El cine cubano no necesita lacayos de turno. Por: Octavio Fraga Guerra*

Centro Cultural Fresa y Chocolate.

Centro Cultural Fresa y Chocolate.

Es coherente y lúcido que nuestros cineastas hagan del diálogo un permanente ejercicio por la defensa de una ley de cine, por el renovar de las prácticas de la producción cinematográfica o la defensa de sus derechos como creadores, que parte de esa necesidad de socializar la obra más allá de nuestras coordenadas. Esa experiencia y sus aspiraciones entroncan con la política de la Revolución, que defiende la institucionalidad de la economía, de la cultura, signo descollante de nuestra obra, la de todos.

Habrá que decir también que ese socializador ejercicio no es la práctica que distingue a otras geografías del planeta dentro del contexto audiovisual, donde las leyes vienen impuestas desde la burocracia. Sin tan siquiera tomar en cuenta la voz y la experiencia de los hacedores de un arte que en nuestra Revolución ha sido protagónica, ejemplar, fundacional, revolucionaria, sustentada desde los preceptos de la cultura y el pensamiento cubano.

Ese ejercicio de debate ha sido acompañado por los directivos de las instituciones de la cultura, materializado con la presencia del Presidente del ICAIC, Roberto Smith. Nos asiste el deber y el derecho de escucharnos, de establecer nuestros puntos de vistas, nuestras más encendidas ideas, desde las palabras más cultas, los acentos más llanos. Para seguir construyendo un arte heredero del humanismo martiano y de los valores universales del marxismo, que son sagrados en la nación cubana.

Ese es un espacio que los cineastas se han ganado por el nervio de su empeño, un escenario de ideas que no ha de ser ensuciado por los que responden a la política hostil y sinuosa del gobierno de los Estados Unidos. Estamos ante una era de combates, que será construida desde los símbolos, desde las metáforas o el texto ambiguo, no excepto de pensadas y elaboradas provocaciones. Los cineastas son parte esencial de esa era, cuyos mayores poderes son sus talentos y renovadas aportaciones artísticas y estéticas.

La actitud lacaya y sumisa de la contrarrevolución cubana es incompatible con los valores que distinguen a nuestra cultura: crítica, lúcida, revolucionaria, siempre apegada a nuestras tradiciones, escrita con texturas contemporáneas.

La aparición del contrarrevolucionario Eliecer Ávila (líder del “partido” político Somos +) en la Asamblea de cineastas que sesionaba este 28 de noviembre en el Centro Cultura Fresa y Chocolate de La Habana, es inaceptable.

El mercenario Ávila es el creador de un “partido” político que se opone a la Revolución cubana vestido con ropaje de centro. Asiduo interlocutor de emisoras anticubanas pagadas por el gobierno de Estados Unidos, quién realiza regularmente viajes al extranjero para asistir a supuestos eventos donde en verdad es adiestrado en tácticas subversivas.

No necesitan nuestros creadores mercenarios construidos al uso para responder a los pilares que le ocupan. La propia obra de la Revolución es el espacio por naturaleza de esa constancia. Nuestra profunda tradición de hombres del arte y la cultura, nos ha enseñado también que esta gran gesta se ha construido, y se seguirá construyendo, sin la intromisión de los lacayos de turno.

OFG*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubadebate, Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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One Response to El cine cubano no necesita lacayos de turno. Por: Octavio Fraga Guerra*

  1. Maria Carla dice:

    Buena reflexión!!! coincido plenamente contigo.Esta persona es un lacayo del gobierno de EEUU para intentar subvertir la Revolución Cubana y los cambios que ella emprende.

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