Textos prestados

¿Cuál es el objetivo del golpe de Estado en Venezuela? Por: Gaspar Velásquez Morillo

 

Víctimas de la ola de violencia desatada por los sectores de derecha el 16 de abril de 2013, para deslegitimar el triunfo electoral del gobierno del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro. Foto: Telesurtv

Víctimas de la ola de violencia desatada por los sectores de derecha el 16 de abril de 2013, para deslegitimar el triunfo electoral del gobierno del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro. Foto: Telesurtv

La saturación “Informativa y Comunicacional” llevada a cabo por el Imperio y la Ultraderecha en Venezuela con el apoyo irrestricto de los medios de comunicación del internacionales y de apátridas para imponer temas en la Agenda Política de la sociedad venezolana fue la que autocalificaron de la SALIDA que consiste en derrocar a Nicolás Maduro, Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, quien apenas tiene 10 meses en el ejercicio de sus funciones, por la vía de un Golpe de Estado articulado entre sectores meritócratas de la sociedad civil con sectores militares, insurrecciones de calles o el magnicidio. Pero esa saturación tiene como propósito también, impedir que salga a flote el verdadero problema en Venezuela, que es que los sectores de la Ultraderecha quieren dar al traste con la República Bolivariana de Venezuela la cual colisiona con sus exclusivos intereses y beneficios de clase social y retomar su supremacía social.

¿Cuál es el verdadero debate en Venezuela? Tenemos que retomar el tema central de discusión.

Atacar el Ministerio Público, destrozar sus instalaciones, desactivar sus funciones, mal poner a la Fiscal y al funcionariado fue la primera medición de fuerza. Vale recordar que en el año 2002 el Fiscal de entonces, Julián Isaías Rodríguez, develó comunicacionalmente en una audacia política que lo ocurrido y propiciado por Fedecámaras, sectores del mando militar, el liderazgo de la Central de Trabajadores de Venezuela y los meritócratas de la Gente del Petróleo fue un Golpe de Estado que prendió las alarmas nacionales e internacionales e inmediatamente le fue suspendida la señal en vivo de las televisoras en el país; entonces el pueblo se lanzó con furor a las calles a reclamar a su presidente legal y legítimo, que bien sabemos, fue el Comandante Hugo Chávez Frías.

En el momento actual, cada vez queda a la luz del sol la confluencia de toda la oposición de ultraderecha predispuesta y haciendo cada quien las tareas asignadas o auto asignadas para llevar a cabo los planes golpistas y desestabilizadores en la República Bolivariana de Venezuela; la idea fue repetir lo del pasado a poco tiempo del ejercicio gubernamental, generar la ingobernabilidad para dar el zarpazo final aunque para no aparecer tan grotescos, articular con un lenguaje engolado que justifique lo que no pueden justificar legal y legítimamente puesto que el presidente constitucional apenas tiene –repetimos- 10 meses en el ejercicio de sus funciones. Un aprendizaje que nos dota la Ultraderecha: utilizar, infiltrar, las instituciones del Estado y del Gobierno para sus propios fines golpistas y desestabilizadores. Ver en la web trabajo de mi autoría titulado ¿Estamos Infiltrados?

A pesar de que no lo digan públicamente, sectores de la derecha política fue sorprendida por la irrupción bajo la consigna de la SALIDA para sacar de la presidencia a Nicolás Maduro pero se trataba solamente de quien diera el primer paso porque el sentimiento de la Ultraderecha, su encono y frustración es precisamente dar un manotazo a la mesa.

Las aguas han corrido bajo el puente: guarimbas, destrozos, muertes, lo cual no nos puede hacer perder de vista la raíz del problema, sus vectores y vertientes. Si recordamos la gradualidad de los acontecimientos y lo escuchado en grabaciones donde afirman personalidades de la ultraderecha que lograron obtener en la brevedad del tiempo un acumulado de 120.000 millones de Bs. cantidad sideral que sumado a todo lo proveniente por diversas vías de EE.UU y de Colombia para lograr el acometido de derrocar el Gobierno de Nicolás Maduro.

Una intrincada madeja de conexiones e intereses económicos y financieros es el detonante puesto que los sectores económicos en Venezuela se nutrían de la renta petrolera y las recientes medidas gubernamentales colocaban en riesgo que se siguiera el tradicional modus operandi burgués, así como aplicación de la Ley de Precios Justos para salvaguardar y contrarrestar el detrimento de las condiciones de vida del resto de la sociedad pero como la Revolución Socialista Bolivariana es del pueblo, por pueblo y para el pueblo es de donde proviene la contradicción principal.

Las medidas de gobierno fue la del recontrataque de los sectores económicos quienes utilizando como palanca a los sectores de ultraderecha se anotaron a la aventura golpista, por lo que tuvieron que contar con una “apreciación política” de cada factor del Estado y del Gobierno y por supuesto el estudio del perfil de personalidad del liderazgo chavista y generar contradicciones personales donde no las había y por lo tanto había que “tirarse”, “asomarse” para ver la capacidad de aguante, así como  la impermeabilidad o no de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, así como de otros sectores sociales beneficiados o no por la Revolución Bolivariana, pero aún se sigue omitiendo en la ecuación burguesa al esperanzado y esperanzador pueblo llano y sencillo, a los trabajadores, así como también al grueso del activo de las filas revolucionarias, quienes disciplinados se mantienen a la expectativa y apoyando irreductiblemente – a pesar de los matices- el proceso de cambio. Aunque en esta situación veremos quién o quienes se autoexcluyen del proceso o son desplazados por sus posiciones ambiguas, vacilanteso traidoras del sentimiento popular.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como expresión y cobijo a la Ultraderecha es por lo tanto también Ultraderechista, se suma sin disimulo, a los planes golpistas con una retahíla de argumentos de complicidad, quedando en el escenario político del país: la Ultraderecha propiciadora y financista del descalabro institucional y golpista y del otro lado el Gobierno liderado por Nicolás Maduro que plantea la lucha política dentro del marco de la Constitución.

El sector social que le sirve de fermento y punta de lanza y del cual se valen los sectores de Ultraderecha son las y los estudiantes de algunas instituciones universitarias, además sectores desclasados y tarifados, donde en declaraciones de algunos detenidos es que perciben 3.000Bs por día para ocasionar guarimbas y desasosiego en la población.

Sirve de complemento y amparo al sector estudiantil, residentes de zonas de clase media alta, con la distinción de que se han desarrollado guarimbas en los municipios donde la ultraderecha obtuvo el triunfo en las elecciones municipales, donde cuyas comunidades se les impuso la modalidad de lucha conocida como las guarimbas y están a merced del propio vandalismo opositor, cuyas acciones destructivas afectan a otros residentes opuestos a estas manifestaciones pero que a la hora de expresar su incomodidad son abochornados y vejados, golpeados, por los y las radicales de la Ultraderecha. ¿Será que la Ultraderecha piensa que estos sectores de clase media se lanzaran a la calle en una actitud insurreccional y definitiva?

El otro escenario complementario al lego golpista es la guerra mediática, articuladas a las redes sociales que generan copioso acoso pseudo informativo comunicacional pero que en la mayoría de los casos falsifican la realidad, hacen fotomontajes, videos falsos, escriben mensajes estridentes de caos, desasosiego, magnificación de la realidad, pero que al cabo de las horas son rebatidas esas informaciones por la contraparte revolucionaria pero no dejan de surtir efectos transitorios en los y las más volubles pero no así en las y los blindados que es la mayoría.

Un hecho notorio es que algunos artistas, deportistas –nacionales como extranjeros-  aportan su presencia y su decir como bisturí para rasgar más el corazón de la patria y sumarse al arsenal desestabilizador emocional de la población venezolana sin ni siquiera hurgar en la cadena de acontecimientos desde 1998 hasta el presente.

Esa bravuconería, esa arrogancia y prepotencia de los sectores internos e internacionales que se involucran en esa acción de genocidio espiritual de la venezolanidad es porque es alentada en su etapa previa, en desarrollo y posterior, por la intromisión, financiamiento y estímulo de la Administración Obama y del Complejo Militar Industrial norteamericano que llevando a cabo toda una compleja gama de acuciosas tareas de veladas y abiertas amenazas, tanto militares, económicas, diplomáticas, así como psicológicas y mediáticas para ir estrangulando la Revolución Bolivariana dándole la mampara de “lucha por la democracia” pero en lo que el Imperio respecta, coloca en la mesa en definitiva, son sus intereses exclusivos: garantizarse y aumentar la cuota de petróleo y explotar el gas obtenidos de la potencia petrolífera mundial como es Venezuela ya que llevarlo del Medio Oriente son 50 días y llevarlo de Venezuela son a lo sumo 4 días y en cantidad.

A pesar del fuelle que le imprimen los medios de comunicación capitalista, las guarimbas se vienen extinguiendo, quedando la modalidad de lucha de crear focos insurreccionales pero no por ello, el plan golpista está agotado, este nuevo intento si es derrotado, venderá cara su derrota, pero el liderazgo de ultraderecha instigará a las y los fanatizados a inmolarse pero los liderazgos estarán a buen resguardo, y viendo a la distancia, los acontecimientos y jugando a desgastar al gobierno y sus bases de sustentación social e intentaran paralizar o perturbar entonces la fuente de ingresos que es la industria petrolera.

Dos iniciativas gubernamentales muy importantes pero que muy lejos de la sumisión nacional pero que están en el escenario internacional tienen cavilando al Imperio: a) Disposición de reabrir los canales diplomáticos entre Venezuela y EE.UU. b) Conferencia de Paz a distintos niveles dentro y fuera del país; que inclusive a nivel interno, crear la Comisión de la Verdad la cual sea activada en el poder legislativo para que investigaciones propias más las que suministre el Gobierno y el Estado emprender las causas y consecuencias del atentado a la Democracia con el Golpe de Estado propiciado por la Ultraderecha. c) Activar todos los mecanismos de articulación latinoamericanos y del Caribe, además del reconocimiento conjunto a la democracia venezolana por parte de China y Rusia.

Lo cierto es que en las actuaciones de la Ultraderecha que utilizó a los estudiantes no aparecen ninguna demanda estudiantil en su pergamino y menos engarzadas con la de colocar en riesgo la Democracia en Venezuela; lo que sucede es que a la Ultraderecha no le conviene y no tiene nada a mano superior a la Democracia Participativa y Protagónica, esa es su incomodidad histórica o su frustración. La Ultraderecha no tiene explicación al atolladero capitalista–imperialista de cómo en una línea, de un extremo hay un reducido grupo social que lo tiene todo y del otro extremo grandes cantidades millones de personas que mueren de mengua en el mundo. La naturaleza capitalista–imperialista no repara en eso ni eso es su preocupación. La Ultraderecha en sus planes en Venezuela suelen decirse entre ellos y ellas para darse ánimo: O es ahora o nunca. Lo cierto es que la historia tiene sus propias leyes.

Texto tomado del blog: http://aucaencayohueso.wordpress.com

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Periodismo versus inmigración. Por: Rosina Iglesias

Foto: La Región

Foto: La Región

Oyendo hablar a los periodistas españoles, uno puede llegar a pensar que todos los africanos quieren venir a vivir a España. Hablan de “ataque” a las vallas de Ceuta y Melilla. Se empeñan en decir que hay que “defender” la frontera. Insisten en que los subsaharianos que esperan para cruzar la valla son una “invasión” y que su éxito implica un “efecto llamada” para sus compatriotas.

La prensa española usa terminología militar con el objetivo de atemorizar a los españoles haciéndoles creer que estos hombres y mujeres migrantes representan un peligro. Asimismo, la prensa maneja las cifras a su conveniencia para dar la impresión de que 100, 200 o 300 personas intentando cruzar la frontera son muchas. No sólo no lo son, sino que son cifras ridículas si las ponemos en contraste con las del resto del mundo.

Según cifras de ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados), existen en la actualidad 45 millones de refugiados en el mundo, procedentes en su mayor parte de Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Siria, Irak, Afganistán y la República Democrática del Congo.

Lo que más llama la atención cuando se analizan los informes sobre los refugiados es cuáles son los países receptores; ya que, en contra de la creencia general, los refugiados residen en su mayoría en Pakistán (1.621.525), Irán (862.790), Jordania (613.104), Kenia (550.506), Turquía (511.936) y Etiopía (407.646). Alemania, aun siendo el país europeo con mayor número de refugiados, está muy lejos de esas cifras, con 168.512 personas con este estatus, según datos de UNHCR.

En contra de lo que la prensa insinúa, España es uno de los países con menor recepción de refugiados, ya que únicamente hay 4.510 personas con esta condición en nuestro país. En 2012, se recibieron 2.580 solicitudes de refugio, de las cuales sólo se concedieron 508. Estonia es el único país europeo con menor número de refugiados que España, con 65.

Pasemos a hablar de las cifras de migración

Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en España residen 5.294.710 extranjeros, de los cuales 2.563.803 proceden de otros países de la Unión Europea. En estas cifras están incluidos los extranjeros que vienen por trabajo, estudios o que fijan aquí su residencia al término de su edad laboral.

Un total de 314.358 personas procedentes del extranjero establecieron su residencia en nuestro país durante 2012 y 476.748 abandonaron España con destino a algún país extranjero; con lo que, por tercer año consecutivo, el saldo migratorio fue negativo.

De los 314.358 migrantes procedentes del extranjero, 32.380 eran de nacionalidad española y 281.978 extranjeros. En cuanto a movilidad hacia el exterior, de las 476.748 personas que dejaron España durante el año 2012, 59.724 eran españoles de nacimiento.

En conclusión, el periodismo nos está alertando sobre un supuesto “efecto llamada” teniendo a su disponibilidad la información del INE que nos dice que en los últimos años se ha ido de España más gente de la que ha entrado, tanto si hablamos de extranjeros como si hablamos de españoles de nacimiento. ¿Por qué nos engañan? Porque así se lo piden los grupos políticos de extrema derecha al estar cercanas las elecciones europeas, con el objetivo de conseguir votos basados en el miedo y el odio a lo distinto.

La tendencia actual en Europa es el crecimiento de las migraciones del norte hacia el sur, ya sea para buscar trabajo, estudiar, retirarse o regresar al país de origen. Los movimientos migratorios de norte a sur afectan a millones de personas cada año y deberían tenerse en cuenta en los debates sobre la implicación de esta migración en el desarrollo. Aunque la mayor parte de los que se desplazan del norte se dirigen a otro país del norte (el mayor desplazamiento en el mundo en este sentido son alemanes que emigran a Estados Unidos), la emigración de personas nacidas en el norte que buscan trabajo en el sur se ha incrementado considerablemente en los últimos años.

Contrariamente a la impresión que nos dejan los medios de comunicación, gran parte de la migración norte-sur se debe a los migrantes que regresan a sus países. A pesar del crecimiento de estos desplazamientos, no existen estudios suficientes para valorar sus efectos ni su tendencia a corto o largo plazo.

Dejando a un lado los números, el crecimiento de la migración norte-sur nos recuerda que la mayoría de los países del mundo son a la vez países de origen y destino, lo que nos debería llevar a debatir sobre las características de la migración actual. Con demasiada frecuencia, este debate se centra en las cuestiones relativas a los derechos y acceso al mercado laboral de los migrantes del sur que buscan trabajo en el norte. En la situación actual, en la que hay un mercado de trabajo creciente en el sur para trabajadores del norte, se deberían empezar a cambiar los discursos políticos y periodísticos sobre migración con el objetivo de no desvirtuar la realidad.

La prensa española aprovecha las tragedias de Lampedusa y Ceuta para criticar los desplazamientos migrantes del sur al norte, engañando al telespectador haciéndole creer que 300 personas son una invasión si intentan cruzar una valla, pero son pocas si son los vecinos de una ciudad que se manifiestan contra su alcalde. Este tipo de prensa tiene la responsabilidad en el aumento de la xenofobia y el racismo en nuestro país.

Texto tomado de la publicación: http://www.lamarea.com

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Migrantes, la única “mercancía” sin libre tránsito en el TLC. Por: DesInformémonos.org

Lecciones para Zafirah. Documental de la cineasta mexicana Carolina Rivas.

Lecciones para Zafirah. Documental de la cineasta mexicana Carolina Rivas.

Son 20 millones en Estados Unidos, pero los migrantes mexicanos estuvieron ausentes de la discusión en la cumbre celebrada a veinte años de entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en la que los presidentes de México y Estados Unidos, así como el primer ministro de Canadá, discutieron cómo abrir las fronteras… a las mercancías. El Tratado trajo a México la profundización de la migración y su criminalización en el vecino país del norte, señala el investigador Iván Jiménez Maya, ante la indiferencia de los sucesivos gobiernos.

Aunque en las negociaciones de tratados de libre comercio existe la costumbre de agregar clausulas especiales sobre derechos humanos, democracia u otros temas sociales sensibles, la cuestión migratoria no se tocó en la negociación del TLCAN. “Fue un acuerdo de libre tránsito de mercancías, pero a los migrantes nunca se les incluyó. Se habló de que después se hablaría y se harían convenios”, subraya el doctor Jiménez Maya, especialista en migración.

Las únicas negociaciones sobre el tema son para establecer visas temporales o acuerdos de trabajo temporal, “que son sólo válvulas de escape” para el fenómeno migratorio, explica el estudioso. Se trata de convenios de trabajo por meses determinados, donde el trabajador queda “amarrado” a un patrón en específico y depende de él para salud y vivienda, y al terminar el periodo, son devueltos a México.

Estos acuerdos temporales sólo benefician a los empleadores, señala el geógrafo Jiménez Maya, y ponen a los trabajadores migrantes mexicanos “en condiciones no muy buenas, principalmente en el trabajo en el campo, que es muy desgastante, y en las labores más duras. Por ejemplo, nunca los mandan a la industria de la tecnología”.

Del péndulo a la huida

La llegada de las políticas neoliberales (entre ellas, el TLCAN) cambió la forma en que se daba tradicionalmente la migración, explica el investigador –que en sus estudios siguió a los migrantes de Valle de Tangancícuaro, Michoacán, hasta California, Estados Unidos.

Jiménez Maya explica que durante la época del programa “Bracero” (entre 1942 y 1964), se dio una migración “pendular”: los campesinos iban a Estados Unidos por temporadas, obtenían dinero para capitalizar sus parcelas y mejorar sus condiciones de vida en México, regresaban y se volvían a ir.

Con la reforma migratoria estadunidense de mediados de la década de los ochenta –que otorgó la ciudadanía a cerca de 2 millones de migrantes- y el agravamiento de las condiciones económicas en las comunidades indígenas y campesinas de México, muchos optaron por llevarse a su familia y residir definitivamente en “el otro lado”. Vino entonces del despoblamiento de comunidades, explica el geógrafo, nieto, sobrino y primo de migrantes él mismo.

Desde mediados de los años noventa hasta entrado el siglo XXI se registró un incremento constante del flujo migratorio debido a los cambios estructurales neoliberales, que retiraron las ayudas al campo, lo depauperizaron y dejaron a la gente sin alternativas de sobrevivencia, señala Jiménez Maya. “Donde ya había una historia migratoria, se profundizó. La gente sabe que en Estados Unidos o Canadá es explotada, pero aun así les pagan diez veces más que en México y prefieren irse”, detalla. El fenómeno se dio principalmente en las zonas rurales, pero en la primera década del siglo XXI se extendió a regiones del país donde no había antecedentes tan fuertes de emigración –como estados del sureste y el Golfo de México.

Los mexicanos migrantes (se calcula que son 20 millones en Estados Unidos) no regresan a su país de origen pues no ven oportunidades. “Acá es precario y no ven opciones. Allá hay redes, trabajos y nichos económicos que han creado, además de algunos subsidios, por lo menos anteriormente”, puntualiza.

La violencia asociada al narcotráfico (“hasta el momento en que yo estudié el fenómeno en Michoacán, en 2010, y en esa zona en específico”, precisa en investigador) no fue un fenómeno decisivo para que la gente se fuera al vecino país del norte. “La migración en esta zona ya tenía una historia y una dinámica propia, las comunidades ya estaban despobladas, y el 70 o 90 por ciento de los que se fueron ya eran residentes o ciudadanos”.

Mano de obra en movimiento o criminales

No solamente la negociación del TLCAN no contempló la libre circulación de la mano de obra. Se agregó la criminalización de la migración y el establecimiento de fronteras inteligentes (para dejar pasar solamente lo que necesitan los países receptores), con lo cual los aspirantes a llegar a Estados Unidos se desplazaron hacia cruces más peligrosos –lo que implica una mayor mortandad de migrantes-, precisa el investigador.

Jiménez Maya considera esto no es una situación que haya tomado por sorpresa a los gobiernos del TLCAN. “En esto no hay casualidades. Saben por dónde va el asunto y no van a permitir la entrada para todos, porque hay políticas internas de Estados Unidos, además del factor de la derecha y la ultraderecha”, puntualiza.

El gobierno mexicano menosprecia a la gran diáspora que representan los migrantes en Estados Unidos, valora Jiménez Maya. “No hay interés”, resume: Los gobiernos escuchan a los emigrados en los foros que estos organizan, pero no hacen nada más.

A pesar de las promesas de campaña de Enrique Peña Nieto y de los planes enumerados en el Plan Nacional de Desarrollo, en el primer informe presidencial solamente se le dedica un párrafo, denuncia el investigador Raúl Ross, veracruzano residente en Chicago. El informe señala: “Las embajadas y consulados continúan brindando asistencia consular a nuestros connacionales en el exterior. En estos primeros 9 meses se trabajó para incrementar la calidad, calidez y la tecnología en los servicios de documentación y de protección consular. Con el objetivo de apoyar el mejoramiento de las condiciones de vida de la comunidad mexicana en el exterior, se dio especial énfasis a la orientación en temas de salud, educación e integración cívica”.

Ross resalta la “conveniente” vaguedad con la que se enunciaron las promesas de campaña para los migrantes, y la falta de actuación en torno a las mismas, además de la falta de acción ante la reforma migratoria en Estados Unidos, cobijada por un alegato de “no intervención” en asuntos domésticos estadunidenses.

El desprecio mostrado por los distintos gobiernos tiene que ver tanto con su desconocimiento de todo lo que pueden aportar los migrantes, más allá de los programas como Tres por Uno, en el que “nada más se trata de tomar el dinero de los migrantes para cosas que son función del Estado. Ahí se abusa de ellos en ese aspecto”, acusa el estudioso.

Jiménez Maya prevé que la criminalización se mantendrá o empeorará, pues “Obama es el que más ha deportado migrantes: cerca de 2 millones de ellos”. Y sentencia: “No creo que haya un reforma migratoria adecuada en el futuro próximo”.

Fuente: desinformemonos.org

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org

Lecciones para Zafirah. (Sinopsis)

Referente indiscutible del cine mexicano de migración, Lecciones para Zafirah retrata hechos, rostros y gestos humanos que se dan cita en torno al tren La Bestia –que representa el vehículo simbólico de escape para miles de migrantes que viajan hacia Estados Unidos. A través de testimonios, captura la participación de personas en México que voluntariamente ofrecen ayuda a los migrantes: Las Mujeres de la Patrona y el padre Solalinde. Las imágenes de la película son compartidas con la hija de los directores –de nombre Zafirah– a manera de relato universal sobre la época en la que vive. Con un aliento crítico y gozoso, los directores muestran un retrato desolador, pero también maravilloso de la grandeza humana –invitando al espectador a transformar la mirada sobre los migrantes.

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El hombre que amaba las novelas históricas. Notas editoriales sobre las relaciones entre literatura, política y ciencia social. Por: Rafael Hernández*

El hombre que amaba a los perros. Autor: Leonardo Padura. Editorial: Ediciones Unión.

El hombre que amaba a los perros. Autor: Leonardo Padura. Editorial: Ediciones Unión.

Para Pablo Pacheco

Según le aseguraba Federico Engels a Miss Harkness en su famosa carta, él había aprendido más sobre el capitalismo europeo del siglo XIX leyendo a Balzac “que en todos los libros de los historiadores, economistas, estadísticos profesionales de la época, todos juntos”. Me gusta repetir esta frase, sobre todo delante de economistas y estadísticos, o para el caso, de esos científicos que pasean a lo desconocido guiados por números, gráficos y tablas, y arrinconan al arte en la tarea más bien contemplativa de disfrutar la belleza.

Engels estaba claro. Sin embargo, ¿se imaginan que para entender la sociedad europea de la primera mitad del siglo XIX las únicas fuentes a nuestro alcance fueran las novelas de la Comedia Humana? ¿Que para apreciar la huella de la Restauración posrevolucionaria en Francia o medir la fuerza del capital sobre los ideales de libertad, igualdad, etc., solo pudiéramos recurrir a las desgracias del joven Sorel en El rojo y el negro o el aprendizaje de Lucien de Rubempré en Las ilusiones perdidas? ¿O que en vez de Las luchas de clases en Francia, para comprender la Revolución de 1848 tuviéramos que limitarnos a la transida mirada de Flaubert en La educación sentimental? Pues bien, en Cuba, muchos se han enterado del papel de Trotski y el significado de Stalin en el socialismo del siglo XX, de la guerra civil española y sus complejidades, y de sus huellas sobre el pensamiento y la práctica de la izquierda en el mundo mediante El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura.

Naturalmente, ni esta novela histórica, ni ninguna otra sobre el tema, tienen la menor responsabilidad en ese páramo injustificable sobre la revolución rusa, la historia de la URSS y sus protagonistas, y del socialismo en el siglo XX, que ha prevalecido en Cuba, y que solo se explica por la renuencia a asumir el ajuste de cuentas con el socialismo soviético. Más bien todo lo contrario, habría que agradecerles a los creadores —narradores, dramaturgos, cineastas, artistas plásticos— que hayan puesto a la luz problemas como estos, y los de nuestra propia historia contemporánea, actuales o pasados, antes que las ciencias sociales, incluso desde época previa al Período especial.

Compartir esta valoración, sin embargo, no implica adjudicarle a esta novela ni a ninguna otra obra artística o literaria, la llave maestra para guiarnos por la escondida senda de la Revolución rusa, ni por sus resonancias descomunales a lo largo del siglo XX, algunas vibrantes todavía. Esta transferencia corre el riesgo de hacernos pasar, como ocurre a menudo, de la ignorancia a la simplificación.

I

¿Qué sabemos en Cuba sobre la Revolución rusa y la historia de la URSS? A pesar de que más de tres décadas de exposición intensa al país soviético, a su cultura y muy en especial a su modo de pensar y practicar el socialismo; de que más de 300 mil cubanos (cuento apenas a los universitarios civiles) estudiaron allá, y de que posiblemente estemos entre los países del mundo con más hablantes del idioma ruso per cápita, la historia rusa y soviética que la mayoría de los cubanos conoce es la escrita por un solo autor: el PCUS. No es nada más que no hayamos publicado la Historia de la Revolución rusa de Trotsky; o que la única edición de Stalin de Isaac Deutscher estuviera, por decirlo así, limitada. Es que más de veinte años después del fin de la URSS, los lectores cubanos tienen a su alcance menos de su historia, y pueden acceder a menos análisis basados en estudios documentados acerca de los bolcheviques o la perestroika que en casi ninguna parte.

Entre los años 70 y 80, desde luego, publicamos decenas de autores rusos y soviéticos —incluso algunos que sostenían tesis muy peculiares sobre las revoluciones en Cuba y en América Latina. Pero no dimos a conocer clásicos de la Revolución de Octubre, como los diarios de Isaac Babel o Víctor Shklovski; las memorias de Víctor Serge y de Pitirim Sorokim; los testimonios de los anarquistas que lucharon la revolución, como Makhno o Kropotkin. Tampoco hemos tenido acceso (me refiero a los cubanos que frecuentan las librerías) a obras de bolcheviques como Bujarin (con cuyo Manual de economía política polemizó Gramsci), y apenas una de Preobajenski (traducida en Cuba con el dudoso título de La nueva económica).

Naturalmente, a la larga lista de historiadores postsoviéticos —Roy Medvieiev, Nikrich, Andreev-Khomiakov—, y estudiosos de documentos desclasificados en los primeros años del desmantelamiento de la URSS (Iakovlev, Sevostianov, Khlevniuk, Bugai, Kozlov) tampoco los conocemos. Pero no se trata solo de historiadores profesionales, sino de documentos y testimonios de protagonistas, muchos de los cuales nunca fueron disidentes. Es el caso de Anastas Mikoyan o Georgui Arbátov, altos dirigentes o asesores desde la segunda posguerra mundial y hasta los años finales del sistema; ex-miembros del Politburó, como Grishin; ex-jefes de la KGB, como Semichastnyi, o ex-diplomáticos, como el sempiterno embajador soviético en Washington (y actor de la Crisis de octubre), Anatoli Dobrinin.

Incluso acerca de esta “Crisis del Caribe” —como ellos la llamaron—, a pesar de tratarse de un tema de historia de Cuba, y de que ha generado cierta producción intelectual y atención en nuestros medios, resulta que no hemos publicado ni siquiera selecciones de las memorias de Nikita Jrushov, difundidas en Occidente desde antes del fin de la URSS, cuya edición corregida y aumentada alcanzó cuatro volúmenes (Moscú, 1999). Sobre este tema inacabable de la Crisis de octubre de 1962, decenas de textos soviéticos y rusos esperan por la traducción al español, entre ellos algunos recientes como el de Alexander Fursenko, A Hell of A Gamble, que utiliza documentos desclasificados soviéticos; o las reflexiones de altos asesores de Nikita, como Fiodor Burlatsky.

En cuanto a la perspectiva del estamento militar, y sus principales jefes, naturalmente, en Cuba sí publicamos (o distribuimos editados por la Editorial Progreso) a veteranos de la Gran Guerra Patria, como el egregio Mariscal Zhukov (aunque la edición rusa “no censurada” que se publicó después está pendiente), a Rokossovski y otros altos jefes; sin mencionar otras memorias de generales, como Vasilievski y Gorbatov, o las revelaciones de ilustres agentes de inteligencia, como Alexander Orlov.

Deberíamos conocer las obras de algunos de aquellos kremlinólogos clásicos de Occidente —como el polaco Seweryn Bialer (a quien conocimos cuando visitó Cuba en los 80), Adam Ulam, R. H. McNeal—, los que a pesar de su anticomunismo contribuyeron con análisis muy documentados sobre la URSS tardía. Pero también de los expertos, como Gueorgui Arbátov, consejero de varios líderes del Kremlin (incluido Gorbachov), a quien muchos cubanos llegamos a conocer en Moscú, como director del prestigioso Instituto de Estados Unidos, con su libro El sistema, más revelador que la mayoría de los testimonios sobre los gulags y otros tópicos que han plagado la historiografía, la no ficción y las novelas históricas sobre el período —incluida aquella que sí se publicó en Cuba en los 60, Un día de Iván Denísovich, de Alexander Solienitsin, convertida en emblema del deshielo pos estalinista por el propio Jrushov.

Esta catarata de rusología apenas ilustra la inopia que apunté arriba. Algunos autores mencionados —Serge, Bujarin, Trotski, Babel, Shklovski, Kropotkin, Deutscher (de cuya biografía en tres tomos sobre Trotsky se nutre el propio Padura para su novela), y naturalmente, Lenin y el mismísimo Josif Visariónovich Djugashvili—, estuvieron entre las lecturas juveniles de algunos de nosotros en los 60; otros, como Arbatov o Fursenko, siempre se les pueden pedir a los amigos (“¿quieres un libro o una botella de Jack Daniels?”). No son pocos, sin embargo, los que yo solo tengo en un file titulado “Libros para buscar”, bajo la forma de referencias y reseñas de títulos que quisiera leer.

Al cabo, me pregunto si sería tan complicado o costoso armar al menos recopilaciones o antologías, si no de papel, quizás en soporte electrónico (como se dice ahora), para poner al alcance democrático de los bolsillos que frecuentan las librerías de la calle Obispo (no las de la Rambla), algunos de estos textos y autores. Tales ediciones virtuales o tangibles podrían encabezarse con prólogos que las pusieran en contexto, en su contexto, en vez de hacerlas rebotar en la cama elástica de la meta-historia —a la que me voy a referir en seguida.

II

Cuba es un país cuyo principal evento editorial tiene en su centro la literatura, territorio que, en sentido lato, abarca los géneros de “no ficción” (testimonio, entrevistas, crónicas, biografías, etc.). Apenas una editorial cubana produce nada más y nada menos que “ciencia y técnica” (entre ellas, las ciencias sociales); mientras, una decena se dedica total o mayoritariamente a las letras y las artes: Letras Cubanas, Arte y Literatura, Gente Nueva, Unión, casi toda Casa de las Américas, la mayoría de Oriente —la principal fuera de La Habana—, entre otras. Por mucho que también esas y otras editoriales, como la del Instituto Juan Marinello, publiquen obras de ciencias sociales, su menor peso específico en el conjunto de la producción editorial resulta evidente.

A este patrón desbalanceado se suma que los rangos de libertad de un escritor y de un investigador social son muy diferentes. Las vallas que debe saltar un sociólogo para publicar un texto sobre, digamos, los impactos indeseados del turismo (prostitución, drogas, mercado negro, etc.), la migración ilegal, la corrupción o el delito son incomparables con los que se presentan ante un escritor de novelas policíacas o de guiones de cine que recreen exactamente los mismos temas. No debe sorprender, entonces, que la literatura, en especial la narrativa (además del teatro y el cine) “se adelanten” a tratar los grandes problemas de la sociedad cubana y el mundo actuales, y ofrezcan su interpretación de la historia contemporánea, con ventaja respecto a la sociología, la ciencia política, la antropología, la psicología social, e incluso la historia y la economía.

Algunos sostienen que la frontera entre la novela histórica y la historia es muy fina; que al fin de cuentas se trata de relatos y metarrelatos cambiantes con la época y sus cánones; que los discursos ideológicos adoptan y adaptan la historia a sus propios patrones; etc. Supongamos que Gadamer y sus seguidores criollos tienen alguna razón. Consideremos, no obstante, un argumento.

En su calidad de producto artístico, la literatura no es solo (ni sobre todo) “un espejo que se pasea por la vida” —imagen que ya Stendhal citaba con sorna. Si así fuera, nadie leería hoy la Divina Comedia, pues el asunto que motivaba a Dante, la bronca política entre güelfos y gibelinos, no le interesa ya ni a la gente que vive ahora mismo en Florencia. Si una literatura vive, es porque suscita problemas, ideas, sentimientos, fantasías, asociaciones y representaciones que tienen sentido para seres reales aquí y ahora. Si la sangrienta saga semilegendaria en que se basó Shakespeare para escribir Macbeth ocurrió realmente así o no, y si el thane de Cawdor mató al rey con una daga o un piolet de alpinista, da lo mismo. Sus sueños de poder, la manipulación escalofriante de Lady Macbeth, las vacilaciones del magnicida, su insomnio culpable, sus paranoias, sus reflejos autoritarios y supersticiosos, son el fermento profundo de una tragedia que nos sigue hablando hoy, no la historicidad de los hechos que narra.

Ahora bien, si en lugar de esa libre asociación inherente a la recepción del arte y la literatura, se induce una interpretación unívoca mediante códigos que intentan asimilar espacios y épocas distantes desde claves comunes; si la obra se postula como mapa para guiarse por la historia real, se remplaza el impulso de conocimiento propio del arte por una lectura limitada a entender el presente como simple emanación de un cierto pasado. Descifrar un período revolucionario lleno de situaciones extremas, como la de Cuba a fines de los 60, mediante la clave del estalinismo, corre el riesgo de reducir la idiosincrasia del responsable de vigilancia de un CDR en el barrio habanero de Mantilla a la de un operativo entrenado para el asesinato político por expertos al mando de Eduard Beria, en el Moscú de los años 30.

Como cuestión de rigor histórico, no de licencia literaria, fenómenos como la UMAP; las expulsiones de homosexuales, religiosos y personas no simpatizantes con el socialismo en centros docentes e instituciones públicas; el caso Padilla, y otros ejemplos de rigidez ideológica ocurren en un momento ajeno a la influencia soviética. Afirmar que las nacionalizaciones masivas de pequeños negocios por la Ofensiva Revolucionaria respondieron a una matriz estalinista revela ignorancia sobre el contenido específico de la política y el contexto ideológico prevalecientes en la Cuba de 1968. Rastrear el origen de ese peculiar estilo político nuestro, que toma la crítica como una forma de agresión, descalifica la opinión del otro como insustancial por el mero hecho de discrepar; o atribuirle el código genético de nuestro criollo autoritarismo a la cultura ancestral de una remota aldea georgiana, resulta ineficaz para entender la historia y la cultura cubanas. La ineptitud para reconocerle causas nuestras a nuestros propios problemas podría tener que ver más con un esquematismo ideológico que no se ha extinguido del todo entre nosotros, ni siquiera entre los abanderados de la crítica y la libertad del escritor. El sueño de esa libertad, parafraseando a Goya, genera también a menudo sus monstruos.

III

¿Cuál es la consecuencia de todo lo anterior para una lectura crítica sobre la producción del conocimiento social en Cuba, y para su diseminación?

El paso del campo intelectual de los 60 a los 70-80 no consistió en la radicalización política del pensamiento y la producción artística, la adopción del marxismo como eje del discurso político predominante y doctrina de las instituciones (desde la escuela hasta las organizaciones sociales), la valorización de los contenidos ideológicos del arte como dimensión fundamental de su interpretación, la caracterización de la producción cultural del capitalismo por su índole enajenante, y de un pensamiento crítico que —como práctica generalizada— la descalificaba. No fue la polaridad de los discursos, su politización y su radicalidad a rajatabla lo que se inició con la década de los 70: todo eso ya estaba presente en la cultura de los 60. Los rasgos particulares de la marea iniciada con el llamado Quinquenio gris fue la estigmatización de la perspectiva crítica y del debate como prácticas divisivas y debilitadoras; la exclusión de todo enfoque alternativo al marxismo-leninismo en su versión más cerrada, calificado no solo como erróneo, sino peligroso; y el estrechamiento de los autores y obras puestas al alcance del lector cubano en el ámbito del pensamiento social y la teoría a los parámetros de la producción intelectual de los países socialistas, en especial, la URSS y Europa Oriental.

Una muestra de la actividad de una sola casa editorial, Ciencias Sociales, resulta reveladora de esta evolución, reflejo del biorritmo ideológico y cultural característico del socialismo cubano. Examinemos sumariamente tres de sus etapas.

En los cinco años que transcurren entre 1967 y 1971, el patrón editorial predominante se caracteriza por los siguientes rasgos:

1. Amplio abanico de disciplinas, no solo historia, política y economía, sino sociología, antropología, relaciones internacionales, filosofía, teoría social y cultural, análisis político.

2. Espectro político e ideológico relativamente amplio. Abundaban los discursos de dirigentes de la Revolución y las obras de los clásicos marxistas, así como textos de la nueva izquierda latinoamericana, de miembros activos de redes tricontinentales como la OSPAAAL, incluyendo africanos, árabes, vietnamitas. Pero muchos títulos de tema político no eran de dirigentes o doctrinarios marxistas, sino de sociólogos y analistas políticos, pertenecientes a una variedad de enfoques.

3. En esos cinco años, solo la editorial Ciencias Sociales publicó autores marxistas y no marxistas, como los italianos Niccola Abagnano, Antonio Gramsci, Antonio Labriola, los norteamericanos Herbert Marcuse, John Kenneth Galbraith, Oscar Lewis, George Thomson, C.Wright Mills, Arthur Schlesinger, Paul Sweezy, los franceses Jean Paul Sartre, Auguste Cornu, Maurice Godelier, Gerard Walter, André Gorz, Georges Gurvitch, los húngaros George Lukacs y Bela Balassa, el polaco Isaac Deutscher, los belgas Ernest Mandel y Paul Bairoch, los británicos Edward Carr, Gordon Childe, Maurice Dobb, los alemanes Rosa Luxemburgo, Max Weber, Werner Jaeger, el austriaco Adolf Kozlik, los africanos Ben Barka, Ahmed Sekou Touré, Mustafá Lacheraf, el vietnamita Le Chau, el martiniqués Franz Fanon.

Con la entrada de los 70, la estructura de esa producción editorial se transformó de manera dramática.

1. La diversidad de disciplinas característica de los 60 se polarizó notablemente, y se concentró en un campo: la historia. De los 230 títulos publicados por la Editorial de Ciencias Sociales en 1972-76, 80 (es decir, el 35%) fueron sobre historia, la mayor parte de Cuba, en particular el período colonial y las dos primeras repúblicas, hasta los años 30. En todo el período, solo 14 títulos estuvieron dedicados a la sociología; y 5 a la antropología.

2. Aparte de los clásicos del marxismo y los discursos de dirigentes de la Revolución, los libros consagrados a la política contemporánea, a lo largo de todo ese quinquenio, no pasaron de 18. La teoría social contemporánea se redujo drásticamente. La mayoría de los títulos de filosofía no eran de pensadores actuales, sino obras clásicas: Kant, Hegel, Platón, Bacon, Campanella, Tomás Moro, Feuerbach, Rousseau, Aristóteles, Spinoza.

3. La diversidad de autores característica de los 60 se contrajo al denominador común de la Unión Soviética, con las obras filosóficas de Konstantinov, Afanasiev, Illin, Frolov; las de teoría económica de Fedorenko, Rumiantsev, Mayorov, Aksiohova; las de sociología de Zdravomislov y Andreieva. El puñado de textos sobre política pertenecían a Krupskaia, Turovtsev, Smernova, Brezhnev, Basmanov, Dimitrov. La lista de autores de “Occidente” (es decir, del resto del mundo no socialista) alcanzó apenas una decena: Philip Foner, Armand Mattelart, Ariel Dorfman, Felipe Pardiñas, Gunther Radezun, Celso Furtado, Harold Faulkner, James Frazer.

En el inicio del período 1972-76, la revista teórica emblemática de los 60, Pensamiento Crítico, desapareció. Pero el estrechamiento de criterios editoriales no duró un quinquenio. A diferencia de lo que pasaría en la producción y el mercado de la literatura, y sobre todo en el cine, la plástica y el teatro de fines de los 70 y los 80, en las ciencias sociales ese patrón del período 1972-76 se extendería a los tres quinquenios siguientes. Un achatamiento como este no se compara con el de ninguna otra esfera de la vida intelectual y cultural del país.

Sin embargo, en la década de los 80, el sector de la ciencia, la educación superior, la cultura, las relaciones exteriores, los diversos ministerios dedicados al campo económico (Economía, Trabajo, Comercio Exterior, etc.), los medios de difusión, el PCC, entre otros sectores, auspiciaron centros de investigación en el campo de las ciencias sociales. A pesar de la devastación del Período especial, muchas de estas instituciones resurgieron o se establecieron en la segunda mitad de los 90, hasta alcanzar hoy un número y una variedad muy superior a la que existiera en los 60.

Como parte de la propia crisis y de la reanimación del debate público hoy se vive en otro contexto de ideas muy diferente al de los quinquenios 70 y 80. El mundo de las instituciones académicas y de investigación, científicas, educativas y culturales se ha extendido y multiplicado, y el espacio público se ha enriquecido de manera insólita. En el registro nacional de publicaciones periódicas, a la altura de 2012-2013, estaban inscritas 153 revistas literarias y artísticas, y 172 de ciencias sociales, incluyendo impresas y digitales.

Sin embargo, la producción editorial de libros en este campo presenta datos desoladores. De los apenas 185 títulos publicados solo por la Editorial Nuevo Milenio en la esfera de las ciencias sociales en el quinquenio 2009-2013, 44% correspondían a historia. La mayoría de esos títulos que abordaban el período revolucionario eran apenas recopilaciones testimoniales. La ciencia política y la sociología, para no hablar de la teoría social y las corrientes filosóficas contemporáneas, estaban prácticamente ausentes. Apenas 17% (31 títulos) fueron de autores no cubanos, la mayoría de ellos caracterizados por su adhesión a la Revolución cubana.

Resulta difícil atribuirle a escasez de recursos, necesidad de priorizar otros renglones de la producción intelectual, falta de casas editoriales en el país, y mucho menos a criterios relacionados con la influencia ideológica soviética, la pobre disponibilidad de títulos de ciencias sociales representativos del pensamiento contemporáneo, y de la propia producción de los investigadores cubanos, en comparación con la multitudinaria presencia de otros géneros, como la poesía, o las masivas tiradas de libros de cocina.

El debate sobre los problemas centrales de la sociedad cubana actual no está constreñido hoy al radio de acción institucional de las ciencias sociales. Cuestiones como las de la discriminación racial y el prejuicio, la orientación sexual, las diferencias intergeneracionales, la crisis de valores morales e ideológicos, el flujo migratorio y sus motivaciones, las visiones acerca del modo de vida capitalista, la libertad de expresión, la sociedad civil y el pluralismo, y otros muchos igualmente complejos y sensibles están siendo tratados en diversos espacios, incluidos los de la literatura, el arte, el teatro, o el cine que se hacen y se consumen en Cuba. La labor de los investigadores de las ciencias sociales no informa como debiera este debate, ni se beneficia de él.

La falta de difusión de los resultados de la reflexión y la investigación en ciencias sociales afecta la conciencia social y la ideología, y lastra el desarrollo de una cultura socialista acorde con los nuevos tiempos.

Las ciencias sociales pueden tener, al igual que la cultura en general, un papel más activo y eficaz en el intercambio con el exterior. Rehuir ese debate porque se da en un entorno percibido a veces como desfavorable o adverso deja el terreno libre para los conceptos y enfoques contrarios. Si no somos capaces de ejercer nuestra propia crítica, de manera fundamentada y argumentada, ese espacio lo llenarán otros, muchas veces de manera extraña o distorsionada.

Los estudios culturales están convocados a profundizar en las raíces, el patrimonio, los valores de la tradición, la reinterpretación de nuestro pasado –pero sin limitarse a este ejercicio de recuperación histórica. Los cambios que afectan la cultura política real de la población; la desigualdad; los cambios en las relaciones sociales, la presencia de nuevas corrientes religiosas, los problemas reales de funcionamiento del sistema político, son centrales a la cultura cubana. El enorme impacto de la reinserción internacional del país, la avalancha de patrones culturales externos, y en general las transformaciones de la globalización sobre nuestra sociedad son demasiado importantes para ser la agenda exclusiva de una disciplina o institución.

Erradicar los vestigios de aldeanismo, y promover la actualización de nuestro debate interno con los problemas y desarrollo conceptuales del mundo contemporáneo, son una condición para lidiar con la avalancha ideológica de la globalización desde una posición que no sea meramente defensiva. Sin ese intercambio, confrontación y aprendizaje, no hay renovación posible.

Conceptos como derechos humanos, sociedad civil, pluralismo, democracia, transición, libertad de expresión deben ser reivindicados en términos teóricos y prácticas culturales concretas, no regalados al pensamiento conservador y antisocialista. Se trata de contribuir a reconstruir su sentido, no solo para la cultura cubana, sino para el pensamiento radical en el mundo contemporáneo.

El análisis, los argumentos y evidencias que aportan las ciencias sociales a la apropiación razonada de los valores culturales del socialismo —especialmente en las generaciones más jóvenes y educadas— no solo contienen un poder de convicción, sino que proporcionan enfoques y elementos de juicio imprescindibles para la recreación de una cultura socialista, a la altura del siglo XXI.

La escuela y los medios de comunicación no son más cultos porque integren los medios científico-técnicos, sino porque sean capaces de incorporar concepciones científicas y humanísticas más avanzadas, provocativas y novedosas. Es en esa cultura, y no meramente en la renovación tecnológica, donde radican los fundamentos del desarrollo social y cultural cubano.

Texto tomado de la publicación: http://temas.cult.cu

Rafael Hernández

Rafael Hernández

*Politólogo y escritor. Ha sido profesor en la Universidad de La Habana, director de Estudios norteamericanos en el Centro de Estudios sobre América; y profesor visitante en Harvard, Columbia y otras universidades de Estados Unidos, México y Puerto Rico. Ha publicado ensayos sobre políticas cubanas y norteamericanas, relaciones interamericanas, seguridad internacional, migración, sociedad civil, historia y cultura cubanas; así como tres libros de poesía y una pieza teatral. Dirige la revista Temas.

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Testimonios que hacen historia. Por: Olga Rosa Gómez Cortés

Operación Peter Pan, cerrando el círculo. Autora: Olga Rosa Gómez Cortés. Fondo Editorial Casa de las Américas.

Operación Peter Pan, cerrando el círculo. Autora: Olga Rosa Gómez Cortés. Fondo Editorial Casa de las Américas.

Las primeras palabras para agradecer a la Casa de las Américas, al Programa de Estudios sobre Latinos en los Estados Unidos, a Iris Cano, editora, a Ricardo Villares, en el diseño y a todos y todas cuanto hicieron posible este libro.

El saludo en nombre de Estela y Ernesto Bravo que en el veinte aniversario de las relaciones Cuba-Sudáfrica comparte su obra fílmica con el público de ese país, por invitación de la Fundación Nelson Mandela y el Congreso de los Sindicatos.

Con mucho gusto comparto con ustedes algunas ideas sobre este libro que hoy presentamos en el marco de la Feria, lo que tuvo un primer y significativo momento el pasado 10 de enero en la Casa de las Américas, que nos dejó un grato recuerdo. Este volumen que lleva por título: Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba hace treinta y cinco años comenzó a gestarse no como libro, sino como documental. Usualmente ocurre a la inversa, y explico.

Dentro de la amplia obra documentalista de Estela Bravo — siempre acompañada por Ernesto, su compañero en la vida, en su labor periodística y en su realización artística— se inscribe el documental Los que se fueron. Cuando lo filmaban en 1979 tuvieron un primer acercamiento a la historia de los Peter Panpor intermedio de emigrados cubanos. Ese propio año, en New York, conocieron y entrevistaron a la artista Ana Mendieta, quien salió de Cuba cuando apenas tenía 12 años y a otros dos jóvenes que habían atravesado por iguales circunstancias e intercambiaron sobre el tema con monseñor Bryan O. Walsh, figura principal la operación en Miami.

Veinte años después, en 1999, conocen a Ely Vilano Chovel. Ella había trabajado, ya en ese momento, en la localización de otras personas que siendo niños habían viajado en iguales circunstancias a los Estados Unidos, logró contactar con más de dos mil, creó una organización con el propósito, como dijera en esa entrevista, de «recapturar la historia para dejarla a losque vienen detrás, con la esperanza de que aprendan por el dolor, por el coraje que tuvimos, por todo lo que nosotros pasamos».

Estela y Ernesto, impactados por el conocimiento de esos acontecimientos emprenden la búsqueda de otros testimoniantes de aquellos acontecimientos y deciden filmar un documental. Fue un largo proceso que culmina en el 2010. El documental Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba obtiene, en la 32 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, un premio Coral.

¿Por qué el libro?, ¿cómo surge?

Mientras daban los toque finales a la película tuve acceso a aquel material de incalculable valor, se trataba de un gran número de entrevistas que, lógicamente, su contenido total no era posible incluir en el filme. Le comenté entonces a Estela que todo aquel trabajo merecía un libro.

Su respuesta fue rápida, con la característica agilidad de su pensamiento y con la viveza de su mirada me dijo: “¡Sí, tú lo haces!”. La sorprendida fui entonces yo, pero sus argumentos, su energía, la convicción que no debían perderse ideas de las expresadas, la necesidad de salvaguardarlas como parte de la memoria histórica comenzamos los tres una labor mancomunada que dio como resultado el libro.

Me parece necesario apuntar que sobre esa Operación hay otros textos, escritos en Cuba y en el exterior. Especial importancia tiene el volumen de la Editora Política, de Ramón Torreira y José Bajuasán: Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, que es una verdadera obra de cabecera para el acercamiento a este tema, por tratarse de un estudio detallado y minucioso de gran valor histórico, con una amplia base documental.

¿Cuál es entonces la particularidad del libro que presentamos?

Basado en los testimonios individuales de las personas entrevistadas su objetivo es reflejar, desde el punto de vista del impacto humano y emocional, diría que en primera persona, motivaciones y vivencias de sus protagonistas.

Su lectura permitirá apreciar que las opiniones y los puntos de vista expresados no son siempre coincidentes, incluso entre quienes siendo niños fueron partícipes de aquellos acontecimientos y sus propios padres, quienes tomaron la decisión; Recoge testimonios de organizadores de la Operación, que emitieron libremente sus criterios y argumentos. En ambos casos el lector podrá llegar a sus propias conclusiones.

Contiene la mirada de personas que sin ser protagonistas, fueron testigos cercanos y aportan interesantísimas opiniones sobre la operación, su génesis y sus consecuencias. ¿Quiénes son los testimoniantes?

En primer lugar niños, hoy adultos, que fueron enviados a los Estados Unidos por sus padres, quienes de una u otra forma expresaron cómo se sintieron y qué significó aquella separación familiar y su inserción en una nueva y desconocida realidad.

Así podrá encontrarse en este texto lo que dice Ed Canler: «Fue como arrancar un árbol joven de la tierra»; o Alex López: «Éramos niños, niños pequeños, esa fue la primera violación»; o Manuel Ramos: «Es un trauma que llevaré por el resto de mi vida»; o Flora González: «Mi hermana me tenía a mí, yo no tenía a nadie»; y Zenón Arribalzaga: «Creía que iba a ser aceptado como un americanito, lo que nunca ocurrió»; o lo que narra Francisco Méndez: «Lloré tanto esa noche que nunca más he llorado en mi vida»; y Candi Sosa: «Yo me fui de Cuba, pero Cuba nunca se fue de mí»; o Ana Mendieta: «Siento que en la tierra cubana, en el suelo cubano, hay sangre mía»; o las emotivas palabras de Juan Monje cuando al cabo de los años viajó a Cuba: «Cuando vi la bandera en el Morro, lloré como un niño, allí estaba sola, soberana»; o lo que explica Silvia Wilhelm: «Todo era muy secreto, no podíamos decírselo a nadie».

Transitar por el camino de estos testimonios descubre hasta dónde laceró a la inmensa mayoría de esos niños o adolescentes verse obligados a vivir en el seno de familias ajenas, con otra lengua, otra cultura, con hábitos diferentes; ir a vivir a orfelinatos, algunos conocer la ruptura abrupta de la inocencia, su inocencia, por una violación física y espiritual; el significado emocional del desconcierto, la incertidumbre, el sentido de la soledad en edades tempranas. Aun cuando, como resultado de un gran esfuerzo personal hayan logrado realizaciones personales y profesionales lo que debieron enfrentar marcó sus vidas.

Hablan también padres que expresaron el dolor que afrontaron aunque manifiesten no sentirse arrepentidos de la decisión tomada; familiares que sufrieron la separación, como Marina Ochoa, cineasta cubana, que dejó de ver a su hermano cuando apenas tenía siete años y que en cada carta a su mamá repetía, una y otra vez, en cuartillas y cuartillas: «Mami, ven, mami, ven, mamiven», ya después no escribió más, tampoco volvió a hablar español; de la profesora Marta Núñez, que vio partir a sus primos y a muchos de sus compañeros de la escuela donde estudiaba, la Academia Ruston.

Contiene asimismo testimonios de organizadores de aquella operación, como el propio Monseñor Walsh; James Baker, propietario y director de la Academia Ruston; Leopoldina Grau, Albertina O’Farrill. Llama la atención lo expresado por Monseñor Walsh: «El Departamento de Estado me dio la autorización para firmar» Se refiere a las llamadas visas waever, con las que los niños viajaban sin otras exigencias por parte del país receptor; o James Baker: «Antes de dejar La Habana cree un comité para trabajar la parte de Cuba»; o Leopoldina Grau: «Haríamos bien o mal, pero lo hicimos»; o Albertina O̕ Farrill: «Me siento muy orgullosa de haber hecho la operación Peter Pan»

Arrojan luz los testimonios de testigos de la época como el caso de Ruperto Hernández, el linotipista que descubrió, en la imprenta en la que trabajaba entonces, que se había acabado de imprimir una supuesta ley, que era falsa; de Ángel Fernández Varela, quien fue agente de la CIA y confesó a su hijos, antes de morir, su participación en la elaboración de la falsa ley sobre la patria potestad; de Francisco Aruca: «Ese plan fue basado en la mentira»; el de Álvaro Fernández Pagliery: «La ley no existía, la hicieron ellos mismos». Así como personas que hacen análisis muy interesantes, desde el punto de vista del contexto histórico en que se producen esos acontecimientos, como Nelson Valdés o Wayne Smith, en aquellos años diplomático de la embajada de los Estados Unidos en Cuba, quién además hizo el prólogo del libro y entre otras cosas afirma:«Fue irresponsable e insensible separar las familias».

De significativo valor el testimonio del Dr. Eusebio Leal, que ofrece sus vivencias personales, pero además una amplia y profunda valoración de esos acontecimientos, a los que califica como «una página oscura y triste de nuestra historia». El escenario en que ocurre la Operación Peter Pan, no está contenido en un capítulo específico, son los propios testimoniantes, con mirada propia, los que van proporcionando las referencias históricas.

Han pasado más de cincuenta años de aquellos hechos y cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que más de catorce mil niños cubanos fueran enviados solos a otro país? ¿Cómo es posible que sus padres los vieran marchar únicamente con el nombre de una persona por la que debían preguntar en el aeropuerto de destino, a su llegada? ¿Qué sucedió con la típica protección y hasta sobre protección que siempre ha caracterizado a la familia cubana, especialmente con sus miembros más pequeños e indefensos? En la medida en que se leen las entrevistas va como desbrozándose un camino para tratar de comprender lo que ocurrió y su significado.

Era la Cuba de 1960. Se producían en nuestro país profundos cambios en todos los órdenes que provocaron una gran conmoción. Una sociedad se fragmentaba y otra surgía, tenía lugar una radical polarización de la sociedad cubana; el gobierno de los Estados Unidos había comenzado a aplicar ya medidas y planes contra la naciente Revolución; los años 1959, 1960 y 1961 se caracterizaron por la ejecución de numerosos sabotajes: la explosión del vapor La Coubre, el incendio de la tienda por departamentos El Encanto; los bombardeos de los aeropuertos de Santiago de Cuba y de San Antonio y Ciudad Libertad en La Habana; la invasión por Playa Larga y Playa Girón en abril de 1961.

En el orden interno tenían lugar conflictos en instituciones educacionales dirigidas por un sector dominante del clero, conformado fundamentalmente por sacerdotes españoles; se creaban organizaciones clandestinas contrarrevolucionarias. El Gobierno Revolucionario respondía a las agresiones con un proceso ascendente de radicalización: intervención de las refinerías de petróleo, nacionalización con compensación de todas las grandes empresas propiedad del capital foráneo y nacional, nacionalización de las escuelas privadas, la expulsión de los sacerdotes católicos extranjeros que manifestaban una actitud de enfrentamiento al proceso que tenía lugar en el país.

En ese contexto los Estados Unidos comienza a aplicar, con relación a Cuba una nueva política migratoria que no tenía antecedentes, crea la categoría de refugiados políticos; el 3 de enero de 1961 se produce la ruptura de las relaciones de los Estados Unidos con Cuba y el cierre de su embajada en La Habana.

No es posible obviar el financiamiento millonario al Programa de Refugiados Cubanos aprobado por el gobierno de los Estados Unidos. Cifras que tuvieron un significativo ascenso en los años comprendidos entre 1961 y 1963 (de más 4 millones, a más de 38 y a más de 56, sucesivamente).

Forma parte significativa de ese entramado una multiplicidad de factores que también inciden en las decisiones de los padres que gestionaron y autorizaron el éxodo de sus hijos, de miles de niños cubanos. Entre ellos cabe mencionar la propaganda en torno a la llamada patria potestad o la pérdida de la patria potestad y contra la Campaña de Alfabetización a través de Radio Swam, creada desde mayo de 1960 y que trasmitía desde la isla de igual nombre, perteneciente a Honduras; el tradicional miedo al comunismo sembrado durante décadas entre la población de la isla; el temor a una inminente guerra civil a partir del presupuesto que se produciría la invasión armada de Estados Unidos. La labor de los sectores más reaccionarios de la iglesia católica, los púlpitos religiosos se convirtieron en tribunas para enfrentar el proceso revolucionario que tenía lugar en el país. No puede dejarse a un lado el criterio que el regreso de los hijos sería rápido o que los hijos se fueran delante y ellos irían detrás u otros como el temor de los padres a que sus hijos se involucraran en hechos contra la Revolución o que se sumaran a las ideas revolucionarias.

Los rumores, lanzados con toda intencionalidad, encontraron terreno fértil en los más sensibles sentimientos de maternidad y paternidad en quienes por su origen de clase, por la educación precedente o por añejas aspiraciones no supieron o no pudieron comprender que formaban parte de una horrenda manipulación.

En este libro podrán encontrar también el reflejo de algunas de las consecuencias de aquella separación: familias que nunca se unificaron, reencuentros en los que al decir de Candi Sosa, refiriéndose a su experiencia a la llegada de sus padres: «…eran las mismas personas, verdaderamente, las personas que se reunieron tenían los rostros familiares pero los seres que habitaban esos rostros ya no eran conocidos”; hijos que se negaron a abandonar a sus padres adoptivos y rechazaron a los biológicos cuando estos llegaron; padres e hijos que volvieron a estar juntos pero que no podían comunicarse: el idioma se había convertido en una barrera.

Se produjeron rupturas que no pudieron ser reparadas, resentimientos, sentimientos de culpa. Para algunos esa separación fue para siempre.

Queridos amigos que nos acompañan:

Cuando se aborda un tema como la Operación Peter Pan a través de la voz y la óptica de entrevistados que tienen su visión de aquellos acontecimientos cada cual expone «su verdad». Unos justifican su actuar y dicen no retractarse, otros describen su dolor, pero hay una realidad genuina y auténtica, en la que es difícil que no coincidan nuestros posibles lectores: no es posible la indiferencia ante el recuerdo de las lágrimas de los niños. Y para contribuir de alguna manera a que estos hechos no se repitan nunca más, a que el llanto infantil no humedezca otras almohadas, se hizo este libro. Este fue el cometido que nos trazamos quienes trabajamos en él. Serán los lectores quienes digan la última palabra.

Muchas gracias

Texto tomado de la publicación: http://laventana.casa.cult.cu

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René González: “Fue difícil dejar el país y quedar como un traidor”. Por Martín Granovsky

El Héroe de la República de Cuba, René González Sehwerert, junto a su esposa Olga Salanueva Arango. Foto: AIN

El Héroe de la República de Cuba, René González Sehwerert, junto a su esposa Olga Salanueva Arango. Foto: AIN

Empezó a cumplir con la misión que le encargó el gobierno cubano al robar un avión en Cuba. Hasta el comienzo fue clandestino y ni su familia sabía que volaría a Miami para meterse en las organizaciones que buscaban montar acciones agresivas contra su país. Condenado a 15 años, es el único de Los Cinco que fue liberado. Aquí cuenta su historia.

De mañana en una casa de La Habana, una ciudad inundada por especialistas que participan del congreso Universidad 2014 y por editores y escritores invitados a la Feria del Libro. El tipo con altura de basquetbolista que antes de la entrevista conversa con uno de los especialistas, Pablo Gentili, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, luce tranquilo. Es uno de los cinco cubanos que fueron procesados en Estados Unidos luego de infiltrarse en Miami para buscar información sobre los grupos violentos contrarios al gobierno de Fidel Castro. René González es el único de Los Cinco que está libre. Los otros siguen presos.

Me gustaría una definición de Los Cinco a cargo de uno de ellos.

Primero que todo, somos cubanos comunes. Somos hijos de un país que, como nosotros, ha tenido a muchos hijos. Crecimos bajo la amenaza del terrorismo, presenciando cómo se imponía sobre Cuba la muerte, desde Miami específicamente. Tuvimos que participar en entierros de compatriotas que habían sido asesinados por bandas terroristas establecidas en Miami con el apoyo del gobierno norteamericano. Y como cubanos se nos pidió que nos infiltráramos en esos grupos. Dijimos que sí y lo hicimos. Como resultado de esas acciones, el gobierno norteamericano nos detuvo en 1998 y nos sometió a un proceso fraudulento. La naturaleza de ese proceso es la que ha provocado que haya trascendido esta historia y que ya muchos nos conozcan alrededor del mundo. Hasta hoy yo soy el único que está en libertad y mis cuatro hermanos siguen en prisión. Pero, bueno, básicamente esos somos Los Cinco.

¿Cómo fue el inicio de la misión de infiltrarse? ¿El gobierno cubano pidió, ofreció u ordenó que lo hicieran?

Me piden. Esta no es una misión que se pueda ordenar. Y no sé qué hay que ofrecer. Es puro sacrificio. Al pedírmelo me insistieron en que lo pensara y me advirtieron que era una misión riesgosa. No lo pensé mucho y dije que sí.

¿Era una misión riesgosa o suicida?

Si todo salía bien, salías ileso. Nosotros no perdimos la vida, tuvimos que ir a la cárcel. Cuando yo hablo con los jóvenes en Cuba, se los digo: “Esto es una misión que si ustedes no quieren, no digan que sí”. Yo no creo que eso demerite a nadie. Sencillamente, tiene muchos riesgos y requiere de características que uno mismo ni siquiera se las imagina en el momento en que le proponen la misión. Las va descubriendo.

¿Qué características?

Soy un tipo bastante abierto y me cuesta trabajo fingir, por lo general. Y yo nunca pensé que pudiera hacerlo, realmente para mí fue lo más difícil. Incluso lo fue desde aquí. Yo a veces digo que fue más difícil aquí que allá. Porque aquí tuve que fingir antes de irme frente a mis hermanos, frente a mis compañeros, frente a la gente que me apreciaba, que me tenía en alta estima. Y, de pronto, me tuve que ir convirtiendo poco a poco en alguien distinto a lo que era. A lo mejor eso me fue ayudando, porque uno va dando pasos, pero los va dando con un poco, primero, de trabajo, un poco de dolor, porque a ti no te gusta defraudar a una persona cuya confianza tú estimas. Fue difícil tener que dejar el país y quedar para ellos como un traidor, como una persona que los había abandonado. Lo hice como lo haría cualquier otro, como cualquier policía que en cualquier país del mundo tiene que infiltrarse en una banda de delincuentes o de criminales sin ser él un criminal. Por eso cuando nos detuvieron sentí el alivio de poder volver a ser yo mismo.

¿En qué consistió el fingimiento inicial en Cuba?

De ser un militante te vas convirtiendo en una persona que empieza a decepcionarse, a desilusionarse. Pero no perdí el aprecio de mis compañeros. Las personas por lo general son generosas y se resisten a aceptar que tú cambies mucho. Eso es un instinto natural. Consideraron que yo seguía siendo buena gente. Mientras tanto renuncié a mi carrera. Era piloto. Como pasé a trabajar en deportes aéreos, había un espacio para volar.

¿La misión incluía robar un avión en Cuba y cruzar a la Florida?

Sí. Eran tiempos difíciles. En 1989 y 1990, la economía del país empezaba a sentir los efectos del derrumbe del campo socialista. Obviamente se resintió el deporte aéreo y volar se hacía más difícil. Un fin de semana logré ir a trabajar como controlador de vuelo. Por una de esas coincidencias del destino fue un argentino el que me llevó al sitio donde saltaban los paracaidistas. Se llama Santiago, un sobrino del Che que era paracaidista. Bueno, ese día me quedé en la torre. Se me dio cuando pararon los vuelos, porque el viento estaba un poco malo y no acompañaba la actividad del salto. Bajé, me monté en el avión y me lo llevé. Ya estaba en el punto de no retorno. Tenía que seguir. Una vez que sigues tienes que tener éxito, porque si no, caes preso o te matan. En realidad había pensado en que ese fin de semana me llevaría el avión en la madrugada del día siguiente. Pero cuando ellos me dicen que van a parar los vuelos, yo les insisto en que le echen gasolina al avión. Tenía 400 litros y no podían echarle más. Saqué mentalmente la cuenta. Me dije: “Bueno, con eso llego justo allá a los Cayos de la Florida”. Y, efectivamente, llegué bastante justo, pero llegué.

¿Con qué margen, con esos 400 litros?

Ninguno (risas). El vuelo duró una hora y veinte. Lo hice como un profesional, aunque el despegue fue un poco catastrófico porque me llevé el avión de la misma rampa de parqueo, sin alinearlo en la pista. El avión no estaba listo para el vuelo. Después de que lo despegué tuve que orientar todos los instrumentos en dos o tres minutos. Recuerdo bien cuando dejé la isla. El corazón se me apretó. Miré hacia atrás. Dejaba todo. Mi esposa, mi hija… Pero, bueno, el piloto se impuso. Me ocupó mucho tiempo el cálculo de la potencia, cómo hacía para irme más rápido de Cuba sin gastar demasiado combustible y después cómo reducir para ahorrar más combustible. Finalmente, subir y buscar un poco de visibilidad para encontrar los Cayos de la Florida. Y, bueno, ya al final del vuelo, la decisión de si lanzarme. En un momento pensé que tendría que tirarme en el agua porque no veía los cayos.

¿Paracaídas o amerizaje?

Amerizar cerca de algún barco.

¿Edad en ese momento?

Tenía 34 años.

O sea, menos de tres años el día de la Revolución Cubana, el 1ª de enero de 1959.

La generación mía fue una generación que absorbió mucho de la revolución. Yo nací en Chicago en 1956. Mi padre se integró en Chicago al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, cuando Fidel ya estaba en Sierra Maestra. Cuando la invasión a Bahía de Cochinos, en 1961, salen a las calles a protestar y son agredidos en Chicago. Deciden que su suerte está echada con Cuba y, entonces, vienen para acá en uno de los últimos barcos que en aquella época estaban dando viajes entre Nueva York y La Habana. Yo tenía cinco años y sólo algún recuerdo. En una ocasión, mi madre fue a hacer una gestión para el viaje a Cuba y me dejó con alguna amistad o una familia. Y se le ocurrió a la persona ponerme una peluca y recuerdo a mi madre entrando y escandalizándose porque no me reconoció. Recuerdo el viaje que hicimos desde Chicago hasta Nueva York en el automóvil, algunos lugares en que paramos a comer, cómo dormíamos mi mamá y yo en la parte de atrás del auto. Y también recuerdo el viaje en el barco, imágenes así del barco, de la cocina, de la piscina del barco, Guadalupe. En Cuba, mi padre se incorporó a trabajar en la construcción de una fábrica. En ese tiempo, el Che Guevara era ministro de Industria, y se estaban construyendo muchos conglomerados industriales para unificar actividades que más bien estaban dispersas. Y, entonces, el viejo trabajó en la construcción de una fábrica de plásticos, y recuerdo que yo vi al Che ahí, casualmente, le di la mano y todo, yo tenía ocho años, ya cuando ellos terminan de construir la fábrica y el Che la inaugura en diciembre del ‘63. El Che era adorado por nosotros. Cuando él termina, pasa por entre la multitud y la gente lo empieza a saludar, y mi hermano y yo, que estábamos en la plataforma opuesta, les pedimos permiso a los viejos para ir a saludar al Che y bajamos y nos metimos entre la gente y llegamos a donde estaba él y empezamos a decirle: “Che, Che”. Me pasó la mano por la cabeza, me dio la mano. Y a mi hermano. Pero eso nunca se nos olvidó.

Volvamos al vuelo hacia los cayos y el objetivo de aterrizar vivo.

Tenía que ir al Norte, pero el viento estaba fuerte por la izquierda, del noroeste. Salí, volé con potencia maximal por unos 5 o 6 minutos para alejarme rápido de las costas de Cuba, muy cerca del agua, a dos o tres metros de altura, y ya una vez que me alejé bastante reduje la potencia a potencia económica para poder volar más tiempo, más lejos. Así me mantuve un tiempo, para evadir los radares cubanos y evitar la intercepción cubana, hasta que calculé que ya debía estar cerca de los Cayos de la Florida. Entonces, decidí subir, ya despegarme del agua para buscar visibilidad. A ese régimen yo iba a unos 180 kilómetros más o menos. Empezaron los indicadores de emergencia de combustible a encenderse. Este avión tiene dos tanques, uno en cada ala, y cada uno de los tanques tiene un indicador, cuando le quedan 75 galones. Vi barcos. Decidí volar por arriba de ellos. Si después del último barco no veo tierra, a los cinco minutos regreso y me tiro en el agua al lado del barco para que me saquen. Sobrevolé el primer barco, el segundo, el tercero y empecé a contar y dije: “Bueno, aquí no hay otra, cinco minutos y, si no veo tierra, me regreso y me tiro al lado del barco”. Pasé por arriba del barco y empecé a ver el reloj. Un minuto, dos minutos, tres minutos, cuatro, cinco… Y la tierra. Una cosa increíble. Pensaba ir a la base de Boca Chica, que es la base naval que tienen los norteamericanos en el Key West. En ese momento me sentí como Cristóbal Colón. Ya dije: “Bueno, por lo menos si me tiro en cualquier lado es pegado a la tierra y ahí llego a tierra”. Y cuando empezó a aclararse ya la visibilidad, o sea, a acercarme, lo primero que tenía delante de mí era la base de Boca Chica, o sea que todo me salió perfecto. Me tiré. Fue un aterrizaje bastante brusco. Estaba muy tenso. El avión dio varios brincos. Recuerdo que ya cuando frené el avión, me quedé en medio de la pista con el motor en bajo, y traía un termo de café, lo abrí, me serví un café, me lo tomé y tiré el termo hacia atrás. Salió dando tumbos por ahí. Y me eché hacia atrás y me empecé a relajar, hasta que llegaron las autoridades. Hay quien dice que todo aterrizaje del que tú puedas salir caminando es un buen aterrizaje. Y, bueno, ése fue el caso. El trámite fue rápido, porque yo había nacido en Estados Unidos y presenté mi inscripción de nacimiento. Ellos no sabían en realidad qué hacer conmigo porque normalmente al inmigrante lo llevan a un centro de detención de inmigración. Pero al final localizaron a mi abuela, se hizo un trámite más bien personal, con un señor de origen cubano que vivía ahí en Cayo Hueso, y él me acogió esa noche y al otro día mi abuela pagó los pasajes y me fui para Sarasota con ella.

¿Sin ninguna sospecha encima?

Mi padre no era una personalidad pública. Salí de la base y en mayo de 1990 terminé instalándome en Miami, en lo de una tía abuela. Mi familia de los Estados Unidos no era de revolucionarios pero tampoco de militantes contra la revolución. Gente buena, de buenos sentimientos, con una larga historia de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Gente sencillamente noble que se había ido para allá en los años ’40. Ni anticastristas ni fanáticos de la política. Su preocupación siempre ha sido familiar, tanto desde que llegué allá como incluso después del arresto y todo. Los aprecio mucho.

¿Cómo fue el acercamiento a los grupos anticastristas?

Repetía el credo. El credo de que en Cuba las personas se arrastran por las calles, de que no tienen qué comer, de que se mueren y se caen muertos, de que la policía golpea a todo mundo en todas las esquinas. Cuando tú me preguntabas ahorita sobre la capacidad para fingir, yo te decía que es más fácil fingir allá. Primero, porque no implica un desgarramiento. Pero, segundo, porque es curioso que a ellos tú lo único que tienes que hacer es decirles lo que necesitan escuchar: cosas malas de Cuba.

Pero muchos decían esas cosas. ¿Cuál era el plus especial?

La forma en que llegué. Con un avión robado. Durante unos días fui una celebridad en el Miami Herald.

¿Había un objetivo especial de aproximación?

Iba viendo las circunstancias y me iba acercando a algunos grupos. Empecé por la CUPA, la Cuban Pilots Association, que era un grupo básicamente de pilotos. Muchos habían estado en Bahía de Cochinos. Otros habían sido mercenarios en el Congo. Había algunos célebres como torturadores en América latina, como Félix Rodríguez El Gato, que fue el que asesinó al Che y también tuvo sus vínculos con los torturadores y la dictadura argentina. Hoy disfrutando de la hospitalidad y la benevolencia del gobierno que lo formó como torturador, el de los Estados Unidos. Muchos habían ido del Congo a Nicaragua. Algunos, oficiales del ejército de Fulgencio Batista. Después me vinculé a HAR, Hermanos al Rescate, más jóvenes que los otros, aunque creados por veteranos como el terrorista Luis Posada Carriles, uno de los mayores criminales del hemisferio. Mi objetivo era primariamente recolectar información y enviarla para Cuba. Después, el gobierno cubano se encargaba de procesarla, analizarla y hacer lo que pudiera para desarticular acciones terroristas de los grupos contra Cuba. De paso, conseguí que terminaran en la cárcel dos narcotraficantes vinculados a esos grupos. Y eso también ayuda a desarticularlo porque se les acaba el sostén económico. Estuve ocho años entre esos grupos, desde el ‘90 hasta el ‘98 en que fuimos arrestados. Uno era el PUND y otro el Comando de Liberación Unido, que también tenía otro narcotraficante que pudimos identificar y lo desarticulamos. Y después al final me incorporé a lo que se llamó Grupo Democracia, que se dedicó a organizar flotillas para venir a provocar a Cuba, entrar en aguas cubanas, crear problemas entre los dos gobiernos. Y ése fue el último grupo en el que entré hasta que, bueno, se produjo la detención.

¿Cómo reaccionó y cómo fue evolucionando la familia con el tema?

Yo me voy como desertor. A mis padres eso los golpeó fuerte. No se lo podía decir a nadie porque, nada, son gajes del oficio, por decirlo de alguna forma. Es fuerte, esa es una de las cosas más duras. Mi hija tenía seis años cuando salí de Cuba. Al principio mi mujer decía: “Aquí todo parece indicar que ése es un avión que es un desertor, bueno, pues tengo que asumirlo así”. Después ella me ha contado un poco la historia, ella empezó a atar cabos. Y empezó a molestarse y hubo que decírselo. Pero eso tomó un tiempo.

¿Por qué en opinión de ustedes el proceso judicial fue fraudulento?

Yo me preguntaría: “¿Qué no tuvo de fraudulento?”. El sistema legal norteamericano, el sistema federal, es disfuncional. No solamente para nosotros. Normalmente ellos aplican un sistema que se apoya mucho en la capacidad de hacer una negociación de cargo. Entonces, su modus operandi es que ellos te sobrecargan, vamos a suponer que una persona traficó con diez kilogramos de cocaína, pero uno de sus asociados traficó con 30, entonces, acusan a éste también de los otros 30 y le dicen: “Bueno, te vamos a dar una sentencia de vida, pero si cooperas con nosotros te quitamos los 30, te dejamos con tus diez y te damos cinco años”. Si cooperas, los fiscales te utilizan para mentir y tienes que hacer todo lo que los fiscales pidan para que el juez dé cinco años. Y la primera mentira que esa persona tiene que aprender a decirle al jurado, que yo diría que es la mentira fundacional del sistema, es que los fiscales le prometieron eso, le propusieron eso, pero que el juez es el que decide. Estadísticamente el juez siempre decide por lo que los fiscales quieren. Y eso pasó con el caso nuestro. Y desgraciadamente eso es lo que ha llevado el caso hasta aquí. Porque efectivamente nosotros habíamos violado las leyes norteamericanas, nosotros éramos agentes no registrados, lo cual implica una sentencia de diez años como máximo, pero entonces ellos, para subir, acusaron a tres de mis compañeros de espionaje y a uno de conspiración para cometer asesinato en relación con el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en el año ‘96. Pero nosotros dijimos: “Vamos a juicio porque nosotros no vamos a aceptar cargos falsos”. Se complicó todo y así estamos. Yo no fui acusado de espionaje porque me ocupaba exclusivamente de grupos paramilitares. Nunca tuve nada que ver con información militar. Hubo compañeros míos que sí. Si tú no buscas información clasificada, no eres espía. No es un problema de espiar al Estado o no. Muchas personas confunden eso. Tú puedes buscar información del Estado, pero que no sea clasificada por ese Estado. Pero tú puedes buscar una información civil de una corporación que el Estado había clasificado porque le conviene mantenerla. Por ejemplo, un avance tecnológico X, y el Estado y esa corporación se ponen de acuerdo y la clasifican. Aunque esa información sea civil, si es clasificada, si tiene un cuño que dice “secreto”, tú estás cometiendo espionaje al buscar esa información. Ellos confundieron al jurado haciéndole creer que porque mis compañeros estaban buscando información de naturaleza militar, habían cometido o estaban tratando de cometer espionaje. Pero, en realidad, la información que mis compañeros estaban buscando era pública, era información visual, información de periódicos.

¿Quién fue el abogado?

Lo puso la corte. Philip Horowitz. Lo considero mi amigo. Hizo un buen trabajo. Lo que pasa es que si las instancias que tienen que impartir justicia no quieren, no importa que tú ganes. Yo comparo el caso nuestro con el caso de un corredor de 400 metros. Llega primero a la meta y el árbitro dice: “No, el que gana hoy es el segundo porque a mí me da la gana”. Esto es lo que hicieron los jueces. Todo árbitro imparcial que ha mirado el caso se ha dado cuenta de que es una barbaridad y estamos hablando…

¿Incluso analistas jurídicos norteamericanos?

Analistas jurídicos norteamericanos, asociaciones de abogados de los Estados Unidos. El comité de detenciones arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, todos han emitido fallos en los que indican que el juicio fue injusto, que fue ilegal y que no se cumplieron con los estándares del debido proceso.

¿Cuánto tardaron ustedes cinco en dejar de fingir?

Hasta que no empieza el juicio, tú no puedes volver a ser quien tú eras. Mantuvimos discreción durante los dos años de preparación del juicio. Lo coordinamos. Primero no podíamos admitir que éramos agentes de Cuba. A nuestros abogados les costó trabajo también. Como no les dijimos, ellos fueron los que vinieron a Cuba. Al final el gobierno cubano confió en su profesionalismo. Y se hizo una muy buena defensa. Realmente, en el juicio de nosotros los papeles se invirtieron. Gerardo, que es caricaturista, hacía caricaturas de los fiscales, y aquellas caricaturas recorrían toda la sala incluyendo a los que nos cuidaban a nosotros y terminaban con el estenógrafo, porque la gente se empezó a dar cuenta de que el juicio era una farsa. Y se sintió en la sala. Y el día que a nosotros nos declararon culpables, esos alguaciles nos fueron pidiendo disculpas desde la sala hasta el piso. Una cosa impresionante. Tú te impresionas cuando una persona que se supone que te cuida cambia su actitud hasta decir: “Pero ¿y dónde está el espionaje? ¿Dónde está el asesinato?”. Empezaron a ver las pruebas de nosotros, las provocaciones de Hermanos al Rescate filmadas, propagandizadas en la televisión de Miami como si fuera una gracia. Y ellos mismos nos decían: “¿Pero cómo es posible que el gobierno cubano haya esperado tanto para tumbar esos aviones?”. Sin embargo, yo nunca fui enseñado a odiar a Estados Unidos. Yo creo que un país es mucho más que sus fiscales, que su gobierno, y es mucho más que el puñado de millonarios que controlan la vida de ese país.

El abogado Horowitz, por ejemplo, parece haber seguido reglas basadas en la defensa de las garantías individuales.

Desde que tomaron la decisión política de cometer esta venganza, porque al final todo esto es una venganza contra Cuba en cinco hombres, cogieron el camino errado y tuvieron que componer ese error con más errores. Y al final terminaron haciendo el ridículo en la corte, terminaron siendo el hazmerreír de todo el mundo porque ellos lo decidieron. Si ellos hubieran hecho un trabajo decente, el caso se habría resuelto de otra forma y ellos no hubieran tenido que rebajarse como se rebajaron. Y nadie cubrió realmente el juicio en la prensa norteamericana. Al principio sí, The New York Times, pero cuando el juicio empezó a mostrar su real naturaleza, se desapareció la muchacha de The New York Times y más nunca fue. Entonces, lo cubrió la prensa de Miami. La mayoría fue pagada. Y fue el juicio con cargos de espionaje más largo de la historia norteamericana. Siete meses de juicio con testimonios orales y pruebas. Testificaron tres generales norteamericanos por la defensa, voluntariamente, a defendernos a nosotros. Los fiscales tuvieron que traer a uno, a un general, que es ahora James Clapper, que es el asesor de seguridad nacional de Obama, que además tampoco pudo decir nada malo en cuanto al espionaje. Testificó un asesor del presidente norteamericano. Se trató el tema del terrorismo. El gobierno cubano contrató para presentar el recurso en la Corte Suprema a lo mejor que pudo encontrar en Washington, que es un especialista en Corte Suprema, que además es analista para la CNN: Tom Goldstein. Y Tom Goldstein estaba convencido de que él iba a poner el caso en la prensa. En Estados Unidos todos los días se discute un caso judicial. El que se comió a la mujer, el que mató al niño, el perro que se comió al vecino… Tom Goldstein presentó un brief en la Corte Suprema solidísimo, se consiguió un record en la historia norteamericana de amicus curiae, que son briefs de amigos de la corte que ponen partes desinteresadas, que incluía premios Nobel, incluía parlamentarios internacionales, incluía asociaciones internacionales de abogados, asociaciones nacionales de abogados de Estados Unidos, 12 amicus curiae, eso nunca se había visto en la Corte Suprema. Y cuando Goldstein llamó a la prensa, no fue nadie.

¿Cuáles son las perspectivas de los cuatro que todavía siguen presos? ¿Cuáles son las deseables y cuáles son las posibles?

Habría que empezar por las sentencias. Uno de mis otros compañeros que sale próximamente es Fernando González, al que lo sentenciaron a 17 años. Le sigue Antonio, hasta 2017. Ramón, hasta 2024, y Gerardo que está condenado a dos cadenas perpetuas. Este caso no se va a resolver en el ámbito legal. El ámbito legal ha sido una envoltura, para servir a una decisión política que se tomó. Se tomó la decisión política de vengarse de Cuba en cinco hombres. Hubo un panel de tres jueces que rompió con esa decisión política y después se revirtió.

¿Ellos mismos lo revirtieron u otra instancia?

Otra instancia del mismo tribunal. Pero todo ha sido una decisión política y yo creo que la solución va a ser igual: una decisión política. Puede ser usando la vía legal. De la misma forma en que les hicieron señas a los jueces para que violaran la ley, les pueden hacer señas para que la cumplan. Nosotros siempre hemos dicho es que lo único que nosotros demandamos es que se apliquen las leyes norteamericanas, que no las tergiversen, que vean los hechos, que los apliquen a sus leyes y que las apliquen.

¿Cómo sería en términos procesales en el caso de las cadenas perpetuas? ¿Un indulto presidencial?

Técnicamente el juicio concluyó. Pero hay un recurso que se le llama recurso extraordinario. El recurso sigue la misma ruta que sigue todo el caso legal. Se presenta ante la jueza. La jueza falla y se va a la Corte de Apelaciones de Atlanta. Y luego a la Corte Suprema. Ese recurso está pendiente. Y se basa en un error garrafal que cometió el abogado de Gerardo, en cuanto a la estrategia de defensa. El trató de defender bien a su cliente, pero cometió un error porque defendió a Cuba. Y los fiscales juzgaron a Cuba. Lo más fuerte que tiene este recurso es que el propio abogado reconoce su error. Pensó en un tema de un Estado contra otro y que el Estado cubano tenía derechos. Pero cometió un error: él pensó que era imposible que un jurado decente no se diera cuenta de que Cuba tenía derecho a defender su soberanía. Y en Miami no se puede encontrar un jurado decente. Ahora, los tiempos han cambiado. Hay muchas señales de que ya hay cansancio en esta política contra Cuba, señales inclusive dentro del propio Estados Unidos. Incluyendo a los cubanos que viven allí. Hace poco salió una encuesta en la que 56 por ciento de los norteamericanos decían que ya era hora de cambiar la política con Cuba. Obama ha perdido mucho tiempo tratando de congraciarse con una derecha que no lo quiere ni por negro, ni por liberal, ni por joven.

René, ¿cómo fue el final de la sentencia?

Han sido cuatro cruces. Respecto del tercero, yo cumplí mi sentencia el 7 de octubre de 2011. Desde un año antes, nosotros le pedimos a la jueza que me dejara hacer la libertad supervisada en Cuba, cosa perfectamente posible. La jueza tiene la potestad de modificar la libertad supervisada y permitir que una persona la cumpla fuera de Estados Unidos. Los fiscales siempre se propusieron que también la libertad supervisada fuera para mí y para mi familia otro castigo. Querían mantenerme separado de mi gente por tres años más. Además tenía que hacer la libertad supervisada en el mismo distrito en el que están los terroristas, los criminales que cuentan con complicidades en el FBI, en el gobierno norteamericano. Los fiscales se opusieron al pedido. Dijeron que era prematuro, que había que esperar a que cumpliera una parte de la libertad supervisada. Paralelamente los fiscales me habían propuesto que renunciara a la ciudadanía norteamericana a cambio de dejarme venir para acá. En un inicio yo me opuse.

¿Por qué?

Porque es un derecho de nacimiento. Uno no tiene por qué ceder los derechos de nacimiento. Pero después lo pensé bien y les dije a mis abogados que íbamos a aceptar la proposición de los fiscales. Me interesaba más que todo estar con mi esposa, con mis hijas, con mis padres, con mi hermano. Los fiscales simularon que estaban interesados en llegar a un acuerdo que implicara mi cesión de ciudadanía a cambio de que viniera para Cuba. Unos días antes de que yo cumpliera mi sentencia, llamaron a mi abogado y le dijeron que eso ya no estaba sobre la mesa. Días después, la jueza derogó la moción, y tuve que empezar a cumplir mi libertad supervisada en los Estados Unidos. Ahí, gracias a un amigo, pude conseguir, una casa en un lugar de la Florida, lo más lejos posible de la cárcel, viviendo en la clandestinidad, recluido prácticamente como en un monasterio, sin documentos, sin licencia de conducir, sin tarjeta de crédito.

¿Cuánto tiempo?

Fue un año y medio bastante difícil. Tenía la intención de renovar la moción, cuando hubieran pasado unos meses para que la jueza me dejara venir para acá. En febrero de 2012 estaba trabajando con mi abogado, para volver a renovar la moción, cuando mi hermano cayó gravemente enfermo. Tuvimos que posponer ese trabajo y pedirle a la jueza que me dejara venir por 15 días a ver a mi hermano. Los fiscales se opusieron también a que viniera a ver a mi hermano que estaba muriendo. Pero la jueza en este caso accedió. Por eso te digo que fue la tercera vez. Vine en abril de 2012.

¿Tu familia ya había ido a Estados Unidos?

Mis hijas, que podían, mi esposa no. A ella la deportaron y no la dejaron regresar más a verme. Yo regresé a Estados Unidos y volví en abril a incorporarme a mi libertad supervisada. Volví a empezar a trabajar con mis abogados para volver a poner la moción. Pusimos la moción en junio para que la jueza me permitiera renunciar a la ciudadanía.

¿De quién fue la decisión de continuar y agotar el proceso judicial?

Para nosotros ha sido muy importante la palabra en todo este caso. En todo este proceso nuestra ventaja nuestra ha sido moral y no vamos a regalarles esa ventaja moral. Ellos decidieron rebajarse y nosotros decidimos elevarnos.

¿Nunca una duda?

No, yo nunca dudé, yo iba a cumplir. No iba a regalarle a la jueza un argumento moral que nunca se ganó después de 15 años por una libertad supervisada. Se lo hubiera ganado antes, pero no ahora. Ni a ella ni a los fiscales. Y me río ahora porque cuando estábamos discutiendo eso con mi abogado y los funcionarios de las Bahamas, le decía a mi abogado: “Mejor que me dejen entrar, porque yo cojo un bote de Cuba y me voy para allá y me le planto a la jueza en la corte y le digo ‘ahora méteme preso’”, porque yo no iba a incumplir esa palabra que había dado. Pero, bueno, regresé, mi hermano falleció, volvimos a poner la moción, los fiscales se opusieron, y empezó un intercambio entre los fiscales y la jueza, hasta que mi padre falleció en abril de 2013. Y, entonces, ahí volvimos a poner otra vez una solicitud para venir de vacaciones a estar con la familia por el fallecimiento de mi padre. Y la renuncia a la ciudadanía norteamericana, con lo que caía el resto de la condena. Renuncié a la ciudadanía, la jueza recibió los documentos, los admitió. “Bueno, está bien, la libertad supervisada la puedes terminar en Cuba”, me dijo.

¿Y la familia, René?

Lo hemos enfrentado lo mejor que se puede. Al final, aunque ha sido tanto tiempo, para mí siempre el reencuentro con la familia ha sido como si no hubiera pasado el tiempo. Ha sido todo muy bonito, muy hermoso. Estamos juntos, estamos felices, tenemos un nieto ahora también que nos ha venido a alegrar más la vida a Olguita y a mí.

¿En qué oficio piensa trabajar alguien que vivió esta experiencia?

Como piloto me gustaría volar, pero reconozco que es muy difícil integrarme a la aviación como profesional. Creo que hay un campo ahora en la economía que se está abriendo, se están abriendo muchos experimentos, tenemos que aprender muchas cosas, y me gustaría trabajar en la economía en algo, en un proyecto de desarrollo local, pero la idea que tengo es esa, me gustaría participar en el proceso de cambio que se están produciendo: experiencias nuevas de autogestión, experiencias de relaciones más horizontales entre las empresas, entre empresas y gobiernos locales.

¿Y el pasado permite adaptarse a la vida cotidiana de hoy?

Toda experiencia te hace crecer. Si no te mata, te engorda. Y, obviamente, yo leí mucho en la cárcel. Historia, actualidad, Cuba… Me impuse un régimen de ejercicio fuerte por la mañana y por la tarde lectura, estudio. Empecé a estudiar la economía incluso en la cárcel. La Universidad de La Habana me asignaba profesores. Enviaban los materiales y estudié economía. Me propuse salir de la cárcel mejor de como entré. Dije “Bueno, si yo salgo mejor de como entré, esa va a ser mi medida de la victoria” y así fue. Yo creo que sí, que el régimen que me establecí en la cárcel me ha ayudado mucho. Yo creo que saqué lo mejor que pude.

Ahora, a los 57 años, después de esta historia, imaginemos una vuelta a los 34 y al pedido de una misión en los Estados Unidos. ¿La respuesta volvería a ser la misma?

–Sí.

Fuente: Página 12

Texto tomado del blog: http://aucaencayohueso.wordpress.com

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En jaque la industria del bloqueo contra Cuba. Por: María Carla González*

Los infartadosLa publicación de la encuesta del Atlantic Counciluna prominente institución de investigación de Washington y las declaraciones públicas de varias figuras influyentes del escenario político y económico de Estados Unidos –entre las que se destacan Alfonso Fanjul, uno de los empresarios cubano-americanos más poderosos, Charlie Christ  candidato demócrata a la gobernatura de La Florida y los senadores Patrick Leahy (D. Belmont) y Jeff Flake (R. Arizona),así como la repercusión del tema en importantes medios de prensa como The Washington Post y The New York Times; reflejan el cambio de mentalidad de la sociedad estadounidense y el reclamo de que se elimine el bloqueo impulsado por WASHINGTON contra Cuba durante más de medio siglo y se normalicen las relaciones bilaterales.

Según la encuesta del Atlantic Council,  la comunidad de Miami y la opinión pública mayoritaria en este país están pidiendo que se permita a las compañías norteamericanas hacer negocios en Cuba, que los norteamericanos tengan libertad para viajar y  gastar dinero sin restricciones, y que Cuba sea borrada de la lista de países promotores del terrorismo, tema en el cual  según la encuesta, 52 por ciento de los encuestados opinaron Cuba debía  ser borrada de dicha  lista. Esto no es un sentir nuevo, ya otras organizaciones Wanshingtong Office for Latin American, Latinoamerican Working Group, y FORNORM,  se han pronunciado en esta dirección. De hecho, el tratamiento a Cuba en el último informe del Departamento de Estado (2013) está muy lejano de contener la rigidez de los  anteriores, a riesgo de perder la poca credibilidad que pudiera tener.

Repasemos lo expresado por varias personalidades:

El Sr. Fanjul,  expresó al diario The Washington Post que deseaba buscar maneras de “reunificar a la familia cubana” y que estaba abierto a invertir en Cuba “bajo las circunstancias correctas”, donde hubiera un arreglo entre Cuba y Estados Unidos y existiera un marco legal para hacerlo.

Charlie Christ, exgobernador de la Florida, republicano de orígen y antes, aliado de la extrema derecha de origen cubano asentada en Miami, afirmó que el bloqueo “no ha hecho nada en más de 50 años para cambiar  Cuba’’ y que La Florida, es el estado más dañado por este, así como que  un cambio beneficiaría la economía estatal. Y es entendible el cambio. Quien hoy aspira a la gobernatura del Estado por el Partido Demócrata, no puede obviar el proceso de cambios que se producen en Cuba, el reordenamiento de una economía a solo 90 millas de su eventual gobernatura.

Los senadores Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial y tercero en línea de sucesión en EE.UU. y Jeff Flake, miembro del comité de Relaciones Exteriores, apoyándose en el estudio del Atlantic Councilexhortaron al presidente Barack Obama a escuchar a la mayoría de los ciudadanos que estiman hay mucho que ganar si se produce un cambio en esta política obsoleta de probado fracaso. Porque ni se ha producido un cambio de “régimen”, ni Cuba está aislada del mundo, un ejemplo de ello fue la recién concluida II Cumbre de la CELAC celebrada en La Habana.

Según publicó David Brooks en La Jornada: ¨Otras voces se han expresado al respecto. Jorge Pérez, hombre de negocios cubano-americano de amplia influencia en Miami, propuso un mayor intercambio entre artistas de Cuba y Miami, mientras que otro empresario cubano-estadounidense y ex embajador en Bélgica, Paul Cejas, dijo que era tiempo de cambiar la política y proceder diplomáticamente con La Habana¨.

Todo esto advierte malas predicciones para la industria de los que apoyan el bloqueo, al decir de José Pertierra[1].

La reacción de este segmento no se hizo esperar. Los hubo que rabiaron e hicieron declaraciones ofensivas manifestando su desespero como la congresista Ileana Ros-Lehtinen que denunció como “vergonzosa” la posición de Fanjul y trató de desacreditar el estudio presentado por el Atlantic Councilcalificándolo de superficial y manipulado.

Por su parte, Mario Díaz-Balart dijo estar “indignado” por las palabras de Fanjul, y el senador Marco Rubio, más cauteloso, sólo se atrevió a decir, a través de un vocero, que estaba “decepcionado”.

La Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) ha hecho declaraciones muy discretas en la voz de su presidente Pepe Hernández, lo cual es llamativo pues siempre ha vivido del negocio de la contrarrevolución. Habría que observar como se mueven en este nuevo escenario pues  los cambios, sin pretender que serán  inmediatos,  y sin descartar el tortuoso camino que deberán transitar los que se propongan impulsarlos, serán inevitables y cada día más próximos, no cabe duda.

En mi opinión, no seria descartable otra división entre los que aspiran a los millones que les otorga WASHINGTON, y los que quisieran abandonar las posiciones más tradicionales y buscar acomodos a los nuevos tiempos. La FNCA  ha  apoyado  la política del bloqueo por varias décadas, mantuvo antes el financiamiento al terrorismo y hoy a ineficaces contrarrevolucionarios internos. Pero no ha podido impedir que cada día más cubanos visiten y remesen a su patria de origen y algo inédito hasta el año anterior, que los niños de origen cubano asentados en EE.UU. vengan a pasar sus vacaciones de verano e invierno a Cuba junto con su familia.


[1] Cubanoamericano, abogado de  Inmigración  y  especialista en las relaciones Cuba/EE.UU.

Fuentes consultadas:

http://www.atlanticcouncil.org/publications/reports/us-cuba-a-new-public-survey-supports-policy-change

-http://www.jornada.unam.mx/2014/02/11/mundo/036n1mun

http://progresosemanal.us/20140211/cambiar-politica-hacia-cuba-encuesta-y-el-comentario-del-nytimes/

Texto e imagen tomados del blog: http://lasantamambisa.wordpress.com

*Editora del blog La Santa Mambisa

Twitter: @Santamambisa

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Aislados en sus cavernas. Por: Lázaro Fariñas*

Un mensaje gráfico para los ultra reaccionarios de Miami. Nota del editor del blog

Un mensaje gráfico para los ultra reaccionarios de Miami. Nota del editor del blog

Los anticubanos ultraderechistas de Miami están sumergidos en una inmensa crisis de identidad. En realidad, ya no saben a quién más van a atacar para poder encontrarse a ellos mismos. Ya venían perdiendo batallas y más batallas, pero lo que les ha sucedido en los menos de dos meses que va de año, los está dejando como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

Lo primero que les sucedió fue el éxito alcanzado por la diplomacia cubana en la Cumbre de la CELAC, éxito que aún retumba de rabia en los medios por ellos controlados en esta ciudad. Aún echan espuma por la boca y aún siguen maldiciendo a cada uno de los países que asistieron a La Habana. Así es que le han declarado la guerra de pan duro a Centro, Sur América y las Antillas, treinta y tres países que ponen en su lista de enemigos.

Le siguió el acuerdo tomado por la Unión Europea en el que la misma se compromete a sentarse con las autoridades cubanas para encontrar fórmulas para cambiar su política hacia Cuba, mejorar sus relaciones con la isla y desarrollar una nueva política económica que traiga consigo nuevas inversiones en la economía cubana. Para los trogloditas miamense, esta es una traición de los 28 países que componen dicha Unión. Veinte y ocho que se unen a los 33 del Nuevo Continente. “No son más que un manojo de traidores los que han llegado al acuerdo de mejorar las relaciones con Cuba”, le oí decir a un comentarista radial, de esos que se auto titulan “combatientes verticales”, y que, como decimos en buen cubano, no le ha tirado ni un hollejo a un chino, habiendo salido hace años, más tranquilo que estate quieto, por el aeropuerto de Rancho Boyeros.

Ahora, para colmo de males, acaban de salir a la luz los resultados de una encuesta llevada a cabo por una agrupación llamada Atlantic Council sobre lo que piensan los ciudadanos americanos con respecto a la política de los Estados Unidos con relación a Cuba. Los resultados de dicha encuesta han llevado a estos caballeros de la obscuridad a gritar improperios y a declarar idioteces a la prensa. Los improperios se oyen en la radio de Miami y las idioteces las están hablando los enviados de la caverna en Washington alegando que si la encuesta es una mentira, que si las preguntas no fueron debidamente formuladas, que si el Atlantic Council no es más que una organización que busca cambiar la política hacia Cuba, etc., etc. Digan lo que digan, los resultados son contundentes. El 63 por ciento de los encuestados en el estado de La Florida, cuna de esta ultra derecha, respondieron que la política de este país hacia Cuba debe ser cambiada y solo el 30 por ciento opina lo contrario. Pero lo que es peor para esta gente es que, entre los ciudadanos de origen cubano que fueron encuestados, el 79% de los mismos declararon estar de acuerdo con la necesidad de que Estados Unidos cambie esa política y solo el 21% se opone. Esto es un verdadero cubo de agua, no fría, sino a punto de congelación, lo que le ha caído a estos elementos ultraderechistas que odian a Cuba con todas las fuerzas de sus corazones. Esto demuestra, hasta la saciedad, que lo que ellos llaman exilio no es más que un grupo reducido de vividores de la comunidad cubana residente en esta ciudad. Es verdad que acumulan riquezas y poder político, pero cada día que pasa pierden un poquito del mismo.

Pero la traición, según ellos, no es solamente de todos los países del mundo o de la opinión pública norteamericana, sino que ahora sale a relucir una entrevista que uno de los suyos, un multimillonario de origen cubano, le dio al Washington Post, en la que el personaje se desbloquea y pide un cambio de política hacia Cuba. El multimillonario, junto con otro dos millonarios realizó dos viajes a La Habana hace ya un tiempo atrás, pero no había hecho ningún tipo de declaraciones públicas. Se sabía en Miami de los viajes del caballero, era público y notorio, pero como no había hecho ninguna declaración, la jauría cavernícola no le había caído en pandilla. Ahora sí, ahora están que chillan contra el millonario, el cual me imagino que estará riéndose a carcajada de los ataques de estos tipos que siempre han estado muy solos, pero que en la actualidad se han hundido más en la obscuridad de sus cavernas.

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org

Lázao Fariñas*Periodista cubano radicado en Miami.

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25 verdades sobre las manifestaciones en Venezuela. Por: Salim Lamrani*

La patria no se negociaComo en 2002, la oposición radical, incapaz de tomar el poder por vía de las urnas, multiplica las acciones con el objetivo de romper el orden constitucional.

1. Nicolás Maduro, Presidente legítimo de Venezuela desde abril de 2013, hace frente a una poderosa oposición, apoyada por Estados Unidos, que aspira retomar el poder que perdió en 1998.

2. Como perdió las elecciones presidenciales de abril de 2013 por una diferencia del 1,59%, la oposición rechazó primero los resultados electorales, avalados no obstante por las más importantes instituciones internacionales, desde la Unión Europea hasta la Organización de Estados Americanos, pasando por el Centro Carter, y expresó su rabia en actos violentos que costaron la vida a once militantes chavistas.

3. No obstante, el débil margen que separó al candidato de la oposición Henrique Capriles al vencedor Nicolás Maduro, galvanizó a la derecha, motivada por la perspectiva de la reconquista del poder. Entonces hizo de las elecciones municipales de diciembre de 2013 un objetivo estratégico.

4. Contra todo pronóstico, las elecciones municipales se transformaron en plebiscito a favor del poder chavista que ganó el 76% de los municipios (256) contra el 23% (76) para la coalición MUD que agrupó a toda la oposición.

5. Desmoralizado por ese serio revés, viendo la perspectiva de una reconquista del poder por la vía democrática alejarse otra vez –las próximas elecciones serán las legislativas en diciembre de 2015–, la oposición ha decidido reproducir el esquema de abril de 2002 que desembocó en un golpe de Estado mediático-militar contra el Presidente Hugo Chávez.

6. A partir de enero de 2014, el sector radical de la oposición decidió actuar. Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular, quien participó en el golpe de Estado de abril de 2002, lanzó un llamado a la insurrección a partir del 2 de enero de 2014: “Queremos lanzar un llamado a los venezolanos […] a que nos alcemos. Convocamos al pueblo venezolano a decir ‘basta ya’. […] Con una meta a discutir: ‘la salida. ¿Cuál es la salida a este desastre?”.

7. El 2 de febrero de 2014, durante una manifestación, Leopoldo López designó al poder como el responsable de todos los males: “Las carencias que padecemos hoy tienen un culpable. Ese culpable es el poder nacional”.

8. El 2 de febrero de 2014, Antonio Ledezma, figura de la oposición y alcalde de la capital Caracas, también lanzó un llamado al cambio: “Este régimen quien cumple hoy quince años continuos promoviendo la confrontación. Hoy comienza la unidad en la calle de toda Venezuela”.

9. María Corina Machado, diputada de la oposición, lanzó un llamado a poder fin a la “tiranía”: “El pueblo de Venezuela tiene una respuesta: ‘Rebeldía, rebeldía’. Hay algunos que dicen que debemos esperar a unas elecciones en unos cuantos años. ¿Pueden esperar los que no consiguen alimentos para sus hijos? ¿Pueden esperar los empleados públicos, los campesinos, los comerciantes, a quienes les arrebatan su derecho al trabajo y a la propiedad? Venezuela no puede esperar más”.

10. El 6 de febrero de 2014, tras una manifestación de la oposición, un grupo de una centena de estudiantes encapuchados atacó la residencia del gobernador del Estado de Táchira, hiriendo a una decena de policías.

11. La misma semana, varias manifestaciones de la oposición se suceden en diferentes Estados y degeneran todas en violencia.

12. El 12 de febrero de 2014, otra manifestación, orquestada por la oposición frente al Ministerio Público, compuesta de estudiantes de las universidades privadas organizados en grupos de choque, resultó ser de una violencia inaudita, con tres muertos, una centena de heridos e innumerables daños materiales.

13. Como durante el golpe de Estado de abril de 2002, las tres personas fallecidas fueron todas ejecutadas con una bala en la cabeza.

14. Entre ellas se encontraban un militante chavista Juan Montoya y un opositor llamado Basil Da Acosta. Según la investigación balística, ambos fueron ejecutados con la misma arma.

15. Los siguientes días, los manifestantes, oficialmente movilizados “contra la vida cara y la inseguridad”, se instalaron en la Plaza Altamira, situada en un barrio rico de Caracas.

16. Desde hace varios meses, Venezuela sufre una guerra económica orquestada por la oposición que controla aún amplios sectores, con la organización artificial de penurias, de acaparamiento de productos de primera necesidad, y de multiplicación de actos especulativos.

17. Así, el 5 de febrero de 2014, las autoridades acautelaron en el Estado de Táchira cerca de mil toneladas de productos alimenticios de primera necesidad (arroz, azúcar, aceite, café, etc.) escondidos en almacenes. Desde enero de 2013, las autoridades acautelaron más de 50.000 toneladas de alimentos.

18. El gobierno bolivariano decidió actuar y castigar a los acaparadores y especuladores. En noviembre de 2013, la cadena Daka de productos electrodomésticos fue intervenida y las autoridades decidieron regular los precios. En efecto, la empresa facturaba sus productos con un beneficio de más del 1000%, por lo que eran inaccesibles para la mayoría de los venezolanos.

19. Ahora el margen máximo para las empresas no podrá superar el 30%.

20. El Presidente Nicolás Maduro denunció un intento de golpe de Estado y llamó a los ciudadanos a hacer frente al “fascismo”. “Nada nos apartará del camino de la Patria y de la vía de la democracia”, afirmó.

21. El 17 de febrero de 2014, tres diplomáticos estadounidenses fueron expulsados del país por su implicación con los sangrientos acontecimientos. Se habían reunido con los estudiantes de las universidades privadas para coordinar las manifestaciones, según las autoridades venezolanas.

22. El 18 de febrero de 2014, Leopoldo López fue arrestado por su responsabilidad política en las violentas manifestaciones y fue entregado a la justicia.

23. La administración Obama condenó al gobierno de Caracas por las violencias, sin señalar un solo instante la responsabilidad de la oposición que intenta realizar un golpe de Estado. Al contrario, el Departamento de Estado exigió la liberación inmediata de Leopoldo López, principal instigador de los acontecimientos dramáticos.

24. Los medios occidentales ocultaron los actos violentos de los grupúsculos armados (metros y edificios públicos saqueados, tiendas Mercal – ¡donde el pueblo se abastece en alimentos! – quemadas), así como el hecho de que la televisión pública Venezolana de Televisión fue atacada con armas de fuego.

25. Los medios occidentales, lejos de presentar los acontecimientos dramáticos ocurridos en Venezuela con toda imparcialidad, tomaron partido a favor de la oposición golpista y contra el gobierno democrático y legítimo de Nicolás Maduro. No vacilan en manipular a la opinión pública y presentan la situación como un levantamiento popular masivo contra el poder. En realidad, Maduro dispone del apoyo masivo de la mayoría de los venezolanos, como lo ilustran las manifestaciones gigantescas a favor de la Revolución Bolivariana.

Texto tomado del blog: http://miradasencontradas.wordpress.com

Salim Lamrani

Salim Lamrani

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.

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La escandalosa impunidad del asesinato con drones. Por: Silvia Arana

Para cuando Obama aceptó su premio Nobel de la Paz, 11 meses después de jurar el cargo, ya había ordenado más ataques de este tipo que George W. Bush durante toda su presidencia. A finales de 2012, había ordenado seis veces más ataques que Bush en Pakistán. Un estudio realizado por profesores de Stanford y la Universidad de Nueva York llegó a la conclusión de que, entre 2004 y 2012, habían muerto en Pakistán entre 474 y 881 civiles por ataques con aviones no tripulados. Entre ellos, 176 niños. Para el año fiscal 2013, el Gobierno ha solicitado 26.160 millones de dólares destinados al programa de aviones no tripulados. Foto y nota tomadas de la Agencia Pressenza.

Para cuando Obama aceptó su premio Nobel de la Paz, 11 meses después de jurar el cargo, ya había ordenado más ataques de este tipo que George W. Bush durante toda su presidencia. A finales de 2012, había ordenado seis veces más ataques que Bush en Pakistán. Un estudio realizado por profesores de Stanford y la Universidad de Nueva York llegó a la conclusión de que, entre 2004 y 2012, habían muerto en Pakistán entre 474 y 881 civiles por ataques con aviones no tripulados. Entre ellos, 176 niños. Para el año fiscal 2013, el Gobierno ha solicitado 26.160 millones de dólares destinados al programa de aviones no tripulados. Foto y nota tomadas de la Agencia Pressenza.

El uso de la violencia, ya sea en los ataques con drones, ya sea en el encarcelamiento y la tortura en prisiones como Guantánamo, podríamos decir que ha devenido parte de la cultura estadounidense post 11 de septiembre de 2001. En nombre de la lucha contra el terrorismo, EE.UU. ataca sistemáticamente con drones, o aviones no tripulados, a Pakistán, Yemen y Somalia; y también ha usado drones en las invasiones militares de Afganistán, Irak y Libia.

El Buró de Periodismo Investigativo [1] estima que el 98% de las víctimas de ataques con drones son “daños colaterales”, es decir, civiles. Aunque el gobierno de EE.UU. enfatice la efectividad de los ataques con drones… la realidad es otra. El nivel de precisión de los drones es muy bajo; fluctúa entre 1.5 y 2%.

Un artículo del Buró de Periodismo Investigativo, una organización independiente, de enero de este año dice: “Hace cinco años, el 23 de enero de 2009, un drone de la CIA destruyó una casa en Pakistán. Era el tercer día de la presidencia de Obama, y el primer ataque encubierto del nuevo comandante en jefe. Los reportes iniciales afirmaban que habían muerto diez militantes, incluyendo combatientes extranjeros. Pero muy pronto comenzaron a surgir reportes de víctimas civiles; luego se confirmó que hubo al menos nueve civiles muertos, la mayoría de ellos eran miembros de una misma familia. Hubo un sobreviviente, un adolescente de 14 años, Fahim Qureshi, con heridas espantosas, incluyendo fragmentos de metal en el estómago, fractura de cráneo y la pérdida de un ojo. Poco después, en ese mismo día, la CIA arrasó otra casa; un nuevo error. En el ataque murieron entre cinco y diez personas, todos civiles. [2] “

A través de Pakistán, Yemen y Somalia, el gobierno de Obama lanzó más de 390 ataques con drones en cinco años, desde el primer ataque, donde fue herido el joven Qureshi (14 años) -ocho veces más que la suma de todos los operativos realizados durante el gobierno de Bush. Los ataques con drones del gobierno de Obama han matado casi seis veces más personas que el gobierno de Bush. Y la cuenta sigue.

Otros datos recolectados por el Buró de Periodismo Investigativo

1. Civiles asesinados por drones: Se estima que los ataques con drones en Pakistán, Yemen y Somalia causaron la muerte de 4000 personas, de estos 954 eran civiles -entre los que se cuentan unos 225 niños.

2. ¿Quién ordena los ataques con drones?: El director de la CIA John Brennan presenta la lista de blancos de ataque al presidente Obama, quien aprueba cada ataque con drones.

3. Israel y los drones: Después de EE.UU., Israel ocupa el segundo lugar en la manufactura y posesión de drones. El uso de drones contra Siria se remonta a 1982. De igual manera las fuerzas armadas israelíes lanzaron ataques con drones en Líbano. En Gaza los ataques israelíes con drones mataron a 29 civiles, incluyendo ocho niños. En Beirut un drone mató a 6 civiles e hirió a 16.

4. Los drones y el derecho internacional: Naciones Unidas ha afirmado que los ataques con drones de EE.UU. en Pakistán son ilegales y representan un amenaza para los derechos humanos por las muertes masivas y porque el gobierno de Pakistán se opone a dichos ataques.

Sobre el derecho internacional y la muerte de civiles

El gobierno de EE.UU. justifica los ataques con drones en su derecho a defenderse de Al-Qaeda y otros grupos yihadistas. Naciones Unidas, al igual que Amnistía Internacional y otros organismos internacionales de derechos humanos, han denunciado la ilegalidad de los ataques con drones enfatizando el alto porcentaje de civiles muertos y la debilidad legal del derecho a la autodefensa esgrimido por el gobierno de EE.UU.

Como lo señala Mary Ellen O’Connell, en el artículo “The International Law of Drones”, según las leyes internacionales, el derecho a la autodefensa está concebido como respuesta a un ataque armado; no puede justificar una medida preventiva ante la posibilidad de un ataque en el futuro. La autodefensa tampoco incluye el derecho a iniciar una acción militar contra una persona o un grupo, especialmente cuando el país en el que se hallan esas personas no es responsable por sus acciones [3]. Este es exactamente el caso de Pakistán. El gobierno de ese país ha denunciado la ilegalidad de los ataques con drones de EE.UU. (A pesar de que algunos dirigentes militares pakistaníes -según varias denuncias registradas por Amnistía Internacional- actúen en complicidad con la CIA proveyendo información sobre supuestos yihadistas, pero en términos legales solo el gobierno de un país puede autorizar el uso de la fuerza.)

La campaña militar con drones, llevada adelante por la CIA, bajo mando directo del presidente de EE.UU. se mantiene en total secreto. Algunos legisladores estadounidenses han comenzado a expresar disenso ante el silencio del gobierno, que se niega a dar cifras de las víctimas civiles. El congresista demócrata de California, Adam Schiff, pidió a los servicios de inteligencia -en una audiencia del Comité de Inteligencia del Congreso- que se publique un reporte anual de los ataques con drones, revelando cuántos combatientes, y especialmente, cuántos “no-combatientes”, fueron asesinados por ataques dirigidos desde aviones no-tripulados [4] . El periódico The New York Times se ha abstenido de cuestionar la legalidad de los ataques y mantiene el silencio común en la prensa de EE.UU. frente a los ataques con drones. Sin embargo, publicó una carta del congresista demócrata de New Jersey, Rush Holt, reclamando que la CIA retome su rol original de recolectar y analizar inteligencia, y deje de ser “una organización paramilitar” que realiza ataques encubiertos con drones [5].

Fuera de estas y otras pocas honrosas excepciones, en EE.UU. y en los países aliados prima el silencio en torno a la ilegalidad e inconstitucionalidad de los ataques con drones y la muerte de civiles.

El reconocido periodista Robert Fisk -corresponsal en el Medio Oriente de The Independent– advierte que existe un “síndrome de los drones” que afecta principalmente a Pakistán, Yemen y al territorio palestino. Plantea que la desgracia ética de este “síndrome” no reside principalmente en el hecho de que el presidente Obama decida quién debe vivir o morir; sino que la mayor vergüenza es que la guerra de los drones se haya convertido en algo “normal, habitual, prosaico” [6].

En la población de Pakistán -y de otros países que sufren la muerte de sus seres queridos- hay una fuerte oposición a los ataques con drones de EE.UU. Sin embargo, en el resto del mundo no hay una reacción acorde con la gravedad de la situación. Si el hecho de que el presidente de EE.UU. decida sobre la vida y la muerte de ciudadanos de otros países no es considerado una grave afrenta al derecho internacional y un delito de lesa humanidad, entonces el terrorismo de estado goza de impunidad a nivel interno y a nivel internacional.

Notas:

[1] Global Drones Watch, Fact Sheets and Flyers: http://droneswatch.org/fact-sheets-flyers/

[2] http://www.thebureauinvestigates.com/2014/01/23/more-than-2400-dead-as-obamas-drone-campaign-marks-five-years/

[3] The International Law of Drones, Mary Ellen O’Connell: http://www.asil.org/insights/volume/14/issue/37/international-law-drones#28

[4] How Many Non-Combatants are Killed by Drones? David Firestone -Páginas de Opinión, The New York Times – Febrero 2, 2014: http://takingnote.blogs.nytimes.com/2014/02/04/how-many-non-combatants-are-killed-by-drones/?_php=true&_type=blogs&hp&_r=0

[5] http://www.nytimes.com/2014/01/30/opinion/cia-drone-bases.html?src=rechp&_r=0

[6] Artículo de Robert Fisk The Independent, Febrero 16, 2014: http://www.independent.co.uk/voices/comment/civilians-are-dying-campaigners-are-being-kidnapped-the-world-cannot-turn-a-blind-eye-to-americas-drone-attacks-in-pakistan-9132184.html?origin=internalSearch 

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org

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