Tras los apuntes

Aprender con Jack London, siempre aprender. Por: Ramón Pedregal Casanova*

Encender una hogueraEn ese camino de lecturas hacia lo importante de la vida que recorremos por los contenidos de las obras literarias, encontramos a un autor que ha quedado para la contemporaneidad, como un valor fijo para las distintas generaciones lectoras, en las que impulsa la lucha social y el amor a la naturaleza, con sus contradicciones, Jack London (18761916).

Jack London el de “El talón de hierro”, “Martín Edén”, “Colmillo blanco”, “Amor a la vida”, “Los de abajo”, “El pueblo del abismo”, “Guerra de clases”, “El vagabundo de las estrellas”, “Encender una hoguera”, … Jack London, el escritor autodidacto, cuyas lecturas de autores penetrantes en la realidad social y en la lucha social le formaron y le hicieron destacar, Darwin, Carlos Marx, Irwing, Flaubert…

Pasó por múltiples trabajos, marinero, minero, obrero de fábrica, … fue encarcelado, participó en movilizaciones y huelgas, militó políticamente junto a quienes querían cambiar el mundo y traer el socialismo; como escritor marcó la trayectoria que es reconocida sin ninguna duda.

Ahora leemos la reciente reedición de “Encender una hoguera”, un relato con dos versiones que va a la médula del deseo de superación ante el peligro (decir “peligro” en tiempos de crisis económica, ecológica, social, política, … es mentar el peor de los abismos), Jack London habla del peligro, sí, de muerte, en su relato el personaje emprende un viaje que parece tener calculado, pero hay algo imprevisto y se adentra en el riesgo hasta verse envuelto en un problema para el que le faltan fuerzas, las energías están muy justas, limitadísimas. La lucha por la supervivencia resulta encarnizada, trágica.

London amaba la naturaleza y sabía de la necesidad de aprender continuamente; además, en consonancia con el momento que le había tocado, intervenía con su literatura en la historia, en la sociedad, en la vida de la gente, y lo hacía con un compromiso político profundo, y señalaba cual era, es, el conflicto principal, la contradicción social generadora de todos los conflictos. Aprender de la experiencia de otros y propia para hacer frente al día a día. En sus novelas más sociales denunciaba el sistema con el que explotan a la mayoría unos pocos, y alentaba a la unidad obrera para derruirlo. Escribió sobre la alternativa superadora, el socialismo, la justicia social en todos los órdenes.

Con “Encender una hoguera” se vuelca en la lucha por la supervivencia en las condiciones más difíciles. La historia la extrae de su propia experiencia, cuando trabajaba como buscador de oro enfermó de escorbuto en un campamento aislado y en medio de la nieve. Sólo gracias a la ayuda recibida de otros, con comida, medicinas y descanso, pudo salvar la vida.

En la historia, un hombre en medio de la nieve camina sobre los ríos helados, es por donde debe conducirse para llegar a un poblado en el que le esperan, donde recuperar fuerzas y salvarse. En el trayecto las dificultades extremas van creciendo hasta que un error le causa la situación que le pone ante la muerte. Tanto en una versión como en otra, ya dijimos que son dos las escrituras que conforman el libro, el personaje desatiende la recomendación de no enfrentarse sólo al camino, metáfora de la vida, del riesgo de hacer algo, de peligro constante, desatiende la experiencia de quienes son sus compañeros, de quienes tienen sus mismos objetivos. Las dos versiones llegan a salidas distintas en medio de la lucha por conservar la vida, ofreciéndonos el turno de la reflexión y el aprendizaje. El relato, o los relatos, es merecedor de nuestra lectura, más en los tiempos que corren.

London, en cuyas obras encontramos aventuras que nos llevan a las reflexiones sobre la supervivencia y la lucha individual y colectiva, siempre expone de manera sencilla y próxima, de prójima; su esfuerzo nos dice que no quiere que se pierda nada, ni de la historia ni de lo que simboliza.

Quien lea sin deducir, sin extraer consecuencias con respecto al mundo en el que vivimos, con respecto a si mismo, se pierde la esencia literaria, el qué, su significado.

Título: Encender una hoguera.

Autor: Jack London.

Editorial: Periférica.

Texto tomado de la publicación: www.rebelion.org

Autor de “Dietario de crisis”, se encuentra en Libros Libres, de rebelion.org, y de “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, que edita Fundación Domingo Malagón.

Compartir:

Leer más

Un libro clásico sobre la Revolución Cubana. Por: Ángel Guerra Cabrera*

Mario MenciaMario Mencía

El libro El Moncada, la respuesta necesaria del historiador Mario Mencía (Cruces, Cuba, 1931), es un interesantísimo relato que se lee como una novela. Su estructura cinematográfica y la fluidez de su prosa facilitan la comprensión de este trascendental capítulo histórico. No sólo para Cuba pues existen semejanzas  que inevitablemente evocan situaciones que hoy enfrentan los movimientos populares antineoliberales en América Latina y el Caribe. Esta entrega de la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de Cuba, ampliada y modificada respecto a su homónima de 2006, confirma el irreductible compromiso del autor con los hechos históricos tal como se van revelando en sus acuciosas pesquisas, a la vez que la originalidad de sus interpretaciones.

Con cuatro décadas dedicadas a la investigación de esta etapa de la historia de Cuba y numerosos títulos en su haber, Mencía nos explica que en los años posteriores al triunfo de la Revolución Cubana surgieron mitos y tergiversaciones reduccionistas sobre el movimiento insurreccional. Predominaba la idea esquemática del “foco” guerrillero en las montañas formado por un grupo de héroes iluminados, que con el solo apoyo del campesinado serrano y una serie de acciones armadas  aisladas del resto de la población había derrotado a la tiranía. Esta mirada pasaba por alto la pluralidad de los sujetos políticos y las clases y capas sociales que formaron parte del proceso de la guerra revolucionaria en Cuba o de los acontecimientos que llevaron a su estallido, los  multifacéticos y complejos desarrollos y etapas que atravesó, la diversidad de escenarios –ciudades, prisiones, montañas, exilio- en que se produjo y las distintas formas de lucha que le fueron inherentes, cada una según lo exigieran las circunstancias, por más que llegado un momento la principal fuera la armada.

Pero en modo alguno fue la única. Agotadas las vías legales y políticas como forma principal de lucha, el propósito principal de la acción armada era el impulso a la organización, concienciación y crecimiento del movimiento revolucionario y de masas a escala nacional, que exigía la realización de una intensa labor política y propagandística por la vanguardia. Se trataba de construir un movimiento de masas capaz de aportar el suficiente soporte político y logístico a esas propias acciones para conducirlas a la victoria del movimiento revolucionario, objetivo estratégico supremo. Ello, enfrentando condiciones extremadamente adversas tanto por la precariedad de los recursos económicos, comunicacionales y militares de los revolucionarios como por el desfavorable contexto geopolítico.

Aunque Mencía rectifica su propia visión anterior de Washington como orquestador del golpe de Estado de Batista, subraya el creciente apoyo que este y su régimen recibieron siempre de los medios de difusión estadunidenses así como de la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA. Sobre estos temas he tenido el privilegio de sostener un fructífero intercambio en los últimos días con el autor, mi amigo y compañero de muchos años.

Mencía decidió centrarse en la investigación de esta etapa de la historia de Cuba después de qua a través de la investigación de los movimientos guerrilleros en América Latina en la década del sesenta se percató de la ignorancia existente sobre ella hasta en la isla y el daño que estaba haciendo en otros países hermanos, incluido un alto costo en sangre.

Ello lo llevó en 1972 al estudio del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, el dinámico proceso político que le siguió, el surgimiento de Fidel Castro en esa coyuntura y su liderazgo, que considera imprescindible. Igualmente las características del Movimiento 26 de Julio por él encabezado, el análisis de los hechos que condujeron al jefe revolucionario a la decisión de llevar a cabo el ataque al Moncada y la creatividad y el tesón con que trasformó ese revés en un acelerador de las condiciones subjetivas para la revolución.

Si al principio del libro vemos una lucha estudiantil dinamizadora de todo el espectro revolucionario, también observaremos el protagonismo de las mujeres, los obstáculos que ponen los viejos partidos políticos con retórica insurreccional aunque paradójicamente servirán para nuclear futuros combatientes, la incursión de la clase obrera y de las capas medias. Se perfila, en fin la abarcadora estrategia fidelista que conducirá a la articulación de todas las fuerzas revolucionarias hasta llevarlas a la victoria de 1959.

Texto tomado del blog: www.aucaencayohueso.wordpress.com

Ángel Guerra Cabrera*Periodista cubano residente en México y columnista del diario La Jornada.

Compartir:

Leer más

El cine español en su inalcanzable modernez y el patio de Fructuós Gelabert

cine españolUno va leyendo historias del cine Español para despejar prejuicios y para poder ubicarse  un poco más consistentemente en el terreno histórico que nos precede. Y también, valga decirlo, por algo muy práctico, ya que en nuestro colectivo unos cuantos no somos de aquí y no tenemos tan clara la historia local. Así que por respeto y cierto rigor, al menos queremos ubicar nuestra reflexión y práctica de cine en el lugar principal donde operamos, aunque también operemos en menor escala en Toulouse, Francia. Pero ya saben, allí es otra Historia. 

Vacaciones, más tiempo, así que nos ponemos con el libro de Vicente J. Benet, El cine español, una historia cultural publicado el año pasado. Asumimos con satisfacción su equilibrada actitud: El objetivo de este libro es defender, a pesar de todo, el valor del legado artístico y cultural del cine español. Defenderlo desde su modestia, su incapacidad y sus limitaciones unas veces; su brillantez incuestionable, otras. El cine refleja nuestra sociedad y, a partir de ella, los valores, las ideas, los iconos, las visiones del mundo…”

Lo que hace el profesor Benet es ubicar el acontecimiento cinematográfico en los diferentes contextos culturales del país y con una “tesis articuladora” que deja clara desde el principio: la de defender “la idea de que el cine español revela las tensiones de la instauración de la modernidad en nuestro país a lo largo del siglo XX”.

Reconociendo la laxitud de tal término, la remarca como aquella acepción que “tiene que ver históricamente con los cambios relacionados con la industrialización, la masificación de las ciudades, el desarrollo de los medios de comunicación y de transporte y, lo que más nos interesa aquí (en su libro), el surgimiento de nuevas formas de entretenimiento y ocio ajustadas a las masas. El cine es un producto más de estas transformaciones”

Intenta, el autor, al menos abrir una sospecha sobre el estigma altamente citado cuando hace medio siglo, en las Conversaciones de Salamanca, Juan Antonio Bardem sentenció aquello bien conocido de “El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”.

Polémica también citada en otra Historia del cine español, por Román Gubern, al decir que un año antes de la frase de Bardem, José María García Escudero, Director General de Cinematografía en dos ocasiones, publicaría en un libro algo parecido: Hasta 1939 no hay cine español, ni material, ni espiritual, ni técnicamente… En 1939 pudo empezar a andar, pero se frustra la creación de una industria, así como la posibilidad de un cine político”

Digamos que la polémica llevado a su extremo coloquial y escenificada en cualquier bar entre cañas, es la típica discusión entre aquel que dice “el cine español es una mierda” y el otro que le responde “hombre, hay cosas que están bien ¿no?”.

Parece obvio que no se puede afirmar seriamente que el cine español no existió hasta tal o cual año y menos que no exista hoy. Otra cosa es que nos guste más o menos o nada.

Quizá el asunto es saber si hubo una conciencia e intención pública, desde el ámbito político para crear y desarrollar una industria de cine. 

Tempranamente no hubo ni rastros al parecer. Cuando en 1917 ya se veía con claridad al dinosaurio hollywoodense campear por el mundo, algunos países europeos optaron claramente por incentivar el desarrollo de una industria local para contrarrestar aquella invasión.  Será cuando Alemania creará su propia empresa pública (Universum Film) con una gran inversión de dinero convirtiéndose quizá en la más fuerte de Europa aunque pocos años más tarde pasara a manos privadas.

Eso posiblemente nunca ha existido en España, al igual que una gran mayoría de países donde, si tuvieron o solo amagaban con poner andar una industria propia, se verían arrasados en diferentes momentos por la inmensa máquina de los Ángeles en complicidad con su gobierno.

Si atendemos a los datos y aún en el primer Congreso Español de Cinematografía de 1928 dice Benet que “no se consiguió  articular una respuesta industrial y comercial al cine sonoro” cuando España siempre tuvo a su favor un enorme continente hispanohablante. Si las productoras Filmófono (1935-1942) y Cifesa (1932-1961) fueron las dos grandes empresas “que por su concepción de la producción se ajustarían más a la perspectiva moderna del negocio”, quizá hay que pensar que hubo actividad pero no industria y el cine español se mantuvo en una montaña rusa (o una montañita) de dudas y contradicciones entre emprendimientos privados y unas políticas estatales que le podían favorecer más o menos a estos grupos activos. Pero poco más.

De todas maneras, dejando a cada quien en su oficio y a los historiadores las más precisas conclusiones que para eso ocupan su tiempo, el lector y la lectora dirán ¿y a nosotros qué con todo este rollo de narraciones históricas en este blog de un colectivo de empecinados en hacer un Cine sin Autor en el siglo XXI?

A nosotros, diríamos, lo que nos abre son preguntas para nuestro presente. Porque ese traumático asunto de entrar o no en esa supuesta “modernidad” que el exterior del mundo proponía e imponía, parece más viva que nunca en un país que en las últimas décadas ha estado flipado con esa “entrada en la gran europeidad”, divertida en el jolgorio subvencionado de la modernización y con su club político viviendo su orgiástico ascenso al templo financiero. Luego, en la plena borrachera y últimas rondas de paraíso fiscal en paraíso fiscal, eso que se había venido en llamar España, fue violentamente pateada al rincón de la precariedad histórica sin más derecho que al pataleo infantil, con la mirada internacional (permanente motivo de sus desvelos) mirando su bochornoso estado, si más aspiración que a la humillación financiera y sin más futuro que el eterno retorno a la fatídica pregunta sobre su identidad. Ahora, con voz insufrible de borracho extenuado la España (o su élites) se pregunta: eehhh, pero ¿¡¡¡qué ha pasaaoo!!! ?¡qué estamo haciendo aquíiii con los pantalones bajaoos!?

Y entonces el cine, en esta verbena monárquica llamada transición y que franco dirige desde el cielo y por la gracia de dios, el cine español, parece seguir anclado en los mismos debates que menciona Benet de hace un siglo atrás. 

El cine llegaba a España dice el autor en medio de “la pérdida de las últimas colonias transoceánicas de Cuba y Filipinas y los problemas del régimen político de la Restauración reflejados en constantes crisis gubernamentales y económicas, insurrecciones (como la de la semana trágica de Barcelona de 1909), la habitual corrupción política…etc, etc…” 

Todo ello determino “el contexto del debate sobre la identidad española moderna”. 

Los grandes nombres del 98 eran jóvenes cuando el cinematógrafo llegó a España…y su posición ante el cine fue mayoritariamente displicente, cuando no claramente hostil”… dice el autor.

Por supuesto que no es el mismo contexto, claro, pero no negarán que este país está en una convulsión epiléptica de su identidad y que está siendo africanizado a paso vertiginoso y que los complejos de las minorías del club de los paraísos fiscales, más allá de hacerse ricos evitando la cárcel, poco aportarán a una identidad que no hubieran merecido tan perverso destino como es la vuelta a cierta miseria masiva.

¿Y el cine? Pues ahí está otra vez, con sus reducidos club de emprendedores venidos a menos, unas hormigas como nosotros hablando de cambiar su modelo de producción y con la calle hirviendo de imágenes que no responden más que a una política del anonimato, grupos y personas con muy prolífera producción.

Nos quedamos con otro texto del libro y volvemos al origen también nosotros:

“Con motivo de ser el 24 de agosto, día de San Bartolomé, las fiesta mayor de la barriada de Sans, monté aquel año (1897) un entoldado en el patio de unas casas hoy desaparecidas. En dicho entoldado se proyectaron mis tres películas, alternadas con algunas de las fabricadas por Lumière y Melies. El éxito que tuvieron mis creaciones fue indescriptible, pues el efecto que causó a los asistentes verse en la pantalla fue de tal júbilo, que a cada aparición en escena estallaban en clamorosas nuestras de entusiasmo. Luego procuraban que todos sus parientes, amigos y conocidos fueran a admirarles en su papel, y así el patio se veía siempre lleno, no obstante darse las sesiones sólo por la noche, cosa inusitada en aquella época”

Es un texto que Benet recoge de Fructuós Gelabert, “autor del considerado primer filme de ficción realizado en España: Riña en un café (1897).

¿Saben las de veces que nos ha pasado esto solo en este último año en la Cineteca de Matadero, en visionados particulares y en el teatro de Blanca en Murcia con dos sesiones de 300 personas?

¿Será la gente el problema del cine?

Dejemos a las minorías políticas y culturales que resuelvan sus problemas de identidad y comiencen con mejor pie el siglo XX. Nosotros estamos en el siglo XXI y aquí seguiremos.  

Texto tomado del blog: www.cinesinautor.blogspot.com.es

Compartir:

Leer más

El Noticiero ICAIC y sus voces en la Memoria del Mundo. Por: Leonardo Depestre Catony*

Noticiero ICAICQuien escribe este comentario pertenece a la generación de cinéfilos que conocieron el Noticiero ICAIC Latinoamericano, un material fílmico que por su interés y actualidad muchas veces salvaba la decepción que podían provocar en los espectadores los filmes de la semana. Era la época en que aún subsistían los cines de barrio, con entrada a precios muy módicos, y se hallaban en su esplendor los de estreno, también a precios muy módicos. Los segundos con frecuencia se llenaban. La cartelera cinematográfica de la capital, reproducida en la prensa, revelaba una asombrosa cantidad de salas de cine en La Habana.

Existían razones para ello: no abundaban los hogares con televisión en colores, y las grabadoras —de cinta o de casete—, el radio transistor y las películas del cine solían ser las opciones más “espectaculares” del mundo juvenil del entretenimiento, además de las fiestas de quince y la asistencia ocasional a clubes nocturnos.

Dentro de ese contexto, que en la política internacional reflejaba un período de descolonización a nivel mundial y un poco más adelante incorporaría los horrores de la guerra en Vietnam —con la injerencia de las tropas norteamericanas—, y en lo nacional estaba sacudido por incesantes transformaciones políticas, sociales y económicas, surgió en 1960 el Noticiero ICAIC Latinoamericano, con una frecuencia semanal y duración de 10 minutos. Sus escenarios eran diversos. Cámara al hombro el Noticiero se movió por América Latina, Asía, África… con la novedad de que la imagen ante los ojos no pertenecía al mundo de  la ficción sino a la realidad circundante, en la mirada y palabras de sus protagonistas. Se trataba de un reportaje de gran intensidad, dinámico, que llevaba a la práctica el refrán: una imagen vale más que cien palabras. “Nunca he visto en el mundo — y he vivido tiempo en otros países, y siempre, desde luego, metido en la sala cinematográfica— el interés de un público por el Noticiero como el de nuestro público”, testimonia Alfredo Guevara.

Entrar al cine y ver el noticiero, dentro del ambiente de la sala oscura, constituía el inicio de una aventura que, con el complemento del filme y de un documental, si lo hubiera, llenaba el espectro del cinéfilo concurrente y le daba pie para emitir sus comentarios ulteriores.

Viene al caso lo anterior porque durante la pasada Feria Internacional del Libro de la Habana se presentó el libro El Noticiero ICAIC y sus voces, de la investigadora Mayra Álvarez Díaz. Con ese trabajo ganó ella el Premio Memoria 2009 convocado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente, el mismo que lo publicó en 2012 con el sello Ediciones La Memoria. El volumen contiene además un prólogo del poeta y cineasta Víctor Casaus, para quien las páginas del libro “se convierten en un  inventario inapreciable de la historia —y la intrahistoria— del Noticiero”.

Una evocación es aquí constante, la de Santiago Álvarez, corazón y médula del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Pero el libro nos permite conocer mucho más: que no fue Santiago su primer director (al menos oficialmente), sino Alfredo Guevara, y que el Noticiero fue resultado de un trabajo al cual tributaron su empeño y talento otros muchos colaboradores. “Yo tenía un equipo, con un coordinador que se encargaba de todo cuando estaba fuera de Cuba”, esclareció al respecto Santiago.

La profesionalidad en su realización queda expuesta en una anécdota de Santiago Álvarez, quien no dejaba nada a la casualidad, aun al riesgo de la vida:

“Desde que salí de Cuba para Vietnam yo sabía que seguramente iba a participar en una batalla, en un bombardeo. Cuando hicimos Hanoi, martes 13 yo sabía que colocándome cerca del puente que cruza sobre el río Rojo, donde había una batería de artilleros, en un momento determinado podíamos filmar el bombardeo sobre Hanoi. Cuando estábamos en el hotel, yo, en vez de dormir la tradicional siesta vietnamita, permanecía alerta por si los yanquis bombardeaban”.

Mediante entrevistas y recuerdos que abarcan a sus directores generales (Alfredo Guevara y Santiago Álvarez), aunque también a los productores, realizadores, camarógrafos, editores, sonidistas, musicalizadores, iluminadores, responsables de guardia, narradores, redactores de notas, operadores de equipos especiales y electrónicos, animadores, operadores de truca y encargados de la memoria fílmica de la UNESCO, todos los cuales toman la palabra, se filma página tras página, ante los ojos del lector, un noticiero de los de entonces, al cual se suman los rostros de cada uno de los testimoniantes, para así completar su imagen.

Concebido para la intemporalidad, el Noticiero, tratado a la manera de un reportaje visual, tuvo la cualidad de integrar la actualidad, la crítica, el amor, la ironía, la osadía, el espíritu renovador, la música… desde una perspectiva de defensa de los intereses de la Revolución que le dio vida. El Noticiero ICAIC Latinoamericano dejó de filmarse en 1991. Pero es tal su inmanencia que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lo incorporó a su privilegiada lista Memoria del Mundo, lo cual es prueba de que constituye un documento cuya esencia vale la pena conservar.

Apenas un detalle más: Mayra Álvarez Díaz, la autora, ha trabajado durante más de dos décadas en el ICAIC y participado como jurado en varios festivales nacionales de cine, así como en el XXX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Realizadora de documentales, es una voz autorizada dentro del concierto de voces que hacen de este libro, El Noticiero ICAIC y sus voces, un texto por igual para especialistas, críticos, diletantes y lectores en general, pero en particular para aquellos que no tuvieron, por razones generacionales, la oportunidad de ver sus emisiones semanales por espacio de tres décadas.

Texto tomado de la publicación: www.cubaliteraria.cu

Leonardo Depestre Catony*Escritor e investigador destacado. Colaborador de varias publicaciones y autor de numerosas obras. Su quehacer ha contribuido al conocimiento de figuras olvidadas de la cultura cubana.

Nació en la ciudad de Remedios, provincia Villa Clara, el 7 de junio de 1953. Por la profesión de su padre, juez, residió en diversas localidades durante su niñez, hasta que la familia se estableció en Guanabacoa, municipio perteneciente a la capital cubana. Allí realizó la enseñanza media. La casa paterna, abundante en libros para todas las preferencias, devino su primera biblioteca, donde se aficionó a la lectura y la escritura.

Cursó estudios superiores de Licenciatura en Lengua Inglesa en la Universidad de La Habana, concluidos en 1978. Con posterioridad cursó la Maestría en Comunicación, con mención en Periodismo (2006), en la misma Universidad. Hizo estudios de idioma Italiano y Ruso. Por dos décadas trabajó como traductor de inglés, mientras simultaneaba el ejercicio del periodismo y la investigación, tanto literaria como histórica.

Hoy se dedica por entero al periodismo y a la difusión de los temas culturales. Es, además, editor y lingüista. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales.

A partir de la década del 90 ha colaborado en numerosas publicaciones periódicas cubanas, entre ellas Bohemia, Prisma, Habanera, Excelencias del Caribe, El Correo de Cuba, Cuba Internacional, Mar y Pesca, Bitácora, Orbe, Opina, Somos Jóvenes, Caimán Barbudo, Tribuna de La Habana, El Habanero, Granma Internacional, Juventud Rebelde y en la casi totalidad de los periódicos provinciales. Sus artículos periodísticos han sido publicados en la prensa de Venezuela, Colombia, Argentina, México, Vietnam, Angola… mediante servicios especiales escritos para la Agencia. En la actualidad mantiene una sección fija titulada Mirar La Habana en la revista El Correo de Cuba, editada por los servicios de Prensa Latina. Algunos artículos suyos han sido traducidos al inglés, alemán, francés y portugués. Tiene publicados alrededor de 1 000 artículos en prensa escrita y digital.

En esta última colabora a través de Cuba Literaria, del Instituto Cubano del Libro, y Librínsula, de la Biblioteca Nacional José Martí. El campo de sus intereses es vasto, y en él se incluyen la lexicografía, la lingüística, la biografía, la presencia de personalidades extranjeras en Cuba y la historia. Su quehacer ha contribuido al mejor conocimiento de figuras olvidadas de la cultura cubana.

En diciembre de 2008 presentó en la Casa Alejandro de Humboldt, de La Habana Vieja la exposición Gatunas, integrada por minihistorias y fotografías, la cual tuvo excelente acogida de público. También participó en la exposición fotográfica colectiva Alas a la mar, auspiciada por la Embajada de Holanda en La Habana en 2007.

La poesía y la narrativa no le son ajenas, en particular en sus producciones literarias más recientes. Tampoco el tratamiento sutilmente humorístico de algunos de sus textos. Es un periodista muy activo en los medios culturales y la prensa digital, con treinta años de experiencia en diversos perfiles del ámbito literario. Ha realizado tutorías y oponencias en tesis de maestría, y asesorado a escritores jóvenes. Durante años trabajó en estrecha coordinación con los museos municipales de Guanabacoa y de Regla.

Ha impartido charlas en centros culturales, escuelas, centros de trabajo, así como en presentaciones de libros tanto en La Habana como en provincias y ferias del libro. Sus estudios en torno a la visita a Cuba de personalidades extranjeras a lo largo de cinco siglos sirven hoy de material de referencia para cuantos se acercan al tema. Algo similar ocurre con el tratamiento de las personalidades cubanas. De ahí que algunos de sus libros integren la sección Referencias de las bibliotecas.

Ganó en varias ocasiones el Premio Literario Rubén Martínez Villena en el género de testimonio. Es editor y periodista de la revista Mar y Pesca. Escribe y conduce el programa El Balcón de los Visitantes, que se trasmite por la emisora Habana Radio de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Notas biográficas tomada de la enciclopedia: www.ecured.cu

Compartir:

Leer más

Una Historia que debía contarse. Por: Ricardo Alarcón de Quesada*

What lies across

La editorial canadiense Fernwood Publishing acaba de publicar “Lo Que Hay Del Otro Lado Del Mar- La Verdadera Historia De Los Cinco Cubanos”, el libro más completo hasta ahora disponible en inglés sobre un tema al que los norteamericanos apenas han tenido acceso: el caso de GerardoRamónAntonioFernando y René, los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.

Es una historia secuestrada desde hace quince años. Los esfuerzos de su autor, Stephen Kimber, para publicarlo en Estados Unidos fueron inútiles. “Qué difícil ha resultado la venta de este libro a las principales editoriales de Norteamérica. Hemos recibido toda clase de explicaciones, por supuesto, pero la principal parece ser la creencia de que no existe en Estados Unidos una audiencia para un libro que podría presentar una imagen favorable de un grupo de ´espías cubanos´. Yo espero que este libro demuestre que ellos están equivocados.”

El libro es resultado de una búsqueda minuciosa y profunda que lo llevó a estudiar las más de veinte mil páginas de las actas del tribunal (Estados Unidos versus Gerardo Hernández et al) y miles de páginas más de documentos legales de lo que fue el caso más prolongado de la historia norteamericana. Leyó además libros y periódicos sobre Cuba y su largo enfrentamiento con Estados Unidos y también entrevistó a numerosas personas a ambos lados del Estrecho de la Florida y de los dos bandos o de ninguno.

No es un texto sobre el complicado e interminable proceso judicial, pero aborda, sin embargo, sus aspectos fundamentales. Tampoco es una biografía de los Cinco, aunque sus páginas los muestran como lo que son: seres humanos cercanos al lector. El libro va más allá y ayuda a comprender el conflicto entre dos países.

Pero no es un trabajo voluminoso ni de lectura difícil. Todo lo contrario. Con lenguaje claro y ágil permite al lector recorrer episodios de ese conflicto y culminar en unas pocas horas una lectura a la que quedó atrapado desde la primera página. Es la obra de un maestro de periodistas, un gran escritor y sobre todo, un intelectual honesto, comprometido sólo con lo que él pudo comprobar independientemente.

Ya en su primer párrafo nos dice que “Este no es el libro que yo pensaba escribir. Ese libro iba a ser una novela, una historia de amor que se desarrollaba en parte en Cuba.” Y por supuesto no era una novela sobre los Cinco acerca de quienes “vagamente había escuchado”. Kimber refiere en el prólogo cómo fue que decidió abandonar su proyecto inicial y ofrecernos, en cambio, un texto que nada tiene de ficción, y es un ejemplo de riguroso, imparcial y objetivo apego a la verdad.

En palabras de su autor, “no es una simple narrativa lineal. Es una acumulación en cascada de incidentes y escollos, de complicidades y consecuencias, una narrativa paralela, convergente, divergente, mostrando un reparto de caracteres eclécticos a ambos lados del Estrecho de la Florida”.

“Quizás fue la engañosa complejidad de todo ello lo que finalmente me convenció de que esta historia necesitaba ser contada, y necesitaba ser contada por alguien que no supiera ya cuales versiones de cuales historias eran las verdaderas.”

En esto radica la importancia verdadera de este libro. Es fruto de una investigación realizada por alguien que al emprenderla no era un defensor o simpatizante de la causa de los Cinco. Kimber, como miles de canadienses que visitan Cuba, tropezó más de una vez con algún cartel de propaganda, escrito con ingenuidad o torpeza lingüística, o escuchó a alguien hablar con admiración de los Cinco Héroes. Pero casi nada sabía al iniciar su indagación.

El autor formula una pregunta que encierra la clave para entender el problema: ¿Por qué el FBI decidió arrestarlos y llevarlos a un juicio público? ¿Por qué si hacía años que los tenía bajo su control y conocía todo lo que habían hecho y hacían? Al actuar de ese modo, apartándose de la práctica normal, el FBI perdió un caudal informativo importante y a la vez seguro. Tampoco podía acusarlos de nada grave y por eso los dos cargos importantes formulados contra ellos no implicaban crímenes sustantivos. Eran de “conspiración” para lo cual no hacía falta presentar evidencias concretas que nunca existieron.

La única explicación es política. En el verano de 1998 se habían dado los primeros pasos en lo que pudiera haber sido una colaboración entre los dos países para poner fin a las acciones terroristas contra Cuba originadas en Miami. Una misión de altos oficiales del FBI, enviada por decisión del Presidente Clinton, había recibido en Cuba copiosa información sobre tales actividades y había prometido actuar. Cuando la noticia de esos contactos llegó a Miami, el señor Pesquera, jefe local del FBI, quien mantenía estrechos vínculos con los terroristas, procedió al arresto y lo hizo empleando métodos que revelaban su motivación y el carácter político de la operación. “Si los cargos de espionaje contra los cubanos parecían poco convincentes – y lo eran, incluso entonces – ¿por qué el FBI decidió darle tanta importancia a esa parte del caso? ´Hemos hecho esto de forma pública,´ explicó Héctor Pesquera en español en un mensaje que fue transmitido frecuentemente en las estaciones de radio hispanas durante los días siguientes, ´para reunir información del público. “¿Qué?”

“Intencional o no, las noticias sobre los arrestos y las acusaciones contra los cubanos sirvieron para incrementar los niveles de histeria en la siempre al límite comunidad de exiliados de Miami. La comentarista de la WQBA-1140 AM – y no olvidar vocero de la FNCA – Ninoska Pérez Castellón anunció en el aire el número de la centralita del FBI e invitó a llamar al Buró (y a su programa) para informar sobre “personas sospechosas”.

“Los grupos de exiliados como la Fundación Nacional Cubano-Americana se cebaron en las noticias de los arrestos, “que ahora vemos han estado amenazando intereses de seguridad vitales para Estados Unidos,” para hacer lobby por medidas aún más fuertes contra Cuba. Al día siguiente de la conferencia de prensa de Pesquera, el presidente de la FNCA Alberto Hernández y su vicepresidente Jorge Más Santos enviaron una carta al Senador Bob Graham, un miembro del Comité de Inteligencia del Senado que los apoyaba, para solicitarle que organizara una audiencia pública en Miami acerca del espionaje cubano.”

Mientras esto sucedía, allí mismo, en Miami, ante las narices del señor Pesquera, sin que nadie los molestase, se entrenaban los terroristas que realizarían el brutal ataque del 11 de septiembre de 2001.

El ambiente de odio creado por los medios locales de Miami, definido en 2005 por el panel de la Corte de Apelaciones como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”, llevó a la decisión unánime de esos magistrados de anular el juicio. Fue más tarde, en 2006, que se supo que quienes desataron dicha “tormenta” recibían generosos, y ocultos, pagos del Gobierno federal.

El libro de Kimber aparece cuando el caso ha llegado a un momento crucial, a la espera de que el tribunal de Miami se pronuncie sobre las apelaciones colaterales (Habeas Corpus) cuyo fundamento principal es precisamente la conspiración gubernamental, financiando y organizando la campaña mediática que en Miami envenenó todo el proceso y que fue iniciada, precisamente, por el mismísimo FBI. Ojalá la Jueza lea este libro antes de emitir su fallo.

Fuente: www.cubadebate.cu

Texto tomado del blog: www.aucaencayohueso.wordpress.com

Ricardo Alarcón*Doctor en Filosofía y Letras, escritor y político cubano.

Compartir:

Leer más

La música en la obra de Alejo Carpentier: un libro reciente. Por: Graziella Pogolotti*

CarepetierEl escritor y musicólogo colombiano Pablo Montoya visitó La Habana para presentar su libro sobre la música en la obra de Carpentier, publicado en Antioquia. Es la versión pública de una tesis de doctorado que obtuvo el reconocimiento académico en la Nueva Sorbona de París. Siguiendo una perspectiva tanto musicológica como cultural, el autor asume el desafío de seguir la trayectoria del narrador cubano a través de su periodismo, de su participación en el trabajo creador de los compositores que emergieron con la vanguardia de la isla para llegar al abordaje de la música en el tejido de algunas de sus narraciones más importantes. Su campo de estudio se sitúa en el centro de un jardín donde los senderos se bifurcan. El hilo conductor fundamental intenta cercar la dimensión poliédrica del asunto en torno al problema del nacionalismo musical.

Diario de Venezuela ofrecerá a los investigadores una visión de los conflictos íntimos de Carpentier en la etapa de más intensa creación novelística. No es el diario de un ególatra, sino la bitácora de quien intenta dilucidar sus angustias personales en diálogo con la página en blanco. La música se revela, una vez más, como eje central de su universo sensible, compañera en las noches y animadora principal de un debate estético.

Sin embargo, en el esclarecimiento de la evolución del pensamiento musical de Carpentier, no se puede prescindir de los contextos y, en particular, de aquellos que influyeron en sus años de formación. La formulación de las bases del nacionalismo musical se imbrica en una confrontación más abarcadora, que incluye la música y la desborda. De ahí la virulencia panfletaria de algunos textos, sobre todo aquellos destinados a mostrar las razones ocultas tras la propuesta de alentar la invención de una inexistente tradición indigenista. Planteada en términos estéticos, la batalla conducía a redefinir los conceptos de cultura y de nación, a destrozar la costra del coloniaje subyacente en el fundamento “civilizatorio” de la conquista de América. Como cristalizará mucho más tarde en el gran jolgorio de Concierto Barroco, la relación entre el “acá” y el “allá” se establecería de otra manera, subvirtiendo, además, el trasfondo racista latente en el indigenismo antillano. La euforia de Carpentier ante el éxito de la música popular cubana en el París de los treinta del pasado siglo constituye un precioso testimonio de las vivencias nutricias del personaje Filomeno. Estos matices configuran la posición de Carpentier respecto al llamado nacionalismo musical.

Al abordar la presencia de la música en la narrativa, Pablo Montoya adopta, sucesivamente, diversos enfoques. En su análisis de El Acoso, concede la mayor atención a la estructura del texto. Lleva hasta sus últimas consecuencias la interrelación entre el modelo de sonata y el referente de la Eroica de Beethoven. El enfoque actancial favorece considerar la función de los personajes –entre ellos, la música- en el desarrollo de la situación dramática. El taquillero se comporta a la manera de un doble del delator. Coinciden en el teatro y en la casa de Estrella, la única en ser nombrada en posible alusión al destino y al ambiguo rejuego de la falsa moneda. Con esta lectura, El Acoso se desprende de la anécdota local y del contexto histórico para proyectarse hacia una propuesta universal. Antes, el musicólogo colombiano se había acercado al concepto de la música en tanto personaje narrativo en su excelente capítulo sobre El reino de este mundo.

Al adentrarnos en el estudio de las novelas de Carpentier, vale la pena regresar al punto de partida de estas notas apresuradas. Pablo Montoya asumió la relectura de una realidad poliédrica. Para emprender la ascensión a tan empinada cuesta, optó por considerar la música como centro fundamental de gravitación, sometido al bombardeo múltiple de enfoques diferentes. Descartó por ello atenerse al orden de publicación de las obras del cubano. La música, sujeto de esta historia, determina el eslabonamiento de los capítulos, desde la juvenil afrocubanía de Écue-Yamba-Ó, hasta la indagación de los orígenes de la música en Los pasos perdidos, aunque resulte evidente que este tema constituye un elemento colateral, mero pretexto narrativo, en la compleja aventura del musicólogo –innombrado al igual que los personajes de El Acoso- en el territorio desconocido de la selva venezolana. Soslayar las premisas conceptuales de Pablo Montoya induciría a malentendidos respecto a los alcances de su obra.

El siglo de las luces, Esteban percibe el ambiente sonoro de París en los días de la Revolución. Pablo Montoya el intento de los compositores asociados al entorno musical del antiguo régimen y su malogrado empeño por ajustarse a los cánones de la nueva época. Mucho antes de descubrir la existencia de Victor Hughes, Carpentier había reflexionado sobre el tema. Expuso sus ideas en una conferencia dictada en la Sociedad Lyceum en 1943. Su análisis toma como punto de partida los avatares de Shostacovich, severamente criticado después del infausto congreso de escritores soviéticos de 1934. La imposición del prontuario realista socialista tronchó la carrera de un músico inclinado por su talento al poema dramático. Según Carpentier, la música culta, por su naturaleza específica, no puede subordinarse a la ilustración del acontecer histórico. En cambio, la popular, con ritmos bien asentados en la tradición, acompaña el accionar del movimiento masivo. Así ocurrió en la Francia del siglo XVIII y en la España de la Guerra Civil. El dato evidencia el prolongado proceso de maduración de ideas que enriqueció el compacto tejido literario de Carpentier.

La investigación de Pablo Montoya enriquece en lo sustancial la extensa bibliografía carpentereana, demasiado centrada, en una etapa inicial, al debate en torno a las líneas propuestas por el novelista: El barroco y lo real maravilloso. Son asuntos no descartables, pero circunscritos al momento histórico en el cual la literatura latinoamericana exploraba las especificidades de su identidad al entrar, por primera vez, en el mundo editorial europeo, antesala del norteamericano. Sin embargo, con el andar del tiempo, el desarrollo de enfoques teóricos renovadores y la maduración de la sensibilidad diferentes en contextos ayer imprevistos, la obra de Carpentier, siempre viviente, se reabre a lecturas inéditas con el sello de la contemporaneidad. Insuficientemente explorada hasta ahora, la presencia musical en la obra de Carpentier, convoca a seguir horadando en este terreno. Así, en el constante entretejerse del diálogo entre los textos y su resonancia en el ámbito multiplicador de la recepción, se va construyendo la cultura.

Texto tomado de la publicación: www.cubarte.cult.cu

Graciela Pogolotti*Crítica de arte, prestigiosa ensayista y destacada intelectual cubana, promotora de las Artes Plásticas Cubanas. Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, Vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

Hija de uno de los íconos de la vanguardia artística de la primera mitad del siglo XX, Marcelo Pogolotti y de madre rusa. Nació en París en 1931 pero desde niña vivió en Cuba. Ser cubana, para ella, es una misión y un estado de gracia.

Es una de las más dispuestas y necesarias consejeras y asesoras de cuanto proyecto útil pueda favorecer la trama cultural de la nación. Esa vocación participativa se expresa también en las pequeñas cosas de la vida. Gusta de la conversación amena, de la música popular y no le gusta perder el hilo de una telenovela, nunca cierra las puertas a quien la procura.

A los siete años ya estaba en la capital cubana, donde estudia hasta graduarse como Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Cursó estudios de postgrado en La Sorbona, durante un año, estudió Literatura Francesa Contemporánea. Al regresar a Cuba, matriculó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde alcanzó otro título.

Ha escrito numerosos ensayos, pero tan fundamental como su obra escrita ha sido su enorme labor en la docencia y la promoción de la cultura. Desde la cátedra de la Universidad de la Habana, a las investigaciones socioculturales vinculadas a los primeros pasos del Grupo Teatro Escambray, desde la formación de teatristas en el Instituto Superior de Arte, hasta la vicepresidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, desde la Biblioteca Nacional, hasta la presidencia de la Fundación Alejo Carpentier.

Al Triunfo de la revolución se encontraba en Italia desde fines de 1958, se hallaba en una beca, residiendo en Roma por lo que aprovecho también para atender su salud. Al saber la noticia del derrocamiento de la dictadura se presento junto a otras personas que vivían en Roma en la sede de la Embajada a ocuparla. De regreso a la isla tuvo pasó por París hasta que finalmente llagó a Madrid, donde el Gobierno Revolucionario situó aviones para facilitar el regreso de los cubanos en Europa. Durante el vuelo conoció a Fayad Jamis, que ya era poeta y pintor distinguido pese a su juventud. Al llegar a La Habana observo una euforia generalizada, los rebeldes estaban en la terminal aérea.

Nota biográfica tomada de la enciclopedia: www.ecured.cu

Compartir:

Leer más

Conocer el pasado para cambiar el presente. Por: Joel Sans Molas

Historial Mundial del puebloReseña de “Historia mundial del pueblo”

Se acaba de publicar el libro “Historia mundial del pueblo”. Con una visión desde abajo, el autor, Chris Harman, hace una lectura crítica del pasado que estimula la reflexión sobre el presente y el cambio social.

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado. Esta célebre frase de Orwell de su libro 1984 es una gran advertencia sobre el poder de la historia. No en vano los gobernantes de todas las épocas han procurado borrar los signos del pasado que no les interesaban y construir una visión de la historia que reforzara su poder.

Este libro de Chris Harman se propone un enorme reto: una historia mundial de la gente, desde la prehistoria hasta las puertas del siglo XXI. A pesar de la ingente labor de documentación que hay detrás, este libro es una alternativa a la historia ‘Trivial Pursuit’ que se basa en fechas y grandes personajes y no ayuda a entender el pasado ni el presente. El autor define así la historia y el sentido que tiene estudiarla: “La historia nos habla de la secuencia de acontecimientos que nos han llevado a la manera de vivir de hoy. Nos cuenta como nos hemos convertido en quienes somos. Entenderla es la clave para descubrir si podemos continuar cambiando el mundo en que vivimos y de qué manera”.

Se trata, por tanto, de una historia que reivindica el compromiso, que huye de la falsa neutralidad. Y es que, como decía el historiador estadounidense Howard Zinn: “Toda la historia es partidaria aunque la mayoría no lo es de forma abierta”.

Chris Harman (1942-2009) ha sido un destacado escritor marxista inglés. Ha publicado multitud de obras sobre economía, política e historia, entre ellos Zombie Capitalism o libros sobre el Mayo del 68 o la Revolución Alemana de 1918-1923. Con la publicación de Historia mundial del pueblo llega, por fin, uno de sus libros a los lectores en castellano.

Cabe destacar la capacidad del autor de expresar con claridad ideas complejas. El texto se lee con fluidez, sin que ello le quite profundidad. Otro de los valores de la obra es que cuenta con una perspectiva mundial. El libro pone énfasis en los desarrollos de tecnología y conocimiento que se han producido fuera de Europa y que luego han pasado de un punto a otro del planeta.

Clases sociales

El punto de vista de Harman parte de la comprensión de la historia que proporcionó Marx. La vida de las personas no se puede entender sin situarla en su contexto material y ver la necesidad que hay de cooperar para lograr unos medios de subsistencia. El trabajo sobre la naturaleza que nos rodea establece una serie de relaciones sociales, que van transformándose en la medida que también lo hace la forma de producir. Desde la emergencia de las clases sociales, la lucha de clases ha sido uno de los factores más importantes que han guiado los cambios sociales y políticos.

El libro no pretende hacer un relato completo de la historia de la humanidad, pero sí de entender sus dinámicas más generales. En este sentido muestra los puntos fundamentales del cambio histórico. La división de la sociedad en clases al final de la prehistoria, el ascenso y caída de los imperios antiguos. El devenir de las sociedades feudales y el desarrollo del comercio en el seno de estas últimas tanto en China como en Europa. Y finalmente la emergencia del capitalismo en Europa, desde donde se proyecta a todo el mundo imponiéndose con la colonización y el imperialismo.

El libro combina explicaciones más generales de los procesos históricos con episodios concretos de revueltas y revoluciones. Destacan los relatos sobre las revueltas de esclavos durante el Imperio Romano, las revueltas campesinas en Europa o la China feudal, la Revolución Francesa de 1789, el inicio del movimiento obrero en la Inglaterra del s. XIX, la Revolución Rusa de 1917 o la revolución en Irán de 1979, entre muchos otros.

Historia reciente

Cuando el libro se acerca a la historia más reciente, la de los últimos dos siglos, nos explica el cambio que supone el capitalismo. Se trata del primer sistema en el que un exceso de producción puede provocar crisis, paro y más miseria, donde aun habiendo comida en exceso una parte significativa de la población mundial pasa hambre diariamente. Pero, por otra parte, también bajo el capitalismo se forma una nueva clase social oprimida –la clase trabajadora– que tiene más capacidad que nunca en la historia para resistir: está agrupada colectivamente, vive en grandes concentraciones urbanas y tiene mayor conocimiento del mundo que la rodea que en ningún otro momento. Por primera vez se crean organizaciones estables de una clase explotada, como son los partidos y sindicatos.

La narración sobre el siglo XX nos lleva a un sentimiento ambivalente. Ha sido el siglo en que la barbarie ha llegado a mayores cuotas, con dos guerras mundiales, el holocausto y genocidios étnicos. Pero también, como dice Harman: “Ha sido la historia de generaciones sucesivas de gente, cada vez mayores en número, que han resistido la lógica del sometimiento a un mundo de competencia y acumulación de capital”.

El libro cuestiona la visión complaciente de que el capitalismo siempre durará. No sólo para tomar la perspectiva de que el capitalismo como sistema global lleva solo un siglo y medio, que contrasta con los 100.000 años de historia humana, sino, más importante, porque ayuda a entender los procesos de cambio que han llevado de un sistema social a otro y las contradicciones que se originan en su seno.

El autor evita tanto la visión triunfalista del progreso histórico, como la visión pesimista de que la historia siempre estará dominada por unos pocos. En definitiva, muestra que el rumbo de la historia viene marcado por lo que heredamos del pasado, pero también por la voluntad y la actuación de la gente en su presente.

Historia mundial del pueblo. Chris Harman Editorial Akal, 2013 624 páginas

La izquierda y la historia: una batalla por el pasado

Reproducimos un fragmento de una entrevista a Chris Harman realizada por el periódico Socialist Worker, donde el autor explica por qué escribió este libro.

La historia es importante porque muestra como se ha formado el mundo en que vivimos hoy. Si miramos el mundo que nos rodea, encontramos racismo, crisis económica, una mentalidad de carrera de ratas, multimillonarios y grandes espacios de pobreza.

Si no se entiende la historia es fácil caer en la trampa de creer que estas cosas siempre han existido, que son una parte fija de la naturaleza humana que no puede ser desafiada o cambiada.

Es también innegable que la gente tiene un enorme interés en la historia. Pero, aún así, adquirir una amplia comprensión de la historia no es tan fácil.

Nuestros gobernantes siempre intentan presentar la historia solo como un recuerdo de las supuestamente heroicas proezas que realizaron ellos y sus predecesores. Así, las primeras historias escritas, hace unos 5.000 años, eran listas de faraones que gobernaban Egipto –como si hubieran sido ellos los que construyeron las pirámides, y no miles de obreros reclutados.

La misma actitud se mantiene hasta la actualidad, con educadores y políticos de derechas que creen que la historia debería centrarse en las proezas de los reyes y reinas. Y nuestros dirigentes han intentado siempre, de una forma u otra, suprimir las versiones históricas que no convenían a sus propios propósitos.

Ha habido una sana reacción contra la historia de los “grandes hombres”, mirando hacia lo que la gente corriente hacía con sus vidas. Pero el resultado puede ser a menudo una comprensión completamente fragmentaria de la historia. Los estudiantes pueden conseguir saber en gran detalle sobre, por ejemplo, la resistencia a los nazis en Alemania, pero no se explica como estos episodios encajan en un marco más general de la historia del siglo XX.

Texto tomado de la publicación: www.rebelion.org

Compartir:

Leer más

Libros que ayudan a construir la conciencia de clase. Por: Belén Gopegui*

Crisis capitalista y privatización de la sanidadLees un artículo aquí y otro allá, en la red, te ayudan a pensar, pero un día una editorial los recopila, los ordena, los fecha, los anota, y entonces los lees seguidos y aprendes más, aprendes a no olvidar. Agradezco por eso a la editorial Cisma la labor que ha hecho con la publicación de este libro. Agradezco también a la librería Traficantes de sueños la construcción y el mantenimiento del espacio común en donde estamos.

No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas.

Nunca está dada.

Jamás preexiste.

Se va construyendo a partir de los conflictos.

La mayoría de las veces se genera a saltos.

Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.

Parece un poema de Brecht, aunque en realidad es parte de la definición de conciencia de clase que da Néstor Kohan en su libro: “Aproximaciones al marxismo: una introducción posible”.

La traigo aquí porque si bien los libros se leen habitualmente a solas, en silencio, sin siquiera mover los labios, algunos nos ayudan a construir la conciencia de clase. Cuando comienza el conflicto, sus palabras van contigo como aquello que te pasó un día, como lo que te contaron, como lo que necesitas y te impulsa y acompaña.

Crisis capitalista y privatización de la sanidad, de Ángeles Maestro es uno de esos libros. Deja, para empezar, constancia de procesos, fechas, leyes que a veces se emborronan en la memoria y que al ser claramente expuestos una y otra vez te impiden confundirte, pensar que tal vez escampe, que las cosas serán de otra manera sin que bajes a la calle y tomes el camino junto con otros y otras que lucharán a tu lado.

Venimos de una larga derrota y es útil recordarlo para poder pensar mejor por qué perdimos -aquí está la única leve observación que le haría al libro, que no es una objeción sino un punto de partida para conversar sobre eso, por qué perdimos, hasta qué punto una gran parte de la población trabajadora, heridas las herramientas de lucha y análisis por la opresión, la guerra fría y la ilusión de prosperidad, había sustituido el sueño del socialismo por el de la supuesta democracia europea aun antes de la muerte de Franco-. En cualquier caso, la derrota ha vuelto difícil imaginar la sociedad futura y revolucionaria. Y sin embargo, todas coincidiríamos en atribuirle un principio elemental: en esa sociedad nueva el infortunio no será fruto de la opresión. No me refiero a los conflictos y enfrentamientos. Me refiero a todas esas formas de sufrimiento evitable desglosadas con precisión por Maestro en el capítulo: “Guerra social en el cuerpo de la clase obrera”. Penas, suicidios, enfermedades que no dependen del azar sino de lo que la organización económica prioriza y abandona.

A lo largo del libro Maestro da cuenta de cómo la llamada “selección de riesgos” preside la privatización de la sanidad. Procedente de las aseguradoras, este principio consiste en “orientar la aceptación de riesgos hacia aquellos que ofrecen menor peligrosidad, evitando la cobertura de los que, por poder originar frecuentes siniestros o de elevado importe, originarían un desequilibrio económico en los resultados de la empresa”. Si traducimos estas palabras, la selección significa dejar de lado a quienes, ya sea por causa de los daños provocados por una sociedad torpe e injustamente organizada, ya por el verdadero azar, más ayuda necesitan. Abandonarles, dejarles caer.

El diez o quince por ciento de la población, nos recuerda Ángeles Maestro, produce el noventa por ciento del gasto de la sanidad debido a enfermedades crónicas o complejas o a la vejez, y la privatización está diseñada para permitir a las empresas librarse de ese porcentaje aumentando así los beneficios del capital. Y no sólo ese porcentaje: la prevención, las pruebas necesarias, la convalecencia, todo será reducido como si el sufrimiento y los euros fuesen unidades equivalentes.

Todavía, nos recuerda Maestro, había tanto que hacer, mejorar la salud mental, la salud dental, la prevención, alcanzar la salud a través de una la vida diaria sin angustia, sin hambre. Y en cambio nos obligan a practicar el sálvese quien pueda: cuando llegue el incendio, que ardan los últimos, jugando a que nosotros y nosotras escaparemos. Pero no escaparemos, los hospitales, la vulnerabilidad, forman parte de la vida diaria Y desde luego, aunque nunca, cosa imposible, ni nosotros ni ningún familiar o amigo nuestro se viese envuelto en una situación de desvalimiento, no permitiremos que nadie nos obligue a dejar solos y solas a quienes más lo necesitan. Nuestra sociedad nueva estará organizada para que precisamente el cuidado de quienes más riesgos tienen sea lo prioritario, un cuidado con tiempo, compañía, tazas de colores, esfuerzos compartidos, sombra de árboles; nadie estará allí solo ni sola cuidando. Y no lo haremos de este modo porque sepamos que un día podremos ocupar el lugar más débil, lo haremos porque “de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades” es el único principio que nos permite vivir en común sin vergüenza, sin opresión, sin miedo.

Esta llamada crisis, esta acometida de una clase contra otra puede ser, nos dice Maestro, un salto que genere conciencia. Porque durante demasiado tiempo creímos que las llamas no llegarían a nuestras casas, y ahora que llegan, tal vez debamos también quemar las naves de la huída y recordar aquel texto escrito en un pequeño cuadro colgado de una pared alejada del paso, en el aeropuerto de Baracoa, Cuba, que Ángeles Maestro me enseñó y que dice: “Las palabras rendición y derrota están borradas totalmente de nuestra terminología”.

Enhorabuena por tu libro.

Muchas gracias

Texto tomado de la publicación: www.rebelion.org

Belén Coeguí*(Madrid, 1963). Novelista y guionista española galardonada por su opera prima La escala de los mapas en 1993. Su tercera obra, La conquista del aire, fue adaptada al cine por Gerardo Herrero. Esta novelista ha sido descrita como la mejor de su generación por Francisco Umbral.

Tras licenciarse en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid inició su carrera profesional colaborando en las secciones literarias de diversos medios de prensa, entre ellos el diario El Sol, para el que realizó entrevistas.

En 1993 la editorial Anagrama publicó con gran éxito su primera novela La escala de los mapas, que recibió los premios Tigre Juan y el Iberoamericano Santiago del Nuevo Extremo para autores noveles.

Su segunda novela, Tocarnos la cara, se publicó en 1995, también con gran acogida de público y crítica. Su tercera novela, La conquista del aire, se publicó en 1998 y fue adaptada al cine en 2000 con el título Las razones de mis amigos por Gerardo Herrero.

En 2004 publicó El lado frío de la almohada novela que trata sobre la relación entre un diplomático estadounidense destinado en Madrid e intermediario en un trato con agentes de la seguridad del Estado de Cuba y su contrapartida Laura Bahía, joven agente española de origen cubano.

En 2005 aparece su primera y única obra teatral Coloquio en el libro coral Cuba 2005, en defensa de la Revolución Cubana.

En 2007 publicó la novela El padre de Blancanieves también en la editorial Anagrama.

En 2009 aparece Deseo de ser punk, una novela donde retrata, con la música rock, que adquiere un rol protagonista en la historia, como telón de fondo, el inconformismo de la adolescencia a partir de la voz de Martina, una joven de 16 años. Un año después de su publicación esta novela gana el VII Premio de Narrativa Española Dulce Chacón otorgado por el Ayuntamiento de Zafra imponiéndose, entre otras, a una obra de Antonio Muñoz Molina.

En 2011 publica Acceso no autorizado en la editorial Mondadori un thriller político-informático con un hacker y una vicepresidenta de gobierno como protagonistas con redes personales que se establecen en el mundo digital.

Compartir:

Leer más

Un libro para consumar los sueños realizables de los próceres de la independencia latinoamericana. Por: Alejandro Castro Espín

 

 

La gran estrategíaUna interesante visión, con profundidad analítica y rigor histórico sobre el origen, formación y evolución de EE.UU. encontrarán los lectores en este libro, que con una narrativa amena y a la vez sólidamente fundamentada ofrece su autor, Abel Enrique González Santamaría.

Una minuciosa evaluación de las concepciones políticas, ideológicas, religiosas y socioeconómicas prevalecientes en la Europa del siglo XVI y su influencia en el ideario y la actuación de los conquistadores ingleses, se complementa hábilmente con diversas e interesantes informaciones recopiladas a partir de una amplia revisión bibliográfica, que contribuyen a situar, a quienes se adentren en sus páginas, en el contexto y circunstancias de cada acontecimiento histórico relatado.

Una detallada exposición de las irreconciliables contradicciones entre la metrópoli británica y las florecientes colonias americanas, ilustran el proceso independentista que condujo al nacimiento de esa poderosa y agresiva nación que hoy es EE.UU.

Resulta reveladora la perspectiva clasista con que el autor aborda las notables diferencias sociales entre las elites oligárquicas y el resto de los estamentos poblacionales desfavorecidos.

En un pormenorizado recorrido sobre el proceso expansionista, estimulado por los grupos del poder político que se alternaban la supremacía en el publicitado modelo “democrático”-burgués instaurado, el autor refleja, con exactitud histórica, las concepciones que condujeron a la naciente unión de Estados confederados a colonizar el territorio continental norteamericano, despojando de sus territorios y aniquilando por la fuerza militar a las poblaciones autóctonas.

Aporta y resulta esclarecedora la evaluación realizada sobre las múltiples “doctrinas” concebidas e implementadas por diversos presidentes estadounidenses hasta nuestros días, quienes han sido invariablemente exponentes de la clase dominante, tomando como referente un único ideario y propósito esencial: la hegemonía imperial. Esa conclusión se sustenta a lo largo del libro con abundante información y certeros análisis, enfocados desde la perspectiva hemisférica, que demuestran las tesis del autor sobre la intencionalidad expansionista que ha caracterizado la política exterior de la superpotencia norteamericana hacia América Latina, dirigida a convertirla en su patio trasero, proveedora de materias primas baratas y en mercado exclusivo para sus productos y servicios.

El libro ilustra, además, las artimañas empleadas por los grupos de poder político norteamericanos para alcanzar sus pérfidos propósitos, desde la instauración y sostenimiento de regímenes títeres para asegurar sus intereses en la región mediante la instauración de gobiernos serviles y dictaduras militares, hasta la guerra sucia sustentada en el terrorismo de Estado, la subversión política-ideológica y brutales presiones económicas sobre las naciones y gobiernos que han desafiado y enfrentado la imposición imperialista, de lo que constituye un ejemplo el criminal bloqueo económico y financiero contra Cuba, el cerco más prolongado de la historia.

De sumo interés resultan las apreciaciones del autor sobre el comportamiento de la estrategia de dominación en el Tercer Milenio, donde incursiona con rigor investigativo en las ejecutorias de las dos últimas administraciones norteamericanas.

La gran estrategia también analiza el proceso de cambio a partir del surgimiento de un nuevo escenario político en nuestro continente, tras el rotundo fracaso del modelo neoliberal impuesto por las elites imperiales en el llamado “Consenso” de Washington, tal como auguró, décadas atrás, con su proverbial visión, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, y que tuvo en su par de la Revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías, una evidencia incuestionable de los nuevos aires libertadores y genuinamente democráticos que ya soplan con creciente vigor y alistan a los pueblos desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Que la lectura de este interesante libro contribuya a alertar acerca de las amenazas que aún se ciernen sobre nuestro continente y a consumar los sueños realizables de los próceres de la independencia latinoamericana.

Prólogo a La gran estrategia, de Abel Enrique González Santamaría. Editorial Capitán San Luis, La Habana 2013.

Texto tomado de la publicación: www.lajiribilla.cu

Compartir:

Leer más

El poeta de los seres invisibles. Por: Norberto Codina*

P y p

Leí por primera vez a Gustavo Pereira a principios de 1983, cuando Jorge Alejandro Boccanera nos incluyó en el capítulo dedicado a Venezuela en su panorama La novísima poesía latinoamericana, aparecida en México en diciembre del año anterior. Allí comenta el antologador argentino: “Es cierto que el movimiento [cultural venezolano] no escapó al descalabro sufrido por la izquierda hacia 1967; pero no es menos cierto que aquel espíritu solidario, sostenido con un alto poder de exigencia estética, siguió latente, como lo comprueba el renacimiento poético de estos últimos años”. En ese proceso de retomar la voz de la sociedad civil, Pereira sería de los más destacados y consecuentes.

Sobre esa evolución de la poética de Gustavo, basada en sus orgánicos presupuestos sociales y existenciales, escribió el reconocido teórico Ludovico Silva: “Se trata de estilizar y macerar el opulento cuerpo de la poesía hasta dejarla en los puros huesos”. Creo que ahí está la esencia reveladora de esos textos que, publicados y registrados como “somaris”, nos conceden la lucidez y trascendencia de lo mejor de su arte poética.

En el otoño de 1988, justo después de coincidir con el entierro de Ludovico en Caracas, viajé al oriente venezolano y entablé amistad con Gustavo en su casa de Lecherías. De ahí nació, junto a proyectos compartidos, viajes, libros, libaciones, esta fraternidad de 25 años que llevó a considerarnos “compañeros del alma”, al decir velado y bronco del singular español que fue Miguel Hernández.

Reconocido entre los poetas más importantes de su generación, que ha dado nombres, entre otros, como el Chino Valera Mora, Eugenio Montejo y Luis Alberto Crespo, constituye una figura representativa en la historia literaria venezolana por su indiscutible autenticidad y singularidad. Suscribo convencidamente estas valoraciones, aunque como suele suceder, ellas deben tener su disenso. Nada, ni críticos, ni panoramas literarios, ni lectores de una época, ni siquiera la Historia, definen la trascendencia real de un escritor, solo el paso del implacable, las lecturas y desencuentros sucesivos, el reposo de los prejuicios y las pasiones, más allá del desconocimiento, las preferencias, y el tan vapuleado canon. Porque la historia de la literatura es una constante de modas y antimodas, dogmas y antidogmas, donde la heterodoxia de hoy es la ortodoxia de mañana. No hay nada más parecido al movimiento del péndulo que el espectro de su vacío. Pero la vida supera el episodio, el detritus y los sentimientos, y perdura lo que conquistamos en esta larga tarea de aprender a morir.

“Existe una montaña en Margarita de cuya cima, cual si fuera vientre prodigioso de las alturas, emergen todas las nubes. Parece una montaña mágica. Se le ve desde el mar y es una; desde el valle de Paraguachí, y es otra. De cerca parece depositar en nosotros copos de bienaventuranza. Tiene, por lo demás, un nombre indio de invulnerable sonoridad que nadie sabe qué significa. Guayamurí”.

Así comienza, Gustavo Pereira, su breve y medular libro El legado indígena, evocando los manes tutelares de su isla, su vínculo con la Margarita que siempre le ha acompañado, y evocaría años después:

Yo nací en una isla a la que el océano dio ternura /El limo de las orillas arrojado a la arena y el invisible /vagón de las mareas /fueron mi primera visión del mundo […]

                   [“Señas de identidad”, de Sentimentario]

En sus tradiciones espirituales, en la acción cotidiana del hogar y las luchas sindicales, en la conciencia de padres a hijos de soñar un país, asociando las angustias del individuo con la realización del ser social, allí se forma la familia, tan presente en la génesis de la obra de Pereira, cuando se manifiesta la nostalgia por la casa paterna y la soledad del aprendiz de escritor, como en “Memorial de la casa vacía”, de Oficio de partir:

      Hay una escritura cuya grafía es el secreto /Hay una piel hecha para que el mar la borre /Y hay quien sueña con un bosque solitario junto a una pradera solitaria

Su vocación de escritor consecuente es una constante en su trayectoria profesional, ciudadana, y esa angustia compartida es la matriz de su creación.

Y todo indisolublemente mezclado desde la individualidad del poeta, con la condición social implícita en todo creador, otra de las claves sobre las que el autor quiere dialogar con nosotros.

Compartir el errante espacio de las interrogantes del escritor, en el discurso dialógico de ficción y realidad, es compartir y recuperar el paradigma emancipatorio de la literatura.

De imprevistos de azares de dudas diezmadas y repuestas De las pocas /certezas rescatadas de las vacilaciones sin enmienda /De amantes y de amigos De quienes me iluminan o me libran /de unas cuantas palabras calladas para siempre /De taras de defectos de algunas cualidades adquiridas o innatas

                                [“Mampostería”, de Sentimentario]

En su texto “Función del poeta”, vuelve sobre las claves del peor de los oficios: La poesía tiene “su facultad de iluminar, es decir, de hacer visible lo oculto, develar otra realidad —o la verdadera realidad—, acaso la más sagrada pretensión que los poetas contemporáneos, desde Rimbaud, confieren a su arte”. Porque, como él mismo se reconoce, es un contemporáneo de Rimbaud, Ramos Sucre, Mayakovski, Vallejo, o Ramón Palomares, para no hablar de sus reencarnaciones de los poetas chinos, árabes o los naturales del delta del Orinoco.

Para Gustavo Pereira “la injusticia social es, ante todo, el peor de los males humanos, puesto que permite reinar a la muerte. La poesía es, como se sabe, el reino de la vida”. “[…] toda cosa o criatura que habite o viva en el universo sobrepuesta a su propia consumación, henchida de germinaciones, todo estallido o iluminación en un cuerpo consciente […] forman también parte o esencia de esa rara melancolía y esa pródiga alegría íntima que muchos llaman poesía, pero que acaso no sea más que la desconocida e inalcanzable región de un sueño que los hombres hemos inventado para reinar sobre la muerte”.

Gustavo no ha querido cargos o responsabilidades de carácter público que desbordan su ser introspectivo o la paz turbulenta de su mesa de poeta (“Pudo ser ministro pero prefirió/ regentar sus papeles/ que se le escapaban”). Pero tal vez el reconocimiento que con más orgullo mencionamos sus amigos es que en 1999 fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente, en donde presidió la Subcomisión de Cultura y redactó el preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y donde pudo tener un protagonismo consecuente con sus luchas y pasiones de siempre: la cultura, el legado de los pueblos aborígenes, su patria toda, para refrendar aquellos primeros versos: “aquí escribo tu nombre pueblo mío”.

Compartimos con el amigo esta interrogante: “¿Cómo ha podido sobrevivir la poesía a través de los siglos cuando con tanto denuedo se viene proclamando en todo tiempo su extinción?”. Desde que los poetas fueron expulsados de la República de Platón, y en un famoso capítulo son excluidos del Estado ideal, hasta la globalización y los mercados de hoy en día, son visibles esas “derrotas”:

Muchos poetas de hoy siguen transitando estas derrotas (y empleo el sustantivo en toda su vastedad polisémica) para poder seguir tañendo aquellas campanas, aunque sabemos que estas derrotas no tienen fin, como tampoco tendrá fin el torrente de la vida interior que es capaz de volver visible lo oculto con el solo fulgor de la palabra.

El autor nos da la respuesta, al recordarnos su larga capacidad de sobrevivencia al atesorarla el hombre más allá de instituciones o normas, por la violenta compenetración entre la poesía y la razón de la especie. “La poesía ha sido un largo camino hacia la otra conciencia, allí donde la existencia humana se descubre, redescubre y arriesga a plenitud. Hacia el ser y no hacia el parecer”. La ideología, la religión, la filosofía, han tratado de “formular sus verdades”, o “afirmar los hechos”, pero como bien advierte Claudio Magris citando a Manzoni, “solo la literatura —el arte en general— dice cómo y por qué los hombres viven aquellas verdades y aquellos hechos”. Más allá de cualquier dogma (como ya dijimos, filosófico, político, religioso), de lo que se trata es de tantear la inmortalidad (parafraseando a otro de los preferidos del venezolano, Mayakovski, “el poeta es el más terrenal de todos los hombres”), palpar sus bordes materiales y perecederos, desde la herejía que por naturaleza es el poema. Y en su caso, en estos tiempos en que hablar de identidad o utopía puede sonar tonto o trasnochado, en el mejor de los casos, el poeta reivindica en toda su obra a “los seres invisibles”, tanto más luminosos cuanto más prolongada la pandemia de su larga noche de explotación y desconocimiento. Porque de sus poemas pudiera decirse lo que escribió sobre algunos de sus textos en prosa, “hijos de circunstancias no siempre explícitas ni apacibles de la conciencia sensible y del oficio de vivir”.

Se dice con razón que Gustavo Pereira pertenece a esa larga y entrañable familia de poetas que han hecho de su condición de intelectuales su vocación de patria y humanidad, de reivindicar para la esperanza a esos hasta ayer “seres invisibles y salvajes”, que son los protagonistas junto a temas eternos como el amor y la muerte, de lo más legítimo de su escritura, yuxtapuesta en una auténtica voz, orgánica en todos sus postulados como escritor, ser desgarrado y generoso, comprometido en su agonía de “oficiante de la poesía”.

Palabras en la presentación del libro Poesía y Prosa, de Gustavo Pereira. Casa del ALBA Cultural, La Habana, 9 de julio de 2013.

Tomado de la publicación: www.lajiribilla.cu

Norberto Codina*Poeta y editor. Es director de La Gaceta de Cuba, publicación de la Editorial Arte y Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Es miembro del Consejo Nacional de esta institución. Nació en Caracas, Venezuela, en 1951. Reside en Cuba desde 1959. Escritor y editor. Ha sido jurado en diferentes premios y eventos, entre ellos el Premio Casa de las Américas. Es miembro de Latin American Studies Associaton.

Obras publicadas: A este tiempo llamarán antiguo (1975), Un poema de amor según datos demográficos (1976), Provincia de la Habana (1979 y 1986), Poesía Joven Cubana (1979), Árbol de la vida (1985), Los ruidos humanos (1986), Lugares comunes (1987), Poesía V (1988), Los ríos de la mañana (1995), Material de lectura de Raúl Hernández Novás (1996), Donde nacen las aguas, Poesía cubana del siglo XX (2002), Cuaderno de travesía (2003), En el reino de Escuque (2006).

Reconocimientos: Premio David de Poesía (1975), Premio Julián del Casal de la UNEAC (mención (1976 y 1983)), Premio Poesía de Amor de Varadero (1982), Premio de la Ciudad de La Habana (mención (1986)), Premio de la Crítica (finalista (1987)), Distinción por la Cultura Nacional, otorgada por el Ministerio de Cultura de la República de Cuba (1996), Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro (2002).

Notas biográficas de la enciclopedia: www.ecured.cu

Compartir:

Leer más
Page 5 of 9« First...«34567»...Last »