25 de julio: Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora
Durante el último medio siglo, las luchas de las mujeres negras en la América latina han confrontado de manera directa el racismo existente al interior del movimiento feminista tradicional, y el sexismo manifiesto en los movimientos sociales de los pueblos afrodescendientes.
Como resultado del crecimiento cualitativo y cuantitativo de organizaciones e iniciativas lideradas por mujeres en Afroamérica, a mediados de los años ochenta surge la idea de articular los esfuerzos desplegados en diversos países. La propuesta, formulada por primera vez en 1986, en La Habana, durante los debates del Tercer Encuentro Continental de Mujeres, comienza a tomar fuerza en el V Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, que se realizó cuatro años después en San Bernardo, Argentina, con participación de 3000 mujeres.
Uno de los acuerdos de ese cónclave fue convocar un encuentro internacional de mujeres negras, el cual tuvo como sede la hermana República Dominicana, entre el 19 y 25 de julio de 1992. Allí, alrededor de 400 mujeres de 30 países de la América latina y el Caribe, fundaron la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrodescendientes, con el propósito de “articular estrategias regionales de lucha contra la discriminación específica que viven las mujeres negras e incidir con propuestas de cambio en los diversos estamentos de nuestras sociedades”.
Las participantes en ese primer encuentro declararon el 25 de julio como Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas, celebración que amplió sus horizontes para incluir a hermanas radicadas en otros países por acuerdo del Segundo Encuentro de Mujeres Negras, celebrado en Costa Rica, en 1997.
La Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD), nombre con el que hoy se identifica la organización, está articulada con las afrofeministas cubanas desde el 14 de agosto de 2012. En vísperas de la celebración de otro 25 de julio, vale la pena indagar sobre los antecedentes del pensamiento feminista de las afrodescendientes cubanas. Para hacerlo, apelamos al saber y la experiencia de la escritora y activista Daysi Rubiera Castillo, una de las más reconocidas estudiosas del pensamiento social de las mujeres negras en Cuba.
Zuleica Romay. Directora del Programa de Estudios sobre Afroamérica.
Afrofeminismo: pensamiento y discurso afrofeminista cubano
Por Daisy Rubiera Castillo
Tratar, en el ámbito académico. el tema del afrofeminismo, pensamiento y discurso afrofeminista en Cuba es un reto; por un lado, porque el estudio del movimiento feminista en nuestro país ha hecho énfasis en la historia protagonizada por mujeres blancas, burguesas y de clase alta y media, obviando el rol desempeñado por las mujeres negras en la historia del feminismo; por otro lado, dada la carencia de bibliografía.
En cambio, gracias a los estudios de reconstrucción histórica llevados a cabo en los últimos tiempos, valiosas obras sobre la experiencia de las afrodescendientes cubanas van formando parte de un material disponible para el estudio de sus contribuciones, su forma de pensamiento y el activismo feminista que desplegaron.
Para hablar sobre afrofeminismo o feminismo negro, hemos de referirnos al surgimiento de este como movimiento en la década de los setenta del siglo XX,y su aspiración de superar la mirada, casi siempre etnocentrista y racista, del feminismo que visibilizaba en su análisis las experiencias de las mujeres negras.
Pensadoras como Ángela Davis, Alice Walker, June Jordán, Toni Morrison hablaban, desde la década de los sesenta, de las condiciones de opresión, exclusión y marginación de las mujeres negras y las mostraban con otras imágenes, las cuales, a su vez, las representaban a ellas mismas. En las décadas de los ochenta y noventa, otras voces se levantaron para argumentar en sus discursos lo que significaba ser una mujer negra. En tal sentido, son textos clásicos los trabajos de bell hooks y Patricia Hill Collins.
Antes que esas mujeres se pronunciaron otras, como la intelectual iletrada Sojourner Truth, quien cuestionaba en la Convención de la Mujer en Akrón, en 1851: “¿Acaso no soy yo una mujer?”, frase que, mucho tiempo después, se convertiría en uno de los ejes del discurso del feminismo negro: la deconstrucción de la categoría “universal” de mujer. Universalidad que no consideraba los contextos históricos ni las experiencias individuales y colectivas de muchas mujeres que, si bien eran víctimas del sexismo, sufrían, además, los efectos de otros sistemas de dominación como el racismo, el clasismo y el heterosexismo.
Por su parte, la académica y activista Ana Julia Cooper y la periodista y activista Ida Wells-Barnett, ambas afroestadounidenses, usaron las relaciones raciales como una lente para el análisis de la opresión y la estratificación, explorando la relación entre género y raza en el caso de Cooper, o la influencia de estas cuestiones sobre la sexualidad, en el caso de Wells-Barnet.
Numerosas voces en Inglaterra se sumaron al black feminism o feminismo negro, tanto a la teorización, el análisis y la construcción de un discurso diferente, como a la acción política contra los diferentes sistemas de opresión, entre ellas, Avtar Brah, Hazel Carby, Patribha Parmar y Valerie Amos. El movimiento inglés no se refería solamente a las mujeres negras, sino a todas las consideradas como no blancas.
Entre los muchos aportes teóricos del afrofeminismo puede citarse el cuestionamiento del mito sobre la fragilidad femenina, sobre el cual se sustenta la “protección” de los hombres hacia las mujeres y la reivindicación del derecho al trabajo asalariado, a contracorriente de la visión racista y clasista que no consideraba a las mujeres afrodescendientes, aunque siempre laboraron fuera del hogar como fuerza de trabajo en las calles y en las casas de los y las blancas, fruto de la herencia de la esclavitud.
El feminismo negro comprende interpretaciones de la realidad de las mujeres negras hechas por las mujeres negras; reconceptualiza una teoría y una práctica feminista alejada del etnocentrismo y el racismo, y argumenta la relación entre raza, clase y sexo (teoría de la interseccionalidad en género).
En América Latina y el Caribe el movimiento de mujeres negras surge debatiendo el racismo dentro del feminismo, encabezado, entre otras, por figuras como Sueli Carneiro, Lélia Gonzalez, Ochy Curriel y Epsy Campbell.
En el caso de Cuba, el hecho de que no podamos hablar de un feminismo negro o movimiento de mujeres negras, no niega la presencia de un pensamiento femenino negro surgido desde posiciones subalternas. Asimismo, no es posible aludir a su existencia, sin tomar como referente a pensadoras y activistas que, también desde coordenadas de exclusión, marginación y racismo, denunciaron la opresión de las mujeres negras afrocubanas y sus descendientes.
A solo dos años de abolida la esclavitud, varias mujeres se nuclearon alrededor de la revista Minerva. [1] Con profundo sentido de justicia social y orgullo racial, desarrollados a partir de la experiencia vivida, intentaron, por medio de diferentes formas discursivas, deconstruir las identidades negativas impuestas y resignificar la categoría de humanas que le era negada, para sentar las bases de la lucha por abrir brechas y caminos en la conquista de nuevos espacios para las mujeres del grupo social más desfavorecido de la sociedad, salir del no lugar obligado, y ocupar el lugar tanto tiempo negado.
En Minerva la cuestión ética fue puesta en el centro para destacar verdades, con la fuerza de quienes reivindicaban, desde posiciones subalternizadas, su derecho a hablar sin diferenciaciones raciales ni clasistas. Su accionar fue un factor decisivo en el despertar de la conciencia de muchas mujeres negras. Debido a ello, Úrsula Coímbra de Valverde, África de Céspedes, Lucrecia González Consuegra, Cristina Ayala[2], Natividad González, María Ángela Storini y Laura Clarens[3] son reconocidas como precursoras del pensamiento femenino negro cubano.
Después de instaurada la república, en 1902, este pensamiento continuó creciendo, no solo cuantitativa, sino cualitativamente, en virtud de la diversidad y profundidad de textos que incluyeron otras esferas aún más públicas. Sus escritos con una visión abarcadora de la problemática social y política cubanas, cuestionaban el pensamiento masculino de la época acerca del papel que debían desempeñar las mujeres. Nuevos nombres se sumaron a la lista anterior, entre ellos los de Carmen Piedra, Rosa Brioso, Cecilia Lara y Pastora Mena.
Muchas de estas mujeres trataron de demostrar que la visión etnocentrista, clasista y racista del feminismo invisibilizaba sus experiencias y no les representaba, ya que sus análisis no tenían en cuenta la especificidad de su situación y sus necesidades particulares eran pasadas por alto, o no eran presentadas adecuadamente. Esta falta de representación se demostró en la ausencia de mujeres negras en las dos primeras convocatorias del Congreso Nacional de Mujeres, celebrado en La Habana en 1923 y 1925.[4] Aunque eran conscientes de no tener oportunidad de participar, algunas, como Dámasa Jova,[5] se interesaron por el valor ideológico de esos eventos, en tanto reconocían sus desventajas, no solo raciales, sino también de clase.
Educadoras como Consuelo Serra, Catalina Pozo Gato, Angelina Edreira, Calixta María Hernández y Teresa Ramos, publicaron interesantes trabajos sobre conductas, comportamientos, valores y principios de la sociedad republicana en el espacio que les proporcionó el proyecto “Ideales de una raza”, liderado por Gustavo E. Urrutia en el Diario de la Marina. Sus escritos, además de insertarse en el debate sobre el racismo, intentaron poner de manifiesto la necesidad de adoptar nuevas formas de convivencia frente a la discriminación racial, lo que les confirió mayor visibilidad y una imagen diferente de las mujeres negras, contrapuesta a los estereotipos negativos que circulaban sobre ellas.
Hasta algo más de la primera mitad del siglo XX, el discurso de las mujeres negras no cesó de manifestarse. Su plataforma reivindicativa fue amplia. Batallaron por sus derechos sociales, culturales y políticos.
Luego del triunfo de La Revolución, cada vez son más las voces, abiertamente afrofeministas o no, que se levantan para proponer transformaciones concretas en relación con el racismo y la discriminación racial. Las afrofeministas cubanas han denunciado, entre otras muchas cuestiones, la reproducción estereotipada de la imagen de la mujer negra en los medios de comunicación, la falta de diversidad poblacional que se muestra en pantalla, la ausencia de la familia negra y de roles protagónicos para las mujeres de ese grupo social en telenovelas, series y otros dramatizados, así como la eliminación de los chistes racistas.
Exigen la supresión de la “buena presencia” como requisito para la contratación laboral en establecimientos el sector privado y en otros que, siendo estatales, violan las leyes establecidas al respecto, y abogan por una mayor visibilidad de las niñas y mujeres negras en productos educativos, editoriales, etcétera. Nuevos nombres como: Sara Gómez, Belkis Ayón, Leida Oquendo, Elvira Cervera, Inés María Martiatu, Sandra Álvarez, Deiny Terry, Gloria Rolando, María Ileana Faguagua, Georgina Herrera, Magia López, Gisela Arandia, Norma Guillard, Maritza López y otras, son muestra de esta nueva etapa de luchas.
Si realmente la fuerza del feminismo radica en alcanzar un pensamiento cada vez más universal e inclusivo, el mapa de un nuevo feminismo para el siglo XXI que se está trazando en Cuba ha de tomar en cuenta la diversidad de expresiones, entre ellas la problemática de las cubanas afrodescendientes. De lo contrario, sería un feminismo con más debilidades que fortalezas y las acciones de las pensadoras cubanas negras continuarán invisibilizadas. Evitarlo, es parte del batallar de las afrofeministas de hoy.
[1] Revista quincenal, dedicada a las mujeres de color, fundada y publicada en La Habana de 1888 a 1889.
[2] Hay que destacar que Cristina Ayala nació esclava en Güines, en 1856. Educada y luego liberada por su dueña, fue defensora de la abolición de la esclavitud y de la independencia de Cuba. Se dedicó a la poesía y a la animación cultural. Fue colaboradora de la revista Minerva, en la que entre otros artículos escribió “Me adhiero”, en el que abordaba la necesidad de la educación para las personas de su grupo social. Su libro Ofrendas Mayabequinas, de poemas y décimas, publicados siete años después de su muerte, reflejó los prejuicios raciales de la época y los relacionó con la vida de la nación cubana. Murió en 1920.
[3] Los escritos de esas mujeres se pueden encontrar en la revista Minerva 15 de noviembre de 1888, no. 3, pp. 2-3;15 de junio de 1889, no. 17, pp. 1-2; pp. 3-4. Ver también fragmentos de los mismos en María del Carmen Barcia: “Mujeres en torno a Minerva”, en Daisy Rubiera e Inés Maria Martiatu (comp.s): Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, Editorial de Ciencias sociales, La Habana, 2011, pp. 77-92.
[4] En el Segundo Congreso la mujer negra trabajadora estuvo representada, aparentemente, por Inocencia Valdés, veterana luchadora por los derechos de la mujer cubana y Presidenta del Gremio de Despalilladoras de La Habana, integrado por miles de afiliadas. En esa cita, su discurso “El trabajo de la mujer en Cuba” estuvo dirigido a la defensa de la mujer trabajadora de cualquier color de piel.
[5] Dámasa Jova (Ranchuelo-Villa Clara, 1890) Educadora, maestra de alto nivel intelectual. Feminista por convicción, se incorporó a la lucha de las mujeres. Integrante del Club Femenino villaclareño, promovió la participación de las mujeres al Primer Congreso de Mujeres, al que no fue elegida como delegada. Participa como vocal en la comisión organizadora del Tercer Congreso de Mujeres (1939). Participa como delegada al Congreso Internacional Americano de Maestros. Fundó las revistas Arpegios Íntimos (1925) y Umbrales (1929) y fue una de las primeras mujeres en publicar un libro en su provincia. Murió en Santa Clara, en 1940.
Bibliografía
Barcia Zequeira, Maria del Carmen: Capas populares y modernidad en Cuba (1878-1930), Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2005.
————-: “Mujeres en torno a Minerva”, en Daisy Rubiera e Inés Maria Martiatu (comps.): Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, Editorial de Ciencias sociales, La Habana, 2011, pp. 72-92.
Fernandez Robaina, Tomas: “Mujeres negras hablan de su problemática genérica, racial y social”, Caminos, no. 58, La Habana, octubre- diciembre de 2010.
Gonzalez Pagés, Julio César: En busca de un espacio. Historia de mujeres en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003.
Meriño, María de los Ángeles: Una vuelta necesaria a mayo de 1912, Editorial de Ciencias sociales, La Habana, 2006.
Pichardo Hortensia: Documentos para la historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
Tomado de: La Ventana
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