Libros que ayudan a construir la conciencia de clase. Por: Belén Gopegui*

Crisis capitalista y privatización de la sanidadLees un artículo aquí y otro allá, en la red, te ayudan a pensar, pero un día una editorial los recopila, los ordena, los fecha, los anota, y entonces los lees seguidos y aprendes más, aprendes a no olvidar. Agradezco por eso a la editorial Cisma la labor que ha hecho con la publicación de este libro. Agradezco también a la librería Traficantes de sueños la construcción y el mantenimiento del espacio común en donde estamos.

No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas.

Nunca está dada.

Jamás preexiste.

Se va construyendo a partir de los conflictos.

La mayoría de las veces se genera a saltos.

Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.

Parece un poema de Brecht, aunque en realidad es parte de la definición de conciencia de clase que da Néstor Kohan en su libro: “Aproximaciones al marxismo: una introducción posible”.

La traigo aquí porque si bien los libros se leen habitualmente a solas, en silencio, sin siquiera mover los labios, algunos nos ayudan a construir la conciencia de clase. Cuando comienza el conflicto, sus palabras van contigo como aquello que te pasó un día, como lo que te contaron, como lo que necesitas y te impulsa y acompaña.

Crisis capitalista y privatización de la sanidad, de Ángeles Maestro es uno de esos libros. Deja, para empezar, constancia de procesos, fechas, leyes que a veces se emborronan en la memoria y que al ser claramente expuestos una y otra vez te impiden confundirte, pensar que tal vez escampe, que las cosas serán de otra manera sin que bajes a la calle y tomes el camino junto con otros y otras que lucharán a tu lado.

Venimos de una larga derrota y es útil recordarlo para poder pensar mejor por qué perdimos -aquí está la única leve observación que le haría al libro, que no es una objeción sino un punto de partida para conversar sobre eso, por qué perdimos, hasta qué punto una gran parte de la población trabajadora, heridas las herramientas de lucha y análisis por la opresión, la guerra fría y la ilusión de prosperidad, había sustituido el sueño del socialismo por el de la supuesta democracia europea aun antes de la muerte de Franco-. En cualquier caso, la derrota ha vuelto difícil imaginar la sociedad futura y revolucionaria. Y sin embargo, todas coincidiríamos en atribuirle un principio elemental: en esa sociedad nueva el infortunio no será fruto de la opresión. No me refiero a los conflictos y enfrentamientos. Me refiero a todas esas formas de sufrimiento evitable desglosadas con precisión por Maestro en el capítulo: “Guerra social en el cuerpo de la clase obrera”. Penas, suicidios, enfermedades que no dependen del azar sino de lo que la organización económica prioriza y abandona.

A lo largo del libro Maestro da cuenta de cómo la llamada “selección de riesgos” preside la privatización de la sanidad. Procedente de las aseguradoras, este principio consiste en “orientar la aceptación de riesgos hacia aquellos que ofrecen menor peligrosidad, evitando la cobertura de los que, por poder originar frecuentes siniestros o de elevado importe, originarían un desequilibrio económico en los resultados de la empresa”. Si traducimos estas palabras, la selección significa dejar de lado a quienes, ya sea por causa de los daños provocados por una sociedad torpe e injustamente organizada, ya por el verdadero azar, más ayuda necesitan. Abandonarles, dejarles caer.

El diez o quince por ciento de la población, nos recuerda Ángeles Maestro, produce el noventa por ciento del gasto de la sanidad debido a enfermedades crónicas o complejas o a la vejez, y la privatización está diseñada para permitir a las empresas librarse de ese porcentaje aumentando así los beneficios del capital. Y no sólo ese porcentaje: la prevención, las pruebas necesarias, la convalecencia, todo será reducido como si el sufrimiento y los euros fuesen unidades equivalentes.

Todavía, nos recuerda Maestro, había tanto que hacer, mejorar la salud mental, la salud dental, la prevención, alcanzar la salud a través de una la vida diaria sin angustia, sin hambre. Y en cambio nos obligan a practicar el sálvese quien pueda: cuando llegue el incendio, que ardan los últimos, jugando a que nosotros y nosotras escaparemos. Pero no escaparemos, los hospitales, la vulnerabilidad, forman parte de la vida diaria Y desde luego, aunque nunca, cosa imposible, ni nosotros ni ningún familiar o amigo nuestro se viese envuelto en una situación de desvalimiento, no permitiremos que nadie nos obligue a dejar solos y solas a quienes más lo necesitan. Nuestra sociedad nueva estará organizada para que precisamente el cuidado de quienes más riesgos tienen sea lo prioritario, un cuidado con tiempo, compañía, tazas de colores, esfuerzos compartidos, sombra de árboles; nadie estará allí solo ni sola cuidando. Y no lo haremos de este modo porque sepamos que un día podremos ocupar el lugar más débil, lo haremos porque “de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades” es el único principio que nos permite vivir en común sin vergüenza, sin opresión, sin miedo.

Esta llamada crisis, esta acometida de una clase contra otra puede ser, nos dice Maestro, un salto que genere conciencia. Porque durante demasiado tiempo creímos que las llamas no llegarían a nuestras casas, y ahora que llegan, tal vez debamos también quemar las naves de la huída y recordar aquel texto escrito en un pequeño cuadro colgado de una pared alejada del paso, en el aeropuerto de Baracoa, Cuba, que Ángeles Maestro me enseñó y que dice: “Las palabras rendición y derrota están borradas totalmente de nuestra terminología”.

Enhorabuena por tu libro.

Muchas gracias

Texto tomado de la publicación: www.rebelion.org

Belén Coeguí*(Madrid, 1963). Novelista y guionista española galardonada por su opera prima La escala de los mapas en 1993. Su tercera obra, La conquista del aire, fue adaptada al cine por Gerardo Herrero. Esta novelista ha sido descrita como la mejor de su generación por Francisco Umbral.

Tras licenciarse en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid inició su carrera profesional colaborando en las secciones literarias de diversos medios de prensa, entre ellos el diario El Sol, para el que realizó entrevistas.

En 1993 la editorial Anagrama publicó con gran éxito su primera novela La escala de los mapas, que recibió los premios Tigre Juan y el Iberoamericano Santiago del Nuevo Extremo para autores noveles.

Su segunda novela, Tocarnos la cara, se publicó en 1995, también con gran acogida de público y crítica. Su tercera novela, La conquista del aire, se publicó en 1998 y fue adaptada al cine en 2000 con el título Las razones de mis amigos por Gerardo Herrero.

En 2004 publicó El lado frío de la almohada novela que trata sobre la relación entre un diplomático estadounidense destinado en Madrid e intermediario en un trato con agentes de la seguridad del Estado de Cuba y su contrapartida Laura Bahía, joven agente española de origen cubano.

En 2005 aparece su primera y única obra teatral Coloquio en el libro coral Cuba 2005, en defensa de la Revolución Cubana.

En 2007 publicó la novela El padre de Blancanieves también en la editorial Anagrama.

En 2009 aparece Deseo de ser punk, una novela donde retrata, con la música rock, que adquiere un rol protagonista en la historia, como telón de fondo, el inconformismo de la adolescencia a partir de la voz de Martina, una joven de 16 años. Un año después de su publicación esta novela gana el VII Premio de Narrativa Española Dulce Chacón otorgado por el Ayuntamiento de Zafra imponiéndose, entre otras, a una obra de Antonio Muñoz Molina.

En 2011 publica Acceso no autorizado en la editorial Mondadori un thriller político-informático con un hacker y una vicepresidenta de gobierno como protagonistas con redes personales que se establecen en el mundo digital.

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