Tras los apuntes

Leer “El capital”. Por: Carlo Frabetti*

Nuestro Marx. Autor: Néstor Kohan. Editorial: La Oveja Roja

Nuestro Marx. Autor: Néstor Kohan. Editorial: La Oveja Roja

Hace unos días participé en la presentación en Madrid de «Nuestro Marx», de Néstor Kohan (un libro esclarecedor cuya lectura no dudo en recomendar), recientemente publicado por la editorial La Oveja Roja con un excelente prólogo de Belén Gopegui, y durante el coloquio alguien dijo que un texto sobre marxismo solo es válido si nos lleva a leer «El capital». Y aunque manifesté mi desacuerdo con esta afirmación, no hubo tiempo para profundizar en el asunto, de modo que intentaré hacerlo ahora.

Creo que a ningún biólogo se le ocurriría decir que un texto sobre evolucionismo solo es válido si nos lleva a leer «El origen de las especies» y, desde luego, ningún físico diría que la validez de un trabajo de física teórica depende de que nos remita al «Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo» de Galileo o a los «Principia Mathematica» de Newton. Y, sin embargo, siendo muchísimo lo que las ciencias sociales le deben a «El capital», es aún más lo que las ciencias naturales les deben a cualquiera de los otros tres libros citados. ¿Por qué la relación con los clásicos (aunque en este caso habría que hablar más bien de libros fundacionales) no es la misma en uno y otro campo? ¿Por qué en el marco de las ciencias sociales cabe una afirmación tan esquemática como la antes citada? Si tuviera que dar una respuesta igualmente esquemática, diría: por puro fetichismo (y aprovecho para señalar que uno de los principales méritos del libro de Kohan es el de situar la cuestión del fetichismo en el centro de su argumentación). Pero intentaré dar una respuesta más matizada.

Si bien la lectura de los libros de Galileo, Newton o Darwin es fundamental para un epistemólogo o un filósofo de la ciencia, no es ni mucho menos imprescindible para un científico actual (y hasta me atrevería a añadir que es inadecuada para el profano que desea acercarse a la física o a la biología). Y, análogamente, considero que «El capital» es de obligada lectura para quienes intentamos reflexionar sobre los fundamentos del comunismo, pero no para los militantes de izquierdas en general.

Alguien podría objetar que establezco un paralelismo abusivo entre ciencias sociales y naturales. La relación entre teoría y praxis no es la misma en ambos campos, y el método experimental, base de la ciencia propiamente dicha, solo es aplicable de forma muy limitada en el ámbito de la economía o la sociología; de hecho, las llamadas «ciencias sociales» son, en el mejor de los casos, protociencias. Y el mejor de los casos es precisamente el marxismo, puesto que la sociología burguesa es pura ideología camuflada. Pero en la medida en que el marxismo es científico (es decir, en la medida en que dialoga permanentemente con la cambiante realidad), no necesita remitirse a sus textos fundacionales, que, precisamente en esa medida, ya han sido incorporados al discurso y a la praxis de la izquierda genuina (es decir, del genuino anticapitalismo). Es más, buscar la respuesta en «El capital» cuando se plantea una contradicción o una duda (a no ser que la duda sea sobre «El capital» mismo) es tan ocioso como consultar los «Principia» para evaluar la teoría de supercuerdas. Como dijo el gran escritor de ciencia ficción James Blish, Einstein se tragó vivo a Newton; y, análogamente, nosotros tenemos que tragarnos vivo a Marx, no consultarlo como a un oráculo.

He de admitir, sin embargo, que hay poderosas razones circunstanciales para propugnar la lectura de «El capital», como las hubo en su día para incitar a leer los libros de Galileo y de Darwin (el de Newton fue aceptado sin reservas desde el principio), y esas razones tienen que ver con el empeño de los poderes establecidos y sus intelectuales a sueldo en desprestigiar al marxismo.

Es interesante, ahora que ya podemos hacerlo, contemplar con cierta perspectiva histórica la distinta suerte corrida por los tres pilares de la nueva visión del mundo surgida en la segunda mitad del siglo XIX: el evolucionismo, el marxismo y el psicoanálisis. Tras una oposición feroz por parte de la Iglesia y de los sectores más reaccionarios de la burguesía, el evolucionismo acabó imponiéndose de forma incuestionable, y hoy solo algunos fundamentalistas obtusos (que al parecer en Estados Unidos constituyen un tercio de la población) se atreven a impugnarlo. Por el contrario, el psicoanálisis gozó de un gran prestigio intelectual durante varias décadas, para acabar siendo desestimado por quienes estudian el funcionamiento de la mente humana de forma más acorde con los principios y los métodos de la ciencia.

En cuanto al marxismo, desde el primer momento conoció a la vez el prestigio intelectual, la aceptación multitudinaria y la impugnación más feroz. Pero en los años sesenta (sobre todo a partir de Mayo del 68) se puso en marcha una nueva y bien orquestada ofensiva antimarxista que, si no fuera por temor a ofender a la filosofía, podríamos llamar «filosófica». Posmodernos, relativistas culturales y «nuevos filósofos» arremetieron contra la supuesta pretensión marxista de explicar la compleja realidad socioeconómica en función de unas cuantas variables elementales, y algunos prestigiosos intelectuales sospechosamente tolerantes con el psicoanálisis (sobre todo en su vertiente lacaniana) tacharon al marxismo de seudociencia, cuando no de seudorreligión. Y, si no otra cosa, hay que reconocer que los «pensadores débiles», por usar la terminología de Gianni Vattimo, lograron imponer una moda cultural de la que aún no nos hemos librado.

En estos momentos críticos en los que las herramientas teóricas son tan necesarias como la lucha organizada, es imprescindible contrarrestar la campaña de desprestigio del marxismo -que sigue siendo nuestra mejor herramienta- orquestada desde el poder. Y, para ello, hemos de tener muy en cuenta que cada vez que los propios marxistas incurrimos en el fetichismo de los clásicos, el culto a la personalidad o la sentenciosidad doctrinaria, les damos argumentos a nuestros detractores.

Texto tomado del blog: https://jcguanche.wordpress.com

Carlo Fabretti

Carlo Fabretti

*(Bolonia, 1945) Residente en España y escribe habitualmente en castellano. Escritor y matemático, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, ha publicado más de cuarenta libros, muchos de ellos para niños y jóvenes, como La magia más poderosa (Alfaguara, 1994), El ángel terrible (Alfaguara, 2000), Malditas matemáticas (Alfaguara, 2000), El vampiro vegetariano (SM, 2001), La casa infinita (Salvat, 2002), El libro de Guillermo (Edelvives, 2002), La biblioteca de Guillermo (Edelvives, 2004)… En 1998 ganó el Premio Jaén de Literatura Infantil y Juvenil con El gran juego (Alfagura, 1998).

Ha creado, escrito y/o dirigido numerosos programas de televisión, como La Bola de Cristal, El Duende del Globo, Ni a Tontas ni a Locas y Tendencias, y ha estrenado varias obras de teatro. Ha creado y dirige las colecciones de divulgación científica para niños y jóvenes “El Juego de la Ciencia” y “La Aventura de la Ciencia” (Ediciones Oniro).

Entre sus libros para adultos destacan La reflexión y el mito (El Bardo, 1990), El tablero mágico (Gedisa, 1995), Los jardines cifrados (Lengua de Trapo, 1998), El libro del genio matemático (Martínez Roca, 1999), La ciudad rosa y roja (Lengua de Trapo, 1999), El Libro Lnfierno (Alfaguara, 2002), Contra el Imperio (Minor, 2002/2004, versión en libro de su web www.nodo50.org/contraelimperio), La amistad desnuda (Lengua de Trapo, 2004). Tanto sus obras para adultos como las infantiles han sido traducidas a numerosos idiomas. Es presidente de la Asociación Contra la Tortura y miembro fundador de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas.

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(VIDEO) Emocionario, di lo que sientes. Por: María José Esteso Poves

Emocionario. Textos: Cristina Núñez Pereira y Rafael R. Valcárcel. Editorial: Palabras aladas

Emocionario. Textos: Cristina Núñez Pereira y Rafael R. Valcárcel. Editorial: Palabras aladas

Con 42 ilustraciones en 93 páginas, Emocionario describe e ilustra nuestros sentimientos. Ternura,  amor, odio, ira, irritación tensión, inseguridad, vergüenza, culpa o alegría, entre otros. En total Emocionario aborda 42 sentimientos explicados para niños y niñas (con mucha ternura) y con hermosas ilustraciones a doble página.

Hostilidad. Ilustración de Luciana Feito. El libro pretende educar en la comunicación y los sentimientos a los más pequeños. Enseñar, descubriendo nuestras emociones para así aprender a expresarlas desde los primeros años. Además, el libro puede acompañarse con fichas para trabajar con los niños en el colegio.

Editado por Palabras Aladas, Emocionario cuenta con un elenco de más de 22 ilustradores e ilustradoras entre ellas Cynthia Orensztajn, Keki un puntito, Nella Gatica, Gabriela Thiery, Jazmín Varela, Tofi, Luciana Feito,  etc…

La editorial afirma que “creemos que es esencial editar con esmero y primor para alcanzar nuestro objetivo principal: contribuir a que los niños se conviertan en adultos emocionalmente sanos, llenos de sueños y de voluntad para perseguirlos, capaces de pensar por sí mismos y deseosos de sociabilizar en armonía”.

Amor. Ilustración Maricel Rodríguez Clark. Por ello señalan que sus obras pretenden ser itinerarios: recorridos integrales para el ser humano. El prólogo de Emocionario lo firma Rosa Collado Carrascosa, psicóloga y psicoterapeuta, y apunta que este libro es un apoyo pedagógico elemental. “Permite desarrollar la inteligencia emocional del niño, clave para su autoaceptación y su desarrollo psicoevolutivo sano”.

Con textos de Cristina Núñez Pereira y Rafael R. Valcárcel, Emocionario permite hablar y enseñar a los niños y niñas los sentimientos y crecer como personas más comunicativas y asertivas. También disfrutar de las ilustraciones.

Texto tomado de la publicación: http://www.diagonalperiodico.net

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Acceso no autorizado: Una novela culpable. Por: Iroel Sánchez*

Belen Gopegui. Foto: disimulen.com

Belen Gopegui. Foto: disimulen.com

No es este el primer libro que leo donde un conflicto nacido en internet derrama sangre en el mundo real.  Günter Grass termina su novela A paso de cangrejo con un duelo que nace de la traumática historia de su país en el siglo XX. En ella, dos personajes, herederos de los odios acumulados por judíos y nazis, se enfrentan en un foro digital y terminan en una cita mortal.

En Acceso no autorizado, de Belén Gopegui -donde la tecnología es mucho más que un escenario- el conflicto no es menos sangriento pero sí más clasista.  El ciberespacio, ese lugar en el que nos dicen que todo se diluye y terminamos siendo iguales, es desde donde miramos en esta obra la vida política española de los últimos treinta años.

Un abogado devenido hacker, un hacker transformado en semiesclavo de una empresa transnacional y una Vicepresidenta del gobierno español que al principio del libro aún cree en la socialdemocracia y en la posibilidad de gobernar, están en el centro de esta historia de corrupciones, amores imposibles, traiciones y heroísmos nada virtuales. Los ingredientes de algo que pudiéramos llamar thriller político-tecnológico son aquí la vía para recorrer los dilemas de una época, entre salas de prensa, despachos gubernamentales, lujosas residencias, y también locales oscuros y calles poco transitadas desde donde se penetran computadoras personales y servidores de grandes empresas con el suspense y la verosimilitud de la mejor novela de espías, que tiene, además, el rigor técnico e histórico de quien acostumbra a investigar a fondo antes de escribir.

Algunos han visto esta novela de Belén como “un misil” contra el Partido Socialista Obrero Español porque aquí está la traición a sus bases, la corrupción mafiosa de sus ejecutivos y el abandono del marxismo protagonizado  por Felipe González, en un Congreso que pocos recuerdan y que en este libro se narra con detalle.

Sin embargo, Acceso no autorizado es mucho más que eso. Es una reflexión amarga, conmovedora y lúcida sobre la debilidad de la lucha y la imposibilidad de alcanzar la justicia al margen de la militancia organizada. Si te cortan el audio, como le hacen a la Vicepresidenta que intenta convertir su destitución en denuncia, puedes ir más lejos con el streaming y los tweets pero sólo la acción colectiva hará que -como dijo Howard Zinn- los seres humanos organizados venzan a la tecnología organizada, es lo que parecen decirnos tantos fracasos y alguna escaramuza exitosa.

Preguntada si esta novela puede llamarse antisistema, la autora respondió “si llamamos prosistema a muchas de las que se publican”. Ella, que a fuerza de imaginación, oficio literario y rigor investigativo, ha obligado al sistema a publicar y difundir sus incómodas obras insiste en que “ningún relato es inocente” y este libro es absolutamente culpable. Culpable de adelantarse a que se conociera el caso de Eward Snoden, porque uno de sus protagonistas se le parece bastante: no trabaja para la NSA sino organiza “una red de teléfonos sombra” para gángsters coludidos con los organismos de seguridad del gobierno hispano, e intenta salirse de un negocio que lo hala como un imán.

Morir por saber demasiado no ocurre sólo a manos de la CIA y colarse en la computadora de la Vicepresidenta del gobierno español para salvar un amigo y terminar intentando intervenir políticamente para que no se privaticen las cajas de ahorro y los servicios públicos puede costar la vida.

La autora de este libro ha dicho que “el problema no es internet sino la desigualdad social y económica”, aunque los mercaderes de la cultura y la tecnología se empeñen en que olvidemos la causa última de todos los conflictos, más antigua que la misma literatura. Pocas descripciones hay más exactas del sistema gobernante en buena parte del mundo que la que hace “El Irlandés”, quien encarna el poder real en Acceso no autorizado:

“La democracia no era más que el recambio de los vendedores, según quién estuviera en el gobierno serían unos y no otros quienes podrían ofertar sus ruinas para obtener a cambio millones de euros del común. También recambio de compradores que adquirían a precio de saldo inmuebles e infraestructuras puestas en pie por la comunidad. Todos lo saben y se rasgan las vestiduras de cuatro a seis y después vuelven a lo suyo. Yo he mediado con todos, les he visto malversar lo que debía pertenecer al país entero y a las generaciones por venir”.

Este libro es también culpable de adelantarse al estallido del 15M y seguir vivo tres años después, porque -como la buena literatura- no busca complacer los estereotipos que ha construido el mercado editorial, sino que nos habla de la condición humana y su relación con un sistema llamado capitalismo y lo hace con la poesía, dominio del idioma y la altura estética de quien es considerada por muchos la mejor escritora española de su generación. Quizás por ello, el diario El País- ese órgano oficial del capitalismo en idioma español- se posicionó rápidamente con respecto al libro: “esta novela no va”, escribieron allí. ¿Cómo va a ir? Si esta obra ataca, con efectividad demoledora, todo lo que El País representa.

No obstante, todavía hay espacios donde se puede decir lo que le duele a El País:

Acceso no autorizado. Autora: Belén Gopegui. Editorial: Arte y literatura

Acceso no autorizado. Autora: Belén Gopegui. Editorial: Arte y literatura

Blanca Berasetegui (El cultural, suplemento literario del diario El mundo): “Belén Gopegui empezó a escribir Acceso no autorizado hace cuatro años. La interrumpió, escribió luego Deseo de ser punk y hace solo unos meses la retomó convencida de que “convenía dotar a la novela de una textura real”. Y eso lo ha conseguido. Todos los lectores sabemos qué vicepresidenta, qué ministro y qué militante del PSOE hay detrás de unos nombres ficticios. Acceso no autorizado es un durísimo relato de lo que pudo ser y no ha sido, o mejor: “lo que no pudo ser y fue en la novela”. En todo caso, la cruel, inteligente y poética historia de una desilusión. “.

Alex Gil (Qué leer):” Corren tiempos agitados e inciertos. Los políticos han dejado de representar a sus electores para jugar al juego que les marca el capital y que ha acabado con el mundo en ruinas. Las nuevas tecnologías se han instalado para quedarse y vivimos continuamente conectados. Empieza a moverse algo, empieza a haber un rumor y, si hay algún escritor que por estos lares sea capaz de captar ese pulso de nuestra sociedad, ésa es Belén Gopegui “

David Becerra (Rebelión) “Belén Gopegui ha cumplido, con Acceso no autorizado, también con la literatura. Ha estado a la altura de lo que el género narrativo exige. Porque, como ella misma dijo en una ocasión, es un requisito imprescindible seguir manteniendo la forma literaria para que la función política de la novela no pierda su eficacia: “… siempre pagando peajes, disimulando, poniendo un poco de complejidad formal o un poco de ironía o un poco de sentimentalismo para que el caballo [de Troya] tenga pinta de caballo o para que el capitalista piense que será más alto el beneficio obtenido que la cantidad de sabotaje que la novela o la película puedan contener”.

Marx, hablando de Charles Dickens, Charlotte Brontë y Elizabethh Gaskell dijo que eran “una espléndida cofradía de escritores de ficción ingleses, cuyas páginas elocuentes y vivas trajeron al mundo más alegatos sociales y políticos que todos los políticos, publicistas y moralistas profesionales juntos”. La literatura de Belén Gopegui busca también ese rol movilizador y aunque sabe esconderlo muy bien en sus libros, como el “caballo de troya ante la ciudad enemiga” o el virus que busca penetrar y destruir desde dentro un sistema informático, tiene el valor de no ocultarlo en sus declaraciones públicas, como jamás ha renegado de su solidaridad con la Revolución cubana.

Gracias, Belén, por ser tan culpable, por escribir tan bien y por hacernos disfrutar tanto sin olvidar en qué mundo vivimos.

Y sobre todo, gracias, por muy marxistamente, ayudar a transformarlo.

*Palabras de presentación de la novela Acceso no autorizado, de Belén Gopegui, en la Feria Internacional del Libro de La Habana, 19 de febrero de 2014.

Fuente: Cubahora

Texto tomado del blog: http://lapupilainsomne.wordpress.com

Iroel Sánchez

Iroel Sánchez

*(Santa Clara, Cuba, 1964).  Editor y periodista. Autor del libro: “Sospechas y disidencias” Editorial Abril (2012).

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Un conversador fabuloso. Por: Aracely Bedevia

Onelio Jorge Cardoso (Calabazar de Sagua, Las Villas, 1914/ La Habana, 1986)

Onelio Jorge Cardoso (Calabazar de Sagua, Las Villas, 1914/ La Habana, 1986)

Remover el interés por la obra de Onelio Jorge Cardoso, en el año de su centenario

La obra de Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, ha desaparecido de las librerías y algunos consideran que las nuevas generaciones apenas conocen de la existencia de este autor, cuyos cuentos pertenecen a lo mejor de la literatura nacional.

Inexplicable resulta lo anterior, si se tiene en cuenta que la obra de este escritor «ha salido airosa de la aplicación analítica de las más actualizadas teorías y metodologías», expresó la estudiosa Denia García Ronda en un panel por el Centenario de Cardoso, que tuvo lugar este martes en La Cabaña, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro.

Al intervenir en la sala Nicolás Guillén, García Ronda consideró que «estamos dejando ir a un escritor cubano catalogado como uno de los cuentistas más importantes de América Latina».

Con especial maestría Onelio combina lo insólito y lo fabuloso. En su obra está «la presentación elíptica de la anécdota, la densidad poética de su lenguaje, la presentación de sucesos mágicos o fantásticos, la originalidad de sus soluciones tempo-espaciales y otros procedimientos, para separarlo de una simple copia costumbrista de determinados sectores de la sociedad cubana», acentuó García, reconocida como la principal estudiosa del Cuentero Mayor.

Onelio solía partir de fuentes populares para escribir una literatura de gran calibre y universal. Sus libros están entre los más importantes publicados después del triunfo revolucionario. No pocos cubanos y cubanas crecieron leyendo al creador de relatos como El cuentero El caballo de coral.

Sin embargo, por prejuicio ante una obra que muchas veces no se ha leído y otras por «la tendencia de nuestra crítica —en ocasiones manifestada generacionalmente—, de absolutizar las preferencias y negar al supuesto contrario», apuntó García, el legado de Onelio ha caído en el olvido, «que, para un escritor, es otra forma de morir».

Remover el interés por este autor, en el año de su centenario, afirmó la experta, es una manera de pagar la deuda que tiene el mundo intelectual cubano con quien supo encontrar la vía artística idónea para conformar una cuentística de altísima calidad, con valores universales.

De ahí que la editorial Letras Cubanas asumiera el reto de publicar una edición conmemorativa de los Cuentos, de Onelio Jorge Cardoso, la cual fue obsequiada a los asistentes a la presentación de este título.

La actual edición, según explicó Rogelio Riverón, director de esa casa editora, parte de la preparada por Onelio y que fuera publicada por Letras Cubanas en 1981.

Cuentos OJC

«Tenemos un deber con la cultura, con una herencia que es patrimonio de la nación», destacó Riverón, quien aseveró que no hay falsedad ni esquematismo en calificar a Onelio como el mejor exponente del cuento rural, aunque no fue este el único tema de sus piezas narrativas. (…) A este escritor se le debe el hecho «de haber superado el costumbrismo chato y la reproducción estéril de los rasgos del campesino cubano, a favor de un modelo verosímil, intensamente estético, creativo y espontáneo».

Los temas que desarrolló en su obra y su proyección ético-estética, enfatizó Denia García Ronda, «no eran simples estrategias para su narrativa, sino principios que formaban parte de su personalidad civil y artística. Su vida y su actividad intelectual se correspondieron siempre con los postulados que defendía en su cuentística, lo que constituye un ejemplo de honestidad intelectual y de generosidad personal».

A la sencillez de este genial hombre y a sus vínculos con los jóvenes se refirió el escritor Eduardo Heras León, director del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, quien lo calificó como un enorme conversador y un narrador oral fabuloso, que de joven tuvo muchos oficios, desde bibliotecario hasta periodista, y dejó para la posteridad una obra que bien merece ser recordada y estudiada.

Texto tomado de la publicación: http://www.juventudrebelde.cu

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El diario inédito de Carpentier. Por: Graziella Pogolotti*

DiarioHabían pasado ocho años desde la muerte de Carpentier cuando Lilia se decidió a abrir el sobre sellado aparecido entre los papeles del escritor. Después de leerlo, volvió a cerrar el sobre. No quería hacer públicas las ásperas descalificaciones de algunos contemporáneos todavía vivos por aquel entonces. Tiempo ha pasado. Algunos ocupan el lugar que les corresponde en el recuento de la historia. La memoria de otros se ha difuminado. Ha llegado la hora de dar a conocer un documento de capital importancia para el conocimiento del hombre y del escritor. El interés del documento sobrepasa en mucho las referencias anecdóticas dejadas caer al paso del transcurso de los días.

Muy crítico del narcisismo de ciertos escritores, Carpentier nunca se inclinó a desarrollar una literatura confesional. De ahí la singularidad de estas breves páginas que transitan entre 1951 y 1957, etapa de intensa fecundidad creativa.

En este diario, una prosa reflexiva conjura el fuego ardiente de la angustia. Acosado por sus demonios en una etapa particularmente creativa de su existencia, Carpentier, siempre tan desdeñoso respecto al regodeo confidencial, ha tenido que apelar a la página en blanco como un interlocutor necesario. Cercana ya la cincuentena, percibe que lo esencial de su obra está por hacer. Avanzada su escritura, Los pasos perdidos permanece en el horno. Indeciso, reestructura el orden de los capítulos, atormentado por una inquietud que no cesará del todo, aún cuando, cerrando los ojos, haya decidido enviar el manuscrito a la imprenta. Se le escapa un comentario, válido para muchos escritores de nuestros días. Evocando a Wagner, auténtico desdoblamiento de si, acota su obsesión de orfebre el llamado imperativo a limar minúsculos detalles que escaparán sin dudas –así lo reconoce- al examen del lector más perspicaz. Principio ético fundamental, la artesanía del oficio arranca de raíz las tentaciones parásitas de la vanidad.

En 1951, Alejo Carpentier se ha instalado en Caracas. Rodeado de amigos, el radio y la publicidad le proporcionan un satisfactorio bienestar económico. Ejerce, desde El Nacional, un periodismo cotidiano. Es un importante animador del ambiente artístico. Disfruta un amplio reconocimiento público. Advierte entonces, con angustia y lucidez, que no puede sucumbir a las tentaciones del diablo, esa rata portadora de la peste que marcará el destino de Juan de Amberes en El camino de Santiago. Ha llegado el momento de la madurez. La literatura, piensa, no se escribe sobre otra literatura. Se nutre de una experiencia existencial. En lo personal, su vida ha transitado abierta a extensos horizontes. Entre Europa y América, ha conocido la variedad del paisaje humano y natural, el estruendo de la guerra y de los conflictos sociales, las conmociones que moldearon los procesos artísticos del siglo XX, la diversidad de las culturas. Siente la necesidad de liberarse de la servidumbre cotidiana de una oficina desgastante de buena parte de sus energías. El tiempo se le escapa. Observa el comportamiento de su propio cuerpo, la amenaza de enfermedades, los asomos de depresión, el disfrute de la plenitud de materia y espíritu en los mares del trópico, anuncio del deslumbramiento de Esteban –El siglo de las luces- en las minúsculas islas del Caribe.

Entre tantas vueltas y revueltas, al cabo de tan prolongado aprendizaje, Alejo se ha construido a si mismo. Tiene que tomar la medida de quién es y dónde está para soltar las amarras, saltar al vacío y emprender una nueva aventura. El Diario, de bitácora, adquiere función de espejo en un momento de transición y de definitiva plenitud creativa. Por eso, los tiempos confluyen y se entremezclan. Las casas donde ha vivido ya no existen. Solo permanece la memoria. En el presente aparecen las lecturas, las audiciones musicales, rápidas anotaciones de encuentros con amigos y la historia íntima de su trabajo literario. De cuando en cuando, por asociación, el pasado renace. Asoman las mujeres que lo han acompañado. Al igual que en sus crónicas periodísticas, Cuba es una obsesión recurrente. Sus amigos de ayer lo han defraudado. Fueron sus compañeros de andadas en la bohemia habanera, en el minorismo y en la redacción de la Revista de Avance. Casi con rabia los contempla como promesas frustradas, empantanadas en veleidades aldeanas. Los compositores que compartieron el descubrimiento de la riqueza rítmica de la música de origen africano, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, han muerto prematuramente. Inquietudes similares lo aproximan ahora a quienes llegaron después: Lezama, Eliseo Diego, Cintio Vitier y Fina García Marruz, y, sobre todo, Julián Orbón, su corresponsal permanente, e Hilario González, amigo siempre, en los años venezolanos y en los del regreso a la isla.

Por la selección y el modo de aproximarse a ellas, las lecturas literarias de Alejo resultan de capital interés. Como evidencian las crónicas de Letra y Solfa, el azar y las circunstancias lo llevaron a comentar numerosos libros. Entre todos ellos, muy pocos merecieron pasar a las páginas del diario. Ahí están, sin embargo, las que respondían a las búsquedas más profundas del escritor. Una zona corresponde a obras de carácter confesional. Regresa a Juan Jacobo Rousseau y a San Agustín. Se detiene en Gide y Jünger. Su inquietud fundamental se dirige a las reflexiones que vinculan al Hombre en su vínculo con el destino, trasfondo latente en las novelas que escribirá a partir de Los pasos perdidos. Se centra, entonces, en los debates que animaron la historia del cristianismo. Revisa la patrística, alude a San Pablo. Se estremece de admiración ante los textos jansenistas de Port Royal, aunque descarta por completo el modo de enfocar el tema de la gracia. A propósito de la biografía de San Anselmo, manifiesta su entusiasmo por la literatura medieval. Destaca en ella la eficacia narrativa, así como la sutileza y precisión en el empleo de los adjetivos. Capítulo aparte merece su examen sistemático de la picaresca española, a la que tanto habría de referirse en años sucesivos. Mientras los críticos, cada vez más aherrojados por un falso teoricismo esterilizante, aplican cartabones a la densa realidad de los textos de ayer y de hoy, el escritor interroga los libros a partir de sus propias inquietudes existenciales y artísticas.

Fiel al íntimo discurrir de Carpentier, el tono del diario se modifica sustancialmente en el transcurso de seis años. La angustia dominante en las páginas iniciales cede poco a poco. Hay momentos de verdadera epifanía cuando el narrador advierte la creciente libertad conquistada, escribe de un tirón El camino de Santiago y concibe de un golpe la idea de El acoso, aunque tenga que someterse luego al paciente laboreo de su oficio de orfebre. El interlocutor necesario se convierte en receptáculo de apuntes, material útil para trabajos futuros. Al final, como en la Novena de Beethoven, tan reveladora en Los pasos perdidos, resplandece la alegría. Ágil y gozoso, el estilo adquiere ritmo narrativo. El azar le depara el descubrimiento de Víctor Hughes en la Guadalupe. Con rapidez vertiginosa, el nuevo proyecto comienza a armarse. Estamos en vísperas de El siglo de las luces.

Materia viviente, las grandes obras literarias se renuevan a través de lecturas sucesivas, porque se trata de una relación dialógica intersubjetiva, sujetas a situaciones epocales, a contextos culturales y a las interrogantes primordiales de cada ser humano. El autoritarismo del texto y de la intencionalidad explícita del autor se desplaza hacia la libertad productiva del lector. Pero el núcleo duro de la propuesta del escritor subsiste y puede someterse a múltiples acercamientos desde distintas perspectivas, todas complementarias, aunque ninguno llegue a agotar del todo la nuez esencial. Lo empobrecedor son las etiquetas. En el caso de Carpentier, circunscribir su valoración al barroquismo y a lo real maravilloso, ha limitado otros asedios posibles. Este diario nos invita a conocer mejor al hombre, sus inquietudes más profundas y a encontrar en su obra artistas sorprendentes.

Publicado por Letras Cubanas en la serie Documentos de la Biblioteca de Alejo Carpentier, el Diario se complementa con un prólogo de Armando Raggi, notas que aclaran al lector nombres de personas quizás olvidadas hoy o conocidas en su tiempo en un ámbito local, algunos anexos y documentación gráfica. El texto ilumina aspectos importantes de la vida y la obra del escritor e invita a una reflexión sobre el sentido de la creación literaria que lo trasciende. Resulta muy pertinente en el panorama actual, permeado por los rejuegos del mercado y por tanto artificio mediático y académico, manipuladores todos del diálogo entre el autor y su destinatario.

Texto tomado de la publicación: http://www.cubarte.cult.cu

Graciela Pogolotti*Crítica de arte, prestigiosa ensayista y destacada intelectual cubana, promotora de las Artes Plásticas Cubanas. Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, Vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

Hija de uno de los íconos de la vanguardia artística de la primera mitad del siglo XX, Marcelo Pogolotti y de madre rusa. Nació en París en 1931 pero desde niña vivió en Cuba. Ser cubana, para ella, es una misión y un estado de gracia.

Es una de las más dispuestas y necesarias consejeras y asesoras de cuanto proyecto útil pueda favorecer la trama cultural de la nación. Esa vocación participativa se expresa también en las pequeñas cosas de la vida. Gusta de la conversación amena, de la música popular y no le gusta perder el hilo de una telenovela, nunca cierra las puertas a quien la procura.

A los siete años ya estaba en la capital cubana, donde estudia hasta graduarse como Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Cursó estudios de postgrado en La Sorbona, durante un año, estudió Literatura Francesa Contemporánea. Al regresar a Cuba, matriculó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde alcanzó otro título.

Ha escrito numerosos ensayos, pero tan fundamental como su obra escrita ha sido su enorme labor en la docencia y la promoción de la cultura. Desde la cátedra de la Universidad de la Habana, a las investigaciones socioculturales vinculadas a los primeros pasos del Grupo Teatro Escambray, desde la formación de teatristas en el Instituto Superior de Arte, hasta la vicepresidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, desde la Biblioteca Nacional, hasta la presidencia de la Fundación Alejo Carpentier.

Al Triunfo de la revolución se encontraba en Italia desde fines de 1958, se hallaba en una beca, residiendo en Roma por lo que aprovecho también para atender su salud. Al saber la noticia del derrocamiento de la dictadura se presento junto a otras personas que vivían en Roma en la sede de la Embajada a ocuparla. De regreso a la isla tuvo pasó por París hasta que finalmente llagó a Madrid, donde el Gobierno Revolucionario situó aviones para facilitar el regreso de los cubanos en Europa. Durante el vuelo conoció a Fayad Jamis, que ya era poeta y pintor distinguido pese a su juventud. Al llegar a La Habana observo una euforia generalizada, los rebeldes estaban en la terminal aérea.

Nota biográfica tomada de: www.ecured.cu

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Chris Harman: “Historia mundial del pueblo”. Por: Artur Galve

Historia mundialPublicado por Akal, el libro trata de ser un análisis a lo largo de la historia del desarrollo de las sociedades y por lo tanto del poder

Cuando me solicitaron que realizara una reseña del libro de Chris Harman “Historia mundial del pueblo” no lo dudé un instante. No pasó una hora desde mi respuesta afirmativa para que surgieran los miedos. De Harman solo sé algunas cosas que me han comentado amigos y amigas, creo que de su obra no he (ahora había) leído más que algún artículo. Al enfrentarme con un autor desconocido, a un libro que abarca un espacio temporal insuperable y además quiere ser la historia del pueblo, reconozco que el vértigo era importante.

El mejor remedio ha sido el propio Harman, didáctico, claro, erudito, alejado de cualquier pedantería y esoterismo. Podemos recomendar la lectura a cualquier persona que le guste la historia. De agradecer es una lectura que acerca ideas a la mayoría y huye de autoconsumos nefastos.

Según se va adentrando en la obra, la lectora se va fascinando más y más con la historia, con los avances, retrocesos, atajos y largas travesías. El libro satisface en cada página, descubriendo fases y procesos históricos absolutamente desconocidos, otros que por ser más leídos o estudiados nos hacen reflexionar o incluso ser críticos y dudosos, lo que entraría en la mejor tradición del marxismo.

Sin embargo este viaje antropológico, sociológico e histórico produce una verdadera dificultad para realizar una reseña como esta. Pensad que hablamos de la historia, de la historia, precisaríamos prácticamente un monográfico de cada época y eso ya lo ha hecho magníficamente Harman, por lo que vamos a intentar en este artículo sacar el poso de la evolución-involución y viceversa, dejando que el conocimiento más profundo sea a través de la lectura de la obra por parte de cada persona.

El libro nos ofrece la posibilidad de leerlo no en el orden establecido, aunque para este trabajo y por gusto/manía he respetado la cronología del autor.

La primera parte es la que más confuso puede dejar al lector o lectora, puesto que Harman da por hecho que durante miles de años no existían clases, lo que conlleva que tampoco existe un líder, ni separación por género, ni enfrentamientos. Si no existen clases tampoco existirán jerarquías, y esto sería mucho decir, aunque si solo consideramos la clase por la acumulación de bienes podría ser, pero acaso un consejo de ancianos, que decide por el resto del clan, ¿no es jerarquizante? O cuando reconoce la aparición del caciquismo sigue considerando la ausencia de clases. Considero que en el momento en que un individuo o un pequeño grupo decide por el resto del grupo (la mayoría) se produce un status de privilegio y esto sería diferencia de clase.

Algo que podría criticar de este libro es cierta visión buenista, bastante común en las tradiciones de la izquierda, quizá por arrastrar ciertas visiones idealistas. Rosseau sigue vivo.

El ascenso de la sociedad de clases

Harman describe magistralmente el poder, que será el eje fundamental de la obra, y su necesidad de dividirse en estructuras para sustentarlo, por un lado el control ideológico a través de religiones, el control físico a través de aparatos represores y el control social a través de burócratas. Determinadas por el tiempo y las sociedades, las características se repiten en todas la épocas, y aquí dejamos abierto otro debate: ¿cómo podemos el pueblo emanciparnos de tiranos y sus sistemas de control?

El himno de Pottier tiene una estrofa que me viene a la cabeza mientras escribo:

Ni en dioses, ni reyes ni tribunos, está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor.

La tiranía en todas las épocas con su ansia de poder tiene un denominador común, la acumulación, desde el grano a la tierra, al oro, al dinero. Entender-conocer este concepto es fundamental para comprender la desigualdad social y la lacra de sistema en que vivimos.

El tiempo es otro de los factores fundamentales en los procesos. Para llegar hasta las sociedades actuales nos hemos encontrado con fases prácticamente eternas, desde 5.000 años, 600 años, 200 años… que cada vez se acortan mucho más temporalmente. Lo que nos lleva a reflexionar acerca de la necesidad perentoria de realizar un cambio social, cuando aún estamos a tiempo.

De revueltas, rebeliones y revoluciones

Desde la aparición del poder, surgen no por gusto, ni tan solo por ideología, la movilización de la mayoría oprimida frente a esa minoría opresora, por lo más elemental que podemos encontrar: la necesidad de sustento, abrigo, cobijo, salud.

Harman nos conduce a través de la historia según ha ido evolucionando, desde los levantamientos populares de campesinos chinos a los esclavos-gladiadores encabezados por Espartaco. Vamos descubriendo como el pueblo en muchas ocasiones por necesidad busca su alianza con elementos que disputan el poder en su beneficio. Es decir, un pretendiente para derrocar un rey o un religioso para romper con la curia necesitan al pueblo, lo cual nos lleva a que el pueblo victorioso se encuentre frente a otro déspota. A pesar de esto, en cada proceso se iba engendrando muy lentamente un avance en la consolidación de teorías que, sumándose a las necesidades del pueblo, arraigaban principios emancipatorios populares.

Pasada la época oscura, vislumbramos luces con la ilustración. A su vez quienes sustentan el poder, los burócratas descendientes de los escribas, los militares de alta graduación, acumulan pequeñas porciones de riqueza y se van formando con el tiempo esa clase que denominamos burguesía. Pero estos también se veían diezmados por el poder y comenzaron a conspirar en su favor y buscar atajos para su buen vivir. Y aunque utilizaron al pueblo, nunca quisieron compartir sus mejoras con él. De hecho en cualquier ocasión que el vulgo pensaba en avanzar, esta nueva clase no dudaba en aliarse con sus señores (los enemigos de ayer) para aplastar cualquier revuelta o rebelión.

Interesante el conocimiento de los niveladores, jacobinos, sans-culottes, cartistas… para verificar como cada movimiento iba in crescendo en las peticiones sociales hasta llegar a los utópicos, Saint Simon, Fourier y Owen, donde el salto cualitativo social fue importante.

Harman durante todo el viaje va dejando entrever algo, dando pistas. Cierto es que algo falla, ¿por qué si el pueblo es mayoría y toma la calle, no acaba ganando? A la necesidad innata se debe sumar la teoría y la organización revolucionaria. Nos encontramos con el nacimiento del marxismo, casi podemos decir que nos encontramos con el nacimiento de las ciencias sociales, ya que hasta ese momento las interpretaciones tenían más una característica filosófica que social. Empezamos a canalizar y estructurar eso que llamamos revolución comunista, la fractura con el reformismo y la sociedad de privilegiados es total. Ya no se trata de arreglar el sistema, la misión ahora será enterrarlo, se pone negro sobre blanco una teoría de emancipación de las clases populares. Es el momento de la construcción de la organización revolucionaria que debe pasar a la acción, sin esta difícilmente algo avanzará. Aquí podríamos realizar otra crítica al autor: la omisión de la otra pata emancipatoria, el anarquismo.

Harman ve en la derrota de la Comuna francesa la falta organizativa y cierta candidez. La contra sería la revolución bolchevique, aunque desgraciadamente será una revolución traicionada, donde las y los revolucionarios son eliminados y el tirano esperaba su oportunidad entre bastidores. Praga 1956, París 1968, Irán 1979, el tirano siempre espera su oportunidad.

Tal vez la gran lección de esta obra es el conocimiento del pasado para luchar en el presente y construir un futuro para todos y todas.

El verdadero generador de la democracia no es la burguesía, sino la clase trabajadora. Solamente aquella clase social que es la mayoría de la población puede ser un defensor consecuente de la democracia hasta las últimas consecuencias. La burguesía ha puesto siempre dificultades a las conquistas democráticas después de vencido el feudalismo. La lucha por el sufragio universal, por la libertad de asociación, reunión y expresión es el barómetro que ha medido la gran presión del movimiento obrero, efectuada a veces a través de los partidos liberales de la burguesía, con vistas a la conquista de posiciones democráticas.

Joaquim Maurín

Lo primero que me ha pasado por la cabeza cuando he terminado la lectura ha sido el título. ¿Es la historia del pueblo o la historia del poder? ¿Debemos controlar el poder o destruirlo? Porque para mí, este libro es un viaje por el poder. ¡Buena lectura!

Cerramos capítulo como lo hace Harman:

Los únicos verdaderos profetas son los que forjan el futuro.

James Connnolly. Socialista revolucionario irlandés

Texto tomado de la publicación: http://www.tercerainformacion.es

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Un libro entrañable. Por: Iroel Sánchez*

“Un desafío político y estético, el acta de fundación de una nueva conciencia colectiva y de un lenguaje capaz de expresarla en toda su complejidad”. Palabras del escritor y editor cubano Ambrosio Fornet en la primera edición cubana de este libro.

“Un desafío político y estético, el acta de fundación de una nueva conciencia colectiva y de un lenguaje capaz de expresarla en toda su complejidad”. Palabras del escritor y editor cubano Ambrosio Fornet en la primera edición cubana de este libro.

El libro de Jesús Díaz Las iniciales de la tierra, publicado en Cuba en 1987, acaba de ser definido por Guillermo Rodríguez Rivera en un texto difundido en el blog de Silvio Rodríguez como “la más importante novela de la Revolución Cubana”, el propio Silvio ha dicho de ella que “está entre las mejores obras literarias escritas en y sobre la Revolución Cubana”. Ambos, Silvio y Guillermo, admirados amigos y queridos intelectuales cubanos de primera línea, han reavivado en mí el deseo de escribir sobre esa obra.

No voy a dar un juicio literario acerca de ese título que, junto a la novela Un tema para el griego, de Jorge Luis Hernández, el volumen de cuentos de Reinaldo Montero Donjuanes y el relato de Francisco López Sacha Figuras en el lienzo, marcó la relación mía y de varios de mis amigos con la literatura cubana de los años ochenta del siglo pasado. Muchos lo han hecho ya, Ambrosio Fornet la llamó “la más cruda bildungsroman de la literatura cubana contemporánea”, y sólo quiero decir que esa novela dotó de carne, sentido e imaginación la épica de los años fundacionales de la Revolución cubana con una carga de verosimilitud y autenticidad que no he encontrado en otra obra. La aguda lucha de clases, errores, contradicciones, injusticias y heroísmos están en ella con un nivel de credibilidad que no permite la indiferencia.

Hace más de un cuarto de siglo de mi primera y única lectura de ese libro y tanto el nombre de su protagonista -Carlos Pérez Sigfredo- como prácticamente todos sus pasajes los recuerdo con total exactitud. Desde que vi el homenaje que Fernando Pérez hace a la novela de Jesús Díaz en su película Suite Habana –uno de los protagonistas lo lee en vísperas de abandonar el país- pensé en contar esta historia sobre un libro y sus viajes.

Este es el relato de un ejemplar viajero porque pocos libros acumulan más kilometraje que mi volumen de Las iniciales de la tierra, tal vez los diarios de navegación. Adquirí la novela en la librería que entonces quedaba en la céntrica esquina habanera de 23 y L, luego de leer una entrevista a su autor en la revista Bohemia que me llamó poderosamente la atención y lo leí -más bien lo devoré- entre los largos viajes en guagua a la CUJAE en mi quinto año de Ingeniería en Sistemas Automatizados de Dirección.

De allí saltó a las manos de otros aspirantes a ingenieros electrónicos, civiles, de explotación del transporte y construcción de maquinarias, incluyendo sus respectivas novias, en no menos extensos recorridos de ómnibus y trenes no sólo dentro de La Habana. En las vacaciones de 1987 Silvia, la novia de Carlitos que estudiaba ingeniería química, estableció record nacional cuando lo llevó y trajo de regreso a su natal Moa en el extremo oriental de Cuba. Lo que no sabíamos entonces era que los viajes más largos de aquel libro estaban por venir.

Nieto, cuando partimos juntos hacia Angola, lo llevaba con él y yo mantuve control del libro hasta que no separamos en un lugar llamado Dongo.  El ya ajado ejemplar volvió a ser numerosamente prestado entre los cubanos del Grupo Táctico emplazado junto al río Cuatir, donde fue ubicada la unidad a la que asignaron a Nieto, en la carretera que va de Menongue a Cuito Cuanavale.

Una sola vez nos reencontramos Nieto y yo en ese período y fue cuando -enterado de que mi unidad pasaría  por aquella carretera, con  rumbo a Longa para reforzar la retaguardia a quienes combatían en Cuito- me esperó al borde del camino para darnos un abrazo que detuvo por unos segundos, e hizo sonar los claxons, a la caravana de camiones, tanques, obuses, BTRs y Shilkas que “marcaban gomas” buscando evadir las minas; pero entonces no tuvo el buen gusto de llevar el libro consigo.

Él regresó a La Habana primero que yo, por supuesto con la novela. Cuando en abril de 1989 llegué a la Isla temí no recuperar el ejemplar, los padres de Nieto se lo habían llevado con ellos -al libro, no a mi amigo- nada menos que a Jabarovsk, en plena Siberia, donde laboraban como parte de un contingente de trabajadores forestales cubanos que enviaban madera hacia Cuba. Entre las pocas consecuencias positivas de la desintegración de la URSS y el fin de las relaciones económicas entre nuestro país y la potencia soviética estuvo el retorno de los padres de Nieto ¡con el libro! que yo insistentemente le pedía a él recuperar. Desde entonces, lo he vuelto a prestar  varias veces y a todo el que se lo he dado le hago la historia del libro viajero para comprometerlo a que me lo devuelva.

Sólo vi a Jesús Díaz una vez, fue cuando acudí a un conversatorio en la Casa estudiantil de la CUJAE donde le pregunté por qué había excluido de la novela un fragmento publicado antes en la revista El Caimán barbudo que a mí me había gustado mucho porque recogía un pasaje de la vida estudiantil en los primeros años de la Revolución. Fue enfático: “porque me pareció mala literatura”, dijo, y dio por zanjado el asunto.

Se constituyó en un referente para mí. Recuerdo que cuando leí sus reseñas de Descubrimiento del azul, el libro de Sacha donde está “Figuras en el lienzo”, y de Un tema para el griego, ambas publicadas por él en El Caimán que  me enviaban a Angola los amigos, pedí que me los hicieran llegar y agradezco mucho aquellas lecturas a las que tal vez de otro modo no hubiera accedido.

Años después me desconcertó saber que el autor de aquel libro entrañable se había sumado a los que cambiaron de bando en el momento más duro. Y no solo eso, sino que era la punta de lanza en una operación que el entonces canciller español Javier Solana organizó por encargo de EE.UU. contra Cuba. Con dolor, leí la crónica en El País en que Jesús Díaz contaba cómo participó de las provocaciones de los terroristas de Hermanos al rescate contra la Revolución.

Jesús Díaz murió en el 2002 en Madrid. Creo que nada de lo que hizo contra la Revolución cubana le quita grandeza, vigencia y valor a Las iniciales de la tierra. No solo es buena literatura sino que a muchos nos hizo entender mejor la Revolución y sentirla más cercana.

Mi libro viajero lo tengo a buen recaudo y ya no lo presto. Lo conservo para que mis dos hijos lo lean a la edad en que yo lo leí.

Texto tomado del blog: http://lapupilainsomne.wordpress.com

foto Leandro Teysseire*(Santa Clara, Cuba, 1964).  Editor y periodista. Autor del libro: “Sospechas y disidencias” Editorial Abril (2012).

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Ensayo sobre la lucidez. Por: Daniel Fernández López

Ensayo lucidezPobre autoridad aquella que necesite tirar de galones

a todas horas para hacerse obedecer ” [1]

José Saramago

Una lectura politológica

Introducción 

En 1998, la Academia Sueca concedió el premio Nobel de Literatura a José de Sousa Saramago (1922-2010) –el único escritor en lengua portuguesa que lo ha recibido– destacando su capacidad de “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía” [2]. No obstante, una de las cualidades del autor luso no citadas por el jurado fue la provocación. ‘Provocar’, vocablo compartido tanto por el portugués como por el español, es una conjunción del prefijo griego ‘pro’ (antedelante de) y del término latino ‘vocare’ (llamadollamar) que, con el paso de los años, ha adoptado un significado similar al de mover o incitar [3] a alguien a hacer algo. Dicha evolución ha determinado que, en la actualidad, se equipare con verbos tales como hostigar, insinuar o desafiar. Será en esta última acepción como se atribuya aquí la provocación a José Saramago: el desafío ante la realidad.

La narrativa en la etapa madura de Saramago vino ocasionalmente determinada por historias derivadas de un acontecimiento disruptivo y repentino, un cortocircuito en la cotidianeidad y el ordinario devenir de los seres humanos: la invidencia del Ensayo sobre la ceguera (1995) [4] y la eternidad de Las intermitencias de la muerte (2005) tuvieron su antecedente en El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), donde el autor reflexionaba sobre qué sucedería si la Península Ibérica se escindiera de Europa [5].

En la obra que propicia el presente texto, Ensayo sobre la lucidez (2005), un alto porcentaje del electorado decide, por sorpresa, votar el blanco. A partir de ese momento, el de Azinhaga plantea una serie de escenarios que merecen una revisión [6] por su contenido desafiante. Es sabido que los estudios políticos incluyen “el análisis comparativo que examina paralelamente las estructuras y los procesos políticos de diferentes sistemas políticos” [7], así como el “comportamiento político de individuos y grupos, que examina la formación de opiniones y actitudes y cómo éstas influyen en sus conductas” [8]. Dado que la literatura, al igual que el cine, es un lugar donde se proyecta la existencia (si no la, sí, al menos, una) la presente obra de Saramago es un objeto de estudio susceptible de ser analizado desde la Ciencia Política.

Outopos

La provocación del escritor portugués comienza desde el título gracias a la connotación de verosimilitud asociada al término Ensayo y, sobre todo, a la malévola profundidad que –aunque el lector todavía no lo sepa– va a implicar la lucidez [9]. Basta con abrir el libro para encontrar, tras la dedicatoria a Pilar del Río, un nuevo indicio: “A Manuel Vázquez Montalbán, vivo” [10]. El autor catalán (1939-2003), considerado “un rebelde, un teórico sin teoría cerrada, un intelectual de izquierdas” [11], recibía así cumplido homenaje en el primer libro publicado por Saramago tras su muerte. Finalmente, la certeza de afrontar una obra provocadora se consuma en la primera línea del texto: “al tiempo para votar” [12].

Tan escuetas palabras no pertenecen al narrador omnisciente, recurso del que se vale Saramago, sino al presidente de la mesa electoral número catorce de una ciudad sin nombre, de la que únicamente se afirma que es capital de un país igualmente anónimo. No obstante, sí se da detalle de un rasgo que permite identificar la urbe como una de tantas en Occidente, uno de esos emplazamientos que albergan lo que se han dado a llamar sociedades civilizadas: los comicios. Por ello, a pesar de no situarse en unas coordenadas concretas, podría ubicarse prácticamente en todas: el no-lugar, aquí, se transforma en cuasi-omnipresencia.

Por otro lado, el espectro partidista lo componen tres partidos: el Partido de la Derecha, el Partido del Medio y el Partido de la Izquierda; lo que a juicio Giovanni Sartori, la principal referencia académica en lo que a sistemas de partidos se refiere, supondría un modelo de “pluralismo moderado” [13]. Dicho sistema presenta, siguiendo al autor italiano, tres características principales: “1) una distancia relativamente corta entre sus partidos más importantes; 2) una configuración de coalición bipolar; 3) una competición centrípeta.” [14] Para el de Florencia, la competición centrípeta designa diferencias ideológicas débiles entre los partidos en disputa, aunque, como se verá, tal detalle no es relevante aquí. Sí conviene recordar que Sartori atribuía un alto nivel de apoyo y de legitimidad ciudadana al pluralismo moderado, concesión que Saramago pone en entredicho.

Dichas elecciones, si se entienden como “el procedimiento por el que los miembros de una organización escogen a un número menor de entre ellos para ocupar determinados cargos” [15], no presentan, en principio, ninguna objeción. El problema para las autoridades se plantea ante un fenómeno novedoso: el alto abstencionismo que reflejan las urnas. La primera explicación se atribuye al lluvioso clima que acompaña al domingo en la capital; sin embargo, como explica el politólogo Juan Carlos Monedero recordando a Henry Louis Mencken (1880-1956): “para cada problema complejo hay una solución simple pero equivocada” [16]. La escasa afluencia se había reproducido en otras zonas del país donde el tiempo había sido más favorable, lo que extendió el nerviosismo entre los dirigentes, especialmente los pertenecientes al Parido de la Derecha, que se encuentra en el poder. Las televisiones, mientras tanto, dan la voz de alarma:

Una abstención sin paralelo en la historia de nuestra democracia amenaza gravemente la estabilidad no sólo del régimen, sino también, mucho más grave, del sistema” [17].

Ante semejante circunstancia, el ministerio de Interior decide prorrogar unas horas el término de la votación hasta que, finalmente, “los electores se apiñaban dentro del edificio” [18] para ejercer su legítimo derecho. La nueva y definitiva sorpresa surge a la hora de finalizar el escrutinio, ya que “los votos válidos no llegaban al veinticinco por ciento” [19], repartidos del siguiente modo:

– Partido de la Derecha: 13%

– Partido del Medio: 9%

– Partido de la Izquierda: 2,5%

– Votos en blanco: más del 70%

El “procedimiento formal y estable por el que periódicamente se desarrolla la votación y que constituye el sistema electoral” [20] ha conseguido nuevamente “transformar las preferencias de los electores en efectivos resultados” [21]. Sin embargo, el nerviosismo entre los gobernantes es ya generalizado y el Primer Ministro comparece en televisión para anunciar la repetición de las elecciones municipales “de acuerdo con las leyes vigentes” [22].

Civismo

Por delante esperan siete días de introversión y análisis, sin embargo, el Gobierno confía en que tales reflexiones corran a cargo únicamente de los electores y apela, de forma significativa, a “la dignidad y el decoro” [23] de los ciudadanos para que ejerzan “el deber cívico” [24] del sufragio; se entiende, en un sentido distinto al mostrado en las elecciones precedentes. No obstante, por si la responsabilidad moral de los representados no resultara suficiente, el Ejecutivo decide infiltrar espías –profesionales y voluntarios– entre las filas de votantes que el domingo acuden de forma “masiva” [25] al llamado electoral. El resultado, anunciado entre temblores por el Primer Ministro, acentúa la crisis:

– Partido de la Derecha: 8%

– Partido del Medio: 8%

– Partido de la Izquierda: 1%

– Votos en blanco: 83%

El presidente del Gobierno califica el escrutinio de “error a enmendar” [26], no con nuevos comicios, “sino a través del riguroso examen de conciencia” [27] al entender que “los electores de la capital [se han] desviado del recto camino” [28], y añade: “para el corazón humano no existe falta que no pueda ser perdonada, siendo sincera la contrición, siendo el arrepentimiento total” [29]. La actitud paternalista adoptada por el segundo máximo dirigente del país entronca con uno de los aforismos más célebres del filósofo rumano Emil Cioran (1911-1995), quien en sus Cuadernos sostiene: “La paradoja trágica de la libertad es que los únicos que la permiten no son capaces de garantizarla” [30]. La libre materialización del derecho de sufragio voltea el normal funcionamiento del sistema político y la principal autoridad representativa, lejos de leer el profundo mensaje del escrutinio, explica el fenómeno desde la pérdida del decoro cívico.

El desconcierto lo confirma el gabinete de crisis en el que se dan cita los ministros y el presidente del Gobierno, quien interioriza: “la patria ha sido víctima de un infame atentado contra los cimientos básicos de la democracia representativa” [31]. Por su parte, el ministro de Defensa y el Jefe del Estado coinciden en calificar la situación como “una carga de profundidad lanzada contra el sistema” [32]. Finalmente, instigados por el espíritu marcial del ministro de Defensa, el Gobierno adopta una medida definitiva: declarar el Estado de excepción. Es interesante observar cómo Saramago, desde la trinchera propia del narrador oculto, posa ahora su mirada sobre los medios de comunicación, consciente de su relevancia en las democracias del nuevo siglo:

Se cortó el nudo gordiano que los medios de comunicación, sobre todo los periódicos venían intentando desanudar con más o menos sutileza (…) pero siempre con el cuidado de que no se notase demasiado la intención, desde el infausto resultado de las primeras elecciones y, más dramáticamente, desde las segundas. Por un lado era su deber, tan obvio como elemental, condenar con energía teñida de indignación cívica, tanto en los editoriales como en artículos de opinión encomendados adrede, el irresponsable e inesperado proceder de un electorado que, enceguecido para con los superiores intereses de la patria por una extraña y funesta perversión, había enredado la vida política nacional de un modo jamás antes visto, empujándola hacia un callejón tenebroso del cual ni el más pintado lograba ver la salida. Por otro lado era preciso medir cautelosamente cada palabra que se escribía, ponderar susceptibilidades, dar, por así decir, dos pasos adelante y uno atrás, no fuera a suceder que los electores se indispusieran con un periódico que pasaba a tratarlos como mentecatos y traidores después de tantos años de una armonía perfecta y asidua lectura.” [33]

En efecto, con la declaración del Estado de excepción se había caído en la tentación de “instrumentalizar los medios para crear el clima de opinión que algunas minorías pretenden imponer que llegue a los ciudadanos” [34], una de las mayores perversiones a las que se ve expuesta la información. Con los medios bajo control y las libertades y derechos civiles suspendidos, las autoridades retienen e interrogan a “quinientos sospechosos cazados en la fila de electores” [35]; sospechosos, naturalmente, de haber votado en blanco.

Para justificar la maniobra, el ministro de Interior emitió un comunicado en el que “daba las gracias, en nombre de todo el gobierno, a los quinientos ciudadanos ejemplares que en los últimos días se habían presentado motu propio a las autoridades, ofreciendo su leal apoyo y toda la colaboración que les fuese requerida para el avance de las investigaciones en curso sobre los factores de anormalidad verificados durante las últimas elecciones” [36]. La ironía con la que el autor portugués retrata la oratoria política resulta tan efectiva porque semejante retórica (en el sentido peyorativo del término) es la que cabría escuchar en un caso real. Ya advertía Vicki Baum (1888-1860): “las palabras no hacen más que ocultar la realidad” [37]; al menos, así lo refleja el premio Nobel.

Los sospechosos negaron las acusaciones de quienes habían acudido expresamente para interrogarlos. Ocurre que, en el preciso instante en que éstos se disponían a hacer uso del polígrafo como último recurso, Saramago da con la clave de la obra:

El único crimen de esta gente fue votar en blanco, no tendrían importancia si hubieran sido los habituales, pero fueron muchos, fueron casi todos, qué más da que sea tu derecho inalienable si te dicen que ese derecho es para usarlo en dosis homeopáticas.” [38]

Traición

De nuevo a instancias del ministro de Defensa, dado el fracaso de la investigación, el Gobierno propone un paso más al frente en su estrategia: declarar el Estado de sitio sobre la ciudad. Se produce así lo que el politólogo Jorge Verstrynge denomina “ley de ascenso a los extremos” [39], en virtud de la cual “a lo largo del conflicto los bandos van a terminar utilizando el total de su poder bélico” [40]. El antiguo Secretario General de Alianza Popular aplica el citado principio a la denominada ‘guerra asimétrica’ –aquella en la que un ejército regular y poderoso se enfrenta contra un oponente difuminado entre la población civil y de menor potencial bélico–, de modo que la definición se ajusta a la disputa entre las autoridades de la capital y sus ciudadanos [41], debido a que aquéllas cuentan con las Fuerzas Armadas y éstos forman, en sentido estricto, la población civil. “[Los ciudadanos] no son dignos de confianza y como tal deben ser tratados” [42], sentencia el ministro de Defensa.

Tras descartar que un movimiento anarquista internacional estuviera implicado en el “boicot electoral” [43] –así lo denominan los gobernantes, quienes también adoptan eventualmente el término “peste blanca” [44] –, las escisiones comienzan a resquebrajar la estabilidad de un Ejecutivo que hasta entonces se había mantenido unido. De mayor relevancia es la nueva medida adoptada y promulgada por el Primer Ministro:

A las fuerzas militares y a las fuerzas policiales (…) les cabe la patriótica tarea de reconducir el redil a la grey descarriada (…) Y, recuerden, deben hacerlo todo para que esos que, por ahora, sólo son nuestros adversarios, no acaben transformándose en enemigos de la patria. Que dios les acompañe y les guíe en la sagrada misión para que el sol de la concordia vuelva a iluminar las conciencias y la paz restituya a la convivencia de nuestros ciudadanos la armonía perdida. ” [45]

Acto seguido, se decide bloquear militarmente las salidas de la capital con el fin de establecer una suerte de ‘cordón sanitario’ y evitar así que la peste blanca se propague a otras zonas del país. La táctica forma parte de la estrategia del Ejecutivo de intentar que aparezcan los supuestos instigadores del voto en blanco masivo. Sin embargo, apenas unas fechas más tarde, el día amanece con una multitudinaria manifestación (transgrediendo la norma que prohíbe la reunión de más de cinco personas) y es ahora cuando, “con ánimo de partirle el espinazo a la resistencia” [46], el Primer Ministro sugiere la retirada múltiple del Gobierno de la capital: “tengo la certeza de que nos conducirá a la victoria total y al regreso de la normalidad democrática” [47], declara. La idea es que la ciudad, al verse ingobernada, estalle y termine implorando el regreso a la citada normalidad democrática.

Finalmente, el Gobierno huye con nocturnidad, a las tres de la madrugada, dejando tras de sí un reguero acusatorio de ventanas mudas y luces encendidas. Al día siguiente, ya con las autoridades a buen cobijo, el Jefe de Estado comparece por televisión para explicar, en consonancia con el discurso sostenido por el Primer Ministro, la sorpresiva retirada:

Habéis traicionado la memoria de vuestros antepasados (…) ellos levantaron, piedra a piedra, el altar de la patria, vosotros decidisteis destruirlo, que la vergüenza caiga pues sobre vosotros (…) Quiero creer que vuestra locura será transitoria (…) quiero pensar que mañana (…) el arrepentimiento entre dulcemente en vuestros corazones y volveréis a congraciar con la comunidad nacional (…) Ahora sois una ciudad sin ley (…) ninguna autoridad os protegerá de ladrones, violadores y asesinos, ésa será vuestra libertad, disfrutadla. ” [48]

José Saramago, a pesar de definirse a sí mismo como un “ateo moderado” [49], consigue hacer evolucionar la actitud de los dirigentes desde el paternalismo complaciente propio del Dios del Nuevo Testamento, a la amenaza y el desdén característico de la deidad presente en el Antiguo. ¿Qué hay, mientras tanto, de los ciudadanos, quienes en cuestión de días han visto cambiar diametralmente las condiciones en su entorno? Se han limitado a aguardar con paciencia y a ofrecer una explicación tan lógica como profunda: el voto en blanco se debió a que “estaban desilusionados y no encontraban otra manera de expresar de una vez por todas hasta dónde había llegado la desilusión” [50].

Al hablar de desilusión, el escritor portugués trabaja con una interpretación del voto en blanco similar a la que es comúnmente aceptada, esto es, cuando se entiende que el ciudadano “acepta el sistema, pero no le convence ninguna de las formaciones que concurren” [51]. El electorado confió originalmente en sus representantes –sugiere Saramago–, sin embargo, éstos traicionaron la esperanza de los primeros en un momento indeterminado de su mandato.

Una posible explicación de tal suceso la encontramos en James Madison (1751-1836). Madison fue elegido como cuarto presidente en la historia de los Estados Unidos después de ser uno de los más influyentes escritores políticos de la época. En su obra más destacada, El Federalista [52], planteaba que el representante es capaz de conocer con nitidez los intereses del elector, tanto, que se arroga legítimamente la capacidad de perseguirlos [53]. Entre su planteamiento y el Ensayo median dos siglos y resulta evidente, empero, que la distancia real es mayor que el tiempo transcurrido si se considera que, a tenor de las dos elecciones celebradas, el deseo de los ciudadanos no era ver su hogar sitiado y bloqueado por el Ejército. Un error de lectura por parte de la clase dirigente que se suma a la desafección previa que motivó el masivo voto en blanco.

No es el cometido del presente escrito continuar detallando la trama que acompaña las trescientas páginas restantes de la novela, por lo que –habida cuenta del detalle con el que se han descrito suficientes cuestiones de interés– la incursión en ella termina aquí.

Conclusiones

Habrá quien piense que un octogenario cansado y en el invierno de su vida ya no se encontraría en plenitud de facultades para escrutar con perspicacia la realidad. Al contrario, el autor portugués gozó en sus últimos años de una lucidez y actividad propias de una persona joven, tal y como refleja el documental José e Pilar, de Miguel Gonçalves Mendes. En él, Saramago deja entrever su pesimismo, el mismo que impregna Ensayo sobre la lucidez: “Todos los tiempos tienen cosas buenas, todos los tiempos las tuvieron malísimas, pero como comunidad la especie humana es un desastre”. [54]

El desastre en su obra se concentra y toma forma en la denuncia frente la ausencia de “sensibilidad” [55] por parte del Gobierno, un concepto presente [56] a lo largo de una de las obras de referencia de la representación política: El concepto de representación (1967), la tesis doctoral de Hanna Pitkin. Allí, la politóloga estadounidense explica que la “representación significa actuar en interés de los representados, de una manera sensible ante ellos” [57]. Y enfatiza:   “el representante tiene que actuar de tal manera que no haya conflicto, o si éste surge, se hace precisa una explicación”. [58]

El resultado es el conflicto sin explicación. Los ciudadanos perciben que, de otro modo, los dirigentes habrían permanecido inalterables frente a sus demandas. En un pasaje uno de los miembros del Gobierno se atreve a afirmar: “Qué pretenden conseguir, las manifestaciones nunca han servido para nada, de otra manera nunca las autorizaríamos”. [59] Si los políticos son huidizos, Saramago consigue volver comprensible la realidad [60] exagerándola, convirtiendo la novela en una suerte de fábula extendida.

Al hilo de todo ello, es ilustrador rescatar una reciente reflexión del filósofo Jacques Rancière sobre el cine de Béla Tarr: “La belleza de las imágenes no es un objetivo, jamás” [61]. Parafraseando al hoy profesor emérito de Estética en la Universidad París VIII, cabría afirmar que la verosimilitud de las imágenes literarias proyectadas por Saramago sí tienen un objetivo: “<< sacudir >> << movilizar conciencias >>” [62], según afirmó el autor en la presentación de la obra en Lisboa. Ello sitúa al lector en una posición privilegiada para interiorizar la didáctica del Ensayo ya que, como plantea Hannah Arendt (1906-1975), “sólo el espectador, jamás el actor, puede conocer y comprender aquello que se ofrece como un espectáculo” [63].

Con su manifiesto desencanto y prosa hiriente, José de Sousa Saramago; veterano militante comunista, ateo resignado ante la proximidad de la muerte, escritor de vocación tardía y postrero reconocimiento, hombre triste y reservado, devoto sastre de las letras incluso a unos meses del ocaso y, sobre todo, anciano rejuvenecido por el amor hacia Pilar; lega todavía un halo de esperanza:

Si toda la gente buena, si toda la gente amante de la belleza, si toda la gente amante de lo justo y de lo honesto pudiera reunir esfuerzos y oponerse contra la barbarie del mundo, el mundo sería capaz de dignificar al Hombre, al Ser Humano que somos. El mundo, quizá, pudiera tener un futuro” [64].

[1] SARAMAGO, José: Ensayo sobre la lucidez; Alfaguara; 2004; Madrid; p. 270. En línea: http://litrus.net/book/read/120494?p=18 (Última visita, 6 de diciembre de 2013).

[2] http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1998/index.html

[3] Provocar, en el diccionario de la RAE: http://lema.rae.es/drae/?val=provocar

[4] La obra, según el Instituto Nobel, se encuentra entre los cien mejores trabajos de la literatura universal: http://www.infoplease.com/ipea/A0934958.html

[5] El pensamiento político de Saramago incluía una visión unitaria de España y Portugal denominada por él mismo ‘Iberia’. De hecho, en 2007, el propio autor creó la fundación ibérica José Saramago con sedes en Azinhaga (el pueblo portugués donde nació), Lanzarote y Castril (la localidad granadina de su mujer, Pilar del Río):http://internacional.elpais.com/internacional/2007/07/15/actualidad/1184450405_850215.html

[6] Teniendo presente que la literatura, al igual que el cine, cuentan entre sus misiones, precisamente, con el planteamiento de escenarios cuyo fin es ampliar los horizontes del imaginario.

[7] VALLÈS, Josep María: Ciencia política. Una introducción; Ariel; Barcelona; 2007; p. 65.

[8] Ibídem; p. 66.

[9] Autores de la talla del catedrático de Teoría Política en la Universidad Complutense de Madrid, Javier Roiz, argumentarían que, en la sociedad vigilante en la que vivimos, la luz es (por contraposición a la oscuridad y derivados) entendida como una cualidad positiva. De ahí que, según la RAE, lúcida sea aquella persona clara en el pensamiento y en la expresión:http://lema.rae.es/drae/?val=lucidez

[10] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 7.

[11] CANO, Enrique: “Manuel Vázquez Montalbán atravesó el Espejo”; Espacioalternativo.org; 18 de octubre de 2003. En línea: http://www.espacioalternativo.org/node/119?id_syndic_article=6376&id_syndic=83 (Última visita, 6 de diciembre de 2013).

[12] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 11.

[13] SARTORI, Giovanni: Parties and Party Systems; Cambridge UP; Cambridge; 1976; p. 179.

[14] Ibídem.

[15] MOLINA, Ignacio: Conceptos fundamentales de Ciencia política; Alianza Editorial; Madrid; 1998; p. 46.

[16] MONEDERO, Juan Carlos: “Ante la crisis del modelo de acumulación, la respuesta del capitalismo es la guerra”; Alainet.org; entrevista de Fernando Arellano Ortiz; 23 de marzo de 2011. En línea: http://alainet.org/active/45303&lang=pt%3Cfont%20color= (Última visita, 6 de diciembre de 2013).

[17] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 30.

[18] Ibídem; p. 31.

[19] Ibídem.

[20] MOLINA, Ignacio: Conceptos fundamentales… Op. Cit; p. 47.

[21] Ibídem.

[22] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 35.

[23] Ibídem.

[24] Ibídem.

[25] Ibídem; p. 42.

[26] Ibídem; p. 46.

[27] Ibídem.

[28] Ibídem; p. 47.

[29] Ibídem.

[30] CIORAN, Emil: Cuadernos (1957-1972); Tusquets; 2012. Citado en URRERO, Guzmán: “La melancolía en el cine”; Guzmanurrero.es; 21 de abril de 2009. En línea:http://www.guzmanurrero.es/Cine-clasico/la-melancolia-en-el-cine.html (Última visita, 8 de diciembre de 2013).

[31] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 51.

[32] Ibídem.

[33] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 57.

[34] PALACIOS EXEVARRÍA, Alfonso: “Medios de comunicación y manipulación”; Rebelion.org; 17 de septiembre de 2013. En línea http://www.rebelion.org/noticia.php?id=174060 (Última visita, 8 de diciembre de 2013).

[35] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 62.

[36] Ibídem; p. 64.

[37] Citado SIN FIRMA en “De palabras y otros guineos”; Laprovincia.es; 9 de enero de 2007. En línea: http://www.laprovincia.es/opinion/1296/palabras-guineos/71055.html (Última visita, 8 de diciembre de 2013).

[38] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 71.

[39] VERSTRYNGE, Jorge: “Entrevista a Jorge Verstrynge sobre su libro: ‘La Guerra Periférica y el Islam Revolucionario’ y otras cuestiones”; Kaosenlared.net; 6 de septiembre de 2007. En línea: http://old.kaosenlared.net/noticia/entrevista-jorge-verstrynge-sobre-libro-guerra-periferica-islam-revolu (Última visita, 8 de diciembre de 2013).

[40] Ibídem.

[41] Ya que las medidas adoptadas por el Gobierno no discriminan entre quienes votaron en blanco y quienes lo hicieron siguiendo las pautas hasta entonces habituales, esto es, ceder el sufragio a uno de los partidos.

[42] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 78.

[43] Ibídem; p. 79.

[44] Ibídem.

[45] Ibídem; pp. 86-87.

[46] Ibídem; p. 99.

[47] Ibídem.

[48] Ibídem; pp. 125-126.

[49] MOLINA, Margot: “El CAT estrena una obra contra la intolerancia de José Saramago”; Elpaís.com; 12 de diciembre de 2007. En línea:http://elpais.com/diario/2007/12/12/andalucia/1197415336_850215.html (Última visita, 8 de diciembre de 2013).

[50] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 133.

[51] HERNÁNDEZ, M; SANJUAN, H; MENGUAL, E: “¿A quién beneficia el voto en blanco?”; Elmundo.es; 19 de mayo de 2011. En línea:http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/18/espana/1305719351.html (Última visita, 10 de diciembre de 2013).

[52] Escrita junto a Alexander Hamilton (1757-1804) y John Jay (1745-1829).

[53] PITKIN, Hanna: El concepto de representación; Centro de Estudios Constitucionales; Madrid; 1985; pp. 218-219.

[54] GONÇALVES MENDES, Miguel: José e Pilar; Jumput, El Deseo, 02 Filmes; Portugal; 2010; min: 01:09-01:10. En línea: http://www.youtube.com/watch?v=iesonOSVTBQ (Última visita, 10 de diciembre de 2013).

[55] PITKIN, Hanna: El concepto de… Op. Cit; p. 260.

[56] ‘Insensible’ fue el término utilizado expresamente en los últimos tiempos por el cineasta Pedro Almodóvar para referirse al Gobierno de España.

[57] PITKIN, Hanna: El concepto de… Op. Cit; p. 234.

[58] Ibidem.

[59] SARAMAGO, José: Ensayo sobre… Op. Cit; p. 172.

[60] Utilizando las palabras del jurado que le concedió el Premio Nobel seis años antes.

[61] RANCIÈRE, Jacques: Béla Tarr, el tiempo del después; Contracampo Shangrila; Santander; 2013; pp. 12-13.

[62] PINTO, Margarida: “José Saramago llama al voto en blanco en su ‘Ensayo sobre la lucidez’”; Elpais.com; 31 de marzo de 2004. En línea:http://elpais.com/diario/2004/03/31/cultura/1080684002_850215.html (Última visita, 11 de diciembre de 2013).

[63] ARENDT, Hannah: La vida del espíritu; Paidós; Barcelona; 2012; p. 114.

[64] GONÇALVES MENDES, Miguel: José… Op. Cit; min: 1:09:34-1:10:23.

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org

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Atilio Borón en el conocimiento antiimperialista y en el conocimiento para vencerle. Por: Ramón Pedregal Casanova*

América Latina en la Geopolítica del Imperialismo. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012. Autor: Atilio Borón. Editorial: Hiru.

América Latina en la Geopolítica del Imperialismo. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012. Autor: Atilio Borón. Editorial: Hiru.

Reseña de “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo”

Entre las personas más conocedoras de la circunstancia latinoamericana, pasada y presente, destaca por méritos propios Atilio Borón, sociólogo y politólogo, catedrático de Teoría y Filosofía Política en la Universidad de Buenos Aires, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, coordinador de la Cátedra de Pensamiento Marxista y Poder Popular del Centro de Estudios y Formación Marxista Héctor P. Agosti, Premio Internacional José Martí 2009 de la UNESCO y Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada, Casa de las Américas 2004, por Imperio & Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. Además es autor de numerosos libros como “Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo. Diálogos con Fidel Castro”, “Estado, capitalismo y democracia en América Latina, “Socialismo siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo?”, y otros, de algunos puedes disponer en www.atilioboron.com.ar

De la misma manera que la persona, sin menospreciar otros libros con los que abrimos la puerta a paisajes atractivos y perspectivas reveladoras de la conciencia, entre tanto libro publicado destaca en momento histórico tan crucial como el que vivimos, su último libro y de reciente publicación “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo”, Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012.

El profesor Atilio Boron nos presenta una profunda reflexión que parte de otro título, “El lado oscuro del imperio. La violación de los derechos humanos por EEUU”, escrito en colaboración con Andrea V. Vlahusic.

Difícilmente se encuentra un texto tan atractivo, que abarque tanto y de manera significativa sobre el imperialismo y sus planes para Latinoamérica, táctica y estratégicamente.

Los cambios políticos en el mundo han llevado al imperialismo a cambiar el término para hacerse llamar globalización, y es que su extensión ya ocupa la mayor parte del mundo, de ahí también que la crisis del sistema convulsione el mundo entero.

Atilio Boron desmenuza las actuaciones del imperio, los textos clásicos que lo estudiaban en etapas anteriores, la avidez eterna del capitalismo por la riqueza de los pueblos y la explotación de estos en todo tiempo y lugar, y el proyecto que viene implementando en América Latina y los planes que quiere hacer realidad para seguir siendo imperio. Y también los triunfos populares, sus experiencias perdidas y aprovechadas, la manera de sobreponerse a los planes criminales del gobierno estadounidense y la construcción casi inimaginable del proyecto de una sociedad basada en la justicia social y la solidaridad entre los pueblos sintetizando en varios puntos el libro de Lenin “El imperialismo fase superior del capitalismo, destaco alguno: concentración de la producción y el capital; fusión del capital bancario con el industrial; predominio de la exportación de capitales sobre la exportación de mercancías; reparto territorial del mundo entre las grandes potencias;… , el libro trata el funcionamiento de los Tratados de EEUU con el resto de los países, lo que afecta al territorio americano, la implantación del poder militar, la movilización de tropas y la Cuarta Flota, todo lo necesario para apropiarse de los recursos naturales. Mientras la crisis económica se hace manifestación de crisis política del capitalismo, desde sus orillas a los núcleos duros de centro Europa y la mismísima célula cancerígena yanki. que tiene una deuda impagable, que alcanza decenas de billones, con b, de dólares, más allá de su producto interior bruto.

Atilio Borón, analizado el monstruo, pone sobre el papel la historia de la creación y mantenimiento de los intereses imperialistas que sintetiza la frase que se atribuya a Monroe (18171825) y que sin embargo fue expresada por su secretario: “Estados Unidos no tiene amistades permanentes; tiene objetivos e intereses permanentes”. De ahí se desprendió su conclusión: “América para los americanos”. De ahí para adelante todo van a ser invasiones, golpes de estado, fomento de la inestabilidad social, política, económica, … , la cúpula que ostenta el poder en EEUU llevará a cabo todos los esfuerzos para aterrorizar al mundo. Su búsqueda de las riquezas necesarias para mantener su poder las tiene bien cerca, en América del Sur, el continente del Sur dispone de las mayores reservas de agua, petroleo, minerales fósiles, vegetación. Atilio Borón detalla, explica además la importancia estratégica para la dominación imperial incluyendo cambios legislativos promovidos desde sus centros de poder como gobiernos y organismos internacionales, entre sus objetivos resalta la ley de propiedad intelectual.

Y llegamos al capítulo titulado “La militarización de la política exterior de EEUU y su impacto sobre América Latina”: la mayor flota militar del mundo , la mayor manifestación de fuerza se extiende y se asienta por todos los rincones amenazando a los pueblos. Para tal proyecto han hecho un gasto que supera el de 13 países juntos y los miles de millones crecen año tras año. Pero toda esta gran maniobra imperial no ha podido vencer, o ha sido respondida victoriosamente por algunos pueblos, el primero en Sudamérica ha sido Cuba. Su lección ha dado frutos diversos, Venezuela, Ecuador, Bolivia, y otros sin haber avanzado tanto hacen frente a obstáculos diversos. La creación de la CELAC, como organismo latinoamericano, ha atraído a todo tipo de gobiernos, lo que hace ver cómo saltan los obstáculos los más dependientes del régimen de EEUU, y cómo buscan acabar con su proyecto operativo, a nadie se le escapa las limitaciones. Atilio Borón pone el ejemplo del silencio en que se ha mantenido ante el caso de Julian Assange, mientras la UNASUR, el ALBA, Ecuador, Bolivia Venezuela, declaran su solidaridad y lucha por la liberación.

En el capítulo dedicado a los recursos naturales expone las características del capitalismo y del ecosocialismo y en este término la actividad que se desarrolla, y tanto en uno como en otro las contradicciones y los frenos. Recojo lo transcrito por A. Borón de “El Capital” de C. Marx: “Ni siquiera todas las naciones, consideradas simultáneamente, son las dueñas del planeta. Ellas sólo lo poseen, son sus usufructuarias, y como boni patres familias deben transmitírselo a las sucesivas generaciones en mejores condiciones que aquellas en que lo recibieron”. Ya en el primer tomo de El Capital (¡nada menos que en el capítulo “Maquinaria y gran industria”!), Marx aporta una interesante reflexión acerca de la forma en que la producción capitalista socava y deteriora “las fuentes originales que la producción capitalista socava y deteriora “las fuentes originales de toda riqueza: el suelo y el trabajador”. Y poco después, citando a uno de los grandes fundadores de la economía política clásica, William Petty, sostiene que la riqueza de las naciones tiene un padre: el trabajo; y una madre: la tierra. De ahí que el ecosocialismo contemporáneo tenga un antiguo linaje marxista en el cual se inspiran autores como los ya mencionados,… Lo que el ecosocialismo plantea es que las raíces profundas de la crisis ecológica no se encuentran en la naturaleza, sino en la sociedad y, más específicamente, en el modo de producción capitalista.”

Desde aquí nos introducimos en el conocimiento de las grandes riquezas naturales de Sudamérica y el consumo del imperio, o la necesidad que tiene de hacerse con ellas para mantener su poder mundial; su total, alta y moderada vulnerabilidad de todo lo que las tierras latinoamericanas contienen le hacen débil en caso de perderlas, sólo así, con los datos precisos que se nos aportan en el libro entenderemos claramente que en el imperio no hay más discurso político que el de los intereses estadounidenses.

El capítulo siguiente, “Debate “Pachamamismo vs. Extractivismo”, expone los avances en los pueblos que encuentran contradicciones en ocasiones conducentes a soluciones distintas, y observa la incapacidad para resolver los problemas inmediatos por el pachamamismo, a esto se le suma, o lo hace más significativo, la labor de organizaciones financiadas por el imperio que atizan desde dentro y extreman los problemas entre pueblos y gobiernos antiimperialistas.

En el capítulo “El buen vivir” desarrolla paso a paso lo que tiene de aporte a la tradición socialista y los problemas el nacimiento de una nueva sociedad desde el mismo pueblo organizado, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo que se emprende, teniendo enfrente al capitalismo y al imperialismo, desarrollo que debe sustanciarse en la justicia, la igualdad efectiva en derechos y atenciones a las necesidades presentes y futuras. Termina el capítulo señalando: “Este libro esta escrito con la esperanza de llamar la atención acerca de estos peligros y, de este modo, contribuir a llevar a buen término los difíciles procesos de transformación actualmente en marcha en Sudamérica, en un escenario histórico signado por la creciente beligerancia del imperialismo, …”

Seguidamente en el libro nos encontramos con un estudio profundo del poder militar del imperio, sus cambios para adecuarse a las nuevas situaciones, sus alarmas urgentes al comprobar que China se presenta con una fortaleza inusitada, la comprobación de alianzas y obtención de bienes por parte de China y otros países que cuestionan su posición egemónica, y de ahí que haya puesto en marcha fuerzas y estrategias más agresivas, para lo que en Sudamérica establece un “cordón sanitario”, (término empleado por las potencias anticomunistas para cercar a la revolución soviética y así tratar de impedir la extensión del socialismo), sobre Centro América y el Caribe cuajando la zona de bases militares, atiendan a este dato: el número de bases, asombroso y descubridor del miedo del imperio a la Revolución Cubana, que el 1 de Enero de este 2014 cumple 55 años, el número de bases militares imperialistas en la zona del Caribe asciende a 75 (setenta y cinco).

Completan la exposición una serie de mapas elaborados en diferentes épocas, en ellos se manifiesta la visión del imperio sobre el globo terráqueo, clasismo y opresión le hacen magnificarse a sí mismo y empequeñecer a los demás, o cómo hasta los mapas les salen mal; las 75 bases militares, incluyendo la de Guantánamo, como manifestación del bloqueo a Cuba entre otros objetivos, es la prueba de su agresividad, pero también, cómo no, de su fracaso y su miedo.

Si van a leer un libro, aquí tienen uno magnífico con el que van a descubrir el imperio desde sus tripas, y la extraordinaria manera en que los pueblos vencen, sin olvidar lo que encontramos en el trayecto.

Una lectura que da justo en lo que necesita preguntarse, en lo que necesita ser conocido, en lo que nos podemos apoyar para vencer.

Háganse con el libro y transmítanlo.

Título: América Latina en la Geopolítica del Imperialismo. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012. Autor: Atilio Borón. Editorial: Hiru.

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org/

*Es autor de “Dietario de crisis” (Libros libres, rebelion.org), y es autor de “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, edita Fundación Domingo Malagón.

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“Pensemos la unidad de América Latina desde la lucha social” Por: Claudio Katz*

SBIntervención de Claudio Katz en el debate sobre el libro Simón Bolívar y nuestra independencia (Una lectura latinoamericana) [Buenos Aires, ediciones La Llamarada-Yulca-Amauta Insurgente, 2013] de Néstor Kohan. Presentación y debate realizados en la Facultad de Ciencias Sociales (con el auspicio del Instituto de América latina y el Caribe – IEALC). Universidad de Buenos Aires (UBA), el 21 de octubre 2013

Buenas noches. Muchas gracias por la invitación. Es un gusto participar en la presentación y debate sobre este libro porque es un libro excelente. Es importante en un momento en el cual Simón Bolívar tiene mala prensa. La derecha está muy enojada con Bolívar porque en los últimos años ya no es un prócer, ni una estatua o una figura escolar sino que Bolívar ha sido rescatado como un fundador de la unidad latinoamericana y por lo tanto cualquier libro que analice a fondo a Bolívar es un libro oportuno e importante, con el añadido de que aquí no estamos ante cualquier libro sobre Bolívar.

Yo creo que estamos ante una gran obra teórica y política porque está centrada en el análisis de la historia concebida como lucha social y Bolívar es visto desde ese ángulo. El análisis que tenemos en este libro intenta ver a Bolívar como ejemplo de lucha, como brújula de proyectos liberadores y por lo tanto analiza la historia de tal forma que nos permita buscar nuestras raíces, madurar la conciencia de clase, encontrar continuidades entre la lucha de hoy y la lucha de ayer, forjar identidades colectivas y —como señala Néstor Kohan— avanzar en la recuperación de la autoestima popular.

Por lo tanto este libro sobre Simón Bolívar es una obra donde la historia está vista como historia de la lucha de clases y nos permite abordar la historia desde el ángulo de los oprimidos. Con esta mirada, con este enfoque, con esta visión se recorre toda la historia. La independencia como una lucha social donde vemos el poder colonial, el poder de las elites criollas y las mayorías excluidas. El libro está estructurado sobre un relato donde vamos viendo a lo largo de toda una historia los momentos de convergencia de los oprimidos con las elites y los momentos de divergencia entre estos sectores. Néstor relata muy bien la primera etapa jacobina de la independencia: Moreno, Belgrano, Monteagudo… Hace un interesante paralelo entre lo ocurrido en el Río de la Plata y la Gran Colombia y luego la segunda etapa. Aquella etapa de la independencia, la de la guerra social y colonial. Bolívar apelando a la doctrina del pueblo en armas, el “contagio” de Haití, la decisión de liberar a los esclavos, el sostén de sus luchas en los llaneros, en los montoneros, en las fuerzas plebeyas, la convergencia con San Martín, su oposición a las oligarquías sudamericanas que los traicionaron y los abandonaron.

Por lo tanto este libro sobre Simón Bolívar ve este proceso desde el ángulo de la lucha social. Recorriendo la historia de la independencia latinoamericana constituye un gran libro de polémicas con la historiografía oficial que ignoró o impugnó a Bolívar.

Y si el libro fuera esto, solamente lo que acabo de describir hasta ahora, ya sería un libro magistral, ya sería un instrumento de lucha, ya sería un libro militante, ya sería una obra para el debate político.

Pero yo creo que el libro de Néstor Kohan tiene un agregado adicional, importante para nosotros. Y cuando digo “nosotros” me refiero a nosotros los marxistas.

Hay una segunda lectura, un segundo nivel analítico, mucho más detallado, mucho más complejo, que nos sirve para la elaboración propia de quienes formamos parte del pensamiento marxista.

Y esto sucede porque —como señala Néstor— Bolívar es un “problema” para los marxistas. No es un tema sencillo para los marxistas, desde el momento en que Marx escribió aquel famoso texto sobre Bolívar más que polemizando, yo diría caricaturizando a Bolívar. Marx escribió una burla de Bolívar. Y a partir de allí Bolívar fue un tema controvertido para la historia del marxismo. Hubo un desencuentro entre Marx y Bolívar.

Néstor ha trabajado este tema en libros anteriores (Marx en su (Tercer) mundoNuestro Marx), principalmente las causas de ese desencuentro. Yo agregaría a las que explica Néstor otra más, el contexto en el cual Marx veía América Latina. Esto lo descubrió Álvaro García Linera [Bolivia, 1962]. Marx escribe su texto sobre Bolívar cuando el bolivarianismo ya está en reflujo, cuando hay una victoria conservadora, cuando triunfa la contrarrevolución sobre la revolución. Por lo tanto habría que fijarse en el escenario latinoamericano que no es ese escenario que tuvo Marx en Irlanda, en la India, en Turquía, en China, donde se replantea el problema nacional pero viendo un contexto de sujetos nacionales sublevados. También el desencuentro de Marx con Bolívar obedece a causas teóricas. El Marx que escribe sobre Bolívar es un Marx más centrado en la lógica objetiva de la acumulación que en la lógica de la lucha de clases. Pero lo interesante del “Bolívar” de Marx es que cuando este contexto cambió y la lucha plena de América latina resurgió ante los ojos de Marx —hablo del México de Benito Juárez— Marx no dudó un segundo en elogiar a Benito Juárez y en reivindicar la lucha nacional latinoamericana.

Por lo tanto este libro de Néstor Kohan retorna a esta problemática. Vuelve de hecho, con nuevos argumentos, y nos lleva a que profundicemos nuestro reencuentro de Marx con América latina. Néstor lo hace desde un marxismo bolivariano, desde un marxismo latinoamericano, que está en polémica con otros tres tipos de marxismo.

En primer lugar está en polémica con el marxismo liberal. Esto es explícito. Este es un libro contrapuesto al marxismo eurocéntrico, al marxismo mitrista [defensor del general Bartolomé Mitre], que denigró y denigra a Bolívar. Aunque hoy ya no es marxista, el representante caricaturesco de este pensamiento es Juan José Sebreli [Buenos Aires, 1930], quien continúa denigrando a Bolívar y sigue imaginando un Marx librecambista, un Marx procolonialista, aunque Sebreli lo hace hoy en día desde las filas políticas de la derecha neoliberal. Este es un libro que polemiza con otros matices de ese marxismo mitrista.

En segundo lugar, esta obra polemiza con el marxismo nacionalista, que tuvo en la figura de Jorge Abelardo Ramos [Buenos Aires, 1921-1994] un primer intento de fusionar bolivarismo y marxismo. Hay muchos que están en deuda con ese primer Abelardo Ramos. En ese primer Abelardo Ramos hubo muchas intuiciones interesantes de fusión de Bolívar con Marx aunque muy rápidamente Abelardo Ramos pasó a ser el Abelardo Ramos que conocimos nosotros, una figura que en lugar de fusionar bolivarismo con marxismo comenzó, primero, a distanciarse del marxismo, luego a denigrar al marxismo y finalmente a terminar en un chauvinismo patriotero anticomunista, abiertamente antimarxista.

En tercer lugar hay una polémica más sutil, más compleja, en la forma en que Néstor aborda el problema. Quisiera mencionar a una escuela, una tercera escuela, que en el libro no está explicitada pero que yo la voy a explicitar. Se trata del marxismo dogmático. Esta escuela, más que condenar a Bolívar, siempre lo vio como un “bonapartista fallido” y siempre imaginó la historia del siglo XIX como la historia de sujetos pasivos condenados a la derrota y sin actuar como sujetos reales en el proceso histórico.

José Aricó [1931-1991] plantea el libro clásico de Marx y América latina [1980], aquel libro que en los últimos treinta años condujo a generaciones de historiadores a estudiar el problema de Marx y América latina a partir de Aricó, quien fue una gran figura historiográfica. Hizo importantes aportes a la comprensión del problema pero todavía no hemos hecho la crítica a José Aricó. Le hemos hecho la crítica a Abelardo Ramos, a Juan José Sebreli, podemos discutir a Milcíades Peña [1933-1965], pero todavía no está hecho el debate con José Aricó. No me refiero al Aricó alfonsinista o socialdemócrata. No es ese el problema que estamos discutiendo hoy. No, no es ese nuestro tema. El problema es la formulación teórica que hizo José Aricó. Yo creo que la clave está en este libro de Néstor Kohan. Porque este libro, convergiendo en muchos aspectos y elementos comunes con Aricó, tiene una mirada desde otro lado que la que tiene Aricó. Aricó estudia el problema de América Latina del siglo XIX desde arriba. Estudia América Latina como una frustración de un proyecto histórico porque América Latina no tuvo un sólido Estado continental construido desde arriba. Aricó se preocupa por esa construcción desde arriba. ¿Qué falló en las elites? ¿Qué falló en las clases dominantes? Y ¿qué tuvieron de bueno esas elites y esas clases dominantes? Incluso cuando Aricó rescata muchos elementos de Hegel contra Marx es porque sugiere lo siguiente: “Mira, se podría haber hecho una construcción que vos, Karl Marx, no viste, a partir de un Estado continental”.

Yo creo que el mérito que tiene la mirada de Néstor es que este libro precisamente no va por ese lado, no va por esa pista. No sigue un camino que no nos lleva a una buena comprensión de la historia… En vez de preocuparse tanto acerca de porqué fallaron las revoluciones pasivas, la obra de Néstor se preocupa acerca de qué pasó con las revoluciones de abajo. Este libro hace lo que se denomina la historia desde abajo: el análisis historiográfico de la historia popular. Comprender, analizar, estudiar la problemática de cómo se estructuró América latina, sus problemas, sus contradicciones. Eso es un diagnóstico, es una comprensión, es un análisis. La óptica de este libro sobre Simón Bolívar y nuestra independencia no está centrada solo en eso, sino que está centrada en la lucha popular y en la construcción desde abajo.

En eso —es un texto poco conocido y muy reciente— hay un punto en común con la crítica que le hizo García Linera a José Aricó. Cuando García Linera estaba en la cárcel escribió un artículo crítico de Aricó y ahí intuyó el problema de Aricó. Dijo lo siguiente: “es interesante su mirada sobre Bolívar y Marx pero el problema de Aricó es que no está situado en la lucha popular”. Yo creo que el libro de Néstor tiene un mérito incluso frente a García Linera porque no deduce una crítica a Bolívar o una desvalorización del proceso independentista de América latina a partir de la revisión del problema.

Entonces me parece que estamos frente a un gran libro, un texto importante para los marxistas. Yo lo generalizaría.

Esta problemática la llevaría a un plano de conclusiones historiográficas más general. En mi opinión la historia marxista de la segunda mitad del siglo XX estuvo trabada por un falso problema. Libros como éste empiezan a aliviarnos, nos empiezan a sacar de la trampa de un falso problema.

La historiografía marxista clásica, desde los años ‘50, ‘60, ’70, en todas sus vertientes, la pregunta que quería responder es “¿Cuáles eran las fuerzas que desarrollaban las fuerzas productivas y cuáles eran los liderazgos políticos que permitían un desarrollo de las fuerzas productivas?”. Entonces se miraba el pasado diciendo “¿Quién fue el sector progresista?”. Esa era su preocupación. Qué sector económico y qué líder político. Esa era la problemática que quería resolver.

¿Cómo la resolvía? Bueno, el marxismo liberal, mitrista, sostenía que los que desarrollan las fuerzas productivas son los que forman parte de la línea de Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre, el librecambismo, las elites cosmopolitas. El marxismo más nacionalista decía que no, todo lo contrario, los que desarrollan las fuerzas productivas son los proteccionistas, los que levantan aranceles. Había una tercera visión, la dogmática, que sostenía que en realidad nadie va a desarrollar las fuerzas productivas porque no se pueden desarrollar esas fuerzas productivas. Ya hay un destino premeditado de América Latina. América Latina no puede desarrollar las fuerzas productivas porque no tiene una burguesía industrial.

Ese era el debate: (a) Lo desarrolla el comercio. (b) Lo desarrolla el Estado vía la protección. (c) No lo puede desarrollar nadie.

Esta es una discusión que vista hoy, madurada desde hoy, es una discusión estéril. No conduce absolutamente a nada. Como tiene mal formulada la pregunta, esta discusión sólo conduce a evaluaciones especulativas y a razonamientos completamente contra fácticos por la sencilla razón de que no se puede encontrar ninguna regla por donde se habrían desarrollado las fuerzas productivas. Es decir que se plantea una pregunta que está mal, es hipotética, no tiene respuesta pero además es imposible encontrar la respuesta siguiendo un hilo coherente.

En Inglaterra, en Holanda y en Francia hubo capitalismo avanzado con revolución burguesa; en Alemania y Japón hubo capitalismo avanzado sin revolución burguesa. En Estados Unidos el norte triunfó sobre el sur y hubo capitalismo avanzado pero hubo capitalismo avanzado no sólo porque el norte derrotó al sur sino también porque el norte derrotó a los pueblos del norte y del sur. No hay una regla que nos permita explicar cómo, cual es la guía que nos llevó al desarrollo de las fuerzas productivas. Y trasladado a América Latina la pregunta tampoco tiene respuesta. Si uno quiere buscar cual fue la regla no la va a encontrar.

En Haití hubo una revolución triunfante, la más radical, y después hubo regresión de las fuerzas productivas. En Brasil no hubo revolución, al contrario, hubo esclavitud hasta más allá de la mitad del siglo XIX y hubo desarrollo intermedio. En México hubo una revolución radical derrotada, con Morelos primero, y después con Benito Juárez y hubo desarrollo económico intermedio. En Ecuador hubo fuertes movimientos liberales y en Perú no y hubo desarrollo periférico en ambos casos.

Es una pregunta que no lleva a nada. No hay reglas. Y la historia no puede reconstruirse de esa forma.

Entonces: ¿Cuál es el mérito de este libro, de esta línea de análisis historiográfico? Yo pienso que su mérito es haber decidido “no me voy a preguntar más eso sino que voy a estudiar otra cosa. No voy a abandonar el análisis de las fuerzas productivas, el estudio de la economía, el análisis de las clases sociales. No, no lo abandono. Hay que hacerlo. Es un problema de estructura. Hay que explicar el carácter periférico de América Latina. Hay que explicar todo eso, sí, sí, sí. Pero en lugar de dar vueltas sobre una pregunta que no tiene respuesta, voy a tomar la historia como un legado de luchas populares. Eso es la historia. La historia que voy a estudiar, la pregunta que me voy a hacer es otra: ¿quién favoreció la construcción de la conciencia social que tiene continuidad de lucha para las nuevas generaciones?”.

Hay una corriente historiográfica, marxista internacional, que trabaja en la misma dirección de este libro. Se los conoce como los historiadores marxistas ingleses que en los años ’40, ’50 y ’60 generaron una escuela, comenzaron a avanzar en el estudio de la historia por abajo, y se dijeron “lo que tenemos que estudiar son las experiencias de lucha, las vivencias de lucha, para ver qué aprendemos de ahí. ¡Eso es lo que tenemos que estudiar!”.

Yo pienso que este libro sobre Simón Bolívar y nuestra independencia está en ese ámbito, en ese plano y por eso resulta un libro tan importante y tan interesante.

Finalmente, para concluir, la historiografía marxista se ha hecho también otra pregunta contra fáctica que tampoco tiene muchas respuestas: “¿era posible o no el sueño de Bolívar?”. Entonces existe una biblioteca entera que dice que sí era posible y otra biblioteca completa que dice que no era posible. La biblioteca de Jorge Abelardo Ramos dice que sí era posible, que se podía, porque hay ejemplos. Brasil, por caso, demuestra que si se pudo hacer Brasil se podría haber hecho algo similar a escala de América hispana. Ese podría ser un argumento. Existe otra biblioteca, la de José Carlos Chiaramonte, que sostiene que no era posible, que eso era una utopía, no había condiciones, etc. Todo eso es un debate contra fáctico. ¿Era posible o no el sueño de Bolívar? ¿Era factible o no? De nuevo es un tipo de razonamiento que no conduce ni a resolver problemas historiográficos ni a dotarnos de elementos para la comprensión de nuestro pasado.

Lo importante no es si era posible o no lo era. ¡Lo importante es qué nos dejó a nosotros! Logrado o no logrado, se hizo o no se hizo… ¿qué nos dejó?

Pues nos dejó un ideal inconcluso de las luchas sociales y las guerras de independencia que se continúa hoy en día a través de diversos proyectos. Por ejemplo el proyecto bolivariano del ALBA. Aquellas luchas e ideales nos dejaron estos proyectos actuales y futuros. Nos dejó una historia donde el ideal latinoamericano es un ideal que comienza con Simón Bolívar, que está presente con José de San Martín, etc.etc, que tiene elementos con Ugarte, etc., etc., que tiene continuidades en América latina. Cada vez que América latina tiene que resistir al colonialismo y al neocolonialismo reaparece la necesidad de la unificación.

¡En la lucha! Es la lucha de Sandino, es la lucha de Farabundo Martí, es la lucha de la revolución mexicana, etc., etc. Esa es la continuidad que a nosotros nos interesa. La continuidad de la lucha.

Esa continuidad tiene un legado si se aborda la historiografía de los de abajo, como una historiografía social, como una historiografía militante.

Por lo tanto, mi conclusión teórica y metodológica es que estamos ante un gran libro. Ojalá que se difunda. Muchas gracias.

Buenos Aires, 21 de octubre 2013

Texto tomado de la publicación: http://laventana.casa.cult.cu

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