Tras los apuntes

A la mitad del camino. Por: Octavio Fraga Guerra*

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Es práctica editorial acopiar en un solo volumen, o más de uno, textos dispersos. Son entregas pensadas a manera de recuento, de fijar memoria, de llamar la atención sobre un tema o autor, cuya obra amerita ser revisitada. Artículos de calado literario, ensayos incluidos en algún dossier temático, palabras de presentación o de elogio, sin despreciar las notas introductorias o prólogos de libros. Esta es la naturaleza cartográfica de A la mitad del camino, un libro preparado por la Editorial de Ciencias Sociales (2015), que arropa cincuenta y dos textos de uno de los pensadores más prestigiosos y vitales del pensamiento cubano, el investigador social e historiador, Fernando Martínez Heredia.

Aguda escritura sobre las ideas del Che, referenciales anotaciones sobre la cultura entroncada con la sociedad y la construcción del socialismo cubano. Sus saberes sobre derecho, edificados en una entrevista y varios prólogos, con peso temático en nuestra rica historia, nos invitan a rebuscar en los anaqueles de librerías de segunda mano textos editados en fechas pretéritas.

Los preámbulos de los libros: De Las Villas a Oriente. Combatiendo el bandidismo (1959-1965); El año de todos los sueños. Diario de un alfabetizador o Insurrección y revolución (1952-1959), son atinadas lecciones de historia, escritas sin perder sus esencias: motivar al lector a la pensada lectura.

Ciencias Sociales incorpora algunos de los apuntes elogiosos del autor sobre relevantes figuras de la nación. Intelectuales como Alfredo Guevara, Jaime Sarusky o Pablo Pacheco son dibujados con sabia y sentida escritura, erigiendo en esta oportuna antología un todo plural claramente enriquecedor. Un abanico de hombres ilustres de la cultura nacional que hicieron de su tiempo un tiempo para todos.

Se impone un paréntesis sobre las erguidas palabras de Martínez Heredia acerca dos grandes de Nuestra América. El juicio argumentado, la obligada referencia histórica, el agudo verbo o la cronología precisa, son las vertientes de los textos: Hugo Chávez, identidad y rebeldía latinoamericana y Revolución cubana, Fidel y el pensamiento latinoamericano de izquierda.

La evocación está presente en esta antología del también autor de Las ideas y la batalla del Che. El texto Recuerdo y lecciones de octubre, revela cuan de literatura puede haber y coexistir en una obra donde el tono de ensayo es protagonista. A la mitad del camino, es un punto y seguido, en favor del pensamiento cubano.

Tomado de: http://www.juventudtecnica.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

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El “Tigre” en primera persona: paramilitares en Cuba. Por: Octavio Fraga Guerra*

los-suenos-del-tigreApremia reciclar la historia de nuestra nación, atemperarla a los tiempos presentes (plurales, dinámicos, virtuales, caóticos por momentos). Dibujarla con los apuntes y las herramientas que aportan las estéticas de las nuevas tecnologías asociadas al audiovisual, signadas por lenguajes que evolucionan inmersos en una constante metamorfosis.

Sin embargo, cabe subrayar una idea. Lo repetitivo de algunos recursos estéticos produce una saturación de los modos vinculados a las dinámicas de realización, a las soluciones narrativas que le secundan. Obviamente, los contenidos han de entroncar con los hechos, las pruebas que los sustentan, edificados desde los documentos y testimonios que los engrandecen.

Dichas apuestas evolucionan en la contemporaneidad cada vez más dinámica e interconectada, donde los ceros y unos abarrotan el discurso, las metáforas, las jerarquías comunicacionales. Como parte de una estrategia que no ha de ser casuística, predecible o aferrada a fechas históricas, tomadas de un recurrente calendario. Más bien sustentada en la constancia, en el despliegue temático largoplacista para no embutir al lector-sociedad-cubana en una avalancha cuyos resultados terminan saturando los contenidos.

Este entramado es vital, tras una suma de simbologías y discursos que se han de enriquecer también con la filosofía de la previsión de los hechos y la apropiación de los temas esenciales para la política cultural e ideológica de la nación. Dicho de otra manera, nos toca capitalizar, legitimar, jerarquizar ante los lectores cada vez más digitales, los esenciales temas y los asuntos que son pasto de la cotidianeidad, pero también los de nuestra fértil historia.

Urge, por tanto, una pensada estrategia, una integración institucional, un permanente ejercicio práctico de construir íconos, delineadas simbologías y desarrollar nuevos soportes. Complementados ellos con las tradicionales vías de comunicación social que no debemos subestimar, pues aún persisten muchas zonas geográficas de la Isla ajenas al armazón de las nuevas tecnologías.

Toda este mapa de idealizaciones ha de fluir por un andamiaje sociocultural que contantemente se trasfigura, se reformula desde sus núcleos y ejes cromáticos. Sufre ciclos de mestizajes de muchas curvaturas, cuyo escenario prominente es la sociedad red.

Cuba no está anclada en una burbuja. Una bruma de datos, de hechos noticiosos o veleidades mediáticas trasgreden el gusto, la cultura y el agudo conocimiento. Se insertan en nuestra geografía desde muchos soportes, en variadas formas. Ante este enjambre, la historia es una de las claves de la batalla ideoestética impostergable, que en primera instancia es de argumentos y hechos contrastables, verídicos, documentados.

Le asiste al cine nacional el deber de “ocupar” los centros docentes de los niveles primarios, secundarios y de nivel medio superior, como espacios culturales de primera línea. Son estos el escenario natural para el desarrollo del conocimiento, de los valores y las ideas humanistas distintivos de la sociedad cubana.

Se impone una obviedad, esta idea será fallida si se ignora el principio de que el cine, como todas las artes, es también una excepcional pantalla para el entretenimiento, para el rico divertimento. Sus contenidos se han de socializar tomando en cuenta esta vital verdad que muchas veces se ignora.

El cine ha de ser asumido como auxiliar de la labor educativa, como constructor de símbolos, de necesarias cronologías socioculturales e históricas para niños, adolescentes y jóvenes.

La producción cinematográfica de nuestra Isla (décadas de los 60, 70 y 80) está colmada de importantes obras documentales, de ficción y animación que abordan los relatos de la historia patria y de otras naciones. Varias generaciones nacidas en esos períodos se enriquecieron con estas piezas.

Un vasto diapasón de temas de carácter patriótico, cultural e histórico está atesorado en la memoria fílmica de la nación. Importantes cineastas han visto en estos temas una vital experiencia de su desarrollo como creadores del séptimo arte. Son filmes que podrían formar parte del programa de estudios extracurriculares de los tres primeros niveles de enseñanza, como experiencias extracurriculares.

Pero apremia renovar el repertorio temático de la cinematográfica nacional, que tiene en la literatura un incontable caudal de contenidos a la “espera” de ser llevados a las esencias discursivas del cine.

Este es el caso del libro Los sueños del Tigre. Paramilitares en Cuba (Ediciones Abril, 2016), la más reciente entrega del escritor cubano Enrique Acevedo. Una novela de vigorosa escritura y sustantivo acento histórico, cuyo relato evoluciona desde el derrocamiento de Gerardo Machado hasta los albores de la naciente Revolución cubana, respaldada por un acucioso trabajo de investigación periodística.

El autor perfila y desarrolla en varios capítulos el corpus de Rolando Masferrer, el gestor y jefe de la organización paramilitar “Los tigres de Masferrer”. Un grupo de mercenarios que llegó a tener más de 1200 miembros, gestado bajo el cómplice abrigo del General Fulgencio Batista. Ese siniestro dictador que algunos vulgares personajillos y contrarrevolucionarios  de la mal llamada “disidencia cubana” nos lo quieren teñir como un demócrata de la otrora República.

El autor de Los sueños del Tigre, escrito en primera persona, despieza, cartografía a Masferrer; le da envoltura cromática de sólidas texturas y renovados acentos. Revela al individuo turbio, oportunista, de saturado cinismo y habilidades para “convivir” por entre los vericuetos de la politiquería de la época. Un período convulso donde el gansterismo formaba parte de los estamentos de la sociedad cubana entre los poderes de facto.

Rolando Masferrer es bocetado con nitidez. Enrique Acevedo, el también autor de Descamisados (1993), Premio de la crítica; Guajiro (1997) y Fronteras (2009), lo resuelve con llana escribanía, acentuando la ambivalencia y denotado delirio de grandeza del personaje, su  perfil sicológico: un hombre dispuesto a todo por trascender entre los tantos arribistas o acólitos del sargento-general Batista, que llegó incluso al cargo de senador.

Una de las virtudes del volumen es su acusada fotografía, los muchos detalles que nos aporta su autor para trascolarnos a ese período en los hechos que nos narra, donde convergen los entrecruzamientos históricos, sociales, culturales, de una Cuba atrapada por la política exterior del gobierno de los EE.UU.

La narrativa del texto, los signos que el autor le incorpora, los elementos discursivos que integran el esqueleto del libro, y la lógica de su edición, nos invitan a delinear un filme de ficción. O mejor aún, una serie documental escrita con los resortes del docudrama. Un texto fílmico donde un narrador omnipresente, Rolando Masferrer, conduzca los muchos relatos que confluyen en las páginas de esta entrega literaria, de signada envoltura historicista.

Entre las contradictorias curiosidades de Masferrer está que también formó parte de las Brigadas Internacionales por la defensa de la República Española y militó en el Partido Socialista Popular (PSP). Después, devino politiquero y asesino de muchos jóvenes del Movimiento 26 de Julio, de los combatientes de la Sierra Maestra, así como autor de varios actos terroristas organizados desde los Estados Unidos contra Cuba.

Al cine le asiste esta encomienda por la virtud de ficcionalizar lo documental, los hechos acreditados en pliegos, testimonios o memorias. Los sueños del Tigre. Paramilitares en Cuba, de Enrique Acevedo, es una gran entrega literaria que el arte cinematográfico documental debería dibujar para el culto de los jóvenes cubanos.

Texto tomado de Notas del Reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte, Canarias Semanal y Cubainformación, estas dos últimas del Estado Español.

15 años La Jiribilla

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Para verte mejor 2: memoria, recuentos y abordajes. Por: Octavio Fraga Guerra*

Para verte mejor 2 (Cubierta)Me aventuro a tomar nota sobre la exquisita labor que realizó el poeta y editor Norberto Codina con la segunda entrega de la saga: Para verte mejor 2. Pasajes del cine cubano en La Gaceta de Cuba (Ediciones ICAIC, 2015). El título “se apropia” de las prácticas de producción de las series televisivas, que se emiten por temporadas. ¿Habrá una tercera entrega?

El también director de La Gaceta… construye un texto voluminoso, de oportuna consulta, una antología que arropa algunas de las problemáticas latentes en la cinematografía nacional, cuyo eje recurrente es el ICAIC. Esta selección revela una gran virtud en todo su cuerpo: los autores son algunos de los muchos protagonistas del cine cubano.

Su espectro temático es dispar. Esa (requerida) heterogeneidad revela la riqueza de un debate que esta publicación acoge en sus páginas. Un texto oportuno donde habita la impronta de una entrevista biográfica, o más de una. La edición de un debate entre críticos con ensayos sobre la escritura del cine documental. Y, claro, las crónicas no están desterradas en este volumen. Algunas presumen del agradecido vuelo literario haciendo guiños a nuestra plural cultura, a nuestra historia. Codina articula en requerida horizontalidad los géneros periodísticos que convergen sin jerarquías.

Tras las notas preliminares de su antologador, el libro se nos revela con El cine cubano encueros, un texto de Luciano Castillo que retrata con lenguaje coloquial los avatares de la producción y exhibición del cine pornográfico en nuestro país. Un artículo de valores historicistas y sociológicos donde subyacen, como sucintos retratos, los vericuetos humanos de una década (50 del siglo pasado) y los ambientes entroncados, insuficientes en nuestros medios de comunicación.

Secunda a este trabajo el texto del periodista Justo Planas Cabrejas sobre el legendario personaje de nuestros dibujos animados. El reverso mítico de Elpidio Valdés es su contribución a esta antología, un texto merecedor del II Premio de Ensayo “José Juan Arrom”. El autor desgrana sobre los procesos creativos “vividos” por el personaje y su evolución en la zaga creada por el cineasta Juan Padrón, Premio Nacional de Cine 2008. Los valores historicistas y de identidad del Coronel Valdés, los personajes-actores que confluyen en torno a él y las historias dibujadas son fotografiados desde un riguroso y enriquecedor lenguaje del que podemos sacar renovadas lecturas y enseñanzas.

Sin pretender hacer una ruta crítica sobre los veintiséis textos que conforman este volumen doy un salto al apartado titulado Pantalla documentada, donde el editor jerarquiza nuestro cine documental, encabezado con justicia por una entrevista al crítico y promotor del cine cubano, ya fallecido, Walfredo Piñera.

Pero se impone significar dos de las entregas que conforman este segundo corpus. La primera, Bola y Rita: La memoria, la música y el amor, una entrevista “olvidada” en los anaqueles de sonido del ICAIC, del cineasta cubano Octavio Cortázar (director de los filmes Por primera vez, El brigadista y Guardafronteras, entre muchos otros) y realizada para un filme no materializado sobre Rita Montaner.

Cortázar ―agudo, indagador y preguntón― comparte algunos pasajes y rasgos de la personalidad de la “Única”, una de las intérpretes más importante de la década de los 50 en Cuba. El texto debería ser tenido en cuenta por musicólogos y comunicadores especializados por su fortaleza documental. Resultan enriquecedoras las palabras de Bola de Nieve, en las que descorcha los recovecos socioculturales que permearon a Rita Montaner. Los giros del protagonista también revelan al desenfadado conversador dispuesto a compartir con humor, ironía y desparpajo las tramas de su controversial amiga y las de su propia vida.

El antologador cierra esta segunda parte con un agudo trabajo del crítico Dean Luis Reyes: No ficción y reflexividad en el audiovisual cubano de los años 2000, cuyo objeto de análisis son algunos filmes referenciales de ese período. A los títulos La Época, El Encanto y Fin de Siglo, de Juan Carlos Cremata; Las sombras corrosivas de Fidelio Ponce, aún, de Jorge Luis Sánchez y Suite Habana, de Fernando Pérez, le entrega la mayor cantidad de caracteres.

Este autor desentraña en sustantivas cuartillas diferentes enfoques sobre los recursos narrativos, las implicaciones temáticas de sus creadores y los elementos teóricos que subyacen en estos filmes, engarzado con las zonas sociales, políticas y culturales de la Isla. Son en definitiva, obras de una época, de un período, de un tiempo que exige nuevas lecturas, nuevos análisis.

El arte de actuar, otro capítulo de esta segunda parte, acoge derroteros, vivencias e historias de tres actrices y de un actor del cine cubano. Eslinda Nuñez, Laura de la Uz, Alina Rodríguez y Vladimir Cruz son objeto del interrogatorio, del análisis casuístico de sus obras. Los antecedentes de sus puestas o las dinámicas afines, son parte de los enfoques de este núcleo de entrevistas, donde tiene espacio lo personal, despojado de lo glamoroso y vacío de las celebrytis. En las cuatro piezas afloran denominadores comunes: las preocupaciones, obstáculos y subjetividades que entorpecen el ejercicio de sus labores profesionales en nuestro país.

Dos entrevistas al realizador y guionista Fernando Pérez encabezan La construcción de una imagen, que forma parte de otra cuarteta de esta antología de Para verte mejor 2. Víctor Fowler y Zurelys López Amaya desgranan preguntas al director de Clandestinos. Indagan sobre las praxis en la realización de este importante cineasta y los temas que le identifican o definen como constructor de historias, de nuestras realidades. Fernando apunta sus preocupaciones en ámbitos como la sociedad, la política, la historia, la cultura y los retos de nuestro cine. Sus aseveraciones toman fuerza y corporeidad en tiempos en los que el llamado cine independiente, un término y una experiencia sumida en recurrente debate, es incorporado al abanico de la producción del cine nacional.

El texto, Senel Paz. A mí lo que me gusta es escribir, de Juan Ramón Ferrera Vaillant, cierra este apartado. La entrevista transita por las mismas costumbres de la indagación personal, del pasado, presente y futuro del guionista. Pero me apetece significar las valoraciones que aporta el guionista del filme Fresa y Chocolate. Sus palabras apuntan hacia la responsabilidad ante la obra escrita y ante el realizador, una vez que es tomada para el ruedo de la producción. Senel Paz afina conceptos, prácticas y preceptos esenciales para el desarrollo del arte cinematográfico.

Codina mapea el cine nacional en sus variadas perspectivas y reiteradas llamadas de atención. Espacios y crítica acoge otras miradas, incorpora textos polémicos, enriquecedores, cuestionadores también de ciertas políticas asumidas por el ICAIC. Materiales que debemos acotar, subrayar y reflexionar sobre sus esencias.

Se toma nota de los filmes Cecilia, de Humberto Solás y Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres; muchas veces estudiados. Esta vez lo asume el escritor y guionista Arturo Arango a partir de la relación que tiene todo arte con la política, la sociedad y el pensamiento.

Las rutas del presente apartado van desde los años fundacionales del ICAIC hasta las nuevas hornadas de jóvenes realizadores. La crítica y los críticos están a examen en este libro por esa responsabilidad que les asiste como hacedores de ideas. Se incorporan también otras reflexiones que no desconocen los aportes, valores o aciertos de una institución cultural que ha de seguir siendo gestora y ejecutora de la política de nuestro cine.

El cierre del libro está reservado para el intelectual y fundador del ICAIC Alfredo Guevara. Manuel Pérez Paredes, Kiki Álvarez, Luis Ernesto Dueñas y Julio César Guanche son los autores de estos trabajos que apuntan a significar los valores y aciertos de un hombre que puso al cine en el eje de la política cultural de la Revolución cubana. Un cineasta que asumió el ejercicio del debate y la jerarquización de las ideas como arma insustituible en defensa de nuestros principios como nación. Eso sí, desterrando el dogma con el profundo análisis y la aguda crítica, irremplazables en nuestra sociedad.

Con Para verte mejor 2, la revista La Gaceta de Cuba se reafirma como una publicación esencial de la nación, forjada por la práctica del debate, el ejercicio de la crítica y el anclaje de temas medulares de la cultura y la sociedad. Un ejercicio que persiste hasta hoy desde su etapa fundacional.

Tomado de: http://www.cubarte.cult.cu

*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Prólogo del libro: Hemingway, ese desconocido, de Enrique Cirules. Por Salim Lamrani*

Hemingway desconocidoEnrique Cirules es una figura conocida y admirada del paisaje intelectual cubano. Este prestigioso escritor y ensayista, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el autor de numerosos libros que tuvieron un gran éxito. Algunos títulos, como Conversación con el último norteamericano o El imperio de La Habana, tuvieron un merecido eco internacional y fueron traducidos a varios idiomas.

Este especialista de la cultura cubana tiene varios temas de predilección: el mar, la guerra y el amor. Primero, el mar: en efecto, nada más natural para un insular que la fascinación por esta inmensidad azul, a la vez fuente de esperanzas y de angustias. Luego, la guerra: Cuba, patria de José Martí y tierra de espíritus libres, estuvo marcada por la más larga y sangrienta guerra de independencia de la historia de América Latina y sufre un estado de sitio implacable impuesto por Estados Unidos desde 1959, por proclamar con fuerza su deseo de emancipación. Por fin, el amor: Cirules recuerda sin duda que la Revolución Cubana es primero y ante todo una declaración de amor a los oprimidos, a los humillados y a los aplastados de este mundo, un grito de esperanza y de rebeldía a favor de la “cariátide” –para retomar el término que usaba Victor Hugo para designar a la plebe–, el símbolo de la insumisión y de la irreverencia de los pordioseros, de los reprobados y de los desgraciados, decididos a tomar las riendas de su propio destino.

Pero Enrique Cirules es un apasionado de la figura de Ernest Hemingway (1899-1961), como lo ilustra esta obra cautivadora titulada Hemingway, ese desconocido. Este libro constituye una empresa de rescate del autor de El viejo y el mar y nos revela varias facetas poco conocidas del más universal de los escritores estadounidenses, particularmente su relación con Cuba. Este ensayo obtuvo una mención más que merecida en el Concurso 2013 del prestigioso Premio Literario Casa de las Américas, en el cual tuve el honor de participar como miembro del jurado.

Ernest Hemingway ocupa un lugar aparte entre los escritores del siglo XX y varias de sus obras se han convertido en clásicos de la literatura universal. Durante su vida, publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Varios escritos más se publicarían a título póstumo.

Pero además de ser un hombre de ideas, Hemingway fue sobre todo un hombre de acción. Procedente de una familia acomodada de Oak Park, cerca de Chicago, el joven Ernest, a pesar de sus innegables disposiciones intelectuales, renunció a una carrera universitaria para elegir la profesión de periodista en el Kansas City Star. En 1918, en plena Primera Guerra Mundial, trabajó en la Cruz Roja italiana como conductor de ambulancia y viajó para el frente. Resultó gravemente herido por un disparo de mortero. A pesar de sus heridas en las piernas, Hemingway no vaciló en auxiliar a un soldado italiano. Recibió la Medalla Italiana al Valor por este acto de valentía. Esta experiencia le inspiraría su novela Adiós a las armas.

Hemingway siempre sintió una aversión profunda a todas las injusticias, sobre todo por las que golpeaban despiadadamente a los más vulnerables. Antifascista convencido, corresponsal de guerra durante la el conflicto fratricida español entre 1936 y 1939, se dedicó en cuerpo y alma en el combate a favor de la República, asediada por las hordas franquistas y sus partidarios, a saber “la gente de bien” y la Iglesia Católica, quienes rechazaban visceralmente la abolición de los privilegios, la repartición de las riquezas y la justicia social. En 1938 estuvo hasta el final en la Batalla del Ebro, último bastión republicano. Su obra maestra Por quién doblan las campanas reconstruye la tragedia del pueblo español, abandonado a su suerte por una Europa temerosa de un conflicto mundial y unas elites espantadas por la idea de ver “el yugo de la disparidad de las fortunas” –para citar al inolvidable Henri Guillemin– finalmente sacudido y de asistir a la emergencia de una verdadera democracia popular y participativa. Para ellas, el fascismo era un mal menor ya que permanecían intactas las estructuras sociales.

Frente a la barbarie nazi, Hemingway se involucró otra vez en la lucha contra el totalitarismo y fundó una agencia antifascista en Cuba, entonces dominada por Fulgencio Batista, fiel aliado de Washington, quien traicionó la Revolución de 1933. Hemingway incluso participó en la caza de los submarinos alemanes en alta mar, cerca de las costas cubanas con su yate Pilar. En 1947 recibiría la Medalla de Bronce al Valor por su compromiso contra el fascismo.

Una profunda historia de amor une a Hemingway a Cuba y Enrique Cirules se consagra con brío a recordar esos lazos inquebrantables. No es por casualidad que la historia de El Viejo y el mar, su obra más famosa que le valdría el Premio Pulitzer en 1953, se desarrolle en la isla del Caribe, donde el escritor estadounidense vivió muchos años entre el Hotel Ambos Mundos y su propiedad Finca Vigía. Una anécdota basta para ilustrar su apego al pueblo cubano. Tras la consagración literaria de 1954, año cuando recibió el Premio Nobel, Hemingway eligió a un periodista cubano para conceder su primera entrevista sobre el tema. Él, americano, declararía con mucho afecto: “Soy el primer cubano que consigue un Premio Nobel”. Hemingway, quien vio con preocupación el auge del fascismo en Cuba con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 y el establecimiento de un Estado mafioso, acogió con entusiasmo el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, con el cual mantendría relaciones cordiales hasta su salida definitiva de Cuba en 1960.

Enrique Cirules, mediante su biografía apasionada y comprometida, nos recuerda sin duda la cosa más importante a propósito de Ernest Hemingway más allá de su extraordinario talento literario: supo cumplir su primer deber de ciudadano libre siendo un eterno indignado.

*Enrique Cirules, Hemingway, ese desconocido, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 2015.

Este ensayo tuvo una “Mención honorífica” del Premio Casa de las Américas 2013.

Tomado de: http://www.cubainformacion.tv

Salim Lamrani*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV. Profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly ReviewPress, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano.

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“Cuba Libre: La utopía secuestrada”: Un libro de combate. Por: Elier Ramírez Cañedo*

Cuba libre utopíaErnesto Limia Díaz regaló a los lectores cubanos en el 2015 otra excelente y singular obra historiográfica: Cuba Libre: la utopía secuestrada (Casa Editorial Verde Olivo, 2015), que continúa la saga abierta por Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural (Casa Editorial Verde Olivo, 2014). Esta vez el texto comprende una de las etapas más intensas y fundacionales de la historia cubana, desde finales del siglo XVIII hasta el controversial año 1898.

Como lector y estudioso de los libros de este autor, debo comenzar estas líneas señalando que estamos en presencia de un acucioso investigador, ducho en el análisis y la síntesis de la información más oportuna y necesaria. Con un estilo muy propio de historiar, Limia va ganando cada vez más reconocimiento entre los historiadores y el público lector de manera general. Pero como el propio Limia ha expresado, más que para la academia, él escribe para llegar al corazón mismo del pueblo, como reclamara el célebre historiador cubano, Emilio Roig de Leuchesering, en el primer congreso nacional de historia celebrado en 1942. Por eso, no se conforma con el hecho de que el libro permanezca a la venta en los anaqueles de las librerías o dormido en alguna biblioteca, sino que ha salido a poner a dialogar directamente su obra con los públicos. El debate que ha generado —tan necesario en la Cuba de hoy—  ha sido significativo y aleccionador. He sido testigo de ello en varias oportunidades.

Son muchos los méritos de Cuba Libre: la Utopía secuestrada, ya señalados con anterioridad por importantes intelectuales cubanos como Abel Prieto Jiménez, Pedro de la Hoz, Juan Nicolás Padrón, Rafael Acosta de Arriba y Rolando Pérez Betancourt, entre otros. De ahí que solo me limitaré a mencionar los que, en mi opinión, y desde mi perspectiva de historiador, resultan más relevantes.

Después de analizar y explicar, Limia juzga, pero siempre colocándose en el contexto histórico abordado y con la cabeza descubierta. Juzgar desde la distancia puede resultar tan fácil como impropio, si no se captan y tienen en cuenta todas las claves y complejidades de la época. De lo contrario, cómo podría entenderse a la luz de hoy, por solo mencionar algunos ejemplos, la defensa de la esclavitud y los postulados racistas de quienes por otro lado estaban haciendo patria; el origen anexionista de nuestra bandera —limpiada con sangre en las gestas independentistas— o la petición de anexión a los Estados Unidos de los asambleístas de Guáimaro, firmada de muy poca gana por Carlos Manuel de Céspedes, como presidente de la República en Armas. El mismo hombre que con total clarividencia poco después escribiría: “Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez estaré equivocado, pero en mi concepto su Gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y, entretanto, que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados”. (1)

Al igual que ocurrió con la bandera, el pensamiento de los mambises cubanos fue limpiándose de espejismos con gran celeridad, alcanzando mayor madurez y radicalidad revolucionaria, a fuerza de sacrificios y los propios desengaños con la actitud del Gobierno de los Estados Unidos hacia la causa independentista cubana. El anexionismo no desaparecería del todo, pero ya sería una corriente minoritaria en las filas insurrectas cubanas. Estos son temas que no deben evitarse, sino enfrentarse con valentía y profundidad en nuestros análisis históricos, antes que regalárselos a otros, que no lo harán siempre con buenas intenciones y bajo la guía de alcanzar la mayor proximidad a la verdad histórica. En Cuba Libre: la utopía secuestrada, Limia toma en este tema —y en otros— el toro por los cuernos. No esquiva tampoco abordar las contradicciones entre las principales figuras de la gesta independentista del decimonónico cubano.

Cuba en la independencia de los Estados Unidos; la sublevación de Aponte en 1812; el proceso de conformación de lo que sería la primera doctrina en política exterior de los Estados Unidos: la llamada doctrina Monroe y el lugar tan señalado que tuvo Cuba en su formulación; las figuras de José de la Luz y Caballero, Carlos Manuel de Céspedes y José Martí; la personalidad de Juan Prim, presidente del Consejo de Ministros de España, quien llegó a emprender una negociación con los mambises que contemplaba la independencia de Cuba; tendencias políticas muy poco abordadas en nuestra literatura histórica como el anexionismo y el autonomismo; el dramático proceso que llevó a la destitución de Céspedes en Bijagual y su posterior muerte en San Lorenzo; el combate ideológico del Apóstol frente al anexionismo y su caída en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895; el espionaje y la diplomacia pública practicada por los Estados Unidos para preparar la intervención en el conflicto cubano-español en 1898, son algunos de los tópicos donde, en mi opinión, el autor logra una mejor simbiosis entre información y profundidad de análisis; trasmitiendo, a su vez, pasión narrativa.

Las relaciones Cuba-Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX es uno de los hilos conductores fundamentales del libro. Aspecto de vital actualidad e importancia en el nuevo contexto de las relaciones entre ambos países anunciado el 17 de diciembre de 2014. Limia muestra una visión mucho más problematizada del tema, al explicar las diversas contradicciones que se dan dentro de las estructuras de poder estadounidenses en cuanto al diseño y la implementación de la política hacia Cuba. Nada que ver con una imagen de actor racional único que en ocasiones hallamos en otras obras. De ahí que mientras tenía lugar la guerra de los Diez Años nos encontremos dentro de la administración de Ulises Grant, a un secretario de Estado como Hamilton Fisch, enemigo jurado de la independencia de Cuba; pero también a un secretario de Guerra como John A. Rawlins, partidario de reconocer la beligerancia de los cubanos. Al mismo tiempo, vemos estas divisiones y diversos enfoques dentro del legislativo norteamericano en la manera de enfocar la política hacia la Mayor de las Antillas.

Creo que es positivo que Limia no solo muestre los rostros y nombres de los enemigos jurados de nuestra independencia en los Estados Unidos —por desdicha las que siempre han prevalecido en la política norteamericana— sino también el de los amigos y simpatizantes de la causa redentora cubana, casi siempre desconocidos en ambos países, en gran medida por no formar parte de la historia de los vencedores.

Dentro de las tesis más infaustas que he escuchado en los últimos tiempos sobre nuestro proceso histórico, está aquella que plantea que “la Revolución en Cuba ha sido un resultado de la clase media burguesa” y para ello se utiliza como argumento el origen pudiente de los hombres que iniciaron la gesta del 68. El libro de Limia demuestra que, si bien es cierto que mucho del liderazgo de nuestras revoluciones en distintos momentos ha salido de las clases acomodadas, las verdades fuerzas motrices de la revolución en Cuba han estado en los sectores más humildes, así lo fue en el siglo XIX y lo sería también el XX. Por otra parte, es cierto que Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera —quien llegó a ser el hombre más rico de Oriente— y otros patricios orientales provenían de la clase terrateniente; sin embargo, terminaron suicidándose como clase al poner no solo su patrimonio, sino hasta su propia vida al servicio de la causa independentista.

Fueron esas posiciones profundamente revolucionarias y altruistas las que exaltara José Martí, el 10 de octubre de 1891, en su histórico discurso en el Hardman Hall, de New York:  “Aquellos padres de casa, servidos desde la cuna por esclavos, que decidieron servir a los esclavos con su sangre, y se trocaron en padres de nuestro pueblo; aquellos propietarios regalones que en la casa tenían su recién nacido y su mujer, y en una hora de transfiguración sublime, se entraron selva adentro, con la estrella a la frente; aquellos letrados entumidos que, al resplandor del primer rayo, saltaron de la toga tentadora al caballo a pelear; aquellos jóvenes angélicos que del altar de sus bodas o del festín de la fortuna salieron arrebatados de júbilo celeste, a sangrar y morir, sin agua y sin almohada, por nuestro decoro de hombres; aquellos son carne nuestra, y entrañas y orgullos nuestros, y raíces de nuestra libertad y padres de nuestro corazón, y soles de nuestro cielo y del cielo de la justicia, y sombras que nadie ha de tocar sino con reverencias y ternura. ¡Y todo el que sirvió es sagrado!”. (2)

Mas tampoco se puede desconocer, como no lo hace el autor de Cuba Libre: la utopía secuestradaque también una parte significativa de la clase burguesa cubana en el siglo XIX, durante la guerra de 1895, optó por montarse en el carro de la revolución incorporándose a los mandos de la misma y, con ello, imponiendo su ideología en detrimento de las ideas más radicales y revolucionarias dentro del propio mambisado cubano.

Ex autonomistas y anexionistas encubiertos, ocuparon importantes posiciones, sobre todo en el Consejo de Gobierno y en la emigración. Como resultado, se fue produciendo una significativa erosión ideológica. Si podemos decir como Martí, que durante la Guerra de los Diez Años la espada no nos la quitó nadie, o como dice Limia en este libro: “en términos prácticos, lo que no pudieron los españoles lo consiguieron los cubanos: derrocar las revolución” (3), también se puede señalar que durante la Guerra de 1895, sin la presencia de Martí y Maceo —cuyas extemporáneas muertes dejaron un gran vacío ideológico— los mambises cubanos continuaron la contienda; mas a la altura de 1897-1898 iban ganando la guerra, pero no la revolución.

Este es un libro de Historia de Cuba escrito para lectores de cualquier edad, pero de manera especial para los más jóvenes. Su discurso directo, apasionado y de fácil compresión, lo revela. En sus páginas queda demostrado de forma fehaciente que dos han sido los principales enemigos históricos de la nación cubana: los distintos gobiernos de los Estados Unidos y nuestras propias insuficiencias o divisiones a la hora de concebir y llevar a la práctica la revolución. Si bien es un libro que contribuye a la ciencia histórica cubana, su trascendencia fundamental reside en las lecciones que brinda al presente y el futuro de nuestro país.

Termino mis palabras reconociendo la profesionalidad de Limia en la investigación histórica; pero, sobre todo, elogiando su posicionamiento ético-político, algo que algunos historiadores tratan de eludir, con tal de aparentar ser más objetivos. La historia como ciencia no debe jamás convertirse en una propaganda política vaciada de contenido; mas ello no puede conducir a una falsa neutralidad ideológica. Como bien no existe un lenguaje inocente, tampoco existe una historia inocente.

Notas

(1) Citado por Rolando Rodríguez en: Bajo la piel de la manigua, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p.77.

(2) Discurso pronunciado por José Martí el 10 de octubre de 1891 en el Hardman Hall de New York, en: José Martí, Discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p.138.

(3) Ernesto Limia Díaz, Ob.Cit, p.274.

Tomado de: https://dialogardialogar.wordpress.com

Elier Ramírez Cañedo*Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”.

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Una biblia que amerita multiplicarse. Por: Octavio Fraga Guerra*

La biblia del cinéfilo.  Luciano Castillo. (Editorial Arte y Literatura, 2015)

La biblia del cinéfilo. Luciano Castillo. (Editorial Arte y Literatura, 2015)

Celebro la virtud de los que socializan la cultura. Comparto los que anulan horas de sueños por el placer de escribir textos que encumbran y engrandecen los hornos del saber. Son de esos misteriosos nexos transformadores de íntima relación entre pliegos de papel o texturas digitales revelados como textos mayúsculos.

La biblia del cinéfilo, es uno de esos libros virtuosos cuyas asimetrías y contenidos nos llegan vestidos con otros cuerpos, con renovados bríos. Dibujados con anotaciones de agudas palabras y reflexiones de acentos historicistas de patinas culturales. Un texto de obvias precisiones y obligadas paradas, esbozado para el transitar por un vasto saber y el divertimento.

El autor de La biblia del cinéfilo (Editorial Arte y Literatura, 2015) es un intelectual de probada vocación social y cultural. Director de la Mediateca André Bazin, de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños hasta principios del año 2014. Una referencial institución académica que desde su fundación le abrió las puertas a los que aprecian el cine y sus inabarcables tesoros.

Conductor y escritor de programas de radio y televisión donde el cine es su recurrente pretexto. Colaborador de las más prestigiosas publicaciones culturales de Cuba y de muchas otras naciones. Demandado conferencista en espacios universitarios y de promoción cultural. Son las huellas de esa aptitud la que se materializa también con una copiosa obra literaria, referencial, de renovada arquitectura temática. Su actual labor profesional como director de la Cinemateca de Cuba, responde a esa coherencia y vocación de hacer cultura para el intelecto de todos.

La verdad 24 veces por segundo; Concierto en imágenes; Con la locura de los sentidos; Ramón Peón, el hombre de los glóbulos negros; Entre el vivir y el soñar; Pioneros del cine cubano; Cronología del cine cubano; (en coautoría con Arturo Agramonte), Conversaciones con Jean-Claude Carrièrre (con Javier Espada); Carpentier en el reino de la imagen; El cine cubano a contraluz, El cine es cortar (con el editor Nelson Rodríguez) y Trenes en la noche, son los otros rastros de un legado cultural que el intelectual cubano Luciano Castillo nos ha aportado.

Con su constancia contribuye al fortalecimiento de los anaqueles teóricos de la cultura del pueblo cubano, en la que el cine es esencial. Por esa probada vocación de amar al séptimo arte, de sentir por él. De asumir incluso el oficio de crítico de cine, huella inobjetable de la obra de la Revolución que puso y sigue poniendo a la cultura en el centro de la sociedad.

Esta nueva entrega de la Editorial Arte y Literatura descansa en una selección plural en cuanto a fuentes, criterios editoriales o estructuras y abordajes de bastas envolturas, sustentado en el principio de la mirada que tiene ante sí un enorme abanico de enfoques y precisas paradas.

El autor toma de las más prestigiosas publicaciones de cine y medios de comunicación, de nombradas editoriales, de festivales internacionales de este gran arte que han sumado criterios y puntos de vista a manera de antología, o de las federaciones de cine o asociaciones de críticos.

Obviamente Luciano Castillo incluye las formuladas por otras cinematecas, repasa los abordajes de prestigiosas instituciones cinematográficas, sin obviar regiones o países que han hecho encumbrados aportes al cine universal. Se impone apuntar en esta selección los juicios de nuestros críticos sobre lo producido por el ICAIC.

El texto está construido por seis apartados principales: los mejores filmes de todos los tiempos, los mejores filmes por años y por décadas, los mejores filmes por países y zonas geográficas, los mejores filmes por géneros, los mejores filmes para los cineastas y otras selecciones. Este mapa permite al lector husmear atendiendo a los gustos, a los intereses académicos y motivacionales. Permite repasar todo el libro o singularizar cada una de sus partes.

Esta entrega no se limita a editar una suma de listas y criterios de selección que habitan en la historia del cine. Toma nota de muchas de ellas, se involucra en las más referenciales, en las más denotadas, en las que son de obligada lectura. Lo hace con una escritura que se revela como apuntes de clase con sabor escolástico o textos para un exquisito programa de cine, ausentes en nuestras presentaciones de excelencia.

No se desentiende del ensayo en sus análisis, del esperado rigor que caracteriza a su obra. Su letra cursiva se muestra sin caer en la pedantería de palabras o terminologías huecas o grandilocuentes adjetivaciones carentes de sustentos argumentales. Una suerte de primigenia epidemia que por momentos puebla cierta crítica de cine con vestidura mediocre.

Con las selecciones del British Film Institute, el autor de esta “biblia” desarrolla un agudo ensayo de miradas fecundas, haciendo un repaso de los clásicos, de los filmes compilados por esta prestigiosa institución. Ante los cien señalados por la Editorial Mondadori, el intelectual cubano preside esta muestra con una breve nota que estimula el repaso de una cartografía referencial, de estudio. Sobre la misma idea en torno a la síntesis, a la escritura sinóptica, hace apuntes sobre las propuestas de las revistas Time out, Dirigido por… o la BBC. El texto incorpora las apuestas de la publicación Cahiers du Cinéma o el Internacionational Filme Guide, por citar algunas pocas dentro del amplio espectro de selecciones que conforman este libro.

Completan el armazón del texto, un riguroso índice onomástico y de títulos que nos permite navegar por su voluminosa estructura. Una herramienta eficaz e ineludible para los que hacemos del cine nuestro trabajo cotidiano. El autor también incluye la bibliografía que ha consultado para el acabado de esta obra literaria que responde a las expectativas de los más exigentes críticos y estudiosos de este arte mayor. Estas son parte de las referencias que responden a las pretensiones del autor de construir un plano cinematográfico.

El texto es una obra para el ejercicio de la consulta, mapeado a manera de rutas; vital para la labor de los críticos. Un libro que ha de tener en sus bibliotecas cada promotor cultural. Ha de habitar también en cada casa de cultura de nuestra geografía insular y en cada biblioteca comunitaria por esa obvia socialización del conocimiento, coherente con la política cultural de la nación cubana. Se trata de una pieza para edificar cultura con todos los acentos.

Sus abordajes nos renuevan un arsenal de ideas, de conceptos estructurales que son propios del cine al que debemos asistir por el goce, por el placer de soñar y aprender de sus esencias. Para construir nuestras vidas y quienes nos acompañan en ese mágico momento hacia un mundo mejor.

Texto tomado de la columna Notas del reverso de: http://www.lajiribilla.cu

OFG*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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La dictadura del videoclip

La dictadura del videoclip

La dictadura del videocilp. Industria musical y sueños prefabricados. Autor: Jon E. Illesca. Editorial El Viejo Topo, 2015.

Después de siete años de investigación y casi uno de escritura, estoy muy feliz de anunciaros que ya está a la venta mi nuevo libro: “La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados” (El Viejo Topo, diciembre de 2015). Además de un pliego central con imágenes a todo color, el título cuenta con estupendas ilustraciones del artista plástico Miguel Brieva. A continuación os dejo la sinopsis que aparece en la contraportada:

¿Cómo acabó Shakira trabajando para el presidente de los Estados Unidos y Katy Perry para el Pentágono? ¿Por qué hay tan pocos artistas comprometidos en plena crisis? ¿Cómo se ponen “de moda” las canciones que todos conocemos? ¿Qué relación hay entre los videoclips y la falta de conciencia crítica de gran parte de la juventud? En esta obra multidisciplinar se exponen las conexiones ocultas entre las estrellas del pop, la industria cultural, el narcotráfico, la alta política y el capitalismo global. Analizando la propiedad y el funcionamiento de las grandes empresas que crean la música de masas, se desvela cómo la élite de la clase dominante reproduce en los jóvenes valores e ideologías funcionales para renovar su poder.

Con la difusión de Internet, el videoclip se ha transformado en el producto cultural más consumido por la juventud internacional, por encima de libros, películas, videojuegos o programas de TV. En base al análisis de los 500 vídeos más vistos en YouTube, se exponen las constantes y las ausencias más notables del contenido de este flujo audiovisual que condiciona la vida de millones de adolescentes. Además, el libro, narra las biografías críticas de las 20 estrellas más importantes del pop señalando controvertidos aspectos de su camino hacia el poder. También analiza la música que nada a contracorriente, exponiendo la censura que enfrenta y esbozando sus posibilidades futuras.

Un libro explosivo que de un modo sumamente entretenido y con sentido del humor aúna claridad expositiva, profundidad teórica y rigor científico. Una obra original que no se parece a nada de lo que haya leído y que resultará imprescindible, no sólo para quien busque entender críticamente la producción del pop actual, sino también para aquellos activistas o educadores interesados en construir un mundo mejor.

Tomado de: http://www.rebelion.org

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Maceo revisitado. Por: Fernando Rodríguez Sosa

MaceoComo un libro inteligente, culto, peculiar, un modelo de obra crítica, que no solo ayuda al lector a conocer la casi totalidad de la literatura escrita sobre el Titán de Bronce, sino que también contribuye a develar aspectos de la vida de un hombre extraordinario, calificaba la doctora Mildred de la Torre el volumen titulado Antonio Maceo en la historiografía cubana. El tratamiento a aspectos controvertidos de su biografía, de Zoe Sosa Borjas.

Publicada por la Editorial del Caribe y la Editorial Oriente, esta investigación –presentada en el tradicional espacio Sábado del Libro, en la Plaza de Armas, dedicado al aniversario 119 de la caída del Titán de Bronce y de su ayudante Panchito Gómez Toro— analiza, desde una renovadora perspectiva, aspectos controvertidos y polémicos relacionados con los orígenes y el entorno familiar de Antonio Maceo.

A ello se refería, precisamente, la doctora en Ciencias Históricas, Mildred de la Torre, cuando comentaba que Zoe Sosa Borjas ha estudiado, a profundidad, asuntos controversiales dentro de la historiografía maceísta, como su entorno socio-familiar, su casa natal, su formación intelectual, su vida personal, los atentados de que fue víctima, su muerte y el papel del líder dentro del proceso revolucionario.

Otros méritos de Antonio Maceo en la historiografía cubana. El tratamiento a aspectos controvertidos de su biografía –en opinión de la reconocida historiadora— son que la autora, para realizar su estudio, siguió, a la vez –lo cual es muy difícil de lograr—, un principio cronológico y un principio temático, y que su dominio de la escritura resulta elegante, lo cual posibilita entregar al lector una obra amena e interesante.

Licenciada en Historia y Máster en Estudios Cubanos y del Caribe por la Universidad de Oriente, Zoe Sosa Borjas –quien nació en Santiago de Cuba, en 1971— es jefa del Departamento de Investigaciones Históricas de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba y autora de artículos y ensayos incluidos en libros y publicaciones periódicas.

En palabras del historiador Israel Escalona Chádez, en el prólogo a la obra, esta investigación contribuye a «un conocimiento más exacto y completo de una de las personalidades cimeras de nuestro devenir nacional», para así «confirmar la necesidad de la sistematización de los estudios historiográficos en torno a Antonio Maceo y, en sentido general, acerca de la familia Maceo-Grajales».

Con la presentación, en este Sábado del Libro –al que asistían, entre otros, Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad; René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba, y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro—, de Antonio Maceo en la historiografía cubana. El tratamiento a aspectos controvertidos de su biografía, es indudable que se enriquece la bibliografía sobre el Titán de Bronce.

Mas también esta obra –que, al decir de Mildred de la Torre, dialoga con la historiografía sobre Antonio Maceo y, a la vez, establece un distanciamiento crítico y ético— permite no solo esclarecer momentos de la acción y el pensamiento del aguerrido luchador revolucionario, sino también aclarar pasajes imprescindibles de la propia historia de la nación cubana.

Tomado de: http://www.cubaliteraria.cu

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Fernando Pérez: Cine, ciudades e intertextos. Por: Juan Antonio García Borrero*

FPNo es usual que en Cuba los libros que hablan sobre cine, sean reconocidos con el Premio Nacional de la Crítica Literaria que cada año un jurado entrega a los diez textos más notables publicados en el período.

El primero de esos libros en ser premiado con ese galardón fue Dialéctica del espectador (1982), del gran cineasta Tomás Gutiérrez Alea. De esa fecha a la actual se han sumado otros, pero la cifra sigue siendo exigua, sobre todo porque se piensa que ese tipo de reconocimiento ha de ser dirigido a quienes cultiven la novela, la poesía, o el ensayo de corte literario. Olvidan lo que en su momento expresaría con gran lucidez Guillermo Cabrera Infante: “No existen críticos de cine; lo que existen son escritores que escriben sobre cine”.

A esa lista más bien pequeña de autores cubanos reconocidos como escritores que escriben sobre cine se suman ahora Luis Álvarez Álvarez y Armando Pérez Padrón con su libro Fernando Pérez. Cine, ciudades e intertextos (Editorial Letras Cubanas, 2014). Pocos realizadores del patio han avivado un interés teórico similar al despertado por Fernando Pérez. Varios son los libros, artículos y tesis universitarias que se le han dedicado a su cinematografía. Menciono apenas algunos: La vida es un silbo, de Mercedes Santos Moray; Sueños de realidad, de Jorge Ruffinelli, o la tesis de doctorado que actualmente concluye el crítico Joel del Río.

Entonces, ¿por qué otro libro sobre Fernando Pérez? Y sobre todo, ¿qué podríamos encontrar de novedoso en una aproximación como la que ahora hacen Luis Álvarez Álvarez y Armando Pérez Padrón, quienes repiten como equipo autoral, tras entregarnos hace un par de años su valiosa Introducción al cine (Ediciones ICAIC, 2010)?. Los autores se encargan de anunciar la novedad desde el mismo subtítulo, cuando acotan que hablarán de Fernando Pérez, de su cine, pero también de lo que significa en esas obras las ciudades y los intertextos. Y por otro lado, dicen: “En Cuba hay hasta ahora (2013) muy pocos estudios (…) que aborden la obra cinematográfica desde una perspectiva que intente una valoración o al menos un encuadre cultural del filme”.

Podría pensarse que es con el filme Suite Habana que se justificaría mayormente el uso de la perspectiva de los autores. Pero en los estudios del cine como hecho cultural, la ciudad es mucho más que esa locación en que suelen ubicarse las tramas, y desarrollarse las peripecias de los personajes. Ya Benjamin anotaba las modificaciones provocadas por el cine “en el aparato perceptivo que vive todo transeúnte en el tráfico de una gran urbe”.

El reconocimiento que acaba de obtener el libro concebido por estos dos autores camagüeyanos, le incorpora a la literatura referida al cine un desafío mayor. Ya sabíamos que no bastaba el simple impresionismo que en su época sirvió de pretexto para compilar en un volumen varias crónicas, sino que era imprescindible el análisis que parte de lo epistemológico, y no de la simple opinión. Es un regalo al paladar del espectador-lector de estos tiempos que, sobre todo en Camagüey, siempre ha encontrado un buen refugio para pensar críticamente ese hecho cultural llamado cine.

Tomado de: http://www.adelante.cu

Juan Antonio García Borrero*Miembro de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (Fédération Internationale de la Presse Cinématographique/ FIPRESCI) desde 1999. Creador y Coordinador General de los Talleres Nacionales de la Crítica Cinematográfica (1993-2003), considerado el evento teórico más importante para especialistas en el país. Presidente de la “Cátedra de Pensamiento Audiovisual Tomás Gutiérrez Alea” (2002), ha ganado en seis ocasiones el premio de Ensayo e Investigación que concede anualmente la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), así como dos años consecutivos el Premio Nacional de la Crítica Literaria, resultando hasta el momento las únicas ocasiones en que se entrega ese galardón a textos sobre cine.

En 1990 fundó el cine club “Luis Rogelio Nogueras”, con sede en la Casa del Jurista de Camagüey. Su investigación Guía crítica del cine cubano de ficción registra por primera vez en un volumen la producción silente, sonora pre-revolucionaria y revolucionaria, incluyendo las realizaciones de los cineclubes de creación, el Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, los Estudios Cinematográficos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los Estudios Cinematográficos de la Televisión, entre otros.

Otras publicaciones

Sus textos han aparecido en diversas publicaciones nacionales (Cine cubano; ‘La Gaceta de Cuba; El Caimán Barbudo; Revolución y Cultura; Temas, entre otras), así como en México, Estados Unidos, Argentina, Colombia, España, Francia, Italia y Perú.

Ha figurado como Jurado en diversos eventos nacionales e Internacionales, y ha impartido clases en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Instituto Superior del Arte, así como universidades de Estados Unidos, Brasil y España. Es actualmente el editor de MEMORIAS, LA REVISTA, publicación digital de la Cátedra de Pensamiento Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea”.

Libros publicados (Selección)

Cine cubano, la pupila insomne, Unión, 2012. Bloguerías, Editorial Ácana, Camagüey, 2011. La edad de la herejía (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, Cuba, 2002). Rehenes de la sombra (Festival de Huesca- Casa de América de Madrid – Filmoteca de Andalucía, España, 2001). La dictadura de los críticos (Editorial Ácana, Camagüey, Cuba, 2002) Compilador. Julio García Espinosa: las estrategias de un provocador (Festival de Huelva-Casa de América de Madrid, España, 2001). Compilador. Regreso a la ciudad simbólica (Editorial Ácana, Camagüey, Cuba, 2001). Compilador. Guía crítica del cine cubano de ficción (Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2000). La ciudad simbólica (Editorial Ácana, Camagüey, Cuba, 2000). Compilador. ¿Quién le pone el cascabel al Oscar? (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, Cuba, 1998). ¿Quién le pone el cascabel al Oscar? (Universidad Veracruzana, México, 1998). Por una crítica imperfecta (Editorial Chau Bloqueo, Argentina, 1997).

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¿Cine de la diversidad sexual o cine de bajo perfil? Por: Octavio Fraga Guerra*

Diferente. Cine y diversidad sexual. Autor: Frank Padrón. Ediciones ICAIC, 2014

Diferente. Cine y diversidad sexual. Autor: Frank Padrón. Ediciones ICAIC, 2014

Cuando me aventuraba a leer este libro me preguntaba cómo el autor resolvería en términos conceptuales, teóricos y de escritura el abordaje de un tema claramente vedado. Hablo de la casi ausencia en nuestros medios (dígase televisión) de un cine legítimo, definitivamente necesario por sus esenciales argumentos y propósitos, que han de ser socializados en la sociedad cubana. Un arte creciente y renovado para un pueblo ávido de saberes y lecturas enriquecedoras, que nos exige sean actualizadas desde los cimientos de la historia y la visión humanista que nos asiste y caracteriza. Por esa probada y presente solidaridad que trasciende nuestras fronteras, parte esencial de las raíces de la nación cubana.

Una Revolución humanista en la que aún persisten espacios truncos, asuntos tratados de maneras tangenciales o incompletas, que denotan falta de sistematicidad, ausencia de pensamiento orgánico e, incluso, incoherencias o estrecheces morales ante los preceptos de una obra obviamente inconclusa. Un proyecto de profundo calado social, donde la cultura y los valores por la defensa del género humano son esenciales en el diario de nuestras personales órbitas.

Diferente. Cine y diversidad sexual (Ediciones ICAIC, 2014), texto del ensayista, crítico de arte, poeta, narrador, periodista y comunicador audiovisual Frank Padrón, es un libro enriquecedor, constructivo, crítico. Oportuno ante la persistencia entre nosotros de actitudes, gestos y comportamientos sencillamente inaceptables, que revelan la intolerancia, la no aceptación de la diversidad sexual y, ante ella, se ha de imponer definitivamente el principio básico y universal del respeto.

El también autor de El cóndor pasa. Hacia una teoría del cine “muestramericano”, cartografía en este volumen el tema de la diversidad sexual tomando nota de películas que tratan con acierto, insuficiencias o desvaríos, los diversos planos sociales, religiosos, políticos y culturales, causas o pretextos de este germen global de anquilosada permanencia en nuestro planeta, mutiladores del desarrollo de esos “otros” que son ese “todos”.

En este libro delinea un amplio espectro de coordenadas humanas presentes en cada filme analizado desde las escrituras del arte cinematográfico. Explora en los argumentos, en las puestas en escena y en los talones dramatúrgicos que le singularizan o toma de las ideas de valor científico que enriquecen el cometido del texto. Sus acusados puntos de vista parten de historias nacidas del ingenio de los creadores y también basadas en hechos reales, incursionando con acierto en sus análisis ante dos géneros significantes, ficción y documental.

Diferente… está construido con una antesala cuya acusada redacción invita al lector a participar de un gran mapa, a conocer sus relieves, sus cauces y hondos retrocesos. Un texto que repasa geografías, tendencias artísticas, modos de realización, insatisfacciones o aciertos, propios de un cine que se empeña en visibilizar lo invisible.

Le secunda a la introducción (Sexualidad(es). El jardín de los senderos que se bifurcan), otros dos corpus bien delimitados cuya naturaleza y escritura, como obras de conjunto, las define el ensayo y la reseña cinematográfica. Dos partes conexas que desde sus vestimentas arropan la anchura de una verdad de dimensiones sociales.

Algunos «otros» en el cine contemporáneo y Diferente, experiencia de un cineclub, son esas dos vertientes por donde se mueve el autor y lo hace con un personalísimo análisis de cada pieza, de la que no escapa lo esencial. Son obras escrutadas desde los anclajes de un texto reflexivo, defensor de un “‘cine de la diferencia’ que, más allá de distingos, es cine de la conducta humana”, idea expresada en el prólogo por el ensayista y escritor Víctor Fowler, cardinal para entender los cimientos de una obra siempre inconclusa, por esa lógica de un cine increcento, en permanente movimiento.

En la primera parte de este apartado Padrón apuesta por el análisis de honduras y signos, por el despiece de obras que distinguen la temática. Lo asume desde los fundamentos del ensayo, despojado de esquemas cerrados, de estructuras al uso. Más bien jerarquiza o significa conjuntos de textos fílmicos o piezas únicas que tras su arte final revelan un acabado. En Algunos «otros»… se adentra también en la imparable obra de un antológico del cine universal, el cineasta manchego Pedro Almodóvar. Un creador de altura, muchas veces aporreado por la crítica reaccionaria y conservadora de su país, y con justicia, venerado o reconocido más allá de las fronteras de la nación ibérica.

El cine producido en Nuestra América al que el autor dedica una permanente mirada, las ficciones y los documentales que en el patio han tomado nota de este esencial tema o la antológica cinta Fresa y chocolate de los cineastas cubanos Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabio, son parte de ese mirar selecto del autor, que no excluyente.

Con Diferente, experiencia de un cineclub, el crítico de arte antóloga su propia escritura, fruto de una larga experiencia de hacer público lo que persiste en bajo perfil, por esa praxis de socializar ese “otro cine” en la sala 23 y 12, ubicada en uno de los corazones de El Vedado. Un espacio que hoy acoge la sede de la Cinemateca de Cuba.

Las razones de este Cine Club fundado en el año 2008 por Frank Padrón, con el apoyo fundacional del ICAIC y del CENESEX, son también las razones de este libro: “Aunque el énfasis temático se hará en la diversidad sexual (lo homo, bi, trans, lésbico…), con el principalísimo objetivo de difundir y contribuir a una mejor compresión de estas líneas de comportamiento sexual y, con ello, encaminarnos a la disminución y total erradicación de cualquier manifestación de fobia hacia ellas, habrá también dirigidas a la lucha contra todo tipo de discriminación (racial, étnica, de genero…), de modo que otras importantes y problemáticas «minorías» estarán muy presentes en la programación de Diferente, que incluirá por ello también la perspectiva heteronormativa hacia el tratamiento de la mujer, el negro, el judío, el árabe y otras lateralidades; esto es, cualquier enfoque que se aleje del prejuicio, la intolerancia, la unilateralidad, la parcialidad, al margen de la tendencia erótica del sujeto y el objeto de estudio”.

El conjunto de los textos que habitan en esta otra parte del libro secundan esa declarada intencionalidad del autor, apelando a una escritura que subraya, singulariza y define, en aplaudible confrontación al didactismo sombrío e insulso.

Sea este libro también para los decidores de los medios de comunicación, de todos los medios, para los que construimos con nuestro oficio cultura, educación, valores, talentos, apegados a ese principio martiano, no siempre entendido o escuchado: “con todos y para el bien de todos”.

Texto tomado de la columna Pensar el cine de http://www.cubarte.cu

OFG*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, El Caimán Barbudo y Cubainformación, esta última de España.

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