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Alfred Hitchcock (libro de Bill Krohn)

Por Mr. Kaplan

Nuestra reseña anterior era sobre el primer libro que se dedicó a Hitchcock, en 1957, ya entonces anunciábamos que el siguiente análisis sería sobre uno de los últimos estudios del maestro, concretamente el de Bill Krohn, fechado en 2007, aunque aparecido en España a finales de 2010. Ambos editados por Cahiers du cinéma con una diferencia de 50 años, pero con un afán muy similar: demostrar que Hitch es un autor… aunque con matices.

Alfred Hitchcock es uno de los diez primeros libros de la colección Maestros del cine de Cahiers du cinéma que, por primera vez, se editan en español. Para garantizar que la colección tenga éxito, la editorial ha tomado dos decisiones inteligentes: primera, ponerlos a un precio tan popular como 7’95 euros cada libro, y eso que son ejemplares cuidadosamente editados, formato grande y multitud de fotografías, muchas de ellas inéditas.

Y segunda, elegir cuidadosamente los primeros números de la colección, uniendo clásicos incuestionables (Hitchcock, Stanley Kubrick), con algunos de los indiscutibles maestros de finales del siglo pasado (Woody Allen, Francis Coppola, Martin Scorsese, David Lynch, Steven Spielberg), a los que se ha añadido algún director de moda (Tim Burton) y, por supuesto, algún director sagrado del país en el que se van editando los libros (en nuestro caso el inevitable Pedro Almodóvar).

Dos decisiones arriesgadas que, unidas a una buena distribución en las grandes librerías e Internet, animan a una labor que hoy en día ya no se lleva: coleccionar libros de cine. Eso sí, en papel y pagándolos… lo de leer pegados a una pantalla es otra cosa.

Y si la colección tiene una presentación de primer nivel, no menos interés despierta su contenido, al menos en el caso del libro de Bill Krohn, que no sólo se convierte en un digno sucesor de aquella “auténtica joya” —como definíamos en nuestro artículo anterior al libro que descubrió al autor Hitchcock en 1957, escrito por Claude Chabrol y Éric Rohmer—, sino que se permite el lujo de apuntar nuevos caminos, nuevas ideas no explotadas a la hora de estudiar a Hitch, algo que parece muy difícil tras la enorme cantidad de literatura (y entiéndase el sustantivo en todos sus sentidos) que se ha vertido sobre su obra.

“En La muchacha de Londres, la rubia Anny Ondra, brillante actriz alemana de origen polaco, que había intervenido en algunas películas británicas de cine mudo y que lo hace también en The Manxman, se convierte en una gran intérprete bajo la batuta de Hitchcock. Después de esta actuación se retira, dejando una huella indeleble en la obra del maestro” (página 13).

He aquí una de las claves de la obsesión de Hitch por las rubias, una obsesión que se hizo muy evidente en sus películas con Ingrid Bergman, Grace Nelly, Eve Marie Saint, Kim Novak, Janet Leigh y Tippi Hedren, sin olvidar el guiño incluido en su testamento fílmico, Family plot, con una falsa rubia interpretada por Karen Black… quizá una muestra de su desengaño continuo con este tipo de mujeres.

Pero si atrevida es esta lectura que sitúa esta obsesión en los orígenes de su carrera, no lo es menos afirmar que Hitch tenía dos padres cinematográficos, uno bueno y otro malo, uno reconocido y otro oculto: Cecil Blount DeMille y Fritz Lang.

Anny Ondra en The manxman: ¿de verdad esta rubia dejó marcado a Hitchcock para siempre?

Del primero hereda su afán por el espectáculo, la inclusión de una letra en mitad de su nombre artístico (recordemos que durante un tiempo firmaron como Cecil B. DeMille y Alfred J. Hitchcock), el poner su nombre como gran autor delante del título en los créditos de sus filmes, e incluso crear series de televisión que en su momento fueron grandes éxitos. Por su parte, del alemán hereda soluciones más complejas en lo visual y sonoro y, sobre todo, la oscuridad de unos temas que no siempre son lo que parecen a primera vista.

“Si DeMille es el yo ideal de Hitchcock, Lang es su super yo, lo que parece evidente en La ventana indiscreta, en la que Jeffries, verdadero doctor Mabuse, está a punto de pagar el precio máximo por haber querido verlo todo en el pequeño mundo del patio de manzana. En De entre los muertos, Lang proporciona la fuente del oscuro cuento de hadas y su reconstrucción, que tiene lugar cuando Scottie ve que no se halla en un cuento de fantasmas como creía, sino en una historia de cine negro: variación de la gran película de cine negro de Fritz Lang Perversidad (1946), en la que un oficinista oprimido y pintor aficionado se transforma en verdadero artista después de enamorarse de una chica de vida alegre a quien acaba matando al saber que actúa únicamente al dictado de su proxeneta” (página 72).

Podríamos seguir apuntando ideas, sugerencias, sugestivas propuestas que lanza Bill Krohn a la hora de reinterpretar la obra de Hitch. Quizá, como sucede muchas veces, algunas sean aventuradas, pero el autor se esfuerza por dotarlas de una convincente documentación y una arriesgada interpretación (algo digno de agradecer en los tiempos en que la mera opinión se impone por encima de cualquier razonamiento).

Así, Krohn apuesta por otra obsesión de Hitch en torno al número 13 (el de su primera película, el de la matrícula de varios coches, el de alguna vivienda fundamental en sus películas…), número que siempre aparece asociado a sus películas clave, las que anuncian un giro en su carrera o las que, sencillamente, el maestro considera que son auténticamente suyas.

La rubia Janet Leigh en Psicosis: también sus personajes tienen dos caras y se dejan seducir por su lado oscuro

Pero mejor no seguir desvelando tramas, a fin de cuentas, es más atractivo que el lector vaya descubriendo un texto que se desliza poco por los lugares comunes en torno al “mago del suspense” y prefiere transitar por caminos de luces y sombras, por senderos poco señalizados y por lugares donde llega por primera vez la luz del crítico entusiasta que sigue rasgando en la superficie para descubrir, no sin deleite, huellas del maestro hasta en los títulos aparentemente menos atractivos a priori.

Una labor casi, casi de arqueólogo, de fan entusiasta, de estudioso sistemático. Con Bill Krohn de guía, el libro se sigue sin esfuerzo por dos decisiones inteligentes: la originalidad de su propuesta y el hecho de que el texto se lea prácticamente en una sola tarde, ya que las cien páginas del libro van acompañadas por una enorme cantidad de material gráfico y unos sugerentes recortes, donde se subraya la colaboración de algunos técnicos con el maestro (atención al texto de su ayudante personal, Peggy Robertson: digno de ser enmarcado) o se extraen fragmentos de otros estudios (como el uso del story-board, el valor que da al primer plano o su relación con Cary Grant).

Que todo ello se pueda vender con una presentación visualmente muy atractiva por menos de ocho euros es un misterio que sólo puede obedecer a esas ventajas que tiene la globalización: como muchos otros “grandes libros”, éste se ha editado en China y ya sabemos que allí la mano de obra resulta mucho más barata.

No dejen de darse una vuelta por su librería favorita y echen un vistazo a la colección Maestros del cine. Elijan aquel director que más les guste. Ya hay diez para elegir y, si el invento funciona, seguro que vendrán más. En estos tiempos de pantallitas para todo (¿se imaginan el glorioso Vistavision de Con la muerte en los talones en un teléfono móvil o cualquier sucedáneo?), incluso para la lectura de cualquier libro (¿y las ilustraciones qué?), es de agradecer que alguien siga apostando por la literatura pura en el entrañable papel de toda la vida.

Por una vez apostamos por el efecto dominó: a ver si otras editoriales se animan a publicar colecciones de libros de cine tan atractivas… y tan baratas.

Alfred Hitchcock, Bill Krohn. Cahiers du cinéma, colección Maestros del cine. Primera edición española, 2010

Tomado de: Encadenados

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Hitchcock, por Guillermo del Toro

Hitchcock por Guillermo del Toro. Espasa, 2009

Por Mr. Kaplan

Duelo de titanes

Cuando Del Toro ya es un cineasta consagrado, además de haber ganado el Oscar con La forma del agua, es un momento perfecto para revisar este libro que originariamente fue escrito por un jovencito crítico aspirante a cineasta, dentro de la colección de estudios de la Universidad de Guadalajara (Méjico) centrada en grandes directores.

Dos décadas después, en 2009, Espasa reeditaba el libro manteniendo intactos los textos originales sobre Hitchcock, aunque con un prólogo de Guillermo donde aclaraba ese respeto a las opiniones de aquel joven veinteañero: «Espero que os mostréis generosos con el joven autor. A fin de cuentas, es un buen muchacho».

En ese prólogo, el director de El laberinto del fauno aprovecha para dejar claras un par de ideas que recorren el libro y en las que se reafirma con contundencia: «El periodo inglés de Hitchcock resume temática y estilísticamente el resto de su carrera con contadas excepciones. (…) Con la muerte en los talones es una evolución de 39 escalones y Psicosis una puesta al día de El enemigo de las rubias».

Inmersos ya en el texto original de finales de los 80, el libro sigue la pauta habitual de las publicaciones de la universidad mejicana: análisis título a título, incluyendo la ficha del film, una breve sinopsis, un compendio de las opiniones vertidas en libros anteriores por prestigiosos críticos y, como colofón, la opinión personal del propio Del Toro.

Un análisis quizá demasiado mecánico y en ocasiones frío, aunque perfectamente válido para ir saltando aquí y allá para conocer la recepción crítica y refrescar algunas ideas presentes en cada título.

Como es lógico, coincidimos en la mayoría de los casos con las generosas opiniones en torno a muchos films, pero no siempre con sus duras críticas a títulos mal recibidos en su momento, algo de lo que hoy es consciente Del Toro cuando manifiesta que en la actualidad él ha cambiado su percepción sobre algunos títulos: «Las discrepancias ente mi opinión a los 43 años y las que este joven expresa serían numerosas: hay demasiada certeza e impiedad en la evaluación de ciertas cintas que con el tiempo he llegado a valorar más y más —Marnie la ladrona—. (…) Una absoluta validación de la teoría “autoral” que me parece ahora inexacta y peligrosa».

Junto al análisis individual de cada título, donde se permite reírse abiertamente de Doris Day y de su repelente hijo en El hombre que sabía demasiado, Del Toro desliza sus opiniones más personales en una introducción que repasa el grueso de la obra de Hitch y donde abandona las «influencias» de otros autores para manifestar abiertamente sus opiniones sobre el creador de Psicosis:

«La culpabilidad encontraría más tarde su camino en todas las grandes películas del maestro. La culpabilidad del inocente (una “puesta al día” del concepto de pecado original), la inocencia del culpable (una apología del criminal). La culpa como situación necesaria para la “redención por amor” (requisito del purgatorio), la transferencia de culpa (paralela al rito de la confesión), el padecimiento resignado (muy similar al martirio de un santo)… Insisto en la idea de “carga moral” porque me paree que si se atribuye todo el sentimiento de culpa de Hitchcock sólo al aspecto religioso, se corre el riesgo de simplificar demasiado las cosas».

En su introducción no olvida la importancia del villano, que por necesidades de la censura imperante casi siempre acaba castigado, aunque deja su huella en el protagonista y también en nosotros, el espectador. Tiene palabras para el contraste entre Hitch y su esposa Alma Reville («bajita, morena y hombruna») frente a las protagonistas femeninas de sus películas («altas, rubias y sofisticadas»).

También alude al concepto de «canibalizarse», una idea de Raymond Chandler según la cual en su periodo americano Hitch utilizó sus primeros títulos «para pulir lo ya hecho y digerido y lograr la perfección técnica».

Un repaso en el que no faltan la misoginia, la perfección técnica, su innovadora presencia en televisión, las inolvidables apariciones en sus películas o esos trailers donde también ofrecía un enfoque distinto al concepto de promocionar un film.

Malas influencias

De lo que no habla Del Toro en su libro es de sí mismo. Lógico si tenemos en cuenta que lo escribió cuando él apenas había dirigido unos cortometrajes.

Pero hoy conocemos su ópera prima, Cronos, y sus trabajos sobre la Guerra Civil española, sobre todo El laberinto del fauno. Hemos sufrido su cierta claudicación hacia la industria (Blade II y Pacific Rim), sus proyectos no materializados (El Hobbit) y su triunfo a nivel crítico y de público (La forma del agua).

También conocemos sus incursiones televisivas (The Strain), incluso basadas en sus propias novelas, algunas obras personales que no todos ven en principio cercanas a su mundo (Crimson Peak) y, sobre todo, un manual sobre la creación de tensión que es toda una manifestación de amor al mago del suspense (Mimic).

Una filmografía en la que asoman no pocas influencias hitchcockianas.

Influencias que van desde el papel del malo de la función (cuando mejor es el malvado mejor es el film) hasta esa mujer no tan torpe y gritona como la muestra la mayor parte del cine, y como ejemplo su film ganador del Oscar: la muda y la cosa surgida del agua enfrentados a una gran trama norteamericana para esconder su existencia, un McGuffin que esconde en el fondo la vieja historia de amor entre la bella y la bestia, aunque —es el signo de los tiempos— ni ella es tan bella y él tan bestia.

Es la segunda lectura que hoy podemos extraer de este trabajo primerizo.

En definitiva, un libro correcto, quizá con una estructura demasiado encorsetada para lo que hoy preferimos leer, pero con una documentación notable y con un caudal de opiniones suficientemente atractivo como para devorarlo completo…

Aunque si uno lo prefiere, siempre puede leer los textos genéricos y centrarse sólo en aquellos títulos que más le interesan o tiene previsto revisar en DVD o por cualquiera de los mecanismos hoy accesibles al cinéfilo, una facilidad que no tenía Guillermo Del Toro cuando escribió este libro —sorprende la memoria de aquellos críticos que veían los títulos, con suerte, una vez en alguna filmoteca antes de poder escribir—.

Un libro que, con el tiempo, ha evolucionado incluso en su título y su portada: dada la importancia de estos dos gigantes del cine mundial, hoy se conoce sencillamente como Hitchcock por Guillermo Del Toro.

O sea, el autor como parte del título… la política que de alguna forma inventó Hitchcock, la política del autor, sigue más viva que nunca. Y, por supuesto, la sombra de Hitch sigue siendo muy, muy alargada. Y si no que le pregunten a Del Toro.

Tomado de: Encadenados

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