineros, que lucharon por sus derechos laborales.

Marcos M. Merino. Director del filme documental. ReMine: El último movimiento obrero.

Marcos M. Merino. Director del filme documental. ReMine: El último movimiento obrero.

Les acompañan en los avatares de una proeza, de muchas otras, en la que se afanan en visibilizar los actos de hombres que han tomado las cúpulas de las montañas colindantes. La acción participativa, es la de detener el tráfico de carreteras, que son parte esencial y recurrente de la “escenografía” de este filme. De alguna manera, hay una transmutación simbólica en esta puesta. Los protagonistas de ReMine: El último movimiento obrero, han “abandonado” los profundos entresijos de las minas del carbón, para hacerse ver en los escenarios naturales y urbanos, que son una alternativa para lograr sus empeños. Son un espacio a tomar por sus derechos conquistados.

La relación entre el equipo de realización y los mineros en estas atmósferas, parte del principio de acompañar, de estar en los momentos de valor significante. Las distancias entre protagonistas y creadores, delata una complicidad legítimamente aceptada. No me vale en una obra de este calibre y esta temática, una actitud aséptica, una pose imparcial. Estos son “dones” ajenos a la naturaleza del cine documental. En este arte documento parte de la esencial idea, por la defensa del punto de vista. Un criterio confundido o descafeinado en la que algunos sacan las banderas de la imparcialidad.

Cada ángulo, toma o encuadre. Los parlamentos revelados en estas escenas. La manera en que está resuelta esta parte vertebrada de la obra, confirma una intencionalidad de desarticular ese discurso vacio y acusatorio, que los “tradicionales” medios de comunicación de España, se empeñan en sembrar en la siques y el intelecto de sus lectores activos.

El sonido también tiene jerarquía y fundamento en este filme. Las resonancias de helicópteros que sobrevuelan ante la postura de los mineros enfrentados con decoro a las “autoridades”. El silbar de los artefactos artesanales construidos por los mineros, usados para defender su causa, su familia, su futuro. Los gritos de hombres airados ante las composturas violentas que son –más que nada- denotadas respuestas ante otro decretazo. Todas ellas y muchas otras, construyen una rica atmósfera de vitalidad. De encuentros que revelan la crudeza, la pasión y el altruismo de actores sociales, modelados en las entrañas de la tierra. En la negritud de las minas de carbón.

Las palabras son un monumento encendido en ReMine… Pero las palabras sin la voz, sin los tonos no son nada. Bajo el preludio del “suspenso”, del dejar para más tarde. Para cuando la obra vaya tomando cuerpo y garra, se va imbricando una subtrama estremecedora.

Un grupo de mineros, como parte de las acciones por la conquistas de sus derechos usurpados, apuestan por el encierro indefinido. Por estar bajo protesta en el corazón de la mina. Sin salir a la luz, sin revelar sus identidades, sus flaquezas. Es entonces que las palabras toman una dimensión viril, protagónica. Son diálogos con familiares o compañeros. Son pruebas de resistencia, de entereza, de necesario aplomo. Pues el llanto del ánimo del que está arriba, también vale. Eso queda registrado en esta pieza y lo hace, con acento de naturalidad y economía de las escenas dentro de las múltiples emociones que convergen en el esqueleto de este filme. Un texto urgente, claramente sustantivo.

El creador no se escaquea en mostrar las fragmentación de la sociedad española focalizado en la comunidad vecinal. Una verba entre mineros y trabajadores de otros sectores revelan esa verdad. Pero no se regodea en ese asunto, no es esencial en el cuerpo del filme. Registra el hecho y sigue su faena, acompañando a los que han apostado por la lucha obrera, por la reivindicación de sus derechos. Hace un contrapeso narrativo e incorpora en continuidad, una gran manifestación de los vecinos de la comarca que le acompañan bajo el himno de los mineros. El mismo himno que estremeció Madrid, cuando fue tomada por estos hombres. Hombres de voluntad y sentido del decoro.

En este encuentro se produce un punto de giro, una parada y sigue. La pieza recompone la historia de las luchas mineras y sus antecedentes, con imágenes de archivo de matriz fotográfica y videos que revelan los cromos negros, las ralladuras del tiempo. Es un recuento de la mejor tradición de estos hombres de bien. Es una incorporación de memorias e historia de estos trabajadores y trabajadoras, justo en el centro neurálgico de una obra despierta. Es una invitación a la reflexión, para mirar el futuro desde ese pasado presente.

La fotografía es deleite de planos y vivencias. La ruta da mucho para tomar lo que acontece entre andadas y paradas de descanso. En ella se muestra “otras caras no vistas”. La de gente sin nombre que se solidarizan con su causa. Transeúntes que les aplauden, que desatan el claxon de sus coches. Personas que en las riberas de las carreteras les esperan con agua, con víveres para darles ánimos, para procurarles impulso hasta su meta. O la peculiar secuencia de una banda de música que desata acordes para aliviar con sus tonadas la caminata de hombres cargados de amor.

Esas otras verdades están registradas y dimensionadas en el documental, estremeciendo la matriz de opinión que los mass media inmundos e ilegítimos del Estado Español, han inoculado y que demonizan la fuerza de sus acciones.

Las mujeres también son protagónicas en esta pieza. Están presentes en la contienda y lo hacen en paralelo a sus compañeros. Arman su propia ruta para expresar la indignación y la injusticia de un planazo venido de la mirada de gobernantes ciegos. Ellas también destronan las calles, las plazas, los espacios mineros. No están recogidas como “mujeres de bien”.

Estas cuatro “rutas” predominantes del documental. Estos cuatro ejes narrativos son montados por Ana Pfaff desde el paralelismo de las historias que se suceden casi al unísono. Y lo hace sin atiborrar la pantalla de planos indeseados. O escenas que tan solo podían regodear lo escrito y es que la sobriedad del discursos audiovisual. La pensada selección de los puntos simbólicos, junto a la banda sonora, -que no la incorpora superpuesta-, nos permite dimensionar y compartir las esencias de su puesta argumental. Como si fuéramos testigos cercanos de los hechos. Esa virtud es válida destacar, pues es clave para entender y sensibilizarnos con hechos, que desde la geografía son claramente remotos.

El dueto de Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino, hacen obra con el guión. Una pieza permeada de lirismo, de acentos icónicos pensados y dispuestos en toda la ruta del filme. No se percibe una evolución por ciclos en ReMine. Nos atrapan sin paliativos en las emociones, en los “encuentros” entre mineros y las “autoridades” del orden.

Pero también, nos invitan a dialogar con los hechos, con la naturalidad de los diversos personajes que confluyen en esta obra que estremece. Que nos deja absortos en profundas reflexiones y nos invitan a reconducir nuestra mirada, más allá de nuestro ombligo. El cuidado en este apartado es esencial en cualquier obra audiovisual. Está solucionado con equilibrios argumentales, que constituye una de sus fortalezas.

ReMine: El último movimiento obrero, significa un punto de luz, una apuesta documental en tiempos donde la verdad anda prostituida. Su valor y sus esencias, se han de ver en este presente de batallas inconclusas y en el futuro, que sus creadores repiensan como parte de la lógica humana de la vida, de la humanidad toda. A fin de cuentas, el título de este filme no deja de ser una provocación.

Sinopsis

Mayo de 2012. España sufre la peor crisis económica de los últimos 70 años. La tristeza y el miedo paralizan a sus ciudadanos…a todos excepto a un grupo de trabajadores que han resistido al cambio durante décadas. Más de 4.000 mineros declaran una huelga indefinida contra los recortes históricos aprobados por el gobierno. Organizan a diario protestas de todo tipo para lograr la atención del gobierno: cortan carreteras, se encierran a 700 metros de profundidad, andan 500 kilómetros hasta Madrid…Pero ya nada es como antes…ni siquiera los supervivientes del último movimiento obrero.

Ficha técnica

Dirección y fotografía: Marcos M. Merino

Montaje: Ana Pfaff

Producción y guión: Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino

Montaje de sonido: Óscar de Ávila

Etalonaje: Alicia Medina

Sonido directo: Marcos M. Merino

Mezclas de sonido: Sergio Testón

Estudio de mezclas: La Bocina

Asesores Musicales: Ismael González y Carlos Ibias

Grafismo: Pedro Balmaseda

Trailers: Elisa Cepedal

Documentación: Marta F. Crestelo y Marcos M. Merino

Traducción: Siân Jones, Marta F. Crestelo y Graeme Atkinson

Apoyo incondicional: Javier Bauluz / Miryam Pedrero.

http://reminedoc.com

 

*Editor del blog: http://cinereverso.org

Madrid, 30 de enero de 2015.

Trailer 3 ReMine, el último movimiento obrero from ReMine on Vimeo.

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Oda a la alegría y a la locura. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

Hombre mirando al sudesteHombre mirando al sudeste. Una película memorable, una pieza antológica de la cinematografía argentina y latinoamericana, que dirigió con magistral acierto el cineasta Eliseo Subiela.

El protagonista de este filme es el actor Hugo Soto. Interpreta a un “loco” irónico, sabio, de verba metafórica que dice contundentes verdades. Un hombre incisivo que cuestiona la autenticidad y superioridad del ser humano.

Sus palabras estremecen los anquilosados esquemas de la vida, la realidad y el sentido del tiempo. Resquebraja el arraigado sentido de estar vivos y para que hemos venido a este planeta. Este texto fílmico replantea muchos de los cánones en los que persistimos atrapados y el dialogo es la clave de su dramaturgia.

El filme cierra con “Oda a la alegría”, universal pieza compuesta por Ludwig van Beethoven. La escena es mágica, estremecedora. Su “delirio” no le impide tomar la batuta y dirige en una plaza pública a una orquesta que se deja conducir por la sensibilidad de un hombre. Unos músicos que no distinguen entre loco y cuerdo. El final es desbordante y hermoso. Explosivo e intenso, como ha de ser la vida.

*Editor del blog: http://cinereverso.org

Madrid, 27 de diciembre de 2014.

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Now!: Un pasado-presente escrito en imágenes. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

Fotograma del documental Now! Director: Santiago Álvarez

Fotograma del documental Now! Director: Santiago Álvarez

Reivindico al cine documental como obra de arte y erguida expresión del pensamiento lúcido. También, de sus impostergables construcciones artesanas, cuyos derroteros artísticos han de ser coherentes con la humanidad.

Me declaro un servidor de sus voces, sus inquietantes argumentos y todos sus empeños, para que sus verdades sean parte consustancial de los mejores acentos de la cultura universal.

Ella ha de florecer, a pesar de las incesantes oleadas de frivolidades. Ha de ganar escalones y cercos, ante las distorsionadas vestiduras de la historia hechas por los que quieren descafeinarla. Sin olvidar, las posturas equidistantes de sociedades cautivas que no se asoman a sus cultivadores empeños. Este arte ha de ser una fiesta de todos.

El “cine verdad”, -como también se le conoce-, ha de engrosar una gran biblioteca de palabras, de imágenes inversas y trazos nuevos. El arte de contar sobre hechos mundanos, cotidianos, históricos o artísticos, es también un libro esculpido, revuelto e intenso. En ese escenario caben todas sus miradas.

Cada hecho de la contemporaneidad tiene un pasado escrito en imágenes. Los fragmentos de una vida o de una historia de vida, han sido “ejercicio” de sus mejores misterios. Un pasaje antiguo, un suceso intenso. Una calle revuelta o un barco que navegó sin llegar a puerto. No hay pequeño fotograma que no  registre las más descollantes historias que son también patrimonio de todos.

Cuando leo las noticias de las intensas manifestaciones que se suceden por estos días y en estas horas, marcadas por la indignación y la injusticia tras la muerte del joven negro Michael Brown a manos de un policía blanco, cuyo escenario es la localidad estadounidense de Ferguson, de Estado de Missouri, me remito al pasado.

El cineasta cubano Santiago Álvarez, que su descomunal filmografía forma parte del acervo cultural e histórico de América Latina y de las vanguardias de documentalistas que la historia del cine ha documentado, realizó en el año 1965, una joya fílmica cuyos paradigmas estéticos siguen ocupando tiempo para el agudo estudio y análisis como pieza de referencia.

Now!, una filme documental de singular estructura, construido con un trepidante montaje, retrata con agudeza, -desde la denuncia-, los abusos cometidos por las autoridades en contra de los ciudadanos de raza negra en los Estados Unidos.

La obra se va erigiendo como pieza única y escolástica, bajo los cimientos de la banda sonora que interpreta la mítica Lena Horne, cuya voz firme y aguda, le da un discurso antirracista que el autor de esta pieza aprovecha de manera ingeniosa y vital.

El cineasta cubano, no se escaquea del discurso político que reivindicó, como uno de los preceptos fundacionales de su trabajo y su vida. “Arma y combate son palabras que asustan, pero el problema es compenetrarse con la realidad, con su pulso… y actual (como cineastas). Así se le pierde el miedo a las palabras cargadas de contenido peyorativo, en las que muchas veces el creador se enajena” (1).

La pieza evoluciona con imágenes que nacen de apropiaciones, que demuestran la violencia y las torturas a las que están sometidos en ese período oscuro -profundamente racista- los ciudadanos de raza negra en los Estados Unidos.

Sobre el origen de esta medular obra documental, Santiago Álvarez expreso: “Now, por ejemplo, nació de un fragmento instantáneo: tomé un ómnibus de la Greyhound linea que hacía el recorrido de Miami a New York, era un local, esos que se detienen en todos los pueblos, a lo largo del trayecto iban subiendo negros del sur. El ómnibus se fue llenando de negros. En un momento dado, sube una negra con un niño en los brazos. Yo lógicamente, cuando la vi entrar, traté de ofrecerle mi lugar. Las personas que estaban en el ómnibus comenzaron a decirme horrores en inglés. La negra se puso nerviosa. El inglés que yo conocía no era muy bueno, pues era el que había estudiado en el instituto. Yo le dije a la negra que me diese al niño para tomarlo en mis brazos. Las personas que iban en el ómnibus comenzaron a gritarme son of a bich y miles de cosas más. Yo les contesté: “me van a tener que matar para arrancarme a este negrito de las piernas”. Ahí la negra quedó desesperada y aterrorizada y me pedía que no hiciera eso. En aquella época había una ley, escuche esto, una ley y no una costumbre, según la cual los negros sólo podían sentarse en los últimos dos asientos del ómnibus. Debido a esto la negra, presa de pánico tomó a su niño y se fue hacia atrás. Aquella experiencia se grabó fuertemente en mí (1).

Notas

  1. http://www.blogsandocs.com/?p=375
  2. http://www.rebeldemule.org/foro/documental/tema10472.html

 

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Ojos color sol, es toda poesía. Por: Octavio Fraga Guerra* (VIDEO)

Escena de "Ojos color sol". Realizador: René Pérez.

Escena de “Ojos color sol”. Realizador: René Pérez.

Para la mujer de ojo pardos y pelos de lunas. La que me besa los sueños.

“Una cascada de ternura reunida en una pantalla”. Sentenciaría un poeta alucinado por la voz y la fuerza abrumadora de un texto místico y –porque no- realista.

“Lo real maravilloso, hecho puesta en escena”. Esta sería la tesis de un crítico literario acostumbrado a hurgar en los profundos vericuetos del barroquismo del universal escritor cubano.

“Sencillez y maestría en el uso de los recursos cinematográficos. Austeridad y llana intencionalidad para socavar las almas de los equidistantes de esta tierra, ellos, por momentos incólume”. Desde estas adjetivaciones, construiría su texto un articulista del audiovisual ante un videoclip que es poesía hecho arte.

René Pérez, el vocalista de Calle 13 se aventura con el tema Ojos color sol, para entrar en el oficio de la realización audiovisual. Tengo la certeza que ha irrumpido por la puerta ancha ante un escenario trepidante. Definitivamente inabarcable, pues conviven incontables producciones de un género televisivo saturado de mediocridad y facilismo a la hora de afrontar la reinterpretación” de un texto. Y es que la búsqueda coherente y personal de una obra musical lo exige, para ser edificada desde ese inevitable cerco que es el tiempo.

Toda obra de arte ha de tener una identidad, un sello propio que la haga “única” y a la vez parte de muchas otras. El surrealismo es la clave de esta pieza que cuenta con la complicidad escénica del actor mexicano, -también director y productor- Gael García Bernal y la actriz española María Valverde.

El tema nace de la mesura de sonoridades cuyos vértices son el violín y la guitarra. Una guitarra que irrumpe y clama por ser parte de algo más que una obra de composición orquestal. Ella nos da paso a un texto hermoso y sentido, nos invita a ser parte de algo más que una canción desnuda.

Una letra cargada de simbolismos y adjetivaciones sustantivas. Incluso vale decirlo a la inversa, sustantivas adjetivaciones. Y es que esta idea es parte de la esencia estremecedora, que su autor acostumbrado a ser centro de innumerables escenarios, hace “el suyo”, vestido de imaginarios, de sugerentes lucubraciones. De sueños que en la pantalla de esta puesta, es esa urgente verdad que ha de ser compartida.

La sencillez del intro en esta pieza decididamente fílmica, está en sintonía con la obra musical. No es inteligente desatar dramaturgias en los terrenos del audiovisual, distantes o distintos de los que traza la letra de una canción. En esta obra la idea esta resuelta pues su realizador parte del ese presupuesto ajeno al cadalso de los efectismos, de piezas que con el tiempo engrosan los anaqueles de lo efímero.

Lo que proyecta el intérprete de este tema con esta sugestiva canción es una declaración de amor. Unas sentidas ganas de amar sin murallas esquivas y lo hace en otros estratos donde la poesía es también parte del tempo. No solo del texto que resulta evidente, también de la pieza musical que engalana con orquestaciones, todas ellas de profundo calado humano.

La primera parte de este videoclip se desarrolla de manera sobria. Dos actores, un único escenario y los elementos escenográficos propios de la cultura latinoamericana. Lo religioso, los colores vivos, los atrezos que conforman una cultura rica y diversa. Todos ellos y más, son parte de un reservorio de íntimo dialogo trascolado a un lugar donde la luz es parte de la escena.

La subjetiva de una hoja que cae cual gota de agua. El movimiento de cámara delgado y de apariencia imperceptible. Las naranjas desparramadas y desvestidas al interior de una casa encumbrada. Son parte de la atmosfera que René nos delata y construye para llevarnos a los personajes, que por momentos resultan literarios y en otros abiertamente cinematográficos.

Esta ambigüedad es parte de las trampas, de las oportunas trampas que construye su autor para hacernos cómplices de un beso, de unos cuantos besos vibrantes tejidos y sentidos.

En este primer tercio de la obra es todo alegoría. Sugerente, declarado, francamente tierno. Incluso la conjugación imagen texto es un desafío a los machista que aún persiste en nuestras sociedades. Eso sí, las confesiones de su autor dejadas en las manos del actor mexicano ante una María Valverde eclipsada, nada tienen que ver con ese aplastante espíritu que la telenovela impone a no poco millones de espectadores, muchos de ellos dispuestos a consumirla hasta la saturación.

En un segundo tercio entra la voz inconfundible de Silvio Rodríguez. El autor de Oleo de una mujer con sombrero, irrumpe “cual si nada” para interpretar otra dimensión del tema, otro estrato de una pieza de texturas mágicas. René lo ha invitado para ser parte de una historia de amor. Para ser cómplice de un texto sentido, donde la encendida palabra es clave en toda su estructura.

Silvio “entra” a hurtadillas cuando se encuentran los besos. Cuando se desatan las emociones entre un hombre y una mujer que se tocan tan solo con los labios, con esos labios de amar. La letra se articula en esta parte de la canción con estos signos.

Primerísimo planos, planos cerrados o detalles de los personajes que nos invitan a ser espectadores de la intimidad, del deseo de amarse. Fotografía de puro cine que con su dialogo nos hace reflexionar sobre los hermosos derroteros del amor y la felicidad, cuando sus fuerzas habitan en nuestras vidas.

El hecho de que Silvio Rodríguez sea el cantor de estas letras, refuerza la intencionalidad del realizador puertorriqueño para esgrimir un mensaje impostergable.

Vuelve la voz de René para tomar otra dimensión ante un texto profundo y a la vez sencillo. María Valverde y Gael García Bernal no cesan de besarse. Por esta vez se tocan en trazos de un juego de mar, de una ola discreta y tenue.

La segunda parte de la pieza, sustentado por un guión escrito con atinada estructura, donde la ternura no deja de estar pero lo surrealista toma peso y se hace notar en cada parte de los planos que pintan escenas de tonadas migratorias. De escapadas ante un sueño onírico y viril.

Un botón que se desata solo, o una camisa que se desnuda ante los predios de una mujer hermosa. El hombre que rompe la gravedad y “vuela” como un pájaro que huye de lo imposible. Eso sí, sin dejar de besar pues en esos labios –eso nos dice René-, están los trazos de la vida. Unos cordones de zapatos que como orugas resultan mariposas, es también parte del adjetivo que se convierte en un pilar de idea.

En esta parte de la obra el encuadre “soporta” lo mágico del texto. Lo poético asume otra dimensión de claros paralelismos interpretativos en una particularidad texto-audiovisual. Y es que el autor se interpreta así mismo desde los cimientos del género.

La puesta evoluciona hacia un reforzamiento del lenguaje místico. Lo hace con escenas alucinadas e irreverentes ajenas a todo convencionalismo terrenal. Los ángulos y las posturas de los actores son también el centro de la cámara, que apena se ha movido de su “punto de partida” para seguir siendo nuestro testigo, nuestra otra mirada.

Vale la pena detenerse en el texto, en lo que nos trasmite sus sinfonías de letras inconclusas. No solo se habla de amor, del deseo, de la necesaria pasión cuando de amar se trata. En los campos de esta poesía que se titula Ojos color sol, hay un venir hacia la utopía. Un estar en los sueños imposibles que solo con el amor nos podremos adentrar en sus esencias, en sus rutas, en todas sus entrañas.

Lo “irreal e imposible” son una verdad si has de ello tus mejores empeños. Eso nos dice René y también Silvio quien vuelve a entrar en esta canción como un cómplice arado, como un entrañable amigo que no irrumpe en la intimidad de esta historia pero “siente” que ha de ser un impulso de sus “trampas”, pues el autor lo ha invitado para ello.

La puesta fílmica, se desarrolla en un defender de la utopía. El sueño como escena imaginada que entronca con la realidad. Un sueño que Silvio ha defendido siempre y René viene a continuar con nuevos aires musicales proyectados en la pantalla desde una acertada teatralidad del tiempo, de la sobria escenografía. Una casa soñada, que más que casa es el mundo de todos los posibles.

El planteamiento audiovisual en su parte final es más abierto, más iluminado, sin renunciar a esa intimidad que desde el principio su realizador ha defendido ante un espacio cerrado donde confluyen las icónicas ideas de la vida. El plano se desnuda para ver a dos personajes amantes, sumidos en medio de frutales de intensos colores y desbordadas patinas de luz. Ese es también el mundo que Ojos color sol nos regala e invita a que construyamos desde los firmamentos de la vida.

*Editor del blog: www.cinereverso.org

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(VIDEO) La fiesta en Cuba la pone Van Van. Por: Octavio Fraga Guerra*

Van van empezó la fiestaLa música cubana es mística fusión desbordada con sombrero de alas grandes y sabores cultos. Está abrigada por una diversidad de géneros y estilos que desde la óptica creativa se podría definir como: “una identidad de muchos acentos”. La condición geográfica de Cuba no es un obstáculo para su enriquecimiento. Ella transita y crece por una permanente y crecida renovación.

Cuba es reservorio de la cultura música universal. Esta incuestionable condición impone una reflexión sopesada en la que Los Van Van –agrupación de música popular bailable- es eje de muchos análisis. No solo musicológicos, también sociológicos, culturales y estéticos. Todos ellos son parte de esta suma de saberes. Se incorporan a estas categorías el hecho de aportar frases o palabras que han trascendido lo popular y que han sido incorporados al verbo cotidiano de los cubanos en los últimos treinta años.

Bajo este prisma se desarrolla la obra documental Van Van, empezó la fiesta (2000), de los realizadores Liliana Mazurre (Argentina) y Aarón Vega (Cuba). Un espectacular concierto con aires de sudor y salitre ante más de 100 mil personas en el escenario capitalino de La Piragua, -a un costado del simbólico Hotel Nacional de Cuba-, es portada de esta propuesta cinematográfica.

Ojeada aérea de este singular espacio que presume de malecón queriendo penetrar con sus alas en las faldas de La Habana. Abarrotado por un público cadencioso, estrepitoso, bullanguero. Esta fiesta musical es un guillo para el espectador ante una puesta cinematográfica de sobrados ingredientes y esbeltos planos que acentúan la majestuosidad de una agrupación que ha construido un sello propio.

La orquesta está dispuesta a “enganchar” al más puritano de los bailadores. Esos que suelen pasar la noche entre copas en pose de sostener paredes y carpas del refrigerio sin atisbo de mover ni el dedo pulgar.

Reflexionar sobre esta propuesta fílmica significa identificar un juego paralelo de imágenes que concurren de forma escalonada, distantes de toda cronología o referencia histórica de manual. En ella, los integrantes de esta banda junto a algunos ex miembros y sus fieles bailadores-que son la ruta final de una música descollante- confluyen en una puesta cinematográfica legitimada también por la presencia de intelectuales, que participan para testificar sobre el calibre de estos grandes de nuestra música.

No es una obra hecha desde el caos. Es una gozada musical en la que nos darán exclusiva entrada. Resulta revelador estar en los ensayos de la agrupación o participar en primera fila en la puesta en marcha de un nuevo disco con todo lo que implica estar inmersos en un estudio de grabación. En ese “escenario” de pulcros interiores, donde se destila y rebosa intimidad colectiva. Juan Formell (Director y fundador de Los Van Van) no pretende retener la fiesta que constituye para los muchachos de la mítica banda ser los protagonistas colectivos, forma parte de la sabia de este colectivo mitológico que irradia cultura y sabor cubano.

La subjetiva óptica de la cámara. El paneo revelador de la precisa atmósfera de estos involucrados del buen arte, revelan y confirman una relación de familia entre sus miembros. Entendido este proceso musical “de todos”.Como apuestas e ideas en las que caben todas las opiniones y todos los pretextos musicales. Esta práctica es una de las claves de la permanencia de esta agrupación por más de 30 años en los más “duros” escenarios musicales de Cuba y el mundo.

La interpretación que hacen los realizadores sobre este capítulo despeja el papel de su director en el buen curso de este singular barco. Retocada con escenas en que la participan en un divertimento de conjugaciones y propuestas, que se entrecruzan por la sonoridad de trombones que entran “sin pedir permiso”. Un piano que asume dar el tono. O la flauta desbordada e intimista. Y el sincretismo sonoro de la percusión que nos trasladan a los solares habaneros, a los “escenarios” naturales de la rumba y el dominó.

Los diversos espacios por donde transita Van Van y su particular relación con el público -que es toda Cuba-, es otro de los recursos cinematográficos que habitan en esta obra para legitimar la calidad artística y musical en permanente entronque con la sociedad cubana. Cuba toda es la fuente de materia con la que logran despejar virtuosos sus artes musicales. Es esencial esta tesis, respaldada por la confesión de su director y de sus integrantes a la hora de sopesar su popularidad dentro del escenario cultural y social de la isla.

Ese denotado juego entre el texto cantado con aires de improvisación -que distingue a buena parte de la música popular cubana-, junto a la respuesta del público que sirve de retroalimentación de su propia puesta emerge como un caudal de cultura, como un particular sello orquesta-público.

Pero la cámara no se conforma con mostrar los habituales planos del escenario. Una atrevida intromisión de la lente dentro del público bailador descubre una respuesta que trasciende cualquier connotación sociológica. La desenfadada manera de bailar, el movimiento y soltura de caderas en contorneo provocador –que es iconografía de lo popular-, valen para testificar la hondura de la música cubana en franca respuesta ante la “provocación” del entorno social.

Esta obra no se satisface con los recursos repetitivos que persisten -anquilosados y recurrentes- en el género. Los textos de las canciones participan en generosa versatilidad textual -lingüística audiovisual-, desmenuzando algunos temas que son emblemáticos y trascendentes en toda la trayectoria del grupo.

“Ya llegó la botellita loca”, “El baile del buey cansao”, “Que no me toquen la puerta, que el negro está cocinando”, “Un meneíto pa’ qui, un meneito pa’ lla”. “Podemos decir yes”, “Sandunguera, que te vas por encima del nivel”. Son frases, títulos de canciones y acertijos que definen el sello Van Van. Textos que tratan el contorneo natural de la mujer cubana, o el doble sentido del hombre que cocina en casa “pues está ocupado”. O participaciones musicales de las diversas religiones que conviven en Cuba ajenas a toda imagen de censura que por otros lares persisten en cimentar, son algunas de las temáticas del repertorio Van Van.

Esta idea la proyecta de manera inteligente el periodista y crítico de arte Pedro de la Hoz cuando afirma: “Las migraciones internas, los amoríos de hombres maduros con muchachas jóvenes, las falsas aspiraciones sociales, el pulso de las ciudades de la isla, el movimiento, la sensualidad, los celos, las pasiones, todo cabe bien cantado en los temas de la orquesta, sin concesiones al mal gusto ni estridencias: la más legítima picaresca es la que asoma”.

Pero Liliana y Aarón incorporan nuevos derroteros estéticos, aprovechando las diversas locaciones para particularizar a cada uno de los integrantes de esta súper banda.

Samuel Formell despunta como un despampanante baterista haciendo gala de virtuosismo y poder sobre “todo lo que toca”. Su hacer está avalado por su aprendizaje en la Escuela Cubana de Música y la formación personalizada que le dio el respetado percusionista Changuito.

Cesar (Pupy) Pedroso –quien actualmente capitanea su propia agrupación-, “Pupy y los que son son”–, ha sido el principal compositor y arreglista -junto a Formell-, quién aporto sonoridades que entroncan con lo más sublime de la música popular cubana, pasando por Bach.

Mayito Rivera en escena se expresa con una soltura descollante, que es aprovechada por el dueto de realizadores más allá de la habitual escena de concierto. Nos descubre con anécdotas su trayectoria y aprovecha su particular presencia dentro de la agrupación, para resaltar la osadía de Formell en incorporar tres generaciones de músicos que, -como Mayito-, le dan un acento musical apto para todos los públicos, para “todas las voces”.

Pedro Calvo, quien también ha creado su propia agrupación –“Pedrito Calvo y la Nueva Justicia”–, fue hasta ese momento y durante muchos años el sello personalísimo de Los Van Van. Una voz conquistadora de pasiones, un elegante de pistas deportivas y escenarios a prueba de todos los públicos. “Un temba pa´que te mantenga”.

En la nómina visual del documental se incluyen el joven pianista, los veteranos del trombón, los violinistas -imprescindible instrumento de las orquestas charangas cubanas-, más la percusión menor. Todos cierran una marca que atestigua sus méritos como descollantes instrumentistas y colectivo musical-familiar.

El documental cierra con una secuencia del concierto en el ya mencionado escenario de “La Piragua”. Cada cual hace un solo de instrumento como una reafirmación insinuada de la calidad y virtuosismos de los integrantes de esta familia, en la que conviven generaciones de formación empírica y académica.

En el año 1999 Los Van Van, -como parte de una gira que hicieron por los Estados Unidos-, son invitados a tocar en Coliseo Arenas de Miami. Esta visita generó -dentro de una minoría de cubanoamericanos- expresiones de histeria, de actitudes anticulturales, quienes apelaron a calificativos tan aberrantes para una agrupación musical como Los Van Van como la de “terroristas”.

Esta secuencia constituye una marca del calibre de estos recalcitrantes y retrógrados personajillos, que estimulan una política agresiva contra la Revolución Cubana, herederos de las “escuela” del dictador Fulgencio Batista. Al final la cultura se impuso, Juan Formell y Los Van Van tocaron ante dos mil personas mostrando su calidad interpretativa desde el buen y auténtico arte cubano.

Los testimonios de músicos de la talla de Silvio Rodríguez son apabullantes en esta puesta documental: “No me tocó compartir la escena y la música con los Beatles, pero me tocó -a mucha honra- compartir la música con Juan Formell y Los Van Van. Como dice un amigo: el que pida más es un goloso”. O la afirmación de Pablo Milanés: “Formell ha hecho sonreír y hacer feliz a este país durante treinta años… se ha convertido en el cronista popular de nuestro país”. Son argumentos de pesos pesados de nuestra cultura que jerarquizan la valía de la agrupación dentro del contexto musical cubano y universal.

Las canciones de Los Van Van deambulan por las calles y la gente se apropia de ellas, esta “praxis” tiene un efecto inverso. Los Van Van sitúan su termómetro entre la gente. Asumen por derecho propio el papel social y cultural de ser voz y sentimiento de los cubanos.

Pero las claves de esta idea las dio el propio Formell en una entrevista para el Diario Clarín: “Yo me fijo en lo que la gente habla; no hago más que crónicas de un país que tiene un desarrollo bien complejo y muchas cosas que contar; de una anécdota o de una situación que está ocurriendo a nivel nacional, surge el comentario, bien sea sobre algo positivo, simpático o de lo que sea. Sobre todo, siempre en broma. El que baila está gozando y no es para que tú le estés diciendo, mira para esto o aquello. Se lo vas diciendo, pero en broma. Y lo va gozando. Es la idea”.

Este es un documental cuya estructura se aferra invisible. Esta virtud cartográfica contribuye a estimular un diálogo de dos: con los músicos, con los actores temporales que se acercan al escenario documental. Y el otro, -el gran público-, que resulta difícil de cuantificar, de clasificar, de poner en una balanza sociológica, pero sin dudas, es Cuba.

Esa multiplicidad de actores musicales nos permite vibrar con sus canciones, bailar como los de “La Piragua”. Con ese aire cadencioso, estrepitoso, bullanguero. Sin saberlo, estaremos dentro de la pantalla buscando espacio para mover caderas, y al final nos tocará movernos a duras penas “en un ladrillito”.

Pero no dejaremos de ver esta fiesta donde La Habana es su principal escenario. Nuestra percepción no estará limitada por el conocimiento de la agrupación musical. El responsable de esta idea es el hechizo de la cámara en mano, que seccionará los textos de estos peculiares interlocutores desgranando una humanidad que es universal.

La relación coordinada de imágenes y sonidos es indicativa del mundo histórico que ostenta esta agrupación. La propuesta semiótica de esta pieza documental ha sufrido poca o ninguna transformación. Los procesos simbólicos de esta singular agrupación están acompasados en una relación íntima y colectiva de la que seremos más que espectadores.

El documental “Van van, empezó la fiesta”, te pone a gozar sin posibilidad de escapatoria.

Ficha Técnica

Guión: Martín Salinas

Dirección: Liliana Mazure y Aarón Vega

Producción General: Jorge Devoto y Noel Álvarez

Dirección de Fotografía: Rafael Solís, Marcelo Iaccarino

Edición: Miguel Schverdfinger

Sonido: Nerio Barberis, Osvaldo Vacca

Largometraje Documental (2000) 84 minutos. Formato: 35 mm.

Productora: ICAIC, Arca Difusión S.A., Argentina

Sinopsis

Cuenta la historia de los treinta años de vida de la orquesta cubana de música popular Los Van Van, ganadora del premio Grammy en 1999.

*Editor del blog: www.cinereverso.org

Nota: Hoy amanecí con la triste noticia del fallecimiento del gran músico cubano Juan Formell. He querido desempolvar una reseña que escribí en noviembre del 2011 en torno al filme documental “Van van, empezó la fiesta”. Mi sentido homenaje a un grande de nuestra música con este texto.

Madrid, 2 de mayo de 2014.

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