La otra mirada

(VIDEO) La entrevista: una obra fílmica de inquietantes diálogos. Por: Octavio Fraga Guerra*

La entrevista. (Ficción, 2012) Directores: Daniel Ortiz Díaz y Javier Díaz

La entrevista. (Ficción, 2012) Directores: Daniel Ortiz Díaz y Javier Díaz

Admiro y respeto a los creadores que tienen la capacidad de construir una historia contundente, orgánica y cerrada en “tan poco de nada”. Que presumen de la inteligencia y el virtuosismo de hilvanar una pieza audiovisual poblada de inquietantes diálogos, de sonoros argumentos y certeros trazos dramatúrgicos. Tan solo bajo los predios de una economía de recursos. Desde los preceptos de una puesta en escena que no urge de la presencia de una parafernalia de producción, –lo cual no critico- y sin embargo no dejas absortos. Una obra que nos pone a pensar.

No es un asunto menor escribir un guión para un filme de unos pocos minutos. Hay que dominar la síntesis audiovisual. Hay que tener claro que se quiere decir y para qué. Digo más. Hay que saber escudriñar en los más hondos parajes del guión para “hacernos entender” ante ese público receptor. Un creciente público, viciado por las nuevas tecnologías que -mal usadas- embrutecen hasta la idiotez. Un receptor que no deja de buscar historias nuevas para que el arte final le resulte, -al menos-, inquietante y conmovedor.

Una pieza de esta naturaleza puede ser premonitoria. Un filme de este calado puede ajustar las más “sólidas” tesis sobre la sociedad contemporánea. La medular y contundente obra La entrevista, de los cineastas españoles Daniel Ortiz Díaz y Javier Díaz entra en ese exclusivo apartado que tanto necesitamos, para entender los profundos procesos de continuidad, ruptura y cambios que soporta hoy la sociedad global.

Dos actores en una pequeña locación, la oficina de un ejecutivo de empresa. Planos cerrados para acentuar la carga dramática. Miradas atentas y austeridad de palabras para no decir algo inconveniente. Un bocadillo de más puede trastocar las intenciones de ambos. Sobre todo de la mujer interpretado por la actriz María del Carmen Fernández.

Ella busca empleo. Viste para la ocasión y se empeña en su objetivo ante la mirada inquisitoria y fría de su entrevistador. La mujer se desdobla comedida para no dejarse amilanar antes las sentencias del empresario que precisa los derroteros de preguntas y comentarios que apuntan hacia el escenario en donde ella pretende laboral.

El director interpretado por Ángel Salinas, -impecablemente vestido- desatada palabrería propia de los “altos ejecutivos de empresa” que miran con ojo de frivolidad y postura esquiva. Apenas tiene movimientos corpóreos y es que las gestualidades están calculadas para ubicar al lector fílmico ante un empresario que “deja las cosas claras”.

La fotografía juega a eso, a ponernos en situación. Cada palabra y cada entrecruce de diálogos lleva consigo un tiempo de cámara. Nos hace participes de la intimidad de dos personas anónimas enfrentadas a un momento crítico, a una situación que podría tener dos únicas respuestas. La “presa” a conquistar es un bien codiciado en tiempos de hoy: un empleo.

La fotografía no se deleita en lo que está detrás, en los fondos de la escena. Unos pocos recursos de utilería bastan para ponernos en situación. Los directores quieren que escuchemos el dialogo, que entendamos el texto. Daniel Ortiz Díaz y Javier Díaz nos invitan a estar en esa intimidad continuamente dibujado por el rumor y la fuga de variadas interpretaciones personales. Cada quién ha puesto su parte en ese momento que parece la cumbre de la vida cuando en verdad es el comienzo de una nueva etapa de nuestras vida.

Todo parece claro entre ellos. Nada ha quedado por decir en los dos primeros tercios de este filme que denota ser una obra de estatura humana y calado universal. El final de esta pieza es para el deleite de todos. Otro argumento de más y revelo algo sagrado entre los que hacemos arte desde el audiovisual, el final de una obra.

Un filme como este urge socializarlo, en tiempos donde el capitalismo deshace a sus anchas los más elementales derechos alcanzados décadas tras décadas, tras la Revolución francesa. Yo he disfrutado y he aprendido con esta pieza. Les invito a entrar en ella.

Sinopsis

Los beneficios de la empresa ya no son como antes… hay que trabajar más y ganar menos.

Ficha técnica

Título: La entrevista

Año de producción: 2012

Duración: 3 min.

País: España

Directores: Daniel Ortiz Díaz y Javier Díaz

Guión: Daniel Ortiz Díaz

Fotografía: Mygue Tomé

Cámara: Mygue Tomé y Javier Díaz

Montaje: Daniel Ortiz

Sonido: Yeray Ferrer

Storyboard: Javier Díaz

Mujer: María del Carmen Fernández

Director: Ángel Salinas

Ejecutivos: Irene San Linos, Pilar Mena, Diego Núñez, Ana de la Rosa y Javier Diaz

Productora: Niños Cabra

*Editor del blog: www.cinereverso.org

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La balada del perdedor: a propósito de los hermanos Coen. Por: Javier Pulido

A propósito de Llewyn Davis'‘A propósito de Llewyn Davis’, la última película de los cineastas de Minnesota, es el ejemplo perfecto para analizar la fórmula que ha convertido su cine en un género en sí mismo

“Los Coen hacen películas plenamente autoconscientes de su relación con géneros cinematográficos preexistentes. Su cine descansa en el conocimiento cultural y fílmico compartido con sus espectadores”, dejó escrito Carolyn R. Russel en un ensayo sobre los hermanos más famosos del cine de las últimas décadas, con permiso de los Wachowski. Una definición que explica que, aunque les persiga el sambenito de cineastas indies, su obra sea ya conocida y reconocida por el gran público y haya ganado premios de la Academia.

Pero ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos del cine de los hermanos Coen? Lo cierto es que es posible destilar su fórmula a través de una serie de elementos comunes que se repiten en sus películas, y que también aparecen en su última cinta estrenada en España, la muy recomendable A propósito de Llewyn Davis.

Los tiempos están cambiando

Las películas de los hermanos Coen suelen transcurrir en escenarios muy específicos, indisolublemente unidos a la trama argumental, que acaban por adquirir entidad propia y comportarse como un personaje más. Con independencia de en qué lugar se desarrollen sus historias, sería difícil imaginarlas en cualquier otro contexto. Imposible disociar Fargo de ese perenne manto nevado de fondo; o Arizona Baby, de los parajes desérticos en que se desarrollan esas persecuciones cartoonescas a lo Chuck Jones.

A próposito de Llewyn Davis huele a Nueva York por los cuatro costados; a ese Greenwich Village de 1961 cuyos escenarios estaban tomados por músicos de jazz y bluesmen y en cuyas calles todavía podía sentirse el regusto bohemio y drogota de los años de gloria del movimiento beat.

Aún tendrían que pasar unos meses para la eclosión de la escena folk y el advenimiento de todos esos cantautores politizados con la mochila llena de historias y acordes de sus lugares de origen. Trovadores acústicos como Dave Van Ronk se las apañaban con más oficio que suerte. Van Ronk se mudó al Village a principios de los 50 y ya no se quiso mover hasta su muerte. Además de músico, fue mentor de la generación folk y notable filósofo de barra. Sus memorias de la época están recogidas en The Mayor of MacDougal Street, crónica colorida y algo ácida de la antesala del revival folk de principios de los 60.

El libro fue a parar a manos de los Coen, que jugaron a imaginarse qué hubiera pasado si a Van Ronk le hubieran dado una paliza a la salida de una de sus actuaciones: un material de primera para urdir una de sus ácidas sátiras en torno a la cultura popular que se les dan tan bien. La muerte o la violencia, habitualmente producto de un malentendido, suelen desencadenar los acontecimientos en el universo de los Coen. En otras ocasiones, la maquinaria de catastróficas desdichas se pone en marcha por el efecto negativo que la ausencia de dinero causa en sus personajes, bien porque andan sin blanca o porque, como en O brother, persiguen un botín.

En ambos casos, A propósito de Llewyn Davis cumple sobradamente el requisito. Ron Howard hubiera rodado un biopic azucarado sobre el fulminante ascenso de Bob Dylan al olimpo del folk, pero a los Coen les seduce más filmar la amarga épica del fracaso, las penurias de los pioneros que allanaron el camino y sólo obtuvieron reconocimiento tardío en el mejor de los casos.

Esos momentos de crisis que remarcan aún más la propia crisis vital de sus personajes aparecen con frecuencia en sus películas. Muerte entre las flores se desarrolla en los años de la Prohibición y en El gran Lebowski hay referencias explícitas a los primeros meses de la Guerra del Golfo. En cierta manera, su última película es la precuela cinematográfica de la mítica portada del disco The Freewheelin ‘Bob Dylan, tan definitorio del cambio de paradigma musical, de la que toma prestados sus colores apagados.

Sangre en los surcos

En la filmografía de los Coen no hay sitio para héroes ni ganadores. El Barton Fink de la película homónima o el Larry Gopnik de Un tipo serio se enfrentan a una concatenación de trabas vitales e incidentes absurdos que acaban, por acumulación, convirtiendo sus vidas en un infierno. Cobayas constantemente hostigados por sus creadores en experimentos que destilan un humor negrísimo.

Llewyn Davis, un Buster Keaton hierático pegado a una guitarra, es el último en sumarse a esta peripatética liga de perdedores. A pesar de su celebrado gusto musical, es incapaz de oler un futuro éxito de ventas en sus narices. Pretende llegar lejos con su arte, pero no tiene donde caerse muerto en el día a día. Este héroe torpe y melancólico ahogado en sus contradicciones está, en fin, en el lugar correcto pero en el momento equivocado. Un estereotipo, sí, como tantos otros del que los hermanos Coen saben sacar petróleo.

La integridad artística de Llewyn contrasta con su incapacidad para la empatía con el entorno y su patológico bloqueo emocional. “Todo lo que tocas se convierte en mierda, como el hermano idiota del rey Midas”, le recrimina Jean, novia de su mejor amigo y a la sazón amante de Llewyn, de quien se ha quedado embarazada.

Los personajes creados por los Coen no suelen hundirse en la autocompasión. Perseveran en sus quijotescos empeños y no pierden la esperanza, aunque saben que se mueven en un universo sin sentido y están marcados por un destino fatal. Verbigracia: Llewyn Davis emprende un viaje casi suicida a Chicago sólo para que le digan a la cara que no es carne de front-man, que tiene talento pero nunca alcanzará el éxito.

Cuando por fin baja los brazos, resignado a seguir los pasos de sus padre en un buque pesquero, se cruza con la enjuta figura de un joven Bob Dylan a punto de cambiar la historia de la música con canciones como I was young when I left home. El bardo de Minnesota dijo una vez: “Todo lo que yo buscaba era ser tan grande como Dave Van Ronk”. Pobre consuelo para todos los Llewyn Davis del mundo.

A lo Sísifo

Al igual que Jeffrey Lebowski, Llewyn Davis se mete por casualidad en lo que parece un pequeño lío pero acaba por convertirse en un embrollo de proporciones bíblicas. Hay una diferencia: si El Nota podía pasar por un detective patoso de cine negro imaginado por un Raymond Chandler en horas bajas, aquí Davis emprende un viaje homérico, con referencias explícitas a La odisea, y de estructura circular, como aquellas canciones folk en la que el último verso es exactamente igual al primero, pero de las que se sale más sabio tres minutos después.

En manos de los Coen, la idea de un moderno Sísifo enfrentado perpetuamente al absurdo de la vida se convierte en material de primera para su idea de comedia. La gravedad trágica de la vida y la angustia existencial, prolongadas durante demasiado tiempo y forzadas al límite, acaban provocando la hilaridad, como bien saben unos cineastas que huyen deliberadamente del realismo y parecen genéticamente incapaces de escribir y rodar un material que de alguna manera no esté contaminado por elementos de comedia, por muy negra que sea.

A los Coen, defensores confesos del mal gusto cinematográfico, les hemos visto haciendo gags a costa de paralíticos y el Ku Klux Klan. En esta ocasión no van tan allá, aunque las bromas del gigantesco músico de jazz Roland Turner –interpretado por John Goodman– sobre el suicidio del antiguo compañero de correrías musicales de Llewyn hielen bastante la sangre.

El blues del ahorcado

Ethan y Joel Coen siempre escriben sus historias siguiendo la misma metodología: imaginan una primera escena potente y, a partir de ahí, se dejan llevar donde les lleven el material y los personajes. A propósito de Llewyn Davis se abre con el barbudo cantante interpretando del tirón con su guitarra y en primer plano un original de Van Ronk, Hang me, oh hang me.

De entrada, el arranque supone una ruptura tanto con sus peculiares ángulos de cámara jaleados por la crítica, aquellos que esconden información en lugar de revelarla, como con sus dinámicos travellings tan habituales. Pero además la canción, como todas las que vendrán después, se encarga de proporcionar la información sobre un personaje que tiende a expresarse de manera bastante lacónica, lo que le convierte en sparring de adversarios dialécticos con bastante más verborrea. Si en los musicales las canciones tienden a celebrar catárquicamente el gozo o a exorcizar la pena, las que entona con su guitarra Davis parecen servirle para soportar el dolor.

La pureza que emana de sus interpretaciones tiene una explicación. El actor Oscar Isaac tuvo que aprenderse el repertorio de memoria y tocarlo en directo frente a la cámara, al igual que Justin Timberlake y Carey Mulligan. La idea partió del veterano músico y productor T-Bone Burnett, que al menos en esta película ejerce de tercer hermano Coen.

Los cineastas de Minnesota se caracterizan por mantener los costes de sus producciones al mínimo, por lo que difícilmente generan pérdidas, pero también por repetir siempre que pueden con el mismo equipo artístico y técnico. Burnett comenzó a colaborar con los Coen en El gran Lebowski, y fue el responsable directo de la fiebre por el bluegrass que se desató en todo el mundo a raíz de O brother. No parece que vaya a repetirse el episodio esta vez, a pesar de esa brutalPlease Mr. Kennedy, que ironiza sobre los comienzos de la era espacial estadounidense.

Los hermanos Coen no han inventado la rueda, pero sí han reinventado a su manera los géneros clásicos, firmando comedias oscuras protagonizadas por rufianes de buenas intenciones o impecables ejemplos de neo-noir cuyas complejas tramas ejercen de macguffin para intercambios verbales pugilísticos. “Si no es nueva y no envejece, se trata de una canción folk”, entona como latiguillo recurrente Llewyn Davis cada vez que se sube a un escenario. De eso o de una película de los Coen.

Texto tomado de la publicación: http://www.eldiario.es

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“Tabú”, la última joya secreta del cine europeo. Por: José Ramón Otero

Tabu

Los aficionados al cine llaman “cofres” a los cuidados formatos especiales – libres de plástico– con los que a veces las editoras regalan la vista a los cinéfilos. La editorial barcelonesa Intermedio DVD, famosa por hacer atesorar a sus seguidores algunos de esos arcones repletos de joyas modernas del cine (desde Jean-Luc Godard a Lisandro Alonso, pasando por Jonas Mekas) acaba de editar otro más en tiempos de acceso universal a la cultura a través de internet, pero también en tiempos de acumular con nosotros las evidencias de un presente y un futuro del cine genuino. La alhaja, más bonita, más preciosa, más valiosa si se quiere, y no muy cara, está dedicada al director portugués Miguel Gomes, que los enamorados de las imágenes en movimiento recordarán por Aquel Querido Mes de Agosto (2008) y por éste Tabú (2012) que triunfó en la Berlinale y que en España ha podido estrenarse hace muy pocos meses tras obtener el Premio del Público en el Festival de Cine de Las Palmas. Un cofre, lo repetimos, que reúne ese último largometraje con la casi integral de sus cortos, en un arca de la alianza entre cine de autor y afinidad electiva de los espectadores.

La peculiaridad de Tabú es que se trata de una película de vanguardia que logra ser amada por el amante del cine clásico. Todos los recursos estilísticos que pone en juego, desde hacer que gran parte del metraje fuera mudo, antes de que se estrenara y se conociera The Artist, hasta combinar el blanco y negro en 2 formatos de película diferentes, 16mm y 35mm, están al servicio de una mirada singular que justifica plenamente el adagio de ‘cine de autor’ a los reticentes y a los nostálgicos de las décadas doradas de la producción industrial en Hollywood. Tabú es una obra que se sumerge en África para contar una historia de amor en las colonias portuguesas del continente, pero que también nos muestra el porvenir de un romance frustrado. Y, cómo no, en un movimiento magistral, la terrible mentira que el hombre blanco hizo vivir al hombre negro, y a sí mismo, en ese territorio.

Hablar de contrastes en relación a Tabú es dar sólo una vaga idea de lo que nos encontramos en el film. Primero está lejanamente inspirada en una obra de 1931 de F. W. Murnau del mismo título, que no pudo ver estrenada al morir a los 42 años. El Tabú de Murnau quiso rodarse en África, aunque finalmente fue llevado al Pacífico Sur, y también fue una película muda de amor, pero ahí se acaban las similitudes. Gomes lo traslada al Mozambique colonial de los años 50, un pasado con el que los portugueses están reconciliados gracias al triunfo de la Revolución de los Claveles, y hace que una historia llena de humor, de anacronismos, de música ye-ye y de inteligencia, comparta metraje en la parte sonora del filme con la narración del Portugal contemporáneo donde una anciana, la amada de 60 años atrás, es una adicta al juego que va perdiendo la memoria de todo excepto de aquel primer anhelo parecido a un destino.

De Tabú extraemos tantas conclusiones que es la realidad la que finalmente parece superficial comparada con el velo onírico de este Tabú y su narcosis. La épica, a la que tan aficionado es el cine de masas, se ha vuelto un territorio en el que se oculta que el relato victorioso se escribe a medias entre los que quieren ser absueltos de su juicio y los que temen mirar atrás. Los derrotados vuelven a casa diciendo que no participaron en batalla alguna. Los enamorados recuerdan durante toda la vida la geografía de una ciudad que sólo existió en el interior de su amor. Los espectadores rememoran esa parte del pasado como si se tratara del coma del progreso, y tienen razón cuando nos lo enseñan como una pesadilla de erradas absoluciones, y condenas, que han sido causa de este presente insatisfactorio en el que vivimos. Tabú los desmiente un poco a todos, excepto al público. El ayer, cuando se da forma a una obra de arte, es una pugna entre subjetividad e Historia.

Del delirio del colonialismo europeo en África queda la fantasía del paternalismo y la civilización a cambio de un precario bienestar que esclaviza a tantos. Los que vivieron su juventud en un ambiente opresivo e inmoral no recuerdan lo opresivo y lo inmoral, sino su propia juventud, edad del ensueño por excelencia, que, si no es hurtada por la ausencia de un mínimo confort, es siempre territorio de maravillosos recuerdos. Pero algo falla en ese relato, que se le da desde arriba hecho a las sociedades, porque muchos de sus pobladores terminan desorientados, incapaces de anticipar el porvenir, pretendiendo prolongar ad infinitum el siglo XIX o los que le precedieron, cargando con las consecuencias de una razón conservadora, privada y debida a intereses que les son desconocidos, que ha provocado que a menudo sea inevitable la infelicidad.

Pese a todo, tal línea de pensamiento, puede ser destilada a través del arte. Entonces muchos entienden lo que les ha sido negado entender. No todo era belleza cuando diste tu primer beso, quizás muy poco, incluso en África, excepto tú ofreciéndolo todo a cambio de nada. No fue la vida quién te impidió ser quien pudieras haber sido, sino un orden de cosas que ignorabas y que has pretendido seguir ignorando. Es cierto cuando dices que no se parece aquel curso natural de nuestra existencia con lo que hemos terminado por aceptar que fuera real, incuestionable. Esto que repetimos incansablemente, esta actividad mecánica y fingida, hace invisibles nuestras huellas y confunde los recuerdos. No puedo creer que aunque nuestros rostros hayan cambiado no seamos las mismas personas. En ocasiones probar las certezas es un tabú cuando se mira al pasado porque van a ser inevitablemente refutadas.

El cine de Gomes nos devuelve mucho de lo que admiramos de esa parte de la humanidad que son los portugueses. Esa ironía llena de ética, que apenas se permite caer en el cinismo. Esa lengua que arrulla y que surge como quien recita un poema cotidiano. Esa presencia, y ese abandono, de los que no han perdido una guerra ni la han ganado, pero han luchado siempre, en una batalla interminable. En Miguel Gomes prevalece un significado al hacer cine que nos lleva a contemplarlo como si asistiéramos a un presente alternativo en el que lo posible y lo imposible se debiera a categorías que el resto del tiempo nos parecen inalcanzables. El relato es entonces una razón común, porque va a alumbrarnos más allá de los mitos, porque nos empuja a creer que la verdad es lo único que tiene sentido en este mundo.

Texto tomado de la publicación: http://www.lamarea.com

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Revisitar “Fresa y Chocolate”. Por: Pedro R. Noa Romero

F y CFotograma del filme “Fresa y chocolate”

Después de su estreno, en 1993, la película cubana Fresa y chocolate generó una serie de ondas expansivas muy interesantes.

Hace 20 años, durante las actividades del XV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, se estrenó Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea, Juan Carlos Tabío), sin dudas uno de los filmes más importantes de toda la cinematografía cubana. De esos días de estreno, durante la primera decena de diciembre de 1993, guardo una anécdota personal.

Si nos ubicamos en contexto, aquel fue de los años más cruentos de la crisis económica que vivió Cuba en el primer lustro de los noventa. El Festival de Cine ―forma apocopada empleada comúnmente por los fanáticos del evento― era un espacio heroico, mantenido con mucho estoicismo por sus organizadores, dadas todas las carencias que existían en el país, entre ellas una fundamental para la exhibición cinematográfica: la electricidad. Pero también es cierto que aquellas funciones, mantenidas durante todo el día, significaban, para una buena parte de la población, un espacio de refugio donde mitigar, al menos por un rato, todas las penas cotidianas que los acechaban y golpeaban.

Yo, habitante desde mi nacimiento de esa zona geográfica nacional más allá de la capital, que delicadamente algunos denominan provincias, había llegado, por no recuerdo qué medio de transporte, a la zona de Centro Habana. El horario de mi arribo solo me daba tiempo para ver la película que exhibían en la primera tanda del cine Payret. Estoy seguro, en más de un noventa por ciento, que la película oficialmente programada no era Fresa y chocolate, sino un filme de otro país latinoamericano.

Como lamentablemente es habitual, aún hoy, en nuestros eventos fílmicos, nadie avisó acerca del cambio y, cuando se inició la proyección, todos los sentados en la oscuridad de la sala quedamos asombrados ―y no de forma muy grata―, cuando sobre una pantalla negra apareció: “El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos en coproducción con…”.

Los que han tenido la posibilidad de “disfrutar” una película en el Payret podrán comprender la reacción de la audiencia ante el cambio de programa. Reacción que continuó in crescendo a partir del planteamiento inicial de la película en sus dos primeras secuencias: la de David con la novia en la posada, que termina con el fiasco de sus promesas, debido al casamiento de ella con otro hombre, y el encuentro ―a continuación― con Diego en Coppelia.

Por supuesto, la orientación sexual de Diego y el acoso sutil e inteligente que durante todo el largometraje establece con David, llevaba por momentos hasta la apoteosis el clamor de un público caracterizado, en sentido general, por su machismo.

Sin embargo, en la medida en que avanzaba la trama y la película servía para poner sobre el tapete otros temas como la urgente necesidad de conservación de la identidad y el patrimonio cultural en fase de devastación, la posibilidad de la amistad más allá de las diferencias y el desgarramiento que produce la emigración forzada por incomprensiones ideológicas; el público, sin dejar de producir sus estentóreos apuntes a los giros de la historia ―sería pedir demasiado―, fue siendo conquistado por el filme y, cuando se produjo el antológico abrazo final entre los protagonistas… un cerrado aplauso colmó todo el recinto. ¡Fresa y chocolate había pasado con creces la prueba de fuego ante su público! ¡Y qué público!

La certeza de mi exclamación anterior fue el Premio de la Popularidad que ganó en aquel gris diciembre de 1993, entre todos los otros premios importantes obtenidos en el Festival de Cine de La Habana. Este fue solo el inicio de una carrera de éxitos que reunió también el Premio Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, y la nominación al Premio Oscar en el apartado de Mejor Película extranjera, ambos en 1995. Hasta hoy, ninguna otra producción fílmica nacional ha estado tan cerca de conquistar la controvertida estatuilla.

Después de su estreno, la película generó una serie de ondas expansivas muy interesantes. La primera fue un incremento del interés académico en una buena parte de los Estados Unidos de América, Europa e incluso en América Latina, por conocer un poco más sobre el cine cubano. Esto se debió, principalmente, a la excelente distribución que tuvo el filme en el mercado foráneo, apoyado también por los galardones conquistados.

Una demostración de lo anterior lo constituyó el hecho de que, cuando uno le preguntaba a cualquier grupo de estudiantes extranjeros, venidos a Cuba para conocer sobre nuestra cultura o específicamente sobre la cinematografía nacional, qué película cubana habían visto con anterioridad, casi siempre encabezaba la lista ―pocas veces extensa― Fresa y chocolate.

La otra onda expansiva provocó la aparición en el universo internacional de varios documentales que abordaron el tema de la situación de los homosexuales en la isla, realizados por directores extranjeros. Entre ellos, Gay Cuba (1996, Sonya de Vries) y, desde dentro, Mariposas en el andamio (1995, codirigido por Luis Felipe Bernaza y Margaret Gilpin).

La intención de destacar Fresa y chocolate como una obra relacionada con la homosexualidad estuvo marcada por el contexto cinematográfico internacional. Apenas unos años antes había comenzado el florecimiento, en los estudios sobre cine, del llamado Queer Cinema, una vertiente académica que, a partir del Festival de Toronto de 1991, comenzó a examinar la oleada de filmes arribantes a los eventos desde finales de los ochenta, los cuales proponían una renegociación de las subjetividades, pues el nuevo concepto no solo incluía cintas sobre homosexuales y la homosexualidad como tema, sino también lo homoerótico como subtexto, así como las lecturas hechas “contra el grano” de algunas películas a lo largo de toda la historia del cine mundial.

Contemporáneos con Fresa y chocolate fueron, entre otros muchos, Eduardo II (1992. Derek Jarman), Banquete de bodas (1993. Ang Lee) y, por supuesto, Philadelphia (1993. Jonathan Demme), película que colocó, dentro del cine hegemónico hollywoodense, una línea de producción fílmica perteneciente, hasta ese momento, a la contra cultura, fruto del cine independiente y del underground, principalmente.

En realidad, el tema homosexual en la cinta cubana ―más allá de haber sido muy útil para su colocación como producto en el mercado―, debía funcionar como máscara, camuflaje, para su intención principal: discursar sobre la simulación, en tanto sinónimo de fingimiento. El entramado de caracteres está diseñado para que ninguno sea sincero en su comportamiento y accionar. Todos tienen una intención oculta. La sinceridad nace entre los personajes con mucha dificultad, pues el mundo que los rodea es adverso y perverso, tanto desde lo material como lo subjetivo.

La relación entre Diego y David, conformadora de la línea argumental principal, es pretexto para poner sobre el tapete condicionamientos ideológicos más trascendentales. En cada encuentro, ellos van develando(se) particularidades acerca de su visión sobre el mundo, sobre la realidad que los rodea, sus objetivos como seres sociales. Juicios todos que cuestionan conceptos ideológicos, contextualizados de forma implícita en las circunstancias políticas de la nación cubana.

La aparente acronía en que se desarrolla la historia permite al espectador avezado hacer lecturas de distintos momentos en la vida cultural y política cubana: desde los tiempos represivos del llamado quinquenio gris, durante el cual muchos intelectuales y personas comunes tuvieron que pagar por sus orientaciones sexuales diferentes a la heterosexualidad tenida como correcta, hasta guiños documentales acerca de los impactos que estaba provocando, en la sociedad, la galopante crisis económica, imprescindibles para dejar constancia del ahora mismo en que se estaba filmando la cinta .

La obra cinematográfica de Tomás Gutiérrez Alea se distinguió por estructuras narrativas bien construidas, muy cercanas al modelo clásico realista, también conocido como representacional Institucional. Con excepción de Memorias del subdesarrollo (1968) y Una pela cubana contra los demonios (1971), donde primó una narración marcada por la experimentación, el resto de su filmografía apeló a los héroes bien delineados psicológicamente, que luchan por lograr sus objetivos, sus metas. Sus historias son cronológicas, con muy poco rebuscamiento formal en sus relatos.

Sin embargo, su fortaleza ideotemática está precisamente en las competencias que tienen sus personajes para enfrentar el contexto social en que se desarrolla el argumento. Caracteres que siempre mantuvo, alejado de posiciones maniqueas.

En Fresa y chocolate, David fue diseñado para mostrar las limitaciones del soñado modelo de hombre nuevo. Como arquetipo ya había aparecido en el cine nacional en Mujer transparente (1990). Específicamente en Zoe, la cuarta historia, dirigida por Mario Crespo. En este cortometraje, la contrapartida masculina de la protagonista es un dirigente estudiantil universitario, quien esconde tras su cargo las limitaciones de su inteligencia, las carencias de su instrucción y la falta de sensibilidad. El remate irónico de su personalización está en el hecho de que no conozcamos su nombre propio, todo el tiempo es llamado por la muchacha como “el Acorazado Potemkin”.

David presenta la misma bastedad cultural de su antecesor cuando se encuentra con Diego; sin embargo, en él existe una brizna de sensibilidad que será cultivada por su contraparte. Él tiene el don de la duda, la cual ejercita constantemente a través de monólogos internos, en los que se auto cuestiona hasta comprender lo errado de su actitud.

Diego es el primer protagónico de nuestro cine de ficción construido con una orientación sexual diferente a la norma heterosexual, eso es cierto. Sin embargo, su homosexualidad y la atracción que siente por David no se convierten en el eje narrativo principal del filme. Esta línea argumental pasa a un segundo plano.

Su diferencia con respecto a la norma es aprovechada por Titón y Tabío en otro sentido ideo temático. Su condición gay le otorga el mismo sentido marginal, de ente extraño, exótico, poseída por los Sabios, los Maestros, en las narraciones heroicas tradicionales. ¿De qué forma mejor podía esconderse ―y al mismo tiempo hacer provocativa hasta casi la inverosimilitud― la capacidad de ilustrar, de preparar al héroe en la sociedad contemporánea cubana? Diego es el Mentor y como algunos de su especie, constantemente están al límite del deseo de engullir a su pupilo, cumple con su misión. ¿Cuál? Preparar a David para enfrentar al Monstruo social en que vive y hacerlo capaz de reconocer (y nosotros, espectadores, también) que es necesaria una nueva mirada, con un alto componente cultural y de aceptación de las diferencias, para no perder la batalla. Una nueva visión del Hombre Nuevo.

Y aunque, casi al final de la obra, el Mentor se rinde ante el Monstruo social y tiene que huir, exiliarse, el héroe ha sido preparado. David ha sido ilustrado. El abrazo final lo demuestra. Aún hay esperanzas. No existe un final tan optimista en las otras cintas dirigidas por Tomás Gutiérrez Alea, a pesar de que el entorno era cada vez más sombrío.

Eso fue lo que sintió el público sentado, ese día de diciembre de 1993, en el cine Payret y en otras salas cinematográficas de La Habana. Por eso le dimos, desde entonces, un voto permanente de aceptación a Fresa y chocolate.

Texto tomado de la publicación: http://laventana.casa.cult.cu

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(VIDEO) Historias para ser contadas

Reseña del documental: Ruta del terror (Parte Ii, Final) de la serie, “Las razones de Cuba”


Nosotros no hacemos films para morir,

sino para vivir, para vivir mejor.

Y si se nos va la vida en ello,

vendrán otros que continuarán.

Raymundo Gleyzer

 

Esta segunda entrega de la serie: Las razones de Cuba. Ruta del terror (parte II, final) completa un abanico de acciones terroristas, dirigidas hacia el pueblo y el gobierno cubano. Con la singularidad de abordar las acciones organizadas por la contrarrevolución cubanoamericana y la venezolana, que forman parte de un todo.

El capítulo pone al terrorista salvadoreño Francisco Chávez Abarca como testigo central, relacionado con estos hechos. Sus declaraciones confirman lo que viene denunciando los gobiernos cubano y venezolano: la inaceptable participación de las administraciones de los Estados Unidos, que apoyan y toleran las acciones belicistas de estos grupos de terror. Para un solo cometido, desestabilizar los procesos revolucionarios de ambos gobiernos, legitimados por la voluntad popular.

La introducción de Ruta del terror (Parte II), es muy elocuente. La entrada ilegal de Chávez Abarca a territorio venezolano es seguida por las cámaras de un aeropuerto. Sus primeras declaraciones son demoledoras.

¿Cuáles eran sus objetivos en Venezuela? – “Desestabilizar Venezuela”… “Para Venezuela había dos fusiles”… “Quemar llantas, hacer disturbios en la calle, atacar a un partido político para que le caiga a otro, porque no se llevan o porque por lógica no son afines vea, porque por principios o por conveniencias diferentes entonces allí los pones a pelear”. Este mercenario venía mandato por el terrorista internacional, Luis Clemente Posada Carriles.

Esta escena es clave en el filme. La palabra confiere al relato un índice de realidad suplementario que contribuye a orientar al espectador hacia el realismo y servir de documento para la historia. El efecto de realidad se refuerza cuando el personaje puede darnos dos series de informaciones: el contenido de su diálogo y la banda sonora-palabra. Obviamente la expresión de su rostro o la disposición de su cuerpo, refuerzan la credibilidad de su testimonio. Estamos ante un testigo excepcional. Un terrorista confeso, que contribuye a desmenuzar las claves argumentales que evolucionan en esta entrega.

Nuevos retratos de congresistas de los Estados Unidos y activos miembros de esta red de terroristas, son incorporados en Ruta del terror (Parte II). Sus nombres: Robert Menéndez, Ileana Ros-Lethinan, Lincoln Díaz-Balart y Santiago Álvarez Fernández Magriñá. De este “personaje”, comentaré más adelante, a partir de una escena demoledora de este capítulo que es necesario subrayar.

Estos apuntes-retratos, desglosados en síntesis, son oportunos pues contribuyen a visualizar la catadura moral de los que forman parte de esta red, que no solo son los terroristas. Políticos y empresarios, forman parte de esta cuadrilla de bandoleros con mucho poder en los Estados Unidos.

Un nuevo pasaje de las acciones terroristas de Posada Carriles y sus asalariados, es “presentado” en este filme. Pongo el entrecomillado pues los hechos que comentaré en esta parte, son bien conocidos por el pueblo cubano.

En noviembre del año 2000 correspondía la celebración de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que se celebró en Panamá. El ex presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, tenía previsto reunirse con más de dos mil estudiantes en el Paraninfo de la Universidad de Panamá.

Posada Carriles, junto a otros tres terroristas de origen cubano estaban en territorio panameño para atentar contra la vida Fidel. El objetivo, era poner en el recinto universitario, 34.44 libras de carga explosiva C-4, suficiente –según los expertos- para cercenar la vida de cientos de personas. Por supuesto que el compañero Fidel realizó su encuentro con los estudiantes y los terroristas: Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez, Guillermo Novo y Pedro Remón fueron apresados. El gobierno cubano sabía de ante mano los planes de este asesino internacional, que fue denunciado por el propio Fidel, tan pronto llegó a la Ciudad de Panamá.

Estos criminales tan solo cumplieron cuatro años de cárcel. La presidenta de esa nación en ese período -Mireya Moscoso-, los indultó pocos días antes de cumplir su mandato presidencial. La bajeza y el calado moral de esta señora, queda grabado en una llamada telefónica que le realizó al embajador de Estados Unidos –perdón-, al contestador automático y que le da al filme, un valor sustantivo como obra documental.

Mireya Moscoso: – “Embajador Buenos días, es para informarle que ya los cuatro cubanos fueron indultados en la noche de ayer y que salieron del país, tres con rumbo hacia Miami y el otro en rumbo desconocido”.

Una vez más la palabra adquiere una connotación de singularidad documental. Estas declaraciones son una prueba relevante del papel del gobierno de los Estados Unidos, que ampara y apoya a terroristas en su propio territorio. Sánchez Abarca, conocedor de estos pasajes por sus vínculos con Posada Carriles, desvela las prebendas que recibió esta deplorable ex presidenta del gobierno de Panamá, por sus servicios prestados.

Hago un aparte sobre lo orgánico de este documental. La labor de montaje está diseñada para acercar al lector fílmico a un mundo tenebroso y complejo. En el se barajan, personas, organizaciones, hechos, anécdotas, así como pruebas documentales y testimoniales que son necesario organizar de forma tal que los televidentes, -ajenos a estos temas-, visualicen el entramado que caracteriza a los terroristas internacionales que desarrollan actividades en contra de la Revolución Cubana.

El cine responde a formas de subjetivación y de objetivación. Sus efectos sobre los individuos son, simultáneamente,  totalizantes e individualizantes. Los espectadores son complejas posiciones de sujeto en constante proceso de afirmación, negación, contradicción, e interpretación de lo que fueron, lo que son y lo que van deviniendo en ser, en permanente relación con el entorno.

El cine evoluciona en la encrucijada sobre dónde poner cada parte de un todo como dispositivo de saber-poder. Ni antes ni después del sujeto, sino sobre sujetos ya constituidos. La sobriedad del discurso de este filme, la organicidad de sus argumentaciones –que no significa linealidad- y la contundencia de las pruebas que aporta, son los ejes en los que se sustenta para acercar al espectador a una historia que aún se sigue escribiendo.

En el principio del texto comentaba sobre el valor de los “retratos” de individuos que forman parte de esta red, donde haría un aparte sobre Fernández Magriñá. Rutas del terror (Parte II), aporta una evidencia demoledora sobre este connotado terrorista, con estrechos vínculos con Posada Carriles. Este organizó un operativo para introducir en Cuba, armamentos y explosivos con precisos objetivos.

Una de las misiones era volar el mítico Cabaret Tropicana.  Los terroristas cubanos procedentes de Miami: Máximo Pradera Valdés, Santiago Padrón Quintero y Ihosvani Surís, -este último jefe del Comando-, fueron interceptados por las Tropas Guardafronteras de Cuba en Isabela de Sagua, provincia de Villa Clara, el 26 de abril de 2001. El mentor de esta incursión Santiago Álvarez  Fernández Magriñá.

Una llamada telefónica basta para conocer, como piensa “implantar la democracia en Cuba”.

Ihosvani Suris habla con Santiago Álvarez: – Déjame hacerte una pregunta… el otro día que me dijiste lo de Tropicana. ¿Tú quieres que haga algo allá?

Respuesta de Santiago Álvarez: Si tu quieres hacer eso mejor, a mi me da los mismo… ahí se entra por una ventana con un par de laticas y se acaba aquello… y es menos arriesgado”.

Comentar sobre esta conversación, es reiterar la evidencia. Desde el punto de vista cinematográfico cabe la idea de Bill Nichols: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento”.

La narrativa de este filme, nos invita a participar en la construcción de hechos emplazados en el mundo histórico. Nos invita a ser testigos oculares de argumentos que van dirigidos hacia el mundo histórico. Pero también a la construcción de la verdad, de la objetividad con todos los vericuetos que tiene esa palabra.

El filme aborda otros temas que completan una suma de hechos que ilustran la obcecada y criminal catadura de estos grupos. Los planes para atentar contra la vida del presidente venezolano Hugo Chávez, los vínculos entre Comando F4 integrado por mercenarios cubanos radicados en Miami con la Junta Patriótica Venezolana que le unen propósitos guerreristas. La reactivación de la organización La Rosa Blanca –heredera de los esbirros de Batista-, retomada por Lincoln Díaz-Balart hijo del fundador de esta terrorífica organización, o los planes terrorista de la organización Alpha 66, también radicada en Miami, con subsede en Madrid, cierran de manera argumental los ejes que ocupan a este capítulo. Todas son imprescindibles para entender Las Razones de Cuba y la voluntad del pueblo cubano a defenderse de toda acción hostil e injerencista.

Otras pruebas y declaraciones integran esta pieza documental que le cierran el cerco a la desinformación, a la mentira reiterada, resquebrajando la retorcida idea de no hacer aflorar la verdad que defienden intereses mezquinos ajenos a la naturaleza humana.

Las palabras de Fidel son un epílogo de este capítulo, expresan la voluntad del pueblo y del gobierno cubano. “Uno de los problemas del mundo y el del terrorismo, no se pueden resolver por la fuerza. Se resuelve poniendo fin en todas estas cosas al terrorismo de estado. Búsquese la paz en todas partes para proteger a todos los pueblos contra esa plaga del terrorismo.”

www.razonesdecuba.cubadebate.cu

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Tele K: ¿Una piedra en el zapato?

Nuestra tele parece ser incomoda para la Presidencia de la Comunidad de Madrid. La noticia dada por el periódico burgués “El Mundo”, o el “progre” –ahora digital- “Público” así lo confirma.

El titular de “El Mundo” es bien elocuente: “La comunidad ordena cerrar Tele K bajo multa de 30.000 euros al día”. Con esos ruidos en tiempos de crisis, no hace falta llegar al “Primer Round” del combate. Al menos esas son las lecturas interpretativas que se puede hacer de la empresa que le da señal a nuestra TV bajo amenaza de una multa económica tipo, “Cuenta gotas”.

El ataque hacia Tele K es tangencial, yo diría incluso que de rebote. Los vericuetos legales de esta decisión los resume dicha publicación de la siguiente manera. “El secretario general del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha ordenado a la empresa que lanza la señal de TDT de Tele K y otras dos emisoras más de televisión que deje de emitir. En concreto las que tienen que cerrar, además de Tele K, son Canal 33 y iSolidaridad tv”.

En otra parte de la nota se aportan otros detalles: “Por ello, ha dado la orden de que en el plazo de un mes se desmantelen las “instalaciones ilegales” ubicadas en la terraza. “El desmantelamiento de las instalaciones ilegales incluirá expresamente todos los equipos emisores y el sistema radiante con sus posteriores dipolos”,  aseguran desde la Comunidad”.

Se impone por tanto una reflexión sosegada –si cabe-, de este ataque de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que saca –como era de esperar-, toda su artillería aniquiladora quitándose el ropaje de “demócratas” para ponerse el verdadero vestuario: el de reaccionarios vestidos de corbata de marca.

“Doña” Esperanza Aguirre nunca le ha temblado la boca, -propio de su estilo mediático- para criticar y fustigar a los legítimos gobiernos de Cuba o Venezuela, en temas que son parte consustancial de los medios de comunicación y las políticas que la definen en sus respectivos países.

Son pueblos que viven verdaderos procesos democráticos participativos. Son sociedades que evolucionan de manera permanente en un sistemático proceso de cambio social, económico y cultural, donde el hombre y la mujer son el núcleo de todos sus derroteros.

Estas naciones, persisten en la búsqueda constante del “ideal” de sociedad, bajo la enseñanza y los principios del ideario martiano y la descomunal obra de Simón Bolívar que soñó –como José Martí-, por una América toda.

Estos dos grandes intelectuales lucharon por refundar la Gran Nación Americana, despojada de las ataduras de la decadente Colonia Española. La historia suplantó ese lugar de “privilegio”, al imperio más poderoso de la humanidad: el gobierno de los Estados Unidos.

Las “medidas” de la Presidencia de la Comunidad de Madrid “exige” una mirada desde el interior de Tele K, para entender, la cepillada que pretende dar el “gobierno regional” a una tele vecinal, comunitaria y sin ánimos de lucro.

Tele K cuenta hoy con 18 programas en su parrilla semanal. Culturales, informativos, de debate y deportivos son los principales ejes que dibujan una “propuestas diferente”, dentro del amplio espectro de ofertas audiovisuales que conviven en el Estado Español.

Sin dudas el espacio estelar de nuestra tele es la “Tuerka CMI” (Con mano Izquierda). Cada jueves este escenario de ideas, reflexiones y debates nos invita a ser parte de los más diversos temas de la actualidad en España y del mundo. Los invitados al estudio, son los más variados tertulianos que confluyen en dependencia de los temas que se abordan.

El “Otro País”, es la oferta de reflexión y análisis sobre la “información” que abordan los grandes medios de comunicación desde el tijeretazo, desde la manipulación. Este programa nos permite visualizar otros puntos de vista y “otras verdades”, que –difícilmente-, podremos encontrar en los “aferrados” espacios de comunicación de los mass media empresariales. Es el repaso por excelencia de la actualidad semanal visto con soberana independencia.

“El kallejón del corto” es la oferta televisiva cultural, construida ajena a todo convencionalismo televisivo. El gran protagonista de esta oferta son los cortometrajes y sus autores. Es la oportunidad excepcional de estar al día sobre las últimas producciones audiovisuales que difícilmente se podrán encontrar en los canales generalistas (públicos o privados). Los jóvenes creadores suelen ser los principales gestores de estos contenidos. Tengan en cuenta que la obra novel “no da plata”.

La ONG Sodepaz también tiene su espacio en nuestra humilde televisora. Como ellos bien se definen son: “Un programa de solidaridad y cooperación, altavoz de “Much@s sin voz”. Sus contenidos parten de los más diversos géneros audiovisuales. Su labor de solidaridad y cooperación encuentra eco en Tele K, donde la Revolución Cubana y sus valores, es uno de los temas permanentes de su programación.

“Agenda oculta”, cierra el ciclo de programación semanal exponiendo la oferta cultural de Madrid cuyos contenidos no son incluidos en los espacios televisivos de Estado Español. Estos suceden y se hacen desde lo periférico, desde lo alternativo. Con desenfado y ruptura de los códigos, su conductora construye una dinámica de puesta televisiva para acercarnos a otros contenidos culturales y artísticos.

“Vallekas Nuestro” es la oferta natural de nuestra tele. Es el escenario para dibujar un fresco, actual y claro contenido sobre el popular barrio donde está asentada -desde hace 18 años- nuestra TV. Historia, costumbres, tradiciones y culturas forman parte de las fuentes de sus contenidos.

Somos también la única televisora de Madrid que pone cada tarde los informativos de la televisora continental Telesur. Sus análisis y reflexiones, los reportajes de sus corresponsales tienen espacio en nuestra “pequeña pantalla”, bajo el principio de “dar voz a los que no la tienen”.

“La cámara lúcida”, es la plataforma para la presentación y promoción del cine documental iberoamericano. Tengo la suerte de presentarlo y dirigirlo cada jueves, atendiendo a los criterios de diversidad temática, de países, estéticas y sólidos contenidos. En apenas dos años se han presentado más de 50 filmes. Muchos de los realizadores españoles que han participado en nuestro espacio, han venido de buena parte de la geografía del Estado Español, asumiendo los costes del viaje para hacer posible su presencia en nuestra “Casa del documental”.

No pretendo hacer un recorrido integro por la parrilla de Tele K. Tan solo apuntar sobre algunos de los programas que forman parte del esqueleto de nuestra tele.

Es importante recordar que los realizadores que integran este proyecto audiovisual, no reciben ninguna compensación económica más allá del placer y la voluntad de hacer televisión. Nos asiste el deseo y el derecho, de compartir otras ideas que nacen del pensamiento más progresista de la sociedad contemporánea. Obviamente no estoy insinuando que los creadores de Tele K somos un bloque monolítico de ideas, pero -sin dudas-, nos une el ideario de la izquierda.

Volvamos entonces a las razones que le impulsan al gobierno de la Comunidad de Madrid a desatar semejante furia contra nuestra tele. He preferido hacerlo en bloques de preguntas.

¿Es “La Tuerka” (CMI) un programa contestatario, subversivo, peligroso para el orden jurídico vigente? ¿Los temas que abordan en su propuesta semanal son un peligro para la Seguridad de la capital del Estado Español?

¿El “Otro País” le quita audiencia a las televisoras nacionales y locales de esta comunidad? ¿Son nocivos para el ser humano los argumentos y anotaciones que se vierten en este programa pues existen “mentes cautivas” en la sociedad española?

¿Es que no hay “metros cuadrados” en la Comunidad de Madrid para los jóvenes realizadores del audiovisual en “corto? ¿Lo revolucionario, novedoso y rompedor –dígase riesgo-, está vetado en la geografía de esta ciudad?

¿La solidaridad y la cooperación han de ser anulada en tiempos de crisis pues no genera ganancias? ¿Es que ha caso, por ser la Revolución Cubana uno de los asuntos fundamentales de esta ONG urge eliminarla del espectro televisivo?

¿Lo alternativo, periférico, marginal o domestico de la cultura no está permitido en “su Comunidad”? ¿No será que solo tiene cabida en la agenda cultural de esta región, el glamour, el elitista Madrid Fashion Week y la muerte que se hace, en nombre de “la cultura” a los toros?

¿No es coherente que una televisora comunitaria tenga un espacio permanente para la difusión de las “interioridades” de sus pobladores? ¿O será que hay que desaparecerla del mapa, pues Vallecas es un barrio obrero, crítico y comprometido con la realidad de los humildes?

¿Les incomoda Telesur, por ser una TV Latinoamericana que habla de integración, de unidad de los pueblos, de espíritu Antiimperialista? ¿No será que dice verdades como templos que tratan de ocultar?

¿Le quita el sueño el hecho de que los documentalistas españoles y de otras naciones de América Latina aborden temas “calientes”? ¿Le da picor cuando se denuncia por parte de los realizadores, sobre la barbarie colonizadora de las multinacionales españolas, o el genocidio del Estado Israelí en Palestina? ¿O tal vez les genera rabia el reverdecimiento de una documentalística dedicada a la Memoria Histórica y a la dictadura franquista?

Son preguntas a las que no exijo ninguna respuesta. En ellas hay un cúmulo inmenso de luz y argumentos. Son reflexiones que parten de una verdad histórica.

Somos testigos de un incremento del uso de la fuerza y el terror de los “agentes del orden”, que cumplen el rol de aplacar la ira popular y la indignación. Estas son respuestas de la sociedad, ante medidas económicas y estructurales que no han sido consultadas con el pueblo.

Parece que no les basta. Se aferran ahora en eliminar el pensamiento progresista y revolucionario de la España del Siglo XXI.  Se alistan para anular la verdad nacida de las raíces del pueblo.

Atacar a Tele K de rebote es un acto de cobardía y de cinismo enfermizo.

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(VIDEO) Cine Documental. ¿Sí o No?

El pueblo extremeño ha logrado una clara victoria. La declaración del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, donde se certifica que la Refinería Balboa es medioambientalmente inviable. Este pronunciamiento es consecuencia de la inteligencia y el empeño de los pobladores de esta región española, en particular de la Comarca de Villafranca de los Barros.

La noticia estimula a reflexionar sobre un asunto que -a mi criterio- está vigente. Es un tema medular en plena era donde la globalidad de los medios de comunicación han “minimizado” las distancias entre todos. Me refiero a la responsabilidad de los hacedores del arte y la cultura como impulsores y promotores de ideas en torno a los problemas que afectan a la humanidad. Sus “saberes” son claves en este flujo de “verdades” que persisten “como islas”, cuando deberían estar perfectamente imbricadas.

No voy a caer en la trampa de afirmar que un libro, una obra de arte, un tema musical u otra expresión artística –por si solos-, resuelven los problemas del mundo. Resulta una obviedad, un asunto superado. En la determinación y cauce de un problema deben participar y tomar partido las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad en pleno. Todas deben apuntar a materializar y consensuar sobre los derroteros del futuro. Para que nuestro camino –el de todos-, sea un trazo de “escalones secos”. Un mar de preguntas con respuestas. Un surco de voluntades y reencuentros.

Soy de los convencidos que al arte y a la cultura, les toca -por derecho propio- el rol de reinterpretar la sociedad, la historia y el pensamiento sin olvidar un “mandato dado”, el de entretener. Los que nos sentimos parte de esa utopía nos asiste el deber de construir ese “otro mundo”. Un mundo donde las metáforas, las estéticas, las historias y los empeños se junten, tomando como punto de partida la realidad.

Ese otro mundo lo dibujo como un escenario donde el dialogo y la reflexión, han de ser las “armas” de estos tiempos. Un mundo donde la equidad sea la base de todas las relaciones. Un mundo donde el hombre y la mujer sean el centro y el eje de todas nuestras voluntades. Un mundo donde la naturaleza sea nuestra casa y no el basurero o el “escaparate” del que podemos tomar lo que nos plazca. Un espacio vital -local y universal-, donde “el uno no quiera imponer su voluntad sobre el otro”.

Esta metáfora no responde a una reflexión filosófica, ni aspira a descifrar los “interminables” problemas que afectan a nuestro herido planeta. Si no nos ponemos al servicio de todos con nuestra sensibilidad y nuestro talento, los desastres serán mayores.

No hago escritura del alarmismo. Tan solo me limito a tener en cuenta la historia de la humanidad de las dos últimas décadas, donde impera “la ley de la guerra”. Los principios más elementales de respeto y convivencia están en franco desplome. La impunidad de la violencia de Estado como “formula” para “resolver los conflictos” que azotan a la contemporaneidad es el sello de esta verdad.

Por supuesto que la visión de cada persona en torno a “su realidad”, está “perfilada” desde las herencias familiares, religiosas, culturales y políticas que han “evolucionando” con el paso de la historia.

Esta construcción de “visiones y reciclados”, son el resultado de un complejo proceso que transita en permanente flujo de movimiento. Somos seres que vamos adsorbiendo de nuestro entorno periférico y remoto. Son vivencias o puntos de vistas que parten de la lectura como fuente principal del conocimiento. En este inventario no podemos olvidar la tradición oral.

Nos pasamos buena parte de nuestra vida leyendo. Me refiero no solo a la lectura de un libro o publicación periódica. De una película o de una obra de arte. Somos lectores -muchas veces- inconscientes de nuestro entorno. El acto de viajar constituye un claro ejemplo de lectura sociológica. Los encuentros formales o atemporales en grupos o entre dos, son también esa otra forma de “leer” donde “aprendemos del otro”.

Sobre el inconsciente cabe recordar el vasto arsenal teórico de lo subliminal en el mensaje. Este tema ha sido ampliamente estudiado como para tomarlo en cuenta. Es ese otro rol –no siempre positivo-, que juegan los “canales de comunicación” que pretenden “conducir” el comportamiento humano.

¿Dónde queda el Cine Documental en este complejo engranaje de ideas? ¿Qué lugar se le atribuye en medio de tanta “parcela cultural e informativa?

Vale recordar algunas reflexiones sobre este tema, escritas por un clásico de la teoría cinematográfica. “Los documentales toman forma en torno a una lógica informativa. La economía de esta lógica requiere una representación, razonamiento o argumento acerca del mundo histórico”.

Bill Nichols, desenfunda esta idea que se justifica e interpreta desde la relación natural que tiene –y que nadie pone en dudas-, con la realidad que es su permanente fuente de contenidos. Para constituirse en un género que valoriza y jerarquiza el “sabor del conocimiento”.

Estamos ante un documento –el cine documental-, que supera toda amenaza de caducidad. Su auténtica construcción la desvía de transitar por la vacilación sobre la realidad inmediata. El cine documental tiene la capacidad de interpretar “su presente” y darlo como obra de arte para el futuro. También nos “dibuja” el pasado, por esa virtud que tiene el arte de llevarnos hacia otras latitudes y períodos remotos.

Nichols dejó en su libro: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, dos citas de obligada referencia que resumen la esencia de este artículo: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento”. Esta reflexión escrita con certera exactitud, se contrapone a la realidad social y comunicacional que vive el género.

No me basta con que me digan que hay una veintena, treintena e incluso “infinita” cantidad de festivales dedicados a su difusión. No es suficiente cuando me apuntan que se editan no sé cuantas publicaciones que abordan –totalmente o en alguna sección-, el “cine verdad”. No me convence el hecho de que publiquen libros sobre corrientes estéticas o biografías de estos importantes gestores de opinión. No es suficiente cuando me demuestran que hay varias salas –en tiempos de crisis-, especializadas en este “Modus Cinematográfico”. La “Plaza Natural” del Cine Documental es la Televisión.

Si tomo como referencia el filme, Mientras el aire es nuestro, del realizador español José Camello Manzano, la respuesta sería: “Ausencia casi total en la pantalla de millones”. No reniego de la magia de la sala de cine. Defiendo su existencia como espacio para el disfrute con toda la atmosfera que esta tiene.

Permítanme tomar un fragmento de la reseña que hice sobre este filme presentado en nuestro programa La cámara lúcida de Tele K.

“En esta pieza cinematográfica por su naturaleza de denuncia, el rasgo emotivo del director se expresa claramente en el discurso paralelo entre la voz en off del narrador y -por resultante-, diálogo en matriz de monólogo. Se juzga y se comenta. Se juzga a las empresas implicadas en esta absurda intencionalidad que se vende como sentido de prosperidad y se comenta desde la aportación de datos, estadísticas, experiencias anteriores sobre similares acciones que buscan reforzar los planteamientos de mayor peso. El realizador da la palabra, pero también la toma”.

Cabe apuntar algo fundamental en la idea que les quiero trasmitir. El filme, Mientras el aire es nuestro, demuestra sin tanta parafernalia cinematográfica los desastres que podría haber causado esta refinería si se hubiera “sembrado” en tierra extremeña. La obra desvela antecedentes de patologías relacionadas con la emulsión de gases contaminantes presentes en otras comunidades de Estado Español. Por otra parte, puntualiza la falta de voluntad de los políticos de la región al no tener en cuenta los criterios del pueblo. Lo que impera es la “voluntad” del dinero.

Nichols en este mismo texto, apunta otra tesis bien relevante. “El documental, como otros discursos de lo real, conserva una responsabilidad residual de describir e interpretar el mundo de la experiencia colectiva, una responsabilidad que en modo alguno es una cuestión menor”

¿Qué hubiera pasado si Mientras el aire es nuestro o filmes de similar enfoque temático y punto de vista se hubiera presentado en las pantallas televisivas de Estado Español?

Vale la pena descifrar algunas claves en torno a varios pronósticos. En primer lugar las conciencias medioambientales se hubieran multiplicado por cientos de miles. En segundo lugar –y esta derivada de la primera-, sería una eficaz herramienta de educación en torno a los peligros reales que sufre nuestro planeta. Cada ciudadano tomaría conciencia de su responsabilidad ante los peligros por la NO VOLUNTAD de las administraciones, que deben tomar decisiones urgentes y responsables sobre este inaplazable asunto.

Su difusión en todas las televisoras de las provincias españolas, habría contribuido a que un mayor número de habitantes entendería los problemas a los que nos enfrentamos y sus posibles soluciones. Hago esta acotación pues este filme, no solo denuncia lo aberrante de este engendro truncado. Aporta soluciones e ideas coherentes en relación con nuestra naturaleza.

El cine documental vive en un terreno de fragmentaciones. Sus espacios de maniobras para la promoción, distribución y comercialización están en una permanente carrera de obstáculos. El espectador-público es su principal razón de ser.

Este filme tiene todos los ingredientes que se le podría pedir al género, para llegar de manera acelerada y certera a un amplio espectro sociológico de “lectores”. Ante un “diagnóstico de peligro”, los políticos y burócratas “filtran esa cosa” que podría resultar incómoda. ¿Incomoda para quién? Dejo esta interrogante para otro texto que publicaré en próximas ediciones.

Este filme tendrá su “estreno” el próximo domingo 29 de abril en la Pantalla Fílmica de CineReverso.

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(VIDEO) Posada Carriles: El terrorista predilecto de la CIA

Reseña del documental: Ruta del terror (Primera Parte) de la serie, “Las Razones de Cuba”.

 

En cada lugar, lo que se pedía era ‘más objetividad’. Me preguntaban

por qué no habíamos ido también al otro bando para ser objetivos.

Mi respuesta era que un documentalista debe tener una opinión formada en

cuestiones tan vitales como el fascismo o el antifascismo, debe tener

sentimientos sobre ello si su trabajo aspira a tener valor…

Joris Ivens

 

Cuando meditaba en como comentar la serie documental: Las Razones de Cuba, el principal escollo que avizoraba era el “público”, el lector. Muchos años de manipulación informativa, de tergiversación de la historia y de los principales hechos vinculados al terrorismo contra Cuba, son como una “página en blanco”.

El manejo distorsionado de la noticia.  La transfiguración de la realidad o el sobredimensionamiento de los acontecimientos, se incorporan como fases que transitan en un permanente reciclado. Estos ejes están materializados en los grandes medios de comunicación que no son instrumento –como apuntan algunos-, son parte protagónica de la ejecución de esa política. De esa estrategia que aspira a nublar la esencia y el rumbo de la Revolución Cubana.

Vivimos HOY en una cultura de la virtualidad informativa. Asentado en la integración de la comunicación electrónica, el fin de la audiencia de masas y el desarrollo de las redes interactivas. Son estrategias para construir espacios divisorios entra las naciones, las culturas y las sociedades. “Nos desarrollamos” en un escenario tejido por la fragmentación de las ideas donde lo esencial se diluye. Los valores se reconducen o se encubren de manera burda hacia otros derroteros. Pululan inventados o tomados de la realidad, expuestos con otras vestiduras.

La aportación que hace el dueto Gotari-Barbáchano en su libro: El Cine, es oportuna en este sentido: “Un filme no es un islote aislado de la realidad, es obra de un equipo inmerso en una problemática, en unas circunstancias estéticas y sociales precisas. Quien esté al tanto de todo lo anterior, no será manipulado y se integrará mejor con la obra”.

Estos teóricos del cine documental plantean una idea que desde la lógica tiene sentido. Afirman que como espectadores, reconocemos y diferenciamos la realidad de la no ficción y al mismo tiempo, recapitulamos un conocimiento ya adquirido. Somos espectadores con historia.

Objetivamente esta tesis obvia un debate dentro del campo de la historiografía, en la que engarzan otras disciplinas relacionadas o afines a esta ciencia. Todas ellas, muy necesarias en tiempos donde la verdad se tambalea sobre una gran sartén en aceite caliente.

No se puede obviar que en los últimos años, la visión que se tiene en torno a Cuba está subrayada por una fuerte y sostenida construcción de una supuesta disidencia interna -ejecutada por los grandes medios de comunicación-, que debe de ser calificada como: “Mercenarios al servicio de una potencia extrajera”. Al servicio de la primera potencia del mundo: el gobierno de los Estados Unidos. Estas acciones cuentan con la complicidad activa o silente de los gobiernos occidentales.

Nombres como Luis Posada Carriles, Orlando Boch, Ernesto Cruz León, Francisco Chávez Abarca, Otto René Rodríguez, Nader Kamal Musallan, María Elena González o Jazid Iván Fernández –entre otros-, forman parte de la lista de algunos de los terroristas cubanos, salvadoreños y guatemaltecos que han desarrollado o planeado actos hostiles contra Cuba.

Estos terroristas han quedado en la memoria pasada y reciente de los cubanos que -para buena parte del mundo- le son ajenos. Pero los nombres no son nada sin los hechos que les define, que les hacen visibles. La cronología criminal de estos asalariados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), está perfectamente documentada por los anales de la historia.

La clave política e histórica de esta primera entrega cinematográfica, expone la perversa idea de la contrarrevolución cubana -asentada en Miami- en pretender sostener y fabricar una “oposición” dentro de la nación cubana. Una contrarrevolución, que es continuidad y heredera de los más viles y sanguinarios esbirros del dictador Fulgencio Batista. Han desarrollado en más de cincuenta años de Revolución Cubana, toda una escalada de actos terroristas que aspiran a desestabilizar a la nación cubana para justificar una intervención militar externa. El antecedente histórico, la fallida invasión a Playa Girón truncada en 72 horas en el año 1962.

En esta primera parte de la serie hay dos ejes argumentales que debemos tener en cuenta. La contratación de mercenarios de Centroamérica por parte del terrorista Internacional de origen cubano, Luis Clemente Posada Carriles para ejecutar planes criminales en Cuba.

La vinculación de la CIA y de los grupos cubanoamericanos asentados en Miami que apoyan estas acciones bajo el amparo de los gobiernos de la Casa Blanca. Estos son los acentos de esta puesta audiovisual.

Ruta del terror (Parte I), desdobla una suma de hechos vinculados con los actores de esta entrega. Retroalimentando el eje temático con los principales actos terroristas acaecidos en más de 50 años de Revolución. En el filme se despliega toda una retrospectiva, que está debidamente justificada para contextualizar los hechos más recientes.

La hoja de ruta cinematográfica está encaminada hacia finales de los años 90, período donde se produjeron una serie de atentados en los principales hoteles y centros turísticos de la capital de Cuba.

El testimonio es la principal fuente de información de este capítulo, pero no estamos hablando de testimonios secundarios o conexos con los hechos que se abordan en el filme.

Tenemos la oportunidad de conocer, -de primera mano-, las declaraciones de los terroristas que perpetraron esta cadena de sucesos, que se desarrollaron en lugares tan emblemáticos como, El Hotel Nacional de Cuba y La Bodeguita del Medio. O en instalaciones hoteleras como el Hotel Capri, la discoteca Aché de Hotel Meliá Cohíba o el ya célebre Hotel Copacabana. En este recinto murió el joven italiano Fabio Di Celmo víctima de uno de los artefactos colocados por estos asesinos a sueldo. Otras instalaciones como el Hotel Tritón y el Chateau Miramar se incluyeron en esta escalada de violencia.

La cámara se desdobla en la búsqueda del gesto, en la mano contenida de personajes execrables, que “hacían su trabajo” por 2.000 dólares por cada artefacto detonado. El sonido filtra el silencio para develar los tonos de voz. La cámara los acompaña para socializar la manera en que gestaron estos actos. Las particularidades y modos en que hacían su labor mercenaria, son parte esencial de un filme que refuerza su papel como obra documental. Como documento que contribuye a delinear la historia.

En este capítulo se incorporan las declaraciones del autor de estas acciones, -Luis Posada Carriles-, quién expresa ante la periodista contrarrevolucionaria María Elvira Salazar su acostumbrada verborrea desfachatada y cínica: “Yo de cualquier hecho dentro del territorio cubano en contra del régimen de La Habana me responsabilizo totalmente”. En otra parte de su palabrería expresa: “Se están gestando otro tipo de sabotajes dentro de Cuba”.

Sus palabras no tuvieron -por parte del gobierno de los Estados Unidos y las instituciones jurídicas- ninguna connotación legal. Estamos ante el retrato de la impunidad. Ante un terrorista con una hoja de servicio acta para tribunales penales.

Estas declaraciones son muy significativas pues la supuesta “disidencia” interna era en realidad la acción de ciudadanos centroamericanos, pagados para hacer el trabajo sucio. Para “exponer” ante el mundo la existencia de una “fuerte oposición al régimen castrista” -como suelen apuntar-, cuando se refieren a la mal llamada “oposición” de la Revolución Cubana.

El filme completa este capítulo con una declaración de la Fundación Nacional Cubano Americana radicada en Miami. Publicada en el diario The Miami Herald, al calor de estos acontecimientos, que cierra -de manera acertada- el triángulo de los actores de esta suma de acciones terroristas. “Incidentes de rebeldía que durante las últimas semanas se vienen sucediendo a través de la Isla y que la Fundación Nacional Cubano Americana respalda sin ambages ni reparos tales actos”.

Ruta del terror (Parte I), completa la “familia” asentada en Miami, con retratos periodísticos de otras organizaciones de perfil violento como Alfa 66 o Comando F4, que continúan activas y que desarrollan -con total impunidad- “su agenda” en el territorio de los Estados Unidos.

La presencia en el Estado Español de una “oficina” secreta de la organización criminal Alfa 66 -subsede de su Matriz en Miami-, tampoco tuvo efecto legal. Ni por el gobierno “socialista” del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ni por el ejecutivo que preside el reaccionario Mariano Rajoy.

El documental tiene el acierto de construir retratos y conexiones entre estos personajes de deplorable catadura moral con las organizaciones afincadas en Miami y los Congresistas Cubanoamericanos. Estos desarrollan una intensa labor de lobby en los Estados Unidos y en otras naciones, para mantener una permanente política de hostilidad contra el gobierno y el pueblo cubano.

La voz en off del compañero Fidel, -que sobre estos hechos realizó un discurso para el pueblo cubano el 20 de mayo de 2005-, es parte de la plataforma narrativa de esta obra cinematográfica. Oportuna para conducir al espectador desconocedor de hechos de este calibre, que son reiteradamente anulados o simplificados por los mass media de Occidente.

La etnógrafa argentina Rosana Guber, en torno a la entrevista como instrumentación de investigación e interacción comunicativa apuntaba una idea que está materializada en este capítulo. “las preguntas y respuestas no son dos bloques separados sino partes de una misma reflexión y una misma lógica, que es la de quien interroga: el investigador”.

El arte de entrevistar es inherente del cine documental. Sus cualidades como parte de un todo son esenciales cuando se trata de dar a luz, hechos históricos pretéritos de connotación universal. Es obvio, pero cabe recordar que el terrorismo es una lacra que transciende las fronteras de un país.

Esta herramienta se integra en el filme, para lograr un resultado que busca un acabado cinematográfico donde no solo se aprecia el contenido que aborda el documental. La manera en que es tratado esta técnica investigativa en toda la serie contribuye a visualizar y moldear un sello en cada uno de los capítulos, tema que abordaré en otras partes de Las Razones de Cuba.

La coherencia en la red instrumental que mueve está pieza cinematográfica, parte de relaciones profundas que le dan un sentido a la película y está reflejada a diferentes niveles siendo los significantes: el grafismo cinematográfico, la entrevista en su papel testimonial, la cronología y la retrospectiva puntual en “complicidad” con la banda sonora que cubre esa zona de “huecos” propios del arte cinematográfico.

Para muchos de los que nos movemos en los territorios del cine documental, tomamos como referente conceptual la obra de Bill Nichols: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Su libro, reeditado en buena parte del mundo es considerado “la Biblia del género. En este texto, hay una idea que expresa el autor que los creadores no podemos olvidar: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento“. Esta es una encomienda explícita de la serie. La verdad ha de ser “expresada” y multiplicada en cada rincón del mundo.

Dentro de una dimensión universal  mucho más amplia, registrar un mundo, un espacio y un tiempo en el que habitamos, exige la manifestación de un ideal en nuestra cultura, en nuestra sociedad: el territorio de la verdad. Las Razones de Cuba, se empeña en ese principio para ponerla en el lugar que le corresponde.

Este filme tendrá su estreno en la “Pantalla Fílmica” de CineReverso, el próximo sábado 28 de abril.

www.razonesdecuba.cubadebate.cu

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(VIDEO) Rock, video clip y memoria: tres vértices que se unen

A propósito del video clip Lágrimas de rabia del Grupo Boikot

 

A los poetas de la generación del 27

A los represaliados del Franquismo

Lo simbólico en toda pieza audiovisual se traduce en desdoblamiento de lecturas, en la búsqueda del icono y el gesto. En la construcción de respuestas ante posible preguntas guardadas en los cajones de la desmemoria. La palabra es la estructura primaria de toda pieza fílmica, y también el silencio. La luz hace posible la corporeidad de los protagonistas, de los objetos puestos “para la ocasión”. Construye volúmenes y “materializa” la magia del texto fílmico convertido en historias, en narraciones “nuevas”.

Cuando una agrupación musical trata, -como es el caso del grupo de Rock Boikot- la Memoria Histórica en un tema como: Lágrimas de rabia, se visibilizan claramente el uso de otros resortes. De otras herramientas para jerarquizar la intencionalidad en temas como este.

La metáfora y el ingenio son claves para construir una estructura narrativa. En este caso la obra viene apertrechada de texturas, de historias vividas. De símbolos meridianamente posicionados, que jerarquizan argumentos ante un tema que –aún-, forma parte de la “nebulosa pretérita”.

Mientras quede un solo caso de represaliado víctimas del franquismo, enterrado en cunetas y fosas comunes del Estado Español toca estremecer el tiempo para clarificar el futuro. La literatura, el cine, junto al resto de las artes y toda la sociedad, han de hacer labor sin pausa para dignificar la vida truncada de los que han soportado el silencio y el ostracismo.

La idea de Boikot de realizar un video clip y a un documental -dos artes de texturas narrativas dispares- del tema Lágrimas de rabia, son claras señales del empeño de estos cuatro músicos por “ponerle cara” e imagen a los que aún viven en el anonimato y merecen -de todos nosotros-, el inaplazable reconocimiento moral.

La estructura del video clip evoluciona desde dos vertientes. La ficción como recurso para rememorar parte del “infinito” anecdotario de esa España sombría y dictatorial. Y por la otra, la presencia de los cuatro integrantes de la agrupación en escenas, que “emiten” señales que el cine documental legitima como “Punto de Vista”.

Es corto musical apela a contarnos una historia. La historia de un maestro encarcelado y ajusticiado por enseñar. Por hacer de esos jóvenes en la República seres cultos y atentos. Una época –sin lugar a dudas- gloriosa de la cultura, donde la literatura era parte vital de la vida y el orgullo de aquellos hombres y mujeres.

El guión es sencillo, diría que sobrio. Unas cuantas escenas bien montadas dan para construir un mensaje y una identidad. Transitan despojadas de superfluos “andariveles”, que suelen entorpecer y ensuciar las mejores ideas dramatúrgicas.

Las locaciones están “teñidas” para esta puesta, con una gama de recursos que responden a esa transportación del pasado. Vestuarios, utilería y atrezos completan esa intencionalidad de “poner” al espectador, en el lugar y en contexto en que se desarrolló la particular historia que nos cuentan. La de un personaje que Boikot ha querido llevar al presente y la integra como parte de un homenaje simbólico de un represaliado, “teñido” por el paso de los años.

No falta el necesario discurso sentenciador. No sobra la clara señal del recuerdo. La voluntad del cuarteto es “dialogar” con esa realidad sin “cortinas”. Son esas “mamparas”, que nublan los más horrendos pasajes de una historia que aún está fragmentada y descafeinada en la literatura escolar del presente.

Desde este rock que no tiene apellidos se van llenando páginas de ese tiempo remoto que sus huellas quedan en la memoria. Es un rock salido de la voluntad de ponerle cerco a “la página en blanco”. Es un tema que busca enmendar los sueños de los que murieron sin la necesaria gloria y hablar -siempre hablar-, de esa verdad mutilada.

Es alentador ver que jóvenes músicos se preocupan y ocupan de ese pasado sin fronteras. El almanaque no puede enterrar la verdad mutilada o la que pretenden enterrar, el actual pensamiento reaccionario sustentado en el pretexto de no volver al vértice de los odios y las heridas “cerradas”. Este proyecto -como otros- gestado por los jóvenes, han de ser apoyados sin fisuras ni simulaciones oportunistas.

La Memoria y la Historia se harán más grande y más imperecedera, cuantos más artistas e intelectuales den su parte de valor y virtud, para construir ese gran texto que es el tiempo anulado. La convocatoria “sigue abierta”, Boikot ha hecho los deberes. Los tiempos que se avecinan, que son tiempos de crisis y de confrontación de ideas no son razones ni argumentos para posponer ese necesario debate de nuestra historia. La de todos.

Este video clip se presentará el próximo viernes 13 de abril –junto al documemtal de igual título-, en el espacio La pupila documental, de la Librería Traficantes de Sueños. El sábado 14 tendrá otra presentación en el Centro Cultural Yemaya, en el espacio “Las noches al Amparo”.

www.traficantes.net

www.yemayacultural.com

Créditos

Dirigido por Alberto Pla

Ayte de dirección: Luis Olano

Guión: Kike Suárez “Babas” y Luis Olano

Cámaras: Alberto Pla, Luis Olano y Ana Manchón

Maquillaje: Dori Trujillo

Sonido directo: Angel Ruiz y Kiwi

Efectos digitales: Dani Amor

Una producción de Zoombidos Films

www.zoombidos.com

zoombidos@gmail.com

 

Actores

Guillermo Toledo -cura

Luis Fernandez de Eribe – maestro

Fernando Tielve — alumno, poeta y miliciano

Trifón Cañamares Garcia — poeta alumno de mayor (100 años)

Manolo Reyes — falangista 1

Luis Serrano Martin – falangista 2

Ana Ruano de la Llave -alumna 1

Cristina Sanchez Diaz — alumna 2

Noelia Herrero — alumna 3

Ana Pulido -alumna 4

David Talaverano Navarro — alumno 1

Francisco Jimenez Condes -alumno 2

Daniel Palmero Condes — alumno 3

Felix Garcia Bernal – alumno 4

Victor Rodriguez -alumno 5

Jose Antonio Martin (Largo) — campesino 1

Fernando García Delgado -campesino 2 y miliciano 2

Jaime Moreno – miliciano 1

Luis Olano — Miliciano 3

Manuel Arevalo — guardia civil 1

Kike Santana -guardia civil 2

 

Grabado en Noviembre 2011 en:

 

-Colegio San Fernando en Colmenar Viejo (gracias por todo)

-Cárcel de Segovia (gracias Rosa)

-Lozoyuela y Paredes de Buitrago

Gracias por las localizaciones de las trincheras a:

Somosierra, una historia.

somosierraunahistoria@gmail.com

-Cementerio Civil de Madrid

 

Canción grabada en los Estudios Oasis de Madrid

www.oasisestudios.com

Producida por Kosta Vázquez

Técnico de Sonido: Manuel Arévalo

Masterizada por Antonio Moreno

 

Boikot son:

Juankar: voz y bajo

Kosta: voz y guitarra

Grass: bater

Alberto: voz y guitarra

 

La voz que recita la poesia en la canción es de Luis Fernandez de Eribe y escrita por Kosta Vázquez

Gracias a:

Chusa y Cornejo por el vestuario

Alicia de la Llave por el casting

Alfredo “Quebola prodducciones” por atendernos tan bien

A todos los actores y extras por su colaboración y buen rollo

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(VIDEO) Daniel Orte y su “último valle”

Me llegó por el facebook, el documental “Mi último valle”, del documentalista español Daniel Orte Menchero. Una obra “apegada a la fotografía”, un contudente filme que arropa todos los vericuetos del buen cine comprometido, apelando a la sobriedad de los recursos. al “no sentido de los límites”. En una entrevista para el periódoco Diagonal, el documentalista se define: “como un soldado de fortuna del documental, soñador, idealista, luchador, amante de lo justo, un poco cabezota y a veces intransigente”. Les dejo con el filme, espero que lo disfruten.

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