Los niños de Arna (Documental, Palestina)
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Directores: Danniel Danniel y Juliano Mer Khamis Arna Mer Khamis, una mujer judía y casada con un palestino, decidió en 1989 poner en marcha un grupo de teatro a través …

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Imagen final (Documental,  Argentina – Chile – Dinamarca – Suecia)
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Director: Andrés Habegger Documental acerca de la muerte del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen. En junio de 1973, en Santiago de Chile, filmó su propia muerte en manos de militares. Treinta …

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Viviendo al límite (Documental, Cuba)
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Director: Fernando Martínez Sinopsis Diciembre 2002. La transnacional de la comida rápida Mc. Donald’s quiebra, y cierra sus restaurantes en Bolivia. Las noticias sólo contaron las razones económicas de la …

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Zero, investigación sobre el 11S (Documental, Italia)
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Realizadores: Franco Fracassi y Francesco Trento. En Italia, un grupo de escritores, periodistas y profesores ha publicado un libro titulado “ZERO, perché la versiones ufficiale sull’11/9 è un falso” / …

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Cuarto Poder (Documental, España)
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Realizadores: Pablo M. Roldán y Miriam Díaz-Crespo Sinopsis A pesar de las supuestas diferencias ideológicas de los grandes medios de comunicación españoles, sus informaciones coinciden unánimemente en condenar y caracterizar …

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Tlatelolco: las claves de la masacre
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Tlatelolco: las claves de la masacre reúne todo el material cinematográfico conocido sobre los sucesos del 2 de octubre de 1968; identifica a los jefes militares que provocaron la matanza …

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A principios de 2011 la asamblea de Nodo50 empieza a valorar mudar sus servidores a un nuevo centro de datos, Bahnhof, en Suecia. De aquellos trabajos de planificación previa, para …

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Tengo una deuda con los documentalistas españoles Lola Salvador y Carlos Molinero, los realizadores del documental: “La niebla en las palmeras”. Una obra que rompe los esquemas y los “conceptos” …

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Mi padre me hablaba mucho de este filme. Me comentaba de sus valores cinematográficos e históricos, como ejemplo vital de una obra cinematográfica que sabe conjugar lo genuinamente artístico con …

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El porvenir
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El documental narra el drama vivido por los familiares de los masacrados de la Granja Penal El Porvenir, ocurrido en la ciudad de La Ceiba, Honduras, la mañana del 5 …

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Super Size Me
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Un clásico del cine documental norteamericano. Una obra de posturas y claras definiciones sociales. Sobre Super Size Me, escribí en una reseña que sacaré a la luz en, La otra …

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Un lunes excepcional. Por: Octavio Fraga Guerra*

Bailarina de la Compañía Ecos en la Gala por el 55 aniversario de la UNEAC. Foto: Cubadebate

Bailarina de la Compañía Ecos en la Gala por el 55 aniversario de la UNEAC. Foto: Cubadebate

Una voz ceremoniosa irrumpió el calmado y festivo dialogar de la noche, fueron unas breves palabras convidando a los presentes a ponerse de pie para cantar, todos, nuestro himno.

El Coro Nacional de Cuba, dirigido por la maestra Digna Guerra, tomó los más recónditos nichos de Sala García Lorca, del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Junto a ellos, los invitados a esta Gala celebramos los 55 años de la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en homenaje a a Fidel por su 90 cumpleaños.

Nuestro himno pobló las estelas del hermoso teatro, pues esta gala es por la Patria, por los principios fundacionales que caracteriza a los cubanos y nos define como una nación profundamente martiana.

Tras el emotivo momento irrumpió el arte para el recuerdo, la evocación comprometida con el poeta Nicolás Guillén, el fundador de la UNEAC. Una gran pantalla colmó el escenario de la sala García Lorca, un telón exhibió sobrias fotos vestidas en blanco negro.

Fueron composiciones pausadas, comedidas, de austeras formas. El Poeta Nacional nos recordó de su rítmica, su cubanía, su apego a los pilares de nuestra cultura, erigida sin andamiajes edulcorados y glamorosas escrituras. Guillén estaba allí por esa magia que construye el arte audiovisual y la férrea voluntad de los recuerdos.

El etnólogo y escritor Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, tuvo a su cargo las palabras del recuento. Fue un momento para la reflexión desarrollado en un sustantivo texto que invitó a los escritores y artistas a repensar lo mucho por hacer, sin dejar de subrayar la responsabilidad que tenemos todos, desde nuestros saberes, con la obra cultural de la Revolución Cubana.

Barnet nos regaló unas palabras de nuestro Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro, quien tuvo el gesto de enviar para ese momento unas notas de reconocimiento y memorias.

El Coro Nacional de Cuba colmó nuevamente el proscenio. La maestra Digna Guerra pulsó la noche con textos de Nicolás Guillén y Leo Brouwer. La primera pieza, “A veces”, estuvo interpretada también por el solista Bismarck Estupiñán, quién puso sentidos tonos a la música compuesta por Electo Silva. “Cantico de celebración” fue el cierre de esta entrega devenida festín, necesario clímax.

El escenario fue “removido” con cuidadosa pulcritud. Un imponente piano se avistaba en lo profundo del lustroso tablado. Sobre sus teclas, el joven pianista Roberto Carlos Rodríguez interpretó dos piezas del cubanísimo Ignacio Cervantes. “Invitación” y “Los tres golpes” fueron las obras del genuino momento. Con estos aparecidos primeros apuntes culturales se avizoró lo que resultó ser después una noche de integración, de diversidad artística, de probados talentos.

La cultura cubana no reniega de lo que otras le han regalado, la presencia y desarrollo de no pocas agrupaciones y solistas en nuestra Isla, construidas desde otros acentos, es la mejor expresión de ese precepto.

ECOS tuvo a su cargo ese cometido cuando interpretó coreografías de Ana Rosa Meneses. Las piezas “Sevillanas” y “Fandango” confirman lo plural de nuestras tradiciones, lo vital de las expresiones artísticas. La nación ha sido edificada desde las raíces de muchas otras culturas, sin renunciar a los pilares que distinguen a la nación cubana.

La Habanera tuvo espacio en esta Gala de lujo devenida histórica. La soprano Milagros de los Ángeles, secundada por la pianista Vilma Garriga, interpretó “Tú”, de Sánchez de Fuentes. Con esta pieza se amplió el abanico de apuestas artísticas, fortalezas de nuestras raíces culturales.

El eclecticismo fue uno de los distingos de la puesta en escena. Los bailarines Chanel Cabrera y Françoise Llorente tomaron para sí “Muñecos”, del Maestro Alberto Méndez. Secundados por la música de Rembert Egües, confirmaron la energía del Ballet Nacional de Cuba, del que estos danzadores forman parte. Dominio de la técnica, uso de la requerida gestualidad, acusada expresión corporal, son tan solo tres de los adjetivos que se les debe regalar a estos jóvenes talentos.

Lecuona no podría faltar a esta cita, el trio que lleva su nombre interpretó dos de sus conocidas piezas, “Conga de medianoche” y “La comparsa”. Versátil registro de notas y acordes, apego a los cimientos de la obra de un compositor son distingos de esta agrupación edificados en una Gala colmada de sabiduría y requerido profesionalismo, probados caminos para dejar al margen la chabacanería, el mal gusto, el intrusismo, la mediocridad.

Arropando lo más genuino de la cultura universal, la noche se volvió a pintar con el Ballet Nacional de Cuba. Con coreografía de Alicia Alonso, se interpretó el Pax de Deux del ballet Don Quijote, y música de Ludwig Minkus.

Los jóvenes Ginnet Moncho y Adrián Masvidal nos regalaron su virtuosismo frente a una pieza compleja, de requerido esfuerzo físico, de probado dominio de sus claves escénicas. El talento que exhibieron en esos pocos minutos que parecieron gigantes, se esconden las muchas horas de entrega, de constancia, de repensar cada movimiento o gesto no logrado.

Nuevamente el tablao de la Sala García Lorca vibró con las brasas de la cultura cubana. La agrupación Yoruba Andabo estremeció los cimientos del teatro con el repiquetear de los tambores, con las voces rumberas de sus intérpretes. Multiplicaron sus mejores espíritus desatados por una institución cultural que ha sabido entender y erigir desde las múltiples raíces de un árbol, de una Palma Real crecida en medio de una isla, decididamente soberana. El tema “Rumba Libre” hizo lo suyo para tejer esta atmósfera en los pilares de un teatro, predominantemente clásico.

El cierre estuvo a cargo del Septeto Nacional de Cuba. El Son de Ignacio Piñeiro revotó en los anclajes de un lunes excepcional. “Esas no son cubanas” y “Échale salsita” pulsaron el baile de Irma Castillo y Ulises Mora, una pareja que tomó “cada rincón” del escenario sin perder de vista las esencias de nuestro baile más popular.

Pero el convite estaba hecho. Todos y cada uno de los participantes bailaron al compás de Ignacio Piñeiro, dejando una huella de la vitalidad de nuestra cultura, valores artísticos y tradiciones que siguen vivas, fortalecidas, renovadas.

Por ese requerido compromiso con el poeta Nicolás Guillen, por ese deber de tenerlo presente entre nosotros, las voces de los actores y actrices Susana Ruiz, Alberto González, Verónica Lynn y Alden Knight, interpretaron algunos de sus poemas, siempre oportunos, requeridos, genuinamente cubanos.

Texto tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

15 años La Jiribilla

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Luces y sombras de El botón de nácar. Por: Octavio ...

El botón de nacar. Patricio GuzmánEl crítico de literatura y cine, el uruguayo Jorge Ruffinelli, escribió el voluminoso texto El cine de Patricio Guzmán. En busca de las imágenes verdaderas (2008), publicado por Uqbar Editores.

Se incluye en este volumen un sólido arsenal de ensayos que apuntan hacia la obra fílmica del documentalista chileno, más una entrevista que aúna las líneas estéticas, conceptuales, ideológicas y creativas del autor de la trilogía La batalla de Chile.

Del capítulo Conversaciones tan solo tomo un fragmento, una descripción de las experiencias vitales del documentalista que dibujan sus prácticas de realización.

“Yo siempre trato de hacer una investigación cuidadosa, incluso escribo un guión con estilo literario y todo. Pero cuando comienza la película avanzo solo. Sin el guión me perdería, pero a la hora de filmar uno empieza a explorar un camino a tientas. Es gratificante, pero peligroso. Si uno respeta demasiado al guión, el documental pierde vida, deja de palpitar la fuerza del tema y las imágenes se transforman en puras ilustraciones acartonadas. Al contrario, si te dejas arrastrar enteramente por la percepción puedes perderte enseguida”¹.

Esta praxis del documentalista chileno se materializa también en su más reciente entrega El botón de nácar (2015). Es importante subrayar dicha revelación, pues nos permite entender las pautas narrativas de la labor cinematográfica del realizador, alineadas con la organicidad de su filmografía.

La pieza fílmica se revela desde los postulados del cine de autor. El cineasta la construye performativa y en evolución hacia una escritura evocadora, onírica, de suntuosas metáforas, vertidas en una gran sábana de luces-sombras y calibrados sonidos, donde la música es pasto para las emociones o el exigido concierto de retroalimentación discursiva.

El agua es el elemento aglutinador del filme, depositaria de la memoria y testigo del tiempo, tras la suma de estelas conexas, de muchos relatos anclados en los velos de esta puesta documental. Guzmán lo remarca por ciclos desde un elevado protagonismo.

Establece justificados paralelismos entre el genocidio perpetrado por los colonos chilenos contra los pueblos indígenas de esa gran nación americana y la dictadura del General Augusto Pinochet, que mutiló miles de vidas, muchas de ellas desaparecidas en el mar. Ese mar que el autor cinematográfico le atribuye no solo memoria, también voz.

Acompañado de una cámara cómplice, claramente dialogante, retrata la belleza de la naturaleza, la majestuosidad de los parajes inhóspitos de Chile y sus descomunales dimensiones. Dibuja con la lente las múltiples evoluciones del agua y el sentido que tiene para el discurso de esta no ficción. Impone su voz, en todo el texto fílmico, desde pausados ángulos, por momentos aleccionadores, cargados de acento reflexivo. El documentalista le propina al agua dimensiones cósmicas, sagradas, de leyendas. Un componente vital de la naturaleza y el hombre, según el autor, testigo excepcional de la historia de una nación, casi continental.

Patricio Guzmán imprime en el celuloide palabras de autoridad que emergen distantes de los testimonios trillados; como baldas crecidas sin apremio, en el empeño de significar los temas que habitan en el cuerpo del documental. Son argumentos vertidos en bocanadas de desmesurada composición artística.

Apela a los testimonios de los últimos descendientes de los pueblos nómadas de Chile, cuyos ancestros vivieron confinados, reprimidos, humillados, hasta llegar a un estadio de hacinamiento, de extinción cultural. Les da voz, revive historias, les ubica en los cercos de una cámara contemplativa.

Desde otro paralelo, edifica un sólido dialogo argumental con pensadores que tributan a este documento esencias ordenadas como piezas claves de su vasto contenido discursivo. Lo escribe en deliberadas curvas en forma de apuntes, reunidas escalonadamente en los pliegues de El botón de nácar, como pilares argumentales de un texto escrito sin cercos leños, sin encendidas tomas de fotografía reporteril.

Los postulados del arqueólogo chileno Alfredo Prieto, las filosóficas palabras del poeta Raúl Zurita, los argumentos del historiador Gabriel Salazar son algunos de los incluidos en esta pieza fílmica. Las palabras de los entrevistados habitan en las dunas de la obra de arte como un gran tejido argumental, redimensionada con gran plasticidad.

Se integra al documental de cíclicas metáforas la artista plástica Emma Malig. Ella nos revela y construye en un espacio interior de muchas luces la majestuosidad geográfica de Chile. Despliega formas planas y arrugas de cartón para apuntar relieves terrestres y curvaturas de sus faldas, lo alargado de su fisonomía y declarada relación con ese mar que el cineasta posiciona como el otro gran protagonista.

El filme se antoja sosegado, lento por momentos, innecesariamente didáctico. Evoluciona desde una cadencia que ignora los trepidantes ritmos del cine estadounidense. Apuntala una carretera discursiva por donde se arropa la cosmogonía poética de sus estamentos, escribe apuntes de una velada escritura que nos conduce hacia el ciclo ineludible de la vida y la muerte.

Guzmán, articula un trazo en todo el esqueleto del filme para edificar memoria. Esa que erige el autor fílmico en esbeltas escenas ancladas en la grandeza de la naturaleza sostenida con su palabra frente a una nación que no ha dado digna respuesta a las víctimas de estos genocidios.

El documental reconstruye de manera simbólica “los vuelos de la muerte”. Fotografía la “rutina” de un ejercicio brutal, apunta con la lente de la cámara hacia los objetos usados en estas prácticas, subraya los elementos con los que fueron amordazados las víctimas, recrea también el momento en que más de dos mil personas fueron tiradas al mar.

Con El botón de nácar el cineasta enfrenta al pueblo chileno con su historia; refrenda su discurso, su ideología, sus aproximaciones historicistas. Se revela cómplice de los injustamente encarcelados e invita a un colectivo de ex presos del genocidio pinochetista a compartir, desde la simpleza del gesto, la demanda de justicia.

El documentalista dialoga con los pocos indígenas que habitan en Chile,  encuadra las fotos de estos nativos que los vestigios de la memoria han querido conservar como parte esencial de la historia de la nación suramericana. Traza, de esa manera, líneas de claros paralelos, de veladas sintonías, entre el genocidio perpetrado contra los indígenas y los desaparecidos por la dictadura de Pinochet.

Pero se impone hacer una observación comparativa entre los temas que emergen en el documental y los recursos usados por el cineasta para maquetar la narración fílmica.

Los pretextos y razones del filme navegan en la superficie del celuloide, en las texturas de una película vistosa, onírica, de desmedidas metáforas. La pomposa plasticidad de esta entrega, los reiterados estamentos filosóficos en los que se regodea Patricio Guzmán (predominantes en la métrica del filme), el uso redundante de una fotografía que explora, delinea y dibuja los parajes naturales y cósmicos terminan revolviendo El botón de nácar en un velo que diluye las esencias del filme.

El cineasta potencia las carreteras de las formas, los anclajes que sostienen la narrativa. Son densas pátinas de fotografía que se difuminan en los muchos ángulos que exhibe este documental, desvaneciendo lo relevante del filme, lo esencial de esta puesta: la historia, la memoria y el presente.

¹Ruffinelli, Jorge: El cine de Patricio Guzmán. En busca de las imágenes verdaderas. Uqbar Editores, 2008, PP. 243

Texto tomado de Pensar el cine de: http://www.cubarte.cult.cu

15 años Cubarte

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Nota

El botón de nácar será presentado el próximo miércoles 24 de agosto a las 10:00 PM en el programa Pantalla documental del Canal Educativo, un espacio televisivo fundado por el prestigioso cineasta cubano Octavio Cortázar.

Equipo de realización de Pantalla documental

Guión y dirección: Yosiris López-Silvero

Producción: Antonio Daumy

Asistente de dirección: Artímides Ramírez

Asesor: Omar Fontes

Edición: Ariam Castro Fraga

Conducción: Alain Amador Pardo

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El atractivo impostor de Bart Layton. Por: Octavio ...

The imposterVisionar el documental El impostor (2012), de Bart Layton, es ser testigo de los enroques de un ondulado juego de ajedrez. Un tablero de luces y sombras escrito con subrayados encuadres, pensados para erigir las emotivas pulsaciones de personajes y testimoniantes que deambulan en sus tercas texturas. Todos ellos, ubicados en dispares baldas protagónicas y niveles de lecturas narrativas, dibujados desde una escalonada suma de acciones al interior de un guión que dista ser de hierro.

El rey de este filme es el francés Frédéric Bourdin, un joven trilingüe cuyo coeficiente intelectual es de 139 puntos (la sicología considera superdotados a los que superan la escala de 100), quién además ha sido acusado, reiteradamente, por el delito de usurpación de identidades.

Un hecho debidamente documentado es el punto de partida de este relato audiovisual. Bourdin, deambulante en España, se hace pasar por un adolescente estadounidense, Nicholas Barclay desaparecido en Texas. Desde esa nación ibérica el protagonista fue capaz de construir un sombrío tejido de falsas historias de vida. Y tras sortear un sin número de obstáculos logra la aceptación de la familia Barclay, que lo recibe cuatro años después de la pérdida del niño.

Explorando en los resortes del documental ficcionado, en las estelas discursivas del cine doméstico y los probados estamentos del suspenso, el cineasta británico Bart Layton compone con esta obra una trama donde le hace guiños al cine policiaco, tras una larga faena en documentales televisivos.

Todos estos recursos fortalecen el cuerpo de la obra, donde la entrevista es el esqueleto narrativo del discurso. Su mapa estructural se materializa en un entrecruzado dialogo de conflictos entre los protagonistas, dimensionados por ciclos o transiciones cuyos zurcidos no siempre son perceptibles.

Discurre con plurales argumentos, la palabra aflora como subtextos de particulares significados, superpuestas para fotografiar las connotaciones humanas de los muchos relatos que transitan interconectados. Una discursiva puesta documental que nos conduce hacia otras lecturas, a las raíces de los hechos, definitivamente inusitados, claramente trascendentes.

El director, también guionista del filme, delinea estructuras internas que emergen o anticipan la curva narrativa de su opera prima. El texto lo escribe como anillos de aguas reflejadas en un lago que se tocan tras el tirar de muchas piedras, todo ese flujo lo edifica para mantener la atención del espectador. Una estrategia del autor, en la que lo descollante es el enfrentamiento de la familia de Nicholas Barclay con el usurpador Frédéric Bourdin.

Así el cineasta británico escribe una confrontación de diferencias, de acción y reacción. Los protagonistas son asentados en planos y escenas tomando en cuenta los caracteres opuestos de estos actores documentales, siempre engarzados y, a la vez, opuestos en la narración fílmica. Son estrategias impresas en el filme pintadas con encendidos brochazos para fortalecer el curso de la historia, de los muchos argumentos presentes en la puesta, no exenta de inesperados puntos de giros e impredecibles finales.

¿Cómo nos perfila Bart Layton a Frédéric Bourdin? Apelando a planos cerrados, puesto frente una cámara donde los fondos son difusos, de tonos grises azulados, por momentos ennegrecidos, cuya mampara es de imprecisas dimensiones. Un escenario desnudo de significados, de trascendencia dramatúrgica o aportadora de elementos que fortalecen la narrativa del filme.

Lo que verdaderamente le importa al creador de esta pieza es la historia que Bourdin le cuenta, los matices de su rostro, las expresiones que le delatan. El documentalista se empeña en fotografiar los argumentos, las opacidades y los desvaríos sicológicos de la personalidad del protagonista, hilada por las muchas historias que este revela. Son relatos que transcienden y superan la relación que le une a la familia Barclay.

La cámara habita anclada, invasiva, indagadora. Desecha lo neutro del espacio para jerarquizar el dialogo, el desenfadado interrogatorio dispuesto en graduales dosis para revelarnos las aristas del protagonista, quien gustoso comparte detalles, interioridades, velados imprevistos. El impostor se aferra a ser alguien más, y lo logra, impulsado por la necesidad de trascender, de lucir más allá de sus silencios, los que impone la naturaleza de sus impostadas acciones.

Enfrentarse a este texto cinematográfico en dialogo pasivo, sin una lectura previa sobre su naturaleza fílmica y sus tramas, nos puede conducir hacia los estamentos del falso documental. La clave está en el rico perfil sicológico del personaje protagónico que parece emerger de una abultada novela policiaca reimpresa en incontables ediciones.

En un segundo nivel de análisis, cabe subrayar la composición narrativa que Bart Layton le concibe al filme, desarrollado en un guión escrito con cuidadas dosis de confrontación entre sus actores, sin margen para desprenderse de sus pensadas trampas.

El “encanto” de Frédéric Bourdin, que en ocasiones se interpreta a sí mismo, es demoledor. Layton se aprovecha de esta incuestionable verdad para retratar las ineptitudes y el desconcierto de los varios testimoniantes que convergen en este entuerto sicosocial. Un cerco documental donde discurre la familia del niño Nicholas Barclay, trabajadores sociales, funcionarios policiales, diplomáticos y personal sanitario.

Podremos ver, entonces, las delgadas estrategias del creador. Sus ejes narrativos van dirigidos hacia la jerarquización manipuladora de su actor protagónico, pues no son vitales las historias que convergen en este texto fílmico. El documentalista enfoca todo su arsenal hacia los cambiados perfiles de un psicópata, un usurpador de alto bagaje que se aprovecha de la oportunidad mediática para que el espectador simpatice o desprecie sus brazas humanas.

Dos capítulos vitales acompañan la obra de Bart Layton: fotografía y composición musical. Los fotógrafos Erik Wilson y Lynda Hall entienden las intencionalidades del autor cinematográfico. Encuadran al impostor en planos de auténticos retratos vertidos en cuidadas líneas que apuntan hacia el fortalecimiento del “actor”. Al resto de los testimoniantes los sitúan en escenarios que favorecen sus incapacidades, sus poses burocráticas, incluida la familia entrevistadas en posturas incómodas que aparentan naturalidad y revelan, en todo caso, las maniobras del documentalista.

Anne Nikitin tiene el vital encargo de la música, sus composiciones nos sumergen en atmósferas, situaciones extremas o puntos de giros, edificando en los lectores estados de ánimo, encendidas miradas o retrocesos en las evoluciones dramatúrgicas del filme. El artista seduce, como parte del cometido dado por Layton, para fragmentar los cimientos de la racionalidad de cara a los relatos y argumentos que habitan en la geografía del filme.

Encontrarse frente a Frédéric Bourdin es reconocer los sabores de la mentira, del cinismo, el curtido engaño o lo imprevisto de una historia, de más de una. Al tocar los fotogramas de El impostor, nos salta la indignación, la ira contenida al desgranar los espejos de una pantalla manipuladora.

Ya lo adelanto, usted también podrá estar preso en los abrazos de este manipulador, devenido actor de su propia vida y caer, estrepitosamente, en los retretes de un enigma inacabado.

Este filme documental, avalado por su sobresaliente participación en el prestigioso Sundance o el cada vez más mediático Festival de San Sebastián, cuenta además con dos nominaciones al Premio BAFTA y con el premio de ópera prima en el British Independent Film Awards.

Tomado de: http://www.cubarte.cult.cu

15 años Cubarte

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Nota

El impostor será presentado el próximo miércoles 17 de agosto a las 10:00 PM en el programa Pantalla documental del Canal Educativo, un espacio televisivo fundado por el prestigioso cineasta cubano Octavio Cortázar.

Equipo de realización de Pantalla documental

Guión y dirección: Yosiris López-Silvero

Producción: Antonio Daumy

Asistente de dirección: Artímides Ramírez

Asesor: Omar Fontes

Edición: Ariam Castro Fraga

Conducción: Alain Amador Pardo

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Los signos de un retrato íntimo. Por: Octavio Fraga...

Fidel Castro. Retrato íntimo

Una exigua contraluz se proyecta en el contorno de su rostro, en su icónica estatura. Su desarreglada barba y su gorra guerrillera bastan para dibujar al personaje. Es la virtud de la sobria fotografía, del trazo erguido pintado por la lente y el ingenio cuando se afana en seducirnos. Y lo logra, para retratar las esencias de un hombre moral.

Esa es la imagen de cabecera al interior de Fidel Castro. Retrato íntimo, del fotógrafo Alex Castro, preámbulo del libro que resume y anticipa el vasto discurso de sus páginas al cuidado de Ocean Sur, una editorial cuyo prestigio está suscrito por el rigor y la pluralidad temática de alcance universal. Asimismo, destaca su apuesta cultural de excelencia, empeñada en fortalecer la memoria, el pensamiento progresista y la historia de nuestros pueblos de América.

Permeada de colores, una primera selección de fotos nos revela los signos del retrato que definen la escritura del autor. Son textos trazados en variopintos encuadres erigidos como apuntes humanos, dispuestos a dibujar un hombre lúcido, imprescindible, cercano. Alex aprovecha cada resquicio de luz y los momentos que la impronta le regala para delinear lo sustantivo del rostro, lo singular de la fisonomía.

Con estas fotos el artista comparte la cotidianidad de Fidel, sus avatares en los espacios sociales, los encuentros con amigos. En ellas habitan los pliegues de su piel curtida de lunares, los singulares gestos de sus alargadas manos, las expresiones de un hombre de probado carisma; un líder capaz de cautivar multitudes atentas a su oratoria, en cuyos vórtices afloran las ideas, los argumentos y la pasión que fortalece el sentido de sus palabras.

Son las huellas de un hombre vital, dialogante, activo, arropado con su simbólico verde olivo y su charretera de Comandante en Jefe. En estas impresiones mora también retratado desde el desenfado, vestido con ropa deportiva, próximo, sosegado. Son las notas relevantes de estas piezas, caracterizadas por trazos de acabadas texturas donde afloran la ruptura con las etiquetas, al jerarquizar lo auténtico de nuestro Fidel.

Es coherente en Alex Castro que en este primer capítulo de la antología se desprenda de los fondos para signar la piel de su retratado, los gestos que le distinguen, las miradas que lo definen. Son variadas expresiones impresas en un cuidado volumen, en cuyo espectro se delinea la denotada búsqueda por escribir cercanía, transpiración del tiempo, humanización de su personaje. Todas ellas constituyen logradas aspiraciones marcadas por la requerida intencionalidad, a contrapelo del arte por el arte, siempre insulso, signado por el vacío del intelecto.

Un segundo capítulo se concibe para este libro abriendo el espectro iconográfico del Comandante. Son entregas fotográficas de Fidel y su relación con el pueblo, con los intelectuales, con los jóvenes, a los que siempre les dio sustantiva importancia.

El artista moldea su discurso influenciado por las circunstancias, por lo que le ha impuesto el curso de la vida de su padre. Sustenta sus apuestas documentales con una suma de ángulos inversos desde el enriquecido encuadre o lo relevante de cada momento. Todo ello, con apego a los fundamentos del testimonio, a la encomienda de registrar los singulares momentos de un protagonista de nuestra historia, coherente con sus principios multiplicados entre millones de cubanos; un hombre que no cesa de trabajar, de desarrollar una labor intelectual en función de la sociedad, de su pueblo y los desafíos de la era global, cada vez más edificada con instrumentos sinuosos.

Fidel Castro. Retrato íntimo se descubre también con la exigida perfección y belleza que transpira del blanco y negro, en una selección de fotos que resaltan la vistosidad de su pelo cano, la agudeza de sus expresiones y las impares poses que le caracterizan. El artista pulsa los sentidos de los lectores cerrando el cuadro para “ponernos” en el momento que él supo atrapar.

En la tercera serie el autor establece una relación de cercanía, de narración contenida, de diálogo interpersonal con su padre. La idea es apresar el momento para el curso del tiempo, para los impares nichos de la memoria. Son las fotos de un hidalgo excepcional que Alex Castro pintó como pátinas pictóricas de muchos retratos complementados, hilvanados entre sí. Las piezas fotográficas emergen erguidas, descollantes, simbólicas, vertidas en el papel tras las huellas cómplices de luces y sombras.

Son un conjunto selecto, subrayado por la plasticidad y lo onírico, tejido con velos de metáforas de impares composiciones. El fotógrafo las entrega tras un cuidado trabajo de edición, pues sabe que se impone marcar la diferencia respecto a las otras series claramente delimitadas en el libro. Los signos de esta selección habitan en el núcleo del volumen y conviven, en estado jerárquico, con la foto documental, con lo familiar de las otras entregas fotográficas que han trascendido en los medios.

Una serie mayor secunda el punto de giro de este compendio, la más extensa de todo el texto. Suman 48 instantáneas de Fidel acompañado de sus amigos, amigos en mayúsculas. La encabeza el entrañable Comandante Hugo Chávez; también aparecen Dilma Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Álvaro García Linera, Cristina Fernández de Kirchner y Nicolás Maduro. Son tan solo algunos de los líderes honorables retratados en esta compilación, firmada con acento documental, construida desde los postulados ideoestéticos de la fotografía familiar, donde las poses destilan ingenio, desenfado, momentos irrepetibles. Alex se apropia de todo ello y nos los regala.

Las imágenes delatan la familiaridad de los invitados del Comandante, el trato cálido que este les concede. El artista legitima sus ángulos apropiándose de la luminosidad del espacio, de los vibrantes colores que le acechan. Son aliados de su labor, de la que se sabe testigo y autor excepcional.

En este retrato íntimo, Alex y el sello editorial que lo secunda, no construyen las imágenes cimentando la vistosidad de sus páginas cromáticas o los muchos detalles que nos permiten percibir alientos, sonrisas, palabras regaladas o compartidas que emergieron, sin dudas, como llanos gestos de complicidad.

Se integran también las fotos de otros amigos del líder de la Revolución cubana: los actores y activistas norteamericanos Danny Glover (acompañado por James Early) y Harry Belafonte; el periodista y corresponsal de guerra uruguayo Walter Martínez; el cineasta estadounidense Oliver Stone; el luchador antiterrorista cubano René González; la abogada y política colombiana Piedad Córdova; el escritor colombiano Gabriel García Márquez; el escritor y periodista español Ignacio Ramonet; el astro del futbol argentino Diego Armando Maradona y el teólogo brasileño Frei Betto.

El creador fotografía estos pasajes de íntimas envolturas componiendo una diversidad de situaciones, de momentos que han trascendido en las redes sociales. Ante esa fuga de imágenes, su obra se dispersa, se diluye por los recovecos de la era digital.

Entonces se impone una pensada parada para construir un andamiaje de imágenes discursivas, emotivas, “informales” y trascendentes, desafío resuelto en el gramaje del papel, sueño de todo fotógrafo. Pero es la historia quien les asigna un lugar, un estrato de simbologías. Ocean Sur, con este libro, asume dicho cometido para redimensionar lo que el autor delineó con su lente.

Se advierten instantáneas construidas con sólidos sentidos, solucionadas con sustantivas narraciones que el artista nos relata. En ese interactuar de su retratado con los otros, erige a un hombre vibrante, cálido, cercano, atento a sus invitados, que no escapan de la seducción y la cómplice virtud de ser los amigos de siempre; esos que vuelven cada vez para estrecharle la mano, edificar un abrazo o dejarle estampado un beso en su mejilla poblada de una barba rebelde, ilustre, redentora.

Cierra el volumen con una pequeña muestra de fotos, cuyos protagonistas son la familia de los Kennedy y el expresidente de los Estados Unidos James Carter y su esposa.

He dejado para el final lo que quizá para muchos podría haber sido el principio de estas notas: la portada. Alex Castro retrata a su padre con una camisa blanca, algo inusual en la iconografía del Comandante. El creador funde ese instante fotográfico mediante el diálogo, la búsqueda de un ángulo inusitado, un gesto, una mirada cómplice. La foto revela esa íntima relación cimentada por el amor entre un padre y su hijo.

Esta es la más virtuosa entre todas las imágenes que componen Fidel Castro. Retrato íntimo, la que mejor expresa intimidad, cercanía, afectos; la que revela al humanismo de un hombre excepcional, cuyo sentido de la vida es el de las nobles causas.

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Cinematografiando nuestra historia con Fidel. Por: ...

Mi hermano FidelSantiago Álvarez se encontraba sumergido en la realización del documental La guerra necesaria (1980), cuando invitó a Fidel a conocer a Salustiano Leyva, un anciano que a los 11 años conoció a José Martí a unas horas de su desembarco por Playita de Cajobabo junto al Mayor General Máximo Gómez.

El delegado del Partido Revolucionario Cubano arribó a Cuba el 11 de abril de 1895, acompañado también por los generales Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas, para incorporarse a la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895, empeñado en la unidad de los cubanos por la independencia de la nación.
Fidel formaba parte de los entrevistados de La guerra necesaria, un texto producido por el ICAIC que contó con los excepcionales testimonios de Raúl Castro, Juan Almeida Bosque, Vilma Espín, Haydée Santamaría, Celia Sánchez Manduley y Faustino Pérez, entre muchos otros protagonistas de la Revolución cubana.

El Comandante aceptó la invitación de Santiago Álvarez y a partir del encuentro con Salustiano nació el emotivo relato documental Mi hermano Fidel (1977). El cineasta, acompañado de Rebeca Chávez (coguionista), Iván Nápoles (operador de cámara) y Gerónimo Labrada (sonidista) se posicionó en una pequeña casa de humildes cubiertas y desnudas ventanas, una vivienda en cuya geometría apenas se pudo tomar renovados ángulos, requeridos detalles interiores, singulares gestos, tercos contraluces; enriquecedores recursos de toda puesta audiovisual.

En este filme Fidel fue el entrevistador de un testigo de nuestra historia que en aquel momento superaba los 90 años. Salustiano era un hombre lúcido, sensible, de austeras palabras; eso sí, dispuesto a compartir resquicios de su memoria tras los muchos años transcurridos. El Comandante se mostraba indagador, observador, cercano, atento a las evoluciones de su interlocutor y apuntando hacia la búsqueda de los detalles humanos, a lo verdaderamente relevante de un pasaje que transcurrió en unas pocas horas.

Trazó sus palabras para cartografiar el significante que hoy, con este filme documental, podemos interpretar y reconstruir mejor bajo el claro matiz de sus interpelaciones. Atento a los ademanes de Salustiano, su diálogo rutaba pausado, hurgando en lo esencial, en los recuerdos atesorados por este menudo hombre. Fidel, vital defensor de la historia, aprovechó las circunstancias de un momento excepcional para requerir las vivencias de este humilde hombre, materializadas en las texturas de un filme emotivo, de sobria escritura biográfica.

La cámara de Iván Nápoles se apropió de los gestos de los protagonistas sentados en proximidad, de las entradas de luz que humanizaron el improvisado proscenio. La economía de los movimientos fotográficos de esta puesta fílmica subrayó lo austero de aquella vivienda apacible, seguramente intricada en lo recóndito de la oriental provincia de Guantánamo.

Su lente dibujó con aplomo la estatura física de un hombre curtido por los años de muchas vidas, significando con esta obra los aferrados recuerdos que ya no son de su patrimonio personal. Regala para el necesario conocimiento el dato preciso que contribuye a cimentar el mapa de la historia, todo ello en encuadres apretados de limpia fotografía.

Santiago Álvarez armó un sentido texto fílmico, compuso con sabia lo sosegado de un encuentro entre dos hombres dialogantes. El entrecruzado parlamento es la nota vital de su armazón narrativa, jerarquiza el flujo humano entre dos hombres a los que la historia y las circunstancias les pactaron una cita, un encuentro no exento de sorpresas, de momentos simbólicos y revelados aportes históricos, que el entrevistador supo pulsar, también, con la fuerza que solo inspira la ternura.

Mi hermano Fidel no solo documentó lo excepcional del encuentro, construyó una huella e historió ese pasaje. Con tan solo 10 minutos de película, el documentalista Santiago Álvarez reescribió texturas humanas, historias de vida, aflorados recuerdos, compromisos cumplidos o postergados, en apego a los hechos narrados en tono de crónica íntima.

El músico Leo Brouwer se integró al filme con una pieza escrita para la textura del documental, en la que cuerdas y vientos afloran en variaciones. Las notas subliman el lirismo del silencio, prologan los sonidos de la naturaleza, la curva emotiva de las palabras y la trascendencia del momento, articuladas con los discursos que emergen en sincronía, andamiajes estos de profundas metáforas.

Fidel no solo pulsa sus palabras para saber de Martí y sus acompañantes en aquel histórico arribo a la Patria. Indaga con esmerado celo en las problemáticas familiares y personales de este anciano, limitado por su escasa  vista, movilidad y recursos. Un hombre que solo al final de este encuentro supo que su “amigo” era el Comandante en Jefe.

Es realmente valiosa la arquitectura edificada por el documental, pues aporta ciertos aspectos del pasado que solo el testimonio puede dimensionar. La reconstrucción que propone esta pieza cinematográfica es bastante fiel y nos posibilita contrastarla con las notas que escribió José Martí en su Diario de Campaña, un medular texto de nuestra historia donde deja constancia de su arribo por Playita de Cajobabo.

El cine nos lleva al pasado, sugiere una atmósfera, provee de imágenes a los espectadores y, por su fuerza seductora, crea una sólida idea del pasado, aunque a veces fantasiosa. Ante una “literalidad” fílmica imposible de edificar, al no poder ser testigos de ese pasado, el cine lo inventa, condensa, simboliza y reescribe. Es un arte que, en Cuba, ha de emerger cómplice de nuestra historia en pensadas pausas, en construidas estrategias, con excelsos guiones fortalecedores de la unidad, la cultura, los valores que nos afianzan, fortalecen y hacen diferentes.

Texto tomado de Notas del reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Los verdaderos ropajes de un pretendido museo. Por:...

For SalePor estos días es foco de atención la web “Museo de la disidencia en Cuba” y lo es para los de siempre, Diario de Cuba, Cubaencuentro o Cubanet, sitios digitales beneficiarios de importantes contribuciones financieras venidas de agencias del gobierno de los Estados Unidos.

Conocidos instrumentos de la política exterior de la Casa Blanca, cuyos cometidos son servir de herramientas para la desestabilización, la escalada mediática y el intervencionismo en naciones soberanas, acciones claramente violatorias del derecho internacional.

Son millonarias las sumas que la USAID y la NED le han propinado a las citadas inmundicias digitales, vendidas hasta la saciedad como “medios de comunicación independientes”. Las dos primeras tienen asiento legal en Madrid, de donde reciben también apoyos financieros y logísticos de la derecha reaccionaria y casposa de corte neoliberal afincada en ese país.

Cubanet, radicada en Miami, se beneficia además de estas partidas gubernamentales para financiar “periodistas independientes” en nuestra Isla. Mercenarios que articulan campañas mediáticas internacionales contra el legítimo gobierno cubano y la voluntad del pueblo expresada en la Constitución Socialista. Sobre estos seres mediáticos existe abundante información documental que ilustra la asimetría de dichos medios y sus vínculos con la política de la nación norteña.

Pero se impone deconstruir el citado “Museo”, en cuyo cabecero se avistan cuatro secciones principales: personalidades, hechos, organizaciones e historia de Cuba.

En la primera de estas se incluye un apéndice para Personalidades en “Etapa Neocolonial”. Ilustres nombres de la nación cubana conforman una relación inicial. El líder sindical Jesús Menéndez, el escritor Juan Marinello, el cofundador del Partido Comunista Julio Antonio Mella, el político Raúl Roa García o el también escritor y político Rubén Martínez Villena.

Son hombres honorables de nuestra nación mezclados con otros dos que son una vergüenza para la historia de Cuba: el dictador Fulgencio Batista y el expresidente del gobierno de la corruptela y el entreguismo Carlos Prío Socarrás.

Fulgencio Batista, presidente de la República en los períodos 1940-1944 y 1952-1959 desató, con el apoyo del ejército y la policía, un gobierno dictatorial tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Fue el responsable político del asesinato de miles de cubanos en apenas siete años.

Fuentes documentales han certificado los vínculos del dictador con Benjamín Sumner Welles, embajador norteamericano en Cuba, y su sucesor Jefferson Caffery, quienes no dudaron en apoyarlo por mandato de su gobierno. Estas letras de la historia son claros antecedente de las tradicionales intromisiones de gobiernos estadounidenses en la nación cubana durante el siglo XX.

Prío Socarrás durante su mandato (1948-1952) agudizó las penurias del país. Presidió una etapa marcada por la corrupción, el gansterismo, la represión anticomunista y la subordinación a las políticas del gobierno de los Estados Unidos de entonces.

¿Pretenderá contribuir esta inmoralidad de museo a la jerarquización del dictador Fulgencio Batista? ¿Aspirará esta web a convertir en un demócrata al mayor genocida del último siglo en nuestra Isla?

Los antecedentes de esta infame estrategia son bien conocidas. Diseñan y multiplican elucubraciones sin fundamentos históricos, ejecutadas por la contrarrevolución cubana, una estrategia que por ciclos apunta a descafeinar los hechos y a los protagonistas de la nación.

Incluir a Batista y Prío Socarrás entre las personalidades de ese período no es pasto de la ignorancia de sus creadores, más bien de la descabellada idea de intentar torcer los preceptos fundacionales que nos definen: el anticolonialismo, el antimperialismo, el ideario martiano y marxista, asuntos de principios.

Las manipulaciones de este Museo no terminan en el presente apartado. Construyen otro titulado Personalidades en “Revolución en el poder”. La lista está integrada por un grupo de campeones del mercenarismo contrarrevolucionario, serviles personajillos construidos en los laboratorios de la CIA que desarrollan una labor de lobby por el mundo en permanente subordinación con una potencia extranjera. La misma que por más de cincuenta años ha recrudecido el Bloqueo sostenido por las administraciones de Washington desde 1960, cuyos gobiernos son responsables también de actos terroristas perpetrados contra el pueblo cubano.

Entre los primeros que aparecen en este “elenco” se encuentra el probado terrorista Armando Valladares. ¿Cómo no los presenta este pretendido museo?:

“Armando Valladares Pérez (30 de mayo de 1937) es un escritor cubano y ex embajador estadounidense, aunque trascendió a la opinión pública internacional como prisionero político y de conciencia, por sus 22 años en prisión y su carácter de opositor a la revolución cubana. Fue encarcelado en diciembre de 1960, a los 23 años de edad, pasando en prisión un total de 22 años”.

Qué tiernas las palabras de esta web a la hora de escribir sobre el execrable personaje radicado en los Estados Unidos. Qué manera tan cínica de suavizar su historial con los términos de “prisionero político y de conciencia”.

Se impone recordar que en el año 1982 el calificativo de “preso de conciencia” aplicado a dicho terrorista alcanzó niveles mediáticos descomunales, al punto de que el gobierno francés se interesó por un “escritor paralítico víctima de los malos tratos recibidos en prisión, que no podía caminar y se movía en una silla de ruedas”.

El tema tuvo tal alcance que el expresidente francés François Mitterrand medió ante el Comandante en Jefe para lograr la liberación del farsante, delegando este asunto en su asesor Regis Debray.

Valladares fue miembro de la policía de Batista. Tras el triunfo revolucionario de 1959 fue el autor de la colocación de varias bombas incendiarias introducidas en Cuba desde Miami, que fueron ubicadas en lugares públicos. Acciones terroristas en toda regla por las que fue detenido y condenado en 1960.

Sobre estos hechos la web del citado “museo” expresa: “… según el gobierno cubano y la prensa de la época, habría trabajado como policía en el régimen de Fulgencio Batista y detenido acusado de amenazar la seguridad del Estado, a causa de haber colocado cajetillas de tabaco rellenas de explosivos en lugares públicos en La Habana, como parte de una célula terrorista….”.

Obviamente, por el modo en que está redactada la nota, ese “museo” desprecia los sustantivos hechos, las pruebas documentales, los elementos que retratan el historial criminal de esta “personalidad” minimizando la verdadera naturaleza humana del conocido terrorista de origen cubano.

El pueblo recuerda muy bien las falsas palizas que dejaron “paralítico” a Valladares, de las que en su momento acusó al gobierno revolucionario cubano. Todo este teatro quedó desmontado cuando fueron publicadas las grabaciones en video realizadas en su celda por las autoridades penitenciaras cubanas, donde quedó demostrada con absoluta nitidez cómo el “autor” del libro de poemas: Desde mi silla de ruedas, se levantaba para realizar ejercicios de estiramiento y contrarrestar así el entumecimiento provocado por la fingida inmovilidad.

Cuando el “angelical” Valladares fue liberado subió al avión que lo llevó a París por sus propios pies. Cabe subrayar entonces que de este conocido y humorístico pasaje dicho “museo” no toma nota.

Otras de las “personalidades” incluidas en esta lista es la super mediática Berta Soler, autoproclamada como líder de las Damas de Blanco, una organización contrarrevolucionaria que recibe importantes fondos del gobierno de los Estados Unidos para subvertir el orden constitucional refrendado por los cubanos.

Sobre el personaje, muy conocido por sus comportamientos autoritarios, groseros y de coacción con las demás integrantes de su piquete, se nos cuenta en esta web vacía de contenidos:

“Berta de los Ángeles Soler Fernández (Matanzas, 31 de julio de 1963) es una disidente cubana. Actualmente es la líder de las Damas de Blanco, un movimiento ciudadano cubano que reúne a esposas y otros familiares de presos cubanos, considerados generalmente como presos políticos. Asumió el liderazgo del grupo luego de la muerte de su fundadora, Laura Pollán”.

Pero, ¿dónde están las notas que “ilustran” los encuentros de esta “líder” con Santiago Álvarez Magriñat en Miami, un conocido terrorista internacional con fuertes vínculos con Luis Posada Carriles?

Dentro de los caracteres que se construyen sobre dicha “personalidad”, ¿dónde se hace mención de su claro apoyo al bloqueo norteamericano contra Cuba y su petición de que la Unión Europea mantenga la posición común; sin mentar siquiera sus declaraciones para que los centros de poder en el mundo desestabilicen al gobierno cubano y tomen medidas nocivas para el pueblo cubano?

¿En cuál de los párrafos de esta web aparecen citado los encuentros secretos que en Madrid tuvo la desprestigiada líder con un ex funcionario norteamericano de la Sección de Intereses de EE.UU en La Habana, el señor Brandon Allan Hudspeth?

De estas y muchas otras lindezas no se hace mención en este museo descascarado. ¿Pensarán sus mediocres creadores que nos tenemos que quedar con estos ingredientes transgénicos fabricados para Doña Berta Soler? ¿Qué nuevo plato nos pretenden cocinar los que pretenden reformular la historia? ¿Hacia dónde apuntan las claras ausencias de información disponibles en múltiples fuentes de la citada mercenaria?

En la lista de “personalidades” se incluyen también la mediática Yoani Sánchez, conocida por sus vínculos con los funcionarios de la otrora Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, de donde ha recibido instrucciones como parte de su labor contrarrevolucionaria. O por la supuesta entrevista que el Presidente Barack Obama le concedió y que después se supo que era una gran farsa, un burdo montaje. Verdaderamente, el cuestionario fue respondido por un empleado de esa dependencia norteamericana, aunque el desmerengado “museo” suscribe lo contrario.

No falta en la inmoral relación Guillermo Fariñas, conocido por sus comportamientos violentos y reiteradas actitudes antisociales. Un “líder opositor” que tuvo la desfachatez de retratarse con el terrorista internacional Luis Clemente Posada Carriles, autor, junto a Orlando Bosch, de la voladura en pleno vuelo de un avión de la compañía Cubana en el año 1976 en la que murieron 73 personas. La lista la engrosa también Antonio Rodiles, “joven líder de la oposición” construido en los laboratorios de la CIA.

La cansona reiteración de estos contenidos, posicionados hasta la saciedad como matriz de opinión y sustentados en la omisión de los hechos, en la tergiversación y manipulación de la historia, son parte de los floridos ropajes que adornan al pretendido “Museo de la disidencia en Cuba”.

Los abordajes que sustenta este engendro digital de envoltura miserable están condenados al fracaso. Es la revolución cultural construida desde enero de 1959, la mayor obra de estos 57 años de disidencia rebelde, una gesta protagonizada por el heroico pueblo cubano y sus líderes históricos.

Tomado de: http://www.cubarte.cult.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Dejar la historia en un punto de verdad. Por: Octav...

El día más largo (Fotograma)

Fotograma del filme documental “El día mñas largo”, de la cineasta cubana Rebeca Chávez

Un documento desprovisto de intervenciones artísticas y recursos estéticos es redimensionado por el arte y el talento de los cineastas, tras ser identificado por sus valores historicistas. Erigido en virtuosas texturas e imprescindibles núcleos cinematográficos, es construido con pensadas retóricas, esenciales narrativas y aquilatados discursos, fortalecidos con los muchos íconos que deambulan en sus predios.

Con estos anclajes, que no los únicos, construyó su documental El día más largo (2011) la cineasta cubana Rebeca Chávez, presa de la emoción al identificar el valor del pliego televisivo. Una entrevista realizada al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 4 de enero de 1959 por el periodista Luis Navarro, corresponsal de la Cadena CMQ Televisión, en Camagüey. El documento es objeto de la construcción cinematográfica, erigida como otro discurso, como un texto de evocaciones, apuntes históricos y agudo simbolismo.

La entrevista, tras un arduo trabajo de restauración, nos revela la trascendencia de las palabras de un protagonista excepcional. No solo por la estatura intelectual y moral del testimoniante, sino también por los argumentos que presenta, esenciales en la historia de la nación cubana.

El triunfo del Ejército Rebelde el 1 de enero de 1959 marcó una ruta sellada por los valores humanistas heredados de nuestro José Martí. En esta pieza documental, la autora fílmica lo subrayó erguida por la pasión, por la autenticidad de sus palabras-documento.

Rebeca Chávez, autora de los filmes Nacha Guevara (1978), Buscando a Chano Pozo (1987), Con todo mi amor, Rita (2000) y Cuando Sindo Garay visitó a Emiliano Blez (2002) entabla un discurso donde la imagen es texto sustantivo, ejemplar ejercicio de escritura histórica. Asimismo, Entre el Arte y la Cultura (2004), de la serie documental Cuba: Caminos de Revolución, contempla estos atributos.

La documentalista se apropia en este filme de la iconografía de la Revolución cubana, construye simbologías y contextualiza los hechos con fotos y videos clásicos, fortalecidos por la envoltura de imágenes inéditas. Son recursos esenciales para legitimar su puesta cinematográfica, construir veracidad y rigor histórico.

Ante la mirada del espectador cautivo esta obra resulta una ejemplar retrospectiva de hechos, cuando evoca los iconos de la gesta liberadora en trazo sentido, en letra fílmica de acusada sobriedad narratológica. Escribe su fotografía desde las esencias estéticas, conceptuales, discursivas de los grandes creadores que acompañaron el período fundacional de la Revolución cubana: Korda, Liborio Noval, Osvaldo Salas, entre otros.

En los albores de este discurso fílmico, a manera de apuntes, el documental revela la presencia de los líderes de la lucha insurreccional que tuvo su base de operaciones en los predios de la Sierra Maestra. El Che, Camilo, Raúl, Vilma, Celia son los protagonistas de este primer tiempo. Son presentados por la realizadora en cuidadas escrituras, en acusados tiempos, en justificados encuadres de un montaje trazado con esbelto ritmo, erguido discurso.

Pero se impone significar sobre un esencial capítulo de esta obra: Fidel es un doble narrador. Sus palabras frescas, apasionadas, sentidas, se revelan como un texto documento, una voz que narra los hechos y la historia de aquellos primeros días, decisivos para el curso de la nación. Pero, el líder histórico de la Revolución cubana es también el narrador cinematográfico, el conductor fílmico, el excepcional protagonista.

La avanzada victoriosa de las tropas comandadas por el Che, Raúl y Camilo; la huida del dictador Fulgencio Batista; la convocatoria de la Comandancia Rebelde para una huelga general apoyada por el pueblo y la traición del General Cantillo son asuntos que el narrador fílmico nos revela en el prólogo del filme y en toda la obra. Avista así su don de la oratoria, sus sentidas palabras y el compromiso con los ideales impulsores de nuestra Revolución.

El día más largo evoluciona con las palabras de Fidel, con nuevos bocetos argumentales jerarquizados en sustantivas ideas enfocadas al recuerdo de los compañeros caídos, al sentido moral y humanista de esa gran hazaña, al rol del pueblo que acompañó a los rebeldes hasta la definitiva victoria, anclada en los principios martianos.

Nuevamente los planos y encuadres apuntan hacia una mayor relevancia del personaje protagónico, fortaleciendo lo sobrio de sus palabras, lo esencial de sus intervenciones. La pantalla emerge viril con las huellas de ralladuras, los atuendos de colores pretéritos, las suciedades que la humedad firma en los cuerpos del celuloide. Este dejar en la película fortalece lo documental. Tras más de cincuenta años de “olvido” el tiempo ha “pintado” en sus núcleos y rebordes.

Es parte del valor de este documental las otras vestimentas narrativas que lo singularizan, los otros recursos expresivos redimensionados. Es la historia signada por las estelas del arte, por el oportuno texto de una autora cinematográfica caracterizada por el rigor, la búsqueda del valor humanista, del preciso mensaje. Son los subrayados del género cuando sus creadores entienden e interpretan las esencias.

Narrar desde la voz y la imagen del Comandante en los días previos a su llegada victoriosa a La Habana es parte de la encomienda del filme. Un aporte significante para nuestra historia, tejida de cronologías, de pasajes que los historiadores y la propia filmografía documental han escrito en muchos cuadros de sustantivos planos.

Fidel se nos revela emocionado, gesticulador, seguro de sus palabras y sus ideas. Completa sus apuntes con la toma de La Cabaña comandada por el Che, la irrupción moral de Camilo en el campamento militar La Columbia y la entrada victoriosa de Raúl en el cuartel Moncada.

Rebeca nos escribe la historia de esos días, de esas horas con un narrador cuyo liderazgo está fortalecido por la materialidad de sus palabras, por la concreción de sus compromisos. Los argumentos y reflexiones de este medular testimonio son puestos por la realizadora documental en la estela del tiempo, en el ángulo de lo logrado por más de 57 años de épica humanista.

Al excepcional protagonista-narrador lo dibuja desde la sobriedad del montaje, subraya sus palabras como discurso medular del filme documental; lo acompaña con toques de historia, con los recursos del archivo fílmico construido desde la verdad, que el tiempo confirma y legitima con la evocación.

No es casual, la documentalista deja para el último tercio del material las sentidas palabras de Fidel para el pueblo y sus muchos héroes. Son los argumentos de un líder excepcional que hizo suya la dignidad y el sentido del deber como predicas máximas. En un último gran corte la documentalista se apropia del reservorio audiovisual de la nación, fortalecido posteriormente por los cineastas del ICAIC, la gran casa donde tejieron sus narraciones fílmicas.

Con imágenes reconstruidas, redimensionadas en El día más largo, Rebeca Chávez acompaña al Comandante en Jefe. Fortalece sus hondas argumentaciones, sus erguidas metáforas de hombre curtido en la lucha, convoca también a los acordes del Quinteto Rebelde, narradores y cronistas de ese período glorioso de nuestra historia. Un hermoso cierre documental, que no se abstrae del bullicio victorioso, de la alegría del pueblo ante la entrada de los Rebeldes a La Habana.

Frente a esta pieza fílmica de sobria factura, erigida para el fortalecimiento de los hechos, del conocimiento, la memoria, imprescindible para el curso orgánico de la sociedad y el futuro de la nación cubana, los lectores entablarán un dialogo de interpretaciones y emociones.

El documental pone en primer plano la necesidad de articular la historia con el presente-futuro; subraya que sus actores han de ser filmados, jerarquizados, socializados, y reafirma la necesidad de documentar lo transcendente de cada momento, cada espacio, cada hecho medular.

Texto tomado de Notas del reverso de: http://www.lajiribilla.cu

*(La Habana, 1966) Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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Crónica polaca en un habanero pueblo de ultramar. P...

Casa BlancaSaborear un texto fílmico desde la más vetusta racionalidad; construir aquilatadas rutas críticas para codificar el transitar de signos rasgados de silencios que transpiran alientos; identificar encuadres primogénitos rubricados con declarada intencionalidad; apuntar sobre una nota explicativa que se “impone” al subrayar vacíos históricos, culturales, étnicos o religiosos, son algunas de las praxis persistentes en los lectores audiovisuales cuando se adentran en una obra de puestas sublimes, de renovados modos artísticos, de singular narrativa.

Un plano general que absorbe claros de luz en medio de un abismo de quebradas neblinas. Fugas de sonidos que redoblan las grietas del mar adentro salpicando metáforas contra los rebordes de un atracadero. El garabatear de silbidos venidos de un espacio interior que persiste incólume, antiguo, descorchado.

Son estos los cuidados apuntes fotográficos de valor antropológico vertidos como esteras de luz, integrados en un discurso que adquiere valor, sentido, fortaleza, identidad en el filme documental Casa Blanca (2015), de la cineasta polaca Aleksandra Maciuszek. La brillante narradora de historias y relatos afincó la cámara en los parajes de un pueblo habanero absorto por el mar.

Estas veladas lucubraciones de luz y collage emergen como mamparas en las páginas de su texto cinematográfico, a veces como breves diarios, en otras transitan como crónicas inconclusas. Ella fotografía la voluptuosidad y el desenfado de pescadores sin nombre, “anclados” en las riberas de un puerto desde cuyas ventanas emerge la ciudad con sus andares clásicos y sus sabores de pretendida modernidad. Escribe su aguda narrativa distante, impasible, en poniente, alejada de esos escenarios que exigen lecturas de trazos intensos. Se aferra a ese otro, ya subrayado, espacio de límites conversos y encierros como si no le importara lo que más allá sucede.

Maciuszek erige al pueblo de Casa Blanca con cuidados planos, apropiándose del tiempo que allí transcurre ajeno a lo trepidante, a lo inocuo de los torbellinos que habitan en toda ciudad capital. Las imágenes transpiran como delgadas caligrafías de crónicas aguafuertes o notas de un diario donde se impone la sobriedad de los escenarios interiores, las grietas de las paredes y las calles de nichos tardíos. Son huellas de luces inconclusas trasnochadas por el salitre y el silencio.

La cámara emplazada revela con mesura la arraigada pobreza material, el desenfado de sus habitantes, el sentido del límite ante el espacio marcado por el horizonte. Reconoce, con sus trazas de espejos traslucidos, un puerto que se torna distinto, desolado, inmenso. Un enclave de mar que cuando lo revisitamos desde los dorsos de años transcurridos, descubrimos que en ese tiempo caducado todo fue movimiento.

Nos queda visitar nuestra imaginación contenida que puede ser destrabada por dibujos a línea, en tinta fresca. En un primer tiempo avizoramos el trajinar de grúas que elevan cargas tupidas o cuadriculadas de acero intenso. En el centro, los pilotes de luz que establecen límites, rutas, espacios vedados. A la entrada de sus puertas derruidas, que antaño se cerraban con una prominente cadena, los prácticos agolpados al acecho transitan por las estrechas franjas de mar, por momento irascibles, delimitadas por un canal que esconde un túnel de brazos comunicantes.

Estas son las delgadas telas de un escenario que persiste detrás de lo que realmente le importa narrar a la documentalista. Nelsa y Vladimir son los verdaderos protagonistas de sus apuntes fílmicos. Los delinea como claro de luz, los dibuja desde una escalonada curvatura fílmica. Sin encuadres tercos, ambiguos, abigarrados; todos ellos despojados de los tecnológicos caprichos o emprendidas fotografías que algunos venden con sabor a futurismo o desvelo digital.

Ella, una curtida anciana, y su hijo, con síndrome de Down, se dejan historiar y lo hacen desprovistos de visos actorales, que en verdad son ajenos a los remiendos de sus cotidianas vidas.

La cámara bosqueja los espacios interiores de su humilde vivienda. Unas pocas cacerolas, vasos de plástico abigarrados de humedades que se exhiben desordenadas, los cubiertos de todos los retornos. La cama, que se antoja para ellos dos, frente a una ventana inconclusa de luz partida y una escalera que emerge empinada, intrigante, estrecha, son parte de la utilería recurrente en los planos signados.

Esta pieza documental ignora los compases de algoritmos altisonantes, propios de un poblado donde se dialoga cantando. No porque estos elementos importen para la escritura del filme sino porque forman parte de ese mundo exterior, sórdido por momentos, solidario muchas veces.

Nelsa destraba una verborrea imperceptible, entrecortada, de vago acento. Se empina con la tenue gestualidad de sus manos que expresan párrafos enteros, artículos completos, como libros de icónicos abrazos. Distingos de una mujer que ha degustado los ardores y poderes de la vida; a pesar de su brazo anulado, detenido, impasible, sin claros retornos.

En ese mismo plano está Vladimir. Su mirada se entrecruza, se esquiva y siempre le acompaña en los momentos de interiores, en ese diminuto espacio fragmentado, tomado por los abigarrados objetos que persisten anclados a la sobriedad y al silencio. En algunos fragmentos este actor de su propia realidad se revela inconcluso, surrealista, destronado.

Madre e hijo han sabido entenderse con textos que no requieren vocablos sustantivos de elevada literatura. Comparten ese minúsculo espacio de vida con la fuerza que imprime la ternura, la complicidad de estar juntos por muchos años a pesar de los dispares derroteros que le marcan.

La empecinada soledad, las limitaciones mentales y motoras que les arropan, el encarar un proyecto de vida más allá de los pilotes de ultramar o el no querer volar fuera de ese espacio de delgadas dimensiones, son parte de las letras de este filme documental en el que la autora se apresta a significar acentos, frases curtidas, escenas descollantes y las erigidas emociones que esculpe de veracidad a toda pieza narrativa.

Esta apuesta documental es un cuadro de acusadas imágenes, siempre sustantivas, que nos permite tocar los objetos, los olores, las memorias contenidas, los abrazos derrocados a pesar de la distancia, del tiempo narrado; incluso, el propio tiempo de filmar cada escena o cada plano, que el tiempo vierte convertido en desechos y las tecnologías depositan en alguna papelera digital.

Son distingos de la escritura fílmica que la autora documental expresa en cuadros biográficos, en breves prosas de intensa narrativa. Un reunir de relatos espaciados que buscan retratar lo marginal, lo periférico tal vez. Pero sobre todo, los anclajes humanos que les marca como seres de singulares texturas.

Aleksandra no se contenta con primeras lecturas, con lo que resulta evidente ante el posicionamiento de una cámara siempre impasible. Denota su historia con el construir de sobrios planos, significando los poderes del amor a los que se aferran sus actores, pero también a los desencuentros en los que se engarzan. Sobre todo a los recuerdos, al deseo de estar juntos en medio de la precariedad, sin saber, o pretender saber, sobre el mañana. Van enganchados como testarudos mortales habitando en un lugar que se exhibe anodino.

La virtuosa cineasta explora con cuidada holgura a Vladimir, quién se muestra subyugado por la cámara. Testimonia sus erráticos andares por los escenarios de este poblado, a veces lustroso, siempre descolorido. Un vecindario donde habitan gente humilde pero arrogante, ambivalente, que acogen entre sus calles las reiteradas palabras del protagonista, sus entonados miedos a las travesuras de las que es objeto. Un lugar donde persiste el sabor a salitre, donde no faltan los improperios, las burlas o los atropellos ante la naturaleza de un actor que entiende la envoltura de sus claros límites.

Ante estos retratos que se distinguen como crónicas fílmicas, las preguntas acechan, las palabras estremecen, los límites encandilan. La autora los dibuja pintados con sabia y talento para romperlos, subvertirlos, hacerlos nuevamente con los tejidos de la humanidad.

Tomado de Pensar el cine de: http://www.cubarte.cult.cu

*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

15 años Cubarte

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Pintar la desmemoria con palabras fílmicas. Por: Oc...

Movie Poster - Finding Mabel - Master CopyCon una escena demoledora, sentida, de las que impregnan definitivas huellas en la memoria, abre el documental Buscando a Mabel, un texto de la cineasta y actriz norteamericana Eileen Mabel. La portada que erige la documentalista forma parte de los archivos del dolor, la desesperación, la ira y la clemencia de miles de mujeres argentinas que, en tiempos de dictadura, exigieron el retorno de sus hijos desaparecidos, víctimas del genocidio liderado por el General Rafael Videla, jefe de las Fuerzas Armadas de entonces, luego presidente de facto.

Este prólogo aflora como el punto de partida hacia un intenso viaje que transita desde los anclajes de la reconstrucción de hechos hasta los llanos argumentos que ponen en primer plano el origen del nombre de la realizadora. También de los muchos relatos de envoltura biográfica e histórica que deambulan en su génesis. Sus padres, los revolucionarios argentinos Alicia Jrapko y Juan Reardon nombraron a sus hijos Eileen Mabel, Gabriela Emma y Juan Alberto, tomando los nombres de entrañables compatriotas desaparecidos en ese período negro de la nación sudamericana.

Con este filme, Eileen y el equipo de realización toman nota sobre Yolanda Mabel Zamora, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, desaparecida con tan solo 19 años. Su vida es reconstruida a manera de apuntes en los que la palabra tiene un peso, una singular presencia en la historia.

Es la nítida expresión del recuerdo de los que la conocieron, ubicados en esta puesta cinematográfica sin pretendida estructura cronológica, sin alinear con meridiana exactitud las rutas vitales de la joven militante. Con el filme se significa, se jerarquiza, se pone en contexto lo medular de su historia, permitiéndonos acceder a las fotografías biográficas.

Para materializar esta ruta fílmica la documentalista se enrola en compañía de su hermano, de su esposo y la cómplice participación de los amigos. En la obra se revelan testimonios, ilustraciones icónicas, hechos contrastados, fotos de naturaleza doméstica convertidos en documentos y episodios jerarquizados en letra fílmica. Estos adquieren valor simbólico en este documental, tras el abultado silencio que nos quiere imponer la desmemoria instrumentada por los responsables de los hechos narrados, que han encontrado en los medios reaccionarios del país suramericano pensadas letras encubridoras.

En el texto fílmico subyace una Argentina empeñada en hacer justicia por los casi 30 mil hombres y mujeres exterminados por execrables militares usurpadores del poder en las décadas de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo. Una nación que toma de la constancia y el coraje de las Madres de la Plaza de Mayo, que no han cesado su hacer por los desaparecidos de la dictadura.

Buscando a Mabel está edificado como un diario de viajes, una ruta en la que se integran la memoria familiar y el dialogo cruzado de los muchos otros testimonios convocados por la autora fílmica, que irrumpen como parte del empeño indagatorio de esta gesta cinematográfica narrada en primera persona.

Eileen superpone imágenes de archivo que forman parte del reservorio de la historia, de ese pasado aún incompleto. Lo resuelve fusionándolo con gráficas de sobrias líneas dispuestas para completar la ausencia de iconografías documentales. Son estos recursos apoyaturas legitimadoras de la narración que emerge y evoluciona sopesada por las emociones, por la impronta de reconstruir una historia trunca.

El epílogo del filme es doblemente simbólico. Tras una larga y emotiva ruta la documentalista quiere ser parte de ese empeño por cimentar la memoria. Junto a los testimoniantes (familiares y amigos de la protagonista del filme), siembra en el lugar donde desapareció la joven argentina una baldosa que se integra a las muchas huellas que habitan en las calles, plazas, parques y escenarios campestres de una nación empeñada en no olvidar ese pasado tenebroso. Un final vertido de emotividad, de abrazos sentidos, de hondas palabras que pintan de sustantivas verdades cada minuto de esta oportuna obra documental.

Tomado de Pensar el cine de: http://www.cubarte.cult.cu

*Licenciado en Comunicación Audiovisual (Instituto Superior de Arte). Editor del blog CineReverso. Productor y guionista de cine y televisión. Articulista de la revista cultural La Jiribilla. Colaborador de las publicaciones Cubarte y Cubainformación, esta última de España.

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....Frase de José Martí....