Textos prestados

Después de París: el colonialismo mental que nos habita. Por: Pedro Santander

On 21 April, boys hold shrapnel from exploded artillery shells while standing on a street damaged by blasts in Sana’a, the capital. By 12 May 2015 in Yemen, escalating conflict continued to exact a heavy toll on children and their families. Some 300,000 people have been internally displaced. Casualties have reached 1,527, including 115 children, and 6,266 people have been injured, including 172 children. Prior to the current crisis, 15.9 million people – including 7.9 million children – were already in need of humanitarian assistance. Despite the challenging operating conditions, UNICEF is scaling up its humanitarian response, including in the areas of nutrition, water, sanitation and hygiene (WASH), health, child protection and education. Support since the start of the current conflict has included providing access to clean water to 604,360 people and access to antenatal, delivery and postnatal care to 3,386 pregnant women; distributing hygiene kits to 16,662 families; and sharing educational messaging on health, hygiene and protection to 38,000 people. UNICEF has appealed for US$88.1 million to cover these and other responses through December 2015; 87 per cent remains unfunded to date.

Un fantasma recorre y corroe por estos días Occidente: la hipocresía. No es que se trate de algo muy nuevo en esta parte del mundo y en esta etapa de la historia, pero a raíz de los ataques terroristas en París recibiremos intensas y altas dosis de hipocresía y, tal vez, sea bueno vacunarse un poco.

El mundo lamenta hoy la muerte de franceses con vehemencia. En Chile se canta la Marsellesa, centenares de compatriotas visitan la embajada gala, se dejan flores, inscripciones, condolencias y un muy moreno senador afirma que “todos somos franceses”; otro moreno ministro nuestro dice que es un hecho “en lo personal muy doloroso”.

Con apenas horas de diferencia otro ataque terrorista dejó medio centenar de muertos civiles, más de 200 niños y adultos heridos, pero nadie se lamenta. Es que claro, ocurrió en el Líbano, país de morenos. El mes pasado un hospital operado por Médicos sin Fronteras en Afganistán sufrió un ataque prolongado de la Fuerza Aérea de EE.UU.: doce miembros de esta organización, además de 10 pacientes muertos (tres niños entre ellos) fue el saldo de ese ataque terrorista. Pero no hubo lamento mundial ni medial, apenas una promesa de Obama de que “se efectuará una investigación completa”. Claro, sólo se trataba de afganos y afganas, todos morenos y morenas que no pueden acostumbrarse a vivir bajo las bombas de la “Alianza”, encabezada por EE.UU. y huyen como refugiados a los países que los bombardean, en busca de seguridad.

Antes, buques y aviones franceses bombardearon durante tres semanas a Libia, el país más laico de África del Norte y aquel con el mayor Índice de Desarrollo Humano de su continente. 50 mil fueron los muertos esta vez, pero se trata apenas de 50 mil morenos. Morenos fueron también a quienes se les ocurrió casarse en diciembre de 2013 en Yemen y “por error” recibieron el fatídico regalo matrimonial de un dron estadounidense: 13 muertos el día de la boda. Justo un año después, diciembre de 2014, ocurre el mismo error, los morenos se casan esta vez en Afganistán, otro país moreno, el regalo teledirigido estadounidense es algo más generoso y se cobra 26 muertos, novios incluidos.

¿Por qué nadie deja flores en la embajada del Líbano? ¿Por qué ningún senador chileno dice “hoy todos somos afganos”? ¿Por qué a nuestro ministro le duele en lo profundo Francia, pero ni pío sobre Yemen o Libia?

Es la globalización de la hipocresía con la cual, en nombre de valores universales como la Democracia y los Derechos Humanos, solo se admite la universalización del dolor occidental. Los centenares de muertos blancos de Occidente duelen a la Humanidad, los millones de muertos morenos del resto del mundo son apenas una breve crónica, relatada objetivamente.

Hipocresía racista, colonial y capitalista con la que seremos bombardeados en estas semanas. Reaparece sin velos ese elemento racista que se remonta a la época colonial, en la que siempre hubo mucha preocupación por dejar bien claro que la muerte del colonizador (francés, por ejemplo) es mucho más importante que la del colonizado (árabe o haitiano, para el caso). Es la misma preocupación que tenían los españoles, quienes con ahínco querían demostrar racionalmente en la Junta de Valladolid, allá por 1.550, que los de este lado del mundo no teníamos alma, pues ¿cómo va a tener alma un no-cristiano? Y además, ¿cómo va a valer lo mismo la vida de un blanco cristiano con alma que la de un moreno desalmado?

Y hoy somos testigos de cómo reaparece esa continuidad colonial que siempre ha necesitado y promovido que unos sean considerados naturalmente inferiores y otros superiores. Es lo que explica que los terribles asesinatos de aquellos –que además son claritos– duelan y sean considerados más importantes que los igualmente terribles asesinatos de “los otros”, que no casualmente son morenos. Un continuidad histórica y e ideológica del colonialismo que no solo es económica, geopolítica y militar, además es mental y hace que a un chileno la muerte de un francés le duela más que la de un haitiano o un libio, reproduciéndose así en la periferia de Occidente la escala colonial del más y del menos importante.

Se trata de lo que el famoso pensador peruano, Aníbal Quijano, denomina colonialismo epistémico, es decir, el colonialismo que nos habita en la cabeza y que es, por supuesto, eurocéntrico. Este eurocentrismo genera una clasificación social de la población mundial que, si bien tiene raíces coloniales, sus efectos se han mostrado duraderos hasta la actualidad, tal como estamos presenciando, de hecho, hoy mismo, con una escala del dolor que ante hechos similares provee lágrimas para unos, indiferencia para “los otros”.

Y hablando de los ataques terroristas en París, solo ayer le comentaba yo a un taxista negro en Medellín lo terrible que me parecía que unas vidas blancas valieran más que unas morenas. “Es cierto”, me dijo, “¿pero por qué será que uno lo ve así?”, se preguntó.

Difícil pregunta, más aún las respuestas. Son muchas y complejas las causas, el eurocentrismo es una de ellas. Otra tiene que ver con la acción de los medios. El 80% de las comunicaciones mundiales son controladas por 6 corporaciones transnacionales, todas ellas lideradas por blancos hombres occidentales, admiradores y defensores del capitalismo. Son sus agendas, sus valores, su clasificación social y racial los que a diario se transforman en información mediática planetaria y se postulan como valores universales. De este modo, es normal que un horrible ataque terrorista en Francia sea escándalo globalizado y dolor mundial, en tanto, otro espantoso ataque terrorista en el Líbano no más que una crónica informativa de un día de duración.

Fuente: El Mostrador

Tomado de: http://laventana.casa.cult.cu

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Cine cubano en el Festival de La Habana: El tren de la línea norte. Por: Dean Luis Reyes*

Fotograma del documental, "El tren de la línea norte". Director: Marcelo Martín.

Fotograma del documental, “El tren de la línea norte”. Director: Marcelo Martín.

Aunque reportes de prensa indican que la cinematografía nacional presenta nueve largometrajes en concurso este año dentro del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, la cifra real es diez. Los prejuicios habituales que aún se ciernen sobre la no ficción hacen que solo se consideren los largos de ficción, mientras se olvida que además nuestro cine tiene un largo documental dentro de la competencia.

Se trata de El tren de la línea norte, primer largometraje del joven realizador Marcelo Martín, egresado del Instituto Superior de Diseño, quien destacara en 2012 dentro de la Muestra Joven con su corto Elena. Producido por la Productora Caminos del Centro Martin Luther King Jr., es un filme que resalta entre la creación de no ficción nacional de los últimos tiempos.

Pero la inclusión de esta obra dentro del concurso documental del festival habanero adquiere carácter de noticia: se trata del primer largo cubano que accede a la competencia en siete años. La última vez que un documental de este formato participó en la sección oficial (Fuera de liga, de Ian Padrón) fue durante el festival de 2008.

Anteriormente, pocos documentales de larga duración cubanos han accedido a la competencia. Entre los más destacados en el festival habanero se cuentan Suite Habana (Fernando Pérez, 2003, ganador del Primer Premio Coral, pero en la categoría de ficción, en la que insólitamente fue incluido); Yo soy del son a la salsa (Rigoberto López, 1996, Primer Premio Coral); Etiopía, diario de una victoria (Miguel Fleitas, 1979, Mención especial); Algo más que una medalla (Rogelio París, 1982, Segundo Premio Coral), y A veces miro mi vida (Orlando Rojas, 1981, Mención).

Además, en la última década y media el documental latinoamericano ha alcanzado una segunda edad dorada. Producciones de nuestra región se destacan en festivales de todo el mundo y son altamente valoradas por la crítica y la historiografía del cine. Así que el mérito de El tren de la línea norte es elevado.

Marcelo Martín construye con esta una obra que retoma la larga tradición del documental social del ICAIC del periodo clásico y lo reactualiza en sus facetas más políticas. El tren de la línea norte aborda la crisis social de Falla, poblado del municipio de Chambas, en el norte de la provincia de Ciego de Ávila. Con un estilo de documental expositivo, más rasgos de interactividad, se trata de una pieza que articula propósitos de activismo al indagar en el panorama social del poblado, buscando las razones para su decadencia.

El tema de esta película nace del vínculo personal de Martín con Falla. Según me contó en un diálogo que sostuvimos: “A pesar de haber nacido en Morón, no tengo recuerdos de mi primera infancia en aquellas tierras. Sí conservo recuerdos de los veranos que en mi infancia pasé en Falla. Una de las cosas que en mi niñez definía mi presencia en la zona era precisamente el viaje por ferrocarril del Carro de Puertas y todo el significado que encierra. Siempre me llamó casi mágicamente la atención cómo en el viaje del coche motor el entorno se transformaba desde el radiante Morón hasta el desolado Punta Alegre. Este fue precisamente el punto de partida para lo que sería después El tren de la línea norte (…) Por otro lado, el hecho de que Falla estuviera justo a mitad de camino era algo así como una señal de que ese debía ser el lugar indicado para llevar a cabo la investigación más exhaustiva dentro del futuro proyecto. Algo a señalar es que pasó mucho tiempo entre el último verano de mi niñez en Falla y mi regreso como adulto. Así que se me hizo polvo la imagen acogedora que conservaba del pueblo ante la decadencia y las ruinas que estaba presenciando”.

La manera de abordar los temas de su largo nacieron de la compenetración con el contexto, descubriendo personajes y documentando ambientes que expresan, por un lado, la historia de Falla (común a casi cualquier pueblo cubano erigido alrededor de la economía colonial de azúcar), y, por otro, la vida cotidiana, los hábitos y costumbres de esa comunidad desconocida para el resto de los cubanos.

Cuenta Martín: “El documental se filmó en tres etapas, durante aproximadamente seis meses. Una de estas etapas, la más larga, fue con el equipo de filmación completo, y para las otras fuimos solo dos miembros del equipo. Lo pudimos hacer de este modo porque contamos con la colaboración de algunos de los habitantes de Falla, que se brindaron para ayudarnos. Sin haber visto nunca cómo se llevaba a cabo un proceso de producción, trabajaron con una profesionalidad sorprendente. Algunas de las imágenes y sonidos presentes en el documental fueron capturados por estas personas”.

Esa vocación de integrar a los sujetos del relato en la construcción del proceso mismo, le otorga a la pieza final una verdad determinante por el peso de sus argumentos. La mirada que arroja El tren de la línea norte no es externa o turística, sino compleja y profunda, además de comprometida con los problemas que documenta. Ello le aporta además una gravidez moral no común a las películas cubanas que abordan las zonas de fractura de la vida social, de la pobreza y la sobrevivencia de grupos sociales en circunstancias difíciles.

A pesar de asumir un tema y estilo tan circunstanciales, la película de Marcelo Martín tiene un atractivo mayúsculo. Acaso el más destacable sea una dramaturgia que sostiene su argumentación con arcos dramáticos de intensidad creciente, más una factura muy estimable. Quizás el montaje visual, a cargo de Daniel Diez Jr., sea parte esencial de ese atractivo.

Asimismo, la fotografía a cargo de Ernesto Calzado no cede al paisajismo, sino que opera obturando la apariencia quieta y arqueológica de Falla, mirando debajo de la superficie. Esa “suciedad” acaba siendo parte esencial de su tono, central en lo logrado de la denuncia que encierra el discurso.

Víctor López se ocupó de la posproducción de imagen, por momentos efectistas y recargados, aunque responsable de un atractivo extraño al documental social tradicional. Osmany Olivare y Angie Hernández diseñaron una banda sonora muy intencionada y repleta de marcas de género fílmico (sobre todo dirigidas a producir una atmósfera de western), ocupadas de subrayar tensiones y definir tempos y gradaciones emocionales.

Uno de los recursos más destacados de la producción de El tren de la línea norte es la música original, creada por Santiago Feliú. Fue esta la obra póstuma del destacado cantautor cubano, quien trabajaba en las composiciones en el momento en que lo sorprendió la muerte.

Sobre esta parte del proceso, refiere Martín: “Yo conocía la obra de Santi y también de su pasión por el western. Sin lugar a dudas, era el indicado, aunque nunca en mi vida había hablado una sola palabra con él. Pero creo que fue precisamente el género western quien dijo la última palabra. Yo le había entregado a Santi una maqueta del documental editado con música de referencia, precisamente con temas de Ennio Morricone y otros de John Williams, y supe por su expresión, cuando comenzamos a trabajar, que la idea de componer música de este tipo era lo que verdaderamente lo seducía. Trabajamos mucho en definir qué tema representaba cada momento musical del filme, él había avanzado en las maquetas de algunos temas ya definidos; nos quedaba pendiente la reunión de trabajo de esa semana, cuando la vida le impidió continuar. Santiaguito fallecía inesperadamente y aún después de dos años me cuesta creer que no esté entre nosotros. Su trabajo, como su vida, habían quedado inconclusos por causas ajenas a las voluntades terrenales, tal vez en lo divino se justifique su pérdida”.

Pero las maquetas cayeron en las manos indicadas: los hermanos Harold y Ruy Adrián López-Nussa se ocuparon de la composición e instrumentación final, así como de la grabación de la banda sonora que tan bien hace a la película.

Martín relata que “había tenido muy buenas experiencias con Harold en el pasado, cuando le encargué la música de otro de mis documentales; Ruy Adrián había formado parte del equipo de Santiaguito en la grabación de la música para El tren… ¿Quiénes mejor que ellos para continuar el trabajo? Compusieron y grabaron algunos de los temas que aún faltaban, importante señalar que muy a tono con la propuesta inicial. Y para mi sorpresa, Santiaguito había dejado muchos apuntes musicales para los diferentes momentos del documental. Los hermanos López-Nussa los aprovecharon al máximo, arreglando y trabajando sobre estos apuntes para terminar con la creación de temas con un nivel de coherencia incalculable. Finalmente, la música de El tren de la línea norte fue realizada a seis manos, pero resulta casi imposible detectar qué tema fue compuesto por quién. Creo que le resultaría de mucho agrado a cualquiera, aun cuando no le llegue a interesar el documental en sí, dedicarle tiempo a escuchar la música”.

El tren de la línea norte tendrá su primer encuentro con el público cubano en este festival. Aunque la mayor parte de los espectadores de diciembre prefieren la ficción a la hora de hacer su periplo por los cines, este largo exige de esa comunión extraña entre la gente y la pantalla, donde se construye una comunidad imaginaria que derrama las lecturas hacia la sociedad.

Porque El tren de la línea norte cierra su discurso con una cita tomada del libro Por los extraños pueblos, de Eliseo Diego, que ensarta con los propósitos del documental social latinoamericano: “No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro, sino para dar testimonio (…) y como ninguna de nuestras obras es eterna, o siquiera perfecta, sé que les dejo a lo más un aviso, una invitación a estarse atentos”.

Tomado de: http://www.cubacontemporanea.com

Dean Luis Reyes*Licenciado en Comunicación Social, Universidad de La Habana, 1996. Tiene más de 15 años de experiencia como periodista en diferentes medios de comunicación cubanos: prensa impresa, radio, televisión y revistas culturales. Se ha destacado en programas como “Pantalla Documental”, “Secuencia” y “Voces Cruzadas”.

Desde 1995 es colaborador regular de La Gaceta de Cuba. Su obra ha aparecido en buena parte de los medios especializados del país. Entre 2004 y 2010 trabajó en la EICTV. Inicialmente, como editor de la revista digital Miradas; a partir de 2007 y hasta 2010, como profesor y Coordinador de la Cátedra de Humanidades de esa institución y se ha mantenido vinculada a la misma a través de talleres. Desde 2011 es creador independiente.

Ha sido merecedor de premio como: “Premio Caracol” y “Premio Nacional de Periodismo Cultural “Rubén Martínez Villena”. Ha participado como jurado en Festivales tanto nacionales como internacionales.

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Lectura y Literatura para cambiar el mundo. Por: Dalina Flores Hilerio

lecturaLa lectura es una actividad que le ha permitido a los seres humanos establecer un lazo íntimo y profundo con la palabra y, por ende, según algunos autores, con el pensamiento. A través de ella se desarrollan habilidades múltiples que pueden enriquecer nuestra vida: hacerla no solo productiva, sino también plena (en el sentido en que somos capaces de tomar decisiones más adecuadas a partir de experiencias más nutridas). Paradójicamente, en la actualidad vemos que se incrementa el analfabetismo funcional promovido por los medios de comunicación, pero también por algunos sistemas educativos deficientes. Esto ha generado que niños, jóvenes y adultos no encuentren placer en el acto de leer, sino la coerción de una actividad académica mecanicista y sin sentido.

Según Felipe Garrido, los procesos de recepción, interpretación y producción del lenguaje, como materialización de otras habilidades (cognitivas, emotivas y sociales) que se disparan en los niños cuando se acercan a la lectura, son particulares y generadores de muchas otras capacidades. Después de observar las aplicaciones de diferentes programas de lectura, planteamos que existe una relación inseparable y estrecha de la lectura, el lenguaje y el pensamiento, ya que si el niño tiene un acercamiento amigable a la literatura, particularmente, desarrolla un sistema lingüístico que le permite no solo optimizar sus procesos mentales, sino replantear su relación con el mundo a partir de una postura crítica, habilitada por la lectura. De esta manera, logra hacer pequeñas transformaciones que le permiten recuperar su capacidad de asombro tan apabullada por la violencia recurrente de los medios masivos; asimismo, su acercamiento a la palabra en su proyección artística (Literatura), lo conduce a entender los planteamientos estéticos del arte y la búsqueda de lo sublime, que lo lleva a experimentar el gozo y la libertad. Según Kant, el arte es el único vehículo que conecta el ser sensible (material) con el ser moral (espiritual) del hombre.

La educación tradicional presenta el proceso de adquisición del conocimiento de forma mecánica y de la misma manera nos enfrenta a la lectura. En muchas instituciones educativas no es raro ver, todavía, programas de español o de literatura que contemplan la lectura de “clásicos” que, tanto a nivel formal como temático, nada tienen en común con los lectores de hoy. Pareciera que muchos docentes entienden por literatura una propuesta ajena a la realidad, y mientras más críptica y lejana sea, redundará en formar mejores estudiantes. Con lo anterior no pretendemos descalificar, de ninguna manera, la relevancia de las obras literarias que han sido reconocidas como clásicas en todos los tiempos; al contrario: para que una obra clásica pueda ser no solo entendida, sino disfrutada, es necesario que el lector esté preparado para abordarla. Preparación que solo podrá ser posible en la medida en que la diversión y la apropiación se involucren en la actividad lectora.

En los programas actuales de promoción y fomento a la lectura que se llevan a cabo en México, es muy común encontrar frases que la apologizan, exaltando, entre muchas bondades, la función que tiene como vehículo de acceso a la información, al conocimiento y a la cultura; sin embargo, las funciones de la lectura van mucho más allá de la simple intención didáctica o informativa: cuando leemos, o cuando nos leen, se establece un vínculo que, lejos de unificar criterios [1], condiciona el nivel y la calidad de comunicación que existe, o empezará a existir, entre seres humanos; nos prepara para la vida en comunidad, para ser con el otro.

La mayoría de los programas escolares que pretenden desarrollar el lenguaje del niño se basan en propuestas previamente estructuradas que responden a preguntas, rotulan, señalan, imitan, etc., de forma controlada. El objetivo de toda programación de esta índole, señala Vigotsky, debe ser que los niños inicien y creen su propio estilo en la comunicación (expresión) sin la estructura previa del adulto, ya que para ellos es más importante la expresión que la descripción. A partir de este proceso, se liberará el espíritu creador del niño que lo conducirá a generar evolución lingüística, pensamiento crítico y juicio estético.

Vigotsky propone acercar al niño a las artes, particularmente a aquellas que son expresivas, por lo que no pretenden modelar las respuestas en el niño, al contrario, estas generan una marca invisible que alimentará su goce estético y su juicio crítico posterior, no solo respecto al arte, sino en torno a todas las áreas de su interés: Nuestro cerebro y nuestros nervios, poseedores de enorme plasticidad, transforman fácilmente su finísima estructura bajo la influencia de diversas presiones, manteniendo la huella de estas modificaciones si las presiones son suficientemente fuertes o se repiten con suficiente frecuencia. Sucede en el cerebro algo parecido a lo que pasa en una hoja de papel si la doblamos por la mitad: en el lugar del doblez queda una raya como fruto del cambio realizado; raya que propicia la reiteración posterior de ese mismo cambio. Bastará con soplar el papel para que vuelva a doblarse por el mismo lugar en que quedó la huella.

Nuestra naturaleza nos ha permitido desarrollar la habilidad de componer, combinar el pasado con el futuro, la realidad con los deseos, etc., y con ello hemos potencializado las posibilidades de la imaginación. A lo largo de la historia, se ha visto que esta es una función vital y necesaria para nuestra supervivencia. Es precisamente nuestra capacidad creadora la que nos proyecta hacia el futuro y nos permite contribuir en la creación y perfeccionamiento de nuestro presente. Para ello es necesario entender que la fantasía y la realidad no se contraponen, sino que son complementarias y ambas dan solidez a la imaginación y por ende a la creatividad.

Las imágenes de la fantasía brindan también un lenguaje interior a nuestros sentimientos seleccionando determinados elementos de la realidad y combinándolos de tal manera que responda a nuestro estado interior del ánimo y no a la lógica exterior de estas propias imágenes […] La emoción que despierta la obra de arte se contagia [aunque sepamos que no son sucesos reales sino elucubraciones de la fantasía].

El lenguaje y la literatura para la construcción social a partir del juego

Es indiscutible que el ser humano deja huellas imperecederas y, muchas veces, imperceptibles en su entorno. Para organizar y entender el mundo es indispensable nombrarlo. Lo social impacta directamente en los procesos cognitivos a través del lenguaje y se evidencia mediante las condiciones de producción del discurso; por ello es necesario encontrar vínculos entre el texto literario, producido con lenguaje, y las experiencias del entorno del lector. En este sentido, la literatura crea universos que se imbrican (o deberían imbricarse) con los del lector y le otorga estructuras y herramientas para producir ideas y otros universos. Este proceso, comprendido como la apropiación del texto literario o experiencia vicaria, de acuerdo con Rosenblat es mucho más adecuado y efectivo si se acompaña a los lectores inexpertos por esta ruta. Este acompañamiento, como hemos sostenido en otras ocasiones, debe ser sin imponer modelos y desde la renuncia particular a nuestras propias interpretaciones; de ahí que el juego y las preguntas detonadoras sean fundamentales para crear estas estrategias.

Para crear juego-estrategias es necesario identificar las actividades y relaciones sociales de los participantes y los textos seleccionados (a partir de esas mismas necesidades) en un medio ambiente particular. Esta perspectiva, como lo hemos hecho a lo largo de 20 años de integrar las juego-estrategias en la lectura literaria a partir de diversas investigaciones al respecto, ha fundamentado la selección de los textos y los parámetros de observación en torno al lenguaje y al impacto que tienen sus contextos. En general, luego de la implementación de estrategias lúdicas, hemos observado lo siguiente:

  1. En los niños existe una capacidad innata para el lenguaje, pero está condicionada por factores externos [2];
  2. Las condiciones en que los niños se acercan al texto literario evidencian que el lenguaje es una habilidad que existe en potencia, y que se dispara a partir del contacto integral (formas de lectura diversas) con textos literarios. Esta relación dispara y matiza su capacidad lingüística innata muchas veces hasta la creación artística. De lo anterior, derivamos la siguiente conclusión: 3. El lenguaje es una “herramienta” que organiza el pensamiento, pero además, es materia prima de la manifestación literaria [arte]. Los textos literarios han sembrado la semilla de la interpretación en nuestros grupos experimentales, pero también han disparado su proclividad hacia la creación con intenciones estéticas, además de comunicativas.

A partir de estas experiencias, hemos confirmado la idea de alfabetización de Freire, quien entiende que esta implica la lectura de la palabra, pero sin deslindarla de la lectura de la realidad, con lo que se obtienen codificaciones particulares para cada texto y entorno. En este sentido, la selección de los textos literarios ha sido fundamental para entender las manifestaciones de recepción de los niños, así como para promover la integración de la lectura en su cotidianeidad, pues de ello depende la capacidad de apropiación de los lectores.

Leer no consiste solo en decodificar la palabra o el lenguaje escrito, antes bien, es una acto precedido por (y entrelazado con) el conocimiento de la realidad. El lenguaje y la realidad están interconectados dinámicamente. La comprensión que se alcanza a través de la lectura crítica de un texto implica percibir la relación que existe entre el texto y el contexto. La ludificación a partir de la lectura permite al niño construir un puente de acceso para interpretar el texto literario a partir de una experiencia de vida, matizada por la experimentación de la estrategia que lo lleva a realizar constantemente lecturas de “su” propia realidad.

Los enfoques tradicionales de ejercitación lectora han estado, casi sin excepción, basados en un método positivista; de hecho, han generado, como dice Freire,  una instancia epistemológica en la cual se exaltan el rigor científico y el refinamiento metódico, mientras la teoría y el conocimiento quedan subordinados a los imperativos de la eficiencia y el dominio técnico; y la historia es reducida a una posición menor dentro de las prioridades de la investigación científica empírica. La exclusión de las dimensiones sociales y políticas de la práctica de la lectura da lugar a una ideología de reproducción cultural que contempla a los lectores como objetos; es como si sus cuerpos conscientes estuviesen sencillamente vacíos esperando que los rellenen las palabras del educador. La literatura y el juego buscan precisamente lo contrario: despertar inquietudes que transformen al individuo en un crítico, ya que la literatura no pretende dar respuestas que llenen los vacíos; sino generar que el ser humano se haga preguntas que lo trasciendan.

Freire asegura que el desarrollo, por parte del lector, de una comprensión crítica del texto y del contexto sociohistórico al cual se refiere se convierte en un factor importante de la concepción de alfabetización, como forma de comprender el mundo; en este sentido, el acto de aprender a leer y escribir es un acto creativo que implica una comprensión crítica de la realidad; por lo que deja de existir una separación entre pensamiento, lenguaje y realidad objetiva. La lectura de un texto exige ahora una lectura dentro del contexto social al cual se refiere y ello permite que los lectores se conviertan en agentes activos en la construcción del universo que desean, producto del cuestionamiento y la reflexión profunda.

La lectura de la realidad es un factor indispensable para el juego y para la integración de la literatura a la vida cotidiana, para su comprensión y su enriquecimiento, y viceversa. El texto literario presenta un discurso que permite al lector ser coautor del texto, por lo que su decodificación tiene que estar permeada por sus propias experiencias y condensaciones de la realidad. Las juego-estrategias como vínculo para la experiencia literaria (enseñanza-aprendizaje) pretenden conectar los textos con la realidad y esta, a su vez, con la imaginación y la creatividad de los lectores.

Esta capacidad para el juego y el desarrollo de su capacidad para la invención le permitirá a los lectores, de la edad y el contexto que sea, tener las herramientas cognitivas y la experiencia vicaria de apropiación del universo literario, para producir nuevas realidades que, probablemente, apuntarán a resolver los paradigmas complejos que ha cuestionado a través de su lectura de la realidad.

El acceso a la lectura no solo promueve el desarrollo de habilidades lingüísticas y sociales; incluso cognitivas y emotivas, sino que se convierte, para un mundo globalizado tendiente a la estandarización y a la ignorancia, en una herramienta que le otorga al lector el poder de comprender y transformar el mundo. Las lecturas literarias, además, inciden sobre el desarrollo de la espiritualidad del ser humano al hacerlo entrar en contacto directo con la estética, es decir, con las formas y sus proyecciones. Estas “competencias” (Kerbrath-Orecchioni) modifican la imagen social del individuo, ya que el acercamiento al texto literario le proporciona un capital simbólico que lo llevará a tener acceso a los círculos de poder: un poder que le permite modificar y disfrutar el mundo en el que vive.

Este acceso, además, lo conduce a optimizar las relaciones de comunicación y de expresión con lo que lo rodea; por eso es importante describir y analizar los procesos reales que se suscitan a partir de la relación entre los seres humanos y con su entorno.

Referencias:

Freinet, Celestin. Técnicas Freinet de la escuela moderna. MéxicoSiglo XX1, 2002.

Freire, Paulo y Donaldo Macedo. Alfabetización. Lectura de la palabra y lectura de la realidad.Barcelona: Paidós, 1989.

Kant, Emmanuel. Lo bello y lo sublime. La paz perpetua.  Madrid: Espasa, 2002.

Kerbrath- Orecchioni, E. La enunciación de la subjetividad en el lenguaje. Buenos Aires: Hachette, 1980.

Mendoza Fillola, Antonio. La educación literaria. Bases para la formación de la competencia lecto-literaria. Málaga: Ediciones Aljibe, 2004.

Rosenblatt, Louise M. La literatura como exploraciónMéxico: F.C.E.- Espacios para la lectura, 2002.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

 

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Humillados y ofendidos. Por: Graziella Pogolotti*

Misíles israelies haciendo impacto contra la población civil de Gaza, Palestina.

Misíles israelies haciendo impacto contra la población civil de Gaza, Palestina. Fuente: Diario La Jornada.

No es fácil encontrar el camino de la verdad en la compleja telaraña contemporánea. Y, sin embargo, en un planeta empequeñecido, a todos nos concierne. Los atentados de París estremecieron al mundo. También a mí, no solo por haber nacido allí y por conservar vivencias de sus monumentos y sus olores, del aroma de las castañas asadas en el Luxemburgo; de aquel otro, más tóxico, que escapaba de los respiraderos del metro, sino porque Francia construyó a través del tiempo y de la cultura, un imaginario que anima la memoria de quienes no han pisado las calles de sus ciudades. La torre Eiffel encarna simbólicamente una historia que arrancó con la Toma de la Bastilla, pasó por el ’48 y la Comuna mientras se constituía en foco de las tendencias renovadoras en el arte y la literatura.

Otros recuerdos me acompañan. Allá por los ’50 del pasado siglo, al salir de la Sorbona, recorría el boulevard Saint Michel invadido por jóvenes llegados de todas partes. Había comenzado la guerra en Argelia y, de cuando en cuando, la policía cargaba brutalmente con quienes, por su biotipo, parecían árabes. En la redada caían también numerosos latinoamericanos. Pude tocar con la mano la violencia del colonialismo. El presidente Mendés-France tuvo la sabiduría política de firmar la paz con Vietnam. Más tarde, con visión de estratega, el general Charles de Gaulle, desafiando a los extremistas que lo llevaron al Gobierno, negoció la independencia de Argelia.

Ahora mismo, la solidaridad con Francia tiene un fundamento real porque el imaginario intangible adquiere la opacidad de lo concreto en la conciencia de los pueblos. Pero, cuidado, desde el primer momento, la manipulación mediática desató los fantasmas de la irracionalidad. Se escuchan formulaciones que evocan el medioevo como si los nuevos cruzados se dispusieran a una guerra santa. Recordamos entonces que el costo de una vida humana es impagable. Con cierta amargura no exenta de ironía, un amigo recordaba en estos días que el atroz sabotaje del avión de Barbados no estremeció al mundo. Ahí también había muchachos en la flor de la edad. Para solucionar los problemas, hay que profundizar en sus orígenes.

No soy politóloga y, mucho menos, experta en asuntos concernientes al Islam. Me limito, quizá por deformación intelectual, a seguir día a día la información pública y a plantearme, basada en el sentido común, preguntas elementales. El poderoso Estado Islámico brotó con una rapidez fulminante. Tiene amplias redes de reclutamiento y dispone de una logística de gran magnitud. El terrorista que actúa en Europa no requiere armas sofisticadas. Se vale de la sorpresa y de su disposición a inmolarse. En cambio, los combates que se libran en tierra emplean medios y recursos de alcance equiparables a los ejércitos nacionales. Habría que seguir la ruta del dinero y de las fuentes de abastecimiento.

Sería reduccionista, en cambio, considerar que los jóvenes enviados al sacrificio son simples mercenarios. La ideología que los sustenta, encarnada en fe religiosa, tiene raíces más profundas. Cargan sobre sus espaldas con el rencor acumulado por generaciones de humillados y ofendidos. En una dialéctica indetenible, la violencia engendra violencia. La solución no está en el exterminio, porque, más tarde o más temprano, la hidra renacerá. Las guerras libradas desde el 11 de septiembre han segado millones de vidas, inocentes en su gran mayoría, personas que, como cualquiera de nosotros, tuvieron familia, trabajaban o estudiaban, alentaban sueños individuales de porvenir. La guerra trajo torturas y vejaciones. Infligir sufrimientos indecibles en lo físico y en lo moral a un ser humano atado con cadenas es la forma más eficaz de ir sembrando odio en quienes lo padecen y en cuantos contemplan desde lejos las imágenes del dolor de sus semejantes.

El poder hipnótico de la imagen induce a la amnesia. El impacto de hoy borra el recuerdo de ayer. El terrorismo erigido en acción sistemática tiende a provocar el pánico. El horror ha dejado de tener una localización geográfica distante. Todos perciben la realidad concreta de su propia vulnerabilidad. Sobrecogidos, cerramos paso a la reflexión necesaria. En ese vacío de la conciencia, se toman decisiones costosas. Pueden modificarse leyes y abrirse nuevas fuentes de conflicto.

No soy creyente. Pero Francisco, el Supremo Pontífice, con una autoridad acrecentada por su obrar desde la Santa Sede, advierte al mundo sobre las señales de una tercera guerra mundial. De ocurrir así, sería la última y definitiva para este hermoso planeta. La paz es un sueño irrenunciable. Para conservarla, hay que delinear el perfil de los contendientes verdaderos. Hay que hacer, así mismo, el catálogo del armamento disponible a merced del capital financiero. Sin aspirar a una contabilidad exhaustiva, me remito a lo más conocido, desde lo convencional hasta las químicas, biológicas, nucleares, complementadas hoy por las derivadas de la robótica. A mi entender, lo más innovador opera en el campo de la cultura con sus ramificaciones en la educación y en otros componentes de formación humana. Invadidas por el dominio del espectáculo, fábricas castradoras del pensar autónomo, imágenes y sonidos seducen, conforman modelos y valores, difunden lo insustancial y lo efímero. En términos militares, preparan el terreno con el ablandamiento necesario. Su efecto desnaturaliza la noción de cultura, vía de conocimiento y de creación humanas. Ante esa realidad invasiva, no se trata de demonizar, sino de trabajar y de construir, de preservar identidades sustentadas en la fe profunda, en la capacidad de nuestra especie para actuar en favor de su mejoramiento y salvación.

Tomado de: http://www.juventudrebelde.cu

Graciela Pogolotti*Crítica de arte, prestigiosa ensayista y destacada intelectual cubana, promotora de las Artes Plásticas Cubanas. Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, Vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

Hija de uno de los íconos de la vanguardia artística de la primera mitad del siglo XX, Marcelo Pogolotti y de madre rusa. Nació en París en 1931 pero desde niña vivió en Cuba. Ser cubana, para ella, es una misión y un estado de gracia.

Es una de las más dispuestas y necesarias consejeras y asesoras de cuanto proyecto útil pueda favorecer la trama cultural de la nación. Esa vocación participativa se expresa también en las pequeñas cosas de la vida. Gusta de la conversación amena, de la música popular y no le gusta perder el hilo de una telenovela, nunca cierra las puertas a quien la procura.

A los siete años ya estaba en la capital cubana, donde estudia hasta graduarse como Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Cursó estudios de postgrado en La Sorbona, durante un año, estudió Literatura Francesa Contemporánea. Al regresar a Cuba, matriculó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde alcanzó otro título.

Ha escrito numerosos ensayos, pero tan fundamental como su obra escrita ha sido su enorme labor en la docencia y la promoción de la cultura. Desde la cátedra de la Universidad de la Habana, a las investigaciones socioculturales vinculadas a los primeros pasos del Grupo Teatro Escambray, desde la formación de teatristas en el Instituto Superior de Arte, hasta la vicepresidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, desde la Biblioteca Nacional, hasta la presidencia de la Fundación Alejo Carpentier.

Al Triunfo de la revolución se encontraba en Italia desde fines de 1958, se hallaba en una beca, residiendo en Roma por lo que aprovechó también para atender su salud. Al saber la noticia del derrocamiento de la dictadura se presento junto a otras personas que vivían en Roma en la sede de la Embajada a ocuparla. De regreso a la isla tuvo pasó por París hasta que finalmente llagó a Madrid, donde el Gobierno Revolucionario situó aviones para facilitar el regreso de los cubanos en Europa. Durante el vuelo conoció a Fayad Jamis, que ya era poeta y pintor distinguido pese a su juventud. Al llegar a La Habana observo una euforia generalizada, los rebeldes estaban en la terminal aérea.

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Gómez y Maceo en la primera fila. Por: Manuel Fernández Carcassés*

Antonio Maceo y Máximo Gómez. Fuente: Juventud Rebelde.

Antonio Maceo y Máximo Gómez. Fuente: Juventud Rebelde.

El 22 de octubre de 1895 salía de los Mangos de Baraguá la columna invasora al mando del mayor general Antonio Maceo Grajales. En hermoso simbolismo, el Titán de Bronce escogió este lugar para iniciar la gloriosa marcha, pues allí precisamente había tenido lugar el último hecho heroico de la Guerra de los Diez Años: la famosa Protesta de Baraguá, protagonizada por el propio Maceo, que en nombre de lo más puro del ideal independentista, dejó claro que el machete no se envainaría hasta que Cuba no fuera independiente y libre del odioso flagelo de la esclavitud. La Invasión a Occidente partió de Baraguá dando continuidad a aquella inclaudicable decisión, y sería el golpe de muerte al colonialismo español.

No era la primera vez que los cubanos en armas intentaban similar estrategia. Para el éxito de la Guerra iniciada en 1868 se emprendió otra acción similar contra el occidente de la Isla, emporio económico de la colonia donde se concentraba el grueso de la economía y el mayor número de esclavos. De las ganancias extraídas allí, España se valía para sufragar los gastos de la guerra que sostenía contra los propios cubanos.

La invasión frustrada

El general Máximo Gómez recibió la misión de conducir al ejército mambí en su marcha hacia Occidente, pero múltiples factores se combinaron para impedir el éxito de esta imprescindible empresa militar. Por un lado, una errónea táctica llevó a Gómez a sostener en territorio camagüeyano, grandes enfrentamientos contra las tropas españolas, como la batalla de las Guásimas, que si bien fue una victoria para las armas cubanas, igualmente significó un desgaste de las fuerzas, tanto en hombres como en parque, que a la postre retrasaron la expedición. Tampoco fue efectivo, y mucho menos puntual, el apoyo del Gobierno de la República en Armas a tan importante proyecto.

Pero las rémoras que decisivamente frenaron el ímpetu invasor en la Guerra de los Diez Años fueron el regionalismo y el racismo, pesados lastres de los que los cubanos no habíamos podido desprendernos a la sazón, y que impusieron su estrechez de miras, por ejemplo, en aquellos que se negaron a continuar la guerra más allá de los límites de sus comarcas, o de quienes no aceptaban subordinarse a jefe alguno que no hubiese salido de entre sus coterráneos.

El racismo también hizo mucho daño en aquella Guerra Grande, tanto, que obligó al general Maceo a renunciar al mando de tropas que participarían en la invasión, y que se negaban a ser dirigidas por un individuo de color, como se decía entonces.

En fin, fracasó la necesaria invasión a Occidente por la falta de unidad entre los cubanos. A duras penas, y con poca fuerza, pudo llegar hasta las comarcas del este de Matanzas. Con ella, fracasaba también la Guerra de los Diez Años.

Pero la idea se mantuvo latente. Para cualquier intento revolucionario era indispensable extender la guerra a todo el país, lo que obligaría a España a desconcentrar sus fuerzas sobre una región determinada. Igualmente, desde el punto de vista militar, al estar la Isla completa en pie de guerra, se facilitaría el arribo de expediciones, a la vez que se engrosarían las filas del Ejército Libertador.

Así lo comprendió José Martí, quien al diseñar la Guerra Necesaria proyectó el estallido simultáneo de esta en las tres regiones de la Isla -Oriente, Centro y Occidente- conjugado con la llegada de los principales jefes en tres expediciones sincronizadas para arribar al unísono por puntos de estas tres regiones. De tal suerte, se garantizaría, desde el inicio, la anhelada coincidencia de acciones y resultados en todo el territorio, lo que debía garantizar un triunfo rápido, con la consiguiente disminución del costo en vidas humanas y recursos económicos. Las adversidades, descritas en otras ocasiones, hicieron fracasar estos planes tan meticulosamente preparados, y finalmente solo Oriente cumplió el doble compromiso de reiniciar la guerra en los primeros meses de 1895 y mantenerla viva hasta la llegada de los principales jefes.

En el 95

Es así que, nuevamente, se impone la idea de la invasión, una vez naufragada la intención de levantar todo el país desde los primeros momentos. La muerte prematura de Martí le impide ver materializada la idea, y corresponde a Gómez y a Maceo encabezar la contienda.

Cuando llega el 22 de octubre de 1895, ya el Titán tenía organizadas las fuerzas y su equipo de mando: el general José Miró Argenter como jefe de Estado Mayor; el general Luis de Feria, al frente de la Caballería; el general Quintín Bandera, jefe de la Infantería; el coronel Joaquín Castillo Duany, jefe de Sanidad y el coronel Pedro Vargas, a cargo de la Instrucción. Después de la salida, Maceo evita cualquier enfrentamiento con el enemigo, siempre que este significara merma de las fuerzas que se encaminaban al poniente cubano. Por ello, esquiva a las tropas numerosas que, desde Holguín, se envían para frenarlo.

Recordando las experiencias del 68, casi no combate en Oriente. Tampoco en Camagüey, adonde entra el 8 de noviembre. Eso sí, deja acordado con su hermano José, que ha quedado como jefe de Oriente, la organización y envío de un segundo contingente invasor, que saldría luego con tropas orientales, para robustecer a la columna invasora.

En territorio agramontino, específicamente en la finca La Matilde -antigua propiedad de los Simoni, la familia de Amalia, la amorosa compañera del Mayor-, Enrique Loynaz del Castillo y Dositeo Aguilera compusieron, el 15 de noviembre, el Himno Invasor, inicialmente nombrado Himno al General Maceo, pero este, enemigo de todo cuanto significara exaltación a su persona, rechazó esa denominación y sugirió para dicha composición el nombre que hoy ostenta.

El día 29 de noviembre cruzó, sin grandes contratiempos, la trocha de Júcaro a Morón y se une a Gómez en San Juan. Seguidamente, en el campamento ubicado en Lázaro López, se unen ambos afluentes y queda constituida definitivamente la fuerza invasora, a la vez que se definen los derroteros de la Invasión. En el histórico enclave de Lázaro López, Gómez pronuncia un encendido discurso en el que espolea a los mambises a “llegar a los confines de Occidente, hasta donde haya tierra española” y alerta que “el día que no haya combate será un día perdido”.

Y pasan a Las Villas, donde combaten juntos, y juntos escriben páginas de gloria en La Reforma, Iguará, Los Indios, Casa de Tejas, Manacal, Manicaragua, El Quirro, Siguanea y Mal Tiempo, esta última considerada una de las principales acciones de la Invasión, en la que nuestros hombres enfrentaron la columna del teniente coronel español Narciso Rich, formada por alrededor de 550 hombres integrantes de los regimientos de Bailén, Treviño y Canarias y una sección de caballería del Regimiento de la Montesa. Los españoles tuvieron numerosas bajas (147 muertos y más de 200 heridos). Los cubanos tuvieron que lamentar la muerte de cuatro combatientes, entre ellos el teniente coronel José Cefí, y 42 heridos, a la vez que se apropiaron de más de 200 fusiles (Máuser y Remington) varias cajas de municiones, caballos y acémilas. Allí quedó destruido el Batallón de Canarias No. 42, que además perdió su archivo, botiquín y la bandera.

En la provincia de Matanzas tienen lugar los combates de La Colmena y Coliseo, este último (23 de diciembre de 1895) fue de poca significación desde el punto de vista militar, pero políticamente muy revelador, pues se demostró la imposibilidad de España para frenar el avance a Occidente, aun cuando sus fuerzas, esta vez, estuvieron comandadas por el propio capitán general Arsenio Martínez Campos.

De Coliseo avanzan hacia Sumidero, donde inician el llamado Lazo de la Invasión, consistente en una contramarcha, aparentemente desorganizada, y que pretendía trasmitir a los españoles la señal de retirada. Martínez Campos cae en la trampa, y pensando cortarle la retirada a los mambises, sube a sus tropas a bordo de los trenes, y se adelanta para esperar al supuesto ejército que se repliega en desbandada. Entonces, esa fuerza increíble de cubanos se reúne nuevamente, y se orienta hacia Occidente, ahora destruyendo las vías férreas para evitar que el enemigo, que inútilmente lo espera por el este, les dé alcance.

El 28 de diciembre de 1895 está la columna invasora de nuevo en Matanzas y enseguida, en las primeras horas del siguiente día, libran el combate de Calimete. Quedaba expedito el paso a la provincia  de La Habana, que acontece el 1° de enero de 1896 después de las últimas acciones en Matanzas (Isabel y El Estante). La entrada en la provincia habanera dispara las alarmas en la capital, pues las fuerzas colonialistas se atemorizan al tener tan cerca, como nunca antes, tal cúmulo de fuerzas mambisas, y a los dos jefes más renombrados de la guerra: Gómez y Maceo. En La Habana, los cubanos reciben cierta cantidad de armamento y parque, porque en la mayoría de los poblados los voluntarios se rinden sin resistencia y los entregan. También reciben del pueblo alimentos y ropas, pero sobre todo el recibimiento cariñoso y emocionado.

En Güira de Melena, sin embargo, la columna invasora encuentra, excepcionalmente, una fuerte resistencia por parte de los voluntarios y algunas fuerzas regulares, pero son aplastados por Maceo y sus hombres, que continuaron su avance, destruyendo a su paso la riqueza que no había querido ponerse a favor de la independencia.

El 7 de enero Maceo se había despedido de Gómez, que permaneció en La Habana para evitar que se concentraran en la estrecha Pinar del Río todas las fuerzas hispanas contra Maceo. Al día siguiente entra en la provincia de Pinar del Río. Allí, en Vueltabajo, libra con su tropa los últimos combates de la Invasión en Cabañas, San Diego, Bahía Honda, La Mulata, Viñales, Las Taironas y Tirado. El 22 de enero la Columna Invasora arribó a Mantua y el día 23 se levantó un acta para dar por concluido este épico episodio de la guerra, y se izó la bandera de la estrella solitaria, que le fuera obsequiada a Maceo por las damas del Camagüey. Tenía Maceo entonces 50 años de edad, y desde su salida de los Mangos de Baraguá hasta Mantua había cabalgado 424 leguas y sostenido 27 combates, en el lapso de tres meses.

Los estrategas más reconocidos de la época se asombraron de esta hombrada, y la elogiaron en términos superlativos. De ella dijo el general Sickles, veterano de la Guerra de Secesión: “La marcha de Gómez, desde el punto de vista militar, es tan notable como la de Sherman […] debemos poner a Gómez y a Maceo en la primera fila de la capacidad militar”. En efecto, la columna invasora, que en sus mejores momentos tuvo alrededor de cuatro mil hombres, enfrentó a más de 200 mil soldados enemigos (sumados soldados regulares y voluntarios) y tuvo que atravesar una isla larga y estrecha, donde los españoles dominaban las vías de comunicación. Por otro lado, en Occidente se concentraban las mayores y mejores unidades de combate españolas, y los principales núcleos del integrismo.

Con todo, la Invasión cumplió sus objetivos militares, económicos y políticos, puso en punto de mate al colonialismo español en Cuba y mostró al mundo la grandeza de un pueblo cuando lucha por su independencia, y la genialidad de los líderes que lo guían. Ciento veinte años después, el ejemplo de Maceo y Gómez, y de los bravos que los acompañaron en la Invasión, es invitación permanente a imitarlo.

Tomado de: http://bohemia.cu

*Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente.

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“Si algún homenaje tenemos que hacer a ese discurso, que a mi juicio es trascendental, es el debate y la movilización” Por: Iroel Sánchez*

El Comandante de la Revolución Fidel Castro Ruz en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005

El Comandante de la Revolución Fidel Castro Ruz en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005

(Transcripción de sus palabras en el espacio Dialogar, dialogar de la Asociación Hermanos Saiz, donde se debatió sobre la significación y vigencia del histórico discurso de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005)

Hay en el discurso un tema central que tiene que ver con la idea de la reversibilidad y lo que dice Fidel relacionado con lo que se ha interpretado como la corrupción y que es mucho más amplio que eso por su relación con la ética y la desigualdad. Él dice: “hay que ver dónde empezó la confusión”, y empieza a hacer el recorrido histórico por el impacto del estalinismo y cómo contribuyó a la “calumniosa idea de que para un comunista el fin justifica los medios”. Es algo que se ha subrayado en muchos análisis del discurso y que me parece que es algo esencial, su esencia ética.

Segundo: la relación que Fidel establece entre robo y desigualdad. Sí porque él no dice corrupción, él dice robo. Él dice “¿cuántas formas de robo hay en este país?” De hecho estoy sugiriendo que tengamos en algún momento un panel aquí sobre la desigualdad hoy. Porque he leído cosas, y no estoy hablando cosas a nivel teórico, si no desde la prensa, donde a veces la desigualdad es vista como signo de progreso. Y yo creo que si eso va a ser parte de nuestro discurso, por lo menos tiene que pasar por una discusión más profunda en el seno de nuestras organizaciones, empezando por el Partido.

En ese sentido lo que Fidel lideró por esos años y le llamó batalla de ideas tiene una lógica tremenda, independientemente de las deformaciones de algunas personas que tuvieron que ver con su implementación; Fernando Martínez Heredia le llama la Ofensiva de Fidel para “frenar desigualdades y reforzar al socialismo”. Cuando el recorrido del documental dolorosísimo de Silvio por los barrios, yo pensaba en cómo aquellas acciones establecieron lazos de esos jóvenes viviendo en condiciones difíciles de marginalidad con el proyecto de la Revolución, con el socialismo, cómo Fidel puso a miles de estudiantes universitarios a trabajar en función de los más desfavorecidos y a entrar en contacto con esas realidades para transformarlas. Incluso el compañero que está sentado aquí al lado mío me decía “a mí salvaron”.

En el caso de la proporción de jóvenes en las universidades en el que al parecer hemos descendido bastante del primer lugar en América Latina, alguien me decía estamos en el tercer lugar de abajo hacia arriba, y si eso es cierto podemos estar afectando la cohesión social con decisiones que si se analizan solo desde el punto de vista económico pueden parecer correctas. Pero si algún país necesita estar cohesionado socialmente es este, para enfrentar todas esas cosas que decían ustedes.

Hay que ver cómo, es verdad que tuvimos que hacer ajustes; pero lo que no puede ser es que haya una fractura de la movilidad social de los humildes en este país que también es otro tema a tratar. Fidel dice “…yo sé de dónde ustedes vienen” y se refiere al origen humide de los jóvenes que están en ese auditorio, después de hablar de diferencias de clases. La lucha de clases es el motor de la historia, pero los motores pueden ir para para delante y también hacia atrás, y allí está el concepto de la reversibilidad.

Este es un escenario, en que cada vez más se va internacionalizando la lucha de clases; donde Miami juega un rol en ese escenario cada vez mayor. Y por supuesto es correcto abrirse a ese mundo y hay que asumirlo, lo que no se puede ignorar es la reproducción de ese escenario clasista.

Ahora mismo estaba viendo un video de Fidel en el 94, en el Encuentro Mundial de Solidaridad con Cuba donde él explica el tema de la inversión extranjera y todo lo que había conducido a “cambios y reformas que vamos haciendo”, y agregaba principios que se mantienen: el poder del pueblo, que quiere decir -dice él- el poder de los trabajadores y no de las transnacionales.

Hay discusiones que tenemos que sostener desde dentro, no sé si a raíz del Congreso del Partido o a raíz de otra cosa. Pero que tienen que jugar ese papel movilizador, porque lo que Fidel hace, más que un discurso, es una gran movilización, y detrás de eso hay un concepto de la participación, que es el concepto de participación de la Revolución y del que Fidel es uno de sus grandes autores. Habla de los muchachos metidos en los CUPET, habla de la lucha contra la corrupción desde un enfoque de la participación popular, el éxito de eso se puede o no discutir desde el punto de vista económico pero desde el punto de vista político es indiscutible.

Y a veces salen noticias en que parece estamos aprendiendo de la lucha contra la corrupción de otros países desde el punto de vista técnico y olvidando los elementos políticos y copiando cosas que ignoran las herramientas de las organizaciones sociales nuestras en la base, de control popular, sobre todo en aquellos aspectos con los que choca la vida cotidiana del pueblo ¿Vamos a luchar contra la corrupción desde las experiencias de España o Panamá? (murmullos). Las auditorías son muy importantes, pero las auditorías no son el único método para combatir la corrupción.

Ese elemento movilizador desde la participación popular es lo que yo creo que marca el centro del discurso de Fidel. Y el elemento, por supuesto, ético.

Uno o dos días después, él va a la Mesa Redonda en la televisión para hablar de las transformaciones para el ahorro energético y dice una frase, que de una manera u otra también está en los discursos de Raúl hoy y en la situación que busca transformar la implementación de los Lineamientos: “En este país el que menos trabaja es el que mejor vive”. Otra vez, la desigualdad aparece como un elemento a combatir. Entonces tú no puedes movilizar a nadie sobre la base de que eso no existe. Yo creo que son discusiones que urgentemente tenemos que tener. Si de algo sirve, si algún homenaje tenemos que hacer a ese discurso, que a mi juicio es trascendental, es el debate y la movilización.

Tomado de: https://dialogardialogar.wordpress.com

foto Leandro Teysseire

*(Santa Clara, Cuba, 1964).  Editor y periodista. Autor del libro: “Sospechas y disidencias” Editorial Abril (2012).

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Argumentos para pensar y actuar. Por: Omar Olázabal Rodríguez* (III Parte)

Instantánea del coloquio Caracol 2015.

Instantánea del coloquio Caracol 2015.

En esta oportunidad, el coloquio del Caracol se enmarcó en la conmemoración del aniversario 65 de la TV Cubana. De ahí que dos momentos de su agenda se consagraran a ese acontecimiento.

Mayra Cué Sierra, asesora, guionista e investigadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), la crítica y periodista Paquita Armas Fonseca, y la investigadora Cecilia Linares Fleites, del Instituto de Estudios Culturales Juan Marinello, pasaron revista a la historia y la actualidad del medio en Cuba, en un panel coordinado por la crítica Soledad Cruz. Luego Pedro Emilio Amorós, Hamlet López y Yisel Rivero, también del Instituto Juan Marinello, particularizaron sobre el efecto de las nuevas tecnologías en la televisión.

Pionera en Latinoamérica, una primera etapa de la televisión en la isla estuvo signada por el carácter comercial de sus emisiones, con evidentes logros técnicos para la época, pero sin lugar a dudas, a partir del triunfo revolucionario de enero de 1959 hubo un cambio radical en la concepción y en la estructura del medio: la televisión pasó a ser un servicio público bajo las premisas de informar, educar y entretener.

La historia de la TV, opinó Mayra Cué, requiere ser objeto de investigaciones rigurosas, cuyos resultados se utilicen y promuevan. No son abundantes  los textos sobre esa historia, pero los de más reciente factura tampoco se publican. Ante todo se requiere una mayor integralidad y profundidad en dichos estudios, al tiempo que debe prestarse atención a la preservación de los fondos documentales indispensables para conocer los procesos artísticos y tecnológicos que por más de seis décadas han sustentado la existencia del medio. Porque, afirmó “tan importante como hacer televisión es preservar nuestras obras, pensar en nuestras prácticas y legar nuestra historia a las nuevas generaciones”.

“No podemos olvidar, añadió, que la televisión ha devenido, como lo indican estudios de audiencia, la práctica más importante en la vida cultural de los cubanos, de modo que nuestras creaciones constituyen una parte de la memoria colectiva de la nación. El estudio de estas realidades nos llevaría, en estos tiempos de renovación, a evitar errores”.

A continuación, la crítica Paquita de Armas afirmó que la TV cubana, por sus características, es única en el mundo,  por lo que puede y debe ser mucho más eficaz. La competencia en audiovisuales es una realidad actual: “se apaga la señal cubana y se sintoniza con otra, no son pocas las antenas, o se utiliza el paquete, por lo que la emulación está planteada; no hay una televisión, hay muchas”.

Pero para reforzar el papel de la TV cubana, en opinión de Paquita, cada proyecto audiovisual que se emprenda, debe estar avalado por un análisis colectivo en el que intervengan investigadores de los públicos.

Sobre la programación cinematográfica en la pantalla doméstica sugirió: “Se transmiten filmes actuales, algunos muy buenos. Sin que se convierta en una morcilla de comentarios, se debe realizar una promoción, directamente proporcional a los valores estéticos de la obra, y sopesar la hora y frecuencia de proyección”.

Asimismo sugirió “un espacio de crítica audiovisual, al que concurran especialistas de diversas disciplinas y propongan una jerarquización de lo que llega al televidente”.

“Creo firmemente en que se puede influir en el gusto y en que una pieza dramática puede ser más efectiva que mil discursos”, apuntó. Al respecto lamentó la escasa producción de series y teledramas de producción nacional.

La intervención de la investigadora Cecilia Linares se concentró en describir los escenarios que problematizan la recepción de la programación televisiva: uno, la diversidad de fuentes de acceso al consumo audiovisual; la existencia de un mercado informal de circulación de materiales; y los vacíos y carencias en la formación de los públicos.

Estos son temas, aseveró, sobre los cuales tendremos que pensar, definir políticas y elaborar propuestas que se traduzcan en programas y espacios que impacten artística y estéticamente a la teleaudiencia nacional, sin olvidar que la digitalización deviene una tecnología de punta, que no se puede relegar a un segundo plano, por lo que se eleve la capacidad crítica del telespectador.

En cuanto a la influencia de las nuevas tecnologías en el espectro televisual, Pedro Emilio Amorós, Hamlet López y Yisel Rivero expusieron las líneas de trabajo que en el Instituto Juan Marinello se han implementado para conocer los patrones de consumo cultural y conseguir una aproximación a los factores que inciden en la relación del público con el medio televisual.

Coincidieron en destacar las nuevas posibilidades que se abren con el paso a la señal analógica a la digital y en valorar la trascendencia social que el uso inteligente de las tecnologías de punta tendría para la consolidación de la misión de la televisión en una sociedad como la nuestra.

Estas exposiciones suscitaron un debate provechoso por parte de creadores, críticos y directivos presentes en la sala Martínez Villena, de la UNEAC, sede del Caracol. Hubo consenso en la necesidad de erradicar el desbalance en la programación musical, la falta de intencionalidad en algunos de estos espacios, las intermitencias en la producción nacional de dramatizados y la improvisación y falta de profesionalidad de determinados comunicadores.

Es menester, según expresaron varios participantes, una mayor coherencia en la programación que ofrecen los canales, un aprovechamiento óptimo de los recursos humanos y una imprescindible vinculación entre las investigaciones sociales y los resultados en pantalla.

Presente en la discusión, Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, felicitó a los ponentes por el rigor de sus análisis y el sentido de responsabilidad con que abordaron asuntos tan complejos; y llamó la atención sobre un público que exige un tratamiento diferenciado: los jóvenes.

“Sin apelar a las estadísticas, basándome en observaciones cotidianas —señaló Barnet— tengo la percepción de que no pocos jóvenes no ven televisión o lo hacen en muy contadas ocasiones. Habrá no solo que investigar esto, sino implementar propuestas que, sin concesiones de ningún tipo ni decisiones festinadas, les sean atractivas y respondan a sus motivaciones”.

En esta sesión intervino también Alfonso Noya, director general de la TV Cubana, quien consideró útiles y necesarias las críticas, opiniones y sugerencias aportadas, las cuales serán evaluadas por la institución y tomadas en cuenta. “A nuestra televisión —enfatizó— le hacen falta espacios como al que nos ha convocado la UNEAC, puesto que de esta suma de inteligencias salen ideas que deben llevarse a la práctica.”

Tomado de: http://www.uneac.org.cu

Omar Olazabal*Filólogo. Profesor y Productor Audiovisual. Dirige la Oficina de Comunicación e Imagen de la UNEAC.

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“El rey de La Habana”: una película prohibida por un Festival… al que no se ha presentado. Por: José Manzaneda*

Agustí Villaronga, cineasta mallorquí.

Agustí Villaronga, cineasta mallorquí.

La actriz cubana Yordanka Ariosa obtuvo la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián por su trabajo en la película “El rey de La Habana” (1). Y sorprende que apenas haya sido entrevistada en los medios españoles.

“Corazón Corazón”, suplemento del diario ABC, le hacía su única entrevista, un verdadero acto de acoso político (2): “¿Sabiendo que la película no es del agrado del régimen (cubano), ¿no va a tener problemas a la vuelta?”, o “¿No le gustaría marcharse de Cuba? Quizá tenga más oportunidades fuera…”, eran algunas de las preguntas. Las respuestas de la actriz nos hacen entender por qué su perfil interesó tan poco a la prensa española. Yordanka, primero, ponía en duda que “la película no resulte del agrado de las autoridades cubanas”. Y aclaraba, además, que “como a cualquier actriz (…) del mundo, (le) gustaría hacer proyectos dentro y fuera de mi país”.

Pero ¿qué debió haber dicho la actriz cubana para atraer el interés de los medios? Que el rodaje en Cuba fue “prohibido” (3), que el film está “censurado” en la Isla o que “la película no le ha gustado nada al Gobierno cubano” (4). Es decir, lo que ha repetido, una y otra vez, el director de la película, el mallorquín Agustí Villaronga.

Estas acusaciones eran desmentidas por Roberto Smith, director del ICAIC (el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) (5). En un artículo -ignorado por la prensa española- narraba cómo él personalmente explicó a Villaronga que la participación del ICAIC “no era posible (…) en un plazo tan corto y coincidiendo con el desarrollo de otros proyectos”, algo que –remarca- “es un derecho de cualquier (casa) productora del mundo” (6).

Smith desmentía, además, la “censura” o “veto” de la película en Cuba. Villaronga había declarado que veía “difícil que (aquella llegara) a las pantallas de Cuba, (a pesar de que) la productora quiere intentar ir al Festival de La Habana” (7). Dicha productora ejecutiva, María Luis Matienzo, añadía una amenaza directa al citado Festival: “si no la dejan proyectar ‘El rey de La Habana’ –leemos en “El Diario Vasco”- hará un documental sobre ello”, porque “les guste o no la pienso llevar” (8). Pero ¿es cierto que el prestigioso Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana ha “vetado” esta película (9)?

El director del ICAIC lo desmentía categóricamente: “el filme ni siquiera ha sido inscrito en el Festival, (…) (ni ha sido) ofrecido para su exhibición en el país” (10). La propia actriz cubana Yordanka Ariosa confirmaba que “la productora española no ha mandado la película a la convocatoria del festival” (11). Es decir: que “El rey de La Habana” está vetada y censurada en un Festival al que no se ha presentado. Curioso.

Ciertos medios convertían el film en un alegato contra el Gobierno cubano. “Una película que muestra con valentía ciertas vergüenzas del régimen castrista”, leemos en el diario “El Mundo” (12). Un “filme (que) hirió (…) las sensibilidades de izquierda que todavía defienden los logros del agonizante régimen castrista”, nos dicen los diarios del Grupo Vocento (13). Una lectura politizada en la que colaboraba activamente el propio director (14): su película –aseguraba- descubre “lo que pasa en las zonas más marginales de Cuba”, que “no son la que se han visto normalmente” (15). Ya. Entonces ¿qué ha hecho el cine cubano –producido por el ICAIC- en los últimos 25 años, sino ser un descarnado retrato social del país, incluyendo su marginalidad (16)? ¿Ha tenido que venir de Europa este cineasta para “dar voz a los sin voz”, como asegura en sus entrevistas, o “a poner `negro sobre blanco´ lo que pasa en las zonas más marginales de Cuba” (17)? Entonces ¿qué hicieron “Barrio Cuba” (18), “Páginas del diario de Mauricio” (19), “Fresa y Chocolate” (20), “Lista de espera” (21), o las más recientes “Conducta” (22) y “Vestido de novia” (23)? ¿No será que sus directores, sencillamente, no inventaron “censuras” o “vetos” para promocionarlas?

Algunos medios aprovechaban, además, para hacer pasar realidades límite de la Cuba de hace 20 años, por un supuesto retrato de la Cuba de hoy: “Sexo y miseria en Cuba conmocionan el festival de San Sebastián” (24), “Agustí Villaronga muestra la Cuba más sórdida y oculta” (25),  “Villaronga viaja a la sordidez de Cuba” (26) o “Villaronga se adentra en la tragedia cubana”  (27) son algunos titulares.

En el Festival de San Sebastián se estrenaron otras películas, también con duros retratos sociales. “Moire”, un film de Georgia, trata, por ejemplo, el “drama en torno a una familia desestructurada” (28). ¿Creen que los medios que han hecho –excepcionalmente- mención de ella han citado, en algún momento, al gobierno o al “régimen” de Georgia? ¿Qué creen Vds.?

Notas

(1)       http://www.granma.cu/cultura/2015-09-28/la-actriz-cubana-yordanka-ariosa-gana-concha-de-plata-en-el-festival-de-san-sebastian

(2)       http://www.vocento.com/nacionales_suplementos_hoy_corazon.php

(3)       http://www.elmundo.es/cultura/2015/09/24/5603aeb4268e3eb7738b456f.html

(4)       http://www.elcultural.com/revista/cine/Agusti-Villaronga-Cuba-se-ha-convertido-en-el-burdel-de-Europa/37077

(5)       http://www.cubacine.cult.cu/articulo/2015/10/23/confundir-margenes-con-sociedad-conjunto-no-es-honesto

(6)       http://www.cubainformacion.tv/index.php/en-portada/65346-icaic-niga-que-rodaje-de-pelicula-el-rey-de-la-habanaa-fuera-prohibido-o-este-censurada-y-acusa-a-villalonga-de-hacer-marketing-malsano

(7)       http://ultimahora.es/noticias/cultura/2015/10/20/164719/agusti-villaronga-presenta-rey-habana-palma.html

(8)       http://www.diariovasco.com/culturas/zinemaldia/201509/23/agusti-villaronga-retrata-cuba-20150923140815.html

(9)       http://www.habanafilmfestival.com/

(10)    http://www.vivelohoy.com/entretenimiento/8488710/cuba-sale-al-cruce-de-criticas-por-el-rey-de-la-habana

(11)    http://www.14ymedio.com/cultura/Yordanka-Ariosa-siempre-querido-trabajar_0_1870612933.html

(12)    http://www.elmundo.es/cultura/2015/09/24/5603aeb4268e3eb7738b456f.html

(13)    http://www.laverdad.es/murcia/culturas/cine/201509/24/villaronga-viaja-sordidez-cuba-20150924011659-v.html

(14)    http://www.rtve.es/radio/20151013/agusti-villaronga-vuelve-retratar-realidad-dificil-rey-habana/1237684.shtml

(15)    http://www.lavanguardia.com/cultura/20150923/54436779204/agusti-villaronga-pone-negro-sobre-blanco-la-cuba-mas-sordida-y-oculta.html

(16)    http://cubacine.cult.cu/sitios/filmo/

(17)    http://www.efe.com/efe/espana/cultura/el-cine-realidad-toma-san-sebastian-con-rey-de-la-habana-y-moira/10005-2719997

(18)    http://www.cubainformacion.tv/index.php/lecciones-de-manipulacion/1333-barrio-cuba-y-brokeback-mountain-doble-rasero-en-el-cine-sobre-homofobia

(19)    http://www.ecured.cu/P%C3%A1ginas_del_diario_de_Mauricio

(20)    http://www.ecured.cu/index.php/Fresa_y_chocolate

(21)    http://www.ecured.cu/index.php/Lista_de_espera

(22)    http://www.cubainformacion.tv/index.php/lecciones-de-manipulacion/60267-cuba-ique-supuesta-dictaduraa-se-empena-en-producir-distribuir-y-promocionar-peliculas-de-critica-social

(23)    http://www.cubainformacion.tv/index.php/cultura/65446-vestido-de-novia-es-una-pelicula-para-quienes-se-creen-con-el-derecho-de-vejar-al-diferentea

(24)    http://www.martinoticias.com/content/la-miseria-y-el-sexo-en-cuba-conmociona-el-festival-de-cine-de-san-sebastian/105077.html

(25)    http://ocio.diariodemallorca.es/cine/noticias/nws-447941-agusti-villaronga-muestra-cuba-mas-sordida-oculta.html

(26)    http://www.laverdad.es/murcia/culturas/cine/201509/24/villaronga-viaja-sordidez-cuba-20150924011659-v.html

(27)    http://valenciaplaza.com/villaronga-se-adentra-en-la-tragedia-cubana

(28)    http://m.noticiasdegipuzkoa.com/2015/08/08/ocio-y-cultura/cine-extranjero-para-la-seccion-oficial

Tomado de: http://www.cubainformacion.tv

José Manzaneda*Coordinador de la TV Cubainformación. Realizador y guionista de TV y documentalista, quién ha impartido diversos cursos sobre video. De su filmografía señalar su documental; El segundo desembarco: multinacionales españolas en América Latina (2010), producido por el Observatorio de Multinacionales de América Latina (OMAL).

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Martí y la nación: primicias de su pensamiento. Por: Luis Álvarez* (II parte)

JM 41En 1881 Martí pasa a trabajar a Venezuela y entra en su fase de total madurez. Cuenta ya 27 años y su experiencia política y cultural se ha ampliado. Comienza a visualizar que las naciones existen a partir de una perspectiva de organización interna que las libera, consolida y defiende, o que las oprime, las debilita y esclaviza para ventaja de unos pocos. En La Opinión Nacional de Caracas, Martí habla ya de la relación entre las naciones y los hombres que —a la manera del Homagno que Martí describirá en uno de sus Versos libres— tienen el deber moral de defenderlas. El 3 de octubre de ese año escribe: “Las naciones, en sus períodos críticos, producen hombres en quienes se encarnan: hombres nacionales” (Martí, 1975, t. XIV, p. 79). Martí está ahora convencido de que la idea de nación se encarna en sus patriotas; esto implica también que la idea de nación es asumida como un motor impulsor de la participación moral del individuo en la sociedad. Hay, cada vez más, un ahondamiento ético-político en su concepto de nación.

En Guatemala Martí se había ocupado, de una serie de cuestiones de Derecho Internacional, a solicitud del gobierno de ese país. Ahora, en Venezuela, luego de haber comprendido que el problema mayor de los países de nuestra América no era solo el colonialismo, sino también el caudillismo y la carencia de un efectivo estado de  derecho, se ocupa especialmente de la asociación entre la categoría jurídica de nación y los individuos que pueden y deben luchar por la independencia plena de la América Latina y que él llama, como se verá más adelante, hombres nacionales, concebidos no como héroes o seres superdotados, sino como ciudadanos que encarnan en su conducta y su pensamiento las aspiraciones todas de una nación. El 23 de octubre de ese año decide alertar a sus lectores —que no eran solo venezolanos, ya que La Opinión Nacional llegaba a todo el subcontinente— acerca de cómo en los Estados Unidos  se estaban produciendo graves conflictos políticos entre los republicanos, que aspiraban a rehacer la constitución del país y derivarla hacia un autoritatismo aún mayor, y los demócratas, que se oponían por completo a ese cambio derechista. Por eso se refiere a Roscoe Conkling, político y orador norteamericano de turbia trayectoria en lado más extremo del Partido Republicano:

A Conkling, jefe de los «Stalwarts» —que pudiera traducirse por «los mejores»— lo han vencido los Halj-Breeds, los «media-sangre», los republicanos que no aspiran a la revisión de la Constitución, a la violación de los derechos populares, a la centralización absoluta del poder, a la creación de un gobierno de fuerza, a la reelección del general Grant, en suma” (Martí: 1975, t. IX, p. 65).Y semanas después, en el periódico colombiano “La Pluma”, el 3 de diciembre del 1881, da un alerta a los que tienden a convertir a los Estados Unidos en un modelo perfecto:

En los fastos humanos, nada iguala a la prosperidad maravillosa de los Estados Unidos del Norte. Si hay o no en ellos falta de raíces profundas; si son más duraderos en los pueblos los lazos que ata el sacrificio y el dolor común que los que ata el común interés; si esa nación colosal lleva o no en sus entrañas elementos feroces y tremendos; si la ausencia del espíritu femenil, origen del sentido artístico y complemento del ser nacional, endurece y corrompe el corazón de ese pueblo pasmoso, eso lo dirán los tiempos (Martí: 1975, t. IX, p. 123).

Se señala que en Caracas Martí comenzó a dejar sentadas las características esenciales del Modernismo como movimiento literario renovador. Esa modelación de una estética modernista no está reñida, sino todo lo contrario, con su creciente interés por la idea cultural de nación. Al año siguiente, 1882, Martí retoma su idea acerca de los “hombres nacionales”, que no son sino personas que encarnan en su proyección social los intereses e ideales de toda una nación. Al mismo tiempo, comienza a ocuparse con mayor énfasis de observar las características de la nación norteamericana. El 6 de febrero publica en La Opinión Nacional un elogio del intelectual y político norteamericano Daniel Webster:

Fue Daniel Webster,—que fue de los que quedan siendo. Aún le recuerdan los que lo veían, desatado como la tempestad, caer desde su magnífica tribuna sobre sus absortos y confusos adversarios. Aún se repiten como código de esta nación, los mágicos y nobles discursos con que explicó sus leyes, enmendó sus yerros y previó los sombríos y grandiosos tiempos futuros. La nación se sintió en él, y él en ella” (Martí, 1975, t. IX, p. 240).

Es una manifestación del profundo conocimiento que alcanzó Martí sobre la sociedad norteamericana, lo cual ha sido objeto de múltiples estudios (Cfr. Hidalgo Paz: 1989,  pp. 11 y sig.).Todavía al año siguiente el Apóstol subraya en el mismo periódico “De gran vaso de antigua labor, de donde un día bebieron Henry Clay, aquel jefe de hombres, y Daniel Webster, en quien su nación se hizo hombre” (Martí, 1975, t. IX, p. 269). Solo se comprende el sentido de este elogio cuando se valora la firme posición democrática de Webster, quien aspiraba a que en Estados Unidos “la preparación política sustituyera a la ambición personal y al interés seccional” (Butler, 1935, p. 184). Martí valora el desarrollo político de los Estados Unidos, y analiza quiénes, como Roscoe  Conkling, fueron factores altamente nocivos, y quiénes, como Abraham Lincoln, Daniel Webster o Wendell Phillips, fueron defensores de lo mejor de esa nación. Esta valoración se realiza desde el criterio de que los primeros fueron políticos corruptos, concentrados en sus propios intereses personales, o en el de una clase privilegiada, mientras que los segundos defendieron posiciones democráticas que tendían a lograr una participación efectiva de todos los ciudadanos en el gobierno de los Estados Unidos. Más que nunca reflexiona de manera creciente sobre los matices éticos del concepto de nación. El 4 de marzo de 1882 publicaba: “Los tiempos no son más que esto: el tránsito del hombre-fiera al hombre-hombre (…) Enfrenar esta bestia, y sentar sobre ella un ángel, es la victoria humana (Martí, 1975, t. IX, p. 255).

Martí insiste con mayor énfasis en su etapa de madurez la convicción de que nación jurídica y nación cultural resultan sin discusión dos conceptos por completo interrelacionados. Es, en alguna medida, una resultante de la influencia que recibió, en su juventud primera, de la filosofía de Krause y del krausismo español, pero la idea ha sido modelada desde criterios personales y en función de la realidad cubana y latinoamericana. El 16 de julio de 1884 Martí escribe:

En los Ateneos se habla mucho de progresos insignes, y en los editoriales de los diarios; pero no se ve que se está haciendo en casi todas partes el pan nacional con levadura de tigres. Esto sobre todo es peligroso,-en países donde, como en éste, el tigre manda. Así, las repúblicas van a los tiranos. Quien no ayuda a levantar el espíritu de la masa ignorante y enorme, renuncia voluntariamente a su libertad” (t.  X, p. 60).

Y en el mismo texto insiste en esta idea de una manera concluyente e uno de sus expresiones aforísticas menos conocidas, pero fundamentales para comprender su pensamiento político y cultural: “Nación que no cuida de ennoblecer a sus masas, se cría para los chacales” (Martí, 1975, t. X, p. 61). Su experiencia de los Estados Unidos —su historia y cultura, pero también y sobre todo su entramado político y su sistema jurídico— habían sido desde su primera etapa un tema importante en las crónicas periodísticas del Maestro. En 1885 ese interés por presentar al lector hispanoamericano la realidad de la Unión Americana, se acrecienta. Por eso se interesó mucho por los procesos electorales en E. U. A., en la medida en que resultaban una muestra de gran interés acerca del modo en que la nación norteamericana ejercía su soberanía. En 1885 escribe:

Vamos a pasear por Nueva York hoy que es día de elecciones: a ver quienes votan, y cómo y en dónde, y qué se hace después de votar; a oír lo que se trama, vocifera y cuchichea; a pintar en su día de soberanía a este pueblo pujante y complejo; a palparle, ahora que las tiene conmovidas, las gigantescas entrañas. Los niños se preocupan grandemente, no bien empiezan a pensar, de la manera con que se encenderá el sol, y de quien lo encenderá, y de cómo se podría llegar a él: urden en su mente ingenua y novicia colosales escalas: seguir la luz es el primer movimiento perceptible del recién nacido: conocerla, el mayor deseo del niño, y el anhelo del hombre hundirse en ella. Curiosidad igual atrae a los pensadores hacia los misterios de formación y desenvolvimiento de este pueblo, sorprendente muestra ¡ay! de todo lo que puede llegar a ser una nación preocupada de sí, y desentendida, en su propio goce y contemplación, de las maravillas y dolores del resto del universo humano (Martí, 1975, t.  X, pp. 107-108).

Martí subraya el aislamiento de la nación norteamericana, su desinterés del resto del mundo. Al mismo tiempo, Martí traza un panorama profundamente valorativo de las prácticas electorales en ese país en el s. XIX.

En 1886 Martí formula una de sus ideas más intensas acerca del concepto de nación: 0 “Dentro de una nación, todo cuanto haga de bravo y brillante un hijo de ella, es capital de la nación, con el que ésta se amasa y resplandece. Un pueblo ha de ser columna de virtud, y si no está bien hecho de ella, o no la tiene en su masa en cantidad principal, se desmigaja, como un hombre que pierde la fe en la vida, o como un madero roído” (t. X, p. 459).

Desde el año 1887 —al menos atendiendo a los textos que se conservan y han sido publicados—, Martí está haciendo uso de la palabra en actos de conmemoración del 10 de octubre de 1868. Esos discursos subrayan idea de que la nación cubana  debe construirse sin exclusiones esterilizantes ni odios fratricidas (Cfr. Martí, 1975, t. XI, p. 200)debe estar integrada por todas las razas que en la Isla habitan (Cfr. t. IV, p. 231), y deberá desarrollar “los hábitos que harán mañana imposible el establecimiento en Cuba de una República incompleta, parcial en sus propósitos o métodos, encogida o injusta en su espíritu” (t. IV, p. 223). Tiene ante sí la vida política norteamericana del s. XIX, que ha llegado a conocer en sus más ocultos pliegues. Por esa experiencia del constitucionalismo de E. U. A., puede enjuiciar en 1888 a un personaje político de tanta relevancia como Roscoe Conkling: “Jamás hubo ejemplo tan patente de la esterilidad del genio egoísta como el orador magnífico que ha muerto ayer, el comisario imperial de Grant, el cismático en la presidencia de Garfield, enemigo implacable de Blaine” (Martí, 1975, t. XIII, p. 175). Al examinar la vida de este famoso político corrupto, Martí exclama: “¿qué es, por desdicha, la política práctica, más que la lucha por el goce del poder” (t. XIII, p. 176).

En 1889, combate posiciones anexionistas desde la posición de que “El sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva. Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida de nuestra nacionalidad” (Martí, 1975, t. I, p. 251). Y en otro momento exclamaba: “¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos?” (Martí: 1975, IV, 238). En 1890. Martí insiste con fuerza en la necesidad de educar a los pueblos para que puedan constituirse en naciones fuertes y libres. El deber de la nación como estructuración a la vez política y cultural, es propiciar que sus ciudadanos puedan “recibir de la nación cultura suficiente para no influir en daño de ella” (t. XII, p. 366). En 1891 escribió una idea fundamental: “Las puertas de cada nación deben estar abiertas a la actividad fecundante y legítima de todos los pueblos. Las manos de cada nación deben estar libres para desenvolver sin trabas el país, con arreglo a su naturaleza distintiva y a sus elementos propios” (Martí: 1975, t. VI, p. 153).

En este año fundamental de 1892, Martí deja claro su propósito —y el del Partido Revolucionario Cubano—, de que Cuba independiente habría de ser una nación de trabajadores. Escribe el 7 de mayo de 1892:

Taller es la vida entera. Taller es cada hombre. Taller es la patria. Los hombres a medias, vuelven la espalda a los hombres enteros: les alzan la cola cuando los necesitan, y les besan el bolsillo, y les piden la compañía, y les adulan los mismos pecados; pero fabrican el mundo, con su odio de bastidores y sus cucharadas de polvos de arroz, de modo que el trono, y el pavo, sea de los hombres a medias, Los hombres enteros, los cubanos creadores, los cubanos fundadores suben, orgullosos, las escaleras de los talleres,—como acaban de subir las de los talleres del Cayo nuestros dos grandes músicos, Albertini y Cervantes (Cfr. Martí, 1975, t. IV, p. 398).

En otro artículo de ese año, reitera la voluntad de “crear una nación ancha y generosa, fundada en el trabajo y la equidad, donde se pudiese alzar una república instable que, por no traer en el corazón a sus hijos todos, cayera por la ira de los hijos expulsos, o viviese ocupada en reparar, como otras repúblicas, los daños de un combate interno que puede atajarse en la raíz” (Martí: 1975, t. II, p. 21).

Ramón de Armas (2007) agrega en otro momento de su esclarecedor trabajo una cuestión fundamental para comprender que Martí concebía que en la futura república cubana, organismo que habría de ser una unidad de clases sociales diversas, los trabajadores —esos hombres de taller que él mencionara— habrían de ser reconocidos como una fuerza indiscutible. Señala de Armas sobre esa concepción martiana que “La república será resultado de la sociedad cubana” (p. 413).

En 1893, en Patria, escribe una idea fundamental, que permite ver cómo su concepto de nación nunca dejó de ser jurídico tanto cmo cultural: “La nación empieza en la justicia” (Martí, 1975, t. V, p. 334). El año 1894, pórtico de la nueva Guerra de Independencia, Martí despliega una vez más, pero ahora con mayor énfasis, su tesis de que Cuba no puede realizarse como nación sin la independencia:

Cuba no puede satisfacerse ni vivir en paz hasta que su gobierno sea en realidad de los cubanos: que es lo que con su población sobrancera, su política advenediza y su natural despótico no podrá jamás España permitir. Puede un ministro algo, cuando está en el espíritu de su nación y el pensamiento y costumbres políticas de su época: y nada, cuando está contra ellos (1975, t.  III, p. 77).

Finalmente, su perspectiva sobre el concepto de nación se condensan fuertemente en el documento jurídico y político fundamental de 1895: el Manifiesto de Montecristi.  En este documento trascendental, Martí —su redactor fundamental, aunque también lo firme Máximo Gómez— deja claro que la Guerra de Independencia la emprende una nación consciente de su derecho:

Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América; y en el crucero del mundo, al servicio de  la guerra, y a la fundación de  la nacionalidad le vienen a Cuba, del trabajo creador y conservador en los pueblos más hábiles del orbe, y del propio esfuerzo en la persecución y miseria del país, los hijos lúcidos, magnates o siervos, que de la época primera de acomodo, ya vencida, entre los componentes heterogéneos de la nación cubana, salieron a preparar. (1975, t. IV, pp. 95-06).

Desde el punto de vista del criterio culturológico de nación, una afirmación martiana de su etapa de madurez refleja su convicción de la nación está indisolublemente ligada a la cultura:

toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos. Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres.—La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que sea esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombres de sí mismo (1975, VI, 376).

Como es fácil observar la idea martiana de nación, cimiento de todo el pensamiento de José Martí, se asienta sobre una doble base: la nación como entidad jurídica, la nación como definido espacio cultural. Toda su praxis política y su meditación sobre Cuba entrañan esa conexión indisoluble mediante la cual la cultura asume una función cabal en esta Isla: a la vez argamasa y escudo de la patria cubana.

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Tomado de: http://www.cubaliteraria.cu

Luis Álvarez*Se graduó de Licenciatura en  Lenguas  y  Literaturas  Clásicas en la Universidad  de  La Habana (1975). Es Doctor en Ciencias (2001) y Doctor en Ciencias Filológicas (1989), ambos por la Universidad de La Habana, donde trabajó durante varios años. Ha participado en la elaboración de planes de estudios y programas docentes para el nivel superior, así como ha sido coordinador de diversos Diplomados y la Maestría en Cultura Latinoamericana, desde su natal provincia: Camagüey. Además, ha hecho ediciones críticas y traducciones especializadas, prólogos a libros, notas críticas publicadas en revistas nacionales y extranjeras, dictado conferencias en universidades de Cuba, España, Canadá y México. También ha participado en numerosos simposios y ha sido miembro de jurados en importantes premios convocados por prestigiosas instituciones del país. Es columnista de la revista digital Cubaliteraria desde 2007.

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Argumentos para pensar y actuar. Por: Omar Olazábal* (II Parte)

Instantánea del evento teórico Caracol 2015.

Instantánea del evento teórico Caracol 2015.

A la radio estuvo dedicada una de las sesiones teóricas del Caracol 2015. La aplicación de las nuevas tecnologías de la información en ese medio fue el eje temático de un fecundo intercambio no exento de puntos de vista contrapuestos pero que al iluminar las diversas aristas del fenómeno enriquecieron los resultados.

Para Orietta Cordeiro, escritora de obras radiofónicas y vicepresidenta de la Asociación de Cine, Radio y TV de la UNEAC, “ha llegado la hora de encarar, aquí y ahora con objetividad y espíritu crítico, los problemas de los procesos artísticos nuestras emisoras”.

De ahí la pertinencia de haber incluido este asunto en la agenda del Caracol y de vincularlo a “las realidades tecnológicas de nuestros días”, aunque hizo la salvedad de que “tampoco se puede ser esclavo de los recursos, por muy necesarios que sean; la vida ha demostrado que lo principal es el talento; y ahí están los triunfos de emisoras locales de modesto equipamiento pero con programas inteligentes, de buen gusto y notables aportes a la información y la cultura”.

Un primer momento de la sesión contó con una prolija explicación del profesor Arnaldo Coro sobre los avatares tecnológicos de la radiodifusión desde su masificación en el siglo XX hasta nuestros días.

Solamente en el campo de los dispositivos de almacenamiento de la información, el salto ha sido vertiginoso: placas metálicas, discos de vinilo, cintas magnetofónicas, casetes, discos compactos, disquetes, memorias flash, discos duros de computadoras y discos duros portátiles. Las transformaciones no solo han transitado de lo analógico a lo digital, sino también dentro de esta última tecnología, de unos pocos kilobytes a la dimensión de los terabytes.

En otro orden, hasta hace pocas décadas era impensable la coexistencia de la amplitud modulada a la frecuencia modulada, lo cual ha implicado diversos alcances mediáticos y por tanto reacomodos de las audiencias. “En todo esto—recalcó Coro— hay que pensar a la hora de diseñar la programación”.

Llamó la atención el profesor acerca del contexto internacional en que se operan los cambios tecnológicos de hoy: un mundo en el que se agudiza la competencia entre las diversas normas de emisión desarrolladas por corporaciones y la acelerada introducción de nuevos dispositivos de almacenamiento de contenidos y de recepción de señales que condenan a la obsolescencia a otros que apenas han tenido su día de gloria en el mercado. Todo ello en medio de un sistema internacional injusto y desigual, que limita las posibilidades de los países del Sur.

Fueron los servicios informativos de la radio cubana, recordó Coro, los que comenzaron a emplear las tecnologías digitales, que se extendieron posteriormente a otras áreas de la producción. El período de adaptación resultó intenso y desafiante, pero consideró que, pese a las dificultades económicas y materiales, nuestra radiodifusión ha sabido lidiar con los problemas y salir adelante.

Planteó, sin embargo, una preocupación: la conservación y promoción del patrimonio acumulado. En tal sentido focalizó una paradoja: hoy día es más fácil acceder y utilizar programas y archivos musicales de las décadas del 30 al 60 que a lo que se realizó y grabó desde esa fecha en lo adelante. En esto influye, precisó, la precariedad de los soportes utilizados en esa última etapa, las carencias técnicas en los procedimientos de preservación y la tardía adopción de medidas que tuvieran en cuenta estos aspectos.

A partir de esta intervención, realizadores y directivos del sistema de la radio y, particularmente, de Radio Progreso, abordaron los problemas relacionados con la conservación y promoción de los recursos patrimoniales. En esta última emisora se han registrado experiencias positivas en el rescate de archivos de música y programación, pero sobre todo las nuevas realizaciones de valor son procesadas de manera que puedan utilizarse en un futuro.

Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, valoró la importancia consolidar un perfil culto e integral en la programación radiofónica. Ponderó la entrega cotidiana de CMBF y el interés de Radio Progreso y Radio Rebelde por difundir el patrimonio sonoro de la nación.

Por otra parte, Pedro de la Hoz, vicepresidente de la organización, sugirió que la UNEAC trabajara junto al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, entidad con la que existen muy fluidas relaciones, en la posibilidad de lograr, de una parte, la protección legal de los archivos sonoros de Radio Progreso, y de otra, impulsar acciones conjuntas con el ICRT destinadas a preservar la valiosa memoria de la radio cubana.

Un segundo momento de la jornada evaluó la aplicación de las nuevas tecnologías de la información en los procesos creativos, específicamente en la concepción de los libretos para la radio.

“Para hacer mis libretos, para confrontarlos con los asesores, para distribuirlos entre el elenco artístico y el equipo técnico, la computación se me ha hecho indispensable”, aseguró Orietta Cordeiro.

Ese criterio fue compartido por el guionista Héctor Armas Duque, quien matizó: ““la computadora es solo una herramienta, el talento del creador es insustituible”.

Autor de exitosas radionovelas, Joaquín Cuartas admitió la necesidad de abrirse a las infinitas posibilidades de las nuevas tecnologías, pero alertó acerca de la práctica de un principio inalterable en la etapa de investigación previa a la escritura de un guion: el cotejo de fuentes documentales. “Hay datos que no se hallan en archivos digitales; siento que debemos estimular la búsqueda en bibliotecas y hemerotecas; es una labor ardua, paciente, fatigosa. Para reconstruir épocas pasadas he buceado en las colecciones de los periódicos El Mundo y Diario de la Marina”.

Alberto Luberta, histórico escritor de las estampas de Alegrías de sobremesa, confesó “mi eterno matrimonio con la vieja máquina de escribir”, lo cual no es óbice para reconocer “el valor de la puesta al día de las tecnologías en función del medio radial”.

Unas y otras posiciones fueron comentadas por los asistentes a la sesión, quienes compartieron la necesidad de que el sistema nacional de la radio no dejara de tener en cuenta, en sus inversiones, la renovación y actualización tecnológicas, ni las acciones de capacitación de escritores y realizadores.

Al término del debate, la crítica Soledad Cruz apeló a la imprescindible dialéctica entre el oficio creativo, la conceptualización del quehacer radiofónico, y los saberes tecnológicos. “A veces está el recurso y no la mentalidad, y entonces nos aferramos a viejos códigos”. Desde la UNEAC esta articulación debe ser consolidada en las proyecciones de trabajo de la Asociación de Cine, Radio y TV y en la interacción de la organización con las direcciones de los medios y las instancias académicas.

Tomado de: http://www.uneac.org.cu

Omar Olazabal*Filólogo. Profesor y Productor Audiovisual. Dirige la Oficina de Comunicación e Imagen de la UNEAC

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