Textos prestados

Mella: Asesinato de un líder de América Latina. Por: Rolando Rodríguez

MellaDespués de la huelga de hambre, Mella tuvo que escapar de Cuba y refugiarse en México. Machado lo hubiera mandado a asesinar. En México el cubano se integró a la sección mexicana de la Liga Antimperialista de las Américas, y entró a formar parte de su comité ejecutivo. Como él mismo refirió lo hicieron miembro de la redacción de su órgano de prensa, El Libertador.

En aquel periódico escribiría lo más granado de América y Europa. Entretanto, sus amigos venezolanos Gustavo y Eduardo Machado y Salvador de la Plaza, serían admitidos como integrantes del Partido Comunista mexicano, sección de la III Internacional. Mella no lo podría hacer de inmediato porque a raíz de la huelga de hambre el Partido Comunista cubano lo había separado de sus filas por indisciplina, y solo una apelación a la Internacional le permitió más adelante reingresar en el Partido Comunista de Cuba e integrar el Partido mexicano. También el cubano entró en la Liga Pro Luchadores Perseguidos, y en la Liga Anticlerical.

Los venezolanos crearon en tierra azteca el Partido Revolucionario Venezolano y Mella ingresó en este. La idea concebida por los venezolanos y Mella para dar al traste con la dictadura de Juan Vicente Gómez era organizar la lucha por la vía armada, pero no quedaba ahí: el cubano no abandonaba un segundo el proyecto de lanzarse al combate directo contra Gerardo Machado, y si antes no se le presentara otra oportunidad de entrar en liza contra este, una vez eliminada la dictadura de Caracas todos irían a liberar a Cuba de su régimen oprobioso. “En todas partes del mundo donde hemos estado los venezolanos, siempre hemos estado con los cubanos”, afirmaría Eduardo Machado, años después”.

Poco después Mella pasó a formar parte del Comité Central Ejecutivo del PRV. Acorde con las concepciones de la época, el Partido Comunista mexicano aprobaba la doble militancia, en sus filas y en un partido nacional revolucionario. De esa forma aquel joven, carismático y de una lucidez poco común, llegaría a ser no solo miembro del comité central del PRV, sino también del Buró Político del Partido Comunista de México, y cuando Rafael Carrillo Azpeitía, el secretario general de ese partido, tomó rumbo a Moscú para participar en el Sexto Congreso de la Internacional Comunista Mella lo sustituyó durante varios meses.Mella

A cada momento la figura del líder cubano se iba elevando sobre las fronteras nacionales y se dibujaba en el continente. En julio de ese año Sandino había retado a las fuerzas invasoras yanquis, que habían hollado el suelo nicaragüense con el fin de imponer allí la voluntad golosa del imperio. Mella, desde la Liga Antimperialista, de la que era Secretario Continental, y el Socorro Rojo Internacional, participó en la fundación y dirección del Comité Manos Fuera de Nicaragua (MAFUENIC).

No obstante, derrocar a Gómez continuaba constituyendo el objetivo cardinal del PRV, y para eso se necesitaban armas. Una vez obtenidas los venezolanos y Mella contratarían una embarcación y con ellas marcharían a Venezuela, y una vez derrocada la dictadura emprenderían rumbo a Cuba con el propósito de echar a Machado del poder. “Nosotros éramos tan cubanos como Mella”, declararía muchos años después Eduardo Machado. Con el propósito de allegar las armas sus dirigentes tenían contacto con el general Álvaro Obregón, ex presidente de la república mexicana y, con toda seguridad, presidente de México en una segunda ocasión. A las entrevistas con Obregón asistió Mella. Al salir de la última entrevista, en la que Obregón les mostró las armas, Mella abrazó a Eduardo Machado. “Ya tenemos las armas”, le dijo, “Venezuela será libre”.

Pero un error del general venezolano Emilio Arévalo Cedeño, quien para aumentar los fondos del PRV ingresó en Tampìco con una goleta motorizada, cargada de ron Negrita, que introduciría en México de contrabando y los aduaneros detectaron la bebida, a Arévalo Cedeño no se le ocurrió otra salida mejor que aducir que la nave pertenecía al general Obregón. Indignado, Obregón les anunció a los venezolanos, que ya no les entregaría ni un fusil ni una bala.

A poco, en febrero de 1927 Mella llegó a Bélgica para participar en el Congreso Mundial contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, que se celebraría entre los días 10 y 15 de ese mes en Bruselas. Al terminar el congreso Mella fue invitado a viajar a Moscú. Permaneció  varias semanas en el país soviético. En Moscú tuvo contactos con representantes de la KOMINTERN, de la Internacional Sindical Roja (participó en su IV congreso), y de la Internacional Campesina y del Socorro Rojo Internacional.

El 29 de agosto Mella viajó a Estados Unidos, con la aparente intención de estabilizar su situación económica y una vez encaminado poder llevar junto a él a su esposa. Pero, en realidad, sus planes estribaban en la prosecución de la lucha contra Machado y, para ese fin, guiado por su robusto pensamiento revolucionario, pasó a Nueva York y buscó la colaboración con Unión Nacionalista, aunque supiera que esta organización no trascendía los horizontes liberal-burgueses, pero esta era una fuerza poderosa que hubiera servido de trinquete para hacer caer al régimen de Machado. Para ese fin, se entrevistó con Carlos Mendieta.

Aquella amplia coalición que Mella pensaba atar para atacar al régimen, estaba perfectamente enlazada en esa fecha con la postura que todavía sostenía la KOMINTERN y que, por cierto, por orientación de Stalin no tardaría en echar a un lado y asumir la tesis de clase contra clase. La entrevista con el gran colono de Cunagua le costaría a Mella, pocos después, una acusación del italiano Vittorio Codovilla, representante de la KOMINTERN en Argentina, ante el partido Comunista de México, de que había actuado inconsultamente, sin autorización del partido y era un indisciplinado. Pero el partido mexicano tenía una excelente opinión de Mella, al extremo de que, al ser atacado por Codovilla, por su viaje a Estados Unidos y haber escrito el año anterior la crítica favorable a Trotski, en un artículo sobre la crisis de Inglaterra, y quien, además, había torpedeado a Mella, como aspirante al miembro del secretariado del PROFINTERN (Internacional Sindical Roja), el partido mexicano dijo que Mella había viajado con su autorización y en el partido no había ninguna corriente trotskista.

Entretanto, la situación en Cuba se iba tornando crítica, y ya entonces el joven antillano, en el que la idea de la lucha contra Machado no cejaba, puso, en primer orden el combate por la liberación de la Isla. En los primeros meses de 1928, Mella fundo la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), una organización de carácter democrático y amplio, en la que tuvieron cabida todos los que estuviesen por plantarle cara a la dictadura cubana, transformar radicalmente la condición semicolonial de Cuba y llevar adelante numerosas reformas sociales. Mella, en abril de ese año, en su artículo “¿Hacia donde va Cuba?” publicado en Cuba Libre…, hizo explícita su concepción de que el derrocamiento del gobierno machadista sería por la vía armada y en el enfrentamiento -según proyectaba lograrlo- participarían unidos los integrantes de Unión Nacionalista y los obreros. Según sus palabras, había que llevar a Cuba por el camino de una “revolución democrática, liberal y nacionalista, ya latente en los hechos”. Mella, más que talentoso pensador y teórico, fue indiscutiblemente uno de los primeros en echar a un lado las visiones eurocentristas que en ese momento sostenía la Internacional Comunista y concluir que en el continente no habría liberación social sin liberación nacional.

Cuando Machado en julio de 1928 se proclamó candidato único a las elecciones de noviembre de ese año, para un nuevo período que ya contenía la extensión en dos años del mandato presidencial, la famosa prórroga de poderes que no era solo eso, Mella vio llegado el momento de poner definitivamente en marcha sus planes. A esa altura, ya había logrado que las armas que Obregón había dispuesto inicialmente entregar al PRV fueran a parar a la lucha contra Machado. Leonardo Fernández Sánchez, su segundo, muchos años después afirmaría que disponían de las armas de un alijo primitivamente destinado a la lucha contra Juan Vicente Gómez.

Mientras, en agosto, Mella había viajado en el mayor de los secretos, al puerto de Veracruz para tratar de hacerse de los medios con que transportar la expedición a Cuba. Entonces decidió enviar a Fernández Sánchez a Cuba. El 10 de octubre este llegó a la isla, con la misión que Mella le había encomendado de establecer contacto con Martínez Villena, el líder del Partido Comunista de Cuba, para lograr la participación de esa organización en el combate venidero. Objetivo primado era también entrevistarse con Mendieta, la figura central de los Nacionalistas, para alinear por fin a esas fuerzas en una carga compacta contra la dictadura. Pero Fernández Sánchez solo pudo encontrarse con el viejo y noble general independentista Fermín Peraza, en el local del periódico Unión Nacionalista. Trágicamente, en la entrevista participó Rey Merodio, administrador del rotativo y soplón encubierto de la policía. El jefe de la policía secreta, Santiago Trujillo, conoció del hecho y de inmediato puso en conocimiento del dictador Machado los planes de Mella. La noticia selló la determinación definitiva del déspota: Mella debía morir.

Machado buscó a un hampón conservador para amar el asesinato del líder. En persona le explicaría la misión a José Magriñat. Debía aprovechar el contacto que a título de oposicionista había hecho con Mella en México y dirigir la acción de dos sicarios, Arturo Sanabria y Agustín López Valiñas, que serían enviados a México con la misión. Entretanto, habían llegado noticias de los agentes de Machado en tierra azteca de que Fernández Sánchez había desaparecido de allí y debía estar en Cuba. Leonardo fue capturado el 1ro. de noviembre. En La Habana pasaron días hasta que, por fin, Fernández Sánchez, el 27 de noviembre, luego de múltiples gestiones de familiares con personajes influyentes del régimen, fue expulsado hacia Nueva York, con lo que salvó la vida casi de milagro. En sus apuntes señaló que la policía lo llevó al barco y alguien del propio cuerpo le comentó de un plan para asesinar a Mella. Esa información venía del mismo palacio presidencial. De inmediato, le escribió a Mella para alertarlo. Todavía Leonardo volvió a escribir a Mella para decirle que Magriñat había ido a México a matarlo. Esta carta llegaría al D.F el 11 de enero de 1929, demasiado tarde. Todavía se armó una provocación, mediante un tal Amaral, para desprestigiar a Mella con el embuste de que había ultrajado la bandera cubana.

En enero de 1928 Mella había sido separado del partido Comunista mexicano, cuando defendió su tesis de abandonar el apoyo a la Confederación Regional Obrera de México (CROM), y fortalecer un movimiento sindical obrero pluriclasista, con los sindicatos que abandonaran la organización oficialista. El 10 de enero Mella trabajó buena parte del día junto al muralista David Alfaro Sequeiros, en la consolidación de la Confederación Sindical Unitaria de México (C.S.U.M.), que ambos habían fundado, contra la opinión del Comité Central, del partido mexicano, que había seguido atado a la C.R.O.M., y que le había costado una buena polémica con el representante de la KOMINTERN, en México, Edgar  Woog (Max Stirner) y el comité central, y contra una carta de los comunistas cubanos que lo acusaban de comprometerlos criminalmente, al obrar por su cuenta y riesgo, por lo que evidentemente ofuscado había enviado una carta de renuncia al P.C.M., que después repudió, mientras el partido mexicano daba marcha atrás en la sanción siempre que aceptara no ocupar cargos de dirección durante tres años.

Mella, en la noche del 10 de enero de 1929, concurrió a una cantina en la esquina de Bolívar y República de El Salvador, en la que se había citado con Magriñat, porque este le había hecho llegar un mensaje de que quería informarle de un asunto que había conocido en Cuba. Hasta ahí Mella lo había eludido, pues el líder le había comunicado a Fernández Sánchez, en Nueva York, que Magriñat le parecía sospechoso. Sin embargo, en esa ocasión transigió con verlo quizás para conocer qué podía decirle. Mella no había comprendido que la entrevista era parte de la trampa. Como Judas con el beso, la compañía del hampón tenía el propósito de identificarlo a los asesinos. Mella salió del lugar y recogió a Tina Modotti, su mujer, en las oficinas del Commercial Cable Co., en San Juan de Letrán, en la que por sus instrucciones la fotógrafa había impuesto un despacho dirigido a Sergio Carbó, director deLa Semana, único órgano de la prensa cubana todavía no sometido a Machado, en el que le pedía desmintiese el infundio del ultraje de la bandera y le informaba que enviaba por correo los detalles del incidente.

Mella, cuando aún no había cumplido 26 años, cerca de las 11:00 pm. le relataba a Tina la conversación con Magriñat, mientras caminaban por Avenida Morelos, y le hacía conocer sus suspicacias hacia ese individuo, cuando tomaron por la calle Abraham González, donde estaba el domicilio de la pareja. Habían caminado solo unos cuantos metros en los momentos en que a sus espaldas, desde detrás de un vallado que cercaba en la esquina un solar yermo, emergieron dos sombras armadas y se escucharon dos disparos. Al parecer fue únicamente López Valiñas quien disparó en ambas ocasiones porque el otro asesino, Sanabria, no consiguió reunir el valor para hacerlo. Herido de muerte el líder cubano, instintivamente, en busca de amparo, trató de atravesar la calle que no era demasiado ancha y llegar a la otra acera, pero no llegó a cruzarla, se derrumbó junto al contén, en tanto los sicarios huían hacia Morelos, y Tina comenzaba a pedir ayuda. En el suelo Mella comenzó sus acusaciones: Machado y la embajada tenían que ver con la agresión, afirmaron los testigos que había señalado. También, que había declarado: “Muero por la Revolución”. Fue transportado a la Cruz Verde, y antes de ser intervenido quirúrgicamente repitió las acusaciones contra Machado y apuntó que Magriñat tenía que ver con el atentado. Mella no pudo sobrevivir a sus heridas. Después de la medianoche del 10 de enero, aquel joven precoz, de solo 25 años, expiró. Con su holocausto Cuba había perdido en ciernes al más extraordinario paladín surgido después de José Martí.

Tomado de: http://www.cubadebate.cu

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El engaño de las palabras. Por: Graziella Pogolotti*

LetrasLa posición bípeda y el dominio de la palabra nos diferencian de los restantes mamíferos. El desarrollo de la técnica, el ahorrar esfuerzo, ha menguado las facultades físicas que debieron tener nuestros más lejanos antepasados. El empleo generalizado de la cocción de los alimentos modificó la función de los cordales. En sentido inverso, el proceso histórico dotó a las lenguas de riqueza y complejidad crecientes. La nuestra dispone de recursos notables, evidentes en los tiempos y modos verbales y en la arquitectura de las oraciones. Es un eficaz medio de comunicación que viabiliza matizar cualitativamente el arte de dialogar para sugerir los distintos grados de afectividad y de crítica. Constituye el medio idóneo para el ejercicio del pensar y establecer los nexos entre las ideas abstractas y lo terrenal concreto.

La palabra define los objetos del mundo que nos rodea. Siempre portadora de conceptos, está en nosotros cuando permanecemos en silencio evocando recuerdos, formulando interrogantes, despejando dudas, buscando soluciones, configurando sueños y proyectos. Al traspasar los linderos que separan lo concreto de lo abstracto, adquiere un mayor grado de ambigüedad. Se contamina, de manera inevitable, de una perspectiva ideológica. El bien y el mal se relativizan, según los imperativos de las distintas culturas y el grado de conflictividad existentes entre dominadores y dominados. En nuestros tiempos de marketing y relacionistas públicos, los políticos se han adiestrado en el empleo seductor, engañoso y perverso de las palabras.

Cambio y modernidad, convertidas en consignas abstractas, aparecen en forma recurrente en las campañas electorales de los últimos tiempos. Ambas responden a aspiraciones latentes en todos los seres humanos. La inconformidad es un acicate válido para la transformación de la realidad. La modernidad se asocia a la idea del progreso, tangible en el paso del uso de la tracción animal al ritmo veloz de la locomotora.

El bombardeo seductor de imágenes y palabras inhibe el funcionamiento del pensar crítico. En ocasiones, cambio puede significar involución. Más corrosivo, el término modernidad enmascara la aplicación de prácticas instauradas por el modelo neoliberal con sus repercusiones en lo social, lo político y lo cultural.

El viraje anunciado a partir de las recientes elecciones en la República Argentina ofrece un ejemplo ilustrativo del costoso rejuego de las manipulaciones, al margen de otros factores que pudieron intervenir en este proceso. Con rapidez fulgurante, para eludir debates parlamentarios, las primeras medidas implantan a través de acciones concretas lo antes formulado en un programa abstracto. Modernizar implica imponer políticas de ajuste, favorecer los intereses empresariales en detrimento del Estado, anular el papel regulador que le concediera a este último el capitalismo en su precedente etapa de desarrollo, provocar desempleo y favorecer el crecimiento de una mano de obra barata, sacrificar el interés nacional en favor del poder financiero hegemónico, cerrar las compuertas a cualquier proyecto de sociedad inclusiva, colocar la política al servicio del empresariado transnacional. En caso de previsibles estallidos de protesta, tocará a la instancia gubernamental el ejercicio de la represión.

De tanto reiterarse, ciertas palabras se incorporan al lenguaje común. Olvidamos su sentido original, se tornan tan familiares y cotidianas como el modo de nombrar las sillas y las mesas de nuestros hogares. Acá y allá, en distintos puntos del planeta, las políticas de ajuste van acompañadas de la llamada «flexibilización del mercado laboral», vuelta de tuerca que retrotrae a las luchas sindicales de otros tiempos. Flexible es término asociado a un vestuario suavemente acomodado a las demandas de nuestro tiempo. En este caso, en cambio, alude al desamparo de los trabajadores, a la precarización del empleo, a la pérdida de las compensaciones ante el despido. Amenaza, a la larga, el mantenimiento de las conquistas históricas relacionadas con el descanso retribuido y la protección a la maternidad.

Para entender el mundo en que vivimos, los cubanos tenemos que aprender a descifrar el alcance de una terminología con visos de modernidad. Transcurrido más de medio siglo desde el triunfo de la Revolución, nuestra cultura en materia laboral asume de manera natural el disfrute de conquistas ganadas mediante una larga historia de luchas que dejaron una estela de mártires. Sin apelar a la rememoración de tiempos más remotos, vale la pena recordar a Jesús Menéndez a Aracelio Iglesias y a José María Pérez. Contamos con el descanso retribuido, la jornada laboral regulada y el derecho a la jubilación, a pesar de la insuficiencia de los salarios por motivos económicos de otro orden. Los últimos debates de las comisiones de la Asamblea Nacional sacaron a la luz problemas conocidos de nuestro vivir cotidiano, contradicciones propias de la expansión de pequeños y medianos negocios privados. Merece destacar por sus repercusiones sociales y su reflejo en el plano de los valores, la contratación ilegal sin amparo de la seguridad social y señales discriminatorias que afectan a personas no blancas, así como a mujeres que sobrepasan los 40 años. En este último caso, se manifiesta una tendencia regresiva a considerarnos como objetos de disfrute sexual.  Las garantías para el retiro, la atención a los estudiantes contratados y la protección a los derechos de la mujer deben constituir una prioridad. De lo contrario, estaremos comprometiendo el futuro.

Tomado de: http://www.juventudrebelde.cu

Graciela Pogolotti*Crítica de arte, prestigiosa ensayista y destacada intelectual cubana, promotora de las Artes Plásticas Cubanas. Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, Vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

Hija de uno de los íconos de la vanguardia artística de la primera mitad del siglo XX, Marcelo Pogolotti y de madre rusa. Nació en París en 1931 pero desde niña vivió en Cuba. Ser cubana, para ella, es una misión y un estado de gracia.

Es una de las más dispuestas y necesarias consejeras y asesoras de cuanto proyecto útil pueda favorecer la trama cultural de la nación. Esa vocación participativa se expresa también en las pequeñas cosas de la vida. Gusta de la conversación amena, de la música popular y no le gusta perder el hilo de una telenovela, nunca cierra las puertas a quien la procura.

A los siete años ya estaba en la capital cubana, donde estudia hasta graduarse como Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Cursó estudios de postgrado en La Sorbona, durante un año, estudió Literatura Francesa Contemporánea. Al regresar a Cuba, matriculó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde alcanzó otro título.

Ha escrito numerosos ensayos, pero tan fundamental como su obra escrita ha sido su enorme labor en la docencia y la promoción de la cultura. Desde la cátedra de la Universidad de la Habana, a las investigaciones socioculturales vinculadas a los primeros pasos del Grupo Teatro Escambray, desde la formación de teatristas en el Instituto Superior de Arte, hasta la vicepresidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, desde la Biblioteca Nacional, hasta la presidencia de la Fundación Alejo Carpentier.

Al Triunfo de la revolución se encontraba en Italia desde fines de 1958, se hallaba en una beca, residiendo en Roma por lo que aprovechó también para atender su salud. Al saber la noticia del derrocamiento de la dictadura se presentó junto a otras personas que vivían en Roma en la sede de la Embajada a ocuparla. De regreso a la isla tuvo pasó por París hasta que finalmente llagó a Madrid, donde el Gobierno Revolucionario situó aviones para facilitar el regreso de los cubanos en Europa. Durante el vuelo conoció a Fayad Jamis, que ya era poeta y pintor distinguido pese a su juventud. Al llegar a La Habana observo una euforia generalizada, los rebeldes estaban en la terminal aérea.

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Argentina: El peligro de minimizar el poder letal de Mauricio Macri. Por: Carlos Aznárez

MacriMauricio Macri, además de ser un socio de mérito de la ofensiva derechista latinoamericana, sabe mejor que nadie que lo que se hace en los primeros cien días de gestión gubernamental es fundamental para establecer un “estilo”, o en términos actuales, un “relato”, sobre lo que será el porvenir. Como ocurre con los precios de los artículos de primera necesidad, que cuando suben, luego es muy difícil que luego vuelvan a su tarifa original, Macri desafía a propios y extraños con los peligrosos Decretos Nacionales de Urgencia, dando por sentado que muy pocos de estos DNU autoritarios habrán de ser anulados por una eventual decisión del Parlamento.

Lo que ocurre es que una vez más (ya ocurrió cuando el actual Presidente se hizo cargo de la Gobernación de la Ciudad de Buenos Aires hace unos años) la llamada “oposición partidaria” ha subestimado el poder que se escondía detrás del macrismo (una pseudo-ideología que hoy hace furor entre los escuálidos venezolanos y el uribismo colombiano), y ahora se dan cuenta que en este primer mes de prepotente gestión, muchas cosas han cambiado para peor. Sobre todo, afectando a importantes sectores populares de la franja más golpeada por la crisis económica, que obviamente no comenzó con Macri, pero que el actual Presidente acentúa en base a recetas de manual de lo peor del neoliberalismo.

La lista de agravios, medidas provocativas, actividades represoras y promesas de aplicación de políticas desestructuradoras de la economía, la soberanía y la producción cultural, es lo suficientemente importante como para que alguien aún tenga dudas de que los cambios anunciados como slogan electoral hoy se van transformando en molesta pesadilla de duración indefinida.

Si la devaluación que tanto se negó en tiempos de “Macri candidato”, se está pudiendo poner en marcha día a día, es porque ya existía un piso para lanzarla, producido de antemano por toda la corporación empresarial, que al igual que en Venezuela, no sólo son generadores de recetas especuladoras sino que maniobran sobre los precios de artículos indispensables como si fueran marionetas. La liberación del dólar (tan requerida por sectores ligados a la inexcrupulosidad financiera y por franjas amplias de una clase media boba) fue acompañada por otras iniciativas como el levantamiento de las retenciones a la oligarquía agrícola-ganadera y sus amanuenses “nuevos ricos” de la “patria sojera”, logrando en cada una de esas corridas, recompensas de millones de dólares y una deuda de eterno agradecimiento al macrismo.

En un andarivel complementario de esta misma gestión se inscriben otros decretos por los cuales se plantea la revisión de la legalidad en la contratación de empleados públicos durante los últimos años del gobierno saliente. Una medida que podría llegar a afectar a más de 60 mil trabajadores. Es verdad que todos los gobiernos utilizan en extremo (y para su propio engorde de funcionarios) la capacidad laboral del Estado, es también cierto que el kirchnerismo no perdió tiempo en ese aspecto, pero lo que no resulta admisible es que ahora la topadora prepotente del macrismo quiera desemplear con metodología dictatorial a miles de hombres y mujeres que eran poseedoras de un contrato legal, y cuyo futuro debería ser, aplicando un marco de la pregonada igualdad de oportunidades, el de un contrato efectivo en base a sus conocimientos y entrega en la gestiones para las que han sido convocados. Es paradójico hablar de “cargos de acomodo” o “ñoquis K” en el área estatal nacional (aunque los haya) cuando el propio gobierno macrista de la Ciudad tiene atiborradas las distintas áreas de gestión con amigos, familiares y alcahuetes de su partido, sumados a un auténtico batallón de ineficaces y burócratas.

Lo real es que como bien informa la Asociación de Trabajadores del Estado, en los primeros quince días del nuevo gobierno ya se contabilizan 10 mil estatales despedidos, amén de implementarse políticas demonizadoras del empleo público buscando a corto plazo desmantelar los servicios públicos y achicar el Estado, como ya lo hiciera Carlos Menem en los devastadores años 90.

Sólo en el Senado de la Nación han sido dejados en la calle por decisión de la vicepresidenta Gabriela Michetti, 2035 trabajadores, en una decisión que contó con la bochornosa complicidad del jefe de la bancada del kirchnerista Frente para la Victoria, Miguel Pichetto. A esta cifra hay que sumar los más de 600 cesanteados en el Centro Cultural Kirchner, y otros más en las oficinas del AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), en Vialidad y en Nación Seguros.

Un caso especial que complementa esta embestida patronal por parte del Gobierno derechista es lo que ocurre con trabajadores que cumplían tareas en distintas municipalidades e intendencias del Gran Buenos Aires, como son los ejemplos de Lanús, Quilmes, Chascomús, Coronel Vidal, Coronel Suárez, Adolfo Alsina. Cientos de despidos en cada una de esas localidades bonaerenses y alrededor de 4.500 contratos “caídos” en La Plata, donde los trabajadores comenzaron una serie de movilizaciones que esta semana culminaron con durísimas cargas represivas por la policía local. Por las redes circulan, a manera de ejemplo, las fotos y los videos de mujeres y hombres con sus espaldas llenas de orificios por los perdigones policiales. Otros trabajadores y trabajadoras puestas en la mira por Macri y sus “Chicago boys” son los cooperativistas. Así, se quedaron sin trabajo alrededor de 2000 que cumplían funciones de mantenimiento en la ex ESMA, y la misma amenaza pende sobre otras dependencias.

El equipo económico macrista tampoco se ha quedado atrás en marcar el territorio en cuanto a lo que pueden ser las próximas discusiones salariales, y ya han anticipado, poniendo en alerta a más de un dirigente sindical, que las paritarias tendrán un riguroso techo, pero que además, los gremialistas deberán ser “responsables” para que los empresarios privados no se vean tentados a pensar en despidos por falta de “madurez” laboral por parte de los asalariados. Un chantaje sin más vueltas.

La política aplicada en lo social por el macrismo es transparente y generalmente la usan profusamente regímenes similares en el continente: generar miedo en los ocupados mostrando las escenas de lo que les ocurre a los nuevos desocupados. Algunos, aceptando el “castigo” sin chistar, y otros, con más dignidad y espíritu de pelea, resistiendo en la calle a la prepotencia patronal-policial.

En otro rubro que el macrismo se descargó con todo, es en el comunicacional. Por un lado disolviendo el AFSCA e interviniendo en los aspectos nodales de la Ley de Medios, poniendo toda esa estructura bajo el mando de un Ministerio de Comunicaciones a su medida. Por el otro, otorgándole más luz verde de la habitual a los medios concentrados, liderados por Clarín, La Nación e Infobae, gestores de la “nueva imagen” de un gobierno que se vanagloria de ejercer el poder sin consultar ni siquiera a sus parlamentarios.

En política exterior, Washington sonríe a Macri. Le agrada el tono antichavista del nuevo presidente, sus relaciones carnales con Leopoldo López, Capriles Radonsky o Alvaro Uribe Vélez. Festeja su complacencia con el sionismo y las caras de enojo con Irán. Es a todas luces un “buen vasallo” este muchacho, diría en los pasillos de la Casa Blanca, John Kerry. Pero también le han surgido otros entrañables amigos al gobernante argentino. Desde Uruguay, el converso Tabaré Vázquez, que años atrás estuvo a punto de pedir ayuda militar a Bush para guerrear contra Argentina por culpa de la pastera Botnia y la resistencia del pueblo de Gualeguaychú, hoy se ha convertido en acaramelado colega de Macri y promete relaciones encomiables.

Toda esta ofensiva macrista puede hacerse en el plano de la oposición institucional sin mayores palos en la rueda, por la inexplicable lentitud con que se mueve el andamiaje parlamentario. Es sabido que el Frente para la Victoria tiene mayoría en el Senado y un buen porcentaje de escaños en Diputados, pero más allá de algunas declaraciones y muy pocos amagues, siguen sin decidirse a convocar al Congreso a Sesiones Extraordinarias. Algunos, los más, porque disfrutan de su período vacacional en medio del incendio de la pradera por culpa de las acciones macristas, y otros porque están trenzando sin vergüenza con el oficialismo y también con el ex kirchnerista Sergio Massa, un aliado del macrismo que comulga en intenciones non sanctas con gobernadores y algunos ex funcionarios que han pegado el salto sin ningún tipo de rubor.

Por último, está la calle. La pelea en la calle. Allí donde habitualmente se juegan los destinos de un país a cara o cruz, sin demasiadas especulaciones. No son pocos los que están resistiendo las maniobras disciplinadoras del gobierno. Pueden dar cuenta de ellos varios sindicatos de base y organizaciones sociales. Aún lo hacen como respuesta a la agenda represora de la Casa Rosada, pero otros más precavidos están dándose cuenta sobre la marcha que si no se unen fuerzas y no se encara una mínima coordinación en las luchas, este primer mes de Decretos prepotentes se podría extender en el tiempo o disfrazarse con otras vestimentas. Quizás la clave para que el engranaje de una resistencia adecuada funcione, podría estar en gestar una fuerza de amplio espectro ideológico pero asentada abajo y a la izquierda del sistema actual. Peleona y formada en un alto nivel ideológico. Un arco donde quepan todos, incluidos los miles de jóvenes kichneristas , siempre que unos y otros entiendan, con humildad, que para luchar contra esta derecha pro imperialista nadie tiene ganado el liderazgo de antemano, y que se necesita entender que el 10 de diciembre comenzó una nueva época, que no obligatoriamente se salva con expresiones de deseos retornistas.

Tomado de: http://www.tercerainformacion.es

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Ortodoxos, Heterodoxos y Conversos. Por: Juan Nicolás Padrón*

CerebroNo resultan pocas las categorías provenientes de la religión que, con mayor o menor suerte, se han adaptado a las doctrinas políticas. Ortodoxos son los apegados a dogmas, fundamentos, sistemas o prácticas de una religión, pero muchas veces el significado del término se extiende a quienes se mantienen fieles a las formas originales de una política, sin variaciones en sus procederes, aunque haya cambiado definitivamente el escenario real de esa práctica. Los heterodoxos, por el contrario, disconformes con esos dogmas, pretenden enriquecer la doctrina con otros fundamentos, e intentan modificar sistemas y prácticas religiosas en otro teatro de operaciones; esta definición de heterodoxia se ensancha hacia los inconformes con inamovibles maneras de hacer la política, ante cambios sustanciales de la realidad, y aspiran a adaptar nuevos métodos para un mismo fin. El término converso se ha reservado para aquellos que han abandonado una religión o un credo para abrazar otro, algo que también puede ocurrir, por muchas causas, en la vida política de cualquier persona.

No me interesa calificar estas actitudes o posiciones, pues en cualquier parte del mundo, y en cualquier grupo de políticos, pueden estar presentes. Se trata de opiniones frente a modos, métodos o procedimientos de entender la política; sin embargo, lo que puede descalificar a cualquiera de ellos es su ignorancia o su insensatez, su intención de manipular a presuntos adeptos y electores, o su demagogia, pues lo principal para creerles o no su discurso es situarlos frente a los múltiples conocimientos de la sociedad, comprobar si su verbo y quehacer se sustentan en un conjunto de nociones imprescindibles para desarrollar un juicio acertado o lúcido, con su carga crítica y su paquete de soluciones, y, sobre todo, que ese sea realmente su pensar y acción, pues no hay que argumentar mucho sobre el descrédito sufrido por la política y los políticos en los últimos años.

Conozco a respetables políticos ortodoxos cultos, situados a la izquierda o a la derecha ―repito que no es mi interés analizar la validez o no de sus razones, me detengo en la manera en que argumentan sus juicios en los debates. Su coherencia e integrabilidad, tanto en los contenidos y objetivos de sus declaraciones, como en la claridad y manera de explicar sus procedimientos y métodos para llevarlos a cabo, están sustentadas por la larga práctica de las doctrinas que custodian, y si su cultura les permite argumentar lo que están defendiendo, el debate con ellos puede constituir un intercambio enriquecedor, que vale la pena sostener, con el respeto a determinados límites, pues hay ciertas fronteras establecidas más por las convicciones que por las razones. El diálogo con los ortodoxos debe siempre tener en cuenta que ellos, llamados también conservadores, siempre inician su discurso dejando por sentado algunas cuestiones que no se discuten ni negocian, pues nunca revalorizan principios. Por supuesto que hay ortodoxos por ideales y otros por conveniencia, y las formas cultas de expresarse pueden contribuir a disfrazar la verdadera naturaleza de su ortodoxia. Un ortodoxo sin argumentaciones, es decir, sin cultura, hace de cualquier cuestión un problema de principios por la falta de conocimientos para indagar o profundizar en las raíces de sus proposiciones, y por ello se descalifica muy pronto ante la vista de todos. Lo más saludable es intercambiar con los ortodoxos cultos que tienen a los ideales como su guía para defender su objetivo, e interrumpir cualquier conversación con quienes no quieren que cambie nada para no perjudicarse individualmente.

Posiblemente los heterodoxos son los más abundantes en nuestra cultura occidental y liberal. Suelen ser agresivos o irónicos y cuentan con la colaboración de una realidad cambiante que marca un ritmo vertiginoso. Las experiencias que hasta hace poco habían sido útiles, en un momento determinado no funcionan y envejecieron ante nuestra vista, de forma arrolladora, casi sin darnos cuenta, y soluciones que en un tiempo fueron salvadoras, de repente no sirven para nada; por esta razón los heterodoxos casi siempre proponen algo nuevo o creativo, transformador pero desconocido en sus posibles resultados. Hay que saber de qué fundamentos parten para su discurso, pues por muy heterodoxos que sean, siempre mantendrán principios inamovibles que constituyen parte de su formación, aunque no pocas veces lo quieran negar o lo disimulen. También hay que identificar adónde quieren llegar, pues a veces, con tantas objeciones, no se pone en claro la orientación última que desean defender. Algunos se impacientan por no ver los resultados inmediatos de la aplicación de ciertas políticas, y exigen explorar con mayor celeridad caminos casi siempre inéditos, para problemas que no pocas veces son muy viejos pero están enmascarados de novedad. Si heterodoxos o liberales tienen la cultura suficiente para explicar sus razonamientos, convencen rápido, pues la dictadura de lo “nuevo” suele ser muy atractiva, pero si prevalecen la improvisación, la incoherencia y la falta de profundidad en los planteamientos, se anulan por anárquicos, poco fiables, inseguros e idealistas. La cultura de los heterodoxos es fundamental para aceptar su audacia, de lo contrario, se convierten en personajes pintorescos. Como ocurre con sus antagonistas ortodoxos, los hay de ideales y de conveniencia, pero es más fácil descubrir en ellos sus verdaderas intenciones, pues en quienes reclaman un cambio fácil, “acercando la brasa a su sardina”, cualquiera descubre las verdaderas intenciones y son detectables con relativa facilidad. Por supuesto, es preferible escuchar a los heterodoxos cultos y sinceros, y sonreír con los otros.

Los conversos no siempre fingen. Algunos cambiaron con sinceridad, por convicción, y no necesariamente siguiendo la ruta de los privilegios, o cazando lo que algunos llaman eufemísticamente “recursos asignados”; otros declaran, con impudicia, que cambiaron para perseguir el rumbo del dinero; si eso pudiera aceptarse de manera individual, es inadmisible bajo el discurso de “servidores públicos”. Generalmente se confía menos en ellos, en cualquier sitio del mundo, y de manera histórica son mirados con recelo, quizás por prejuicios ―avalados por una estadística de experiencia y juicios confirmados―, pero es innegable que nadie permanece inalterable durante toda su vida en materia de opiniones y sentires, y cambiar drásticamente de fe, doctrina, dogma o fundamento, es posible, y puede ser legítimo revalorizar principios no solo porque conviene, sino porque se piensa diferente y se produce un viraje sensible en un momento de la vida. No pocas veces los conversos aumentan ante errores o caídas de credibilidad de un proyecto, cuando tiemblan las bases de un sistema; los incultos casi siempre se lo explican por los aparentes motivos del desastre, por lo que comenta la engañosa prensa o tergiversadores políticos e ideólogos; sin embargo, cuando hay cultura, los conversos desmontan el andamiaje en que creyeron, para recomenzar a construir otras bases e iniciar un nuevo camino de fe o esperanza. No parece elegante recordarles su antigua posición en un punto climático en una polémica; con frecuencia es uno de sus flancos más débiles, y por ello se cuidan de no llegar a esa zona de tensión. Pero a los conversos que están “marcando en la cola de los sentados” ―como dice un amigo―, especialmente aquellos que conocimos como ortodoxos y son hoy adalides de la heterodoxia, hay que someterlos a una observación siempre sospechosa, y sería sano, para los que buscan protagonismo, medir bien sus palabras: Cuba es una isla demasiado pequeña y todos nos conocemos.

Para establecer un verdadero clima de debate positivo, una atmósfera constructiva de discusión política viable, sincera y constructiva ante los retos y desafíos que esperan a los cubanos; para conceptualizar responsablemente el modelo económico dentro de los marcos de una política revolucionaria y desde la posición de defender un socialismo sostenible y próspero, no hay por qué satanizar o “acusar” a ortodoxos, heterodoxos o conversos, cuando mantienen una posición u opinión política consecuente con sus ideales y no están mintiendo o sirviendo a “fuerzas oscuras” o a poderes que no sienten verdadera preocupación por Cuba. Las verdaderas mesas redondas requieren de genuinos intercambios enriquecedores desde diferentes posiciones; ahora como nunca antes, son necesarias las contrapartidas y los diferentes ángulos de miradas y lecturas de una realidad cambiante y compleja, y debatir diferentes posiciones en un ambiente de cultura y respeto, de autenticidad y objetividad. Nos hace falta crear mayores espacios de libertad dentro de la responsabilidad, como se han ido creando en el sector cultural. Hay que sustentar la cultura en las aulas, en los centros de trabajo, en la calle, en cualquier sitio de discusión, apegada a la sinceridad y a lo mejor de la condición humana. Lo más importante es que ortodoxos, heterodoxos y conversos no se encuentren disfrazados de lo que les conviene porque han sacado sus cuentas, y que sean capaces de argumentar con profundidad y lucidez su posición con suficiente cultura, conocimientos integrados e integrales, discernimientos razonados, intencionalidad y realismo, para que puedan revelar esencias no pocas veces ocultas en la realidad cubana de hoy, y que estas puedan emerger en la discusión, no de manera oportunista y simplista para hacer un performance en una manifestación o declaración. No hay que temerles a las diferencias de opiniones, lo que hay que rechazar es la ignorancia, madre de las desgracias, engendradora de prejuicios y provocadora de desorientaciones fatales; lo que hay que desenmascarar es la falsedad y la hipocresía. Las “máscaras políticas” de las que hablaba Félix Varela, pueden dejarnos sin respiración en esta hora decisiva.

Tomado de: http://www.cubarte.cult.cu

Juan Nicolás Padrón 01*(Pinar del Río/Cuba, 1950): Poeta y Licenciado en Filología y especializado en Lengua y Literatura Hispánica. Posee postgrados en Filosofía y Lingüística, además de Cursos de Pedagogía y Sicología. Actualmente es Investigador del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas de Cuba. También ha sido Director de Literatura del Instituto Cubano del Libro; Director de la Editorial Letras Cubanas y Subdirector de la Editorial Casa. Su desempeño en el ámbito de las letras lo ha desarrollado como editor, profesor, jurado, poeta, ensayista, coordinador de encuentros literarios y artísticos, prologuista, articulista, antologador y conferencista en distintos países como Cuba, España, México, Argentina y Canadá. Ha participado en la Ferias Internacionales del Libro de Cuba, Ciudad de México, Guadalajara, Buenos Aires y Santiago de Chile. Su obra poética se encuentra en la edición de los siguientes libros: “El polvo finísimo del tiempo” 1983; “Desnudo en el camino” 1988; “Peregrinaciones” 1991; “Crónica de la noche” 1995. Su última publicación es el ensayo sobre la identidad cubana “La Palma en el Huracán” (Ediciones Rodriguistas, Santiago-Chile 2000).

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Los primeros cubanos que conocieron al Che. Por: Mario Mencía Cobas

Che¿Era la primera vez que salía de Cuba?

—Sí, la primera vez.

¿Fue en avión?

—Sí, en avión.

¿Usted había viajado en avión alguna vez?

—No, nunca. Jamás en la vida. Deseos tenía muchos. Y de viajar, exactamente igual, pero nunca… Aunque a mí me hubiera gustado mucho viajar. Siempre me hacía la idea de salir del país, un día ir a México, no sé…

Cuando el viernes 24 de julio de 1953 salía al igual que veintisiete compañeros más de la región de Artemisa rumbo a Santiago de Cuba, Severino Leonardo Rosell González no hubiera podido imaginar que tres meses y doce días después se cumplirían esos deseos, solo que en condiciones muy distintas a las que había añorado… Que sobreviviente del asalto al Moncada, que exiliado, que apenas sin dinero, viajaría por primera vez en avión, por primera vez saldría de Cuba, y que una increíble cadena de coincidencias se eslabonarían hasta conformar la circunstancia en que llegó a integrar el grupo de los primeros cubanos que conocieron al Che.

Fue el 6 de noviembre de 1953; pero el 6 de noviembre de 1953 no fue el día en que “Vero” Rosell conoció al Che, fue el día en que salió de Cuba hacia Costa Rica, donde varios días después conocería a Ernesto Guevara de la Serna. “Lo recuerdo porque precisamente el día 6 era mi cumpleaños, cumplía 25 años y los cumplí en San José de Costa Rica”.

De los cinco cubanos participantes en las acciones del 26 de julio de 1953 —entre ellos Calixto García Martínez (1) —, que recibieron asilo político en Costa Rica, el único que pudo conseguir allí trabajo fue Rosell. Pero antes que me diga cómo el dueño de la casa donde lograron hospedarse, que también era cubano, le tomó afecto y lo empleó por 600 colones al mes (unos 100 dólares aproximadamente) para que le lijara una a una las lunetas del teatro que administraba y después las pintara, y pintara también la reja y la fachada del edificio, es bueno recordar que el 26 de julio de 1953, mientras un joven argentino llamado Ernesto Guevara caminaba por las calles de La Paz, Bolivia, Severino Rosell era uno de los diecinueve hombres que formaban parte de la pequeña columna encabezada por Fidel Castro que intentaba ganar la cordillera de la Gran Piedra para después pasar a las primeras estribaciones de la Sierra Maestra. Débilmente armada, era una reducida proporción del contingente protagonista de los sucesos ocurridos en Santiago de Cuba unas horas antes.

Rosell había sido uno de los jefes de las seis células organizadas y adiestradas bajo el mando inmediato de Ramiro Valdés en Artemisa. Así viaja a Santiago de Cuba y así participa en el asalto al cuartel Moncada. ¿Sus imágenes de aquel acontecimiento?

Yo sí le digo a usted y se lo he dicho siempre a los compañeros, que a nosotros nos recibió una lluvia de plomo. Porque nosotros tuvimos que lanzarnos de la máquina, rápidamente abrir las puertas y tirarnos porque si no nos acribillan a balazos dentro del automóvil. Buscamos posición detrás del auto y después en una garita, donde le hicimos frente a un guardia que venía hacia nosotros. Le tiramos varios compañeros, lo tumbamos y allí estuvimos tirando hasta que pudimos. No recuerdo exactamente dónde estábamos ubicados nosotros, pero de acuerdo a mi idea era bastante cerca del Moncada. Y salimos cuando Fidel dio la orden de retirada. Fuimos casi de los últimos. Ninguno de los que estaban en mi grupo sabía manejar, hasta que vino Oscar Alcalde que vio la máquina y se montó como chofer. A su lado yo llevo una escopeta y mi pistola. Detrás iban Mario Collazo, y los hermanos Roberto y Orlando Galán de Artemisa, y Orlando Benítez que a última hora llegó corriendo herido en una pierna.

Aunque no teníamos esa orientación, volvimos al lugar de la partida, a la granjita de Siboney. Y lo primero que hicimos fue quitarnos la ropa de militar y ponernos la nuestra que habíamos dejado colgada. Allí Fidel nos planteó que él iba a seguir combatiendo en las montañas, que el que quisiera seguirlo pues que lo siguiera. De allí salimos diecinueve compañeros con Fidel, pero enseguida quedamos dieciocho pues está el caso de Emilito Hernández que se nos extravió en la primera loma que subimos y más tarde fue capturado y asesinado.

Para Severino Rosell la historia que sigue es la vertiginosa sucesión de acontecimientos que en la memoria y el tiempo confunden sus contornos entre lo real y lo irreal. Fue la sed, el hambre, la marcha continua, el continuo acoso, sol, calor, sudor, los aviones acechando, las montañas y la lluvia y la noche y el frío, y los campesinos que ayudan, y por fin comida, y otra vez el sol, la sed, el hambre y la extenuación, y Benítez herido, y a Mario Lazo que se le escapa un tiro y se hiere en una axila, y la decisión de que bajen e intenten llegar hasta Santiago de Cuba los heridos y Jesús Montané que ha perdido los espejuelos y casi no puede andar por las lomas, acompañados por Rosendo Menéndez, Israel Tápanes y Rosell; seis en total, que se subdividirían en dos grupos, uno de cuatro y la pareja Lazo, que sigue sangrando, y Rosell, que deciden no ir hacia Santiago.

Atravesarán cuatro fincas hasta que les permiten guarecerse durante varios días con algo de leche y de comida. Todo un mes tirados en una loma, y “allí lo curaba, y con un palito le sacaba gusanos de la herida”. Recados, gestiones y un contacto que por fin se establece con gentes revolucionarias del pueblo. Y es el camión de reparto de leche en que son llevados hasta la casa de Alfredo Guerra en el lujoso reparto Vista Alegre de Santiago. Y la separación de los dos combatientes. Y la estancia escondido en la casa de la familia de Vilma Espín, la que tenían en la playa. Y el proyecto de salir clandestino en un barco de carga hacia Honduras, que no se ejecuta. Y el automóvil hasta Palma Soriano. Y de Palma en un ómnibus de la ruta 80 hasta El Cotorro, en La Habana. Y la ida a la Embajada de Guatemala en busca de asilo que no se le concede, y al Nuncio Apostólico, también baldía y, por fin, la protección del Embajador de Uruguay.

El Embajador me planteó que si yo quería salir hacia Santo Domingo, que era más cerca, o hacia Costa Rica, para no tener que viajar hasta Uruguay que era muy lejos. Porque estaba el problema del dinero para el pasaje, y aunque nosotros tuviéramos tres quincallas la situación que se vivía era difícil para ganar unos pesos y mi familia no podía pagar el gasto en avión ni nada de eso. Malamente pudo colectarse entre amigos algunos pesos para pagar el pasaje y llevar algo para allá. Entonces me enviaron a Costa Rica.

A San José de Costa Rica llegó después de una escala en el aeropuerto de Managua, Nicaragua. Cuatro meses después recalaría nuevamente de paso por Managua, con rumbo inverso, hacia al norte, hacia México. Pero eso será después. Ahora, en San José, el abrazo a los compañeros, y el alojamiento, y el trabajo en el teatro. Y las conversaciones con exiliados de distintos países en la cafetería del hotel Soda Palace. Y la vinculación estrecha con los revolucionarios nicaragüenses para ayudarlos a librarse de la dictadura de Anastasio Somoza, y después, con la ayuda de los “nicas”, llevar adelante el plan de rescatar a Fidel y a sus compañeros presos en el Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos, pero…

— Ah, lo que yo sí quería decirle algo que muchos no conocen. Y es con relación al Che.

— ¿Al Che?

— Al Che. Los que formábamos ese grupo de cubanos en Costa Rica fuimos los primeros cubanos que conocimos al Che, en aquel viaje que él hace por Centroamérica. Nosotros estábamos en la cafetería del Soda Palace, que la llamamos Café Internacional. Allí nos compenetramos un poco con el Che. Me acuerdo que él andaba con su mochila al hombro.

— ¿Una mochila?— preguntamos maquinalmente mientras visualizamos el bolsón que le servía para dormir a la intemperie y guardar sus pertenencias cuando andaba de viaje.

— Sí, una mochila, sí. Porque él era pintoresco, le gustaba viajar con poco o ningún recurso. Ya lo había hecho en más de una ocasión. Posteriormente en México supe que él estaba en Guatemala. Ya cuando tumban a Jacobo Arbenz, el 26 de junio de 1954, nosotros estábamos en México. Allí conocimos a Arbenz y vimos al Che, lo vemos otra vez, empezamos a compenetrarnos de nuevo.

Ese reencuentro en México de Rosell tiene que haber sido en agosto de 1954, porque es en este mes que Ernesto Guevara pasó en ferrocarril la frontera de Guatemala con México.

Entonces, el Che se hizo asiduo participante en las reuniones de los cubanos, ahora reagrupados en México. Claro, que no tanto como lo sería después, cuando conozca a Fidel, que arribó el 7 de julio de 1955 procedente de La Habana.

Y óigame, la pobreza del Che en sus primeros momentos fue extraordinaria. Algunas veces llegaba a donde estábamos nosotros y si íbamos a comer pues él comía con nosotros. En esas primeras semanas había ocasiones que no tenía dónde comer, no tenía dónde vivir. En México él pasó bastante miseria…

Al igual que los cubanos exiliados residentes en otros países, quienes componían el grupo de Costa Rica recibieron la orientación de marchar hacia México y sobrevivir juntos. De modo que en marzo de 1954 Severino Rosell llegó por avión desde Panamá a Honduras, junto con Calixto García. En Tegucigalpa permaneció veinte días por los trámites del visado. En esos días, Calixto García no obtuvo permiso de entrada en México y debió permanecer en Honduras. Rosell arribó a Ciudad México con solo cinco dólares, que debió cambiar en el mismo aeropuerto para pagar el taxi que lo condujo hasta Río la Plata 28, donde se agregó a un grupo de cubanos que allí residían en un apartamento al lado del que en ese edificio ocupaba Raúl Roa. Ese es el apartamento en el que los visitaba el Che a su llegada a México.

Y también en el otro, en el que después teníamos por la Colonia Cuatéhmoc, cuando se desintegró el primer apartamento. Porque ahora es muy fácil decirlo, pero ¡las penalidades que pasamos en México! Cada uno por su lado y yo sin un kilo en el bolsillo. Y así tuve que separarme del grupo. Con la maleta bajo el brazo sin tener dónde estar. Me fui con otro compañero, al que de vez en cuando le mandaban algún dinero, 70 pesos, 80 pesos, que a mí, ¡jamás! A no ser aquella vez inicial de la colecta, lo que después podía recibir eran 10 o 20 pesos, y con esto tenía que vivir en México el mes entero, y que no había posibilidad alguna de trabajo. Yo le digo a usted que pasé una… Hasta pasé como una semana durmiendo en el mismo edificio de apartamento donde antes vivíamos, pero en el garaje, porque los porteros o encargados, como me conocían, me dijeron: “Bueno, venga para acá”, me metían en el sótano, donde se parqueaban las máquinas y en ellas dormía. Entonces me mudé para casa de un venezolano, muy adeco (2), creo que se llamaba Susano. Así estuve viviendo hasta que el venezolano, el Che y yo hicimos como una unión de fotógrafos.

Se sabe que una de las formas en que Ernesto Guevara pudo sostenerse precariamente durante sus primeros tiempos de estancia en México, fue trabajando como fotógrafo ambulante, tarea de la que compartía los escasos ingresos con el guatemalteco Julio Roberto Cáceres, El Patojo. En ese deambular, en enero de 1955, el Che conoció en la calle al médico argentino Alfonso Pérez Vizcaíno, quien dirigía la sucursal de una empresa informativa de su país, la Agencia Latina. El Che aceptó brindarle sus servicios fotográficos, ya que tenía experiencia como reportero y fotógrafo deportivo desde que con 15 ó 16 años practicaba el football rugby y estuvo a cargo de la revista especializada Tacle.

Coincidió que del 6 al 20 de marzo de 1955 se celebrarían en México los IV Juegos Deportivos Panamericanos, en los que sería necesario cubrir varias competencias al mismo tiempo. Fue así que el Che, Rosell y Susano se asociaron.

El Che sabía tirar muy bien, y como el venezolano también sabía y tenía una ampliadora y un cuartico oscuro en su apartamento, y yo tenía algunas nociones, pues hicimos una pequeña cooperativa de fotógrafos. Teníamos nuestra identificación de solapa, como reporteros, y entrábamos en todas las competencias. “Hoy te toca a ti tal juego y tal juego”, “hoy te toca a ti tal otro”. Y después nosotros mismos revelábamos las fotos. Y cuando se cumplió el programa de los Juegos Panamericanos sacamos cuentas. Y aparte de algunos anticipos por gastos que habíamos tenido, como una cámara que compramos, los rollos, el papel, los materiales, obtendríamos como siete mil pesos, unos 500 dólares al cambio de entonces. Y cuando fuimos a cobrar, ¡qué va!, ¡Ni un centavo! ¡Se perdieron!

— ¿Y cómo fue que usted se había encontrado de nuevo con el Che en México?

—Cuando yo me fui de Costa Rica los que quedaron allí sabían la dirección que tendría en México. Pero, además, él había tenido relaciones muy estrechas con otro grupo de cubanos que conoció en Guatemala al salir de Costa Rica. Allí conoció a Ñico López. Después, en México, como siempre ocurre, pues los exiliados tienden a buscarse, a agruparse, a ayudarse, él se contactó muy pronto con los cubanos, que ya éramos un grupo mucho más grande. Entonces, inmediatamente, tuvimos relaciones de nuevo.

 ¿Recuerda algo más en especial de lo ocurrido allá?

—Mire, lo más lindo es que yo traje un rollo de fotos tiradas al Che…

— ¿Tiradas al Che? ¿Las tiene a mano?

—Él boxeando conmigo… Él me tiró fotos durmiendo en el sofá que allí tenía… Bueno, un grupo de fotos, ¿y puede creer?, se han desaparecido que no sé dónde están. Nunca más he visto las fotografías esas. Yo no sé si fue si fue en el registro que me hicieron aquí cuando llegamos, en el aeropuerto, aunque a mí me parece que no, que después de aquello yo las vi. Como yo tuve que estar en La Habana viviendo clandestinamente, viviendo en diferentes lugares, porque estuve escondido en Sancti Spíritus, en Placetas, en Cabaiguán, estuve en Camagüey, en varios lugares, es difícil conservar documentos y fotos. Yo tenía esas fotos. Traté de encontrarlas incluso después del triunfo de la Revolución, pero ¡qué va! No he podido dar con ellas.

¿Cuándo fue la última vez que usted lo vio allá en México?

—Después que se hizo efectiva la amnistía de los presos políticos el 15 de mayo de 1955, y Fidel y sus compañeros Moncadistas salieron del presidio y los exiliados pudimos regresar al país. Cuando yo iba a regresar para Cuba, él me fue a despedir al aeropuerto, sí. Allí me planteó que si volvíamos a combatir que nos acordáramos de él y lo mandáramos a buscar. Nos dijo que nos acordáramos del Che, porque ya era esa era la forma en que siempre lo llamábamos, prácticamente se lo pusimos nosotros, los cubanos. Eso de Che se lo pusimos nosotros. Como era argentino, le decíamos che, che, che, y Che se le quedó.

Notas

(1) General de Brigada retirado, fallecido en La Habana.

(2) Militante del Partido Acción Democrática de Venezuela.

Tomado de: http://www.cubarte.cult.cu

*Periodista, ensayista, historiador. Nace en Cienfuegos en 1931. Desde 1981 es investigador y asesor de Historia del Consejo de Estado en las oficinas del Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. Candidato a Doctor en Ciencias Históricas y Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana. Durante la Guerra de Liberación Nacional, perteneció al M-26-7, al Movimiento de Resistencia Cívica e inició su actividad literaria en publicaciones clandestinas.
La inclinación por la literatura de corte histórico comienza cuando estaba estudiando Ciencias Políticas en la década de 1960, a partir de este momento comenzó a escribir trabajos de historia en la Revista Universidad de La Habana y en el periódico Juventud Rebelde, y antes de terminar la carrera, se interesó por los movimientos guerrilleros de liberación, que bajo el influjo de la Revolución Cubana, se desarrollaban en América Latina.
Como escritor comenzó formalmente en 1972 las investigaciones de la segunda dictadura de Batista y de ahí pasó al asalto al Moncada, que volcó en artículos publicados periódicamente. Recopiló una gran cantidad de documentos históricos y realizó numerosas entrevistas que le permitieron acometer, en catorce años, una primera versión de ese trascendental suceso.
Este ensayista ha dedicado su tiempo a sacar a la luz la verdad sobre la revolución cubana, mediante sus artículos periodísticos, históricos y políticos.
A lo largo de su vida ha desarrollado una labor de investigación minuciosa en la cual sobresalen numerosos títulos publicados, entre los que se destacan La prisión fecunda, El grito del Moncada, Tiempos precursores y El Moncada, la respuesta necesaria.
Ha obtenido relevantes resultados en las investigaciones históricas, y sobre todo, acerca de los principales acontecimientos que condujeron al triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959.
Entre sus distinciones aparecen: Por la Cultura Nacional, Raúl Gómez García, orden José Martí.

 

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Lo que depara el capitalismo para el futuro. Por: Manuel E. Yepe*

capitalismoEconomistas estadounidenses de diversa orientación política han estado opinando en estos días acerca del nuevo libro de Robert Reich titulado Salvando al capitalismo: para los muchos, no para los pocos, presentado en la Revista de Libros de Nueva York el 17 de diciembre de 2015.

Para Paul Krugman fue gratificante constatar la sinceridad descarnada que expresa el título de libro de Reich porque “salvar el capitalismo” implica que el capitalismo está contra las cuerdas, o sea, en peligro de extinción, “consideración en la que creo, saludo y comparto”.

El marxista Zoltan Zigedy señala que Robert Reich, Paul Krugman y Joseph Stiglitz comparten altos logros en la economía académica y constituyen un triunvirato intelectual no marxista bien informando. Aunque ellos no estén de acuerdo en todo, comparten un conjunto básico de creencias en la viabilidad del capitalismo y su necesidad de reforma. No obstante es raro ver a algunos sugiriendo manifiestamente la urgencia de salvar el orden burgués.

La urgencia deriva del espectacular aumento de la desigualdad económica en los principales países capitalistas, particularmente en Estados Unidos. Krugman confiesa que la desigualdad era una cuestión que Reich y él “empezaron a tomar en serio” ya hace veinticinco años. “Pero creo que es justo decir que no tomamos en serio ese crecimiento de la desigualdad como una característica estructural del capitalismo hasta que apareció el importante trabajo de Thomas Piketty hace dos años”.

Según Zigedy, los economistas no marxistas Krugman y Reich han modificado su interpretación de las causas del crecimiento de la desigualdad durante las últimas décadas. Krugman, afirma Zigedy, describe un capitalismo desarrollado actual que se asemeja al capitalismo que los marxistas vienen describiendo desde hace más de medio siglo.

Hace décadas, los economistas liberales sostenían que el aumento de la desigualdad era resultado de que había sectores de la clase obrera que no reunían los requisitos tecnológicos o carecían de las habilidades exigidas por el “cambio tecnológico basado en la habilidad” (SBTC, por sus siglas en inglés).

La educación era vista por ellos como el gran nivelador, estabilizador de la riqueza y el avance de los atrasados. Pero con la actual ruptura de la correlación ente nivel de educación y compensación, todos rechazan el SBTC como explicación adecuada y clave para detener el crecimiento de la desigualdad.

El aumento del número de graduados universitarios abrumados de deudas rompió esa ilusión. Así, Krugman sustituye la explicación tecnológica para el crecimiento de la desigualdad, por algo que es eje central del estudio de Reich, el poderío monopólico. Es la concentración del poder económico en manos de pocos jugadores corporativos lo que lleva al aumento de la desigualdad económica. Según Krugman y Reich: “… es evidente que nuestra economía se asienta mucho más en los monopolios y oligopolios que en la competencia atomística.”

Zigady pregunta ¿Por qué Reich y Krugman tardaron tanto tiempo en llegar en esta consideración a la que Lenin arribó hace más de cien años? Escritores marxistas como Paul Baran y Paul Sweezy dedicaron hace casi cincuenta años un influyente libro al capitalismo monopolista.

Así, los economistas no marxistas y sus aliados políticos hasta hace poco desdeñaban el concepto de poder de monopolio, que los marxistas han hecho pieza central de sus análisis.

Pero Krugman y Reich revelan otros acoplamientos cruciales: entre el poder político y el poder económico (poder monopólico) y los del mercado con el poder político. Ellos observan que el poder monopólico es sostenido, protegido y ampliado por actores políticos, así como que los actores políticos son seleccionados, alimentados y guiados por el poder de monopolio. Esto crea un preocupante problema para aquellos que buscan la reforma del capitalismo.

En palabras de Krugman, la conclusión a que llega Reich es que la creciente riqueza en el segmento poblacional superior incrementa su influencia política mediante contribuciones de campaña, cabildeo y recompensas. La influencia política, a su vez, sirve para reescribir las reglas del juego en la sociedad. El resultado es una especie de espiral, el círculo vicioso de la oligarquía.

Para los marxistas, la concentración engendra necesariamente capitalismo de monopolio, que posteriormente se funde con el Estado, creando una síntesis que convierte a las normas del Estado en policías en el terreno económico encargados de maximizar la viabilidad y el éxito del capital monopolista.

Nada demuestra mejor ese maridaje que los rescates de las mega-corporaciones (“supuestamente demasiado grandes para quebrar”) ante las crisis y el evidente incremento del dominio del capital monopolista en el sistema político de dos partidos que rige en Estados Unidos.

Tomado de: http://www.cubadebate.cu

Manuel E. Yepe*Periodista cubano especializado en política internacional, profesor asociado del Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa de La Habana, miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz.

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La revolución de las hormigas. Por: Víctor M. Toledo

Foto de hormigas trabajando en equipo

Foto de hormigas trabajando en equipo

Para todo devorador de libros, las vacaciones ofrecen una excelente oportunidad para leer aquellas obras (de ficción y no ficción) que han permanecido dormidas en el estante, involuntariamente relegadas por las urgencias y obligaciones cotidianas. Estas semanas he dedicado buena parte del “tiempo libre” a la lectura pausada y reflexiva del reciente libro y obra cumbre del biólogo Edward O. Wilson, La conquista social de la Tierra (2012).

El libro de Wilson culmina una obra de más de 60 años dedicada al estudio profundo de las sociedades animales, su origen y evolución, en especial la de los insectos sociales, y sus repercusiones para la sociedad humana. Por la dimensión de sus aportes y la originalidad de sus descubrimientos, Edward O. Wilson puede ser considerado el gran evolucionista del último siglo y el más notable continuador de Darwin (y no los genetistas, bioquímicos o biólogos moleculares). Creador de la sociobiología (1975) cuyas tesis audaces provocaron una verdadera sacudida en el ámbito de la ciencia, Wilson sigue manteniendo la idea de que explorar a las sociedades de insectos sociales y aprender de ellas, es una tarea crucial, necesaria y urgente para entender el significado del género humano e intentar descifrar su futuro.

La historia no comienza ni termina con la humanidad. Creer lo contrario es un acto de soberbia elevada no de la especie humana, sino de la ciencia o más precisamente de la tradición intelectual surgida en Occidente. Escudriñada con detalle, la evolución cósmica revela un patrón: el paso de sistemas simples a sistemas cada vez más complejos u ordenados. Esta secuencia de miles de millones de años incluye sistemas astrofísicos, químicos, biológicos y finalmente sociales. Estos últimos no son un invento humano, pues en el torrente de evolución de la vida existen sociedades animales en al menos cuatro momentos cumbres: con los invertebrados coloniales, los insectos, los mamíferos y los primates. No obstante su rareza, el éxito y predominancia de las especies sociales por sobre las especies solitarias es un hecho comprobado, a tal punto que hoy por hoy la sociedad humana comparte con los insectos sociales, y especialmente con las hormigas, el dominio de los espacios terrestres del planeta. Este hecho es probable que ponga nervioso a más de un científico social o a un humanista, pero la abundancia de los estudios sociobiológicos llevados a cabo por decenas de investigadores no dejan duda alguna.

Hoy existen más de 20 mil especies conocidas de insectos sociales, no sólo hormigas, sino abejas, avispas y termes que dominan el mundo de la pequeña escala por su número, peso e impacto en los ecosistemas. Se trata de un mundo invisible a nuestras miradas, pero de la misma magnitud que el nuestro: juntas todas las hormigas del mundo pesan lo mismo que los 7 mil millones de seres humanos. El censo completo de los organismos presentes en una hectárea de selva amazónica reveló que las hormigas por sí solas pesaban cuatro veces más que todos los vertebrados ahí registrados, es decir, mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Y no sólo eso, las sociedades de hormigas inventaron la horticultura (cultivan hongos), la ganadería (ordeñan pulgones chupadores de savia) y los graneros (guardan semillas). Las hormigas surgieron hace unos 120 millones de años y en un lapso de esas magnitudes realizaron una verdadera revolución al generar sociedades complejas capaces de crear colonias o nidos bien defendidos y protegidos, al mismo tiempo que crearon mecanismos avanzados para localizar y transportar alimentos desde distancias remotas. Este mismo patrón fue reproducido y perfeccionado por nuestros parientes, las especies de homínidos surgidos hace apenas 2 millones de años.

El salto espectacular de una especie solitaria a una especie social ha comenzado a ser explicado por la llamada selección natural de grupos que remonta y enriquece la teoría general de Darwin enfocada en la selección de individuos. Mientras que esta última permite explicar la evolución por competencia, la primera exalta la cooperación como única manera de generar organización social exitosa. Tras la aparición de la teoría darwiniana, que alimentó los fundamentos ideológicos del capitalismo (para reflejar como espejo la competencia entre mercancías), se desencadenó una polémica aún vigente: ¿Es el ser humano un individuo por naturaleza individualista y competitivo o altruista y cooperativo? Fue el famoso científico e ideólogo anarquista ruso Piotr Kropotkin uno de los primeros en cuestionar el uso sesgado de las ideas de Darwin y llamar la atención en el esfuerzo altruista y en la cooperación, convirtiéndose en uno de los precursores de la futura sociobiología. Lo que Wilson y otros sociobiólogos terminaron revelando es que el eterno dilema entre egoísmo y cooperación, entre el demonio y el ángel, o entre tanatos y eros, proviene en realidad de las dos modalidades contradictorias que la selección natural ejerce sobre las especies.

Por todo lo anterior, ¿no seremos simples hormigas promoviendo y realizando una revolución por la cooperación, la equidad y la ayuda mutua? ¿No estamos simplemente escenificando una batalla por la vida, es decir, en favor del proceso evolutivo y en contra de los parásitos y los depredadores (la élite política y económica que hoy domina y explota al mundo)? Parece que la humanidad está obligada a rescatar y continuar un proceso de millones de años actuado por muchos otros organismos, encabezados por las hormigas, como la única manera de salvarse y perpetuarse como sociedad, es decir, como cultura y como especie. Seguimos sin aceptar que somos el mono desnudo de siempre, que simplemente somos “una quimera evolutiva”.

Tomado de: http://www.jornada.unam.mx

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José Martí y su correspondencia epistolar. Por: Salim Lamrani*

JMIntroducción

La correspondencia epistolar representa una parte sustancial de la inmensa obra de José Martí, que a menudo privilegió este tipo de comunicación característico de su época. El Apóstol cubano intercambió así, a lo largo de su vida, centenas de cartas y esta abundante correspondencia se explica, entre otros, por el hecho de que pasó una gran parte de su vida en el exilio, lejos de los suyos y de sus seres queridos. La mayor parte del contenido epistolar es de orden político, pero también hay correos más personales, más íntimos, en los cuales expresa sus sentimientos amistosos.

La amistad es importante para José Martí. En una entrevista con un periodista estadounidense confiaba lo siguiente: “Si me preguntan cuál es la palabra más bella, diré que es patria; y si me preguntan por otra, casi tan bella como patria, diré amistad”.[1] Pues “para todas las penas, la amistad es remedio seguro”.[2] El patriota cubano intercambiaría así una sólida correspondencia con el mexicano Manuel Mercado, su confidente y mejor amigo, su apoyo moral en los momentos difíciles, con el cual mantendría un fuerte lazo fraternal y a quien dedicaría versos poéticos.[3]

Así, dos cartas dirigidas a Mercado en 1884 y 1889 son reveladoras del estado de ánimo de José Martí, de sus momentos de debilidad y de sus vicisitudes cotidianas. Del mismo modo otras cuatro cartas enviadas respectivamente a Valero Pujol, director del periódico El Progreso de Guatemala, Fausto Teodoro de Aldrey, director del periódico La Opinión Nacional de Caracas, Bartolomé Mitre y Vedia, director del periódico La Nación de Buenos Aires, al director del diario La República de Honduras, ilustran la rica y abundante colaboración periodística del Apóstol. Por fin, los correos a Roque Sáenz Peña, representante de Argentina en la Conferencia de Washington, Pío Víquez, director del periódico El Heraldo de Costa Rica, y Federico Henríquez y Carvajal, ardiente defensor de la emancipación de Cuba, arrojan una luz sobre la dedicación constante del cubano a la libertad de América Latina.

Manuel Mercado

Una amistad de más de veinte años unió a Manuel Mercado, abogado mexicano, a José Martí. Manuel Mercado conoció al patriota cubano el 10 de febrero de 1875 cuando ése llegó a México. Ambos intercambiaron una correspondencia variada de más de 140 cartas entre 1875 y 1895. Martí abordó tanto los problemas políticos del continente como temas más personales. Prueba de esta indefectible amistad, la última carta que redactaría Martí en vísperas de su muerte el 18 de mayo de 1895, la dirigiría a su “hermano muy querido, el más querido”.[4]

Resulta interesante analizar la carta del 13 de noviembre de 1884 que el Maestro escribió a Mercado desde Nueva York. José Martí expresa su estado de ánimo a su confidente y amigo y le hace partícipe a la vez de sus proyectos y de sus dificultades económicas. La misión de su vida sigue siendo la independencia de Cuba, sobre todo tras el fracaso de la primera guerra de liberación entre 1868 y 1878, por la cual se entrega cuerpo y alma en detrimento de su existencia personal. Martí evoca los límites financieros a los cuales se enfrenta en su búsqueda de los recursos necesarios para la consolidación del proyecto patriótico. Sabe que la lucha será “desesperada y larga”. La causa de la libertad devora sus escasos ingresos y, leal a sus principios, su conciencia lo obligó a renunciar al cargo de cónsul interino de la República Oriental de Uruguay –su “único modo de vivir”–, por la “amistad” de Montevideo “con España”, la opresora de Cuba.[5]

Relata a su “hermano” mexicano su encuentro con Máximo Gómez y Antonio Maceo, los dos principales líderes, “valientes y puros”, del movimiento independentista cubano. La reunión es tempestuosa y José Martí se opone a los dos jefes, que desean emprender la batalla por la emancipación de la isla rápidamente. El exilado cubano estima, con razón, que no están reunidas las condiciones para librarse del yugo español. Para él está fuera de cuestión emprender “una campaña incompleta y funesta si no cambia de espíritu”. Hace falta primero federar a las fuerzas patrióticas en una misma estructura para conseguir la unidad necesaria para la victoria de la causa de la libertad. Del mismo modo es imprescindible echar las bases de la futura república antes de lanzar la epopeya revolucionaria, con el fin de evitar que la independencia desemboque en una nueva autocracia.[6]

Su opinión respecto a los dos patriotas cubanos es severa y expresa sus reservas: “¿A qué echar abajo la tiranía ajena para poner en su lugar, con todos los prestigios del triunfo, la propia?” Martí acusa a Maceo y a Gómez de querer hacer de la guerra de independencia una “empresa propia” y lamenta la “desdeñosa insolencia” de los dos veteranos respecto a él, cuando dedica todos sus esfuerzos desde hace años a la empresa revolucionaria, “al servicio de mi patria”.[7]

En esta misiva, Martí solicita la ayuda de su amigo Mercado para que le consiga una colaboración periodística semanal en el Diario Oficial de México sobre los asuntos estadounidenses, lo que le permitiría asegurar su subsistencia y la de su familia. Su contrato con el periódico Sun, en el cual escribe en francés, no le alcanza para hacer frente a los gastos diarios. El exilado cubano propone también a Mercado lanzar una revista mensual desde Nueva York que trataría de política, economía, literatura y arte, y que se distribuiría con una decena de diarios latinoamericanos. Para ello pide una retribución mensual de 120 dólares, sin lograr ocultar su sentimiento de malestar: “¿No ve que me debe estar dando vergüenza hablarle de esto?” Para sobrevivir, Martí se ve obligado a realizar una actividad comercial que le provoca “disgusto”. Para enfatizar la urgencia de la situación, termina su carta con un implorante “ayúdeme”.[8]

Esta carta a su amigo mexicano es doblemente interesante. Ilustra primero el profundo desacuerdo político de José Martí con Antonio Maceo y Máximo Gómez sobre la estrategia a adoptar para poner fin al colonialismo español y edificar una patria soberana. Por otra parte, este intercambio epistolar muestra la dura vida cotidiana del exilado cubano en Nueva York, confrontado a regulares vicisitudes al punto de que no logra asegurar su propia subsistencia ni la de sus seres queridos.

Otra carta a Manuel Mercado de diciembre de 1889 muestra hasta qué punto el amigo mexicano es el verdadero confidente de Martí. “¿Por qué no he de hablarle más que de mí en mis cartas?”, pregunta el cubano. El patriota se disculpa por la escasez de los intercambios epistolares. Se dedica por completo a la defensa de sus “ideas queridas” y de sus “deberes públicos”. Sólo tiene una cosa en mente: “mi tierra y mis otras tierras americanas”. El año es importante ya que Martí participa como delegado en la Conferencia Panamericana de Washington y pronuncia su famoso discurso “Madre América”. Ya no hay tiempo para “escribir a la madre enojada, o al hermano ejemplar, o al generoso hermano literario, o a los entusiastas amigos”. Pero en cuanto coge la pluma no puede dejar de hablar de su propia persona, como si desease satisfacer esa irreprimible necesidad de confesión.[9]

Martí informa al amigo mexicano de que dedica toda su energía y sus limitados recursos a luchar contra la “la política de intriga y división” que lleva Estados Unidos “con daño general de nuestra América”. “¡Qué esfuerzos para hacerles entender que México no es su enemigo, sino en cuanto ellos se presten a ser aliados de los enemigos de México!”, lamenta el cubano. “Quiero libre a mi tierra –y a mi América libre”.[10]

La amistad –profunda y sincera– fue el vector de la relación entre José Martí y Manuel Mercado. El cubano encontró en el mexicano al asesor precioso, al confidente fiable y al hermano que siempre quiso tener.

Colaboraciones periodísticas

José Martí desarrolló a lo largo de su vida una intensa actividad periodística y colaboró en muchos diarios y revistas. Esta relación profesional también se transformó en relación amistosa con los directores de los periódicos que publicaron sus trabajos. Las cartas intercambiadas con ellos tienen a la vez un contenido profesional y, a veces, un lado más íntimo.

En una carta a Valero Pujol, director del periódico El Progreso de Guatemala, del 27 de noviembre de 1877, Martí expresa su agradecimiento por la publicación de un artículo elogioso sobre el discurso que pronunció el 15 de septiembre de 1877 por la conmemoración de la independencia de Guatemala. En efecto, Martí había rendido homenaje a la nación centroamericana que ofrecía al exilado perseguido una generosa hospitalidad: “Canté a la Guatemala laboriosa […].Canté una estrofa del canto americano”.[11]

No obstante Martí rechaza la crítica que aparece al final del artículo y recuerda algunos hechos. En su discurso vibrante pero sin concesiones, el Maestro defendió la causa indígena, recordando que los pueblos precolombinos constituían el alma de la patria guatemalteca: “Volví los ojos hacia los pobres indios, tan aptos para todo y tan destituidos de todo, herederos de artistas y maestros, de los trabajadores de estatuas, de los creadores de tablas astronómicas, de la gran Xelahú, de la valerosa Utatlán”.[12]

El cubano defendió esta “América fabulosa”, denunciando las “rencillas personales, fronteras imposibles, mezquinas divisiones”, que constituyen obstáculos al progreso humano y a la unión continental. “Ensalzando a la trabajadora Guatemala, y excitándola a su auge y poderío, ¿habré obrado contra ella? Rogando a una hermana que sea próspera ¿habré obrado en mal de la familia?”. He aquí las respuestas interrogativas de Martí a sus detractores. No vive para brindar alabanzas halagüeñas, sino para decir la verdad: “Un hombre nace para vencer, no para halagar”. La pasión explica su vehemencia y sólo lo mueve el amor que siente por Guatemala.[13]

El orador concluye su carta con ardor:

Estoy orgulloso, ciertamente, de mi amor a los hombres, de mi apasionado afecto a todas estas tierras, preparadas a común destino por iguales y cruentos dolores. Para ellas trabajo, y les hablaré siempre con el entusiasmo y la rudeza […] de un hijo amantísimo, que no quiere que sus amigos llamen a la energía necesaria, inoportunidad; a las resistencias sordas, circunstancias.

Vivir humilde, trabajar mucho, engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas, pagar a los pueblos el bien que me hacen: éste es mi oficio. Nada me abatirá; nadie me lo impedirá. Si tengo sangre ardiente, no me lo reproche U., que tiene sangre aragonesa.

Ud. me ha hecho mucho bien: –hágame aún más. No diga U. de mí, –que eso vale poco: “Escribió bien”, “habló bien”. –Diga U., en vez de esto: “Es un corazón sincero, es un hombre ardiente, es un hombre honrado”.[14]

Decir la verdad, sin hipocresía, a los seres estimados y para quienes uno desea lo mejor. Tal es la concepción de la amistad de José Martí.

En una carta de despedida a su amigo Fausto Teodoro de Aldrey, director del diario La Opinión Nacional de Caracas, del 27 de julio de 1881, José Martí le anuncia la inminencia de su salida de Venezuela para Nueva York y le expresa en términos cálidos su amistad y gratitud. Su apego a la tierra de Bolívar donde vivió varios meses es sincero. Se lleva las “tiernas muestras de afecto” que recibió, los “hidalgos corazones” y “los ideales enérgicos”. Martí se reivindica hijo de Venezuela e hijo de América, dispuesto a servir la causa de la emancipación. Informa también a Aldrey de que deja de aparecer su Revista Venezolana y se despide con hermoso homenaje: “A este noble país, urna de glorias; a sus hijos, que me han agasajado como a hermano; a Ud., lujoso de bondades para conmigo, envía, con agradecimiento y con tristeza, su humilde adiós José Martí”.[15]

En otra misiva a Bartolomé Mitre y Vedia, director del periódico La Nación de Buenos Aires, del 19 de diciembre de 1882, Martí expresa su alegría al recibir la correspondencia de sus amigos, sobre todo cuando una comunidad de ideales y pensamientos une a las personas.[16]

El cubano responde positivamente a una propuesta de colaboración mensual en el diario argentino. A partir de enero de 1883 mandará sus crónicas sobre Estados Unidos desde Nueva York, pero usará su pluma para emitir críticas constructivas: “Suelo ser caluroso en la alabanza […]. Cuando haya cosas censurables, ellas se censurarán por sí mismas”. Lamenta por ejemplo “este amor exclusivo, vehemente y desasosegado de la fortuna material”, que corrompe las sociedades de América.[17]

Martí aprovecha la carta para revelar detalles más íntimos. Así, confiesa que no ha visto a su mujer y a su hijo desde hace “dos años” hasta su visita de diciembre de 1882. Martí resulta perturbado por esa ausencia familiar y afectiva, así como por su aclimatación difícil a la ciudad de Nueva York que le han quitado “el sosiego de espíritu y claridad de mente necesarios para escribir con honradez y serenidad cosas que han de leer gentes sensatas”. También le hace partícipe de sus aprietos económicos ya que apenas dispone del “papel” necesario para redactar la carta.[18]

Por otra parte, en una carta del 8 de julio de 1886 al director de La República de Honduras, José Martí lo informa de que redactará “periódicamente” para el diario una revista sobre la vida en Estados Unidos que sería de interés para la nación centroamericana. “La cultura no ha tenido todavía tiempo de distribuirse en la masa con la abundancia necesaria”, apunta el cubano. Es necesario brindarla a “nuestros pobres pueblos nuevos, bautizados en la ignorancia y en el odio”.[19]

José Martí denuncia también las “resistencias de los privilegios”, las “acumulaciones de poder en los caudillos populares”, el “desdichado servimiento de los hombres cultos”, las “mismas guerras frecuentes” que llevan a América Latina a la ruina y al deshonor. Al contrario es preciso sustituir ello por “la fe en nuestras fuerzas propias, el conocimiento de nuestras necesidades verdaderas, el desdén de los combates inútiles, y las virtudes de los trabajadores”.[20]

Martí, respetando las conveniencias, alaba el camino escogido por Honduras aunque peque de exageración: “Acá en Nueva York, por ejemplo, apenas hay país hispanoamericano que esté ante el público con más gallardía que Honduras”. Apunta con placer evidente que ese país, cuyos intereses se representan en “uno de los más bellos edificios de Nueva York”, suscita la apetencia de los hombres de negocios por sus riquezas naturales. El cubano concluye su misiva informando al director de que transmitirá todas las noticias de interés sobre todos los aspectos de la sociedad estadounidense.[21]

Las colaboraciones periodísticas de José Martí dan una idea de su impresionante actividad intelectual y de su prestigio por todo el continente. Los diarios latinoamericanos más importantes solicitaron regularmente los análisis del patriota cubano.

La independencia de América Latina

La independencia de América Latina fue la obra de toda la vida de José Martí. La corta misiva del 10 de abril de 1890 a Roque Sáenz Peña, representante de Argentina en la Conferencia de Washington y futuro presidente de Argentina (1910-1914), ilustra la dedicación constante de Martí a la libertad del continente. Es sólo un ejemplo entre muchos.[22]

En una carta del 8 de julio de 1893 a Pío Víquez, fundador del diario El Heraldo de Costa Rica, amigo íntimo que le tendió una mano fraterna en momentos difíciles, el Maestro llama a “mantener a esta América nuestra”. Aprovecha la ocasión para rendir tributo a Costa Rica que le abrió brazos acogedores: “Yo llegué ayer, insignificante e ignorado, a esta tierra que siempre defendí y amé, por culta y viril, por hospitalaria y trabajadora, por sagaz y por nueva”.[23]

José Martí también tuvo un intercambio epistolar con el dominicano Federico Henríquez y Carvajal, gran partidario de la independencia de Cuba. Su carta más célebre sigue siendo la enviada el 25 de marzo de 1895, el mismo día que redactó el Manifiesto de Montecristi con Máximo Gómez, que echa las bases de la Segunda Guerra de Independencia. En esta carta de despedida, Martí expresa su sentimiento. En vísperas de su salida para Cuba (el 11 de abril), se muestra lúcido en cuanto a los peligros: es tiempo de “encarar la muerte” para salvar a “la patria cuajada de enemigos”. Era inconcebible para el patriota cubano no participar en “la guerra necesaria” pues no se puede “predic[ar] la necesidad de morir y no empez[ar] por poner en riesgo su vida”. Martí es consciente de lo que le reserva el porvenir y no aspira a nada más que realizar su sueño de libertad: “Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber […].Quien piensa en sí, no ama a la patria […]. Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora”. Visionario, Martí sabe que el futuro de América Latina, amenazada por un poderoso vecino, depende de la libertad de Cuba: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa […]. Si caigo, será también por la independencia de su patria”.[24]

El Apóstol cubano dedicó así todas sus fuerzas a dos grandes misiones durante su existencia: la libertad de América latina y la realización del proyecto bolivariano de una unidad continental.

Conclusión

En estos intercambios epistolares a la vez políticos, profesionales y amistosos, se ve el lado humano y frágil del exilado cubano, atormentado por las dudas y las dificultades financieras, lejos de sus seres queridos, que solicita la ayuda material y sobre todo moral de Manuel Mercado, el amigo íntimo, el confidente. Cabalmente dedicado a la causa suprema de la libertad, José Martí atravesó la vida cual un sacerdocio y el sufrimiento y la soledad marcaron el camino tortuoso de su existencia.

Se descubre también al periodista perspicaz, prolijo e informado, sutil observador de la sociedad estadounidense y de las sociedades latinoamericanas, que multiplica las colaboraciones en el continente, y cuyo análisis fino e implacable es apreciado por las elites intelectuales latinoamericanas.

Se ve finalmente al José Martí patriota, plenamente dedicado a la causa de la independencia de Cuba y del continente latinoamericano. Clarividente en cuanto al peligro que representan las ambiciones expansionistas de Washington, obra para despertar las conciencias e impedir el desarrollo del tenebroso proyecto estadounidense.

Notas

[1] José Martí, “Dedicatoria a Lorraine S. Brunet », Obras completas, tomo 20, p. 510.

[2] José Martí, “Los lunes de La Liga”, Patria, Nueva York, 26 de marzo de 1892.

[3] José Martí, Versos sencillos (XLIV).

[4] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », 12 de abril de 1885.

[5] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », 13 de noviembre de 1884, in José Martí, Nuestra América, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », diciembre de 1889, in José Martí, Nuestra Américaop. cit. 

[10] Ibid.

[11] José Martí, « Carta a Valero Pujol », 27 de noviembre de 1877, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] José Martí, « Carta a Fausto Teodoro de Aldrey », 27 de julio de 1881, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[16] José Martí, « Carta a Bartolomé Mitre y Vedia »,19 de diciembre de 1882, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] José Martí, « Carta al Director de La República », 8 de julio de 1886, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] José Martí, « Carta a Roque Sáenz Peña », 10 de abril de 1890, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[23] José Martí, « Carta a Pío Víquez », 8 de julio de 1893, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

[24] José Martí, « Carta a Federico Enríquez y Carvajal », 25 de marzo de 1895, in José Martí, Nuestra Américaop. cit.

Tomado de: http://www.josemarti.cu

Salim Lamrani*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.

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Lo que EE.UU. realmente piensa del nuevo presidente del Parlamento venezolano. Por: Eva Golinger*

“El problema principal de Acción Democrática tiene nombre: Henry Ramos Allup”. Brownfield, quien fue embajador de Venezuela durante el periodo 2004-2007 calificó a Ramos Allup de “grosero, abrasivo, arrogante y puntilloso”.

“El problema principal de Acción Democrática tiene nombre: Henry Ramos Allup”. Brownfield, quien fue embajador de Venezuela durante el periodo 2004-2007 calificó a Ramos Allup de “grosero, abrasivo, arrogante y puntilloso”.

En un documento clasificado como secreto de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, Venezuela, el embajador William Brownfield tuvo palabras fuertes sobre el recién electo presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup. “El problema principal de Acción Democrática tiene nombre: Henry Ramos Allup”. Brownfield, quien fue embajador de Venezuela durante el periodo 2004-2007 calificó a Ramos Allup de “grosero, abrasivo, arrogante y puntilloso”.

El documento fue redactado el 17 de abril del 2006, ocho meses antes de las elecciones presidenciales en Venezuela que resultaron en la reelección de Hugo Chávez. Durante el año anterior, Ramos Allup había liderado esfuerzos de la oposición llamando a la abstención en las elecciones parlamentarias que tomaron lugar en diciembre 2005. Brownfield destacaba en su texto que “Ramos Allup se ha convertido en tal vez el promotor más vocal de la abstención electoral… Ramos Allup dijo que aquellos que promueven la participación en las elecciones presidenciales en diciembre 2006 estarían votando ‘con sus pantalones por los tobillos’. Él ha menospreciado a los que se han declarado candidatos”. Es irónico que el mismo proceso electoral que Ramos Allup boicoteó y desestimó en 2005, hoy lo ha llevado a la cabeza del parlamento.

Acción Democrática, uno de los partidos políticos tradicionales de Venezuela conocido por su corrupción, clientelismo y agenda neoliberal, ha sido un principal recipiente del financiamiento internacional, en plena violación de las leyes venezolanas que prohíben financiamiento externo a partidos políticos en el país. El embajador Brownfield criticó la dependencia de Ramos Allup del apoyo internacional. En una sección del documento secreto titulado “Resuelven nuestros problemas para nosotros”, Brownfield comentó, “En lugar de buscar los votos de los venezolanos, la principal estrategia política de Ramos Allup ha sido pedir ayuda de la comunidad internacional.” Brownfield también revela que representantes del partido Acción Democrática (AD) “han explícitamente y repetidamente pedido fondos y favores de la Embajada. Cuando un funcionario de la Embajada lo rechaza, lo piden de otro”.

Brownfield cita un ejemplo concreto:

“El primer vice presidente de AD, Victor Bolivar, quien solicitó financiamiento del oficial político (poloff), organizó una reunión en diciembre 2005 con el consejero político (polcouns) para pedir lo mismo. Cuando el consejero político cambió de tema, Bolivar y sus colegas de AD hicieron la misma larga y detallada solicitud en inglés, por si acaso el oficial no entendía.”

El embajador Brownfield después citó más ejemplos de las constantes solicitudes de AD para dinero y favores del gobierno estadounidense: “El ex diputado de la Asamblea Nacional de AD Pedro Pablo Alcantara llama y visita a la Embajada regularmente haciendo solicitudes para visas, becas para sus amigos, etc. El llama a diferentes oficinas de la Embajada si no recibe lo que pide”.

Aunque Henry Ramos Allup solo tiene dos días como el nuevo presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, su tendencia autoritaria se ha hecho visible. Ramos Allup ya ha violado flagrantemente una decisión emitida por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sobre la elección de tres diputados del estado Amazonas, juramentándolos aunque los resultados electorales están en proceso de revisión. El líder opositor también ha cortado los micrófonos de los diputados socialistas, retirado las pinturas de Simón Bolívar y Hugo Chávez de la AN y ha indicado que su objetivo principal es la remoción del Presidente Maduro durante los próximos seis meses. Su carácter dictatorial es conocido por el gobierno de Estados Unidos. El Embajador Brownfield afirmó que Ramos Allup “no apoya visiones alternativas… AD no solamente está organizado de manera vertical, también es dictatorial”.

A pesar de conocer bien las intenciones dictatoriales y anti-democráticas de Henry Ramos Allup, en un comunicado del Departamento de Estado el gobierno de Estados Unidos felicitó a la nueva Asamblea Nacional de Venezuela y su “importante papel avanzando y promoviendo un diálogo nacional”. La trayectoria de Ramos Allup, tal como lo describe Brownfield en su documento secreto, indica todo lo contrario.

Para Washington no es nada nuevo apoyar dictaduras y gobiernos autoritarios en América Latina, siempre y cuando sirven sus intereses y se subordinan a su agenda. A través de sus agencias financieras como USAID y NED, Estados Unidos ha invertido millones de dólares en el partido de Henry Ramos Allup y su coalición opositora. No importante que sea un dictador “delirante”, “repelente” y “grosero”, porque es su dictador delirante, repelente y grosero.

Tomado de: http://www.cubasi.cu

Eva Golinger*Escritora, investigadora y abogada estadounidense radicada en Venezuela. Es autora de varios libros sobre la relación de Venezuela con Estados Unidos. Su primer libro, El Código Chávez (2006), publicado en seis idiomas. Este libro que descifra la intervención de los Estados Unidos en esta nación sudamericana, fue calificado por José Vicente Rangel, entonces Vicepresidente, de “recordatorio alucinante de lo que Venezuela vivió durante los años 2001 a 2003”.

La Mirada del Imperio Sobre EL (200) utiliza los documentos obtenidos a través de EE.UU. para examinar las solicitudes de FOIA de Washington opiniones de febrero de 1992 intento de golpe de estado encabezado por Hugo Chávez.

En 2009 fue coautor de otro libro (con Jean-Guy Allard) llamado La Agresión Permanente, publicado por el Ministerio Venezolano de Información. El libro analiza la historia de los EE.UU. de “promoción de la democracia “, centrándose en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la National Endowment for Democracy (NED) y la CIA y los vínculos entre ellos y otras organizaciones como la Asociación Interamericana de Prensa y Human Rights Watch.

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Armas en EU: masacres y trasfondo. Editorial de La Jornada

Tienda para la venta de armas en EE.UU

Tienda para la venta de armas en EE.UU

Al dar a conocer un paquete de medidas ejecutivas con el que pretende contener el uso de armas de fuego –un mes después del tiroteo en San Bernardino, California, que cobró la vida de 14 personas–, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamó a reconocer la urgencia de acentuar el control de armamento en el país, y dijo que es posible hallar formas de reducir la violencia armada de manera consistente con la segunda enmienda, el anacrónico precepto constitucional que protege el derecho de los estadunidenses a tener armas de fuego.

Debe recordarse que, a raíz de los hechos de San Bernardino y ante la negativa del Congreso a aprobar legislaciones que limiten el uso de armas, la Casa Blanca anunció medidas que incluyen la obligación de que vendedores de esos artefactos cuenten con una licencia y realicen revisiones de antecedentes de los compradores; además, los departamentos de Defensa, Justicia y de Seguridad Interior explorarán la tecnología de armas inteligentes para mejorar la seguridad del armamento en manos de civiles.

Tales medidas, sin embargo, parecen insuficientes para contener un mercado que cobra miles de muertes cada año y que tiene como aliados primordiales los intereses corporativos del complejo armamentista de Estados Unidos, sectores retrógrados y bárbaros de la sociedad de ese país, como la Sociedad del Rifle, y también legislaturas locales. Debe recordarse que, a contrapelo de lo planteado ayer por Obama, el pasado primero de enero entró en vigor en Texas una ley que permite a los propietarios con licencia de armas de fuego de mano llevarlas a la vista en las calles y en diversos lugares públicos.

Una legislación que permita al gobierno lograr un mínimo control sobre la venta de armas sería un paso en la dirección correcta, pero eso no impediría –como no lo evita en países donde se encuentran vigentes leyes de esta clase– que los artefactos mortíferos siguieran cayendo en manos de asesinos.

El problema parece ser más profundo que la persistencia de una legislación cavernaria y bárbara y se relaciona, fundamentalmente, con un Estado que como rasgo histórico ha hecho de la exaltación de la violencia y de la muerte un método legítimo de acción.

Dos ejemplos claros de ese extravío ético de la superpotencia son, por un lado, la persistencia de la pena de muerte en varias de sus legislaciones estatales, así como la proyección de Washington como potencia imperial, belicista y agresora en el panorama internacional.

No debiera pasarse por alto que los gobiernos son ejemplo para sus respectivas sociedades y que el estadunidense ha enseñado desde siempre a su población que todo puede resolverse mediante la destrucción, la muerte y la violencia armada, por más que las agresiones de Washington contra otros países no hayan logrado más que complicar los problemas que buscaban solucionar, como ha ocurrido en Medio Oriente, donde las devastadoras incursiones en Afganistán, Irak y ahora Siria han creado el clima propicio para la expansión de agrupaciones fundamentalistas y, posteriormente, para el surgimiento del Estado Islámico.

Por desgracia, en tanto en Estados Unidos no tenga lugar una transformación profunda del poder público y de la ética política y social, las matanzas que cíclicamente enlutan a esa sociedad seguirán reproduciéndose en forma inevitable.

Fuente: La Jornada

Tomado de: http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.com

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