Diálogos

Ambrosio Fornet: una especie de expectativa. Por: Yoel Suárez Fernández

Ambrosio Fornet. Crítico literario, ensayista, editor y guionista de cine.

Ambrosio Fornet. Crítico literario, ensayista, editor y guionista de cine.

Diálogo con Ambrosio Fornet sobre cuestiones culturales, políticas e históricas del presente y pasado reciente de Cuba…

I

(1932, Bayamo, Granma, Cuba) Crítico literario, ensayista, editor y guionista de cine. Ha sido durante varias décadas uno de los críticos más notables e influyentes de la narrativa cubana.

Ambrosio Fornet ha respondido cortés, animado y atento mis preguntas previamente preparadas. Y en cuanto hemos terminado me ha entrevistado él a mí. La incontenible curiosidad de investigador nato lo lleva a romper las barreras de la formalidad y a invertir sin ton ni son los roles de este encuentro. Su interés por la pujanza de los grupos protestantes en la Cuba de este siglo ocupa la cámara de disparos de su indagación.

Sencillo, sonriente y franco, el destacado ensayista recién se repone de los homenajes tributados. En el 2012 le fue dedicada (junto a Zoila Lapique) la Feria Internacional del Libro. Cercano a sus ocho décadas (una edad que no aparenta), con los premios nacionales de Edición y Literatura en su trayectoria poliédrica (guionista, traductor, crítico, periodista, narrador, conferencista, maestro), Ambrosio Fornet Frutos hace honor a su apellido.

Cerca del cielo, en el último piso de un edificio de los 50 del centro capitalino, conversamos con la mirada azul del Caribe bien cercana. Acuartelados en la sala inmensa del escritor, a salvo de las corrientes feroces de un viento bañado en crepúsculo, el diálogo se sumerge en cuestiones culturales, políticas e históricas del pasado reciente de Cuba.

De vez en vez una brisa se cuela por las inmensas persianas y a Ambrosio Fornet se le escapa una evocación familiar. Recuerda con añoranza su estancia en Estados Unidos. Trabajaba y a la vez estudiaba en la Universidad de Nueva York. “Con 25 años me paseaba el Village como si fuera un viejo newyorker. Una época muy fructífera… ¡No quiero ni acordarme!”. La sonrisa que había acompañado su conversación detona en suave carcajada. “¿Has visto los letreritos que dicen I love NY? —me inquiere—. Pues, I love NY” —dice jovial, señalándose a sí mismo.

EL BANCARIO MÁS ESCRITOR Y OTRAS ESCENAS PRIMARIAS

Usted tuvo una formación religiosa en la niñez

Mi mamá era bautista, muy lectora de los evangelios, y yo me acostumbré a leerlos; además, iba a la escuela dominical. No había día en que mamá no se sentara en el balance del portal y me comentara algunos pasajes: “Mira este, ¡qué maravilla!”. Para ella los católicos eran idólatras, así que nunca fui a la iglesia católica, aunque cuando estuve en España visité algunas (pero jamás presencié una misa).

¿Y por qué no siguió en el camino de la fe?

Porque cuando tienes catorce años empiezas a ser racionalista, librepensador…, no sé.

Después de A un paso del diluvio (1958), ¿volvió a escribir cuentos?

Cuando estaba en Bayamo empecé a escribir; ensayos sobre todo. Era bancario y la revista del banco convocó a un concurso en el que gané el premio con un ensayo sobre Martí, y en ese momento me creí que era ensayista. Después hubo otro concurso y volví a ganarlo, y ya me di cuenta que era el bancario más escritor en toda Cuba.

“Pero simultáneamente escribía cuentos, y esos fueron los que publiqué en Barcelona. De Bayamo me había ido a Nueva York (allí pasé todo 1957), después me fui a España y viví allá hasta septiembre del 59. Ya me había casado; el padre de mi novia afortunadamente tenía bastante plata como para pagarle un viaje a Europa a ella, para reunirse conmigo.

”Mi tendencia natural era el cuento, el relato breve, y publiqué el libro que mencionas. Cuando llego a Cuba en el 59, vengo como cuentista, y me encuentro que todos los amigos nuevos que hacía eran cuentistas y novelistas, ¡todos eran narradores! Y entonces me daban sus trabajos para editarlos, porque sabían que yo era muy lector. No criticaba mi obra, sino la de los demás.

”Y un buen día terminé en eso: me convertí en el crítico de mi generación, y a partir de ahí dejé de hacer relatos asiduamente, aunque publicaba algunos —muy realistas— en revistas. (Ahora con motivo de la Feria del Libro, recogieron en un cuaderno, esos cuentos que estaban dispersos en Lunes de Revolución, Unión y otras revistas). Por demás, algunos textos son más que exactamente cuentos, son fragmentos de algo que parece iba a ser una novela, aunque hoy en día no logro reconocerlo.

”En la actualidad, nunca más he vuelto a escribir ficción. Lo que me sale normalmente es el ensayo y la crítica, aunque también la crítica la he dejado un poco de lado, por falta de tiempo. Ese no es un trabajo gracias al cual, como dicen, el crítico es un parásito que vive de los creadores. En realidad la labor que haces supone una doble faena —de lo cual solo se reconoce uno y malamente. Debes leer un libro, por ejemplo, de 500 páginas ¡¿Sabes lo que significa leer con ojo crítico 500 páginas?! Si eres un crítico vas a hacer una reseña del libro, vas a tener que leértelo para después, por tu cuenta, escribir cinco o siete cuartillas sobre ese libro.

”¡No te alcanza el tiempo!, de manera que fui cada vez dejando más la crítica. En Lunes de Revolución yo hacía un poco, tengo incluso una sobre el libro de Guillermo (Cabrera Infante), Así en la paz como en la guerra, y otra al de Virgilio, Pequeñas maniobras. Ahora he recogido en un volumen (Rutas críticas) esos viejos trabajos. Pero definitivamente no era posible, y entonces además no solo que no era posible sino que dejas de leer por placer, que es lo que más me gusta. Así empiezas a leer solo como si fueras un detector. Y conclusión: no he hecho mucha más crítica, básicamente ensayo”.

¿Cómo cambia su modo de ver el mundo, y a su vez la literatura, una vez que retorna a Cuba?

Cuando regreso a Cuba, me estaba despidiendo de mis primeros cuentos —los recogidos en A un paso del diluvio— que son muy metafísicos, de buscar una verdad oculta que no sabemos exactamente dónde podría estar… (¿O estaba efectivamente en la razón, o en la fe?). Aquellos eran relatos muy influidos por Kafka. Yo era un gran lector de Kafka, un día descubrí El proceso y por poco me da algo…Tuvieron que echarme aire con una penca.

“A pesar de ser un gran lector de El tesoro de la juventud y Las mil y una noches, que tienen muchos elementos cabalísticos, y que debían haberme preparado, en verdad no había previsto una cosa como Kafka: un mundo que se mueve como fábula, pero que plantea problemas de la realidad. Cuando yo era banquero ganaba un buen dinero, me fui un día al librero del pueblo y le dije: ‘En Argentina, la editorial MC tiene publicadas las obras completas de Kafka. Mándelas a buscar que se las compro todas’. Al mes ya me estaban llamando de la librería.

”De modo que en mis primeros momentos me hice muy kafkiano, eliminando el elemento del absurdo y dejando la búsqueda metafísica. Y cuando llego a Cuba me encuentro un mundo totalmente distinto al que viví en Europa. Y dije: ‘Dios mío, tengo que poner los pies en la tierra’. Mi mundo empezó a cambiar a gran velocidad. Quizá en eso influyeron mis amigos, porque ninguno de ellos tenía esa preocupación metafísica”.

LUNES DE REVOLUCIÓN & CO.

Ambrosio, ¿por qué muere Lunes de Revolución?

¡Conchó! ¡Qué pregunta esa! Mira, Lunes de Revolución era una empresa privada.

¡¿Ah, sí?! ¿Y de quiénes?

—De nosotros. Había un grupo, encabezado por Guillermo (Cabrera Infante), que preparaba a Lunes desde su óptica, y regía toda la proyección interna y externa de la publicación. Creíamos que esa era la manera de hacer un periódico, que lo que allí se divulgaba era lo que valía la pena divulgar, etcétera.

“Y en un contexto en el que no se creía en la propiedad privada, ya Lunes… había entrado en una fase en que aquellos que no pertenecieran al suplemento se sentían excluidos de la cultura cubana (al menos en el terreno literario). En los 60 todo el mundo decía que Lunes… era una ‘piña’ que se la repartían Pablo Armando (Fernández), Virgilio (Piñera), Antón (Arrufat) y Cabrera Infante. Entonces se creó un ambiente de hostilidad para con la publicación.

”Quedaban excluidos del panorama artístico todo Orígenes, los jóvenes que no habían tenido relaciones con Ciclón, una parte de Ciclón que se había desmembrado. Y los que estábamos dentro formábamos dos categorías: los del cogollito (como Virgilio lo llamaba), o sea, el centro mismo; y los demás éramos satélites, que andábamos dando vueltas alrededor de Lunes

”Yo mismo, en verdad, no pertenecía al suplemento, sino al diario Revolución, en el que escribía para la página dos, de cultura, con Lisandro Otero. Sólo iba a Lunes… de visita, a veces para ver a Virgilio.

”Entonces, ¿bajo qué fundamentación desaparece la publicación? Bajo el argumento de que iba a emerger La Gaceta. Un órgano para todos los escritores, de cualquier tendencia, de cualquier formación, etc. Como escribí en alguna oportunidad: con La Gaceta todos nos abrazamos.

”Todavía quedan por ahí quienes yo llamo ‘las viudas de Lunes…’. ¡Todavía hay gente que se pasa el día llorando a Lunes…!

Entonces, por lo que me dice, la evaporación del suplemento cultural no estuvo marcada por sombras políticas…

Bueno, se puede haber dicho a puertas cerradas, en los corrillos, que Lunes… estaba marcada por el diversionismo ideológico, ¡qué sé yo!

“Como dice Martí, en política, lo real es lo que no se ve. Y en aquellos tiempos la lucha por el poder la disputaban dos grandes fuerzas. Una era el PSP (Partido Socialista Popular), y a la cabeza Mirta Aguirre, Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Edith García Buchaca, etc. Y del otro lado estaba Carlos Franqui. ¿Y quién era Carlos Franqui?: un disidente del PSP, que finalmente fue expulsado de sus filas. ¡Pero ese sí era una potencia!

”El partido era la fortaleza ideológica, porque ‘tenía’ la verdad del socialismo; pero Franqui, con el periódico Revolución —muy popular, con una tirada formidable—, era la potencia real. Además, Franqui tenía a Lunes…, o sea, a la joven intelectualidad (excepto quizá a Fayad Jamís y a Manuel Díaz Martínez). Él era un hombre de la cultura, un apasionado, un promotor cultural.

”Y bueno, en medio de esa lucha descomunal se encontraba el suplemento cultural Lunes de Revolución. Quizá también la emprendieron con Guillermo (Cabrera Infante), aunque menos porque sus padres eran viejos comunistas”.

¿Y Guillermo se declaraba anticomunista desde tan temprano?

—Guillermo era, lo que pudiéramos llamar, un anticomunista desafora’o. Y era de esperar, porque con esos dos padres que tenía, su manera de declararse independiente fue esa.

PALABRA PROVIDENCIAL, TÉRMINO INSTRUMENTAL

En sus ensayos ha dedicado un espacio privilegiado a la diáspora. ¿Por qué se aventura a tomar ese tema por los cuernos?

En cierto momento de los años 80 comienzo a viajar frecuentemente a Estados Unidos, y me encuentro a colegas cubanos con los que empiezo a establecer una relación de amistad. Algo de lo que me di cuenta es que ellos tenían muchas cosas que decir, y a veces me preguntaban por qué no podían publicar en Cuba. Ante una interrogación como esa no tenía la menor respuesta, incluso, era algo que yo también me preguntaba.

“En el 78 creo, se estimulan las relaciones entre ambos lados del estrecho de la Florida —entre los círculos intelectuales sobre todo. Y los llamados ‘gusanos’ regresaron convertidos en ‘mariposas’. Mira qué interesante: después los empezaron a llamar ‘comunidad cubana en el exterior’. Y es que algunos de esos autores con los que trabé amistad habían empezado a escribir fuera de Cuba, porque se habían ido de niños. Como, por ejemplo, Román de la Campa. Ellos no eran Lino Novás Calvo, que tenía una trayectoria intelectual, pero también política. Ellos no tenían ‘pecado original’ ninguno.

”Jesús Díaz hace un documental titulado 55 hermanos, en el que entrevista a los integrantes de la Brigada Antonio Maceo, Casa de las Américas premia un libro testimonial de cubanos que vivían fuera del país; o sea, comienza una relación que demuestra que las cosas podían fluir de un lado a otro normalmente.

”En los 90 comienzo a publicar en La Gaceta los dossiers sobre la diáspora. Ahí hablé sobre algunos de estos escritores que ya conocía y sobre otros con los que me interesaba establecer una amistad. En el terreno de la ensayística estaba Gustavo Pérez Firmat, que se dedicaba a reflexionar sobre su condición ‘diaspórica’. O sea, era un hombre clave, y yo no tenía ninguna relación con él. Traté de establecer algún vínculo, incluso en el 99 me contrataron para dar un curso de un semestre en la Duke University, donde trabajaba Firmat. ¡Y puedes creer que no hubo manera de contactar con él! Tampoco me decidí a telefonearle.

”Años más tarde hice gestiones para que la Universidad de La Habana lo invitara a Cuba, pero me enteré que no podría venir porque su padre era muy hostil hacia la Revolución. Al final lo incluí en el dossier, y tiempo después me mandó sus libros dedicados. Hoy todavía no nos conocemos personalmente”.

Ahora se habla mucho sobre una “comunidad cubana en el exterior”, pero ¿existe un exilio cubano?

Absolutamente. Pero el asunto está en que la palabra “exilio” creaba un problema político. Entonces, ¿cómo quitarle a la palabra ese tufo? Pues usamos otras como emigración, o diáspora; esta última parecía ser providencial y fue la que adopté. Era, lo que en inglés se conoce como un término instrumental, o sea, flexible. Decidí robarle a los judíos ese término (ellos son los grandes diaspóricos de la humanidad).

“Los emigrantes cubanos más recientes no eran en su mayoría emigrantes políticos, lo que causaba un gran desconcierto en Miami. Y el asunto es que este individuo llegaba y se ponía a trabajar inmediatamente porque al año quería regresar a Cuba con la maleta cargada”.

Entre algunos intelectuales cubanos convive cierta inconformidad ante el término Quinquenio Gris, que usted acuñó para denominar el triste período que en lo cultural vivió el archipiélago entre 1971 y 1975.

Me parece que César López fue el primero que no estuvo de acuerdo con el término. El asunto es que en el 87 —creo— elegí ese nombre cuando escribía un trabajo para la Casa de las Américas, porque lo creí instrumental. Claro, los protagonistas de ese período no aceptaban el término; incluso, en una reunión un ensayista —ya fallecido— se levantó e hizo su defensa.

Por supuesto, los procesos históricos no terminan de un día para otro. No digo que el Quinquenio Gris terminó con la creación del Ministerio de Cultura, sería muy ingenuo, porque los equipos que rodeaban a Hart eran prácticamente los mismos, los prejuicios seguían en el ambiente. Sin embargo, hay una cosa cierta: a partir de ese momento se creó un clima de confianza que no hubo antes.

Pero, para que veas que esto no es tan sencillo, te tengo una anécdota que para mí fue reveladora: una muchacha me preguntó una vez que por qué para nosotros el Quinquenio… empezaba en el 71. Y es que ella, me dijo, había publicado su primer libro de cuentos en ese año, había participado en su primera reunión de escritores, ¡para ella ese año tenía otra connotación!

Mmmm…, ¡qué interesante! Entonces, significa que yo tengo mis fechas, mis calendarios y tú los tuyos. O sea, que los antidogmáticos (nosotros) nos convertimos en dogmáticos cuando empezamos a escribir la historia desde nuestro punto de vista.

II

El soplo de sal de la costa cada año consume los metales y la estructura en general de la residencia de Ambrosio Fornet. Pero la lucha es tenaz, y él ha logrado preservar la integridad y belleza de su vivienda en la altura.

Asimismo ha conseguido salvar su memoria del salitre del olvido. En buena medida gracias a su propia obra escrita. En este o más cual libro están sus vivencias plasmadas. Y para lo que nadie ha nombrado (por temor o por desidia) él ha tenido la chispa de acuñar términos —surreales muchas veces— o teñir vocablos “viejos” con nuevas significaciones. Así, en su glosario encontramos: Quinquenio Gris, cinelitura o ‘diáspora cubana’, para suplantar el áspero ‘exilio’.

JESÚS

Palabras suyas: “Los cubanos somos idénticos a ambos lados del estrecho de la Florida, solo nos separan las circunstancias”. Seguro hay gente a la que no le ha hecho gracia esta manera de pensar.

Durante muchos años, de ambos lados se crearon estancos de opinión, compartimentos mentales desde los cuales cada quien asumía que tú tenías tu visión y yo la mía, pero nunca se lograba consenso.

“En el libro Rutas críticas publiqué un texto, titulado ‘Jesús en la memoria’, sobre mi relación con el intelectual y amigo Jesús Díaz. Después que se fue, nos encontrábamos en el extranjero y éramos los amigos de siempre. Yo fui un poco su tutor cuando él empezaba a escribir. Para mí fue durísimo saber que él se había quedado, hasta el último momento no lo creía.

”Previamente le había escrito diciéndole que no tenía por qué volver en ese momento. Esto estaba malísimo, durísimo, pleno 1992. Él llevaba año y medio viviendo en Berlín. Le propuse que se quedara en Europa un tiempo, que escribiera y trabajara allí. ¡Todo eso sobre la base de que no iba a ‘romper’! Y cuando el publicó Los anillos de la serpiente dije: ‘¡Trágame tierra!’. Nunca lo esperé.

”Algunos dijeron que por qué tanto lío, si en los años 90 cualquiera se iría. Pero Jesús no era ‘cualquiera’. Era un hijo de la Revolución en todo sentido. Yo le había dado la vuelta al mundo en 1959, y tenía mis propias lecturas y concepciones; Jesús no, a él lo formó la Revolución. Y cargaba con sus mismos defectos y virtudes: era autoritario, dogmático, inteligente… Para nosotros era el modelo. ¡El hijo nato de la Revolución Cubana! ¡Era el Hombre Nuevo!

”Muchas ocasiones en que viajé al extranjero lo busqué y nos vimos. En Mérida, en Caracas, en España”.

Y qué le decía Jesús desde allá, cuando se encontraban. ¿La ruptura trascendió el plano político?

Era un hombre muy criollo. Pero bueno, nunca lo oí quejarse…, no, no; porque era un triunfador. En el exterior tuvo éxito. Le pedían trabajar para el cine, impartir conferencias, colaboraciones…

“Como sabes, fundó la revista Encuentro de la cultura cubana. Hizo un trabajo muy serio, una publicación medida hasta un punto en que perdió el equilibrio. Si revisas los treinta números, te percatas de que el proyecto original se pierde hasta un momento en el que ya está embarcado totalmente en el otro extremo. Y eso no ocurrió porque faltaran colaboradores residentes en Cuba, sino porque los temas mismos y las personas que se elegían para tratarlos tenían la visión de allá.

”Aún así, no puedo separarlo de nuestra cultura; siempre andaba hablando de algo vinculado a Cuba. Pero, al mismo tiempo, la ruptura política fue tan radical que ya la distancia se sentía. Y eso se ve en su literatura. Creo que no volvió a escribir nada como Las iniciales de la tierra o como Palabras perdidas.

”En el extranjero hizo algunas novelas más. Estaban bien escritas, pero les faltaba algo: la pasión. Se había convertido en un escritor ‘profesional’: un hombre que redacta a la perfección, que te sabe delinear un personaje, que te cuenta una excelente historia… y ya.

¿De qué murió Jesús?

De un infarto mientras dormía. Imagino que fue el cigarro… Fumaba como una bestia. El hombre dinámico que era terminó transformándose en otro, estaba completamente atormentado por el trabajo (como tanto ocurre afuera). Eso lo notaba yo cuando nos veíamos… No quiero hacer metafísica con su ruptura, pero me temo que, además, algo se rompió en su interior.

LA FÓRMULA PARA ESCRIBIR

En un panel sobre la literatura hecha por cubanos en el exterior, usted señaló que la identidad cultural de una obra está determinada en un noventa y cuatro por ciento por la lengua que se escribe. ¡Eso es mucho!

En uno de mis ensayos (“Soñar en castellano, escribir en inglés: una reflexión sobre el biculturalismo”, en Narrar la nación) abordo el tema. Tú puedes perfectamente traducir un ensayo, hasta una pieza narrativa si eres muy buen traductor, pero, ¿cómo traduces la poesía? Hace poco leí una traducción de Whitman, y al compararla con el original en inglés me percaté de que el texto perdía su ritmo particular.

“Además de la música en la poesía es importante también reconocer la tradición literaria de la que vienes, porque no es lo mismo que te hayas formado leyendo a Vallejo que a Darío, por ejemplo.

”Recuerdo ahora el caso de un poema inglés que tiene doce traducciones al español. Una de ellas es de Eliseo Diego, y todas las versiones son distintas. Entonces, ¿cuál es la buena? Ninguna… o todas. ¿Por qué? Porque ese es el poema tal, traducido por una persona en determinada época. Y no es lo mismo si se tradujo en Argentina que si se tradujo en Cuba”

Entonces, el traductor es un mediador peligrosísimo…

Sí, porque te crea una ilusión. Yo leí a Dostoievski en traducciones infames de españoles que ganaban una peseta cada quinientas palabras, y después, leyéndolo en otras versiones mejores me dije: “¡Estos degenerados me han engañado como a un chino!”. Pero en ese caso no importaba, porque el gran Dostoievski no está en la lengua, sino en la historia que narra, en la caracterización sicológica de los personajes, en el desarrollo de la trama, en los silencios que crea. ¡Pero el poeta!: ese está entero en el idioma. Quizá a la mayoría de los lectores no les importe, pero al crítico sí.

Cuando termina un trabajo, ¿es usted quien dice la última palabra o trabaja de conjunto con otro editor?

—¡No, no! Es una especie de orgullo editorial. Soy capaz de decirles a mis amigos hasta la última coma que les falta por poner, pero no soy capaz de ser autocrítico. Ahora, ¿cuál es la clave?: el tiempo. Escribes algo, lo dejas para revisarlo tres días después. Soy un absoluto convencido de que fondo y forma son la misma cosa. Creo que si dices una cosa de dos maneras distintas, no lo sabes, pero estas diciendo dos cosas. Que a lo mejor no son radicalmente diferentes, pero tienen matices propios que pueden llevar a otro entendimiento de la obra.

“Si alguien me pregunta la fórmula para escribir, le digo: ‘Escribe lo que quieras cuatro veces, y si pueden ser cinco te lo agradecería’. Y ahí viene lo otro: debes decir las cosas como si se te hubieran acabado de ocurrir, porque nadie debe reconocer que te pasaste cuatro noches trabajando ese párrafo (y si ya alguien ha escrito sobre el tema, pues entonces lo cito). Finalmente, la lucha con el lenguaje se convierte también en una búsqueda de la claridad expositiva. ¡Ah, bueno!, si eres Lezama entonces no hay problema, porque el lenguaje se genera a sí mismo, y entonces lo que digas es lo que quieres decir”.

NO DEBO VALER UN QUILO…

Escribió en alguna ocasión que el signo más visible de la frustración y la impotencia, el encogerse de hombros, desapareció del lenguaje gestual de los cubanos en los años 60. Pero a ratos parece que la mueca regresa, que el mismo proceso que la desterró nos la enfrenta como única opción…

(Ambrosio me mira serenamente mientras formulo la pregunta, una sonrisa tensa sus facciones a medida que avanzan mis palabras. Queda un rato en silencio).

¿Es una pregunta muy complicada?

¡No, qué va! Es tan sencilla que da pena contestarla. (Y entonces corta la tensión de un tajazo con risas.)

“Hace rato que veo gente levantándose de hombros. ¡¿Qué quieres que te diga?! Pero, pese a todo, uno siempre tiene la esperanza del cambio. Y algo siempre me ha llamado la atención: esto hace rato llegó al final, pero en lugar del desánimo total, predomina una especie de expectativa. Y se renueva constantemente.

”Vivimos diciendo que hay que cambiar todo lo que debe ser cambiado, salvar lo que puede ser salvado y lo demás tirarlo por la borda… No sé, no sé qué decirte… Además, no me atrevo a decirte, porque a esta altura del camino la opinión que una persona como yo pueda dar tiene un valor relativo. La respuesta la tienen ustedes (los jóvenes).

”Yo nací con El Quijote de la Imprenta Nacional; mis hijos lo hicieron con el Mariel, los balseros. A veces me pregunto, ¿qué tendrán en su cabeza? Ellos guardan la imagen de una catástrofe; yo conservo la de una apertura al mundo… ¡Es lógico que generemos distintas psicologías, expectativas, maneras de proyectarse el futuro! A mí la del capitalismo no me gusta porque la conozco, pero ustedes no lo conocen a cabalidad. ¡Y lo que les llega viene en las maletas de las tías y primos! Pero hay algo extraño en este país. Confío en que se salga adelante… por la vía que sea”.

Háblenme de sus mentores, sus ángeles…

La humanidad entera. No recuerdo una sola persona con rencor u odio. En La Habana, en Nueva York, en Madrid; siempre he encontrado gente que ha sido amable conmigo, que me ha querido. A veces me pongo a pensar en eso: si en el mundo no solo hay ángeles, ¿por qué me he encontrado únicamente con personas así? Y tengo la impresión de que en mi juventud, a lo mejor, mi personalidad trasmitía desamparo o ingenuidad.

“Es algo increíble que he experimentado en muchas ocasiones y me ha llevado a hacerme muchas preguntas ¿Acaso fue el modo en que me formaron? ¿Tendrá algo que ver con mamá y los evangelios…? Así es: no recuerdo a nadie que me haya dado una puñalada por la espalda o que me hubiera dicho ‘usted es un canalla’.

”Y es que, al mismo tiempo, quien tiene esa experiencia en la vida llega a ser tolerante… y buena persona. (Y le nace una sonrisa) O a lo mejor no. Tuve un compañero que me decía: ‘El que no tiene enemigos es porque no vale un medio’. Y yo le respondía: ‘¡Concho, compadre!, entonces yo no debo valer un quilo…’”.

Texto tomado de la publicación: http://www.cubahora.cu

Nota del editor: La entrevista tomada de Cubahora se publicó en dos partes. En el blog la he fusionado, delimitando el orden en que fueron publicadas.

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Isabel Santos: “Una Cuba que tiene que reinventarse”. Por: Jaime Masó

Isabel Santos. Actriz cubana.

Isabel Santos. Actriz cubana.

La conocí personalmente en el Hotel Nacional de Cuba, durante la edición 36 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Le pedí conversar durante diez minutos y no dudó en hacerlo. Siempre me dijeron que las grandes estrellas son, generalmente, humildes.

El de Isabel Santos es uno de los rostros más admirados en el cine cubano. Rostro que tiene las marcas indelebles del tiempo y es carta de triunfo para cualquier director. Verla en la pantalla es, más allá de un disfrute, una clase de actuación, de verdadera interpretación. No exagera quien escribe. Las cintas hablan y voces autorizadas del séptimo arte en Cuba y Latinoamérica lo confirman.

¿Pesa llamarse Isabel Santos?

No, para nada. ¿En qué sentido?

En el sentido de que la gente la quiere, la admira…

Bueno, claro. Uno llega a acostumbrarse, lo que no te puedes es… (Pausa breve). Cuando uno tiene veinte años esa avalancha de trabajos y admiraciones hacen que la vanidad esté ahí. Pero con los años te das cuenta que la gente te puede querer mucho o no, y que la vida es tuya aunque aparezcas en la pantalla. Eso sí: te tienes que exigir mucho en lo que haces y eso es lo que pesa. No traicionar lo que escogiste hacer y lo que ese público espera de ti. Ya no los premios, sino tu trabajo.

¿Y con el tiempo no se arrepiente?

No, ya lo hecho, hecho está.

¿Ni por escoger personajes socialmente comprometidos?

Yo me he pasado hasta diez años sin hacer cine. Diez años en la vida de una persona y una mujer soltera, imagínate que pasaría. Gracias a mi compañero de vida. No aceptar un personaje, o no aceptar un proyecto tiene un peso. No es que me dé el lujo de hacerlo, pero siempre he hecho lo que me ha gustado. Eso sí me ha llevado tensa y tiene un costo.

De esos personajes que sí ha escogido, ¿cómo sale de ellos, aunque exista un método de actuación?

Mira, yo soy una mujer súper, súper observadora. Me gusta mirar a la gente, inventarle historias. Puedo estar en un lugar y archivar cosas y cosas. También leer, ver mucho cine, interactuar con la gente y escuchar. Todo eso lo voy archivando y un día sale. Soy una mujer de 53 años, he vivido y no todo ha sido gloria ni felicidad. Todo eso lo vas guardando en el disco duro y un día de repente sale y ¡puff! Además, el proceso de investigación que uno hace para cada personaje es interesantísimo. O le pones o le quitas. Yo siempre trato de alejar los personajes de mí: me robo otras vidas, otras situaciones.

En el caso de La pared de las palabras, es una historia donde la incomunicación no es lo único que plantea, va mucho más allá: va en la sociedad, hasta con los seres más queridos de uno, el silencio, la no respuesta. Y eso sí forma parte de mi vida y puse muchas de mis vivencias en ese personaje. Para mí el silencio en el cine es muy importante, llenarlo es lo más difícil.

Cada actor trabaja diferente, es como cocinar: tú le echas pimienta, al otro no le gusta el ajo… Te lo estoy llevando a la onda más cotidiana. Yo no llevo los personajes a mi casa. No, no arrastro eso. Pero si te digo y te juro que puedo estar pelando boniatos y estoy pensando. Ese silencio que tengo en mi casa es mi manera de crear. No tengo que estar sentada delante del guion. Es como si viera pasar la película, veo moviéndose el personaje: ¿qué tiene ella que no tengo yo?, ¿qué le pongo?

No me gusta ensayar. Eso es un problema para mí, quizás es porque allá en los noventa se filmaba en 35. Por ejemplo Fernando Pérez en La vida es silbar te decía: Mira, Luisito e Isabel tienen la toma uno porque las otras la tengo para los actores principiantes. No es que fueran peores ni mejores, sino que necesitaban más tiempo.

Te repito: nunca me ha gustado ensayar, pienso que el cine es magia y cuando dicen: ¡acción!, ahí sale todo (suspira). La primera toma me jode que me la jodan si pasa algo, porque sé todo lo que estoy soltando en ese momento. Ya la segunda toma requiere otra preparación y también te da la posibilidad de hacerla diferente.

¿Se exige mucho Isabel?

Muchísimo.

¿Con los demás también?

Conmigo. La vida me ha enseñado a ser tolerante con los demás. A que cada uno es como es y yo no puedo ser una maestra. A los actores hay que dejarlos hacer.

¿No tiene prejuicios?

Claro, como todo el mundo. ¿Qué cubano no tiene prejuicios? Y más una guajira como yo. Contra esos prejuicios también he luchado. Quién me iba a decir cuando yo estaba en la Escuela de Arte, que iba a hacer desnudos completos. Eso fue una barrera que yo tuve que saltar durísima.

¿En la familia?

Hasta en lo personal. Cuando tu naces en el batey de un central, de diez casas, ¿qué tu puedes tener en la mente? Tienes que saltar más que Sotomayor, es una lucha contra ti. Eso lo vas aprendiendo, a mirarte de otra manera. La gente siempre dice: “los desnudos son para gente joven”. No, los desnudos son del personaje aunque tenga ochenta años. Otros me dicen: “oye, como has envejecido”. Pues, claro, cómo no voy a ser diferente con todo lo que he vivido, sufrido, reído… se ve en los ojos.

¿Es su interés que el paso del tiempo se refleje en la pantalla?

Sí.

¿No es una mujer preciosista?

A todos nos gusta vernos bien. A nadie le gustan las canas. De un año para otro, si la vida te machaca, te ves diferente. Pero hay que llevarlo, llevarlo bien. Siempre digo que la inocencia está en los ojos, pero la vejez también. Puedes estirarte la cara, hacerte maravillas, pero en los ojos está la vida, está todo.

Me habló de desdichas y me interesaría saber, ¿cuáles, dentro del cine, la han marcado más?

Quizás estar sentada mucho tiempo en mi casa, sin que me llamen. No me gusta ser patrón de prueba, pero tampoco alejarme tanto. Hacer una película me hace feliz, aunque sea trabajosa, falten miles de cosas y a esto último siempre le paso por arriba, voy con la luz larga, no la corta.

En ese tiempo de espera, ¿no se ha sentido rechazada?

No rechazada, pero sí me ha tocado esperar y esa espera, por supuesto, la tienes que llenar con otras cosas. Pero soy paciente.

¿Cree que sus personajes, en algún momento, marcaron o ayudaron a cambiar el discurso?

Uno nunca marca nada, marca el director. El actor pone o quita, si te dejan. En cada película que hago trato de tener ese mismo discurso del director, de eso no te puedes salir. Yo formo parte de una sociedad, de una generación con muchos sueños y que quiso cambiar muchas cosas. Todavía sigo teniendo sueños, porque si no, como dice uno de los personajes en Regreso a Ítaca: “tomo una soga y me ahorco”.

Y por eso también decidí vivir en este país. Mi compromiso con esa generación es grande. Doy vida a muchos seres que no pueden hablar, puedo entregar las vísceras, todo.

A propósito, una mujer con tantas experiencias, ¿cómo ve a la Cuba de hoy?

Una Cuba que tiene que reinventarse. No podemos seguir soñando en los ochenta. Una Cuba que hay que salvarla de alguna manera y tenemos una juventud que mirar.

¿Le duele esa generación más joven?

Me duelen muchas cosas: esa falta de solidaridad, la pérdida de valores. Ver cómo esa pirámide se invirtió a partir del período especial, cómo este país cambió al punto de ser tan diferentes. Eso sí me molesta muchísimo. Es un país que necesita vivir, pero me preocupan mucho los jóvenes, gente como tú.

¿Por qué?

Porque la gente tiene que cumplir sus sueños, tener fe.

Muchos de mi generación optan por irse y personas de su tiempo eligieron quedarse…

Me lo han preguntado y siempre respondo: Me quedé porque me da la gana. Me siento extranjera en el extranjero. Aquí tengo mi hijo, mi pequeña, mi pequeñita familia. Yo necesito respirar La Habana… ¡que no puedo vivir en otro lado! Y no te creas que no lo he intentado, en los momentos críticos lo intenté y no pude.

¿Cuál es la literatura que prefiere?

La buena, la que me llegue.

¿La música?

Mis personajes siempre tienen una música, aunque no esté en la película. Soy fans de Elena Burke, tengo todos sus discos y un día la dejo de oír, quizás un año. Un buen día la pongo y es mi fondillo musical, cada personaje camina con una música.

¿Y el cine?

Ahora estoy mirando todo lo que se hizo antes y te parece tan grande. Todo está inventado, uno no está descubriendo el agua tibia. Me encanta cuando los jóvenes creen que lo están haciendo, así empezamos todos. Pero hay que ir atrás.

¿Sería descabellado verla detrás de las cámaras, frente a un largometraje?

No, eso son palabras mayores. Te lo juro por todos mis seres queridos que todavía no lo he pensado. A mí me gusta pensar las cosas.

Por último, ¿se equivoca quien afirma que Isabel Santos es una mujer triste?

Los amigos dicen que soy el ser más simpático, el alma de la fiesta, fiesta de los amigos. Imito muy bien a la gente, a programas específicos de la televisión… Tengo mis momentos, como todo. Me ocupo mucho de mi casa, mi pareja, de mi perro pekinés (se ríe). Uno llena las cosas que faltan con otras. En la vida uno va balanceando.

Fuente: Cubadebate

Texto tomado de la webtv: http://www.cubainformacion.tv

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Para entender Peter Pan. Por: Rodolfo Romero Reyes

Marina Ochoa. Cineasta cubana.

Marina Ochoa. Cineasta cubana.

«Recuerdo cuando fui a despedir a mi hermano al aeropuerto, era un niño, de 7 años de edad, recuerdo su mirada cuando se despedía, la cara de mi madre que pretendía hacer parecer que no pasaba nada. Yo no tenía conciencia entonces que nunca más iba a volver a ver a mi hermano vivo, aquella fue la última imagen de mi hermano».

Así cuenta un pedazo de su historia personal la cineasta cubana Marina Ochoa, quien en el momento que se hace esta entrevista asume la realización del documental Never ever Peter Pan. Ella no solo sufrió la separación de su hermano, sino que fue una de las niñas que tuvo en sus manos una visa que pudo llevarla a un destino muy similar. Hoy es una mujer cubana que desde el séptimo arte, se ha acercado a un fenómeno, a un suceso que describe como «muy complejo».

Me recibe en su casa en el Vedado. Después de la presentación, pues solo nos conocíamos por teléfono, empieza a detallarme los orígenes de la llamada Operación Peter Pan.

Todo comienza con un grupo de padres influyentes conectados con embajadas y después es que la CIA se monta en eso para diseñar la Operación. Muchas de las familias más influyentes tenían a sus hijos estudiando en el Ruston Academy, en La Habana, cuyo director era el norteamericano James Baker. Muchos de aquellos padres querían hacer contrarrevolución, pero tenían miedo de que el «régimen» tomara represalias contra sus hijos, porque eso es lo que esperaban del comunismo, la represión. Tienen entonces la idea de enviarlos a los Estados Unidos hasta que cayera el gobierno de Fidel Castro.

James Baker sale del país para contactar a los directivos de la Cámara Americana de Comercio de La Habana que se encontraban reunidos en Estados Unidos. Ahí le dicen que vaya a visitar al sacerdote Bryan O. Walsh que él tenía experiencia pues había sacado niños de Hungría en los años 50. Fue un plan que se pensó inicialmente para los niños el Ruston.

Entre James Baker y el católico Walsh, quien era director ejecutivo de Catholic Welfare Bureau, prepararon los primeros pasos. Era necesario obtener visas norteamericanas para estudiantes, por tanto debía existir un centro educativo que certificara la admisión de las niñas y niños cubanos. En diciembre de 1960, el Coral Gables High School en Miami, asumiría este rol. En entrevistas anteriores usted cuenta que fue una de esas niñas que tuvo visa «waivers» en sus manos y no se fue. ¿Por qué?

No me fui porque simplemente tenía una percepción negativa de los Estados Unidos. Mi papá viajaba mucho allá y se tomaba fotos en blanco y negro con los monumentos yanquis. Él admiraba mucho la historia de ese país y su modelo de sociedad. Pero aquellas fotos, con nieve y él con abrigo, eran fotos tristes. Por eso para mí aquella era una sociedad gris, sin colores. La realidad de aquel país no eran los colores de las revistas, sino las fotos de mi papá. Además yo había nacido en una sociedad blanca, racista, agobiante y aburrida. Entonces, cuando triunfa la Revolución, todo fue alegría y colores, era como si las calles tomaran vida.

Aquellos últimos años de la dictadura fueron muy fuertes. Mi papá era Juez de Instrucción y tuvo que levantar las actas de las Pascuas Sangrientas. Los muertos eran personas que él conocía. Recuerdo que se derrumbó y empezó a llorar. Aquel era entonces el Holguín en que yo vivía, una ciudad en luto. 1959 significó un carrusel de colores. La alegría y el cambio yo lo asocié con la revolución. No fue nada conceptual, solo me apropié de pinceladas.

Su destino fue muy distinto al de otros hermanos suyos, ¿qué pasó con Javier Ochoa?

Mi papá tuvo 7 hijos de matrimonios anteriores. Dos fueron Peter Pan. Hijos de mi mamá éramos solo 4. Entonces decidieron enviar al más pequeño hacia los Estados Unidos. Tenían esperanza. Mis padres esperaban una invasión donde iban a ganar ellos y entonces tendrían a sus hijos de vuelta. La idea que estaba en la mente de muchos padres no era reunirse allá, sino aquí. De aquella separación mi mamá nunca se sobrepuso. Tiempo después de su partida, uno de mis hermanos tuvo un niño, mi sobrino, y ella hizo un proceso de sustitución y veía en su nieto, el hijo aquel que perdió. Fue la forma que encontró para lidiar con la separación. Mi hermano murió en 1990 sin que ninguno de nosotros pudiera verlo otra vez.

En 1995 usted decide hacer un primer documental sobre la Operación Peter Pan, «Del otro lado del Cristal». ¿Aquella decisión fue un reto profesional o una deuda personal con su hermano?

Cuando mi hija cumplió 7 años, habían pasado 30 años desde que mi hermano siendo un Peter Pan, abandonó la Isla con una edad similar. Como madre no podía entender como alguien puede abandonar a su hijo y enviarlo a un país extranjero sin tener la certeza del reencuentro familiar.

Coincidió entonces que desde Miami empezaron a celebrar la fecha y lo hicieron contando una historia inverosímil y tergiversada. Una celebración demasiado apologética, premiando el sacrificio de los padres, el éxito de los niños que crecieron allá, etc. Parecía que estuviesen narrando una novela rosa y eso me molestó. Era un cuento de hadas fundamentalista, entrevistaban a todos los que habían sido exitosos, socialmente hablando, y no se hablaba de la dura huella que dejó en ellos haberse separado brutalmente de sus padres.

Aquella triste celebración me hizo pensar que era importante hacer algo que mostrara las realidades y consecuencias de la Operación Peter Pan. Ya desde antes yo estaba al tanto de las cosas que sobre el tema salían publicadas allá. Varios amigos me enviaban recortes de periódicos y otros venían y me contaban.

En el año 1992 o 1993, le presenté un proyecto a Alfredo (Guevara) mi concepción de cómo sería el documental. Él recién llegaba de la UNESCO. Después de aprobada la idea, es que se incorpora Guillermo y el proyecto lo concluimos juntos. Nuestras intenciones eran memorizar y relatar situaciones personales o familiares. Aunque fuese de modo informal, pero había que hacer un documental cubano. Ya en aquel momento existía una serie de televisión de muy mal gusto realizada en Estados Unidos. También habían estrenado el documental The lost apple, que fue encargado por el gobierno estadounidense, en el que se visitaban los campamentos y entrevistaban a algunos protagonistas.

Fue por eso que hicimos Del otro lado…, porque había que contar la historia desde Cuba. Pero el tema no quedó agotado con aquel audiovisual. Después de recopilar todos aquellos testimonios faltaban muchas preguntas por responder: ¿por qué una familia cubana tomaría tal decisión? ¿Qué pasó aquí para que una madre sobreprotectora decidiera separarse de su hijo sin ninguna otra garantía que la posibilidad de un reencuentro? ¿Cómo es posible desprenderse de hijos de 7, 8, 9 años, incluso de un bebé de meses?

Es entonces que decide hacer Never ever Peter Pan. ¿Podría contarme detalles de la producción de este nuevo documental?

Empezamos en junio de 2012. Filmé primero en Cuba y después en Venezuela, Jamaica y Estados Unidos.

A Venezuela fuimos porque en el año 2012 se intentó poner en práctica una operación similar. Uno de los primeros que se percató de la situación fue Germán Sánchez, quien era embajador allí. También fue decisiva la actitud de un sacerdote chavista, de origen cubano que había sido uno de los niños Peter Pan y que incluso aquí en Cuba había lanzado volantes contra el gobierno mientras estudiaba en una escuela católica. Él, que había sufrido la triste separación familiar en carne propia y que ahora después de 40 años simpatizaba con Chávez, alertó al gobierno venezolano y de conjunto con las autoridades, impidieron la reedición de una operación similar a la que en la década del 60 se hiciera en Cuba. La nueva operación fue diseñada desde Miami.

A Jamaica fuimos porque en el libro Operación Peter Pan de Ramón Torreira Crespo y José Buajasán Marrawi, aparece abierta la ruta de Jamaica. Para allá fuimos entonces. Primero un amigo investigador del ICAIC fue delante en condición de productor asistente para identificar posibles personajes a entrevistar y los materiales que necesitábamos. El equipo llegó una semana después y empezamos a filmar. Tuvimos la suerte de que el administrador de los archivos del arzobispado de Kingston nos dejó filmar sin nadie que nos supervisara. Al principio el señor se mostró renuente, dijo que solo después de hablar personalmente conmigo nos autorizaría. Desayunamos juntos y dijo: «Hoy mismo a las 2 de la tarde». Nos dejó solas a las tres, la camarógrafa, la sonidista y yo. Lo filmé todo, todos los documentos. No solo lo que usaré en el documental. Tengo la certeza de que cuando estoy investigando lo hago no solo para mí sino para mi país.

A los Estados Unidos fuimos buscando información del arzobispado de New York. Pudimos acceder a la información sin contratiempos, allí tú pagas y te dan una copia de los documentos que pidas sin importar el contenido. Se hizo la selección y nos los enviaron a Miami, que era el lugar donde nos estábamos quedando. Pero todo no fue satisfactorio, por ejemplo intentamos contactar en los Ángeles con un grupo de niños Peter Pan pero se negaron; y en Miami íbamos a visitar los lugares de los campamentos y también se negaron.

Algo positivo fue que logré entrevistar a Ileana Fuentes, quien es una figura importante allá en el exilio, una fuerte activista feminista y autora del libro Cuba sin caudillo. Ella le había negado la entrevista a Estela Bravo pero yo sabía que a mí sí me la iba a dar. En 1994, cuando el anterior documental, ella me comentó que si yo no me hubiese quedado en Cuba y me hubiera marchado cuando mis padres lo pensaron, hubiese sido igual que ella. Había cierta simpatía. Hicimos muy buena conexión y la entrevista salió.

Después de todo ese recorrido investigativo, ¿cuáles son las principales diferencias en cuanto al enfoque de este nuevo documental y Del otro lado del cristal?

Este nuevo documental, más que buscar testimonios, trata de entender la complejidad de diversas situaciones que influyeron en el fenómeno que hoy conocemos como Operación Peter Pan. A veces escribimos cosas muy a tono con la idea «yo tengo toda la verdad en La Habana» y no creo que sea así. Hay algunos libros que ven el fenómeno de una forma muy académica y la realidad fue más compleja.

Existía un miedo real que lo inició todo. Contarlo y entenderlo es la idea central de Never ever Peter Pan, un documental que ya se encuentra en su fase final de realización.

¿Qué ocurrió? Porque la propaganda por sí sola no logra eso. El éxodo es insólito en toda América. La Iglesia cuanta cerca de 15 mil niños pero fueron más, salieron muchos más. Ellos censaron los de sus programas pero salieron por otras iglesias, por terceros países. Ningún otro país ha sufrido un fenómeno de esa magnitud.

La idea de esta propuesta es responder a las preguntas, cómo y por qué se asustó la familia cubana. ¿Por qué las cubanas y cubanos de clase media, temían al protagonismo que estaban asumiendo los negros en el proceso revolucionario? ¿Por qué no entendían aquello de las milicias? ¿Por qué temían que el gobierno les diera armas a las mujeres? También influyeron diversos factores: el papel de la iglesia católica, la radicalidad de las medidas revolucionarias, el crecimiento de los sabotajes, la propaganda de Radio Swan, la impresión de la falsa ley que quitaría a los padres la Patria Potestad.

Cuando se destapa el éxodo masivo es que interviene el Departamento de Estado. En mi opinión, aquí no se percataron de la magnitud de la operación en medio de la convulsa realidad que vivía el país. Pero lo que quiero mostrar es precisamente la atmosfera anterior. Lo que pasó en Cuba que hizo que la gente reaccionara así. Sin quitarle responsabilidad, por supuesto, a los que organizaron la Operación.

Del proceso de realización, ¿recuerda alguna entrevista en particular?

Entrevistas intensas han sido muchas. En algunas todo el equipo ha terminado llorando. Incluso aquellos entrevistados que no les fue mal profesionalmente o los que estudiaron en universidades importantes, también sufrieron la separación. Estos no fueron los niños húngaros. Alex López nos contó, por ejemplo, las violaciones que sufrió por parte de los curas, un testimonio que ya le había contado a Estela pero que sigue siendo impresionante. O el testimonio desgarrador de Silvia Correa, a quien ya habíamos entrevistado para Del otro lado… La huella que dejó en estos niños la operación Peter Pan es como una herida que se cierra en falso, por suave que la toques, vuelve a sangrar. Hay otros que ni siquiera vienen a Cuba por temor a lo que les pueda pasar emocionalmente.

Tengo entendido que también valoró la posibilidad de filmar en España y en Inglaterra, pero no lo hizo para no atrasar la producción de Never ever… ¿se trata de alguna pista en particular que desea seguir?

A España quería ir porque fue otra de las salidas que más utilizaron para sacar a los niños de Cuba. También salieron por Bahamas y otros países terceros que fueron utilizados con este fin. Por eso es que aunque las estadísticas recogen 14 mil, deben haber sido varios miles más los que salieron durante todo este periodo que duró la operación.

A Inglaterra si iría para seguir la pista de uno de los personajes más enigmáticos de todo este proceso, Penny Powers. Ella llegó a Cuba a finales de los años 40, cuando Goar Mestre, quien era director de la CMQ, la trae como niñera. Después de triunfo, cuando James Baker, el director del Ruston, promovió la escuela en Miami que permitiría sacar a los niños fuera de Cuba, Peny Powers era profesora en esta escuela. Yo sostengo la teoría de que ella pudo ser uno de los cerebros de la operación pues tenía amplia experiencia sacando niños judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Según Torreira y Buajasán ella era agente de la CIA. Yo creo que ella era realmente de la inteligencia británica, y un hecho que lo confirma era su desprecio hacia los norteamericanos. Eso sí, también era extremadamente anticomunista. Ella está muy relacionada con el origen de la Operación. Y para mí sigue siendo un personaje enigmático. Ella creó la escuela para hijos de diplomáticos en La Habana y murió en Cuba en 1993.

¿Contenta de su vida en Cuba y no haber utilizado la visa que la hubiese convertido en una niña Peter Pan?

La decisión de quedarme fue por instinto y no me arrepiento. Ha salido muchas veces de Cuba, mi hija vive en Francia, el resto de mi familia en los Estados Unidos. Siempre he regresado y siempre lo haré. Tuve y tengo la idea de que este era mi rompecabezas y yo era una piececita que solo encajaba aquí.

Fuente: Pensar en Cuba

Texto tomado de la publicación: http://www.cubadebate.cu

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Leal a La Habana Por: Chelsea Del Sol

Eusebio Leal. Historiador de la Ciudad y Director del Programa de Restauración del Patrimonio de la Humanidad. Foto tomada de la web wwww.eusebioleal.cu

Eusebio Leal. Historiador de la Ciudad y Director del Programa de Restauración del Patrimonio de la Humanidad. Foto tomada de la web wwww.eusebioleal.cu

Conversar con Eusebio Leal, hombre de elegantes modales y sencillez de espíritu, es sumergirse en la existencia misma del patrimonio material e inmaterial de La Habana, conservado durante años para el beneficio de la ciudad y el disfrute de sus visitantes y moradores.

Viajero cómplice, gusta desandar las calles de La Habana y deleitarse entre sus riquezas infinitas, grabadas en el simple adoquín de una plaza o en el corazón mismo del campanario más alto.

“Soy un hombre de costumbres cubanas y tendría que plagiar a Martí para decir que amo la sonoridad del verso escultórico. A cualquier parte del mundo que voy, la cubanía de las personas y las cosas se me revela con facilidad pero, como habanero más ecuménico, si algún dolor tengo es no conocer los lugares recónditos de mi país, cuya belleza me conmovería profundamente… como cuando fui por vez primera a Baracoa y dije esta es la Cuba profunda… o cuando vi la Ciénaga y las bandadas de pájaros… soy un amador de la belleza, pues es una necesidad tan grande como la justicia”.

¿Cuáles son, a su entender, las maravillas que ostenta La Habana?

“Desde hace algunos años, partiendo de la base de que de los monumentos de la antigüedad conservábamos muy poco, se consideró necesario que la humanidad reconociera otras maravillas que existen y fueron creadas por generaciones sucesivas. “Cuba había hecho reconocimiento de sus propias maravillas, de su arquitectura, como el Castillo del Morro y el Puente de Bacunayagua, obras de distintas épocas que marcan la identidad arquitectónica, ingenieril y, cultural de Cuba y también la cultura inmaterial del pueblo cubano: su música, tradiciones, con la singularidad de las regiones de la Isla.

“Pero  para la determinación del calificativo, yo lo remitiría al hecho de la voluntad política, a pesar de circunstancias muy adversas, de nuestro Gobierno y en especial del compañero Fidel para la preservación de los lugares históricos y de las tradiciones cubanas; a tal punto, que la primera Ley acordada de la Asamblea Nacional tiene que ver con los monumentos y la protección del patrimonio nacional. Eso es importantísimo; que un país constituya su base jurídica y en el texto y estructura de ese nuevo órgano parlamentario, los primeros temas que se discutan sean esos dos, tiene una trascendencia enorme.

“Todo eso se ha seguido expresando a lo largo del tiempo de manera tal, que la UNESCO reconoció en Cuba muy tempranamente, un país pequeño en comparación con otras grandes naciones, valores que consideró patrimonio de la humanidad, por el empeño del país en conservarlos: Trinidad y el Valle de los Ingenios, La Habana y el sistema de fortificaciones creadas para su defensa, el Centro Histórico de Camagüey y el de Cienfuegos, San Pedro de la Roca, el Morro de Santiago de Cuba, el Valle de Viñales, el Parque Nacional Alejandro de Humboldt y otros espacios protegidos.

“Es un año venturoso, en que acontecimientos recientes marcan momentos trascendentes en la Historia de Cuba, que pueden modificar sustantivamente las relaciones internas y externas de los cubanos. Puede también ocurrir algo que es indispensable para mí, la prosperidad. El país tiene que prosperar y hay un solo camino para ello: el trabajo. Deseo que cesen las condiciones angustiosas actuales y que salga adelante el país, que es lo que todos queremos”.

“Todo eso es expresión concreta de una preocupación del país, por ejemplo, el mayor humedal del Caribe: la Ciénaga de Zapata, áreas protegidas de la biosfera y la observación tranquila de las distintas especies de aves exóticas, en las Terrazas, Pinar del Río.

“Sin embargo, la razón más importante es que La Habana se ha conservado, unido a la desaparición circunstancial de un concepto de pertenencia y el olvido, a veces inexplicable, de lo que significaba la capital en la Historia de Cuba y la Revolución, pues tal y como yo la recuerdo es la ciudad de la gran universidad. Había en Cuba tres grandes universidades: en La Habana, Santiago y las Villas, pero estas dos últimas eran muy recientes antes del triunfo revolucionario y la nuestra era bicentenaria.

“Además, la ciudad fue el escenario de las luchas estudiantiles, lo que marcó un rasgo de identidad, es la capital de la alfabetización, de la milicia, de la defensa gloriosa del territorio convertido en trinchera ante las agresiones y amenazas, es sobreviviente de ciclones, penetraciones del mar, de la Plaza de la Revolución y del 1ro de mayo una, dos y mil veces, insurgente y batalladora… es la cuna de Martí.

“La Habana es hoy más capital que antes, no por la redundancia de ser la capital de todos los cubanos, eso es obvio, hoy es más representativa porque hay personas de todas las provincias y a mí no me molesta, como indigna a ciertas capas sociales, en las que los cubanos venidos de otras provincias son vistos con cierta ojeriza. Ellos, a pesar de haber venido por necesidad y no por placer turístico, se integran hoy a la vida de la ciudad y le dan una visión más amplia y más completa de la realidad de Cuba y de la capitalinidad de La Habana”.

¿Está definido arqueológicamente el punto entre Batabanó y Melena del Sur, que data de antes de la fecha oficial de fundación de La Habana?

“Existe una voz pópuli, que es una de las fuentes de la historia, pero no la prueba documental ni arqueológica… lo que no significa que mañana no aparezca, porque de pronto surgen los restos de un asentamiento, una huella como el plato que se rompió o el sepulcro. Yo he recorrido esos territorios, pero en Melena es donde lo presiento, con esa cosa que tiene el médico cuando ve al enfermo o el psicólogo cuando trata de estudiar una sonrisa, hace así y dice ahí está, La Habana eres tú”.

¿Qué urge cambiar antes del 500 aniversario?

“Muchas cosas. Pienso que más que cambiar hay que hacer. Lo primero, algo inmaterial: el ruido. A veces para probar el audio en actos de solemnidades tremendas ponen música trivial, lo cual no deja de ser casi una profanación, porque el ruido es insufrible.

“Cada cosa tiene su momento, hay que hablar bajo, respetar el horario de sueño de los trabajadores y usar adecuadamente los espacios públicos. Hay algunos que quieren hacerse evidentes  a través de acciones de este tipo y son los que más ruido hacen, o tiran las latas de refresco por la ventanilla, o quien quiere pasar a la inmortalidad grabando su nombre en el mármol recién restaurado.

“Eso hay que cambiarlo, pero las que hay que hacer son infinitas. No creo que el reto de cinco años sea suficiente para devolverle a una ciudad que necesitaría ahora mismo no decenas, sino millones, para enfrentar el tema de redes, iluminación, aceras, pavimentación, comunicaciones, ascensores, restauración de edificios altos… pero de que se va a hacer, sí… y va a ser importante”.

¿Andar La Habana ha sido suficiente para entenderla?

“Caminé mucho tiempo, fui un vagabundo de la ciudad. Todavía hoy guardo esos zapatos como recuerdo, porque los gasté caminando desde los días con Teresita Fernández en el Parque Lenin y después en las calles de La Habana, en alguna plaza, desde que hacíamos pequeños conciertos hasta mis conferencias en las plazas públicas. Pero siempre para mí es una ciudad misteriosa.

“La Habana es para mí un estado de ánimo, no me resigno mucho tiempo fuera de la que es mía y cuando regresan aquí personas que ya vivieron, agradecen y dicen: hay algo, cosas maravillosas, un espíritu…. He ahí la cuestión. ¿Cuál es su estilo? Ninguno, los tiene todos, los reúne todos y en ese concepto del todo está la belleza”.

¿Cómo influye la formación de una identidad habanera en la forja de la nación cubana?

“Influye mucho desde las instituciones: el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, el Liceo Artístico y Literario, la Universidad de La Habana, el Colegio El Salvador de Luz y Caballero, el Colegio de Mendive… Creo que ha sido en gran medida eso: ciudad de poetas, soñadores, escritores, obreros, intelectuales, arquitectos y mujeres bellas”.

¿Retos futuros, preocupaciones, esperanzas?

“Preocupaciones, las de siempre. Las más molestas y que he aceptado, como una obediencia al sueño mayor, son las administrativas. Soñar, todos los días, en el momento que sea racional pierde sentido para mí. No soy objeto, sino sujeto, por eso siempre soy subjetivo”.

Quisiera dedicarle algún mensaje a los habaneros…

“Es un año venturoso, en que acontecimientos recientes marcan momentos trascendentes en la Historia de Cuba, que pueden modificar sustantivamente las relaciones internas y externas de los cubanos. Puede también ocurrir algo que es indispensable para mí, la prosperidad. El país tiene que prosperar y hay un solo camino para ello: el trabajo. Deseo que cesen las condiciones angustiosas actuales y que salga adelante el país, que es lo que todos queremos”.

Fuente: Periódico Tribuna de La Habana

Texto tomado del blog: https://aucaencayohueso.wordpress.com

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Tania Bruguera: El extravío de un susurro. Entrevista a Rubén del Valle Lantarón

Rubén del Valle Lantarón. Presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba (Al centro de la foto)

Rubén del Valle Lantarón. Presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba (Al centro de la foto)

Tania Bruguera regresó a La Habana el pasado viernes 26 de diciembre. Desde hacía varios días, la artista conducía un despliegue mediático, fundamentalmente en las redes sociales, invitando a una nueva edición de su conocido performance El susurro de Tatlin, verificado durante la Décima Bienal de La Habana (2009) en el Centro Wifredo Lam. Evidentemente, esta vez la operatoria de la artista se conduce desde y hacia la praxis publicitaria, evadiendo los mecanismos rectores del sistema institucional del arte y buscando insertarse directamente en el campo del activismo político. ¿En qué punto de este performance se involucra el Consejo Nacional de las Artes Plásticas?

Por la manera en que se han sucedido los acontecimientos, más que un performance creo que se trata de un reality show. Los antecedentes de esta acción están en una carta que Tania publica desde la ciudad del Vaticano titulada “Querido Raúl, dear Obama y querido Papa Francisco”. En este documento felicita a las tres personalidades por la trascendental decisión adoptada y se plantea un grupo de cuestionamientos sobre el futuro de Cuba. Según me cuenta la propia Tania, la carta simplemente tenía la intención de ser un documento catártico de sus sentimientos personales en ese momento ante los acontecimientos que estábamos viviendo, dándole una connotación metafórica a su llamado a que los cubanos salieran a la calle. Continúo citando a Tania cuando te cuento que días después recibió la invitación de varias personas a convertir esta alegoría en una acción concreta.

A partir de ese momento crearon la plataforma Yo también exijo convocando a los cubanos a “exigir públicamente sus derechos civiles el próximo 30 de diciembre a las 3 pm en la Plaza de la Revolución de La Habana”. Dicha convocatoria pasa inmediatamente al periódico digital Diario de Cuba, de marcada orientación contrarrevolucionaria, y desde sus páginas varios textos replican y cubren la noticia. Como dato significativo apunto que este mismo periódico a menos de 24 horas de las declaraciones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama difundió un texto de Carlos Alberto Montaner, con probado historial terrorista, donde condenaba la decisión de Obama y defendía la necesidad de mantener la política hostil hacia el gobierno cubano, en contraste con la unísona aprobación que esta decisión había generado entre los más diversos sectores nacionales e internacionales. Esta convergencia, inmediatamente, llama nuestra atención.

Mi gestión al frente del CNAP ha buscado privilegiar y promover el diálogo franco, abierto y respetuoso con todos los artistas, cumpliendo así uno de los principios cardinales de la política cultural de la Revolución. Por lo tanto, ante el complejo escenario que estas señales perfilaban, consideramos invitar a Tania a discutir su propuesta, a exponer nuestras diferencias en la manera en que estaba abordando su trabajo y a tratar de buscar soluciones desde las prácticas artísticas. A esta conversación llegó Tania conminándonos a apoyar logísticamente su propuesta, incluso por escrito.

Permíteme en este punto una breve digresión. Tras más de cinco décadas de hostilidades, de una política que pretendía colapsar esta pequeña porción de tierra que llamamos Cuba, el representante del imperio más poderoso del mundo ha confesado haber fracasado en su intento de doblegar por la fuerza esta nación soberana. Esa debería haber sido una lección para todo el mundo, y especialmente para Tania. El método de la presión, del chantaje, de las agendas impuestas no funciona en nuestro país. Un proyecto construido desde el exterior, convocado desde los órganos de prensa de la contrarrevolución, al margen de la legalidad y del sistema institucional no será respaldado, en tales circunstancias, por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas ni por el Ministerio de Cultura.

Los cubanos hemos compartido en estos días acontecimientos históricos inéditos en la historia nacional: regresan a la Patria los tres cubanos encarcelados y los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anuncian el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Sin dudas un momento complejo, de promisorias esperanzas y proyecciones de futuro, pero también propenso a despliegues extremistas, intransigentes de muy diverso signo.

Y entonces, reitero, ¿por qué la recibió? ¿Por qué entonces usted, y Jorge Fernández, cuando están concentrando todas sus energías en la organización de la próxima edición de la Bienal de La Habana deciden invitarla a debatir en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam?

En primer lugar porque considero que Tania es fruto de esta Revolución y de uno de sus proyectos más hermosos: el sistema de enseñanza artística. Tania estudió por doce años en los distintos niveles de enseñanza artística especializada, y luego realizó un máster en el Instituto de Chicago. Tania pertenece a una generación de jóvenes creadores que fueron proyectados hacia la escena internacional por nuestro sistema institucional, y especialmente por la Bienal de La Habana. A partir de ahí ha construido una carrera que parte de concebir el arte como una actitud vital, de profunda reflexión crítica, de vocación universal, entronizada en la rica tradición de formalización estética del pensar y sentir desde lo social.

Me parecía, entonces, imprescindible, agotar todos los recursos posibles desde el terreno del diálogo. Dígase encontrar una solución colegiada, constructiva, de posibles alternativas a su necesidad indagadora pero despejada de un contexto de segura manipulación desde la política. Ella buscaba encontrarse y dialogar con el cubano de a pie, haciendo mucho énfasis en el estereotipo de que el cubano tiene miedo expresarse. Aduje que nuestras calles son un permanente foro de debate, le sugerí la posibilidad de organizar su proyecto en fábricas, en universidades, en la parada de la guagua o en el agromercado. Ninguna de estas propuestas fue aceptada.

Considero que fue una conversación honesta, respetuosa. Pero también creo que Tania llegó a La Habana con muchos condicionamientos externos, con una propuesta muy publicitada y avanzada y no estaba en condiciones de reajustarse, de negociar. Llegó resuelta a iniciar un despliegue que podría llegar a ser autodestructivo. Incluso, en este punto no debemos desechar la posibilidad que algunos sugieren de que estemos inmersos en una estrategia de simulacro, donde desde el inicio la artista se empeña en concretar un proceder insostenible porque lo realmente importarte en esta operatoria son las consecuencias que pueda provocar la represión de este pretendido activismo, tanto legal como personalmente.

Según su personal experiencia, en qué punto un proyecto de inserción social como este se extravía de las estrategias artísticas para afiliarse a los procederes de la publicidad política. Valga decir, cómo esta acción que Tania presenta como parte de un performance ya conocido por el público cubano desdibuja los muy discutibles márgenes de la creación artística…?

Mi opinión sobre este complejo tema no va desde la crítica de arte, sino desde la gestión cultural y la implementación de la política cultural. La expansión de los márgenes o los límites del arte es uno de los temas más polémicos que hemos heredado del pasado siglo XX. Hoy en día el debate sobre lo que es o no arte continúa inundando los más diversos foros de discusión y es ese uno de los mayores retos de la institucionalidad a la hora de acompañar los procesos de la creación.

Las prácticas artísticas contemporáneas comportan cada día más ejecutorias que se insertan en los entresijos de la sociedad, ya sea desde los ejercicios cercanos a lo cotidiano y procesual o desde aquellas aristas que atañen a la política y a las estructuras gubernamentales rectoras en un contexto determinado. Continúan siendo imprecisos, y en expansión, los límites entre el arte y la política, entre la creación y la vida misma. Un debate que hoy se sustenta sobre la base de la responsabilidad ética y el compromiso moral de todos sus actores.

En el orden personal, ese que atañe al artista como individuo, considero que los límites son infinitos: hoy el arte se extiende más allá de las disciplinas implícitas en la creación para abarcar la ciencia, la tecnología y los saberes más recónditos; se privilegian los enfoques interdisciplinarios, transdisciplinarios y la institución debe estar preparada para asumir, legitimar y potenciar estas formas de expresión. Como radicalización de estas estrategias artísticas estaríamos considerando la autoagresión, ya sea desde lo físico o desde lo psicológico. Estos procederes están sujetos a cuestionamientos múltiples que hoy no están dilucidados. Sin embargo, cuando esos procederes involucran a otros, -como en este caso que discutimos, cuando implican a los cubanos en su calidad de sujetos activos de la sociedad civil- se impone, por encima de otros análisis, la dimensión ética de la implicación de la “acción artística”. Y acoto: la libertad debería estar acompañada de una gran responsabilidad, como diría Juan Marinello. En este caso, ese sentido de la responsabilidad le ha sido esquivo a Tania. Ha vulnerado los principios fundamentales según los cuales debería haber evaluado contexto, circunstancias, alcances, disposiciones legales, sujetos involucrados, obsesionada en su pretensión de erigirse un lugar protagónico en medio de acontecimientos que desbordan sus capacidades y que son inéditos en la historia nacional. Tania pretende reproducir modelos foráneos y proyectarse como artífice de un consenso para Cuba que desborde las ideologías y las concepciones políticas por obra y gracia de su voluntad artística. Y me pregunto: ¿pretenderá Tania convertirse en arquetipo de un nuevo Mesías?

La proyección mediática de Tania a propósito de la plataforma Yo también exijo se autodefine como de “izquierda”, “anticapitalista”, “antimercado”. Sin embargo, sus principales promotores y su tribuna informativa están representados por medios y personas cuyo proyecto esencial para el futuro de Cuba es la restauración del capitalismo y la penetración de las ideas de la ultraderecha norteamericana en todos los órdenes de la vida nacional. Resulta entonces un contrasentido pretender darle espacio y voz en la simbólica Plaza de la Revolución a sujetos políticos totalmente deslegitimizados en la escena cubana, muchos de los cuales se oponen incluso a la normalización de las relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos.

Uno de los momentos más tristes de mi vida profesional fue constatar que el resultado más mediatizado durante la Décima Bienal de La Habana fue la presencia de Yoani Sánchez en el performance El susurro de Tatlin. Los grandes medios no estaban interesados en la praxis de Tania, ni en el extraordinario performance del chicano Guillermo Gómez Peña. Solo replicaron la implicación de la intervención de Yoani Sánchez. Fue así eclipsado el extraordinario alcance cultural, social, humano de esa edición del evento, fueron silenciadas todas las estrategias discursivas que reflexionaban en torno los retos de la humanidad ante los efectos de la globalización para posicionar en los canales internacionales de información al último constructo de la industria contrarrevolucionaria, legitimándola como intelectual influyente en la política mundial. ¿Cuán ingenuo e irresponsable sería repetir la experiencia, multiplicando la escala exponencialmente?

Evidentemente, esta sexta edición de El susurro de Tatlin no se corresponde con el nivel de riqueza estético y conceptual demostrado antes por Tania, y resulta más una réplica “teatralizada” de cierto método habitual de enfrentamiento político que una propuesta para la recepción estética inteligente y movilizadora. Parece estar agotándose, si así fuera, la variabilidad sugerente y a veces agresiva de un modo artístico de ser que ha sido altamente valorado por críticos, curadores y artistas. Ese desgaste de su condición primigenia, como derivación reproductiva, atenta contra la esencia misma de su génesis y solo podría leerse, en mi opinión, como el extravío de una artista que de alguna manera parece estar perdiendo la conexión esencial con el contexto cubano. Un susurro que parece derivar inevitablemente en naufragio.

Texto tomado de la web: http://www.cnap.cult.cu

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Un libro iluminador. Por: Víctor Manuel González Albear

Cesto de Llamas, de Luis Toledo Sande, publicado por la editorial boricua Patria

Cesto de Llamas, de Luis Toledo Sande, publicado por la editorial boricua Patria

“No bien concluido mi artículo José Martí, ¿una biografía imposible?, llegaba con este libro un soberano mentís. Por su riqueza informativa supera la biografía de Mañach que imperó por medio siglo. Por la belleza de su prosa se equipara con las notables biografías que son, de por sí, obras de deleitosa literatura. La isla de Betances descubrirá el libro de Luis Toledo Sande como lo viene acogiendo la isla de Martí: deslumbrada”.

Esta es la opinión de Paul Estrade, Profesor Emérito de la Universidad de París y reconocido especialista del pensamiento y obra de nuestro Maestro, una entre las calificadas valoraciones con que los editores puertorriqueños acompañan la presentación del libro.

Efectivamente, no es difícil imaginar el impacto de esta lectura en un público conocedor, o no, de nuestro Martí. En lo personal, cuando me adentré en ella por primera vez, sentí que lo había conocido más a fondo, en la intimidad, sin tabúes ni prejuicios, cercano, compañero, amigo, y deseé intensamente que ese libro pudiese estar en cada biblioteca escolar, al alcance de todos. Hasta hoy no he dejado de recomendarlo, a veces con apasionamiento.

La de Patria es su octava edición en nuestra lengua, una de ellas en España y otra en Venezuela, a las que se añaden las traducciones al inglés y al chino. La más reciente en Cuba, la séptima -y cuarta por Ciencias Sociales-, en 2012.

Lo primero que destaca en la entrega boricua, al cuidado de Pablo Marcial Ortiz Ramos, es la cubierta, un vigoroso detalle del acrilato fechado en 1969 por uno de los grandes maestros de la pintura y el arte gráfico universal y representativo de la identidad nacional y cultural del puertorriqueño, Carlos Raquel Rivera, (1923-1999). Al abrir el libro, en un facsímil con la caligrafía tan personal del Apóstol, se revela, como en otras ediciones,  el origen del afortunado título: ¡Zarzal es la memoria: mas la mía/ Es un cesto de llamas!

Y para no desaprovechar su cercanía en BOHEMIA, le pedimos al colega Luis Toledo Sande que se desdoble en entrevistado:

-¿En qué momento de tu formación martiana, y cómo, lograste fraguar esta original y tan celebrada biografía que no pocos valoran como la obra de mayor impacto en tu intensa labor creativa, hasta hoy?

-He dicho, y es verdad, que escribí el borrador en un mes: del 28 de diciembre de 1994 al 28 de enero de 1995. La “Nota para Cuba” la escribí bajo el sol de Dos Ríos, mientras se rendía homenaje a Martí en el centenario de su muerte. Pero también es cierto que en el libro pasé al papel -con plena honradez, y hay quienes dicen que con acierto- la imagen que me había formado del héroe en más de 20 años de lecturas. Las empecé antes, pero el punto de partida más reconocible en ellas fue mi primer curso universitario, cuando tuve de profesor a José Antonio Portuondo, y pronto empecé a participar en los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos.

“Al año de graduarme en la Universidad, comencé a trabajar, y lo hice durante más de una década (1977-1990), en el Centro de Estudios Martianos, de cuyo equipo fundador formé parte. Ese fue un tramo concentrado en el camino de dichas lecturas, que no han cesado, y que más recientemente responden, sobre todo, al propósito de ver las luces que Martí nos ofrece, ¡y tanto necesitamos!, para encarar los desafíos de nuestro tiempo.

“Volviendo a aquellos años, tal vez si me hubieran pedido la biografía cuando trabajaba en el mencionado Centro, la noción de responsabilidad institucional, y los correspondientes mecanismos, me habrían paralizado. Junto con el pulso de un libro escrito puede decirse que en un rapto -en el mes aludido mantuve mis labores de entonces en la hoy Universidad Pedagógica Enrique José Varona y en la Casa de las Américas-, Cesto de llamas tiene la soltura de una obra personal. Otras similares y de diferentes cortes habrá y serán también necesarias. Ojalá ninguna resulte agobiante para lectoras y lectores, ni salga de ellas un Martí demasiado filtrado y medido”.

-En alguna ocasión has comentado que este libro te ha dado no pocas satisfacciones, ¿quisieras compartir algunas con los lectores de BOHEMIA?

-La primera satisfacción -inquietante, es verdad, por el peso de responsabilidad que entraña- fue escribirlo. De ahí para acá no han parado de llegarme otras: que se editara en 1996 y recibiera el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales ese año; que fuera el libro escogido por Cuba como central en su representación en la Feria del Libro de Guadalajara; que el público acudiera al primer lanzamiento cubano -hecho, para mi regocijo, en el Museo Casa Natal de José Martí- y desbordara el recinto y su patio. Parte quedó en la calle, y me las arreglé para que nadie se fuera sin su ejemplar ni sin mi atención personal.

“De ahí para acá tendría que enumerar una larga serie de casos que tienen asegurada mi gratitud, pero creo que la memoria no me permitiría enumerarlos todos. Va un ejemplo: la chilena Patricia Rojas, entusiasta promotora del legado de la gran martiana Gabriela Mistral, fue a la presentación del libro en la Casa Natal de Martí, para llevarle un ejemplar a su nieto, entonces un niño, y él lo leyó y le dijo que se veía que el autor había sido amigo de Martí, y que por eso mismo él no le perdonaba que no hubiera impedido que al adolescente Martí lo encarcelaran. ¿Te imaginas?

“También están este diálogo con un compañero entrañable, y el que los primeros ejemplares de la edición puertorriqueña me llegaran a La Habana de manos del héroe Heriberto Marín Torres, quien pasó un montón de tiempo en la cárcel por su participación en los planes insurreccionales del maestro de independentistas Pedro Albizu Campos. Si las trabas del visado cesan, estará mi participación en las presentaciones puertorriqueñas del libro. Y siempre estará la emoción de que la dedicatoria de Cesto de llamas desde la primera edición sea un testimonio de amor a mis hijas, Claudia y Laura, especialmente aludida, sin nombrarla -no recuerdo haberlo dicho antes públicamente-, en la anécdota que en el primer capítulo cuento sobre un padre y una madre que llevaron a sus dos niñas a conocer ‘la casita de Martí’”.

Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

-Y aquí van otras tres interrogantes en una: ¿Cómo llega Martí a Puerto Rico, ahora? ¿Quiénes lo hicieron posible? ¿Qué conoces de sus expectativas?

-Cuando allá por 1985 la negativa imperial de visa me impidió cumplimentar una invitación de instituciones de Puerto Rico a ofrecer en esa tierra algunas conferencias sobre un héroe que es nuestro y suyo, publiqué un texto escrito para ese proyecto: “José Martí, puertorriqueño”. El título no es mera metáfora: Martí es tan puertorriqueño como cubano es Ramón Emeterio Betances. Aunque nunca pudo visitar Puerto Rico, porque era colonia española, allí tiene Martí su lugar, por la altura de su obra, y por su significación medular para el independentismo de aquel pueblo, en lo mejor de cuyos corazones vive.

“La idea de publicar Cesto de llamas surgió el año pasado, cuando fui a ese país hermano para participar en actos de homenaje a don Pedro Albizu Campos en su centenario. La idea la abrazó Pablo Marcial Ortiz Ramos, director de una editorial nombrada Patria, nada menos, y pronto se hizo realidad la hermosa edición. Esa es ya parte de las alegrías que me ha dado. En cuanto a expectativas, la más inmediata es que cese la demora en el visado y finalmente me sea posible viajar hasta San Juan, donde tendrán lugar las primeras presentaciones puertorriqueñas de la nueva edición”.

Añadamos nosotros que entre otros títulos publicados por Toledo Sande aparecen sus aportaciones martianas agrupadas en Ideología y práctica en José Martí; José Martí, con el remo de proa y Ensayos sencillos con José Martí. Además de sus incursiones en diferentes temáticas y géneros, como en cuento, Precisa recordar; poesía, Flora cubana; crítica literaria, Tres narradores agonizantes; relatos y poemas, Libro de Laura y Claudia; testimonio, De raíz y memoria; epigramas, Amorosos e Infernales textículos; ensayos: De Cuba en el mundo, Más que lenguaje. En proceso editorial se encuentra Detalles en el órgano. Cuerdas y claves en la Cuba de hoy.

Para cerrar el limitado espacio de esta reseña, nada mejor que las palabras de una talentosa y bella puertorriqueña, a quien no hace mucho vimos por TeleSur, entrevistada por Walter Martínez en su programa Dossier, María de Lourdes Santiago Negrón, abogada y líder independentista, la primera mujer que en representación de esa tendencia política ha sido electa allí como senadora.

“Es de un brillo distinto la luz de José Martí –en su vida, en la tribuna, en sus versos. Cesto de llamas cumple hermosamente el cometido de iluminarnos con ella. Toledo Sande combina, en justa proporción, el rigor del historiador, la emotividad del novelista y la más auténtica devoción martiana. Por los capítulos, titulados con versos de Martí, acompañamos al rebelde adolescente torturado por los grilletes del presidio, al joven estudiante en el exilio, al patriota evangelizador, al hombre enamorado, al poeta exquisito, al orador encendido, al conspirador incansable, al mártir de la libertad. Cesto de Llamas nos entrega la humanidad y la pureza de Martí, y nos convoca a cuidar, donde ya ha florecido, y hacer germinar, donde aún no, ‘la semilla de la América nueva’”.

Texto tomado de la publicación: http://www.bohemia.cu

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Ambrosio Fornet: La Habana bien merece 17 respuestas. Por: Félix Contreras*

Ambrosio Fornet (Escritor, ensayista y editor). Foto tomada del portal Cubarte

Ambrosio Fornet (Escritor, ensayista y editor). Foto tomada del portal Cubarte

El autor de El libro en Cuba no podía faltar a este cuestionario a más de 50 figuras de la cultura cubana de las más diversas áreas profesionales …

Envié este cuestionario a 57 figuras de la cultura cubana de las más diversas áreas profesionales y, naturalmente, el autor de El libro en Cuba, Ambrosio Fornet,* no podía faltar y, rápido, gentil, cordial y fraterno como es este bayamés a toda hora, me dice:

¿Qué lugar define a La Habana? El Puerto. ¿Qué sabor te identifica con La Habana?

Uno que guardo en la memoria: el gustico a salitre de los ostiones con salsa de tomate.

¿Cuál es el olor de La Habana? Lamentablemente, el de la gasolina que despiden los carros.

¿A qué rincón de La Habana vuelves siempre? Al parquecito Albear.

¿Qué lugar para mirar (sentir) La Habana?

Un banco del Paseo del Prado o del Parque Central ¿

Qué hora de La Habana prefieres? La caída de la tarde, ese momento en que el crepúsculo, como diría el joven Neruda, “corre borrando estatuas”.

¿Qué hecho histórico de La Habana? El Ataque a Palacio.

¿La mujer más importante de La Habana? A mi juicio, son dos: la Giraldilla  y Juana Bacallao

¿Qué canción te recuerda a La Habana?

La gloria eres tú, de José Antonio Méndez.

¿Tu personaje de La Habana? El Caballero de París, naturalmente.

¿Qué monumento? La estatua ecuestre de Máximo Gómez.

¿Qué lugar para el amor?

Todos y ninguno. El amor crea su propio espacio.

¿Qué falta a La Habana? Cafés, quioscos de caramelos y refrescos, lugares de esparcimiento y recreación (en moneda nacional).

¿Qué libro te identifica con La Habana? El que escribí sobre sus imprentas en la época colonial.

¿El pintor de La Habana? ¿El pintor o los pintores? Estoy pensando en Amelia y Portocarrero.

¿Qué esconderías de La Habana? Todos los baches y algunos tanques de basura.

¿Qué debemos hacer por La Habana? Lo que está haciendo Eusebio Leal. Notas

* Veguitas de Bayamo, Granma, 1932. Autor de A un paso del diluvio (cuentos), En tres y dos, El libro en Cuba; siglos XVIII y XIX. En blanco y negro, La coartada perpetua, Carpentier o la ética de la escritura, Las máscaras del tiempo, Las trampas del oficio, El otro y sus signos (ensayo). Premio Nacional de Literatura. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

El Puerto: al fundarse La Habana a orillas de la bahía, esta cobra gran importancia al convertirse en punto de reunión de las flotas del imperio español porque, como señala Antonio Núñez Jiménez, fue “estratégico trampolín del cual partían las flotas de la conquista para tomar por asalto el imperio de Moctezuma y conquista de la Florida, sin olvidarnos de los muchos elementos que de aquí salieron para fortalecer la columna de francisco Pizarro, que tomó el imperio de los incas (…), en 1572 la universidad de los maestres, pilotos y navíos de la ciudad de Sevilla exponen al rey Felipe II que el puerto de La Habana “es puerto de grande escala donde vienen a parar naos y flotas de Nueva España y tierra firme y honduras con todas las riquezas y es llave y puerta de embarcamiento del Canal de Bahamas, por donde salen naos para venir a España y ser reparo de los pueblos y fuerzas de Florida”.

Oh, Havana! Puerto ilustre, erario seguro,  reposo de mayores tesoros que ha visto el universo.

Franscisco Dávila Orejón, Gobernador y Capitán General de la  Isla, Plaza de Albear: honra la memoria de Don Francisco de Albear y Fernández de Lara, destacado ingeniero, constructor del acueducto de La Habana, su obra cumbre pero, no la única porque “el señor de las aguas” también desplegó su energía creadora en otras múltiples ramas de la ingeniería. Cubano de cepa y sangre, Coronel de Infantería y Brigadier del Real Cuerpo de Ingenieros, nació en el Castillo del Morro en 1816, cuando su padre comandaba esa plaza. Realizó el Estudio geotopográfico para la construcción del Cementerio de Colón, colaboró con la creación del teatro matancero Esteban (hoy Sauto) y un proyecto de malecón habanero (no construido), entre otras muchas obras.

Paseo del Prado: su nombre, desde principios del siglo XX es Paseo José Martí pero, los habaneros siguen llamándole Paseo del Prado. “Condicionado en sus inicios (1772) para el tránsito de los coches de caballos, la alameda de extramuros fue elevando su jerarquía urbana a partir del siglo XIX. Conocida como Paseo del Prado, en 1928 fue remodelada por el arquitecto francés jean Claude Forestier. Sus leones se mandaron a fundir ese mismo año en el Darden Beller Workshops de Estados Unidos. Junto con el Capitolio el paseo fue inaugurado el 20 de mayo de 1929”. (Las esquinas del Prado, Eduardo Robreño, revista Opus Habana, número 1, 1999)

Parque Central: ubicado en una área muy beneficiada por el primer boom turístico 1900—1930, rodeada por elegantes hoteles: Inglaterra, Telegrafo, Plaza, Sevilla Biltmore, presidida por la estatua de José Martí . El 12 de marzo de 1899 se retira la estatua de Isabel II —Reina de España —símbolo del recién pasado colonial. Poco después el diario El Fígaro realiza una encuesta: “¿Qué estatua debe ser colocada en el Parque Central?” y, gana la figura egregia del Héroe Nacional de Cuba, emplazada allí en 1902 y esculpido por José Vilalta Saavedra (autor también del conjunto escultórico de la portada central del Cementerio de Colón donde, además, tiene La Milagrosa y el Monumento a los Estudiantes de Medicina) . Otro curioso episodio de este tan popular espacio público, fue la réplica de la Estatua de la Libertad (de calamina) colocada por el presidente Tomas Estrada Palma (¿quién, si no?) comprada en los Estados Unidos en 2 mil dólares

Ataque al Palacio Presidencial: 13 de marzo de 1957, jóvenes del Directorio Revolucionario asaltan el Palacio Presidencial en coordinación con la toma de la emisora Radio Reloj  dirigida por José Antonio Echeverría, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que muere en la acción fracasada. Hoy, convertido el Palacio Presidencial en Museo de la Revolución.

La Giraldilla: la estatua de 107 cm de altura, colocada alrededor de 1634 en lo alto de la torre del Castillo de la Fuerza es obra de Gerónimo Martínez Pinzón (primer escultor y fundidor habanero) “fue, ante todo un elemento funcional del frecuentado puerto habanero: era una veleta que indicaba a las embarcaciones que abandonaban la bahía cuál era la dirección de los vientos que movían, con mayor o menor fuerza, la bandera sostenida en un asta por la grácil figura de mujer  (…) La Giraldilla, levantada entonces por encima de cualquiera otra edificación dentro de la villa, era su emblema más visible” (La bella Habana, dos rostros conocidos, Revista Revolución y Cultura, La Habana, marzo de 1983).

Bacallao, Juana (Nerys Amelia Martínez Salazar), La Habana, 1925. Cantante, bailarina, show—woman. Un terremoto en la escena, ejemplo de persistencia, se alzó con denodados esfuerzos desde su humildísima condición de trabajadora doméstica (criada) antes de 1959 y, de la mano de Obdulio Morales debuta en el Teatro Martí interpretando el personaje de una guaracha precisamente llamada Juana Bacallao y, desde entonces es llamada así. Muchos escenarios del mundo han gozado con su música, sus ritmos y su (espontáneo) histrionismo.

La gloria eres tú, uno de los famosos boleros de José Antonio Méndez (La Habana, 1927—1989),  cantado ad ifinitum en los escenarios del mundo:

Eres mi bien lo que me tiene extasiado,

por qué negar que estoy de ti enamorado.

Otras de sus joyas son Me faltabas tú, Novia mía, Si me comprendieras, entre otras.

El Caballero de París (José María López Lledín), nació en 1889 en la aldea gallega de vilaseca, tras llegar a Cuba en 1913 y luego  de su paso por hoteles y cantinas, pierde la razón (delirio, esquizofrenia, paranoia) muy joven y, desde entonces, deambula toda la ciudad incesantemente aseverando que era un Caballero de Paris, “con su perfil severo de rabino —al decir de Eusebio Leal Splenger—, la hirsuta cabellera blanca en palmos sobre la espalda, ataviado de negro y capa corta” (…), muere en La (su) Habana el 11 de julio de 1985.

Estatua ecuestre de Máximo Gómez: emplazada en la explanada frente al túnel de la bahía, sobre un pedestal de granito, rinde perpetuo homenaje  al Mayor General de las luchas independentistas cubanas, héroe de Palo Seco, Mal Tiempo y Las Guásimas. Obra del artista italiano Aldo Gamba, fue inaugurado el 18 de diciembre de 1935. Es tan hermoso, imponente como el dedicado a esa otra gran figura de la historia de Cuba: Mayor General Antonio Maceo, cuyo conjunto escultórico se erige antes, en 1916.

El libro en Cuba: Ambrosio Fornet. Señala su nota editorial que ¨El libro en Cuba, siglos XVIII y XIX, no es un estudio bibliográfico ni una crónica sobre impresores, editores o libreros del pasado: es una sociología de la actividad editorial, el intento de establecer los nexos socioeconómicos de la producción intelectual cubana desde que aparece la imprenta (1723) hasta que termina la dominación española (1898). Basada en documentos inéditos y una copiosa bibliografía especializada” (Letras Cubanas, La Habana, 1994).

Amelia Peláez. Yaguajay, Villa Clara, 1918—La Habana, 1969. Una de las principales figuras de la generación del 27, que inicia la primera vanguardia de las artes visuales en Cuba. Su paleta brillante, policroma, culta y popular a la vez, bebió de los vitrales de la arquitectura colonial, como de la luz y las frutas de la isla.

René Portocarrero: La Habana, 1922—1985, uno de los  más importantes pintores cubanos, plasmó el espíritu urbano de La Habana, el ritmo de sus ciudades, carnavales, y sus Floras. “René Portocarrero es hoy —señaló Alejo Carpentier—, uno de los grandes pintores de América Latina: un pintor que ha sabido expresar, mostrar, revelar, lo que otros hubiesen visto, antes de él, como un mero catálogo de elementos sin trabazón aparente”.

Texto tomado de la web: http://www.uneac.org.cu

Felix Contreras*Escritor, ensayista, promotor cultural, periodista e investigador cubano, nace en Pinar del Río el 10 de diciembre de 1939. Cursó muy irregularmente algunos grados de la primaria en su ciudad natal. Apenas adolescente se empleó en diferentes labores, a la vez que realizaba algunos estudios de música y pintura. Perteneció al movimiento 26 de Julio (1957-1959). En 1961 se trasladó a La Habana, becado por el Gobierno revolucionario, para realizar estudios de secundaria, preuniversitario y dramaturgia. Obtuvo mención (1964) y premio (1965) en concursos del CNC pinareño. En 1966 comenzó estudios de periodismo en La Universidad de La Habana. Ha trabajado en como periodista en Pionero, Cuba Internacional. Reside en La Habana. Comenzó a publicar en diarios y revistas nacionales, como: El Caimán Barbudo, Cuba Internacional, Bohemia, Juventud Rebelde, Prensa Latina, Granma Internacional. Mar y Pesca, Casa de las Américas. Es uno de los que integran la antología Cinco poetas jóvenes. Poemas suyos han sido traducidos en otros idiomas. Ha ofrecido cursos y conferencias en Bélgica, España, México, Colombia, Argentina, Uruguay y Brasil.

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Entrevista con Frei Betto: “En el nombre político del amor”. Por: Mónica Baró Sánchez

Frei Betto. A la derecha, la portada de su medular libro: "Fidel y la religión".

Frei Betto. A la derecha, la portada de su medular libro: “Fidel y la religión”.

Frei Betto no titubea para nombrar las cosas. No deambula por las galerías del lenguaje, ni se cobija bajo palabras cómodas. Es un hombre comprometido con la verdad, con la suya propia, que coloca siempre al servicio de los más, que viven con menos, o con nada casi; porque los menos viven con demasiado, o con todo casi. Su suerte empezó a echarla con los pobres de la tierra en el Brasil de los sesenta, marcado por la rudeza de botas militares, que patearon la democracia fuera del terreno político. En esa época, el joven que leía a Kafka y a Fromm, admiraba a Fannon, estudiaba periodismo y ya había ingresado en la orden de los dominicos, salió a las calles surcadas por proyectiles para protestar contra el régimen que arbitrariamente se había apoderado del balón, gritó a coro frente al consulado norteamericano “Yankees go home” y hasta enfrentó cuatro años de prisión (de 1969 a 1973) sin mayor recurso contra el miedo que la escritura.

Según rememora en La Mosca Azul (2012), fue en medio de esa convulsión social, mientras se nutría con arte en teatros, cines y encuentros con Glauber Rocha, Nelson Pereira, Leon Hirszman, cuando aprendió a ver su país y el mundo con ojos diferentes; y fue luego en el retorno a la libertad, en su decisión de quedarse en Brasil –declinando la opción del exilio-, cuando entró en contacto verdadero con el pueblo, con el “pobretariado”, en “aquella callejuela fétida por los desechos a cielo abierto, el moco corriendo por la nariz de los niños, el radio alto el día entero, el marido borracho pegándole a la mujer, mientras yo intentaba concentrarme, rezar, estudiar”. Desde entonces, Frei Betto se ha asegurado de testimoniar en más de un millar de ponencias, en cientos de artículos, y en unos 50 libros, pero, primordialmente, en su praxis político-pedagógica-religiosa, su mirada diferente de la realidad y su relación desmitificada, aunque esperanzadora, con ese sujeto histórico, múltiple, complejo, imperfecto, que las teorías sociológicas denominan pueblo.

Con Cuba, al igual que con tantas otras naciones de América Latina y el Caribe, el fraile y escritor sudamericano, defensor de la teología de la liberación y la educación popular, ha tejido una historia de fraternidad en sus ires y venires y en su acompañamiento crítico, respetuoso y edificante a la obra de la Revolución, durante más de tres décadas. En 1985 publicó el libro Fidel y la religión, que reúne una serie de conversaciones con el Comandante, y en los 90 sembró en la Isla la semilla del educador brasileño Paulo Freire; es decir, sembró una concepción liberadora de la pedagogía, de la política, de la vida, que ha revelado otros caminos posibles -además de los ya transitados- para el ejercicio dialéctico y creador de revolucionar la revolución.

No es fortuito que en su última visita al país, en ocasión del Congreso Internacional Universidad 2014 y de la XXIII Feria Internacional del Libro, Frei Betto insistiera, en cada una de sus presentaciones, en la educación como eje medular de la política, en la política como eje medular de la educación. Tampoco es fortuito que propusiera el desarrollo de la educación popular frente a la bancaria -a pesar de las alarmas epistemológicas que activó la categoría educación popular en quienes la simplifican a educación gratuita-. Pero si consiguió provocar interrogantes en las personas que le escucharon, habrá cumplido su misión pedagógica.

El siguiente diálogo, realizado momentos antes de que comenzara una ponencia suya en Casa de las Américas sobre la vida y obra de Paulo Freire, intentó buscar algunas respuestas y, por supuesto, abrir también otras preguntas.

En su visita de noviembre de 2010, cuando participó en el Encuentro Nacional de Educadoras y Educadores Populares desarrollado en La Habana, usted utilizó en su intervención una metáfora muy interesante para definir a Cuba, partiendo de una lectura que había hecho de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido: “Quizá ustedes no sepan que es un hecho biológico que las águilas pueden vivir 70 años como máximo. Pero cuando llegan a los 30 o 40, propenden a la muerte porque sus garras y su pico ya no son fuertes para destrozar las carnes con que se alimentan. Y cuando sienten que pueden morir, vuelan hacia lo alto de una montaña y se arrancan las garras y el pico. Esperan meses allí, hasta que les vuelven a salir. Así viven otros 30 o 40 años más. Hoy, el águila es Cuba.” A tres años de esas declaraciones, cómo ve esa águila que veía transformándose entonces. ¿Cómo ve a la Revolución Cubana?

Bueno, yo creo que la Revolución Cubana está viviendo un momento crítico, un momento de cambios. Primero hay un cambio en el mundo. Estamos pasando de la modernidad a la postmodernidad. Significa que estamos pasando de un paradigma racional hacia un paradigma de mercado. Segundo, vivimos en un mundo hegemonizado por el capitalismo neoliberal. Y tercero, el hecho de que Cuba sea una isla multiplicada por cuatro. Una isla geográfica, una isla por ser el único país socialista de la historia de Occidente, una isla por el bloqueo de los Estados Unidos y una isla por el desplome de la Unión Soviética.

Entonces, Cuba necesita cambios, pero no para volver al capitalismo, sino para mejorar el socialismo. Es un poco esta metáfora de que Cuba tiene que saber renovar sus alas y su vuelo. Y para eso, mucho más importante que los cambios económicos son los cambios espirituales.

La revolución no puede ser la promesa en nombre del socialismo de un futuro capitalista para cada uno. Pero como nosotros todos somos muy vulnerables al capitalismo, el capitalismo es muy seductor, el capitalismo tiene capacidad de cooptación, no es fácil ese proceso. Y no puede depender solamente de consignas y discursos. Debe ser resultado de un trabajo de educación, un trabajo ideológico, un trabajo de formación política de la gente, en la línea de la ponencia que hice en Universidad 2014.

Hay una polémica bastante fuerte hoy en la izquierda latinoamericana, y sobre todo aquí en Cuba, acerca de la naturaleza de estas transformaciones, porque unos dicen que significa un retorno al capitalismo por el desarrollo de la pequeña propiedad privada y la apertura a la inversión extranjera, mientras que otros defienden que es una manera de enfrentar las coyunturas y de mantener la revolución. ¿Considera que estas transformaciones contribuyen a la construcción del socialismo? ¿Cómo entiende los desafíos de construir socialismo con estas transformaciones?

Mira, yo creo que hay dos equívocos. Uno, identificar capitalismo con democracia, que es algo muy común en todos los países capitalistas, donde la gente piensa que democracia y capitalismo son sinónimos. El otro es pensar que socialismo y estatización son sinónimos. Mucha gente que se ha criado, educado, crecido en una sociedad socialista estatizante piensa que la estatización es la estructura económica del socialismo. Pero están equivocados. El socialismo es un sistema que tiene que buscar la operatividad de la economía, el desarrollo de la economía, sin volver a la explotación del hombre por el hombre, o de la mujer por el hombre, o de la mujer por la mujer; sin apropiación privada de la riqueza, sin producción de la plusvalía para una minoría.

Entonces la gente plantea equivocadamente la cuestión cuando piensa que porque en Cuba haya inversión extranjera, empresas extranjeras y empresas privadas de cubanos, eso ya significa capitalismo. No. Va a significar capitalismo si desde ahí viene explotación, alienación, hedonismo, consumismo, falta de solidaridad, quitando el espíritu internacionalista de Cuba. Ahí sí.

Yo diría tranquilamente que como mismo en una sociedad estatizante, o estatizada, hay mucha gente que es capitalista, oportunista, corrupta, que busca en todo sacar provecho propio y es indiferente a las causas sociales, en las sociedades capitalistas también hay mucha gente que es socialista, altruista, solidaria. No podemos hacer al capitalismo sinónimo de democracia ni al socialismo sinónimo de estatización.”

Ha habido una discusión que le ha acompañado en esta visita, a raíz de su intervención en Universidad 2014, cuando dijo que el principal enemigo de la Revolución Cubana está dentro de la Revolución y que es la educación bancaria, el egoísmo, la indiferencia.

Y es verdad.

Pero quería retomar el intercambio del 14 de febrero, cuando un educador popular cubano argumentaba que la educación en Cuba era bancaria porque era resultado de una manera de hacer la política que era bancaria, de una manera de pensar el socialismo que era bancaria. ¿Cómo cree que el sistema político y el sistema educativo puedan transformarse mutuamente para no ser bancarios, para ser populares?

Bueno, Cuba tiene todas las condiciones para evitar que la educación, tanto dentro de las escuelas como fuera, en la cosa política, no sea bancaria. Por ejemplo, los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), yo pregunto: ¿funcionan? Si funcionan muy bien, ahí la gente participa, opina, debate, pero si no funcionan hay que preguntar qué pasa. Y es muy grave si no funcionan, porque significa que la gente no se está movilizando, y ahí viene la educación bancaria, que es cuando uno no participa en ninguna instancia de debate, de discusión, de propuesta, y solamente acoge lo que viene de arriba sin ningún espíritu crítico. Eso es bancario. Peor que la ortodoxia es la ortofonía, la simple repetición de lo que dice la autoridad.

Entonces hay que crear una sociedad dialógica, una sociedad democrática en el sentido que todos tienen su opinión. Es ese conjunto de debate el que va a fortalecer espiritualmente a la Revolución Cubana. Como siempre pasó, sobre todo en los primeros años, cuando la gente estaba movilizada. Claro, en ese momento los CDR tenían la función de guardián de la calle, del barrio, pero ahora ellos deben tener la función de movilizar a la gente para esta educación espiritual, revolucionaria.

Y ¿considera que deban ser cambios que surjan desde el sistema educativo, que se den desde los CDR, por ejemplo, o que sean simultáneos?

Simultáneos. Porque el sistema educativo no es fácil, no es fácil adoptar la metodología de educación popular dentro de las escuelas. Hay que cambiar muchas metodologías. Pero es posible. Habría que transformar las escuelas, no solamente en centros de formación de profesionales, sino también en centros de formación de cuadros. Buenos médicos, buenos abogados, buenos cientistas sociales, buenos diseñadores, pero buenos revolucionarios. Ese es el desafío. Nos explica el divorcio entre la educación profesional y la educación ideológica.

 En esa misma intervención suya en el encuentro nacional de educadores populares, luego de decir que Cuba era como un águila en transformación, explicó que la Revolución Cubana tiene la capacidad de moverse críticamente sobre sí misma para salir adelante y consideró que las redes de educación popular tienen mucha importancia en eso. Después de tres años, ¿cómo valora el trabajo de la Red Nacional de Educadoras y Educadores Populares, asociada al Centro Memorial Martin Luther King?

Ese trabajo es muy positivo, muy bueno, pero es muy pequeño para las dimensiones de este país y sus necesidades de educación espiritual. Habría que incrementar eso más fuertemente. Habría que por todo el país hacer talleres de capacitación en esta línea, crear centros Martin Luther King por todas las provincias, hacer una sumatoria de experiencias con la metodología de la Revolución Cubana, la metodología de Paulo Freire y otras metodologías liberadoras.

Un aspecto muy interesante de la Educación Popular en Cuba es que se ha convertido en un puente con América Latina, en otro más, porque históricamente la Isla siempre ha tenido una apertura al continente. ¿Cree que la educación popular podría insertarse en el proceso de integración que se está viviendo hoy en la región para potenciarlo?

Es casi imprescindible. La preocupación que miro, sobre todo ahora ante el caso de Venezuela, es que esos gobiernos progresistas no están haciendo un trabajo sistemático de base, de organización de los jóvenes, de educación política. Entonces son gobiernos que tienen el riesgo de fracasar, porque un gobierno progresista no se mantiene con políticas sociales y consignas. Es necesario formación política, formación espiritual de la gente.

Recientemente, en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se declaró a América Latina y el Caribe Zona de Paz. ¿Qué trascendencia puede tener esa declaración en el escenario actual de la región, donde hay tantas injusticias?

La declaración es fundamental. Primero, para encontrar caminos de entendimiento entre las fuerzas antagónicas de este continente, como pasa por ejemplo con las conversaciones de paz entre gobierno y guerrilla en Colombia. Después, para evitar que haya armamentos nucleares en América Latina. La existencia de estos centros nucleares de producción de plutonio es muy amenazadora para la gente y la naturaleza. Finalmente, el hecho de que la principal fuente de paz es la justicia. Y esa palabra no es mía, esa palabra es del profeta Isaías, 700 años antes de Cristo. La paz debe ser fruto de la justicia. No como quiere Obama, fruto del equilibrio de fuerzas. Por ahí no va a haber paz nunca.

Ahora mismo la paz es un tema bastante frecuente en Latinoamérica; tomando el referente cotidiano de la Educación Popular, ¿cómo se podría construir cotidianamente la paz sin tener que esperar por una política gubernamental para comenzar esa construcción?

Hay demasiados métodos de construcción de paz, de reconciliación entre la gente, de diálogo. Habría que incrementar eso en los centros de trabajo, en las escuelas. Vuelvo al tema principal: es una cuestión de metodología. A mí me parece un poco raro que un país socialista no tenga movimientos sociales dinámicos, permanentemente preocupados con la formación de las nuevas generaciones. No se puede pensar que porque vivimos en Cuba, y Cuba es socialmente socialista, ya somos todos altruistas, solidaros, revolucionarios. No es verdad. Ese trabajo de educación tiene que empezar de nuevo en cada nueva generación.

¿Usted percibe en Cuba hoy algún movimiento social?

No. Aquí hay sindicatos, federación de mujeres, la FEU (Federación Estudiantil Universitaria), con la que estuve tres horas. Hay un montón de asociaciones, hay todo eso, y muy buenas, pero habría que mejorar esos mecanismos para que lleguen al conjunto de la población cubana. Y sobre todo, tocar un mecanismo que tiene supremo poder: los medios cubanos. Me parece un poco raro que en un país socialista la gente esté todo el tiempo mirando películas de Hollywood y telenovelas de la Globo. Es un desafío para la gente de izquierda, la gente progresista, crear programas atractivos. No es posible que no tengamos inteligencia, imaginación, creatividad para esto.

Para crear belleza.

Para crear belleza. Exactamente.

Una última pregunta. Casi siempre en los talleres de la Red Nacional de Educadores y Educadoras Populares se proyecta la intervención suya donde dice que el socialismo es el nombre político del amor. Pero en las sociedades contemporáneas los grandes medios tienen una visión muy contraria del socialismo y del amor, como que no caben en una misma oración. ¿Cómo sería una sociedad en la que prevaleciera la socialización del amor?

Una sociedad que tenga como paradigma la solidaridad y no el mercado. El amor es un producto cultural, esa es una palabra de Lenin. Entonces hay que estimular esta producción. ¿A través de qué? A través de la solidaridad, el altruismo, la militancia, el compartir. Por ahí va la cosa.

Texto tomado de la publicación: http://www.rebelion.org

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Nuevas visiones sobre Manuelita Sáenz. Por: Maité Hernández-Lorenzo*

Mariana Libertad Suárez Foto: www.celarg.org.ve

Mariana Libertad Suárez Foto: www.celarg.org.ve

Mariana Libertad Suárez, triunfadora del Premio Casa en el apartado de estudios de la mujer, adelanta a La Ventana algunas claves de su libro La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (1944-1963) 

Hace unos años apostó por el Premio Casa y envió un cuaderno de cuentos. Pero ha sido ahora, coincidiendo con los veinte años del Programa de Estudios de la Mujer, que Mariana Libertad Suárez (Caracas, 1974) reincidió y triunfó con su volumen La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (1944-1963).

Se hace difícil encapsular en un denominativo su trayectoria. En su hoja de vida se observan estudios económicos, sociales, filológicos. Ha sido ese cruce de saberes, quizá, el que le ha permitido adentrarse de manera transversal en los estudios de género. En su bibliografía aparecen títulos que anticipan al ganador – Emancipad(a)s. Lecturas feminista de los procesos de insurrección latinoamericanos – y otros que hacen confluir en su catálogo análisis en torno a la literatura y la incidencia social de la mujer en Venezuela y Perú.

Según aseguran Norma Vasallo (Cuba), Anabelle Contreras (Costa Rica) y Chiqui Vicioso (República Dominicana), el libro es una “obra que goza de una inteligente capacidad crítica y argumentativa (…) de la mano de un bien logrado enfoque de género, de una excelente escritura y de un brillante manejo de fuentes bibliográficas (…)”. Ya Anabelle había anunciado en entrevista a La Ventana que su Premio debía ser una voz que se arriesgue, “que no sean los feminismos hegemónicos del continente”. Al parecer, tratándose de un ensayo en torno a la figura de Manuelita Sáenz, sobre quien abundan páginas, este nuevo Premio garantiza una aproximación novedosa a su vida y un aire fresco en el debate de género.

Para Suárez, profesora de la Universidad Simón Bolívar y becaria del Programa José Carlos Mariategui, “el ensayo propone un debate entre las aproximaciones a Manuela Sáez”. El volumen agrupa diversas miradas en un lapsus de veinte años propuestas por escritoras y narradoras procedentes de varios países: España-Panamá, Haití, Venezuela, Perú y Ecuador.

“Las obras aquí abordadas fueron publicadas entre 1944 y 1963, cuando la lucha por la ciudadanía femenina y los derechos políticos de las mujeres estaba en su mayor apogeo. De ahí que el proceso de intervención de la Historia ejecutado por estas narradoras esté marcado, en mayor o menor medida, por el pensamiento político que definía su propia construcción como sujetos sociales. En cada nación latinoamericana o caribeña, durante el segundo tercio del siglo XX, la pugna por los espacios de participación de las mujeres adquirió algunas especificidades. Por ello, la gama de posiciones y discursos que atraviesan estas escrituras resulta sumamente compleja”, asegura para La Ventana.

Desde diferentes lenguajes y géneros, las cinco autoras reunidas en el libro: “tienen puntos de encuentros teóricos indudables: las cinco dejan al descubierto la demanda de una genealogía de adscripción por parte de las intelectuales latinoamericanas y caribeñas, las cinco proponen visiones políticas sobre el origen y la pertenecía, y las cinco individualizan el relato histórico desde una subjetividad heroica femenina.”

Con este volumen la ensayista venezolana se propone pensar en la “la rearticulación y la singularidad que adquieren las grandes tendencias del pensamiento feminista en nuestro continente, al tiempo que devela los matices éticos sobre los cuales se cimentaban las subjetividades femeninas emergentes.”

La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (1944-1963) se suma, en la colección Premio Casa, dentro de la categoría de estudios de género, a La mujer fragmentada: historias de un signo, de Lucía Guerra (1994); y a Guerras y paz en Colombia. Las mujeres escriben, de la colombiana Carmiña Navia Velasco (2004).

Diplomada en estudios post-doctorales por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, por la Universidad Central de Venezuela (2005), Doctora en Filología Hispánica (2002) y Doctora en Ciencias de la Información (2012) por la Universidad Complutense de Madrid, Mariana Libertad Suárez ha recibido el premio de autores inéditos en el género ensayo, de la editorial Monte Ávila (2005) y el Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas en su cuarta edición (2009).

Texto tomado de la publicación: http://laventana.casa.cult.cu

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El feminismo solo puede continuar y crecer si practica la autocrítica. Por: Sheyla Valladares

Anabelle Contreras Castro

Anabelle Contreras Castro

Entrevista a Anabelle Contreras Castro

La historia, como nos la han contado y la hemos vivido, ha situado mayormente a las mujeres y otros grupos sociales desfavorecidos por el discurso patriarcal en el área del despojo, de nuestras “voces y monumentos propios, de figuras heroicas y artefactos memorables”[1]. En muchas geografías, tanto físicas como espirituales, también desde los estamentos del poder han intentado suprimir nuestro derecho de construir parámetros culturales propios como expresión de nuestras identidades y demandas vitales, de ahí que esa historia merezca y sea desde hace algunas décadas releída, reescrita, atomizada.

Con este y otros cometidos la Casa de las Américas inició su Programa de Estudios sobre la Mujer que por estas fechas celebra sus 20 años y que se muestra como una guía a partir de la cual seguir las distintas actualizaciones del signo mujer y lo femenino, instituido esencialmente desde el androcentrismo.

Para formar parte del jurado que este año premiará otra investigación que aporte a esta corriente es que ha llegado a Cuba Anabelle Contreras Castro, profesora e investigadora costarricense preocupada por estos temas y por subsanar también las equivocaciones en las que puede incurrir el feminismo en su afán reivindicador.

La investigadora cubana Susana Montero utilizaba la metáfora de los cuerpos cósmicos que al ser atraídos por los huecos negros sufren el efecto del no-lugar, para explicar la ausencia del sujeto otro en la dinámica del discurso patriarcal, ¿cuáles recursos son efectivos para aminorar este efecto?, ¿es la denuncia la mejor de las herramientas para lograr establecer un lugar para las figuras sociales invisibilizadas históricamente en un contexto adrocéntrico?

Bueno, primeramente yo diría que para aminorar ese efecto quizá no deberíamos partir de que ha habido un no-lugar, esa es una categoría que a mí, personalmente, nunca me ha servido para nada, sino partir precisamente del lugar que han ocupado las personas y grupos invisibilizados, porque existe una especificidad en eso, por ejemplo hay ya escritoras negras que han señalado que la división entre espacio público como tradicionalmente ocupado por hombres y espacio privado por mujeres no funciona para pensar en la historia de mujeres indígenas y negras, porque ellas siempre han ocupado el espacio público como esclavas y “animales de trabajo”. Con respecto a la segunda pregunta, creo que cualquier forma de visibilización que haga un grupo o personas que han sido invisibilizadas es ya de suyo una denuncia, porque va a irrumpir en el espacio desde un lugar diferente y de una manera diferente para cuestionar a quienes se han arrogado el derecho a poseerlo, sin embargo, no diría que la denuncia es la mejor de las herramientas o, entonces, que hay muchas formas de denuncia y de resistencia que se alejan de las típicas y que se pueden explorar, rastrear o inventar.

Le comento esto porque de alguna manera esa denuncia siempre parte de los espacios académicos e investigativos y muchas veces las propias víctimas no tienen la posibilidad, ellas mismas, de poner un límite a esa invisibilización.

Creo que no siempre parte de los espacios académicos. Un ejemplo es el arte, y no hablo del oficial, del que participa en los circuitos establecidos en los que median relaciones capitalistas, sino a otras acciones artísticas. Hay muchos grupos que a través de acciones artísticas, por llamarles de alguna forma, se hacen presentes en el espacio público y en América Latina eso es muy fuerte. Estas borran las fronteras entre lo que sería, por ejemplo, el teatro y la protesta, o cualquier tipo de arte escénico y las movilizaciones callejeras. De hecho hay una palabra que se utiliza para esto que es artivismo, que es esta fusión entre el activismo y el arte. Eso está haciéndose no solo en América Latina sino en todo el mundo, al interior de los movimientos sociales, pero América Latina es un continente donde hay bastante fuerza en esto. El arte se ha puesto en función del activismo y han surgido nuevas formas de protesta, con otra estética y otros usos del cuerpo, con recursos simples, sin necesidad de producción, y se logra presencia en el espacio público y se denuncia.

A mí por lo menos como investigadora, como activista y como profesora de estudiantes que tienen a menudo demandas específicas o se unen a las generales me parece una herramienta muy interesante. La otra cosa es que no quisiera hacer una apología a la visibilización, hay que pensar en cada caso si conviene y qué consecuencias puede traer, porque las comunidades tradicionalmente reprimidas tienen muchas formas de resistencia que no necesariamente pasan por la presencia en el espacio público y que son muy efectivas, y muchas veces la visibilización puede traer gestiones de conflicto peligrosas o intervenciones totalmente inadecuadas.

En el caso de la investigación que hizo en Chiapas y de la que Casa de las Américas ofreció un fragmento, ¿cuáles espacios de defensa de la mujer encontró en esta comunidad?   

Esa es una comunidad muy particular porque Chiapas es uno de los lugares más emblemáticos que tiene América Latina en estos momentos de resistencia al Estado, aunque los medios nos hagan creer que ahí no pasa nada porque el tema está ausente, pero hay ahí comunidades con propuestas de vidas alternativas a la vida capitalista, a nuestras prácticas que vienen de herencia colonial, etc. Entonces cuando estuve en Chiapas estaba muy impresionada de ver cómo estas mujeres del proyecto Fortaleza de la Mujer Maya, que vienen de dos etnias que hay en esta zona, hicieron un grupo de teatro, se consolidaron como colectivo de reflexión y creación en la ciudad y como esto las llevó a fortalecerse, a reinventarse y a mantenerse en el tiempo haciendo un trabajo en muchas comunidades, incluso sufriendo muchísimas vejaciones, humillaciones, etc. Ahora ya tienen un centro cultural, ya han viajado algunas por varios países, y han recorrido ya muchísimo. Son mujeres que empezaron sin recursos económicos pero con una fuerza enorme y que pueden, desde adentro, hablarle a sus comunidades y realizar prácticas para despatriarcalizar las relaciones entre géneros.

Para las feministas de los 70 el cuerpo era el punto de referencia de la mujer en cuanto a su aproximación al mundo. A través de él la mujer podía entender su entorno, apropiárselo, explicarse también. A propósito de ello creo que la función del cuerpo como instrumento para entender al otro y al mismo tiempo entendernos sigue cobrando sentido, sobre todo en un espacio como el performance, donde la gestualidad del cuerpo adquiere significados de una fuerza inusitada.     

Claro, en nuestros cuerpos hay muchos saberes, discursos inscritos, formas de resistencia, memorias, es por ello que el performance es una herramienta a la que echan mano muchísimos colectivos y personas, no por casualidad, por ejemplo, quienes quieren exponer asuntos de género o diversidad sexual. El cuerpo es la materia prima en la que convergen y de la que surgen muchísimas elaboraciones discursivas. Creo que eso es lo importante, el cuerpo como materialidad, pero también como materialidad discursiva, como lugar de inscripciones sociales desde el cual se puede interpelar, hablar con muchos lenguajes no necesariamente verbales. De hecho como docente esta es de las prácticas que más utilizo para hacer circular por el cuerpo conceptos y ponerlos a prueba por medio de él en el espacio público.

El Programa de Estudios sobre la Mujer de Casa de las Américas está celebrando sus 20 años de fundado. Un programa como este forma parte de esa tradición investigativa que ha ayudado a conceptualizar, estructurar,  a actualizar las visiones sobre la mujer, lo femenino, temas preteridos por otros estudios y los estatutos del poder patriarcal, ¿qué opinión le merece estar integrando el jurado que precisamente premia los textos que abordan estas perspectivas y que vienen a sumarse a esa corriente?     

Estoy muy feliz y agradecida, es lo que más quiero subrayar y siento que es un grandísimo honor que no me hubiera esperado nunca. Y pienso que es muy importante que Casa de las Américas le haya dedicado un premio a esta área en especial, eso me parece un paso importante y estimulante para la producción nacional y latinoamericana. Y esos que decís se refleja en las obras analizadas. Si algo ha ocupado a quienes estudian asuntos de género, es el cometido, que se ha cumplido y que se va a seguir cumpliendo, de la relectura de la historia. Revisar como han sido leídos los acontecimientos, qué voces los narran, cómo han sido –vamos a ponerlo así- mal representadas las mujer a través de la historia y cómo ha habido un secuestro de los acontecimientos históricos por parte de los hombres borrándolas de la historia. Entonces esta relectura ha sido la que ha posibilitado ver que las mujeres siempre han sido actores sociales fundamentales y no ese segundo violín. Este es el ejemplo de la obra ganadora. Con ese cometido se relaciona, y es otro tipo de visibilización y de relectura necesaria en el continente, lo que algunas personas llaman feminismo decolonial, que es lo que están haciendo grupos indígenas, mujeres negras, grupos históricamente oprimidos que están diciendo que tenemos que revisar hasta las categorías que el mismo feminismo hegemónico ha secuestrado en la historia, porque la que muchas veces se cuenta es la historia blanca y tenemos que hablar desde otros lugares, desde otras corpopolíticas, y escuchar otras voces. Creo que es un momento muy interesante que ha venido surgiendo hace ya un tiempo, de voces indígenas, de personas y grupos racializados, que están diciendo: también estamos colonizadas por el feminismo hegemónico, que es blanco y burgués, etc. Estar colonizadas por los feminismos del norte significa estar repitiendo conceptos y agendas políticas de iniciativas del norte, estar respondiendo a necesidades que no toman en cuenta nuestros problemas y la diversidad de mujeres que existen en cada contexto. Ese feminismo hegemónico excluye de sus análisis la historia de la colonización y de la respectiva colonialidad que vivimos hasta el día de hoy. Pienso que esto es lo más interesante que está surgiendo en el continente como relectura, que es crítica al feminismo dentro del mismo feminismo en América Latina.

¿Qué correlato encuentra esta postura en su país?

En mi país no creo que ocurra algo diferente a todos los demás países. Hay un feminismo que es el que históricamente ha luchado por las reivindicaciones. Hablar de feminismo en singular es un error, hay muchos feminismos y hay muchas personas, colectivos, que llevan direcciones diferentes y creo que mi país no es la excepción. Hay logros enormes a muchos niveles: legislativo, educativo, etc. Y también hay personas que estamos pensando el feminismo sin desligarlo de la historia colonial, de la colonialidad actual, del eurocentrismo, y de los racismos de los cuales los feminismos, muchos de ellos, no están exentos. Un movimiento y una corriente tan fundamental solo pueden continuar y crecer si practica la autocrítica. En tanto tengamos autocrítica, vamos a crecer. En mi país hay gente que está en esto y hay otra que no, como en todos lados.

La contribución del feminismo latinoamericano apunta Lucía Guerra en su libro La mujer fragmentada. Historia de un signo, ganador del premio Casa en este apartado del que es jurado – ha contribuido a poner énfasis en una heterogeneidad nunca ajena a los procesos históricos. Al mismo tiempo ella indica que la mujer se ha convertido en contadora de historias que se contraponen a la historia oficial.  En este sentido, ¿cómo cree que la “escritura” se ha metamorfoseado en manos de la mujer?

Pienso que esto de la escritura ha sido en América Latina un arma de doble filo, por un lado es un espacio que las mujeres han conquistado, porque tuvo que pasar mucho tiempo para que se les respetara como escritoras y pensantes, pero, a la vez, la escritura también es resultado de la violencia del logocentrismo, de la imposición de lenguajes y formas que obedecen a reglas impuestas por hombres con lógicas masculinas. Pero hay muchas formas de escritura de las que, aquella con la que se hacen libros es solo una, y digo esto porque no existe “la mujer”, hay muchas formas de construcción de eso que se llama mujer y no todas han tenido acceso a la escritura tradicional, miles siguen sin tenerlo. La metamorfosis por la que me preguntás creo que se ha dado más en los temas que se abordan. Ahora que hacías tu pregunta estaba pensando, por ejemplo, en los colectivos de lesbianas, de indígenas, de jóvenes que, regresando a un tema que ya tocamos, echan mano a la toma del espacio público para escribir de otra forma el presente. Por eso no podemos seguir hablando de “la mujer latinoamericana”. Yo empezaría por ahí. Hay muchas personas que dicen, ya lo sabemos, no hay una mujer latinoamericana, no todas somos iguales, venimos de particularidades, de clases sociales, de problemas raciales, de sexualidades muy diferentes. De acuerdo a esas diferencias y porque no existe la mujer latinoamericana en singular es que las escrituras también son muy diferentes.  Por ejemplo, un feminismo indígena, un feminismo negro, un feminismo de lesbianas no va a escribir igual, ni en los mismos espacios, ni va a usar los mismos recursos. Por eso es que hablar de la mujer latinoamericana tiene el mismo problema que decir el feminismo latinoamericano, no estamos diciendo nada. Por eso hay que tener cuidado para no cometer los mismos errores de usar esas categorías que invisibilizan las cosas más interesantes.

[1] La mujer fragmentada: historias de un signo, libro ganador del Premio de Estudios sobre la Mujer, Casa de las Américas, 1994, el mismo año que se incluyó esta categoría en el Premio Literario.

Texto tomado de la publicación: http://www.lajiribilla.cu

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